martes, septiembre 01, 2015

SEPTIEMBRE

Acabo de leer que septiembre huele a nuevo y me ha hecho reflexionar buscando en el baúl de la memoria los alambres que me sujetan a este mes. Cuando era niña este mes de trasladaba del campo a la ciudad con la ensoñación de un curso nuevo, el reencuentro con las compañeras de colegio y las fiestas de mi ciudad. Más tarde y según fui creciendo este mes me era tan grato por ser el prólogo del otoño, mi estación favorita en sepias, lluvias y nocturnos, allí donde el aire agitaba mis sentimientos llenándoles de sueños.  Después septiembre se convirtió en la antesala de los nuevos propósitos y nuevas oportunidades, un curso que comenzaba sin tener la necesidad de ser uno de enero. Terminadas las delicias veraniegas de azules y espuma, de olas y risas, mi mente oxigenada encaraba septiembre con la energía de una adolescente que todo lo quería y todo era alcanzable. Y ahora ha llegado la mesura con la que miras la vida, con la flema consabida de aquello que es previsible, con el sosiego de la certeza que precipitarse no trae nada bueno. Con el corazón en calma mirando a los tuyos, con el alivio de haber llegado hasta aquí a pesar los obstáculos normales que la vida te trampea. Con el regocijo que cualquier novedad es una delicia en tus horas, con la nostalgia de decir adiós a la luz de verano, al suave despertar del canto de un jilguero mientras te tomas el primer café en tu jardín personal. Y este año, además, añado la ansiedad por escuchar el primer llanto de Ana al saludar al mundo. El otro día la pusimos al sol; no la debió gustar mucho pues se agitaba bajo la piel de su madre. Claro, ya apenas la queda espacio para moverse y cuando no mueve sus manitas a modo de boxeador, mueve sus diminutos piececillos. Mientras, su madre mira impaciente, entre la ternura, la inexperiencia y el amor, aquel balón de futbol en que se ha convertido su estupenda figura. 

Así que este septiembre que hoy abrimos sus ventanas, sus puertas,  para que nos rocíe con su perfume y su sabia, posee claros signos no de oler a nuevo, pero sí de inédita vida, la vida que en apenas tres semanas llenará de una música lozana, tan llena de vida como el llanto de Ana.

PD Detrás de las miserias, de las fronteras de vergüenza, de guerras inexplicables, siguen naciendo niños, la esperanza de la humanidad.

lunes, agosto 31, 2015

MI ARBOLILLO

Mi arbolillo se despluma cayendo sus sueños en el agua de la fuente; parecen mariposas rosas flotando en un océano limitado. Ayer hubo tormenta y su cuerpecillo, de tronco alargado y anoréxico,  se cimbreó revelándose contra la madre naturaleza. Le miraba tras los cristales ahumados de basura, y sabía que aunque esquelético, su fortaleza está bajo la tierra que, a pesar de sus escasas ramas, él es fiel a mis ojos. Pero  este año, de soles hechiceros abrasando con su canícula las flores de mi jardín, ha querido florecer antes de la llegada del otoño; igual que la vendimia.

Hace dos semanas despertó rosa, creí que la imaginación jugaba con mis ojos, pero no. Abrí la puerta, bajé las escaleras y allí estaba mi arbolillo famélico y escuálido con su cabecilla coronada de requiebros tan rosas como sonrosados sus sueños de verano. Acaricié su tronco sintiendo la ternura entre mis dedos porque nadie se fija en él, hasta el jardinero quiso cortar su larga y estrecha vida en un jardín de árboles pomposos, de cipreses acunando sus techos en el cielo y fogosas madreselvas, el pobre se libró por los pelos, y ahí sigue en el medio de la Lola para que nadie le mire, solo yo y el perro que mea sus bajos fondos.  Me da igual, yo veo su belleza clandestina, el valor de su coraje para sobrevivir en una tierra adversa,  y  cada año regalarme un manojo de florecillas tan escuchimizadas como él, tan inocentes y sencillas que chirrían en un mundo sin escrúpulos.

miércoles, agosto 26, 2015

CARTA A LUIS

La gaviota la encontró Rafa Rúiz
Mí querido Luis… Un año más has cumplido tu promesa de regalarnos unos versos desviados en tu cumpleaños y mis ojos se me empañan de ternura por el orgullo de contar en mi vida con un hombre como tú. Ése que quiso hacer de mí una mujer de prosa inteligente y reposada ¡Válgame dios, qué pretensiones!, a pesar de tu vasto conocimiento sobre mi persona,  ser indómito y chapucero, tú insistías en que guardara mis renglones torcidos un tiempo en barbecho y luego los volviera a sacar a la luz de mis ojos para su nueva corrección. Impulsiva que es una, ni puñetero caso te hacía. Las letras terminadas, Luis, me arden en las manos y si no lo comparto, pierden realidad. Tú mueves la cabeza en rítmica comprensión que de mí nada bueno literario puedes lograr, y me miras después con tus ojos azules, ese mar de fondo en calma,  salpicados de tantos ayeres que crees haber visto ya de todo. Yo te sonrío, me siento a tu lado tan niña, tan inexperta, tan alumna, que abro mis oídos, mi mente alocada para escuchar tus palabras, para reírme a carcajadas de tus aventuras y desventuras en el universo femenino, para atusar con dulzura tu desorden más ordenado, tus letras afiladas con críticas descarnadas de aquello que ves por el mundo y que tan poco te gusta. Las adornas de fina ironía y las sirves en bandeja de chatarra porque según tú no valen nada; peor crítico sobre ti no hay ninguno. Ya no pides más a la vida y si la parca llega, la pones condiciones “Llévame contigo pero antes enfúndame en la bandera del Real Madrid, dame tabaco, papel y pluma, no necesito más”
Eres un hombre grande, mi dandi, mi maestro. Los versos deshilachados de este año me producen tanta ternura como placer al leerlos. Sé que mientras mis ojos bailan en tus letras, estoy  abrazando a la mente más lúcida que he tenido el placer de conocer. Si al menos hubiera aprendido algo de humildad, esa que destilas mientas escribes…
EL TIEMPO HUÍDO
Queda el deseo casi en el olvido
perdido entre pasados sin futuro
en la penumbra de la luz de gas
en la belleza de tu piel de niña
blanca 
como el rocío sobre vidas a la espera de algo
y tus ojos
que no perdían la inocencia al mirar de frente.
Atrás las permanentes lluvias
el calor de madrugadas con el balcón abierto
el techo acumulando días sin retorno
los sueños en busca de otros sueños
que aporten esperanza al tiempo huido
y permitan que se acerque el día.
Casi no te recuerdo
puede que fueras una o el conjunto fallido
de amores que no fueron
da igual
el hombre siempre 
es la memoria mejorada
de lo que pudo ser.

(Gracias por leer, jóvenes) Luis Alcocer

martes, agosto 18, 2015

HISTORIAS DE UN AUTOBÚS: POLVO Y CHOCOLATE

La realidad supera la ficción. Si a esta verdad irrefutable añadimos que hay días en que me levanto con espíritu justiciero a lo Agustina de Aragón…, la historia está servida.
Ocho de la mañana y montada en mi autobús. Iba enfrascada en un artículo divertidísimo de Pérez Reverte cuando por el rabillo del ojo noté que alguien se sentaba a mi lado, de una cartera sacaba un periódico, y se disponía a perderse tranquilamente en un mar de letras… Pero no habían pasado ni cinco minutos cuando escucho una voz cuyo tono era un desafío “levántese de ahí”
Levanté la vista y encontré a una mujer de mediana edad (versus yo) increpando a mi vecino de asiento. Mi cabeza se preguntaba “¿Qué tiene que ver una mujer con cara de vinagre (pobrecilla, seguro que si no estuviera necesitada de un buen polvo, su cara sería un jardín) y un hombre negro que, por cierto, es guapísimo?”… Polvo empecinada en que Chocolate se levantara del asiento; cada vez más histérica, por momentos más irracional, y el hombre aferrándose a su maletín sin saber qué hacer, y yo deseando volver a los brazos de Reverte… Hasta que aquella situación histriónica me superó y alcé la voz –recordad que Agustina tomó cien cañones por banda.
-¿Por qué no se larga? El caballero llegó antes que usted
-No me da la gana; quiero sentarme. Tengo derechos
-Pues espérese a que alguien se baje para satisfacer sus derechos.
-Quiero sentarme ahora y este tío se levanta ahora mismo como me llamo Carmen-Chocolate comenzó a levantarse y yo le tiré del brazo para que volviera a sentarse. Polvo le tira del otro brazo y el periódico se va a tomar café encima de la calva de un anciano. El conductor frena y pregunta qué pasa; el pollo estaba guisado.
… Lo que más me fastidia es que, ¿Diréis quien ha terminado subiendo la cuesta andando? Chocolate y yo. No porque nos echaran del bus sino por mi orgullo mal traducido. Muy digna dije a Chocolate:
-Los locos cuánto más lejos, mejor. Vamonos.

… Chocolate me ha dado las gracias y se ha cruzado de acera… ¿Se pensaría que la chiflada era yo?... Me ha dado por pensar en mi marido: feliz, ignorante a las locuras mías que tanto le alteran pero, ¿vosotros no hubierais hecho lo mismo?

martes, agosto 04, 2015

DOLCE EQUAZIONE: TRES... AMORE AMERICANO


                         
Hay rincones que representan el icono de una época que, según los envuelves con tu mirada, reconoces una película, una novela. La diferencia ahora está en que según caminas por aquellos lugares, tú ya formas parte del escenario por ese halo magnético y envolvente que poseen y que traspasan tus sentidos…
La primera vez que sentí la costa Amalfitana fue al contemplar el rostro de mi amiga (ya desaparecida de la tierra, no de nuestras vidas). Sus gestos, sus facciones, se multiplicaban en un haz de luz, su risa se tornaba en incandescente, y su mirada en soñadora; entonces supe que aquel lugar tenía magia, una pócima especial para despertar a los sentidos.
Hace dos años fui en busca de sus huellas, aún chirriaba demasiado el dolor por su pérdida, pero la vida continúa y yo quería saber esa parte desconocida de mi amiga, coser un poco más su estampa a mi corazón, y allí la encontré flotando serena, desplegando sus alas sobre mí para que sintiera lo mismo que ella.
Este año he vuelto, la pena ha mutado a la nostalgia y mis sentidos han volado libres, a la par que los suyos aunque con cadencia propia, absorbiendo esencias desconocidas, mirando con los ojos de mi alma costumbres no acostumbradas en mí día a día.
Los españoles no somos románticos, o no lo somos al estilo de ciertos países y, cuando ves como se comportan en ciertas circunstancias, te sorprendes. A veces piensas en lo cursis que pueden llegar a ser y, otras, les observas con ternura, condescendencia e incluso envidia por ser capaces de llevar a sus últimas consecuencias ese supuesto romanticismo.
En el hotel que nos hospedamos, que es ya como nuestra casa, posee muchos encantos. Entre ellos está una terraza volada sobre la roca que además de regalarte la sensación de estar tocando el cielo mientras te zambulles en el mar, posee unas espectaculares vistas del pueblo.
Pues bien, estaba yo sumergida en una sabrosa lectura que a veces relegaba para saborear el azul, o cerraba los ojos para que el sol tostara cualquier mal pensamiento, cuando se acercó Gianni, el encargado del beach, para decirme que debía recoger mis trastos pues a la siete había una boda. Le miré sin comprender, pero obedecí mientras asimilaba lo que me había dicho. Cuando reaccioné, de mi boca surgió una batería de preguntas “¿Quién se casa?” Era la pregunta resumen de todas las que le había hecho “Una coppia in amore americano, giovane e bello. Ci sono ospiti” A las siete menos cuarto allí estaba yo en un rincón con la cámara en ristre para inmortalizar el momento. Primero apareció un hombre fornido, alto y de pelo canoso. Iba acompañado de una mujer que le ayudó a ponerse una especie de toga, similar a la de los abogados, y un babero plisado blanco a modo de alzacuellos. Desplegaron una alfombra tan azul como el mar. A los pocos minutos apareció una muchacha desgarbada, vestida de riguroso luto con un violín. Al rato, apareció un chico alto, delgado, joven, vestido con traje oscuro y corbata, con una sonrisa que se le escapaba del cuerpo. Apretó las manos bien fuerte al hombre de la toga y, después, se puso a mirar al horizonte. Estaba imbuido en aquella línea recta y precisa mientras las lágrimas rozaban su camisa.
Y mientras tragaba aquella imagen conmovedora, empezó a sonar el violín. Tonos cadenciosos, tenues, para que ningún sonido se escapara a los sentidos. De las escaleras surgió una risa nerviosa; me volví y allí estaba la novia, de rigurosa etiqueta para la ocasión. Era bellísima, muy joven, rubia, recogido el pelo en un moño deshecho que lo acariciaba un velo corto. El traje era espectacular, de encaje en color marfil, sexy, sugerente y sensual. Se acercó al novio mientras el último rayo de sol antes de esconderse tras la montaña sellaba un beso largo, de amor sincero, sin recovecos; mis dedos dejaron de disparar a la cámara, no podía, estaba emborrachada por aquel romanticismo inusual.
La ceremonia duró como media hora. A veces sonaba el violín, otras hablaba largamente el hombre de la toga mientras los novios no dejaban de mirarse, como si quisieran tatuar aquellos momentos, aquellas sensaciones.
Cuando terminó la ceremonia, los novios, que no tenían ningún invitado, cogieron dos copas de champan y se fueron al centro de aquella terraza que a mí se me antojaba una nube. Ella apoyó la cabeza en el hombro del muchacho y sus miradas se perdieron en aquel horizonte lineal y transparente.

Dejé de mirarlos, ese momento era sólo para ellos.

lunes, agosto 03, 2015

LA DOLCE EQUAZIONE: DOS... LA NIÑA DE LAS PIEDRAS



                              
Da igual en qué parte del mundo estés, el mar, la playa, las sombrillas…, poseen un lenguaje común que es el discurrir sencillo del oleaje, el griterío infantil, la sonrisa afable, la luz en el rostro humano.
Siempre se dice que las comparaciones son odiosas y es cierto dado que, si comparas, estás anulando la idiosincrasia de una persona, de un lugar. Cada ser humano, cada rincón del planeta posee su propia identidad. La riqueza, entonces, la encontramos en adaptarte a ella, contemplarla y descubrir su belleza, su personalidad intransferible.
La costa amalfitana huele a limón y su azul se pega con sosiego a las paredes del alma. Tu corazón comienza a latir con el bamboleo de unas aguas tibias, tan suaves que tu ánimo se mece en ellas mientras los sentidos gatean por su costa encrespada y afilada. De arriba abajo te vas dejando resbalar hasta llegar a minúsculas calas, a playas chiquitas de piedrecillas sobadas con tanto oleaje que, según las tocas sientes el devenir de aquella infancia que dejaste atrás…

Estaba tumbada al borde del agua, medio flotando mi cuerpo entre el cielo y la tierra cuando, de pronto, mis ojos se volvieron a la arena de piedra. Minúsculas chinitas resplandecían a mí alrededor. Me incorporé para fijar mejor la atención pensando que bien podrían ser esmeraldas. Entonces, mi ánimo de adulto se evaporó y me vestí de niña. Ya solo existía para mí aquellas piedrecillas esmeraldas que el oleaje arrastraba hasta mis manos. Cuál sería mi sorpresa que, estando en plena concentración sobre el botín que recaba en la palma de mi mano, escuche una voz melodiosa que me hablaba en italiano. Volví la cara y me encontré con una niña de tez, pelo y ojos, oscuros que me hablaba en italiano y me tendía más esmeraldas para mi afanado botín. La hablaba en español y ella en italiano. Iba y venía con la sonrisa prendida en su niñez, y la luz de la inocencia cosida en cada gesto suyo. Así estuvimos un buen rato entre sonrisas, carcajadas y baños en las que ambas nos sumergíamos en aquellas aguas turquesas apretando las palmas de nuestras manos para que las esmeraldas no se escaparan de los sueños de dos niñas. Después, mi parlanchina amiga de juegos se fue a la orilla para regresar con una botella pequeña que me tendió para que yo guardara mis trofeos verdosos. A continuación, me llenó la botella de mar, la cerró y me tendió la luz de su boquita desdentada y la botella. La di un beso de sal en su rostro de chocolate en almibar y le dije “¡Arrivederci, bambina!”… Me perdí entre las rocas gateando hasta el cielo, no sin antes volver la vista hasta el mar y ver como mi infancia se quedaba flotando en aquellas aguas.

domingo, agosto 02, 2015

LA DOLCE EQUAZIONE: UNO...RITA

Rita se atusa el moño, coloca bien una horquilla despeinada y después pasa a colocarse bien el inmaculado delantal blanco. Apenas son las siete y cuarto de la mañana y en menos de diez minutos comenzará su trabajo. Echa una última mirada a la terraza a ver si algo falta, si todo está en perfecto orden. Da un par de pasos y se instala al lado de una buganvilla que crece perezosa enrolada a una columna y sus ojos se pierden en el horizonte dividido entre el tierno azul jalonado de volutas blancas y el azul cobalto del Tirreno. Ella no sabe que yo estoy observándola desde mi rincón favorito en el que mis ojos vuelan de la montaña al mar y en éste se pasea entre los barcos, pero he visto a Rita y he posado mis alas en su persona. Bien puede ser la representación de la mujer napolitana, de pelo negro bien tupido, pechos generosos y caderas marcadas. Su piel es tostada como el color del café difuminado con unas gotas de leche. Sí, su cuerpo incita a la sensualidad sin ella proponérselo. Sin embargo, verla actuar y la sensualidad se diluye para pasar a la ternura, a la generosidad sin esperar nada a cambio. Bueno, miento. Si tú respondes aún se la ilumina más el rostro de agradecimiento.

Sigo en mi rincón catapultado de buganvilla, olivos y mar, suspendida en el aire mientras mis alas abanican los sentidos. De pronto escucho “Buongiorno, signora”, giro la cabeza y me emborracho de Tirreno en los ojos de Rita; sí, sus ojos son tan azules que deslumbran mientras la sonrisa se recrea en su boca “¿Capuchino?”La sigo mirando sin expresar palabra alguna porque a veces no se necesitan; tan sólo un gesto y dices un todo. “¿oggi ha scritto molto, signora?” Bajo mis ojos a la agenda emborronada de frases, letras, que tal vez algún día compongan un cuadro estilizado de lo que significa Positano en mi corazón y levanto la vista al cielo buscando a mi Ángel justo cuando una gaviota revolotea en mis pupilas. Sonrío, me vuelvo a Rita y leo “Mis ojos cargados de sueños” Nuestras sonrisas se funde en un abrazo y Rita se pierde entre mesas coquetas, sonrisas y el fresa de la buganvilla

sábado, julio 18, 2015

SEGUNDAS OPORTUNIDADES

Me equivoco con frecuencia. Yerro con facilidad pasmosa tanto en hechos como de palabra y, sin embargo, al finalizar el día, cuando se repasa mentalmente lo acontecido me digo”Mañana habrá una segunda oportunidad para enderezarte” Ese pensamiento me alivia porque inconscientemente me estoy abriendo las puertas no solo al perdón sino, también, a la ocasión de rectificar aquello que he hecho mal. Siempre hay un nuevo día para recomenzar, siempre.
Hace poco me enteré que hay gente que, por las circunstancias que sean, tiran a los perros a la basura; perros vivos. No hace mucho y cerca de casa de mi madre, un ladrido lastimero alertó a una mujer que paseaba con su mascota. El final de aquel chucho fue feliz. La vida regala muchísimas segundas oportunidades. Posee demasiada fuerza como para anularla. Sin embargo, no siempre es así. Aún tengo grabadas en las retinas el video de un aborto; escapaba, gateaba, corría, hasta que fue alcanzado y fulminado; después, a la basura y a otra cosa, mariposa.
Parece que los seres humanos lo arreglamos todo con echar mano del contenedor. Lo que sobra, lo estropeado, lo inútil, todo a la basura. Lo metemos en una bolsa, cerramos bien para que nada se escape y ¡Hala!, al vacio, a la nada, de un basurero.
Tampoco se me va de la cabeza la historia del bebé que la vida, cuando se le escapaba el último aliento, vino a rescatarle de las manos de la parca. Y fue a parar a otras manos, titubeantes y desconcertadas por semejante salvajada. Luego, deparó en otras manos, mucho más expertas que rozaron su cuerpecillo para examinar su salud casi perdida en un basurero.
Ayer, otras manos generosas, porque hay que ser muy generoso para hacerte cargo de otro ser humano que, cuando las raíces del amor hayan tomado consistencia en tu corazón, te las arranquen de cuajo, mecieron a esa criatura que dormía confiada.
¡Ojala! Ese niño se le dé una oportunidad de vida en el sentido amplio de la palabra. ¡Ojala! Los trámites de adopción sean más rápidos; demasiados niños sin hogar, muchas parejas deseando ser padres para regalar cariño y amor. Muy desesperada tiene que estar una madre para tirar a tu hijo a la basura. Si eres una de esas, déjale cerca de un lugar para que pueda ser rescatado y se le brinde una segunda oportunidad. Ser padre hoy y siempre ha sido la mayor aventura del hombre, pero de un valor incalculable cuando sin ser sangre de tu sangre, te responsabilizas de un pequeño ser.

Todos nos merecemos una segunda oportunidad, tal vez porque el ser humano esté más solo de lo que aparenta estar. Todos deseamos que nos la otorguen para así rectificar, comenzar de nuevo nuestros destartalados pasos.

viernes, julio 17, 2015

MOCHILA DE VERANO

He mirado en el diccionario lo que significa la palabra Cosa “Todo lo que existe, ya sea real o irreal, concreto o abstracto”… ¿Por qué lo he hecho? Ayer leí en un artículo que cualquier escribidor debería de omitir una serie de palabras muletilla (entre ellas “cosa”) y enriquecer aquello que se escribe con otros giros y expresiones.
En la mochila de verano hay que guardar ciertos ingredientes. Cosas simples que a su vez encierran otras esenciales. No se necesitan muchas “Menos es más, siempre” como decía Coco Chanel, pero bien escogidas.
Ahí va mi primera… Vive. Si vivo, siento, soy consciente de ello, por tanto oigo, es decir escucho el rumor de viento del agua, de la música, de una conversación. Palpo una piel tostada, acaricio un amor. Veo, el mar, el campo, las montañas, el cielo y su transformación, el niño que corretea, unas letras bien casadas que armonizan una lectura. Paladeo una tortilla de patata hecha con cariño, un buen vino. Huelo la tierra húmeda, el salitre, un perfume…
La segunda… Amigos y familia, ambos dosificados y bien administrados. Ellos nos traerán la paciencia, la comprensión, la alegría, la tertulia al caer el día…
La tercera…El sosiego aderezado de tranquilidad para poder leer un buen libro a la sombra del farolillo incandescente. Ejercer un hobby abandonado, o enderezar tus letras en una nueva novela. Reponer fuerzas y desconectar. Nadar si se quiere bajo agua fresca de ducha, piscina, mar o riachuelos. Meditar sobre las huellas que has dejado y adónde quieres llevar tu nuevos pasos. Pasear bajo el cielo de la tarde que muere…
Ya está. Al final, como todo en la vida, se resume a ejercitar los cinco sentidos, a poner en funcionamiento la sensibilidad; ya está, porque el verano te da una tregua, nos regala un balón de oxigeno para abordar la vida con sentido lúdico, apreciar las pequeñas cosas que, por su simpleza, pasan desapercibidas. Las pasas por alto y realmente son las de mayor poder energético para tu ánimo y espíritu.
Este verano de calor desmesurado que nos tiene a todos un poquito asfixiados también trae consigo algo bueno: las noches se alargan, se disfrutan más, ya que bajo luces tenues, música suave, se enredan las conversaciones, como si a muchos se nos abrieran compuertas para dar rienda suelta a aquello que nos zumba en la cabeza. Tú lanzas un anzuelo, y todos sacamos las cañas de pescar, y entre el estupor que te merecen las noticias diarias como el milagro de ese niño que sobrevivió a un estercolero de basura… La expectación en la que nos envuelve el panorama político español y la Grecia ahogada por sus deudas y frustración… O como nueva adquisición el señor Mas y su irreverente postura tozuda… Temas que bullen en nuestras mentes para dejar paso a otros temas más hondos o, a veces, más divertidos, que nos hacen mostrarnos un poquito más nosotros, y escuchando a los demás otras ideas, otros zumbidos que, sin duda, harán que, cuando la charla termine, tú serás más rico espiritualmente hablando. Hablar es bueno, escuchar, aún más.
La otra noche me sorprendió una persona que, cuando subía por las escaleras a por bebida, se volvió y sin venir a cuento vociferó con total espontaneidad “¡Viva Casillas, al limbo florentino Pérez, el coletas y su totalitarismo, ánimo al pueblo griego, viva la guardia civil y los cooperantes, a la mierda Arthur Mas y sus secuaces, viva el pueblo catalán (calló unos segundos y gritó aún con más fuerzas), viva la madre que me parió por dejarme vivir!...Después, se volvió y siguió subiendo peldaños como si nada hubiera pasado.
Nos echamos a reír con ganas porque “la caló”, amigos, hace que se quiten el corsé las personas más insospechadas.

¡Buen fin de semana!

domingo, julio 12, 2015

SEMBLANZAS CASTELLANAS Y ALGO MÁS

En el estío, al atardecer, cuando el sol no pica y el horizonte se esponja en violetas y naranjas, Castilla nace por sus senderos.
Sus atardeceres ensanchan la última frontera de los campos de labranza, donde la luz descansa en la llanura, y emerge otra vida al abrigo de un sol que muere.

La savia, entonces, renace en las calles apagadas de un calor que quema a mi Castilla. Es el momento de encuentros y recuentos, del reposo, de la calma y el vientecillo ligero; es la hora del murmullo en la calle copada de asientos con olor a tertulia.

Los caminos se pueblan de pasos tranquilos, del respirar íntimo en el silencio de la tierra que suspira de tanto grado sin sombra. Despiertan las estrellas en este mar castellano. Son farolillos que entonan a una luna de plata y oro.

En los bancos del apeadero de la estación, en un pueblo no muy remoto, se sientan los ancianos a ver pasar un tren con destino al más allá; lo miran iluminados y ven caer al pasajero que regresa a sus raíces.

A la fresca de la noche se ventilan verbos del día consumido en calores y trigales.
Las puertas de las casas se iluminan de palabras, arden las lenguas, voces entrecortadas si son cuitas del vecino, mientras que, en la espadaña de la iglesia, duerme la cigüeña.

Huele a campo, a tierra recién cortada, a la madre que parió su embrujo sobre las sienes de los hombres que la trabajan.

En Castilla se ha parado el reloj por este aroma de verano que baña mis campos de Machado. Mañana será La verbena, después la romería, la vaquilla y el encierro porque, en mis campos sesgados, ha nacido el verano y con él la alegría de la fiesta y el descanso.


Cierto es que ya no hay veraneos como los de antes que comenzaban a finales de junio y acababan en septiembre. Luego, su banda se estrechó limitándose a dos meses escasos, más tarde, a uno y, hoy, ni se sabe.

El verano aparece troceado a lo largo de los doce meses. Cuando quieres desconectar, ya has de volver a la rutina. El estío se muda a unos días en primavera que viajas a un paraíso que, en esa época, es mucho más barato.
Los días en invierno son cortos pero sirven para deslizarte unas horas por cumbres inmaculadas.
Un fin de semana loco en el que precisas un día más para perderte y olvidar.
También se necesita algún día para saborear la ciudad, hacer un papeleo imprescindible y, finalmente, unos días al sol de un verano que ha quedado tan mermado que apenas le respiras.

Las hipotecas, la falta de empleo, el trabajo más que precario, las que asfixian aquellos largos veranos, pero es también que los ritmos han cambiado, las necesidades de abarcar un todo para llegar a una nada son tan exageradamente reales que el cuerpo casi llega exhausto al fin proyectado.
Yo soy de esas personas que trituran el tiempo de ocio para que dé más de sí y echo de menos esos pingues estíos en que terminaba desconectando de tal manera que, cuando volvía, mis ojos descubrían la rutina con placer. Todo me resultaba novedoso e inquietante; hoy el primer pensamiento que se me cruza es decirme “Si parece que fue ayer”
No me ha dado tiempo a apagar el interruptor que oxidaba mis neuronas, cuando ya estoy de vuelta. Una tibia nostalgia del ayer, un dolor al sentir como arranco las raíces que apenas hace diez días las sumergí en agua para volver a echar hojas y posteriormente florecer.

Amaneció lloviendo a cántaros “estoy en mi elemento” me dije, mientras miraba por la ventana. Intuí que la costa estaba cerca pues una gaviota vino de visita y se instaló sin pudor en la poyata… No me dio tiempo a respirar el salitre, a bañarme en el rumor de una ola pues debía volver al asfalto, a la gran ciudad que ya tampoco descansa; ya nadie la abandona más de una semana seguida.
Decimos que volvemos satisfechos, ¿qué vamos a decir? Al menos somos dadivosos con nuestras mentes, y tratamos de susurrarlas que han tomado un pequeño aperitivo, el suficiente para continuar, pero en el fondo es mentira; sólo nos quedará el poder de la imaginación para soñar en aquellos días que fueron infinitos.

miércoles, julio 08, 2015

AQUÍ VERANO

No todos los veranos son iguales aunque todos guarden similitudes. Unos están salpimentados de mar, otros de tierra adentro. Yo aún la mar no la he rozado aunque cuando la añoro cierro los ojos y buceo en su espuma, en sus azules y escucho el rumor del viento, el oleaje al llegar a su orilla y el canto de mi gaviota clamando libertad. Pero cuando levanto los párpados, mis pupilas descubren que navego por el mar castellano de inmensas llanuras y atardeceres con aroma a paja y la musicalidad de la chicharra. Mis pies no se hunden en la arena sino en un césped mullido y recién regado. Noto en mis plantas el tibio roce del agua y la tierra. Levanto mi cabeza y descubro nubes que se esponjan como hogazas y si miro más allá el horizonte se ensancha de una dulce frambuesa.
En mi jardín hay una pérgola para tardes perezosas y noches de verano donde la algarabía se concentra mezclando voces y conversaciones, risas y susurros, y en cuya penumbra vas descubriendo la magia de la amistad, las miradas cómplices o furtivas, lo que callas o lo que dices con tus silencios. Una pérgola para roces lisos y sin esquinas en cuyos extremos se enredan dos buganvillas que trepan hacia un techo roto. En primavera se cayó sobre él un trozo de tronco grueso y la techumbre cedió. Aún no está arreglada pero la otra noche cuando la miré lucía encanto en su esencia decrépita, un trozo de cielo se colaba en nuestra cena. Yo miraba a mis amigos y nadie parecía haber reparado en ese techo troceado de cielo y paja. Ellos comían, veían, brindaban, reían y hablaban. Era un coro, no obstante, uniforme y bien sintonizado. Eché la silla atrás para ver la imagen al completo. Caras nuevas, recién llegadas a mi vida tres años atrás y los rostros de siempre con los que crecí y aprendí a caminar en tardes azules de mi niñez y adolescencia, y mi pérgola arrullando una escena veraniega mientras yo asimilaba emociones, tratando de gatear hacia las palabras para que estas conformaran un lenguaje que se acercara a la orilla del lector.

No todos los veranos son iguales aunque guarden similitudes. Este ha llegado cargado de sorpresas y sobresaltos. Sorpresas inesperadas, un ayer perdido y que vuelve a ti con realidades tan crudas que dejan a tu sangre helada y aunque tratas de digerir, cuesta asimilar tanto dolor. Sobresaltos de abuelos en la cumbre de su infinito y que trastean con un adiós cada vez más cercano. El esposo de una amiga, que ayer era un roble y que hoy su corazón renquea, el hijo obstinado en montarse en su caballo de dos ruedas aprovechando que en las carreteras no cabe un coche más… Todos los veranos vienen jalonados de sorpresas y sobresaltos pero, también, de azules y lavandas, verdes en sus bordes, turquesas en su fondo y frambuesas en su horizonte. Me gusta pensar en el verano, sentir el frescor de sus aguas recorrer mi cuerpo, relajar mi cabeza atolondrada bajo una suave brisa oliendo a sal o tierra seca, y escuchar la voz de mis amigos, de mi familia, desgranando el día a día de un verano más.

lunes, julio 06, 2015

INCERTIDUMBRES Y SUPOSICIONES

Según mi marido orgullo patrio es el bien que quieres para tu país; un bien meditado con raciocinio y buena información. Según yo es amor a tu patria sin medida, sin pensar en consecuencias, te dejas llevar por el corazón, simplemente piensas que a tu país no le pisa nadie y que en él solo mandan quien allí viven. Creo que ambos tenemos razón, pero ayer en Grecia ganó mi orgullo patrio. Es más, si yo hubiera estado en el lugar de los griegos es más que probable que hubiera votado no. Así tengo mi corazón gastado de tanto uso mientras que la cabeza late con las neuronas intactas. Una vez dicho esto, me siento dolida con Grecia como ciudadana de la UE porque Grecia entró maquillada con un lifting que ni el de la Presley, y a los dos años aproximadamente se vio que toda ella era artificial. España debía y debe, pero se puso a hacer los deberes con el sacrificio de todos, pagando el pato muchísimas familias que se quedaron sin nada, ni trabajo, ni casa ni ná, pero España hizo lo que le pedían sus socios. Imaginaros que no lo hubiéramos hecho o que no lo hubiera hecho Portugal e Italia… Si somos de una asociación, para entendernos, hay que cumplir unas normas, si no estás de acuerdo, te vas. Y yo, en mi inmensa ignorancia, lo asumo, pido que no se ceda ante Grecia porque si se cede, tal vez pasado mañana, sea Italia o España quienes se nieguen a seguir las directrices marcadas.
Hoy todo son suposiciones, nadie sabe qué pasará, ni siquiera los que saben, y todos los escenarios posibles, como nuevos que son, producen incertidumbre, miedo; es un riesgo que hay que asumir.
A mí, todo este galimatías griego me ha recordado (insisto en mi ignorancia, pero creo que hablo como muchos españoles que perciben imágenes, palabras, sensaciones… y no atinan a dar credibilidad ni tan siquiera les surge un pensamiento coherente) a la palabra democracia. Si se vota, nosotros votamos y salga el resultado que sea de dicha votación, hay que respetarlo, aunque tú hayas votado contrario a lo que sale. Lo que ya no me gusta es que si yo acato algo porque es lo que la mayoría ha querido, que luego venga esa mayoría y pisotee a los  que piensan distinto a ellos. La democracia está basada en el respeto, en la pluralidad y en ella caben todos. ¿Por qué digo todo esto? Porque el panorama político español que se abrió a partir del 24 de mayo es muy peligroso. Salió la pluralidad pues adelante con ella y a acatarla, pero mis dudas se acrecientan cada día más. Los extremos son peligrosos siempre, el revanchismo y el rencor, más. Y sinceramente no sé cómo va a funcionar esta nueva democracia en España, podemos volver a caer en una dictadura, esta vez de extrema izquierda, todo sea por mandar y aplastar, ¿a la democracia?
Hoy os he mezclado churras con merinas, cierto. Pero muchos españoles en los últimos días vamos de “Oca en oca y tiro porque me toca” Y vuelvo a referirme a lo que os dije hace unas semanas con las palabras  de Juan Goytisolo, último premio Miguel de Cervantes. Los que escribimos (mal, bien o regular) debemos tener un compromiso con la realidad y aprovechar nuestras letras tartamudas para poner palabras a las injusticias, al miedo, a la incertidumbre. Decir, en definitiva lo que muchos no se atreven a decir o no saben cómo decirlo.

¡Buena semana, amigos!

lunes, junio 29, 2015

LUNES AL SOL

Es de suponer que exceptuando aquellos que estén de vacaciones, el resto sepáis que es lunes y con mucho sol y muchos grados. Yo lo he comenzado dormida y leyendo la prensa. Como recomendación basada en hechos reales, os sugiero que no lo hagáis. Lo de levantarse dormido es inevitable, lo de leer la prensa, sí. Os hago yo un resumen y tan contentos a vuestros quehaceres, ¡Ojos que no ven, corazón y sesos que no sufren! Mi resumen es que todo está tan mal que vamos a caer en lo fatal. Si los griegos se hunden, los siguientes seremos nosotros, ahí es na. “Quítate tú pa ponerme yo” es más o menos el resumen de la política actual nuestra; parecidos desmanes, similares exigencias de unos y de otros, con lo que el ahorro, no lo veo claro, las ayudas a nuestros menesterosos, menos. Ya decía alguien que una cosa es hacer política desde el sillón de casa y otra sentarse en el congreso, senado, alcandía etc.; nada que ver…Vamos, todo muy angustioso que te dan ganas de volverte a la cama.
De todos es sabido la crisis existencial de los domingos por la tarde cuando te das cuenta que el ole ole se acaba y que mañana, por el lunes, te espera una mesa repleta de cosas pendientes por hacer, aguantar al jefe o al gilipollas de compañero pedante, o a l cliente insufrible. A las amas y amos de casa con lavadoras, aspirador, nevera vacía y entretener a los más pequeños que están de vacaciones ¡Ole y ole!
Un título tan bonito y sugerente como “Lunes al sol” se cae por sí solo; más negro que el tizón.
Negarse la realidad, es una bobada porque cuando abras la siguiente puerta te estará esperando igualmente. Ella es muy pesada e insistente. Así, ¿qué hacer? Pues encararlo como una corrida de toros; a los que no os gusten los toros, semejarlo a un partidito de futbol, a ver si metéis la pelota en la portería y al final del lunes os proclamáis campeones.
Yo lo recomenzaré con esta foto, me parece deliciosa.

¡Feliz semana!

sábado, junio 27, 2015

EL RELOJ DE LOS CUMPLEAÑOS

Os he contado más de una vez la pena gorda que tiene mi señora madre porque su única hija no haya evolucionado mentalmente y esté, siempre según ella, en la edad fronteriza de de las quince primaveras. Tanto lo ha repetido, que mis hijos en vez de madre, creen que tienen a Antoñita la fantástica instalada en sus vidas. No digamos mi marido mirándome con resignación. Ni me preocupa ni me escandaliza la opinión familiar. Eso sí, cuando por circunstancias amanecen esos días en que no miro al día con una sonrisa y pienso qué aventura me depararan las horas siguientes, me decepciono a mí misma, incluso me enfado y no me hablo.
Hoy justamente no sabía de qué animo se había levantado Mª Ángeles Belinda pero cuando ha entrado en ese mundo cotilla de ojo avizor que es Facebook, y he visto una bombilla que me avisaba del cumpleaños de dos personas, se me ha alegrado el ojillo. Sí, me he puesto contenta porque son dos amigas que, aunque muy distintas, tienen en común algo tan importante en la vida para sobrevivir a estos mundo de Dios por los que peregrinamos cada día que sería estupendo que todos poseyéramos esa cualidad dual: Alegría de vivir exprimiendo la naranja y el limón con vitalidad y sonrisa. Por eso hay que felicitar a las personas, un día estupendo puede ser su cumpleaños para recordarlas que no cambien y que trabajen diariamente esa actitud frente a la vida. Os advierto que siendo egoístas, los que estamos a su lado, salimos beneficiados porque, ¿quién no termina contagiándose de ese ánimo/espíritu?

Prefiero cumplir primaveras aunque las goteras del cuerpo me indiquen que no es propio de mi edad ir saltando obstáculos con cachaba. Seguro que mis alocadas primaveras me ayudan a llegar a la meta.
¡Buen fin de semana, amigos!

domingo, junio 21, 2015

TAL VEZ

Tal vez me esté haciendo mayor, tal vez esté sumergida en una crisis de valores, tal vez mis hijos, chicos bastante sensatos y coherentes, tengan razón, tal vez deba dejar pasar el tiempo para luego decir, tal vez mi flamante nueva alcaldesa tenga razón al afirmar que el ser humano tiene el piloto automático de la rutina encendido y cualquier cambio le apabulla, Tal vez…, pero hay dos hechos que me han marcado un antes y un después, y desde entonces tengo miedo.
Las personas no suelen significarse públicamente sobre tres temas muy relacionados con su yo íntimo y personal: el sueldo que cobra si es que tiene la fortuna de tener trabajo. Sus creencias religiosas, y sus convicciones políticas. Los dos últimos temas en los manuales de etiqueta y comportamiento social, sugieren que nunca se saquen como tema de conversación; es mejor hablar de las constelaciones y la variedad de flores que pueden darse en un jardín; vale.
Pero yo tengo miedo aunque la gente se ría de mí al hacer esta manifestación, me da igual, yo lo digo. Porque sé que muchos que permanecen callados con el pico cerrado sienten lo mismo que yo. Los cambios aunque nos asusten suelen ser buenos, un enriquecimiento de nuevos parámetros como la tolerancia y una nueva convivencia en la que han de aprender a convivir nuevos criterios, algunos equidistantes a los que puedas tener tú, yo, u aquel; vale. Pero por encima de esos nuevos criterios debe imperar el respeto hacia las personas, hacia valores ancestrales como la prudencia, la sensatez, la honradez, la bondad… Y fuera de todo ámbito de convivencia que ha de enterrarse para que desaparezca de nuestras vidas, es el revanchismo, los acomplejados sociales.
Porque tenemos un problema grave: los niños de hoy que serán los hombres del mañana, ¿qué les estamos enseñando? Tal vez a, ¿robar, machacar a otro porque no piensa lo mismo que tú o tiene una religión con la que tú no comulgas, o a pisotear las creencias de otros, o a no respetar una serie de normas y como no te convencen vas y sacas el silbato y te pones como un poseído a chiflar, todo porque estamos en una democracia? Precisamente no hay muchas palabras tan hermosas como democracia, pero hay que saber lo qué significa.
Tal vez porque en estos últimos días esté muy sensibilizada con la niñez y lo que pueda significar en un niño las primeras vivencias, el cariño que reciba, el inculcar unos valores sólidos, una educación para que el día de mañana sepa escoger un camino de respeto, tolerancia y honradez.
Sí, muchos de nosotros hemos tenido la fortuna de crecer rodeados de riquezas morales, pero hay otros muchos que no y sus caminos se han torcido irremediablemente.
Creo más que nunca que estamos en una encrucijada en nuestro camino en común. Hagamos un esfuerzo en enseñar a los niños de hoy a guardar el silbato en el bolsillo, a perder con honestidad, a ganar con humildad, a compartir con el que no tiene, a ganar sus metas con esfuerzo. No hace falta irse al Congo, tal vez en el portal de al lado tengamos a alguien al que ayudar a aprender.

Mientras tanto, tengo miedo, lo asumo.

lunes, junio 15, 2015

ENCUENTROS

La tarde era lluviosa como ceniza cuando llegué. Allí estaba ella esperándome desde hacía al menos ocho meses. Las huellas de las últimas tormentas se dejaban ver entre sus canas, sin embargo se mantenía erguida, con su aparente modernidad de una época que ya pasó, y entre su silencio que encerraba tantas risas, encuentros y recuerdos. La volví a mirar y no pude reprimir esa ternura que siempre me aflora al contemplar su perfil añoso y gastado. “Yo también pinto canas en el alma” La dije calladamente antes de abrir la puerta, y un vientecillo suave se arremolinara junto a mis pies para regalarme como bienvenida un ramillete de hojas secas. Entonces mi olfato se disparó. Un olor rancio y húmedo era lo único que quedaba con vida. Todo estaba tapado con sábanas de colores esperando que yo desempolvara sus secretos. Las persianas estaban bajadas, pero por sus rendijas se colaba la luz gris perla de esa tarde de junio. Me senté en uno de los sillones a esperar que mi mente se aclimatara a los nuevos cambios en mi vida y, sin darme cuenta, un pequeño rayo de luz opaca enfocó la mesita que estaba al lado del sillón. Entre la sábana que la cubría se podía adivinar un bulto. Lo palpé pero no supe qué era. Desde el jardín mi marido reclamaba mi presencia para que le ayudara con los bultos. Los vecinos también se habían hecho eco de mi llegada, sin embargo yo seguía allí dentro sentada pensando en las musarañas, en aquellos pedazos de telas descoloridos aguardando a su vida más próxima. “me siento cansada, ¿sabes? Todo me sobra, tan solo necesito un rincón para mis huesos, un par de silencios para pensar, una risa agradecida y un abrazo para calentar el corazón, no necesito más” La mascullé mientras ella me contemplaba y asentía a mis reflexiones. En el jardín seguía habiendo ruido, palabras inconexas, ladridos y, para colorear aquel momento, unos cuantos truenos cargaban al cielo de aplausos lluviosos, pero yo seguía aislada en ese mundo que no se toca, solo se siente. Entonces decidí levantar aquella sábana vieja que cubría la mesita; mis ojos, de pronto, se iluminaron. Acababan de reencontrarse con su último verano. Una agenda de hojas sepias, onduladas de humedad,  aromatizadas por crema para el sol. Estaba abierta con su bolígrafo preparado. En la última hoja se podía leer “El tiempo descansa sobre nosotros, los días, los meses, no pasan, los llevamos encima. Solo falta que tú los pongas letra y música”… Sonreí comprendiendo que un halo misterioso está siempre pendiente de nosotros ayudándonos a dar sentido a nuestras huellas.

Y me levanté de aquel sillón. Ya no sentía cansancio sino urgencia. Levanté persianas, abrí ventanas, encendí la nevera y me asomé por la puerta de esa casa que siempre me espera desde mi tierna juventud. Después,  con la luz que faltaba a esa tarde gris, mi rostro se encendió y dije al aire de mi jardín “¡Hola, ya he llegado!”

martes, junio 09, 2015

UNA AMIGA INCOMBUSTIBLE

A veces, muchas, el ser humano necesita de palabras de aliento, palabras amables, palabras que te hagan sentir el apoyo de otros; en definitiva, lenguaje verbal y no verbal. Una mirada, una sonrisa, cualquier gesto que, el que lo recibe, sienta que es apreciado y que puede compartir pesares y alegrías. Pero esto a veces llega o no llega o, tal vez, el que espera recibir no sepa ver o escuchar o sentir.
Sin embargo, hay una acción que siempre está a tu lado, sólo necesita ser ejecutada. Ella espera en calma que la sepas percibir, apreciar y oír, para que ella se ponga en marcha y en tu auxilio.
Hablo de la fuerza de voluntad. Nadie, nada más que nosotros la podemos poner en funcionamiento. A veces creerás que no está, que ni siquiera la tienes, y eso es un error. Siempre está ahí, lo que pasa es que, quizá, nunca la hayas utilizado o que esperes que, a la primera intentona, dé resultados. Es como el que quiere dejar de fumar, el obeso quiere estar delgado, o como el que quiere aprobar una asignatura… Ejemplos, miles, y muchos han llegado a su objetivo. Fin que a veces tarda en llegar, pero llega. Mientras, por el camino, te caes, tropiezas, desertas y… vuelves de nuevo a la carga. Si sabemos manejar esta ayuda impagable y gratuita, además del pánico al fracaso y la rebelión, cuando la comiences a sentir, te regalará muchas satisfacciones.

Tengo dos amigas que luchan contra sus propios fantasmas; una tiene que dejar de fumar si quiere que su vida de ahora en adelante tenga un mínimo de calidad. Otra amiga necesita vencer ese miedo sordo que la paraliza. Ambas se revuelven contra sí mismas, ni una quiere dejar de fumar, y la otra no comprende el porqué de ese miedo que viene de puntillas sin previo aviso, y la deja fuera de combate cuando no hay motivos para ello. Pero sé que son chicas listas, y que sabrán descubrir esa fuerza de voluntad necesaria que duerme dentro de ellas para vencer esos fantasmas, sabrán descubrir el camino para aprender a reírse con esos espíritus, a priori dañinos, y darse cuenta que con voluntad se convierten en duendes, duendes que no juegan con nosotros sino nosotros con ellos. 

domingo, junio 07, 2015

EL PASILLO DEL LLANTO: BEATRIZ

El placer de la lentitud lo descubrí después de tocar con mi cabeza el infierno… Es tan alentadora y reconfortante que te hace vivir dos veces: cuando pasa y, después, cuando rememoras aquellos instantes fugaces, pero tan plenos de vida. Es como si abrieras las compuertas de tus sentidos y percibieses lo que pasa a tu alrededor con tan sólo guiarte con el tictac de la lentitud… Era un largo pasillo, a un lado puertas con su número correspondiente y, al otro lado, ventanales desde donde ojos anónimos se quedan mirando como el tiempo se escurre de la vida.

Largo y silencioso donde hasta los pasos son afónicos y las voces susurros temerosos. Es un pasillo de paredes azules, color para el sosiego. Cada día pasean pies arrastrando una enfermedad, pasos desesperados mortificándose mientras esperan a esa mujer de bata blanca, nariz respingona, ojos agudos que miran de frente aunque sus facciones no pueda eludir cierta timidez.

Metros de pasillo donde Beatriz cada día desenreda la realidad de la verdad, verdad a veces dura, irremediable pero que ella encara con decisión, con profesionalidad. Un pasillo lleno de lágrimas furtivas, llantos descontrolados a los que Beatriz trata de explicar lo que hay, con la nitidez y lenguaje propios para ser entendida y a la vez no herir más de la cuenta.

Esta mañana me emocionó contemplar a Beatriz cómo se esforzaba en que un final inminente fuera lo menos doloroso posible; cuando se volvió hacia mí su empatía se había contagiado de la pena de dos mujeres y, como ellas, lloraba mientras me regalaba una sonrisa antes de referirme los resultados de mi madre.


No creo que tenga más de treinta o treinta y dos años y he sentido como esa mujer de bata blanca había nacido para ejercer la profesión de médico.

jueves, junio 04, 2015

GRIS

“Mi padre me decía a menudo ¿ves esas nubes, distingues sus formas cambiantes? Y me mostraba entonces, en el cielo mudable, la aparición de unos seres extraños, quiméricos, maravillosos” Odilon Redon
… Ha amanecido gris, el día no es azul. Tal normalidad me ha parecido anormal; después de tantos meses vestidos de azul, el gris se me antoja extraño. He cogido una taza de café entre mis manos y he salido al balcón y, cuánto más miraba al gris, más fascinante me parecía el tratamiento de la luz en un gris ¿Cuántos pintores estarían mirando hoy este plomizo, esa capota de hollín interminable sobre nuestras cabezas? A veces sombrío, otras plata, blanquecino… Tantas tonalidades en un mismo color.


Y este gris, tan sombrío y apagado, me hace recordar los desencantos con los cuales a veces nos vestimos.  Y es que la vida es una historia interminable que finiquita cuando menos te lo esperas, ¿lo habéis pensado mientras os aliviáis de plomo? Repleta de sinsabores, amarguras torcidas que nos hacen trasplantar nuestras agonías en el jardín de otros y, así, marchitar sus primaveras. Cosemos y recosemos las costuras, hasta que nos llenamos de remiendos convirtiéndonos en muñecos de trapo en manos de quienes parecen que nos quieren y, sin embargo, meten sus dedos afilados en las costuras que tanto nos costaron cerrar hasta que nos rompen. Vidas truncadas, caminos de cactus, años grises sin soles ni lunas, cuánto nos cuesta conocer las horas de esos que nos tragan a borbotones porque les hiere nuestra sonrisa…, es tan difícil ponerse en el lugar del que sufre hasta conectar su herida con tu aliento; casi nunca se consigue. Pero  me niego, nos debemos negar todos  a ser arrastrados por esas nubes negras que nos impiden ver la luz… Porque la vida, además de sombras, hay cantidad de rayos luminosos, o de esos grises de algodón blanquecino en los cuales nos podemos balancear mientras recuperamos el sosiego y la luz vuelve, vuelve a ser inmensamente gris, hermosa y etérea.

sábado, mayo 30, 2015

EL NIÑO DEL PATINETE

Cuántas veces buscas algo que no sabes qué es hasta que lo encuentras. Yo lo llamo la chispa de la vida y la reconoces rápidamente…
Había sido una mañana de verdes, agua y azules. Mis ojos buscones se perdían entre cañas, aneas, mansiegas y carrizos, mientras mi corazón volaba detrás de las garzas. La mirada se había quedado prendida entre aquel azul espumoso y el verde de sus orillas. Los oídos desajustados de tanto ruido, había caído en el embrujo de aquel silencio sereno que se balanceaba en las aguas de un lago sin fin. Entonces, ¿qué más podía esperar? Nada y sin embargo aún me esperaba un toque de sorpresa en una esquina valenciana.
Era la hora de comer. Brindis, risas y buen yantar cuando decidí salir a fumar. Me senté en el escalón de la puerta del restaurant. Al principio dudé si sentarme o no. El lugar era lo suficientemente elegante para no pegar una rubia de pelo alborotado con una copa y un cigarrillo, pero mi voluntad se doblegó a la sensación que me produjo la acera de enfrente.
Un mínimo parquecillo, frondoso y bien cuidado. De repente aparece un niño de unos seis años con la fuerza de un huracán montado en su patinete. De piel tostada y pelo liso, destacaba de esa luz mediterránea que recuerda siempre tanto a un cuadro de Sorolla: luz y más luz, después azul y más azul. Los ojos del niño, de mirada ausente de peligro, estaban clavados en un punto cuyo freno parece que fue el semáforo rojo. Un segundo movimiento relleno de esa frescura y parsimonia que posee el mundo infantil, bajó de su patinete y se agachó sacándose de sus tiernos pies las zapatillas que llevaba puestas. Después, se saltó una pequeña valla que separaba el jardín de la acera. Cuando sus plantas tocaron el frescor del césped, su cabeza se giró al cielo apretando los ojos y extendiendo los brazos en amago de sentirse paloma. Una vez que sus sensaciones se vieron saciadas, volvió a abrir los ojos y se encaramó al primer arbolillo que encontró. En mí ya habían surgido muchas sensaciones de placer mientras la sonrisa se escapaba de la boca.
Una voz le llamó “Vamos, Miquelot” Y con la elasticidad de un junco, Miquelot bajó, se puso sus zapatillas y se perdió en el asfalto.

Entré, mis compañeras de viaje seguían enfrascadas entre risas y copas y yo…, abstraída en un mar de emociones del color azul, verde y agua tratándolas de ordenar en una vieja libreta.
¡Buen fin de semana, amigos!

martes, mayo 26, 2015

PASO A PASO

En noviembre terminé mi primera novela, EL MISTERIO DE LOS GEMELOS CUBANOS, que el único mérito que tenía era haber pasado de escribir más de  10 páginas. Disfruté mucho escribiéndola, me reí a carcajadas porque no tenía ni pies ni cabeza. La pobre no fue entendida por mi público elegido y no gustó nada, recibiendo unas críticas tan malas, y destructivas algunas que me sumieron en una crisis (no es coña). Sin embargo, Dios me ha dado un carácter positivo que, según caigo o toco fondo, me levanto y vuelvo a la carga con la misma ilusión como si estuviera descubriendo el mundo al estilo Colón.
Entremedias de EL MISTERIO DE LOS GEMELOS CUBANOS, llevaba desde abril con una novela que se terminó allá por febrero. Estaba que me salía de mí, de emoción, de orgullo e ilusión. Busqué una persona que la leyera, después otra y por último una tercera. Cada una era de un perfil totalmente opuesto: una catedrática, una poeta sensible y una lectora compulsiva que se le todo pero siempre buscando evasión. Las tres fueron unánimes: las gustaba y me daban el golpecito necesario para seguir.
El siguiente paso fue encomendar a la catedrática y a la poeta sensible que me corrigiera la obra y que me señalaran ideas de mejora para mi criatura; cumplieron con creces.
Hoy  SEVILLA... GYMNOPÉDIES va al Registro de la Propiedad Intelectual, y lo quiero compartir con vosotros. ¿Por qué ese título? Lo explica en la primera página “Cada capítulo de una vida debería tener una música especial que sintonizara con los acontecimientos. Si tuviera que poner una melodía en mi vida, sin duda sería Gymnopédies de Erik Satie, mágica, misteriosa, suave, dulce, tan llena de paz que aún hoy me besa en el corazón… Pero eso fue mucho más tarde”
Quiero que me deseéis suerte, la necesito y mucha porque el mercado está saturado, lo sé, pero creo en mi novela, de verdad; tiene muchas posibilidades.
Desde aquí también quiero hacer público mi profundo agradecimiento a Mª José García-Vaquero y a Rosa Mª Arroyo por su dedicación para que la novela estuviera casi perfecta para poder brillar con luz propia.
Ahora me falta lo más importante: editor… A las seis de la mañana he comenzado a mirar editoriales que, al menos, se dispusieran a leer a mi criatura. Si alguno tenéis información de algo, no dudéis en dármela, por favor, el trabajo en equipo siempre funciona.

¡Chicos estoy muy feliz!

domingo, mayo 24, 2015

EL TREN DE MIS OJOS

Desde el tren veo marchar el día con noble desdén del que sabe que volverá.
El campo se hace sombra, y el horizonte lineal y rojizo.

El paisaje se duerme sin miedos; ayer, antes de ayer y el otro, lo azotó un temporal, pero ahora el clima ha vuelto a ser leve serenidad en un paisaje adormecido, ha vuelto a su ser, y la dulzura de la primavera se aposenta en la tierra que unas manos ásperas cuidan con afán.
Mi tren va veloz, ha de llegar puntual. Transporta demasiados rostros cansados con sed de hogar y paz. Traslada agotamiento, compañerismo, las últimas llamadas de trabajo, una fugaz mirada a las últimas noticia del Ipad…

Me he puesto a leer y cuando he vuelto a mirar hacia la ventana, una oscuridad azulada con piquitos de luz desplomados sobre el campo era el regalo de estas ventanas mágicas que sólo las puedes encontrar en los trenes.

Avisan, ya llegamos a casa. Descendemos despacio, los compañeros se despiden con un “Hasta mañana, ánimo, ya será viernes” y cierran el saludo con enormes carcajadas agitando sus manos como palomas mensajeras.


Arrastro la maleta notando como el Ave Fénix, a mis espaldas, se despide de mí hasta la próxima semana.

jueves, mayo 21, 2015

POESÍA EN EL MAR

¿Cómo huele el mar? Huele a yodo y a salitre, arbustos  que sólo crecen a orillas de la mar,  mezcla de arena mojada, sal y pescado. Me paro a soñar, me permito el lujo de lo irreal. Me pierdo entonces en calles ensortijadas de perspectivas y, en cada recodo, amores dulces y despertares tranquilos. Llego hasta la arena y una barca fondea frente a mí. Me monto y remo mar adentro. Escucho el gorgoteo de la gaviota, su aguda voz, el rugir de las olas, o el siseo del casco de la barca hendiendo las aguas marinas. Respiro a pleno pulmón su brisa, lleno los ojos de horizontes,  y la mente de oxígeno. Después, vuelvo, vuelvo a la realidad con el corazón en reposo.

Porque la mar huele a muchas cosas. Su profundo aliento entra por nuestros poros asfixiados hasta llegar a la mente y abrir las compuertas de la memoria  evocando recuerdos adormecidos,  que no olvidados ni muertos, sino en espera de esa sensibilidad que subyace dentro de ti. Se acercan entonces un pedacito de tu ayer, una persona, un pensar, ya que un olor podemos identificar un tramo de nuestra historia, alguien que reposó en tu corazón… Y la mar desprende tantos aromas que, cuando te sumerges en esos mundos submarinos, eres otro, proclive a romances, magias y ensueños.
Aunque no creas que todos los mares huelen igual; cada uno posee su propia especie de son, sal y sol. Incluso la mar de verano, aromatizada de cuerpos,  cremas y crepúsculos, de amores de labios carnosos, es muy distinta al mar de invierno o al dulce océano de primavera.


Recuerda: si tienes la fortuna de volar a la mar, siéntate frente a ella, cierra los ojos mientras absorbes su perfume. Luego abre los ojos, inúndate de su infinita gama de azules y abre tus brazos… Habrás entonces rozado un pedacito de plenitud.

miércoles, mayo 20, 2015

COSTA DA MORTE


De nuevo azul, de cálida brisa, de norte y cobalto. Ayer fundido en abierta bravura chocando sus labios con la costa da Morte. Otrora, de mar en calma, de rizados bucles al llegar a tu orilla. Playas desiertas de arena blanca y conchas de peregrino. Dos osados bañistas se funde en la arista esmeralda mientras rayos de sol, escapados de un cielo azul con nube deshilachada de algodón, imprimen a la mar un espejo de plata que ciega a mis ojos que se nutren de azul interminable.
El camino fondea un acantilado entre hortensias, aliagas y dunas y, según desciendes, primero tocas cielo antes de perder tus pies en esa arena que según la pisas hundes tus talones. Después, la brisa seduce a tu piel y aparece la gaviota sombría revoloteando en esa ribera de agua salada. Un suave cosquilleo se balancea entre mis dedos mientras mi ser se va mezclando entre el rumor de la ola y el silencio de mar abierto. Como siempre, cierro los ojos para atrapar mis memorias de agua, son y salitre, tal vez acaparan la sal de mi equilibrio, mientras la hora baja la mar para que me adentre mientras la espuma se aleja.
Abro los ojos y veo mi sombra extendida, alargada, sobre arena rubia de tanta agua en la que se empapan mis deseos. Despliego mis brazos y me siento gaviota, esa gaviota que vuela a ras de sentimientos y emociones mientras mis pies se llevan la ola que abraza mi libertad.
Unas risas de cabriola me aterrizan  en la espuma. No la vi llegar y me baño de turquesa y blanco mientras mis amigos huyen del donaire que produce un susto inesperado. El mar se ha vuelto niño y juega al zigzag con sus intrusos. Yo, me dejo seducir, ya vendrá el calor de la abrigada lumbre entre la roca y ese sol de tarde de mayo.
Pero antes de alejar mis pasos de aquel lugar de duendes y meigas aún veo ponerse el sol entre el horizonte y un mar más cobalto que nunca.

Ya no soy sino salitre al son de una alga con alas de gaviota.

lunes, mayo 11, 2015

PROMESAS

Es tiempo de promesas después de años, meses, de desencantos.
“Puedo prometer y prometo” Frase mítica de un tiempo que los españoles vivieron. Nadie como el hombre que la pronunció para tomarle como símbolo de que prometer es gratis, incluso loable. Sin embargo, a la hora de la verdad, son muchos escollos para llevar a cabo la promesa dada, algunos insalvables.
Otrora, el verbo prometer me suena a engañifa, a estafa. Unos, porque gracias al Altísimo, sus promesas serían inviables ya que si hacen lo que prometen, hundirían un país y pasaríamos a ser una nación como muchas que hay sin recursos, con la voces atadas y los derechos asesinados por mucho que loen a la libertad ¡Mentira! Otros, venden humo, y los más versados en estos menesteres trafican con mentiras.
Anoche vi un anuncio que, según transcurría su trama, más tocaba en mi fibra sensible. Decía verdades, narraba historias comunes de cualquiera de nosotros, ¡ases quienes lo diseñaron!, sin embargo, al final del anuncio, cuando se desentraña quien lo dice, cambié de canal por el coraje que me dio.
Sí, estamos desencantados, muy cabreados y muy quemados, todos. Unos con más razón que otros pero, en suma, somos todos. La realidad es que lo que tenemos ya no vale. Ha de pasar tiempo para que en ese tiempo nazcan y se formen nuevos personajes en los que creer y depositar nuestra confianza, encandilando a las masas con su verdad, honestidad, trabajo y hechos. Personas creíbles, modelos a seguir e imitar, si la ocasión lo requiere.
Los personajes recién nacidos, como quien dice hace tres días, a unos se les cae sus propuestas por sus hechos y a los otros les falta aún solidez. Y lo que hay, los dos bastiones más seguidos, es mejor apagar la luz para no verlos.
Mientras, hago mías parte de las palabras de Juan Goytisolo, último premio Miguel de Cervantes. Y no por su guiño a Podemos, ni mucho menos, sino por su compromiso con la realidad aprovechando sus letras para denunciar, haciendo referencia a la convulsa realidad que nos está tocando vivir, a las miles de injusticias sociales, a tanto ladrón suelto, a ese 20% de nuestros niños que vive bajo el umbral de la pobreza, a esa mirada corta y desviada que lanzamos cuando las cosas no nos gustan, pero que nos dejen vivir en paz mientras el tiempo lo permita. No nos merecemos que se mercadee con nuestra España y nos conformemos con “la mierda” que engulle esperanzas e ilusiones.
Seamos consecuentes, analicemos sin prisa, pensemos lo que nos conviene a cada uno que al final será en bien común. No votemos con rabia aunque estemos rabiosos y tengamos motivos más que suficientes para mandarles a “la mierda” Tampoco cojamos una pataleta y nos vayamos de excursión en vez de depositar nuestro voto, o nos quedemos en casa refunfuñando, no. Vayamos todos y depositemos nuestra verdad en las urnas.

¡Vaya mitin que os he dado!

domingo, mayo 10, 2015

SORPRESA PRIMAVERAL

Era una mañana primaveral deliciosamente orneada de sol y temperatura, así que decidí adentrarme en el Campo Grande, el pulmón vallisoletano. En un recodo de esos caminos que aparecen inesperadamente entre arbustos y pavos reales me sorprendió un aroma que hizo que echara el freno a mis pies, y cerrara los ojos. Un delicioso perfume a azahar hizo que me evaporara al parque maría Luisa hasta que un griterío infantil me despertó del hechizo. El sol se colaba entre las ramas dibujando luces de distinto calibre. Unas convertían en blanquecino el aire, otras inflaban el color convirtiendo al verde en un abanico de infinidad de verdinegros, esmeraldas y aceitunos, mientras un pato se cruzaba en mi camino con la parsimonia de su paso menudo. Según avanzaba se iba escuchando el chisporroteo del agua de alguna fuente y fue ahí donde me encontré a Manuel.
Una plazoleta de escasas dimensiones con una fuentecilla a la que se acercaban palomas a beber. Un par de bancos y árboles gigantescos dando cobijo a la sombra, no más. En uno de los bancos estaba sentado un hombre. Me asusté al chocar mis ojos con su perfil; era clavado al padre de una amiga. Me pregunté “¿Qué hace Antonio aquí?”, mientras me acercaba con sigilo. Sus ojos estaban fijos en alguna parte que no era ese parque. Ya vi que no era el padre de mi amiga, palpé que, aunque estuviera delante de él, no me veía. Un impulso hice que me sentara a su lado y soltara “un hola cantarín”. Mi voz despertó alguna parte de aquel hombre desconocido haciendo girar su mirada a la mía “Me he perdido”, me dijo con la angustia prendida en unos ojos a punto de estallar en lluvia; después, volvió a girar su cabeza hasta el punto inicial donde convive la nada con el miedo.
“¿Cómo te llamas?” Mi voz volvió a atacar a su silencio. Si mirarme, me contesto “Manuel” “Pues Manuel, seguro que en algún bolsillo guardas tu dirección ¿Me dejas que la busque?” No me dio tiempo pues comenzó a sonar una suave melodía de uno de los bolsillos de la chaqueta de Manuel; él ni se inmutó, yo creo que ni siquiera lo oía. Con la suavidad de un ladrón experto introduje una de mis manos en aquel bolsillo sonoro y extraje un móvil en cuya pantalla aparecía el nombre de Paquito. Apreté un botón y dije “¡Hola!” Una voz asustada y nerviosa balbuceó “¿Quién eres, está ahí mi padre?” “Sí, tranquilo. Estamos…” Le expliqué la orientación en donde nos podía encontrar y no habían pasado diez minutos cuando apareció un hombre de no más de 40 años corriendo como si no hubiera un mañana.
“Papá, eh, papá, venga regresa, menudo paseo te has dado. ¿No tienes hambre?” La voz del tal Paquito era un vaso colmado de ternura y cariño mientras sus ojos se clavaban en los míos en un mudo agradecimiento. Manuel seguía en “Babia”, ese mundo de luz donde a veces no encuentras la puerta de salida.

Paquito levantó a Manuel y caminando con el paso menudo de un pato les vi alejarse. Yo seguí allí parada con los pies clavados al suelo mientras mi corazón se diluía en un aprecio especial hacia un extraño, y mi cabeza se perdía en la nada de tanto Manuel como hay por el mundo.

viernes, mayo 08, 2015

TAL VEZ UNA SONRISA

Siento lástima por aquel que no sabe qué es una sonrisa. Me parecen personas grises aunque en el cielo no haya rastro de lluvia. Rostros huraños y malhumorados en guerra con todo su entorno. Olvidaron ver con ojos de niño el asombro que produce despertar, el saberse Robinson subidos a un arco iris.

Ya no hay sonrisas gratuitas, perdidas y despistadas que hacen tan grata la convivencia. Podías encontrarlas en cualquier esquina, al abrir un armario o en el tarro de mermelada.
Se puede comprar de todo, sólo hace falta dinero, pero no así aquello que no tiene precio ni caducidad como ese gesto, esa mueca que se dibuja a lo largo de un rostro desde la barbilla hasta llegar a los ojos, y cambiando su fisonomía por dos farolillos intermitentes que invitan a ver la cara más amable de esta perra vida.
Limones ácidos que, cuando tropiezas con ellos, lamentas haberlos encontrado. Aristas en sus bocas que recriminan no ver la vida con la oscuridad de sus noches que jamás ven la luz.

Se pierde la amabilidad, se esfuma su duende, se convierte en un mal que se adhiere a las paredes de tu alma como lapa persistente e invulnerable.
A veces sueño que la pierdo y me despierto angustiada dando luz a mis miserias. Cuando recobro la conciencia, me palpo la piel, el corazón, mi boca…, y allí la encuentro descansando, recuperando el resuello de su ardua tarea que es enseñarme a no olvidar el valor nutritivo de una sonrisa cada vez que alguien te mira a los ojos.

Pequeños gestos que son el vestíbulo de tu yo que entregas a los demás haciendo gratificante su largo caminar.
Siento lástima por aquel que no sabe la estima de una sonrisa sin más porqué que el placer de regalar un instante de felicidad.
¡Buen fin de semana, amigos!