jueves, noviembre 05, 2020

LA DESPEDIDA

 


“Dicen que la risa es un bálsamo para el alma. Una buena carcajada nos quita las penas, nos abstrae de nuestros males y, sobre todo, nos hace felices”  Fran Sánchez Becerril

Juanito mira la escena y se pone de mala leche. Están los Gutiérrez en un corrillo charlando amigablemente con Enrique Jardiel Poncela, Miguel Mihura, Edgar Neville, Pemán, Luca de Tena y Alfonso Paso. ¿Qué hacen que no están llorando por él en vez de estar riéndose a mandíbula batiente?

Un honor indiscutible que hayan venido autores de la alta comedia y el teatro humorístico a su despedida, Juanito lo agradece, pero es que llevan allí dos horas y aún no se han acercado a hablar con él; le dan ganas de acercarse al grupo y lanzarlos un escupitajo en forma de goma de mascar.

Su Rosarito no hace más que ir a la cocina y salir con bandejas repletas de copas de champan…, ¡Qué dispendio!, y no digamos las fuentes llenas de sándwiches y la gente venga a ponerse morados como si hubieran estado esperando meses, años, a su despedida a la americana para comer y beber gratis… Ahora, cuando todo este sarao termine y por fin se quede a solas con su Rosarito, la va a cantar las cuarenta. Él creía que su esposa tenía personalidad suficiente y le está demostrando que está muy influenciada por Melania Trump o por las elecciones americanas, no sabe bien cuál de las dos porque lleva pegada al televisor más de una semana a ver qué pasa en Usa en vez de estar más pendiente de lo que se cuece en España, pero le replica que aquí en su tierra no hay glamour… ¿Qué tendrá que ver la velocidad con el tocino?. Nunca dudó que Rosarito fuera la perfecta anfitriona, la dama de la media almendra que sabía poner la guinda en cada fiesta, por esos sus amistades se peleaban por ir a sus reuniones donde imperaba la risa y recibían a sus amistades con el slogan de Chaplin “Un día sin reír, es un día perdido”

En fin, malhumorado, vuelve con sus invitados estrella, los que de verdad siempre han estado a su lado, sus verdaderos maestros, con los que creció y le enseñaron el oficio de payaso. Sí, Juanito ha sido payaso toda su vida, un trabajo como otro cualquiera, aunque Charlie Rivel siempre le decía que era el oficio más serio e importante de la humanidad “Juanito, la gente llora, sufre, haz el favor de quitar la pena y de paso haz que crezcan los niños felices envueltos de risa”

Según creció aparecieron nuevos maestros en su vida que ampliaron su mundo de la risa y hoy juntos, Fofó, Gaby, Miliki y Juanito, cantan divertidos “Susanita tiene un ratón” en honor de Susanita, su esposa, que la conoció precisamente en el circo. Fue amor a primera vista. La incitó a salir a la pista, su falda se enganchó con una punta y se quedó con la faja al aire. En vez de amilanarse, se puso la falda al cuello y salió a la pista con una enorme sonrisa, entonces, Juanito le dijo “Eres la payasa que he estado esperando toda mi vida”, y de eso hace 53 años. Ella era auténtica, “una especie de espejo ante el que nos colocamos para vernos a nosotros mismos y aceptarnos. invitaba a reírse de uno mismo, a mirarse al espejo y reírse de tu situación, tus defectos y tus problemas” …, pero después de tantos años juntos que hoy sea la réplica de Melania trompeta a la americana, a Juanito lo descoloca.

¡Qué rápida ha pasado la vida! Piensa Juanito mientras se coloca la narizota roja por última vez y se mete en la caja para hacerse el muerto. Miliki le anima, le dice que hay un ascensor directo del cielo al infierno y que bajan asiduamente para animar a los que allí se achicharran de maldades y es divertido enseñar a los malos a reírse. A Juanito mucho no le convence el asunto y pregunta a Fofó si se puede llevar a Susanita con él y este le contesta que “nasti de plasti” que el sereno del barrio, don San Pedro, solo abre la puerta a Juanito… “Pues venga, vámonos de una vez, pero esperad un momento, voy a salir de esta caja hortera y dar un beso de despedida a mi Melania”

Susanita sonríe mientras recuerda al payaso de su vida, cuando, de pronto, siente a sus espaldas un calor conocido mientras a su cintura se enredan unos brazos invisibles y dice en un susurro “El circo sigue mientras haya quien aplauda a los payasos”

PD. El portal ClownPlanet.com asegura que los payasos aparecieron, por primera vez, en Egipto, en el año 2500 a.C. Fue en la Quinta Dinastía de Dadkeri-Assi, en la que un payaso enano hacía las veces de 'bufón de la corte

Anualmente el 5 de noviembre se celebra el día del Payaso no es una casualidad y nos toca muy de cerca a los españoles. La fecha fue elegida en honor al nacimiento de Emilio Alberto Aragón.

Ángeles Cantalapiedra, escritora

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viernes, septiembre 25, 2020

OTOÑO EN MI PIEL


I

Se fue el estío, aunque no lo quieras ver. En la ciudad aún no se nota, los edificios y el asfalto te confunden, pero la luz te guía y te habla de un adiós que no admite retrasos.
En el campo es distinto porque todo te habla, no hay más que sentarte a contemplar y mirar con ojos despiertos. En la mañana, la luz se adormece despidiéndose tan temprano que tu piel se encoge y tus ojos se oscurecen.
La tierra está húmeda de ausencias y, aunque la flor se resista, tiembla ante su caída. El jardín se plaga de sombras tristes y alargadas. La melancolía te envuelve en el murmullo de los últimos pájaros. Los árboles mudan su color, mutan hacia el sueño invernal.
En casa de mi amiga se oyen las campanas, dan los cuartos, la medias y las enteras. Suenan como siempre, pero ahora tú las escuchas diciendo adiós al estío. No las sientes cantarinas sino recogidas, íntimo sonido que se cuelga dentro de ti.
El sol del medio día ya no abrasa sino entibia tu voz, y el aire en la tarde bambolea el fruto de tu manzano cayendo a la tierra moribunda.
Las calles permanecen mudas de veraneantes; no están los niños y sus juegos estivales, y el agua de la piscina, tan trasparente y turquesa, comenzó a verdear en el olvido.
Las ventanas son ya farolillos. Asómate y verás al niño crecido con sus ojos encerrados en el libro que huele a tinta sin estrenar. La madre plancha, guisa y retoza con sus retoños. La espuma de la bañera es ahora el agua que calienta tu piel del otoño.
Pero aún en el sur, las olas juguetean con el visitante que no es tan joven, es piel de añadas que ganaron su descanso.
Sí, se fue el verano con el eco de ese amor furtivo, la música playera y el olor a heno y salitre. Se fue con sus colores tan vivos y alegres que nos cuesta soltarnos de su arco iris.
“El tiempo es sabio” Me digo mientras abro las ventanas para que entre los nuevos aires de una estación de sepias y granas y renueve las esperanzas y e ilusiones que hacen mantenernos en la difícil cuerda desequilibrada de la vida.
Hoy ha amanecido con el tiempo encrespado, como esos niños mimados que igual gritan con furia rompiendo los brazos amorosos de un árbol, o increpando a los ladrillos hasta hacerlos volar sin alas; al rato, la lluvia se pegaba a la ventana hasta esculpirse en lágrimas perdidas. El cielo de gris, el cielo de humo, el cielo de mar. Tras el ventanal mi piel se erizaba al contemplar el bramido de la naturaleza al tiempo que mi olfato se empapaba de incienso, ese aroma que me transforma hasta rezar con devoción… Porque la vida es creer, creer en los sentimientos como mi perrillo cuando me mira confiado porque sabe que su ama nunca le hará nada malo.
Hoy ha amanecido un día de perros, como diría un castellano viejo, es un día de quedarse en casa y saborear el silencio de nuestras paredes que hablan con el alma en la mano.
Para mí, hoy ha llegado el otoño a mi vida…
II
¿Lo has visto? Llegó de puntillas cuando las horas casi dormían y el mundo casi flotaba.
Tiene cara de campo trillado que el tiempo despobló. Las mejillas son dos manzanas coloradas y su cuerpo, un tronco encorvado semi desnudo, hierba en una primavera tardía.
Me agradan sus mañanas suaves de otoño claro y colores de ocres tristes.
Me alivian sus días cálidos en los que el sol acaricia mi piel fría echando raíces en mi alma adormilada.
Me apasiona su vientecillo suave que acompaña a la melodía del silencio abandonado cuando paseo por mis caminos en reposo, afónicos de hombres que distraen mi embeleso.
Me flipa el sonido vacío de la campana en su espadaña, extendiendo su sonoro tronar sobre mis campos indefensos y desamparados.
Me gustan sus susurros de otoño que invitan al sosiego y al balance de logros y desaciertos.
Me complace este ocaso de humedad tierna que resbala y encharca…, su aroma inalcanzable de la brevedad de un instante mientras un poema nace en mis labios.
Me deleita mi tierra de vastos horizontes que en el declive expande mi mirada. Tierra enjuta que enhebra otoños, primaveras y veranos para luego dormir en inviernos gélidos y nieblas misteriosas. Tierra de tragedias y ternuras, de odios y caridades, esta es mi Castilla de dorados otoños y tardes de membrillo.
M Ángeles Cantalapiedra, escritora
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sábado, marzo 21, 2020

NOVENO DÍA...


“Angelita, tú tie la letra ligera, di que esto no pue sé” … “¿Qué es lo que más te gusta de estar en casa, Carlitos? Papi no quiero ir nunca más al zoo. ¿Por qué dices eso? Nuestra casa es como un zoo, pero sin animales. No está bien tener a las personas enjauladas…, ni a los animales” …Empiezan a gritar realidades tremendas por ventanas, patios, balcones.
No siempre el cielo es azul, ni tampoco las calles son jardines donde respirar aire puro. Ni siquiera el fuego de una hoguera calienta ni enciende pasiones. Nada es lo que parece, aunque lo sea, ni la decepción es la causa visible del desengaño. La desilusión, el chasco, es nuestro pan de cada día, el cáliz del que bebemos asiduamente, como el limón es el símbolo del dolor y la amargura, y las uvas representan la lujuria, el melocotón, la virtud y el honor, así como la fresa es la armonía y el alma del hombre, y la naranja simboliza la fecundidad. Pero la realidad de nuestros días es la que es, no es simbolismo, sino un combate cara a cara, una lucha contra un fantasma, una cruzada para vencer a un enemigo de nombre ridículo. Un combate, una pelea, sin los medios suficientes y los soldados de a pie, capitanes y generales, desprotegidos de herramientas, exhaustos y afligidos donde las ordenes que les llegan juegan íntimamente con sus convicciones morales: hay que salvar al que más posibilidades tenga ¡Dios mío, que crudeza de realidad! Las voces desde sus trincheras se alzan pidiendo de múltiples maneras auxilio.
Mi amigo Jesús, cuya guasa y alegría es su DNI, casi lloraba al contarme que su mujer es enfermera a la que le obligan a no usar mascarillas ni protección adecuada hasta que se identifique si es covid 19 o no. Así que ella va y viene trayendo vete tú a saber qué a un padre anciano y tres chiquillos. Está psicológicamente hundida, con ansiedad, con miedo a llevar a los suyos el mal.
La vida es un doble cristal, la ves y no la ves, pero la sientes, aunque el sufrimiento haya hecho callo en tu epidermis y creas que el agua no te moja. Sentir es inevitable, aunque la ceguera te lo impida porque el alma, o aquello que llaman corazón, posee vida propia fuera de nuestro cuerpo. Es libre, vuela raso, vuela alto, pero siempre vuela. Igual pasa con el colorido de una flor pues las rojas son pasión y respeto, las blancas, pureza. Azul es la amistad y la armonía y, el amarillo, el odio, los celos, la envidia, pero también el placer y la risa.
La picaresca y el contrabando, crecen como setas en un otoño lluvioso. Ciertos líderes están a los suyo dando poco o nada de ejemplo a sus tropas, ¡Dan asco y náuseas! Pero no tengo tiempo que perder con esa gentuza. Prefiero parar a pensar y mi alma pide un aplauso hondo y sentido por esa población civil que es la que de verdad está dando la talla. Siempre hay excepciones, esos que huyen como ratas clandestinas, los que desoyen órdenes, pero son minoría. Se me agranda la mirada al visualizar a ese ejército de valientes. Niños, jóvenes, adultos y ancianos, en sus puestos de combate y mi voz en letra chilla ¡Aúpa mis valientes, orgullo de una nación!
 Dicen que los bodegones son naturalezas muertas, seres inanimados, pero para mí es la bodega de donde me abastezco de alimento para el alma, el corazón o el intelecto. Porque fuera de lo que asfixia y oprime, en nuestras ventanas interiores hay un mundo de alegría espontánea incluso de belleza voluptuosa e imprevisible, pero para sentirla y disfrutar de ella, hay que prestar atención para que nuestros sentidos la capten. ¿A qué huele la felicidad? Me pregunto mientras me asomo a mi ventana en busca de esas raíces que han crecido dentro de mí; sin darme cuenta ya estoy respirando esa paz, esa bulla clandestina, el aroma de mil matices que hacen ser lo que soy, aunque nada de eso se vea…, se siente simplemente.
Anoche entre guasa, chispa y carcajadas nos preguntamos, mis hijos y yo, “¿Qué planes tenéis para el fin de semana?” Entre el estupor y la tragedia, a la vereda del camino crecen flores silvestres y, a nosotros, nos tiene que crecer el buen humor y la esperanza.
¡Os quiero! Sé que estáis ahí, en las trincheras, como debe ser.
M Ángeles Cantalapiedra, escritora
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lunes, marzo 16, 2020

ENTRE DOS MUNDOS

Hoy Paco amaneció disminuido, menguado, acurrucado en su propia inanición, su vida es puro nubarrón, una simple desdicha. La debilidad le carcome, y en sus ojos hay instalados aguaceros a punto de estallar. Se mira las venas largamente, tanto, que agita sus muñecas para desechar deseos de cobardía.
Su alma no es de hombre, su feminidad corre pareja a la sangre que le hace vivir en un mundo de mofas e imperfecciones pero, a pesar de eso, se siente mujer atrapado en cuerpo que no es el suyo, y él, es persona, aunque los suyos no lo comprendan.
Hoy Paco amaneció como no hubiera querido despertar, pues su mundo se ha roto o ha desaparecido, para el caso, es lo mismo. Ante él, en un camino demasiado pedregoso y su valentía,¡ tan mermada!, su soledad se halla en un abismo de desamparos, y todo ello ahogando su aire…, por lo que quisiera ya perderse en esa nube inalcanzable donde las estrellas le miraran de igual a igual.
Hoy Paco quisiera ser Paca, la mujer de la mil caras que arde en deseos contenidos, pero se mira al espejo y ve a Paco, un híbrido sin calculo ni suma, y que solo resta.
Ayer, Paca tenía tres formas de decir te quiero y la noche se las llevó; una panda de depravados finiquitó su mundo. Ahora, Paco no haya el abrazo, ni el beso, ni el cuerpo, nada; su cama está vacía.
Hoy Paco, es más Paca que nunca. No la mires de lado, no susurres ni juzgues, porque Paca es más ser que tú, más humana que yo.
¡Feliz jueves!
M Ángeles Cantalapiedra, escritora
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miércoles, febrero 12, 2020

UN LUGAR AL QUE LLEGAR



Bueno, aquí está la cubierta de mi quinta novela y su título, y lo que opina mi prologuista de cabecera Gabriel Neila, para que os vayáis aproximando a esta nueva aventura literaria.
No os puedo negar el vértigo que me produce cada vez que presento un nuevo trabajo, pero la ilusión me arrastra. Ahora que estoy corrigiendo las pruebas de imprenta y la estoy releyendo de nuevo, os puedo decir que no os va a defraudar.

"Un lugar al que llegar supone una novedosa vuelta de tuerca, en cuanto a tensión literaria se refiere, con respecto a su última entrega narrativa Largas tardes de azul. En ella nos sorprendió con una novela con aires de thriller y unos personajes muy bien confeccionados. En esta ocasión, los lectores seremos partícipes de algunas novedades muy interesantes. Cantalapiedra nos presenta en estas páginas, mediante un convincente comienzo in media res, la segunda oportunidad que la vida le da a Francisco García Belloso, un hombre que acaba de salir de la cárcel y cuya vida vamos a ir conociendo con todo lujo de detalles.
He querido titular esta invitación a la lectura con la frase Cuando la vida te da una segunda oportunidad, puesto que es, sin ningún género de dudas, el principal leitmotiv de la novela. Los personajes que pueblan estas páginas tienen comportamientos toscos y duros, quizás por ese caparazón que les protege de una vida hostil y llena de contrariedades. Por si esto fuera poco, todos están buscando su lugar en un mundo al que tienen que hacer frente. Ahí es donde la inteligente pluma de Cantalapiedra juega su papel y concede a sus personajes una nueva vida, a pesar de que el peso del pasado siempre se convierta en un contrapeso atenazador.
Después de haber leído toda su obra, creo destacable mencionar que Mª Ángeles Cantalapiedra está ganando en profundidad y hondura a cada novela que publica. Si ya en la fresca Sevilla… Gymnopédies, dio buena muestra de lo que apuntaba a ser una novelista de raza, Un lugar al que llegar no desmerece a todo el trabajo que ha venido realizando durante estos últimos años. Su literatura, pulcra y accesible, se dirige al corazón de los lectores de forma directa y sin ambages.
Un lugar al que llegar, el quinto trabajo narrativo de Mª Ángeles Cantalapiedra transita por un terreno que se mueve entre el thriller y la novela psicológica, y es ahí donde su literatura sigue dando lo mejor de sí misma. Nuestra autora no trabaja con tabús preconcebidos, puesto que no duda en narrar con rigor y respeto los aspectos más crudos de nuestra sociedad. Ahí es donde radica el éxito de sus novelas. Cuentan historias que nos hacen ser mejores personas, sintiendo empatía por el prójimo, aunque quizás esté pasando malos momentos, o no se comporte de la forma más aceptada socialmente..."
Gabriel Neila
Presentación en Madrid el próximo 5 de marzo y en Valladolid, el día 11 de marzo.

domingo, febrero 09, 2020

FALTAN 24 DÍAS...

Hoy todo se sabe o se termina sabiendo. Así que les confesaré que estas botas viejas no son mías, me vienen grandes, pero estoy cómodo con ellas… Por cierto, soy Fran o Cristo; respondo a los dos nombres.

A los hombres de mi vida…
No siempre las historias ingratas terminan mal. En algún lugar hay un rayo de luz, solo hace falta buscar, saberlo distinguir y aferrarte a él.
A mi madre…
Gracias a ti escribí esta novela.
M Ángeles Cantalapiedra

“… Acabo de terminar la lectura de la novela, la cierro, acaricio con mis manos la primera hoja y confieso que me he sentido embrujado durante su lectura. Detrás de cada frase, de cada página y de cada capítulo, he visto un concienzudo ánimo de representar la verdad del hombre y de una mujer. Durante su lectura -sería necio negarlo- he empatizado con el protagonista. Él, junto con el resto de los personajes, consigue a través de la trama novelesca, con sus conversaciones y sus acciones, envolvernos en la bruma de las pasiones humanas dentro de una compleja sucesión de escenas bien conducidas que terminan componiendo en tres movimientos musicales la estructura de la novela…”
José Pazos Moncada

5 de marzo en Madrid. 11 de marzo en Valladolid


M Ángeles Cantalapiedra, escritora
Largas tardes de azul ©Al otro lado del tiempo ©Mujeres descosidas ©Sevilla...Gymnopédies

martes, febrero 04, 2020

MI NIÑO CHICO


 “Para escribir hay que sentir…, la pluma es la lengua del alma” Miguel de Cervantes

Llegaste a mi vida en esa madrugada tostada de gélido frío, cuando Valladolid dormía y solo el susurro de un rezo estaba despierto; era tu padre tras una puerta temblando sus manos, y llamando a la suerte para que todo saliera como es debido.

Alguien gritó, ¡Qué niño más hermoso!, pero yo estaba para poca guasa, y en los vahos del sueño me perdí y, cuando desperté, en mi regazo reposaba una bolita de nieve verde que con solo mirarla, despertaba una sensación desconocida hasta ese momento. Me dije “Esto es lo que te han contado, niña. Ya no eres tú si no eres con él. Ya no eres tú si no él. Ya eres madre, ya eres todo”

Mi niño chico, ¡qué feo eras!, pero no cesaba de mirarte, de embrujarme de tu rostro menudo, y sentir todo de todo en un uno imperativo. ¡Al carajo el mundo! Porque mi cosmos estaba en ti, eras tú, únicamente tú…

De aquel entonces, han pasado treinta y una lunas, treinta y un soles, treinta y un años maravillosos, y sigo amándote como entonces, aunque ahora seas un Apolo de luz, equilibrio, bondad, integridad, mi música, mi poesía…, tanto orgullo no cabe más en este corazón trastornado de madre observando a su niño chico.

Fuiste buena gente desde el primer aire que despertó a tus pulmones, desde el instante que fuiste engendrado en el vientre de una madre. Jamás pedías, nunca quejabas, aunque por dentro todo dudaras mientras tus ojos observaban los bajos fondos de este perro mundo y, aún en tu mirada, puedo leer esas preguntas que haces sin palabras.

A tu lado siento de todo y todo bueno. Eres mi bitácora de vida, y mujer plena me veo  cuando acaricio tu larga figura, tu inmensa sombra de hombre maduro que vuela y vuela… con los pies zurcidos a esa tierra que te acuna mientras tú, mi niño chico, escribes la luz de mis días, el destello de tu vida.

M Ángeles Cantalapiedra, escritora
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jueves, enero 16, 2020

BUENOS DÍAS TRISTEZA


Hay tristezas severas que, por tristes, tu corazón se para.
Hay tristezas que, de tanto doler, ya no sientes nada.
Hay tristezas que supuran y nunca se curan.
Hay tristezas que ni el llanto las consuela.
No mueren, te comen y sigues vivo.
Hay tristezas que no permiten consuelo si no es el silencio que las acompaña.
Tristezas mudas, calladas, que no compartes por vergüenza torera.
Amargura, pena, aflicción, desdicha… Pocos sinónimos para esta tristeza que guarda sorpresas en cada recodo del camino y a cuál peor según avanzas.
Tristezas sin consuelo, tristezas de mal presagio, tristeza, al fin y al cabo.
Tristezas donde la esperanza se evapora y la espera es interminable.
Tristezas que se quedan, están ahí y, cuando despiertas, solo puedes decir:
¡Buenos días tristeza!
M Ángeles Cantalapiedra, escritora
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martes, diciembre 03, 2019

MAÑANAS MENUDAS… un trocito de Sevilla…Gymnopédies


Hay mañana menudas de inusual pereza en las que las horas se enganchan a las sábanas. No crees que el tiempo pueda correr si tus ojos no se enredan con la luz de noviembre, nostálgica y huidiza, y sigues ahí tapada con la noche para que el mundo te olvide.
Te estiras, te encoges, y saboreas ese calor que te das tú mismo encima de un colchón.
Pero mientras respiras y sueñas, la vida te está esperando. Está esperando tu aliento, la sonrisa que pones según tomas el primer café, la palabra mimosa que das al día para que sea benigno contigo.
Sin embargo, tú sigues guarecido en la madriguera de unas sábanas de hilo que seguramente bordó tu madre pensando en ti, y que tú odias porque son difíciles de planchar. Aprietas los ojos para ver si no se descose tu último sueño, ése que te hablaba de un mundo mejor, ni tramperos, ni ladrones con corbata. Un mundo de niños con cara de angelotes que sonríen al viento y juegan con la lluvia. Un mundo de pan y cebolla para todos, que nadie se quede sin puchero. Pero un reloj que marca las horas se obstina en llamarte, que abras tus sentidos que la vida te espera.
… Y me levanto sin saber dónde estoy. Una niebla de tierno algodón me va besando según camino, que juguetea enganchada en las ramas de los árboles semidesnudos. Un frío cristalino me acaricia la cara como suele hacer y ser ese frío castellano de inviernos crudos en la meseta y en el páramo.
El aire es tan racial como un lirio perdido; me acuna, me balancea, y va despertando esos sentidos sin sentido que se niegan a ver la cruda realidad… Poco a poco me voy adentrando en mi existencia mientras me susurra que valore lo bueno pues lo hay y lo malo, que es mucho, lo tome, lo estudie, aprenda y siga caminando con una sonrisa cuya simiente está en el alma, y yo he de hacer florecer en esas mañanas que se me antojan bordes y torcidas.

M Ángeles Cantalapiedra, escritora
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sábado, octubre 19, 2019

RAÍCES

Una primavera, hace años, me regalaron una bolsita con unas semillas dentro; ni leí lo que podía resultar de aquello, simplemente, emocionada, hice un agujero en el primer sitio que se me ocurrió, y allí metí las semillas. A los cuatro meses, cual fue mi sorpresa, que en aquel terruño feo, donde nunca nada crecía, comenzaba a emerger de la tierra unos brotes verdes. Sin pensar más, solo llevada por el ánimo de una nueva vida, regué, aboné, y el fruto creció. Su ritmo de desarrollo era espectacular, por lo que el jardinero me avisó que sería conveniente trasplantarlo de allí a otro lugar más saneado y amplio; me negué en rotundo, mi convencimiento de que era el lugar idóneo donde nunca había reinado la belleza, me pudo. Serias advertencias siguieron posteriormente de que había tiempo de replantarlo… Ayer, hubo que matar a mi frondoso árbol. Sus raíces eran tan hondas que hacían daño a todo su entorno, incluido mi hogar.

Lo que acabo de contar es una metáfora de una realidad. Ya no me escondo, ni enmudezco mis letras pensando en el daño colateral que pueden hacer a mis seres queridos, a mi propio trabajo, y a la imagen que pueda estar dando España. Mi tierra es fuerte, sólida, genio y figura a pesar de todos sus dirigentes. No hay un solo país que no tenga algún problema encriptado delante de su poderosa o humilde fachada. España en los últimos 90 años ha sobrellevado a sus espaldas tanto dolor y vergüenza, guerra fratricida, dictadura, ETA, nacionalismo… Y llegamos a La Democracia consensuada por todas las ideologías. Ya lo dijo Ortega y Gasset “El progreso no consiste en aniquilar hoy el ayer sino al revés, en conservar aquella esencia del ayer que tuvo la virtud de crear ese hoy mejor” El destino de todos nosotros vive dentro de nosotros mismos. Solo tenemos que ser valientes para verlo.

No es momento de golpes en el pecho y sí de hablar, dialogar, consensuar. Quitar a tanto lunático del en medio que a lo único que ha colaborado es la más cruel de los sabotajes de violencia.  Sí, vuelvo a hablar de esos miserables salidos de las cloacas más infectas.
"No se ampare en las leyes, no sirven de nada. No hay tribunal que pueda juzgar ni nuestros sentimientos ni nuestra voluntad" Esto es lo que dijo ayer un estudiante; es el caldo de cultivo que se ha estado enseñando durante años en las aulas. Unamuno, hoy tan de moda, dijo “El nacionalismo es la chifladura de exaltados echados a perder por indigestiones de mala historia” Pero esto no quita para tratar de comprender la idiosincrasia real del independentismo. Hay que hacerlo por muchos motivos porque todos los españoles somos UNO: Por esa marea humana que ayer desfiló en paz, por la vida de los catalanes que se sienten españoles y viven atenazados por el miedo a represalias, por España, por una convivencia en paz. Estamos todos metidos en un mismo barco; todos perdemos o ganamos.

Hoy me refugio en las palabras de otros que son verdaderamente sabias Lo que constituye una nación, no es ni el hablar una misma lengua, ni el pertenecer al mismo grupo etnográfico, sino el poseer en común grandes cosas en el pasado, y la voluntad de hacer otras en el futuro” Joseph Ernest Renan 

¡Buen fin de semana!
M Ángeles Cantalapiedra, escritora
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jueves, octubre 10, 2019

OTOÑO


Es otoño, pero te presiento verano. Me lo canta el grillo, me lo cuenta la luna acariciándome en la ventana.
Es otoño, pero, aunque la luz se marchite entre mis dedos, el calor rocía mi cuerpo y mis ojos se pierden en océanos.
Es otoño y mi jardín se viste de hoja seca, sin embargo, en mi alma aún existe el oleaje de una espuma loca.
Es otoño, sí, lo sé, pero mi ánimo es de agosto y, si me apuras, de junio.
Es otoño y mi rosal está en flor.
Es otoño y la chicharra me musita palabras de amor.
Sí, es otoño, pero déjame bañar mi alma al sol, aún no se ha dorado del todo.

M Ángeles Cantalapiedra, escritora
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PD Pido disculpas a quienes se acercan a mis blogs porque los tengo un poco abandonados, pero es que no me dan de sí las horas. Un besazo y muchas gracias por pasaros por mis rincones.

sábado, septiembre 07, 2019

BUENOS DÍAS, SEPTIEMBRE


Apenas unas horas, mis ojos se embelesaban con la mar del color de una tinta. Apenas unas horas, cerraba los párpados para que el sol besara mi piel y el cuerpo se relajara. Apenas unas horas, leía sin el tictac de un puchero ni las manecillas de una lavadora, leía con fruición, con placer. Apenas unas horas, tomaba conciencia de que un viaje no es coleccionar países, sino aire para los poros del alma, aplacar tu ánimo rebelde, tu corazón vestirse de benevolencia y tu mirada, siempre vigilante, emborracharse de otros matices. Apenas unas horas, mi esqueleto flotaba en sal y mi paladar descubría sabores de vinos africanos y Martinis con chispa. Apenas unas horas, y mi ser contemplaba un sol agitarse en el horizonte maquillándose de vainillas, dorados y fresas al decir adiós. Apenas unas horas, mi intelecto engullía arte e historia. Apenas unas horas, fui tan egoísta, que me olvidé de todo para serenar un ego demasiado gastado.
Apenas unas horas y… el viento me ha despertado silbando, agitando telarañas en los setos y bailando con las copas de los árboles.
El cielo se ve arrastrado por ese aire que lleva consigo nubes tortuosas, hilachos de algodón y los requiebros del amanecer.
Parece que quisiera contarme que ya es septiembre y hoy es uno de esos días descolorido mientras las maletas son arrastradas por el jardín camino de su destino. El alborozo se torna pausado igual que las flores que trepan lentamente a su final.
Todo comienza a mutar y el verano que es azul y lavanda, verde en sus bordes y turquesa en el fondo, va desfilando silente en busca de su retiro.
La casa queda muda y sorda, solo las huellas de un perro buscando un tesoro escondido rompe la monotonía del vacío y yo, al otro lado del jardín, me disipo en los recuerdos de un estío viajero, tan intenso en sensaciones como colorido en su trastienda.
A partir de ahora serán los sepias quienes acolchen mis nuevas sensaciones, quienes amortigüen la nostalgia de la luz y del color, de las risas fundidas en bronce y de un eterno amor que, por callado, solo se abriga en mi corazón.
El verano va lentamente difuminándose para desteñirse en un dulce recuerdo.
Pero ahora, ahora sí puedo decir, ¡Buenos días, Septiembre!
Feliz de estar de nuevo con todos vosotros…
M Ángeles Cantalapiedra, escritora
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viernes, julio 05, 2019

LA FUENTECILLA DE MI MADRE


Ayer mi madre se dejaba hacer; la pillé de improviso y nos fuimos a las nubes a dejarnos querer, a colgarnos de una rama y ser mariposas en un jardín atrapado.
El vientecillo jugaba en nuestras ropas y mi madre se estremecía pues, su carne es tan fina, que sus huesos rebotan en su triste realidad. Puse el calor de una sonrisa en su piel encogida y juntas buscamos estrellas a la media tarde de un verano.
Nos sentamos prendidas a un rayo que hacía cosquillas en su boca, tan trémula y perdida, que no pude contener un te quiero silencioso.
Acuné en mis brazos vacíos a esa madre que va y que viene, pero ya no está y que, a veces, se deja atrapar en mi voz de azúcar, en mi llanto mudo.
Entonces, pinté una fuentecilla solo para ella, para sus ojos ciegos, para su corazón dormido… Son tres estanques pulverizados de un sol meloso, y el agua salta y salta de piso en piso. A tus pies crecen hechizos rojos, tu color favorito. No hay peces, solo agua juguetona que repica y repica dando volteretas, Y la agüilla ya no es tal sino estrellas cristalinas en una tarde perezosa.
...Y el sol partió, nosotras, también, no sin antes hechizarme del rostro de una madre al decir adiós a su fuentecilla hermosa.

lunes, julio 01, 2019

UN DOMINGO DE VERANO...

Ayer fue domingo, un domingo de un calor insoportable y mi madre tenía frio. Su piel estaba encogida, sus dientes castañeaban y se refugiaba debajo de una suave pasmina.
- Mamá vámonos al jardín, hoy es nuestro, no hay nadie.
- ¿Cómo vamos a salir, qué dirá la gente? - pero en sus ojillos cada vez más chiquitos vi la complacencia de saltarse las reglas.
Mientras nos encaminábamos al jardín, mi madre iba saludando- lo que nunca hace- a las señoras que bebían agua fresca para hidratarse y nos miraban reprobando nuestra actitud de salir con cuarenta grados. Tanto me molestó que cuando llegué a la puerta que da al jardín, harta de sentir puñales a mis espaldas, ensayé improvisadamente una sonrisa, me volví y con candor más falso que Judas dije “Mi madre tiene frio”
La bofetada de calor que sentí hizo sudar a todo mi cuerpo, pero la piel de mi madre se templaba gradualmente como tímidamente se iba despojando del chal. Nos fuimos a un rincón donde crecen las plantas aromáticas como lavanda, tomillo, romero, menta, albahaca, menta y hierbabuena… Sus ojillos sin ver sonreían de placer pidiéndome que acercara sus dedos para tocarlas, incluso intentó arrancar una hojita de hierbabuena; cuando lo logró se la llevó a la nariz cerrando el gesto con una sonrisa-mi madre jamás sonríe- mientras el aroma la envolvía.
Mi sudor corría alocadamente por mi vestido, pero no me importaba, de verdad, y la pregunté si nos sentábamos a la sombra junto a la fuentecilla. El agua sonaba a cascabel, a paz, aunque no engatusáramos a la palabra; hay momentos que no se necesita mientras el goce del silencio habla por sí solo. Las dos, madre e hija, volvíamos de alguna manera a sentir el viento en nuestros rostros, la ternura en la piel, la lágrima en la mirada de una madre casi ciega, los pies volando, y la sonrisa siempre en nuestra boca. Presentí que la vida volvía por unos instantes a esa madre que se apaga, permanece pese a que modifique su porte, su imagen, pero vuelve de muchas formas y maneras.

Y de pronto, se puso a recordar recuerdos gratos, los mismos de siempre que se resumen en dos ilusiones: sus nietos… Hablaba y hablaba con ganas y yo bebía su rostro iluminado mientras el sonido de la fuentecilla regaba nuestras vidas; ya no sentía el fuego del sol, y sí el calor en alma y el corazón trotar como un potrillo en una tarde de domingo, tan caluroso, que hacía perder la perspectiva de la cruda realidad.

Cuando volvíamos hacia el salón pausadamente, alargando los minutos de un disfrute inesperado, me dijo:
- ¡Qué suerte hemos tenido en la vida, nena! Y tú, haz el favor, de ser fiel a ti misma. La gente a veces somos unos mermados mentales.
Cuando me despedí de ella, acerqué mi nariz a su cuello; olía a lavanda y hierbabuena. Una lluvia de lágrimas refrescó mi piel sudorosa.

¡Feliz semana a todos!
M Ángeles Cantalapiedra
©Largas tardes de azul ©Al otro lado del tiempo ©Mujeres descosidas ©Sevilla...Gymnopédies

sábado, junio 29, 2019

MI QUERIDO LECTOR…


Me gusta escribirte en instantes imprecisos, no catapultar una sensación y guardarla en el cajón, pues un día la extraes y tus letras saben rancias.
Deseo, quiero…, escribirte con la vehemencia de mi carácter, cuando el corazón grita, gime, ríe.
Deseo escribirte cuando me provocas un sentimiento; tal vez sea imperceptible para ti, sin embargo, has logrado abrir el candado de mi corazón.
Anhelo posar mis letras en una hoja en blanco y tejer palabras para ti; en algún rincón de tu vida seré tuya.
Ansío vertebrar sentimientos cuando la vida me habla, me susurra una historia que, a simple vista, no es nada, de mí depende que tenga cuerpo, corazón y vida; una servilleta me vale para anotar una percepción, una imagen…, a ti.
Fantaseo con emociones que se convierten en realidad ante tus ojos. Si es así, habré logrado mi objetivo de atraparte en mis renglones torcidos.
Si una mañana, despierto y la vida no me habla, creo ser presa de la inanición humana por no poder darte ni una triste palabra.
A veces, como ahora, juego a desafiar el tiempo y el olvido, subiéndome a una nube que me ha llevado a 1934 a la República Dominicana, de allí desembarcaré en Sevilla, en los prolegómenos de la guerra civil, para terminar en el Valladolid de siempre, en el de hoy; mi triángulo mestizo. Un proyecto difícil, mucho, un sueño aún por alcanzar, un reto personal, pero en mi ánimo está en dar vida y verosimilitud a una historia y a unos personajes que aún no han nacido, ni siquiera los conozco, están en plena gestación. ¿Lo conseguiré? El tiempo lo dirá… La vida está llena de retos, sueños, y trabas para conseguirlos, pero que sin ellos, la vida no es, y mi espíritu es de intentar subir peldaños cada día con mi trabajo y esfuerzo, con vuestra ayuda, con vuestro ánimo y generosidad.
Mi querido lector, espérame, espérame en cada esquina, saldré a tu encuentro pues sin ti no vivo y…, si no vivo, mis palabras no existen.
Buen fin de semana!!!
M Ángeles Cantalapiedra
©Largas tardes de azul ©Al otro lado del tiempo ©Mujeres descosidas ©Sevilla...Gymnopédies

martes, junio 11, 2019

HISTORIAS DE UN AUTOBUS: TRES HOMBRES EN UNA PARADA


Hay veces que, aunque uno no quieras ver, ves, y otras que, a pesar de tener el corazón dormido, un tintinear de campanillas te despierta dulcemente…

Ocho menos cuarto de la mañana, el día se despereza de la bruma atascado entre coches y claxon desprovistos de sensibilidad. El autobús trepa calle arriba como puede. Su bamboleo arrulla tus últimas neblinas hasta que para en seco.

Un motorista monta en cólera y todo el mundo fuera del bus a ver el lío que se ha desencadenado, menos yo que sigo pegada a la ventana y mis ojos estrellados en tres hombres.
Uno de ellos parece estar en una nube, nada de lo que pasa parece ir con él. Atusa a un caniche. Este le lame la cara y el rostro del hombre rezuma gratitud hacia el animal; presiento que su soledad amaina con ese cariño incondicional. Lo deposita en el suelo y veo que el perrillo va bien abrigado con una especie de abriguito rosa con algo grabado en el lomo. Agudizo la vista y alcanzo a leer “Me llamo Lola”. No he podido reprimir la sonrisa.

Otro de los hombres es bajito, tiene cara de ardilla y nariz de payaso. Está enfundado en un plumas que abulta más que él y la cabeza la lleva tapada por un gorro de lana. Tiembla a pesar de encogerse para repeler el frío. Contemplarle es ir directamente a la ternura, palpar la indefensión.

El tercer hombre parece que perdió la brújula y no sabe si va o viene. Habla solo, enfadado chilla al cielo y se remueve en la parada del autobús como si un séquito de hormigas estuviera recorriendo su cuerpo. Da lástima contemplarlo e incertidumbre comprobar que cualquiera puede terminar como ese pobre hombre.

Los tres se ignoran a pesar de que estén pegados los unos a los otros, no  se necesitan… Tienen sus propios mundos, sus propias cosechas de soledad, carestía, dolor y tristeza. Sí, porque aún siendo tan opuestos, poseen ese denominador común de destierro y melancolía en sus rostros. Perdidos en un asfalto sin otro calor que esperar que pase la vida con el único abrigo de su piel.

… El autobús seguía parado y sin darme cuenta he visto como mi cuerpo se levantaba, salía del autobús y daba un beso a cada uno de esos tres hombres; me han mirado como una lunática.
Después, me he vuelto a subir al bus y he respirado hondo; me sentía francamente bien.