sábado, julio 19, 2014

SI TÚ ME DICES VEN...

Cuando llega verano siempre me acuerdo de Ibiza, Formentera o Menorca;  no sólo por los recuerdos adorables de sus calas, del agua turquesa, de los mercadillos deliciosos, caballos menorquines de una estampa elegante como acorde al paisaje donde han nacido, las risas desenfrenadas con mi amiga Pilar… Pues, además de todo eso, hay algo en la esencia de estas tres islas que me caló tan hondo que cuando llega la época estival mis ojos reproducen con exactitud la luz de sus puestas de sol y sus chiringuitos chill ut en cualquier punta de una cala, en una playa, en una esquina. Velas, farolillos, techumbres de paja, jaimas de vuelos sinuosos sus cortinillas albinas,  sofás blancos, sillones cómodos, mesas bajas, todos los complementos mirando al infinito, a la masa de agua salada que se balancea al ritmo de un sonido de samba, a susurros de agua, una música que te traslada al mejor de los bienestares del ánimo como del espíritu.


Lo añoro, claro que me gustaría volver, pero como lo tengo tan grabado, su recuerdo vivo me traslada allí cada noche de verano que se presenta tranquila, de aire callado y temperatura agradable como la de ayer… Sin darme cuenta, mis manos se ponen a reproducir un chiringuito de luces tenues, asientos cómodos, velas tímidas, un vino fresco y el susurro de una música que invita a la conversación, a la calidez de las voces de los amigos que ponen su sello personal. A veces hablo, pero otras no puedo, la observación de sus rostros me lo impide. Sus caras me hablan de que están a gusto, que he conseguido un objetivo pequeño y sin importancia, pero que en mi espíritu se ve bañado de su placidez, y que el ambiente creado  por la remembranza isleña exhorta a desinhibirse, a sonrisas agradecidas y alegres, a reflexiones sobre temas de lo más variopinto. Y, si al final, cuentas con algún amigo que toque la guitarra, cierro los ojos mientras suena un bolero, una música de película o una canción italiana…, y siento que estoy en una playa de arena menuda mientras el mar balancea mi ánimo más exultante.

viernes, julio 18, 2014

AZUL DESPLOMADO

No me gusta conducir y siempre se me ha dado bastante mal. Pero hay fechas en el calendario en las que no me queda más remedio que coger el volante y echarme al asfalto.
Recuerdo uno de los regalos que más me han gustado en mi vida, tal vez por inesperado como por su utilidad: un dos de agosto, Nuestra Señora de los Ángeles, mi marido me dijo “Vete al aparcamiento”… Y allí estaba un flamante cochecillo azul; brillaba por los cuatro costados, tan pulcro y disimulando sus pequeñas huellas de coche de segunda mano... Sentir ternura por un coche es absurdo, lo sé, pero yo la sentí, quizá fuera por el detallazo de mi marido que sabía que siempre estaba a expensas de unos y otros para moverme del campo a la ciudad, y me quiso regalar independencia o, la simple visión de aquel coche diminuto dispuesto a llevarme  al cielo si hacía falta.
Desde entonces, mis hijos aprendieron a conducir con él y de mayo a octubre es el mejor chofer del mundo. Tan pequeño y útil, parece que, cuando voy a comprar, que se estira y se hace enorme. Además, me gusta porque es un coche sin pretensiones, ni bonito ni feo, simplemente práctico que se amolda  a mis necesidades. Según mi familia, mi coche no sirve para nada, es más, le critican porque si pones el aire acondicionado, el pobre pierde velocidad; me da igual lo que digan porque mi cochecillo, de un azul desplomado por el tiempo, me regala muchos placeres cotidianos. No sólo la independencia y la libertad, es que al caer la tarde igual me puede llevar al chiringuito del pueblo, junto a la rivera del Pisuerga, que me lleva a las casas de mis amigas. Entonces, bajo las ventanillas y el aroma a campo es maravilloso. Él se pone en el carril derecho para no estorbar y vamos juntos saboreando la paz castellana, el colorido de los campos que son amarillos, que son verdes, que son alfombras pastoreando entorno a la ciudad. Mis ojos se zambullen en la luz entrecortada de la última hora de la tarde en la que el cielo se te acerca un poquito más después de un día caluroso, el horizonte también se va estirando ofreciéndote un espectáculo de mullidas frambuesas y azules desteñidos; si me retraso un poco y miro por las ventanillas, las estrellas se cuelan en mi humilde coche hasta la puerta de casa. Le aparco y allí se queda esperando a su ama hasta la próxima aventura.
En fin, pienso al contaros la historia de un utilitario color azul desplomado que, a veces, según tratemos ciertas cosas materiales, éstas cobran vida, belleza, para hacer de nuestras horas  más placenteras y hermosas.

¡Buen fin de semana, amigos!

lunes, julio 07, 2014

VERANO


Es verano aunque no lo parezca. Buscamos el sol con el hambre de un invierno largo, con la luz que nos transforma en seres espontáneos, alegres  y vivarachos. Necesitamos de su calor para que tueste nuestros cuerpos, que relama el frío incrustado en los pliegues que no vemos pero sí sentimos. Descubrimos, pues,  los cuerpos para que el aire se abanique en ellos.
Y luego llega la mar, esa mar desbordante de energía para aplacar nuestros pulmones de la sal que se nos arrebató. Porque cuando la espuma de una ola encrespada te rodea, sientes una extraña magnitud de felicidad, y una arrebatadora libertad revoloteando cual gaviota a tu lado. No es una espuma clandestina, se la nota emerger con el poderío que sólo la mar tiene; entonces, un blanco rayando el albino sacude tu cuerpo, lo zarandea jugando con el niño que llevamos dentro. Miras la ola embelesado, absorbiendo la belleza que el agua encierra, respirando el salitre que sólo te da la mar. Te conviertes en velero surcando tus propias aguas, recorriendo tus múltiples personas, esa que la vida diaria te arrebata.
Espuma del Atlántico, fronteriza con el Dulce y sosegado Mediterráneo, de luz y textura inigualables. El agua se bate así misma, se espolea como nosotros hacemos cuando nadamos a nuestros interiores, generando una sinfonía de vaivenes, altos, y grabes, bravos y leves, en la que tú, sí, tú, te sumerges encontrándote, al fin,  con la persona que se esconde en los dobleces  de tu alma.
El verano es dulce, es vivo y vital y encierra esa magia que da el romper con la monotonía que agobia, con la luz que nos apaga, con la mar que nos da vida.

El mar. La mar.
El mar. ¡Sólo la mar!

¿Por qué me trajiste, padre,
a la ciudad?
¿Por qué me desenterraste
del mar?

En sueños la marejada
me tira del corazón;
se lo quisiera llevar.

Padre, ¿por qué me trajiste
acá?

Gimiendo por ver el mar,
un marinerito en tierra
iza al aire este lamento:
¡Ay mi blusa marinera;
siempre me la inflaba el viento
al divisar la escollera!   Rafael Alberti

viernes, julio 04, 2014

TORMENTA

“Observo el mundo desde mi ventana/ y veo como se nubla la vista al cielo/ tornándose gris y melancólico,/ abstraída con la transformación del paisaje/ dejo mi escrito a un lado y abro el balcón…” Valeria  Valoska
Comíamos plácidamente cuando nos sorprendió una lluvia fina, fresca y agradecida; nada nos hacía sospechar lo que había detrás de esa engañifa, pero no tardó en dar la peor de las caras. De la dulzura a la cólera porque aquella agua era rabiosa que, en medio suspiro, paró y después, un escuadrón de pelotas blancas cayó buscando un campo de golf, tal vez una pista de tenis; el césped se pintó de blanco, igual que la nieve en un diciembre rancio.
La calma volvió, también engañada, pues el cielo se desplomó sobre nosotros. Cortinas infinitas de agua que corrían calle abajo, asustadas de sí mismas, embravecidas de su propia furia.
Del silencio campestre, de brisa suave, chicharras al caer la tarde, se pasó a una enorme orquesta de truenos y trombones, relámpagos, bombos y platillos… Tal vez la naturaleza quisiera dar voz al que no la tiene, quién sabe.
Y, así pasaron cuarenta y ochos horas, tan oscuras, como llorosas, tan insondables como reales.
Pero…  Salió el sol, tímido, dubitativo, temeroso de las nubes glotonas que aún sobrevolaban bajo un cielo zumbón.
A veces una nube juguetona se lo comía pero él, pertinaz, volvía a escapar de sus redes para iluminar con su luz de verano a la tierra molida de agua y granizo.
El verde se ensanchó, el amarillo resplandeció y las ranas croaron entre tanto destello. El rojo del geranio, tan borracho de agua, se estiró. La blanca petunia, titubeante de tanto perdigonazo, fue alisando su frágil cuerpo y el calor pobló aquellos rincones anegados de tanto caudal.
Sí, porque la nube voraz no dejó respiro, ni arco iris reflejar; era ella y nada más que ella. La uva murió en sus manos insistentes, el río, en su huida a ninguna parte, se desbordó pero, al final, el sol salió y pudo con aquel ejército nublado de ira.
El agua volvió a ser el cristal con el que me miro cada vez que despierta un día de sol en un verano loco, loco de atar.

Los pájaros han vuelto a anidar en las copas de mis árboles, cantan mientras pienso, cantan cuando amanece un nuevo día. 

sábado, junio 28, 2014

PRINCIPES Y PRINCESAS DESTEÑIDOS

Hoy me voy de boda y me hace mucha ilusión, hace muchos años que no asisto a una, así que una de las cosas en que mi cabeza ha estado entretenida estos meses ha sido encontrar un atuendo adecuado; después de levantar dolor de cabeza a mis amigas, machacar mis pies por Madrid de tienda en tienda, encontré el modelo. Volví a casa pletórica, pero me duró un par de suspiros porque empecé a dudar, mi eterna duda como para todo, desojando siempre la margarita. Pienso que la imagen es la tarjeta de presentación de nosotros mismos ante los demás; tarjeta que se puede ir al garete, por supuesto, con tu primer gesto, palabra o acción. Pero esto no me da miedo porque me gusta la gente, me encanta escuchar y reír pero, ¿y el atuendo? “Menos es más” retumba en mi cabeza, “Deja que la riqueza esté en esos detalles invisibles y en sus matices, en el poder de lo pequeño y que crezca la magia que encierra dentro de su menudencia”, me sigo diciendo mientras pienso que mis amigas son unas santas que me mantienen siempre los pies en la tierra y me quieren con todas mis luces y sombras… Porque una persona sin un amigo es como si le faltara algo a su ser, ¿verdad? Yo cada vez tengo menos amigos, pero los pocos que tengo crecen y engordan más en mi vida, más rango e importancia tienen. Sin dejar de ser yo misma, sus conductas son un talismán y espejo para mí.
Y pensando en el tesoro que anida en mi vida por la amistad, me acuerdo de los que hoy se casan, dos jóvenes estupendos, guapos y simpáticos pero, ¿ellos sabrán que  los príncipes azules, las princesas de cuento se destiñen en algún momento de su convivencia? Porque es ahí donde entra la otra relación que no es azul ni rosa, sino un príncipe y una princesa descafeinados y el si serán capaces de mantenerse fieles… Los amores lentos, cocinados sin prisas son maravillosos, y certeros, pero hasta esos se deterioran porque la convivencia es dura, muy dura y si se olvida lo qué es perdonar, olvidar, comprender, respetar, aliñado con grandes dosis de buen humor, pues todo se va a tomar viento fresco. Porque hay un momento que la seducción, el sexo, pasan ambos a un segundo término, sin que dejen de tener su perpetua importancia, por supuesto, y crecen el compañerismo, la amistad, la eterna amistad…
¿Serán capaces la gente joven, los que hoy se casan, de mantener todo eso?
En fin, como os iba diciendo, no sé qué atuendo me podré hoy, lo que es seguro que intentaré pasármelo genial y brindaré por los novios para que la llama no se apague y encajen bien el desteñido de sus personas.

¡Buen fin de semana amigos!

viernes, junio 20, 2014

ARQUITECTURA AROMÁTICA

Un día que amanecía pronto con un sol tímido en sus comienzos, deslumbrante poco después, y un muchacho que caminaba tímido hacia su presente más próximo, hacia su futuro más incierto. Caminaba acompañado de don Quijote que le iba susurrando palabras poderosas, tan ricas como es el castellano “El valor de un hombre lo tiene por lo que hace, no por lo que es”…
¡Con qué poco se conforma el pueblo!, tan asfixiado de ausencias y sinsabores… Hasta yo estaba tan contenta y entretenida delante del televisor con la sensación de ser parte integrante de aquel festival colorido y escuchando algunos latigazos de los reporteros a la historia y al diccionario.
¡Qué bonita estaba la ciudad!, tan limpia, tan decorada, luminosa, florida y alegre y, mientras se iban desgranando las palabras del muchacho, palabras cuidadas al milímetro, medidas y pausadas, pensadas y sentidas, me acordé de la gente que no es nadie y, aunque rece por ellos todos los días para que el sol llegue a sus horas, en ese momento me alegré por ellos porque al no ser nadie estarían a salvo de las dentelladas más caninas que sufriría el muchacho que en ese momento estaba haciendo su declaración más íntima y personal de sus principios. Una declaración sonora, honesta y esperanzadora “Todo por y para el pueblo”… Menos mal que a sus cuarenta y ocho años y en el mundo en el que ha vivido hasta ahora (me imagino y espero de todo corazón) que estará curtido de enjambres de mariposas aduladoras, de manos que esconden cuchillos, de lenguas mordaces y asesinas.
Levanté los ojos hacia la pantalla y agudicé la vista para ver con más nitidez a aquel rostro recién estrenado, repleto de emoción contenida y buenas intenciones… Y sin poder controlar mi lengua más audaz que se soltó al vacío, dije “Que Dios te pille confesado, muchacho” Sí, porque aunque tuviera cuarenta y ocho años, parecía un crío mirando de vez en cuando a la tribuna donde posiblemente se encontraría los ojos amorosos de una madre orgullosa de su bien más preciado. Mujer curtida en los aromas más desagradables, en arquitecturas falsas y que, sin embargo, nunca había perdido las formas, ni su educación más exquisita, ni siquiera la sonrisa amable que se enfunda cada vez que sale a la calle… Sin darme cuenta, estaba dentro del corazón de esa madre comprendiendo cada latido.
El muchacho remató sus palabras, vocablos pegados a la realidad más real, y salió de aquel lugar donde las viejas glorias, las nuevas y las que no son ni lo serán jamás por mucho que se empeñen, habían escuchado al muchacho apuesto y mejor preparado de todos los tiempos. En silencio abrazó a su amigo don Quijote y juntos salieron a la calle a conquistar a un pueblo que necesita consenso, entendimiento, conciliación, equilibrio y paz.
Apagué la televisión, sí, estaba emocionada y como nadie me veía exceptuando mi perro, dije alto y bien claro:

¡Viva el Rey, Viva España!

domingo, junio 15, 2014

PRESENTES TORMENTOSOS

Hay días en que uno se despierta con el sabor amargo del fracaso y un naufragio de derrotas viene a configurar la playa de tu presente repleta de cascotes, vestigios ineludibles. Incluso la pereza por plasmar el aire que te rodea se instala en tu ánimo a pesar  de que los pájaros en este verano que no termina de llegar, no dejen de cantar desde el primer rayo de luz.
La envidia, la culpa, el remordimiento, la inseguridad…, compañeros de viaje del ser humano instan a huir de la realidad de cada uno… Y cuando esto pasa, hay paisajes internos anclados en el tiempo sin ánimo de reconversión que animan a introducirte en ellos como salvoconducto de la debacle de tu ánimo.
El mío es… Sus valles silenciosos hablan de recogimiento, de una paz que hoy en día es invendible. La serenidad del amanecer, el pausado viento azuzando el estío entre montañas donde el eco se transmite en kilómetros de verdes prados. Riachuelos de dulce soniquete nazarí. Abetos, árboles con aroma a tierra, nubes enganchadas en cumbres sin borrascas. Lluvia fina y templada que lava las hojas peregrinas como a tu alma ennegrecida no se sabe el porqué. Allí se respira honestidad, y se me llenan los pulmones de credibilidad. Pájaros anidando de árbol en árbol y tú como presente contemplativo… Cuando regreso de ese lugar, presiento ráfagas de lucidez en mi persona, mi fe quebradiza es menos endeble y el sentimiento de saberte pedir perdón, reconocer el daño a ti o a otros y serte capaz de hacer borrón y cuenta nueva y, así, levantarte de tu suelo pantanoso, comenzar a dar nuevos pasos antes de caer nuevamente porque así es la vida.

Es un lugar bonito y tranquilo de mi conciencia donde me refugio cada vez que el sol nace sin luz.

jueves, junio 05, 2014

CERILLAS APAGADAS, POR FAVOR...

Hay días que antes de cerrar los ojos sientes un remusguillo amargo pululando en tu ánimo así cómo al despertar presientes un carácter ácido, un deje ácido y susceptible y piensas que tendrás un día de armas tomar al relacionarte con los demás precisamente por el limón con el que has despertado… Y esto me recuerda cómo metemos la pata con los que nos rodean muchas veces, tal vez por la ignorancia del ánimo del prójimo, otras porque no escuchar y hablar y hablar es lo que nos gusta sin reparar en cómo puede hallarse al que están frente a nosotros.
Lo que es indiscutible es que todos estamos muy susceptibles y que hemos de manejar palabras, hechos y gestos con mucho cuidado. ¿Por qué? Porque estamos rebotados, porque estamos preocupados, porque el olor del miedo nos ahoga… Y me he dado cuento a través de una noticia tonta, insustancial: el clamor herido por el dineral que van a dar a “La Roja” por el mundial, cuando La Roja es la niña de nuestros ojos, la ilusión que nos regala, la unidad que nos cose de norte a sur y de este a oeste. Nos ha rebotado porque pensamos las penurias que están pasando muchos. Pero me he enterado que no es dinero nuestro sino de la FIFA así que convendría que lo dijeran alto y claro, ya que encender una cerilla más al ánimo caldeado puede ser peligroso. Porque a la gente no se le ha olvidado que muchos se quedaron sin casa, seis millones están sin trabajo, miles de empresas pequeñas han tenido que cerrar mientras a los bancos que son privados cuando han ido mal sus finanzas, el estado ha acudido a su rescate con el dinero del contribuyente; a la gente “se la suda” que fueran bancos, cajas, cercanas al estado. Y es que éticamente hablando hay cosas que son indigeridles para una sociedad manipulada más que informada y que los listillos de turno aprovechan cualquier rebrote emocional para armar la marimorena y soliviantar a la gente que lo que quiere es estabilidad porque la proporciona seguridad.
En conclusión: unos y otros estamos chamuscados, muy susceptibles; cada uno tiene su motivo aunque algunos sean comunes. Así que se rogaría a medios públicos, privados, a nuestros conocidos,, compañeros de trabajo, amigos y familiares que antes de dirigirse a los millones de “indios cabreados” que estamos, no que somos, midan palabras, gestos, y hechos. Lo agradeceríamos mucho, porque el ánimo lo tenemos muy tocado y necesitamos voces, obras y actitudes que acaricien a nuestro corazón, y amueblen lo mejor posible nuestra cabeza atiborrada de tantas contradicciones.
¡Gracias! ¡Ah! Y si alguien es tan amable de cantarnos “Don’t wwory be happy” estaremos un poquito más alentados…

En cada vida tenemos algunos problemas, 
pero cuando te preocupas son el doble. 
No te preocupes, se feliz ahora. 

No hay sitio para apoyar la cabeza, 
alguien puede venir y quitarte la cama. 

No te preocupes, se feliz. 

El dueño del apartamento dice que no has pagado todavía, 
que puede que tenga que litigar. No te preocupes se feliz 
(mírame a mi, estoy feliz). 

No te preocupes, se feliz. 
(Te pasaré mi número de teléfono. Cuando estés preocupado, llámame. Te haré feliz). 
No te preocupes, se feliz. 

Sin dinero, sin estilo, sin chica para hacerte sonreír. 
Pero no te preocupes, se feliz, porque cuando estés preocupado tu cara se arrugará y eso deprimirá a todo el mundo. Así que no te preocupes, se feliz. 

Ahora, es esta la canción que escribí. 
Espero que la hayas aprendido nota-por-nota, como un buen niño. 
No te preocupes, se feliz.

miércoles, junio 04, 2014

NO FUE UN DÍA MÁS...

No, no lo fue sino una inflexión en el tiempo de una nación llamada España; un dos de junio que pasará a nuestra historia.
He tardado cuarenta y ocho horas en poder titubear las primeras palabras porque aunque rumiado desde hace meses que se necesitaba un cambio generacional por muchas circunstancias, no por eso, nos pilló a todos con el pie cambiado; es más, cuando me enseñaron en Internet la portada del Norte de Castilla diciendo “El Rey Abdica” llegué a pensar que era un chiste más de los que pululan por la red diariamente.
Incredulidad, sorpresa y más tarde cierta tristeza.
Yo era muy joven cuando llegó Juan Carlos I con la democracia debajo del brazo incluido el Partido Comunista; aquella sensación aún me huele a canela y clavo y me sigue sabiendo a una puesta de sol en un chiringuito ibicenco: maravilloso. Cómo tampoco se me olvida aquel 23F que algunos hace poco han querido distorsionar y confundir a la población. No, no tuve miedo, sí mucha expectación pegada a la radio, hábito que no he vuelto a abandonar desde entonces. Y no tuve miedo porque este hombre con corona me daba seguridad y confianza. Con los años, su figura fue creciendo conmigo y lo consideré como la mejor inversión que hizo la España contemporánea siendo, además, el mejor embajador que podíamos tener; un diplomático que llevaba por doquier la marca España y que nos abría puertas donde a otros no se las habrían abierto jamás.
Un día llegó Botswana mientras España se debatía en un problema gordo y su Rey no estaba… “Un perdón avergonzado” salió de la boca de nuestro Rey, pero su pueblo no se lo perdonó; pueblo demasiado dolorido por tanto problema, con un paro que comenzaba a dispararse, unos políticos que se estaba “llevando vivo el ahorro de una nación”, y un mercado hundiéndose a sus pies… De ahí se pasó a desempolvar su vida privada repleta de “cornucopias” hacia nuestra Reina (una profesional al cien por cien de sus capacidades), una hija y un yerno que nos avergonzaron a todos… Era cuestión de tiempo.
Tal vez no sea el mejor momento para marcharse, pero los expertos nos dicen que más tarde puede ser peor… Los republicanos han salido a la calle rápidamente, están en su derecho, para eso estamos en una democracia. Lo que me escuece es que ciertos políticos olviden el ejercicio de responsabilidad, políticos sin discurso, tóxicos en sus referencias, ignorantes en cuanto a la Historia más reciente (pongamos por ejemplo 1931), políticos que han de velar por la estabilidad de un pueblo que lleva tiempo muy tocado y que necesita luz, ilusión y esperanza para salir del agujero. Dar ejemplo a los jóvenes, adultos del mañana, igual que a mi generación lo dieron Juan Carlos I y aquellos políticos de entonces que reconciliaron a las dos Españas.
Los españoles somos la caña, me siento orgullosa de serlo. Somos gente pacífica que sabemos disfrutar de la vida, con un humor fuera de lo corriente, pero no somos tontos, y no quiero que nos manejen ni nos den información confusa, porque hay mucho ciudadano sin criterio que necesita para aclarar sus ideas que se le tome en serio, que se le forme, que se le enseñe la verdad sin requiebros, sin esconder la mano cuando se tira una piedra. España lo necesita, lo que no necesita en este momento son viejas rencillas que impiden avanzar, y que nos pueden volver a dividir porque en una democracia cabemos todos.
La República es una forma de estado rezonable, de hecho tenemos varios referentes, sin embargo a nosotros, la corona nos ha aportado estabilidad, algo que una nación necesita imperiosamente para avanzar en beneficio de un pueblo por lo que, personalmente, esta es una opinión como cualquier otra y con el máximo respeto hacia otras ideas, no creo que sea el momento de cambios radicales, menos mientras sigamos con líderes como los que tenemos en este momento.

Todavía no se me ha ido de la cabeza el domingo veinticinco de mayo cunado apareció en escena “Podemos” y manifesté que me alegraba ¡En qué hora lo dije!, me miraron con incredulidad hasta me dijeron que ya no me conocían y por más que dije que había mucha gente que necesitaba encontrar su lugar, agarrarse a una esperanza. Mis ideas no comulgan con las ideas de ese partido, pero creo en la democracia y ahí cabemos todos y eso nos lo trajo la corona, pese a quien pese.

sábado, mayo 31, 2014

INSTANTÁNEA

Dicen que el ser humano debe ejercitar la ternura como una de las facetas para engrandecer el espíritu, y hoy os traigo una instantánea para que la observéis con detenimiento y podáis sacar vuestras propias conclusiones como sensaciones…Creo que sobran las palabras aunque íntimamente me empeñe en ponerlas, pero no lo puedo evitar como no puedo evitar que a mi rostro le emerja una sonrisa al recordar un regalo que me hicieron anoche dos chicas maravillosas que, como todas las cosas buenas de la vida, son gratuitas. Un obsequio inesperado que consistió en poder tomarme un vino entre risas y rodeada de esa juventud que pulula por las calles, que hace frente a las adversidades, que beben a borbotones cada momento llena de ilusión y esperanza y que, si ésta se escapa, sale en su busca. Sí, me sentí agradecida que me contaran sus cuitas, sus sueños e hiciéramos bromas de hipotéticos futuros.
Pero, cuando ya me retiraba con las pilas cargadas y pensando que el porvenir estaba en buenas manos con juventud como estas dos chicas estupendas, aún una de ellas me tenía preparada otra sorpresa: esta instantánea que hoy comparto con vosotros…
Ella se llama Lucila, él Juanjo y la dálmata Lola… Es una foto llena de esperanza, ilusión, de ternura, de adorable espontaneidad que se asoma a nuestras retinas como un canto a las buenas cosas que nos rodean y que a veces somos incapaces de saberlas mirar, o el tiempo y las prisas nos roban esa instantánea para que podamos ensanchar los pulmones de ilusión. Sí, también me recuerda a una familia encierres y que, sin duda, lo es. En la que juntos aprenderán a amarse el uno al otro tal como es, a saberse tolerar aquello que no se podrá cambiar, a ser sinceros entre ellos, a disfrutar de los buenos momentos juntos, y crecer unidos en las dificultades… ¡Ah! y a tratar al otro como a uno le gustaría ser tratado… Sí, Lucila, todo esto me recordaste con esta foto tan deliciosa y que deseo de todo corazón que se cumpla punto por punto.
Anoche cuando apagué las luces de mis horas tenía muchas sensaciones gratas revoloteando en el pensamiento porque seguro que vosotros tenéis como yo la suerte de poder disfrutar de los hijos de los amigos, verles crecer en el plano humano, beber de su juventud y cerrar los ojos cada día con la sensación que hemos hecho algo bueno por ellos: intentar formar a chicos para ser personas.

¡Buen fin de semana, amigos!

jueves, mayo 29, 2014

TENÉS TODO, TENÉS NADA

Se sigue hablando de la gesta futbolística del sábado por parte del Real Madrid y me sigue escociendo y me sigue dando mucho qué pensar, no sólo por lo que supuso perder para el Atlético de Madrid, equipo sufridor por antonomasia, sino lo que significa perder y volverte a levantar, recomponer figura y caminar. Este pensamiento lo ligo a la imagen de mi hijo Javier, un chico que planta semillas cuando nadie le ve ni le siente, traga palabras innecesarias, pierde con frecuencia y tira “palante” como ninguno, y que con esa actitud nos enseña a todos tanto cada día. El domingo no había más que mirarle, sobraban palabras, es más, si hubieras osado utilizar los consabidos consoladores, frases hechas, dulces y sinceras, te las hubiera estampado en tu propia cara; la herida sangraba demasiado, la derrota de su equipo en el último minuto era tan cruel como legal, como real… Y mientras que hoy es miércoles y aún sigo dando vueltas al moliniño, seguro que Javier ya está caminando recto, con la mirada escudriñando el horizonte igual que Simeone haciendo encaje de bolillos para buscar nuevos talentos para que ocupen el lugar de los que se van. Es decir, levantarse, partir de cero y caminar; duro, muy duro y, sin embargo, diariamente eso lo hacen miles de personas anónimas, pero a ellas no se las conoce, y sin embargo a Simeone, al Atlético de Madrid, sí, y esto es muy importante porque ese equipo tan acostumbrado a perder, levantarse y caminar nos está dando una lección de vida dejando aparte la pelota.
Las victorias saben a manjar de dioses y si encima practicas el tan de moda deporte del Mindfulness (termino inglés q se refiere a la capacidad para atender y disfrutar plenamente de lo que estamos haciendo, sintiendo, en cada momento de nuestra vida), esas victorias te sabrán, seguro el triple. Peeeero ganar es difícil como efímera la suerte y la alegría y el perder es lo más común en los mortales, debemos sacar “chicha” de las secuelas y la sensación de la pérdida. Ya lo dice un proverbio “Se aprende poco de la victoria y mucho de la derrota”


PD Os dejo el enlace del artículo de Lorenzo Silva para el que no lo haya leído ya que no tiene desperdicio. Pinchad en Lorenzo Silva

domingo, mayo 25, 2014

MINUTO NOVENTA Y TRES

Primero felicitar a los madridistas y felicitar a los dos equipos; ambos demostraron que a pesar de la tensión supieron estar y a los doscientos millones que supuestamente vieron el partido les regalaron ciento veinte minutos de espectáculo bonito y de alto voltaje.
Dicho esto, estoy muy triste y tengo mucha pena; pensé que después de dormir, despertaría con cierta resignación y que la derrota de mi Atleti la vería más suavizada. Pero no, la pena es grande y os lo digo de corazón. Sí, influye el temperamento de cada uno y ser pasional y visceral no ayuda, que es mi caso. Más cuando sigo pensando en mis mundos en esa justicia que tarda en llegar pero en algún momento llega; el ser idealista es lo que tiene. Y sin hacer de menos a nadie, mi Atleti se lo merecía, como se lo merecía ese equipo en el que no hay estrellas sino son todos un uno compacto, donde no hay sobresueldos, ni números que nos hagan daño a la vista. No, es un equipo  que aunque su nombre apabulle “Atlético de Madrid” es un equipo modesto que por no tener no tenía repuesto para hacer cambios en condiciones de jugadores, era ellos y ellos y que han muerto luchando, y creo que a todos los atléticos el orgullo por su equipo se desborda… Pero voy un paso más allá: afición y equipo están acostumbrados a perder y lo encajan con ese espíritu estoico tan propio del estadio Calderón, ellos no iban a por la décima sino a por la primera, pero el destino quiso que en el minuto noventa y tres esa gloria, la hazaña que iban a coronar se les escapara y… Tiene que ser duro de narices encajar ese varapalo.
En fin, hoy hay que ir a votar ¡maldita gracia que me hace!, pero somos ciudadanos y como tales debemos estar comprometidos con nuestra sociedad aunque el noventa y tres por ciento de los políticos les importemos una higa,  y sólo vayan a lo suyo: pasta y poder. Pero nosotros, el pueblo como a mí me gusta llamarnos, no somos como ellos.

¡Ay qué pena tengo, madre!, pero Simeone dijo a su gente “La cara arriba, la cara arriba” así que…

sábado, mayo 24, 2014

ALLÁ DONDE EXISTE UN REZO

¿Cuántas formas hay de rezar? Tal vez tantas como seres humanos, ¿no? Porque cada persona tiene una forma de expresarse, de sentir, de acercarse a ese Dios que se sostiene en la fe de cada uno, porque creer es cuestión de algo tan íntimo y personal que es muy difícil exponer para que los otros crean como tú y, tal vez, ese Dios unipersonal se sostenga gracias a los gestos y obras humanas que engrandecen al hombre… Anoche recé en medio de una película de crímenes mientras en la radio entrevistaban a Simeone; difícil situación para concentrarse, pero no imposible cuando el sentimiento es hondo. Me explico… Sonó el móvil y descolgué, la voz de mi madre era tan apagada como  de sin vida; mi madre es una mujer dura, fría, tanto que la cuesta mostrar sus sentimientos, por lo tanto, eso de llorar no va con ella. Sin embargo hubiera jurado que estaba llorando. Su voz atrapada en el desconsuelo me contaba que su amigo Carlos se había mareado y a los pocos minutos su corazón dejó de latir… Carlos era un hombre amoroso, elegante, educado, amable, de charla entretenida y con la acidez del descreimiento por tanto vivido. Ambos se sentaban juntos cada mañana, cada tarde. Refunfuñaban de la comida que les daban y que no les gustaba, de los hijos pero sobre todo de los nietos. Y así pasaban los días, las horas en la residencia de ancianos en la que vivían y donde cuanto más pasaba el tiempo, más añoraban su hogar.

Cuando Mamá me lo contó entre silencios y palabras cortadas, recordé el rostro de Carlos y las sonrisas que le robaba cada día al ir a ver a mi madre; es más, el recuerdo de su sonrisa se puso en el mismo plano que la pena de mi madre y la plegaria que lancé al aire ahumado de mi cocina. La voz de Simeone se mezclaba con las voces de la película, con el tintinear triste de Mamá y aquel extraño rezo mío hasta que presentí un ángel revolotear a mí alrededor. No me preguntéis un porqué, pero sentí una vez más en mi vida que existen los ángeles… El ver, sentir y apreciar que la muerte crece entorno tuyo es desgarrador porque nunca se está preparado para ella, porque aunque maldigamos muchas veces a la vida, nos aferramos a ella como gato “panza arriba”, y mi madre no es ninguna excepción; junto a aquellas palabras torpes que me lanzaba a través del teléfono, sentí su miedo, su soledad, su pena, tanta, que me hubiera gustado abrazarla como ella me abrazaba cuando era yo pequeña y trataba de aislarme de los miedos, pero ante la ausencia del abrazo volví a presentir mis rezos para que estos acercaran uno y mil abrazos a una madre desconsolada y temerosa.

jueves, mayo 22, 2014

TU JARDÍN SECRETO

Ha vuelto a llover y hace frio; ayer me negué a la evidencia y me puse chanclas y lucí escote. Me paseé como si tal solución fuera en ese momento a cambiar la climatología, y al final del día tosía y temblaba… Una cosa es que no abandonemos los deseos y otra nadar contracorriente, actitud que la bordo y así me va en muchas ocasiones. Tal vez a una persona joven no la hubiera afectado en su salud, pero en mi caso, la edad es descarnada y cruel como el calendario, quemando etapas sin consultar con el ánimo de cada uno… Y es que no me entra en la cabeza muchas cosas, entre ellas la edad, porque me miro y veo a la persona de siempre, vital, alegre, chiflada, sazonada con una leve insolvencia que tanto irrita a mi familia, pero que no estoy dispuesta a desprenderme de ella porque dejaría de ser quien soy; porque una cosa es no ofender a quienes nos rodean y otra cosa muy distinta el agradar hasta olvidarse de sí mismo. Actitud altruista, sí, pero nada beneficiosa. Un día llegarías a mirarte al espejo y no te reconocerías, simplemente serías el fruto de los demás pero no tú. Al constatar ese hecho, te deprimirías, pasarías a ser alguien triste y gris y, ¿qué podrías, entonces, regalar a los demás? Pena y más pena. Y yo no quiero eso aunque de ahí a negarse la edad que tienes va un trecho; eso es tan real y verídico que si nacemos, morimos. Por lo tanto, voy a hacer un acto de voluntad hoy, (mañana ya veremos) y aceptaré mis años. Nada de quejarme por el descenso a tercera división de mis carnes, menos del lumbago que me provoca el lavavajillas o tirar del carrito de la compra. Olvidaré el deseo de una noche de juerga que al día siguiente me sienta como un tiro al presentir la cabeza repleta de grillos que no callan, ni un estómago devolviendo lo que no tiene. Tampoco desearé hacer un Erasmus en Nueva Zelanda más que nada porque tendría que volver a la universidad y luchar con el sufrimiento que me provocaba el bedel de turno cada vez que me entregaba una papeleta con el consabido suspenso. No, no, menos soñar con ponerme una minifalda porque jamás he tenido piernas de vértigo… Seguiría pero no vale la pena; sin embargo, al aceptar (hoy, mañana, insisto, ya veremos) los años que tengo hay algo que a veces se me olvida y es tan importante para reconocerme cuando me miro hacia dentro: es ese jardín secreto que no compartes con nadie, atiborrado de años, meses, días, horas y minutos, de experiencias, de sonrisas, de llantos taimados, aquel primer amor que no has olvidado a pesar de las tormentas vividas, de lágrimas sentidas, de amigos que te han ido acompañando a lo largo de tus tiempos, de ausencias que te hacen más fuerte y con las que hablas sin fingir que eres otra. Besos, abrazos, roces, viajes soñados que se hicieron realidad, sensaciones irrepetibles, despedidas inevitables… Actitud y aptitud que hoy voy a fomentar con todas mis ganas… ¿Me acompañáis?

lunes, mayo 19, 2014

NECESITO QUE HOY ME ESCUCHES...

Cuando uno se acuesta al final del día lo normal es que lleve la mochila vital cargada, a veces demasiado pesada, pero al despertar después de un sueño reparador tenga las pilas cargadas para afrontar el nuevo día y las situaciones, las circunstancias, todo lo vea, lo sienta, más liviano y seas más permisivo, al menos las primeras horas del día, o como dice un dicho por ahí “hasta que venga alguien y lo j…”. Pero yo hoy, además de despertarme muy dormida, lo primero que he visto al encender el ordenador ha sido al político de turno vendiéndome no sé qué “moto” y me ha dado por pensar el mal fario que me da esta gente últimamente, y eso que estaba dormida porque si llego a estar despierta, quizá se me hubiera escapado alguna lágrima, porque soy de las que piensa que en la vida hay que creer, luchar porque la esperanza no se te escape del corazón, y más cuando uno vive en sociedad; quiero decir que hay que creer, confiar, en las instituciones, dado encima que estamos en una supuesta democracia y podemos elegir cada cierto tiempo. Pero mi problema hoy es que no creo, me parecen una gentuza, ni siento que hay un personaje, da igual la ideología, con el suficiente carisma para que el español medio, gente corriente como tú y como yo, podamos confiar y hasta cierto modo ilusionarnos. Porque no es solución que tú y que yo cerremos los ojos para no ver o miremos en dirección contraria. No, tú y yo tenemos la suficiente inteligencia, sensibilidad, compromiso, para darnos cuenta de lo que pasa y por tanto a negarnos a admitir tanto “soplatubos”
Sí, cada vez estoy más despierta y siento que mi ánimo hoy está revirado… Y para estos días en que el sol no se enciende en tu predisposición, necesitas de gente que ilumine tu entorno, gente normal como tú que te tienda una mano o te dedique una sonrisa y así coger el plumero y quitarte las telarañas o comenzar tu trabajo, en resumidas cuentas, con la sensación de que la sangre nunca llega al río y que, aunque sea en el último minuto, hay algo que te salva de esa frustración que a veces sientes según despierta el mundo cada día.

Sí, mi última reflexión antes de coger el aspirador, es que menos mal que nos tenemos, tú y yo, nosotros y vosotros para dedicarnos un abrazo, una palabra de aliento, un buen deseo, una mirada cariñosa, una sonrisa acogedora, y que se note esa buena gente que somos porque somos muchos, muy majos, muy sanos, que nos apoyamos los unos en los otros, que nos ayudamos para seguir ”palante” con la cabeza alta y con buen humor.

martes, mayo 13, 2014

LUNES AL SOL

“Lunes de morriña, de mucho viento, de pocas ganas, de poca paciencia, de tontería, de ganas de abrazos, de comer chocolate, de caminar descalza, de escuchar poesía, de sentarme en mi nube y de que el tiempo pase” Chelo
Estas letras tan hermosas, bien casadas y con tanto sentido, es lo primero que he leído en un martes que ya no es lunes, emborrachado de tragedia y morbo por el asesinato de un político y, en el cual, las redes sociales están sacando lo peor de nosotros: envidias, rencores, odios, complejos… Vamos, una insensibilidad crónica hacia lo bueno, donde la salud psíquica aparece atrofiada y enmudecida por una sociedad cruel que te enseña a consumir materia, a destruir sin pensar.
Pero me niego a quedarme con esas voces apabullantes que están aflorando tanto mal cosido a sus corazones porque, al fin y al cabo, somos dueños de nosotros mismos y tenemos el deber de elegir lo mejor para nuestras mentes y así crecer en positivo. Eso sí, todos los comentarios pérfidos me han hecho reflexionar que una parte de la sociedad está muy enferma, demasiado tocada; lo sabía, pero hoy lo he constatado... De ahí,  los que aún no estamos contagiados, tenemos que propagar todo lo contrario, degustar el mundo de las sensaciones y la emotividad. Ejercitar un corazón noble y bondadoso.  Propiciar los milagros que provocan el tesón y la voluntad y que no se pueden callar aunque carezcan de publicidad, porque hay un mundo paralelo que transcurre al límite de la esperanza y que hay que preservar aunque lluevan “chuzos de punta”
… Los lunes son un zafarrancho emocional, un golpear los quehaceres para organizar el día a día. Un comenzar de lo nuevo, de lo aparcado, de lo olvidado. Y para todo esto hay que tener un talante emocional, muy especialmente los lunes, los martes, los miércoles, los jueves, los sábados, los viernes, los domingos y vuelta a empezar.
Pensemos que nuestra vida es un barco que va anclando en muy buenos puertos y que, cuando la tormenta arrecia en plena mar, pasa otro barco amigo al cual nos sujetamos para que nuestra nave no se hunda… En el mundo suceden muchas cosas; las malas nos destellan, las buenas parece que no se ven y, sin embargo, son muchas, muchísimas: cada vez hay más gente solidaria aunque no lo parezca, amigos con el norte y el sur tan bien definidos que no debemos perder bajo ninguna tormenta o mal entendido. Las sonrisas gratuitas, las palabras amables, los besos fortuítos, los días de sol, los días de lluvia y niebla, la tontería chistosa dicha a tiempo, la mirada limpia de un hijo, hay tanto…

Yo este martes que ya no es lunes, me quedo con las palabras de mi amiga Chelo que son hermosas y bien casadas, pero sobretodo porque me han recordado que tengo el privilegio de conocer a “una mujer coraje” que da ejemplo de lo que es sobrevivir en un mundo hostil.

domingo, mayo 11, 2014

CUESTIÓN DE PELOTAS

Me acabo de deprimir. He leído la prensa y ésta me lo ha contado con pelos y señales. Mis expectativas dominicales se dividían en tres fases y la primera ya he fallado: ganar eurovisión bailando en la lluvia… Y no hemos ganado. Pero claro, ¿cómo vamos a ganar si no ha llovido y “la calor” no nos ha dejado dormir esta noche?
La segunda está por ver, hasta esta tarde no sabré si mi Atleti es campeón de liga o seguimos dilatando la emoción y dando oxígeno al Barça. He tratado de memorizar las posibilidades que se tienen que dar para que mi amor colchonero se suba esta noche a la fuente de Neptuno y grite ¡Somos los reyes del mambo!, pero soy incapaz, así que me pondré la radio y que Pepe Domingo Castaño me vaya desgranando la margarita mientras rentabilizo el tiempo y doblo calcetines con su posterior colocación en el compartimento correspondiente. Porque las tardes de domingo están para eso: perderse en el limbo, o ser hombre/mujer mentalizado que todos los días somos un poco “Marujos”.
Nada que contaros con los nervios que afloran pensando que el miércoles el Sevilla puede hacerse con la otra copa y mandar a tomar pepinillos al Benfica demostrando que, de la crisis no salimos tan fácilmente, ahora bien, ahí está la pelotilla una vez más para que España saque pecho. Y es que lo nuestro, está claro, que es cuestión de pelotas: o las de Nadal, o las de nuestros equipos de futbol, pero el español con sus pelotas sí o sí.
Claro que ante tanta incertidumbre dominical, prefiero evadir mi mente e irme al 24 de mayo… No resuelvo mucho porque aunque esté feliz que gane quien gane, una copa nos traemos a casa, me gustaría, con permiso de los ricos de la familia que son los del Real Madrid, que ganara mi Atleti porque mi equipo no tiene un Ronaldo, ni tampoco dinero, pero tiene amor propio, un par de pelotas e ilusión a raudales… Fijaros no sé si llamar a Florentino Pérez a comentárselo a ver qué le parece…, no sé. En fin lo mejor es que me vaya a poner una lavadora y a hacer una tarta a mi cuñada que la he invitado a comer y aunque llevamos años de sutil convivencia a las cuñadas hay que tenerlas en observación y siempre contentas… Estoy pensando que nunca he hecho una tarta, pero seguro que algo me sale, ¿no? Todo menos ponerme puertas al campo.

¡Feliz domingo, amigos!

jueves, mayo 08, 2014

EL SUR

Al sur siempre lo llevo prendido en los pliegues del alma. En mis ojos su azul sin límite. En la boca el sabor de su salitre. En el olfato el aroma de su luz, y en el corazón la espuma blanca y alegre de esa Andalucía que tanto quiero…
Hubo un espacio de tiempo en el que el mar se puso a mis pies para que mis ojos golosearan en su espuma. El agua era un cúmulo de chispas de cristal, oleaje turquesa y arena desempolvada; tan sólo nosotros dos, la playa estaba desierta y, su inmensidad era aún más grande para mi espíritu, mientras los otros estaban celebrando un día de la madre atípico para mí.
Una gaviota se posó muy cerca de mí, picoteó gorgojos de agua entretanto confiaba que yo era una estatua de sal abandonada por la mar y, por lo tanto, no suponía ninguna amenaza para ella.
Algo me hizo girar la cabeza hacia la arena y la ternura de mi visión se desbordó: una cría de gaviota chapoteaba entre la mar y la arena. Dubitativos sus pasos paraban para hallar consuelo de un abandono despistado; movía la cabeza para sentir el aleteo de su madre que no descendía. Llegué a sentir miedo por el desamparo e indefensión de aquel minúsculo prodigio de la naturaleza que esperaba a una madre que no atterrizaba.
No había más sonido que un levante suave azuzando mi piel, agitando las briznas doradas de mi cabello, y un susurro de olas llegando a la orilla de mis tímpanos; y en el horizonte, esa línea tan recta, tan horizontal que casaba a la perfección con la mar tan azul, tan lisa, tan segura… Justamente en ese hechizo presentí a mis hijos esperando a su madre mientras ella, atrapada en el tiempo, en esa realidad terca que a veces escuece tanto, esperaba que la marea del atasco madrileño desapareciera para poder llegar a la orilla de sus hijos.

Un mayo hermoso y soleado de puentes y primavera,  a la merced del hombre para, así, cargar las pilas desgastadas después de tanta penumbra invernal. De flores silvestres creciendo entre las dunas y, yo, perdida en mi sur añorando el norte de dos chavales sin madre en un día tan señalado.

viernes, abril 25, 2014

LA VEJEZ

Cada vez que el tren corre marcha atrás,  siento que fuera una margarita a la que se le arranca de manera brusca algún que otro pétalo.
 Las imágenes se me hacen difusas, rápidas a pesar de estar tan atrapadas en mi corazón. Pero hay una imagen que es tan grande que me achica,  y es la de presentir a una anciana que se queda atrás, con la cabeza gacha, mirando a esa nada tan cruda mientras recuenta sus dedos; me empequeñece tanto que los ojos se convierten en fuentes incontrolables.
En la hora de la marcha siempre me hace la misma pregunta, en voz baja para no asustar a la respuesta “¿Cuándo vuelves?” Y un silencio opaco nos envuelve a las dos… Me recuerda tanto cuando yo era niña y ella me abrazaba ahuyentando, así, mis miedos, que ahora es como si los papeles se hubieran volteado, y yo me hubiera convertido en su madre y ella en mi hija.
Con suerte, a muchos les llega la vejez, pero la forma de encararla dista mucho unos de otros. Hay a quienes la miran con alegría, incluso con cierto sentido del humor, sabiéndose que sus vivencias fueron plenas y afrontadas con valentía, asimilando la grandeza que es la vida a pesar de todos los malos tragos. Son conscientes de su edad y la proximidad de lo inevitable. Con una cartografía pegada a la piel de su alma tan asumida como satisfecha y valiente. Son mujeres y hombres que asumieron en su momento los roles que les impuso la vida porque, no nos engañemos, hoy podemos elegir pero antes no se elegía, antaño en el paquete de la vida te venía madres, esposas, mujeres, profesionales… sin pedirte permiso.
Y luego tenemos a otros ancianos que son de una estirpe temerosa, frágil, cuyas huellas del destino han frustrado tanto su ánimo que son incapaces de perder una sonrisa. Ahora, por mis circunstancias, me codeo con tanto anciano, que os aseguro que los tristes, miedosos y solitarios son muchos, muchísimos. Yo les llamo mis conejillos asustados deseosos de una palabra, de una sonrisa, de un beso. Siempre están mirando a la puerta para ver quién se acuerda de ellos; es muy doloroso observar su desencanto, pero también milagroso cuando su semilla triste y olvidada recala en la piel de tu corazón; te conviertes en un ser solidario, bondadoso, regalando la energía que tienes oculta por el egoísmo innato del ser humano.

…¿Cuántas veces hablo de mi madre? Tantas que tengo al aire aburrido, pero cuando me alejo de ella siento que soy una margarita a la que arrancan de cuajo algún que otro pétalo.

miércoles, abril 23, 2014

LA MODA

Sin duda es esa luz que amanece sin hacer ruido y que sin embargo despierta cualquier sueño, la que guía mis manos hacia el teclado para que comience a hablar cada día, a acortar distancias en busca del contacto personal tan necesario como esa palabra amable que se escabulle cada vez más de nuestras bocas, o esa sonrisa de bienvenida que se vende tan cara. Y es que es muy distinto empezar el día escuchando truculencias, avivando el mal carácter que se nos pone cuando se incitan las malas vibraciones o, por el contrario, cuando escuchas “unos buenos días” que relucen más que un sol de verano. Todo esto conlleva a que encares tus próximas horas de una forma u otra, un ejercicio que debe ser disciplina según despiertas. Yo me despierto dormida, trampeando con las puertas u objetos que encuentre al pasar, mi garganta no digiere ni una palabra y sin embargo mis dedos se pronuncian a testificar una sonrisa (eso no quiere decir que lo consigan), pero al menos lo intentan.
Hoy, según habría el ordenador, me ha dado la risa al pensar lo tontos que somos al dejarnos arrastrar por las modas; da igual hombres que mujeres… Que nos dicen que con un vestido de fiesta lo más de lo más es llevar unas playeras, vamos y nos las ponemos… Que se llevan las rayas pues entonces mujeres gruesas y delgadas a la caza de la raya. Pero es que anoche observé el colmo de la bobada al mirar a hombres, bastante atractivos por cierto, con el nuevo look de la temporada: cabeza rapada exceptuando la parte superior del cráneo… De verdad, parecía un campo arado hasta que al tractor se le acabó la gasolina… ¡Pobres!, quién, demonios, les habrá engañado. Sí, ellos mismos, conscientes o no, han dado su beneplácito para cometer un crimen en sus cabezas.
Y es que la moda enriquece a muchos mientras las masas nos dejamos manipular, olvidando la belleza, arrinconando el juicio y exentos de mala fe “Si dicen que esto se lleva, sin duda es bueno” y ¡Hala! A convertirnos en borregos feos(la mayoría, claro, porque hay quien a pesar de ponerse una lechuga en forma de abanico encima de la cabeza están guapos…, pero os aseguro que el nuevo look varonil de cabezas con cresta grande o pequeña es feo de narices)
En fin, yo por si las moscas, vigilaré a mis instintos para que no se dejen arrastrar por la moda marinera y mi cuerpo no se convierta en un trasatlántico orgulloso paseándose por los mares castellanos.

¡Tened un buen día, chicos!

lunes, abril 21, 2014

RESUMIENDO UNA SEMANA

Aún no ha amanecido pero los pajarillos me han despertado con sus cánticos vivaces, como si ahí fuera hay una nueva oportunidad para la vida.
La mesa camilla está llena de papeles con anotaciones, palabras escritas que, casadas con buenas puntadas, me devolverán aquello que he vivido, lo que he perdido o he soñado. Letras resumiendo una semana de aquí para allá. Seguro que tu semana será distinta a la mía, pero tendrá en común que todos hemos salido de una forma u otra de la monotonía cotidiana y habremos tejido una pequeña aventura para nuestro libro de vida.
 El tiempo nos ha hecho estar más en la calle; el que ha podido seguramente se ha fugado a la playa, al extranjero, a la montaña… Otros, por nuestras circunstancias, hemos permanecido encadenados a nuestra ciudad y lo hemos disfrutado lo mejor posible; sin duda la temperatura, y los días festivos han ayudado.
Las primeras sensaciones que se agolpan en mi cabeza sobre estos días, son agradables, en cierto modo completas. Este veranillo regalado e improvisado, la primavera en flor y perfumada, los pájaros revoloteando y amenizando los oídos. Esos atardeceres donde la luz ya no es luz sino polvo divagando sobre su propio fin e iluminando con el último rayo a un Cristo crucificado es un regalo visual muy hermoso. Como bonito esos encuentros inesperados que, sin quedar con nadie, te has encontrado a muchos conocidos, amigos y hemos ido “matando judíos” como se dice cuando vas  al encuentro de una procesión y entre medias te tomas un buen vino de la tierra. Los rostros de la gente que me he encontrado me gusta garabatearlos para deciros que todos tenían dos cosas en común: luz y sonrisa.
Remolinos de gente por las calles, silencio ante un Yacente, alegría ante un himno, escucha activa ante una anécdota de un amigo… Las charlas con “mis viejecitas” que me esperaban como agua de mayo para que las trajera el mundo a sus vidas y que, con ojos de niñas perdidas, seguían mi voz con ganas de más. Hasta mi madre, que su tristeza es incapaz de reconciliarse con la alegría, ha sido capaz de encender la mecha de su tenue luz. Las he narrado cada esquina de su ciudad, la iglesia más hermosa, la Virgen más floreada, incluso la vestimenta de la gente, todo con tal de ver sus rostros iluminados… Y me volvía a la calle en busca de más aventuras para regalárselas a ellas. Me he abrazado y besado muchas veces como si el alma y el cuerpo necesitaran el calor y el cariño de tu gente.

Sí, estos días he peinado y despeinado muchas veces mis horas y ha merecido la pena, como deseo de corazón que estos días para ti también hayan sido especiales.

martes, abril 15, 2014

DESPERTANDO SEVILLA

Una luz tibia entró en la habitación, apenas un hilito para despegar las sábanas de mi cuerpo. Me levanté dormida, sólo mis manos acertaron a despejar los vahos de la noche con agua fría. Me vestí y salí a la calle. Ni un ruido, ni un alma en los primeros tramos; dos palomas se acercaron a mis pies sin temor a ser dañadas. Una suave  brisa iba abanicando mi rostro mientras las telarañas de los ojos y la mente desaparecían por completo.
La ciudad estaba dormida, mecida en el susurro de las aguas del Guadalquivir y el cielo tal azul como cabía esperar en un día de los grandes.
El mutismo era total, sólo mis pasos castañeando por los adoquines. Me encontré en Campana los operarios ultimando los preparativos y decorando con graciosas guirnaldas de pino algunas vallas. Seguí sola hasta la capilla de San José que estaba abierta y entré. Me recibieron un silencio sobrecogedor y el típico aroma del incienso; sólo dos personas permanecían en los primeros bancos orando y yo me senté mucho más atrás de ellas, como si no quisiera interferir en sus rezos; me senté mientras el incienso se colaba por todo mi cuerpo y mi pensamiento desgranaba hilos de plata de mis seres queridos, hilos azabache de mis actos a veces tan tartamudos que parezco aún una niña chica. La calma y la paz fueron penetrando en mis poros hasta sentir que estaba columpiándome en una nubecilla junto a mi Dios cuando, de repente, en medio de aquel silencio atronador, un coro de pajarillos se pusieron a cantar en las ventanas; al unísono, alegres y vivarachos. Fue un momento muy especial que, de seguro, cualquiera de vosotros, lo habréis sentido alguna vez.
Volví a salir a la calle a seguir gozando de aquella soledad, de esa ciudad que no duerme pero que siempre sueña en reinventarse así misma. Me crucé con un grupo de hombres bien trajeados y en sus solapas prendidas unas insignias; al pasar junto a mí dejaron el rastro del aroma a jabón, ése que a primera hora del día huele más y mejor.
La plaza de San francisco estaba terminada, solitaria y muda; se me asemejó a un faraón bien plantado esperando la bulla de los cirios.

Regresé por callejas que iban despertando a un rosario de voces alegres en busca de esos segundos que se convierten en siglos, instantes inolvidables que vivirían a lo largo de ese día en que la ciudad entra en otra dimensión que aunque la fe no te arrastre, te seduce el buen hacer  de aquellos que sellan sus tradiciones. Un repique de tacones dibujó una sonrisa en mi rostro  mientras me tomaba un chocolate con churros a la vera de mi puente de los recuerdos, del puente de Triana.

lunes, abril 14, 2014

ENTRE LA ALAMEDA Y "EL SEÑOR"

Me he sentado a destripar las horas que a veces son losas y otras un suspiro. Pedaleando sobre la red tejida en la amistad que un día nace por “pura chiripa” y luego se convierte en hermandad. Tiendes puentes a los recuerdos tostados al sol entre susurros y confidencias, y hablando con la lengua de las emociones. No hay edades en esos momentos y sí entendimiento y respeto. Y es que “El Señor” hace grande a esta gente de humilde condición y enorme corazón.
Entonces te haces una pregunta a los sentidos, una respuesta al cariño, a esos amores que, por incompresibles nacen, y un día decides dejarte llevar por ellos bebiendo hasta la última gota de su vida.

Y el capítulo se cierra en una Alameda, al cobijo de la sombra y delante de un gin-tonic escuchando los primeros repiques de una banda con sentido y alma que avanza al lado de su “cruz de guía” de una semana grande que no es la mía y que, sin embargo, la siento como tal. Pero llega la hora del abandono que no del olvido y, sin mirar atrás, pisando adoquines de lustros y larga historia, vuelo a mis otros destinos sin girar ni una sola vez la cabeza  no fuera a ser que las lágrimas busconas encuentren su camino. Y según vuelo, alondras de azahar, los resquicios de un tiempo, me dicen ¡Hasta luego! Porque de sobra saben que llegarán otras primaveras y yo estaré para verlas nacer de nuevo.

jueves, abril 10, 2014

JUEGO LIMPIO

Entiendo de futbol como de gallinas embarazadas; nada es…nada. Sin embargo, gracias a uno de mis hijos que lleva el futbol en la sangre: desde pequeño jugando en el equipo del colegio y, por ejemplo, el día de su primera comunión, quería ir con el traje de su equipo, el Atlético de Madrid…, pues me ha aficionado y los partidos importantes así como cuando juega el Sevilla o el Valladolid, suelo estar atenta aunque no sepa qué es un córner o el porqué de pitar algunas faltas.
Después de la noche memorable de ayer, en casa estábamos todos de los nervios y, pasada la borrachera del triunfo, me ha dado por rebobinar en esta afición atlética que, a pesar de los pedruscos que siempre se ha encontrado por el camino, han seguido al lado de su equipo confiando en él ¡Chapeau por ellos!

Pero lo que esta mañana me ha gustado de veras ha sido ver un video en el que, al final del partido, la afición catalana aplaudía de verdad al ganador… No sé, me ha dado un subidón de estima por el ser humano que, a veces, es capaz de ser personas íntegras… ¡Chapeau por esa afición azulgrana!

miércoles, abril 09, 2014

DE VALLADOLID A SEVILLA


A veces escribir es poner en orden tus esclavitudes, hablar para uno mismo aunque desees ser escuchado, pero las inquietudes de uno no siempre son las de otros, de ahí el abanico de posibilidades para conectar con el mundo exterior.
Dicen que ser buena gente no es cuestión de fechas sino un largo y arduo recorrido a lo largo del tiempo, es cierto, pero también las escusas son buenas para esforzarte, como por ejemplo en navidad, la gente es más sensible a estrechar lazos y ser más solidario, ¿por qué no? Pues así pienso con las raíces religiosas que has de mantenerlas, luchar contra esos gusanos de fuego que a veces te corroen y, sin embargo, mirar a tu Dios de frente a pesar de tus dudas y reniegos que sientas por Él muchas veces. Pero cuando el calendario católico llama a tu puerta es buena excusa, también, para que te acerques y ahondes en esas raíces que te han acompañado toda tu vida.
Ahora hablaré sólo para mí porque casi ninguno me seguiréis en estas idas y venidas mías; da igual, lo comparto con vosotros.
Para mí, no me preguntéis el porqué, la Semana Santa dura dos meses: el mes de cuaresma, la Semana Santa en sí y tres semanas después. No soy ni de las que van el miércoles de ceniza a la iglesia, ni que los viernes la carne se aleje de mi boca. Sin embargo, es una sensación interna muy especial: como si día a día me fuera acercando a ese mi Dios, suavemente, como si le mirara a sus ojos y me columpiara dentro de ellos mientras limpio mis desperfectos. Siento el aroma del incienso como va lavando mis miedos, las incredulidades del día a día mientras rezo en el silencio de cualquier iglesia que me invita a entrar.
El colofón es un camino intermedio entre el regocijo sevillano y la austeridad castellana. En ambos me paseo y lo disfruto plenamente. No concibo una Semana Santa si la bulla de mi Sevilla ni el silencio que adorna mis calles vallisoletanas; tan opuestos y tan míos.
Adoro llegar en estas fechas a Sevilla y perderme entre su gente, sus Vírgenes y sus Cristos; me llega al alma  esas tradiciones tan suyas y tan vividas. Cómo miran, con embeleso, al Señor de Sevilla, a su Esperanza más grande, que alegría más enorme ver la primera cruz de guía poner sus pasos en la calle… Pero también quiero esas noches de frío y silencio a toque de corneta y tambor ver salir a la Dolorosa y recorrer sus cuatro esquinas en busca de su Hijo yacente y ese rítmico bamboleo del paso aprendido de los costaleros andaluces…

Después, me quedan tres semanas que me pierdo en los vídeos de TeleSevilla con locutores que poseen el gracejo, la experiencia y el amor en sus palabras; me van desgranando el acontecer de sus tradiciones centenarias… Y luego llega mayo, junio, julio, todos los meses restantes del año, y yo llevo dentro, muy dentro, esa fe que no se puede explicar.

sábado, marzo 29, 2014

TRIGALES DE HORMIGÓN

Una forma de entrar en tierras castellanas es llegar a ellas en tren desde la capital del reino. Con ojos despiertos, avispados en diseccionar sensaciones, y mirad a través del ventanal cómo el paisaje se funde desde Ávila hasta Valladolid… Les aseguro que podrán ver la puesta de un sol macizo en sus enseres, tan espectacular  como las inmensas tierras y sus pueblecillos perdidos en la planicie.
También, podría empezar diciendo a los lectores que a mí me gusta mi tierra en cualquier versión… Y, lo tremendo, es que es la verdad, hasta cuando el calor achica las ideas y has de remojarlas en la ribera del Pisuerga,   un río, a veces,  demasiado sucio y contaminado por la mano oscura de la ambición y la desidia.
El otoño es dorado por estos pagos de Dios, las choperas se desnudan al sol que se enmudece y cubren el suelo de oro y grana. El pino mira impertérrito el tintinear de la hoja caduca; al pinar le da igual, bastante tiene él con no dejarse desforestar.
El invierno es crudo, la humedad del río se mete en el alma, pero crea una atmósfera encantada donde la niebla recrea  la imaginación de los lugareños.
La primavera en la viña es hermosa como los cerezos en flor decorando alguna parte de una inhóspita autovía… Y, aquí viene la cruda y triste realidad porque, quizá, por el amor a esta tierra recia, hosca en el gracejo y cuyo silencio es digno de escuchar por austero e inexorable, me duele su paisaje trepado por la fiebre urbanitas. No hacen pueblos de casas con tejados a doble vertiente y teja clara. Calles de ventanas floridas y campanario para un cigüeñal; no, son setas pareadas o rascacielos en la nada, en mi estepa castellana… A vista de pájaro torcaz, es un suicidio con nombre de ladrillo y aroma a dinero, ¡Si no hay gente para morar tanta seta pareada!… Lástima tener que decir que los alrededores de Valladolid ya no son campos extensos donde recrear los sentidos, sino masas ingentes de hormigón prensado, colmenas hacinadas donde, supuestamente, vivirán personas. Trigales suplantados por edificios donde se les olvidó plantar el frescor del verde,  y es el asfalto quien decora esas cárceles humanas; vamos, que no hace falta ir a la costa para ver crímenes urbanísticos.
Hay cosas que se me escapan al entendimiento: Acaso, ¿está reñida la belleza con la construcción?, ¿es necesario masacrar la tierra aledaña a la gran ciudad de esa forma tan ausente de estética  y respeto al medio natural?
Temo las modas por torpes, incultas y olvidadizas. Por asesinas del espacio sin pudor… Y, así se crean superficies anodinas, sin rastro de un sello de identidad que las distingan del norte o del sur.
Me piden que hable de mi tierra y he de cerrar los ojos para sumergirme en ella…, porque cada vez es menos ella y más la otra, donde no hay siembra ni llanuras para perder la vista en ellas. Ni siquiera el aroma a pueblo, a pueblo de verdad en aquellos eneros de matanza y huevo frito… Y me pregunto, ¿Ustedes creen que esto es el progreso? Señores míos, mientras el alma y la mente no estén al abrigo  de una naturaleza sana que alimente el quehacer diario, que alivie los sentidos en belleza, me temo que el hombre estará abocado, sin remedio, al ocaso.

 
El tiempo corre, galopa por la vega y no perdona al torso, talle, sustancia y materia de esta tierra llamada Castilla.
Pero, a pesar de eso, la amo por ser mi raíz de vida, por dejarme olvidar el ruido de la gran ciudad por las calles estrechas y tortuosas de Simancas. Edificios blasonados, diminutos balcones poblados de geranios  mirando a la vega de un río constante mientras pienso que “nuestras vidas son los ríos / que van a dar en la mar…”

jueves, marzo 27, 2014

GAVIOTA

¿Qué sería de nosotros si no tuviéramos  sueños?
Cada día, al despertar, perfilo mi álbum de anhelos fundidos en la almohada, y sonrío al comprobar que permanecen mullidos en mi corazón, y serán ellos los que me ayuden a encarar un hoy que, tal vez, sea lluvioso.

Son mis quimeras nocturnas las que tejen los gestos que he de depurar si aún quiero enroscarme en una estrella y dar luz a mis manos para entregarte, después, mi utopía cosida a las alas de una gaviota para que vueles… conmigo.

Tiemblo emocionada al comprobar que la vida en sí no es un fin, ni siquiera un destino, sino un viaje donde se vive cada instante, una estela dibujada con mis obras en el horizonte para que tú, con ojos de mil colores la vivas conmigo.

¿Qué sería de nosotros si no tuviéramos  sueños?
No sería yo, no sería nada y, por tanto, no podría compartir contigo la luz de mis fantasías.
… Porque soñar es dar vida al vuelo y al canto de esa  gaviota que duerme dentro de nosotros.

martes, marzo 25, 2014

UN DÍA DE MARZO

Tengo las imágenes tan enraizadas que aunque quiera poner música en mis ojos es imposible…
Era un sábado normal como tantos otros en la capital de España: gente paseando, personas de compras y multitud manifestándose en Colón. Un escenario pluralista para manifestar inquietudes,  reclamar  estado del bienestar para todos, desacuerdos, injusticias, malestares; todos allí tenían sus motivos. Lógicamente lo que más imperaban eran  los sufridores de las circunstancias actuales, los verdaderos paganos de la crisis. Muchas veces pienso desde el cómodo sillón de mi casa que mientras a  mí, no me falta de nada, a otros les están robando hasta la dignidad, pero eso sí, desde mi personal claustro materno al que no me llega a rozar ninguna injusticia, ni sobresalto ni carestía. Así es fácil hablar, ¿verdad? Tenéis razón, soy una mera espectadora que no sale a la calle a apoyar a nadie y aún me permito el lujo de hablar.
Sin embargo no puedo callarme, tengo que ordenar estas sensaciones malhumoradas y encaradas. Poner razón a los pensamientos después del estupor. A estas horas todos tendríamos que estar hablando de esa manifestación del sábado o los que salieron el domingo a gritar “un sí” a la vida. Pero, por el contario, hablamos únicamente  de lo que pasó después de las ocho de la tarde del sábado.
Mal, muy mal se ha tenido que hacer para que un grupo de radicales (estos siempre han existido) con una virulencia nunca vista emprendieran a pedradas el salvajismo de un animal.
Esa imagen de un policía en el suelo, que le reventaron la boca dejándole hasta sin dientes. El rencor corría en forma de piedras por el aire hasta estallar sobre los agentes del orden acorralados… ¿Tan poco les hemos dado a esos anti sistema para comportarse como locos poseídos del mal? No me cabe en la cabeza por más vueltas que dé a la noria de los hechos.
¿Qué sociedad estamos construyendo? ¿Qué diálogo hay? ¿Qué normas básicas de educación estamos transmitiendo, enseñando a los jóvenes?  ¿Qué valores tan pobres poseemos para que las piedras se conviertan en el centro de una victoria tal cruel?
De verdad, estoy asustada, abrumada y tú, yo, todos, somos responsables. O no hay simiente o lo que invertimos fue tan malo que tenemos ahora esta cosecha.

Un día de marzo en el que hay que pararse y cada uno entonar “su mea culpa” particular, buscar los motivos y atajarlo. Lo que sucedió esa tarde de un marzo cualquiera puede ser la punta del iceberg.