La 2ª edición de mis novelas tú lo has hecho posible

La 2ª edición de mis novelas tú lo has hecho posible
La 2ª edición de mis novelas tú lo has hecho posible.Un millón de gracias!!!

jueves, junio 16, 2016

¿POR QUÉ SOMOS VIOLENTOS EN EL FUTBOL?

Cada amanecer, una vez puesto un humeante café, me doy un paseo por las nubes. Camino con los ojos aún dormidos hasta que se van despertando en cada esquina, en cada recta de esas nubes virtuales. A veces mis ojos miopes se posan en cualquier recodo, noticias absurdas que mi subconsciente me obliga a leer para no enturbiar mi ánimo que se va desperezando de los vahos del sueño nocturno.
Aún estando despierta pero dormida el paseo por las nubes me parece maravilloso, el irte incorporando al mundo sabiendo qué ha pasado en esas horas que desconectaste tu batería vital para recargar fuerzas.
Y este amanecer me he quedado primero prendada de esa foto y cuando mi capacidad reflexiva se ha puesto en funcionamiento me he acordado de mi compañera de letras que el otro día preguntaba el porqué de la violencia en el futbol, el porqué es más de hombres que de mujeres. Me he puesto a buscar en la biblioteca de Google y después de mucho rebuscar me quedo con esta frase “¿Somos una especie violenta? (Ube). ¿Lo somos? «Lo somos, sí. Somos una especie violenta por naturaleza. Por dos razones. Porque somos agresivos y porque somos creativos. Sin imaginación no seríamos violentos »David Bueno
La agresividad es una emoción más que tenemos la raza humana, al igual que el amor, el miedo, el odio… Reconozco que esta palabra no me gusta porque me lleva a pensar en violencia y descarto de raíz esta palabra en mi vida porque pensar en ella, incluso observarla desde la otra acera me da pánico, se me encojen las tripas, no entra en mi sesera aptitudes y actitudes violentas en mi especie aunque debo reconocer que mis ojos se quedan cosidos a esas imágenes, tal vez por incredulidad o porque los resortes agresivos que llevamos dentro necesiten ciertos niveles de agresividad para caminar por estos mundos. Sin ir más lejos yo he observado que en momentos de estrés, de ser una persona pacífica, me vuelvo agresiva al sentirme acorralada, tal vez por supervivencia.
Pero he leído que el factor determinante entre hombres y mujeres para demostrar agresividad y en su deriva, violencia, está en la cantidad de testosterona, siendo esta mucho mayor en el hombre que en la mujer, de ahí que el 90% de la violencia en el mundo se ejerza por parte del hombre.
Pero, ¿qué tiene que ver el futbol en este tinglado de agresividad, testosteronas y violencia? Para mí un misterio porque hay muchos más deportes y en ninguno de ellos se da la violencia como en el futbol, lo que me lleva a pensar que la mano oscura del hombre mucho tiene que ver en esos comportamientos violentos que ensucian este deporte. La rivalidad creada entre equipos desde tiempos sin memoria, en ser un deporte de masas, en que hay equipos de futbol que jalean a las masas más violentas a defender sus colores y que salgan impunes de sus fechorías. Y el aspecto educacional, importantísimo. Aquello que nos hayan inculcado, incluso visto en casa, el aprendizaje de ciertos principios morales y éticos que cada vez existen menos en nuestras sociedades llamadas progresistas. En seres cuyo objetivo en la vida no existe, y por tanto solo se divierten haciendo daño, desatando sus pasiones más ruines porque no hay control de sí mismos. Incluso esa violencia que se llama doméstica, no hay que salir a la calle. Denuncias de maltrato cada vez que termina un partido y tu equipo no sale ganador, entonces tu pareja, mujer, sufre en su cuerpo el escarnio, la agresividad, derivando en violencia de género.
Por eso hoy cuando he visto esta foto de Piqué y Ramos me ha gustado tanto mirarla, observarla desde el ángulo de la deportividad, de las buenas maneras, de esa forma de comportamiento loable por parte del ser humano en el cual la competencia es buena siempre que sepamos canalizar y dominar la agresividad que corre por nuestras neuronas.

Los hombres y las mujeres somos iguales pero distintos. Nos necesitamos unos a otros por esa distinción de género en la que nos complementamos.

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