miércoles, septiembre 17, 2014

PRELUDIO

Ayer, a la caída de la tarde, salí a pasear con Frost y me encontré que el atardecer ya no es de paja y heno, sino silencioso y solitario. El perro iba de verja en verja buscando a sus amigos y, mientras yo veía un candado en cada puerta, él gemía por la usencia de sus colegas; no obstante levantaba la pata dejando su huella por si volvían que supieran que había estado allí. Seguimos buceando en las calles y solo el ruido de nuestras pisadas, chascando las hojas muertas, nos acompañó. Un fino aire del norte se cruzó en nuestro camino revolviendo mi pelo pintado del color de los limones, una huella más del sol que vino para no quedarse, y que me hizo sentir aún más las ausencias. Mis ojos, dos cielos entristecidos, se volvieron a mirar las casas vacías convertidas en fantasmas de un verano. Frost movía las orejas, pendientes de mis gestos, esos que son tan importantes para una mascota, siempre ligada a las incertidumbres y alegrías de su amo, pero a pesar de la pena que me producía esa soledad  de abandono, el perro movía su rabo de cerdito valiente, contento de compartir aquella aventura de desamparo y desolación. Así seguimos gateando por toda la urbanización sintiendo a veces el calor de la vida a través de alguna ventana encendida, pero sin abandonarnos ese silencio tan sonoro que da la desaparición del hombre, las voces alborotadas de los niños.
Ya era de noche cuando volvimos a casa, helados y encogidos por esa lluvia que no se deja sentir si no es por la huella que deja en nuestros cuerpos. Después de secarnos, miré por la ventana y allí estaba en el jardín la pérgola para tardes perezosas tan solitaria y abandonada como yo misma me sentía. Me volví par comenzar el ritual de las tardes de invierno, tardes lisas sin esquinas ni dobleces: música, lectura, una copa de vino para acompañar a la penumbra, mágica para la concentración y las letras, no sin antes haber guardado en el cajón de los recuerdos la nostalgia del verano, esa morriña de la cual nos cuesta desprendernos por versátil, multicolor y alegre.

Me acomodé en el sofá con una manta suave de leve olor a limón, que acaricia pero no aísla y, a continuación, Frost se acomodó a mi lado. Sí, ya estábamos ambos preparados para recibir al otoño.

lunes, septiembre 15, 2014

PANORAMA

Un par de días con tormentas eléctricas al caer la tarde; el cielo se arruga, se viste a cachos de negro zaíno y se ilumina de rayas en zigzag. Si miras al horizonte bien puedes ver espesas cortinas de agua caer por algún lugar. Cuando termina este llanto esporádico, la tierra rezuma un olor especial entre fresco, limpio y a ese campo que se va convirtiendo en solitario.
Ya el sol no es el que era apenas hace una semana; juega a tostarte, pero en el fondo es tierno tomillo de estación quebradiza. Aprovechamos sus rayos como si estuviéramos paladeando un racimo de uvas. Un grupo de mujeres minoritario nos sentamos alrededor de él, nos da pena que se vaya, que se termine ese verano frugal que ha sido éste. Entre bromas, risas y chascarrillos, amenizamos estas últimas mañanas en una piscina azul, cristalina y turquesa. Nos embelesa su transparencia, nos enamora su soledad, soledad que aprovechamos para nosotras y disfrutarla con ganas. Sorteamos a ver quién es la primera valiente que se zambulle en sus aguas tan azules que dan frio sólo mirarlas. Después, vamos todas al agua como si fuéramos niñas en sus últimos días de vacaciones. Me gusta este aroma de mañanas sin más sonido que nuestras voces gritando amistad.
Ya nos han amenazado que hoy se dejará de tratar el agua de esta piscina que mis ojos llevan viendo hace más de cuarenta años y, ya, lo que dure el turquesa antes de convertirse en verde empecinado. Y me da pena desprenderme de estas briznas de alegría patrocinadas por un sol amable que aunque no tueste, calienta la camaradería de mujeres que charlan preguntándose “¿Os acordáis cuando España ganaba todo?” “Sí, estábamos en primera línea del futbol, tenis, motos, baloncesto…” “¡Qué grandes nos sentíamos!”… “Ahora caminamos arrugados, buscando alguna hazaña que nos vuelva a unir a todos”… “Ya, si hasta se nos van los agrandes, Don Isidoro, Botín”…”Sí, pues yo ya no compro Cola-Cao, si los catalanes no nos quieren, yo tampoco su Cola-Cao”… “Recuerdo cuando, no sé qué año, se fueron al garete los negocios y tuve que hablar con mis hijos para decirles que se había acabado eso de comprar marcas, y qué bien lo encajaron los chavales”… “Ay, caya, que me acabo de acordar cuando se me perdió el niño en el autobús y no aparecía”… “Ay, Dios mío, y qué hiciste…” “Pues encomendarme a San Antonio, no falla”… Charlas intrascendentes donde se mezclan, como los buenos cocteles, actualidad, recuerdos y maneras de pensar, con buenas formas y sentido del humor.
Pero pronto el otoño se va a llevar las voces de esas mujeres, esas reuniones solitarias a media mañana y el césped, ya húmedo por la época, se quedará tan sólo con la compañía de esa piscina quilométrica, hermosa y de aguas tan verdes, que no verás su fondo has un próximo junio. Las sombrillas desaparecerán, las tumbonas dormirán el invierno en un almacén esperando que un sol vuelva a tostar las charlas de verano.

Sí, me siento nostálgica mientras miro por la ventana si hoy volveré a disfrutar, tal vez el último día, de esa piscina que me vio crecer, que enseñó a mis hijos a nadar y donde catapulté años de mi juventud.

sábado, septiembre 13, 2014

HABLEMOS...

La vida está escrita en clave de gestos, hechos que son los que hablan por sí solos,  porque las palabras dicen, pero no demuestran a no ser que escriban sobre obras consumadas.
A la gente le gusta hablar, hablar sobre lo divino y lo humano. Hablar sin saber, sabiendo lo que se habla, el caso es hablar, formar una inesperada tertulia, charlar entre amigos sobre el acontecer cotidiano, comentar noticias… Y hablando y hablando, a veces  se grita, se critica, se cuchichea, se discute, se dialoga, se balbucea, se confiesa, se niega… Tantos sinónimos tiene el verbo hablar que me  lleva a recordar  a la gente que no habla. Una minoría silenciosa, que calla, que omite. Tal vez goce del arte de escuchar y medite sobre las palabras de los demás. Quizá se muestre insegura sobre sus propias ideas,  que prefiera estar callada antes de decir incongruencias. O haya personas que no las gusta hablar o no tienen nada que decir o aportar.
Ahora, por ejemplo, en los trabajos se hacen reuniones llamadas “Brainstorming” que, traducido al castellano, significa “Tormenta de ideas”. Es divertidísimo, todo gira en torno a un tema y, en grupo, cada uno aporta una idea, una ocurrencia o ingenio para mejorar  sobre el tema en cuestión; diseños o esbozos que aporta cada miembro del grupo y así aportar algo nuevo y positivo al tema central. Ya os digo desde aquí que se dicen verdaderas barbaridades que a veces resultan ocurrentes y graciosas… Resumiendo, esto es otra forma de hablar y no callar.
Quizá este afán frenético del ser humano a hablar es debido a que no soporta la soledad, ese silencio que le confronta con su yo íntimo y personal. O porque la esencia de su persona necesita compartir con los demás; en este caso compartir palabras, ideas, pensamientos… Como hoy yo,  que normalmente no sé estar callada. Es una necesidad de decir bajo  mi lema no escrito aunque sí sentido “Antes muerta que muda”, eso sí, necesito el silencio, la soledad para enfrentarme a mi lluvia de palabras. Claro, como os podréis imaginar, mi conducta irrita muchas veces y me mandan callar, y me dicen que antes de abrir la boca medite hasta trescientas veces lo que voy a soltar… Claro que, también, irrito cuando me quedo callada, escuchando profundamente a los otros, observando sus gestos, interiorizando sus ideas, porque dicen que estoy tomando notas mentalmente para luego escribir sobre ellas; vamos, estar callada para luego seguir hablando de la manera que sea.
El caso que aunque me amonesten, no siento el verbo arrepentirme y sigo por mi senda de palabras afortunadas, palabras huecas, palabras certeras o equivocadas, expresiones inoportunas, o lenguajes a veces demasiado cursilones. Escritos con corazón, escritos rabiosos… Yo qué sé, de todo como en botica.
Sin embargo sí me arrepiento que me quede muchas veces en la puerta de las palabras y no la traspase para convertirlas en hechos, en obras que son las que de verdad hablan de nosotros. Obras positivas, me refiero. Frutos y labores de esas palabras que muchas veces son sólo eso, palabras que se las lleva el viento.

¡Buen fin de semana, amigos!

viernes, septiembre 12, 2014

SIN SALIDA... ¿O SÍ?

No lo entiendo, pero es un hecho, y el que no lo quiera ver es negarse una evidencia... Y creo que mucha gente corriente, como yo, está igual, o piensa parecido, o igual de confundida...

Desde hace bastante tiempo me renegué, me enfadé, hice mi personal boicot porque lo consideraba un robo al pensamiento ajeno, un tergiversar las ideas de los otros en beneficio propio, un beneficio dudoso más allá de ensalzar un ego particular. Sin embargo he de reconocer que tal vez estuviera equivocada, no de pensar en quien indujo a enmarañar y deformar las convicciones ajenas, rotundamente no; hace tiempo que dejé de creer en la honestidad de ese tipo de gente.
Digo que tal vez estuviera equivocada en esa gente que como yo, personas corrientes, normales, hayan llegado a la conclusión de que quieren algo, algo que ven claro, que se han manifestado con rotundidad sin sacar los pies del tiesto; con tranquilidad, con naturalidad, con sencillez.
Y si te manifiestas de esa manera, de alguna forma se debe encontrar una respuesta, una solución legal, a esas personas que quieren ese algo que, el resto, que somos muchos, no entendemos y por lo tanto nos negamos; es más, a la altura de esta película que chirría en mi cabeza, sigo sin comprender, pero insisto que los hechos hablan y, por lo tanto, hay que darles un respuesta, una salida digna a ese numeroso grupo que desea algo.
Quizá este texto mío sea un tanto inteligible; sí, quizá lo sea porque aunque escribo para ordenar el puzle interno en el que se ha convertido este trajín de ideas que ni yo misma entiendo, y que durante mucho tiempo me han puesto dolor de cabeza por no entender lo que los otros querían, hoy, aunque lo sigo sin comprender, admito que mi pensamiento está girando a favor de ellos como ciudadanos que tienen derecho a elegir, y lo que salga de esa elección, acatarlo; es lo bello de la democracia. Sin embargo, hay un pajarillo dentro de mí que también pía poderse manifestar y que, por supuesto, le den derecho a que le consulten.
La evidencia es bastante rotunda me parece a mí, y si el ciudadano catalán quiere que se le consulte si quiere o no formar parte del pueblo español, creo que habrá una triquiñuela legal para que esto se haga. Dilatar esta situación rocambolesca es absurdo porque puede llegar a males mayores, y que algunas masas direccionadas pueden producir devastadoras situaciones. Antes de que se llegue a ese punto, se deben dar salidas rotundas y congruentes. Vamos a ver, si ellos quieren que se les consulte, por qué no se va a poder hacer.
Ahora bien, honestamente creo que al resto de los españoles tenemos el mismo derecho que ellos a que se nos pregunte si queremos o no que Cataluña sea parte de nuestra España plural, histórica,  rica, bilingüe…
Sin duda la ruptura está provocada, como un parto inducido, pero es que ayer el bebé nació y pidió que se le preguntara que papás quería para su vida terrenal… Los políticos, aunque sea por una vez, deben hacer un ejercicio responsable de su cargo, OLVIDARSE DE ELLOS MISMOS A FAVOR DEL PUEBLO QUE LOS ELIGIÓ y solucionar este entuerto que un político sin zapatos un día provocó.


Cada renglón escrito de esta incongruente entrada, no he dejado de pensar en una maravillosa persona que una vez tuve el privilegio de conocer. Se llama Rate, es catalana de los pies a la cabeza y que por dentro corre la señera en forma de V.

miércoles, septiembre 10, 2014

UN HOMBRE CON CARISMA

Hay días como el de hoy en los que me despierto tan dormida,  que se me cae el café que estoy bebiendo y,  aunque comience el ritual despacio, a media luz y encienda el ordenador para leer la prensa, es imposible hilar unas palabras con otras; no sé ni lo que leo y menos entender.
Hasta que una cerilla prende en mi intelecto y la mente se anima a comprender. Pues bien, hoy ni eso. Sin embargo,  ha habido un momento impreciso que sin entender,  mis ojos se han quedado clavados en unas letras, en una foto. Iban y venían de las palabras a la imagen hasta que he notado que una lágrima furtiva ha rodado por mi rostro… Hace poco se murió la madre de mi amiga Pilar, ya no tenía padre, él se fue hace mucho tiempo. Cuando  su marido me llamó para comunicármelo, me sentí dentro del corazón de mi amiga, cómo,  de repente,  se la caía la infancia de su corazón y sus ojos se nublaban de vejez; ya nada de sus raíces ancestrales la quedaba, simplemente ahora ella se convertía en el bastión de su familia, y jamás recuperaría la inocencia escrita,  ya, en letras borrosas.
Pues hoy,  ante esa foto nítida y una frase tajante como devastadora, no sólo me he despertado sino he sentido como mi infancia laboral desaparecía, se evaporaba para siempre…
Comencé a trabajar muy joven, trabajé en todo lo que se me ponía por delante, incluso estudiando la carrera. Todos los trabajos me gustaban, me hacía sentirme libre, independiente, autónoma. Unos eran más serios que otros. Unos más divertidos, algunos más aburridos, pero disfrutaba mucho; era una época dorada que con mirar el periódico, te salían trabajos como setas en otoño… Así transcurrieron los años hasta que un buen día, una mañana de otoño lluvioso en Madrid,  me presenté a una entrevista de trabajo atípica como larga y, a partir de ese día de mil novecientos noventa y dos, comencé mi carrera laboral de verdad.
Mis recuerdos de entonces brotan como lluvia fresca en mi cabeza, plagados de anécdotas, ilusiones, risas, seriedad, aprendizaje a tope, experiencias únicas como la primera vez que me llevó la empresa a Santander a la junta general de accionistas; de verdad que me sentía la reina del mambo. Abría como una niña ingenua e ilusionada los ojos asombrados sin querer perder nada de lo que sucedía a mí alrededor. Mi mente se convirtió en esponja que absorbía todo lo que hacían y decían mis mayores hasta que llegó él a aquel teatro bien engalanado, se subió al atril y comenzó a hablar,  como hablan aquellos que saben decir, que saben de lo que hablan, que intuyen lo que sienten quienes le están escuchando. Sus ojos eran de halcón depredador, su sonrisa de inteligencia sincera y para nada abarrotada de ego… A veces paraba para beber agua y retomaba la palabra con una fina ironía sin dejar de apropiarse de la sabia seriedad que requería el momento; al final de la exposición se cayó breves segundos que los dedicó a mirarnos a todos los presentes mirándonos de una manera especial, entre un padre que mira a sus cachorros y el capo que no admite ni un titubeo… En este momento lo estoy recordando con tal claridad que parece que está sucediendo en este histórico momento.
Al finalizar aquella reunión observé a mis compañeros, incluso a mí misma, y todos estábamos abducidos  por aquel hombre de suaves maneras, impenetrable rostro y de porte elegante hasta la saciedad; en serio, no exagero ni un ápice.
Después de aquella primera vez, llegaron otras y cuánto más le escuchaba, más sentía que él de alguna manera me estaba convirtiendo en una profesional;  insisto, como un padre cuando enseña a sus hijos.
Pasaron los años, yo me fui de allí y tuve la suerte de recalar en otra empresa, no tan poderosa pero sí más familiar, cuya dirección era opuesta a la otra pero en la que me sentí igual de bien que la primera.
Y hoy, cuando el sueño me impedía casar la compresión con el intelecto, de repente, me he  encontrado frente a frente con la foto de aquel hombre poderoso que tanto bien me hizo, y he vuelto a sentirme como el día en que murió la madre de mi amiga Pilar : se me caía a pedacitos la niñez laboral del corazón y mis ojos se nublaban de vejez.
¡Descanse en paz, don Emilio Botín!... El hombre que llevó con orgullo y dignidad "la marca España" a todos los rincones del mundo

PD. He de decir, también,  que gracias a mi amiga Pilar, desde que comencé a trabajar, daba igual el trabajo que fuera, ella siempre me animó… Me decía “Hazlo por las dos, vívelo por las dos”… Y así lo hice, Pilar.

lunes, septiembre 08, 2014

NOCHES TOSTADAS

Tal vez esa noche el grupo de amigos entre velas rojas regadas en Verdejo Valdecuevas, fotos risueñas, y charlas a contraluz mientras la voz de Madeleine Peyroux nos amenizaba con su canto intimista, estábamos cerrando paisajes veraniegos en un otoño ciruela que, sin querer, comienza a precipitarse.
Ya, muy entrada la madrugada, cuando sus voces alegres desaparecieron calle arriba, apagué las luces, y me senté en las escaleras a fumarme el último cigarrillo con el canto de la cigarra. No me molestaba, muy por el contrario, me ayudaba a recordar los momentos vividos, los rostros de unos y otros imbuidos en sonrisas y palabras y, cuando la chicharra enmudecía un aire fino venía a abanicarme despejando las telarañas de la noche. Se respiraba paz a esas horas a pesar del repicar de la carretera alborotada por el trajín de coches que iban y venían buscando las fiestas de la ciudad y sus pueblos. Aún así, la noche era perfecta para indagar en sensaciones, para gozar de las últimas briznas del verano, verano azul y lavanda, verde en sus bordes y turquesa en el fondo…, porque pronto, apenas una semana el aire se teñirá de rosa palo, tonos rojos, rosas viejos y deslucidos, los días aún se acortarán más y mi hogar se teñirá de vivencias terrosas y ocres.
Y allí seguía varada en esa escalera fumando otro cigarrillo mientras la oscuridad muda comenzaba a hablarme de la noche. Entonces miré hacia arriba y encontré un cielo luminoso y empedrado, de chispas como estrellas y de una luna serena como la hora en la que estaba. Nada hacía presagiar lluvia y, sin embargo, mientras me regodeaba en aquella belleza oscura y contemplativa, unas gotas minúsculas vinieron a acompañarme. Eran frescas pero no frías, húmedas pero templadas, mínimas pero las justas para estremecerme en un escalofrío de placer porque la tierra comenzó a rezumar su aroma de agradecimiento y mi olfato se expandió por aquel césped que plantó, hace más de cuarenta años, mi padre.
Di la última calada al cigarrillo, recorrí la oscuridad con ojos embelesados y, entonces, comprendí lo afortunada que soy por este mundo que me rodea dándome treguas para reponer sensibilidades y energía, para agradecer que soy consciente de lo que ocurre a mi alrededor, y soy capaz de leerlo del revés y del derecho y, así, devolver mi sonrisa a todo aquello que me regala ese bienestar que, a veces, es inalcanzable y que, sin embargo, en ese momento en que la noche languidecía, tuve la oportunidad de saborear los últimos estragos de un verano que se va.

Me levanté, y me fui a la cama con las caras de mis amigos cosidas al corazón… ¡Ojala!, el verano nos dé un sorbito más antes de irse otra vez.

viernes, septiembre 05, 2014

SEPTIEMBRE... 19

“Septiembre es frutero, alegre y festero” Refrán

Me gusta escribir septiembre con p intercalada ya que con ella nací y crecí.
Me gusta septiembre porque se abren puertas y ventanas para que un aire nuevo entre en nuestras vidas. Mes de objetivos, buenos principios y propósitos repletos de energía. Mes donde estrenas todo tu mundo porque el sol del verano ha cargado tu alma de fuerza, y tu corazón de sentimientos positivos. Por eso inauguras tus pasos rellenos de ilusión, reencuentras a tus amigos de ciudad a los que dejaste un día para convertirte en dama de mar o ruiseñor de montañas floridas. Les abrazas, te sumerges en sus cálidos abrazos y les miras a los ojos como si al hogar volvieras.
Septiembre está vestido de sandía, melocotón y uva, frutas colmadas de vitamina para el ánimo y confianzas nuevas.
Septiembre es festero por estos pagos de Dios; se celebra la cosecha, se prepara la vendimia, se agasaja a sus Vírgenes y se pueblan las plazas de verbenas. Los fuegos artificiales, sencillos o pomposos, da igual, hacen las delicias de chicos y mayores.
Septiembre, es como decir adiós al verano sacando sus mejores galas, hasta el sol zumbón de grueso melocotón al terminar el día, se despide lentamente hasta mudar en membrillo en las tardes de octubre.
Septiembre es comenzar el curso de nuestras vidas, aprovechar las ocasiones, las segundas oportunidades para relanzar tus horas… Septiembre se pinta de colores hermosos, poco a poco el ocre es salazón y la frambuesa, su condimento.
De ti depende que sea septiembre la puerta a tus campos, esos que has de mimar para que, en barbecho, vuelvan a germinar en primavera.

Para mí este septiembre es especial, es el mes de María, una mujer de una pieza que ha decidido mutar de piel, y no podía haber elegido mejor mes para cambiar los colores de su vida junto a un muchacho que, nada más mirarle, en tu cara se pinta una sonrisa. ¡Ojala!, les vaya bien porque están plagados de esas cosas que tiene la vida, tan buenas, tan satisfactorias, tan esenciales para proseguir el camino y, qué mejor que septiembre, para comenzar su andadura juntos… y seguro que llegarán otros septiembres en los que María y Sergio habrán solventado barrancos y precipicios, lugares sombríos y desiertos, porque el amor, bien condimentado, da segundas, terceras… oportunidades, entonces ellos podrán contemplar con la madurez de esa convivencia cimentada en dar y perdonar, los septiembres mágicos de una vida compartida.

martes, septiembre 02, 2014

CORAZÓN DE CHOCOLATE

Puedes pasarte la vida al lado de una persona y un día pararte a pensar en ella, y darte cuenta de que apenas la conoces. Sin embargo la vida, de vez en cuando, nos regala segundas oportunidades y a mí me la dio, tal vez, el día más triste de mi existencia; me robó a una amiga y me regaló un corazón de chocolate…
Recuerdo aquel día nueve de diciembre llorando sin consuelo posible, revelándome contra todo lo que se me pusiera delante, renegando de la justicia porque sentía que no existía, como no había comprensión posible para entender ciertos mazazos que  nos da la vida gratuitamente.
Huí de aquel tanatorio lúgubre y gris porque necesitaba aire para poder respirar y aceptar lo inevitable cuando, de pronto, alguien me llamó. Me volví pero mis lágrimas me impedían ver con claridad y sólo sentí un enorme abrazo. Unos brazos largos y delgados me envolvieron para darme el calor que me faltaba. Después me atusó el pelo, y comenzó a decirme palabras cargadas de ternura, de una sensibilidad exquisita; el llanto aminoró y pudo mirar a ese ángel que me había consolado. Llevaba años a mi lado, claro que la quería, pero hasta ese momento no me di cuenta de lo que significaba decirla “Te quiero”… Y se lo dije con la mayor gratitud del mundo porque en ese momento me salvó del abismo.
A partir de aquel día mis ojos la vieron de distinta manera, como si se sumergieran al fondo de esa persona y vieran la magnitud de los sentimientos de una chica preciosa por dentro y por fuera.
Su carácter es de chocolate amargo quizá por las inseguridades que la gente joven posee en sus primeros pasos por el mundo adulto, el olor del miedo a fracasar, a no gustar a los demás les impide ser amables con los suyos, revelarse y ser insaciables. Sin embargo si tienes paciencia, su corazón es de chocolate dulce, sensible y tierno. Sus ojos hablan por sí solos al contarte las cosas que la pueden apasionar, incluso ilusionar y sus abrazos no tienen precio.
No es una muchacha dócil, más bien indómita, pero una vez que quitas esa capa, te encuentras un ser maravilloso, bueno, generoso y noble.
Como todo en esta vida has de saber mirar, llevarte el tiempo necesario para valorar a una persona sin prejuicios innecesarios, aunque también me gustaría que ella se mirara con los ojos que la miramos los demás para que se viera tal como es: hermosa tanto en sus suburbios como en sus cumbres, y que fuera capaz de caminar segura de sí misma porque ella lo vale.
Se es joven sólo una vez y no hay que desperdiciar el tiempo en ñoñerías absurdas, en miedos inexistentes mirándose en el espejo de los otros… Mírate Paula a ti misma,mírate con cariño, con condescendencia, y te aseguro que te sentirás orgullosa de ti misma sin la necesidad de la aprobación de los otros. Caminarás por la vida con ese abrazo que una vez me diste que es lo más grande que puedes dar a la vida, a los demás. 

Tu sonrisa traspasa la cámara, en ella se ve tu corazón de chocolate.

domingo, agosto 31, 2014

IDA Y VUELTA

Primero me dijeron las fechas; me puse nerviosa, pero respiré hondo buscando energía y olvidando la emoción que me paralizaba, y luego me zambullí en la ilusión de los preparativos. Limpié cada rincón, me tiré en plancha a la caza de cualquier telaraña, así hasta destruir hasta la última araña que se me resistía como gato panza arriba. Desinfecté los baños, pulí los cristales, aromaticé cajones y armarios, compré tantas flores que más que un jardín, aquello parecía una floristería. En penúltimo lugar, llenamos la despensa, el congelador para dejar para lo último la cocina y cociné y cociné pensando que tendría comida al menos para dos meses. Cuando todo estaba dispuesto me fui al baño a acicalarme, quería que se sintieran orgullosos de mí, y me di cuenta que el perro me miraba despavorido ¡Claro!, no le había bañado. Nos metimos los dos bajo la ducha hasta sacarnos el brillo que ya de por sí ambos ya teníamos y… nos sentamos a esperar en la sombra del porche.
Llegaron escalonadamente, la casa se llenó de voces, risas, juventud… Días de no parar, caer molida de fregar, planchar y volver a cocinar porque la comida había encogido o bocas jóvenes se sumaban a la mesa y no había suficiente. Cansada caía cada noche en la cama, pero llena de satisfacción; merecía la pena.
Y los días fueron corriendo, saltando de nube en nube, volando como la paloma que viene a beber cada tarde a mi fuente: me deleita, me mira y se va. Así hasta antes de ayer que la lluvia juvenil comenzó a disminuir y hoy se acabó.
 De pronto, la casa se ha vuelto silenciosa, moderadamente ordenada. A partir de ahora el tiempo se espaciará, parecerá que las manillas del reloj cuentan dos veces antes de pasar al segundo siguiente. El perro va como un peregrino de habitación en habitación y vuelve con los ojos vacíos de tanto buscar y nada encontrar. Se sienta en la puerta a esperar, al rato gime y viene a mis pies aunque como no le abandona la esperanza y vuelve a la puerta. De vez en cuando oye un ruido, levanta las orejas, pero las vuelve a bajar y yo… se me ha caído la juventud del ánimo y mis ojos se han nublado.

Se acaban de ir mis hijos y ya los echo de menos.

viernes, agosto 29, 2014

¡GUAUU!

Ayer paseé por Valladolid, ciudad sin retorno. Deambulé por ella con los ojos del corazón; a tus raíces no las puedes observar de otra manera para, así, sentir cómo late, quién es.
Cada vez más ciudad, aunque lejana aún al cosmopolitismo de otras ciudades debido a su cepa provinciana. Lo que para unos es motivo de ofensa este término de provincianismo, para mí es un lujo a tener en cuenta. Para los detractores de esta circunscripción, sugiere mentalidad y costumbres poco avanzadas y, sinceramente, creo que no es así. En el mundo global en el que vivimos, donde grandes ciudades tienen recursos suficientes, alternativas fantásticas, las condiciones de vida son un perpetuo anonimato carente de relación humana que, muchas personas, es precisamente lo que buscan: pasar desapercibidos, como si no existieran. En cambio, en una capital de provincias aún puedes tocar, saborear, sus coordenadas identificativas de ciudad manejable, de gentes que caminan despacio sabiendo que llegarán a alguna parte o rincón donde algo les espera. Donde pasear es un rito, como ritual pararse a conversar con un conocido, porque en este tipo de orbes no existe la aséptica comunicación.
En estas ciudades no se puede vivir a espaldas de la sociedad porque eres parte integrante de ellas y, aunque muchas veces sientas en tu nuca los ojos clavados del chismoso de turno, tienen un encanto nada despreciable: tú tienes nombre y apellido, importantísimo para el ser humano, te guste o no.
Ayer paseé por Valladolid sintiendo en el alma muchas ausencias porque el tiempo no perdona y corre a galope, y por tus campiñas costumbristas, en los que enrolaste tu vida, van faltando figuras entrañables y queridas..., y te entra nostalgia de un ayer que no se recupera a no ser en tu memoria, donde los paisajes están anclados en el tiempo y sin ánimo de reconversión.
Ayer deambulé por mi ciudad bebiendo los vientos por ella, saboreando a sus gentes que reposaban tranquilas en su Plaza Mayor. Me perdí por sus callejuelas sintiendo cómo sus gentes imprimen carácter a sus reductos vitales… Se hizo la noche, y la penumbra resalto bellezas ocultas de edificios emblemáticos, de casas que antes no habías mirado y me asombré de su belleza sencilla , sin pretensiones, sólo para ser habitada, vivida con nombre propio, mientras el gorgoteo de voces se iba amainando hasta que el silencio, sólo roto por las campanadas del reloj del ayuntamiento, fue el protagonista indiscutible de una ciudad tranquila, reposada, mirando al futuro pero sin prisas, dejándose llevar por la parsimonia de cada día.

Ayer presentí a Valladolid más bonito que nunca, lo miré con esos ojos que no se paran en amores inútiles y lo que desean es compartir con otros ese hechizo... Porque la vida sin compartir, no es vida, y al final de tu jornada lo importante es que puedas decir al que te acompaña en esas marchas sin rumbo ¡Guau!, qué bien se vive en mi ciudad.

martes, agosto 26, 2014

MUROS DE CONTENCIÓN

Hacía muchos días que no veía amanecer, tantos, que me ha sorprendido a la hora que la luz despierta; a partir de la siete el campo comienza a recrearse en sus propias sombras, cómo si éstas surgieran de la nada. Es un espectáculo digno de ver por la simpleza de su belleza jugando con la magia de la luz… Y el pensamiento me ha llevado de su mano a comparar las figuras oscuras de los árboles a las personas que están pero no se dejan ver. Levantan una barrera infranqueable tan alta que más bien es un muro de contención para que los demás no entren; están, pero es la clandestinidad de su perfil, no más. Son incapaces de abrirse a los demás, y se mantienen en el mundo como meros espectadores. Tal vez  necesiten vivir de las vidas ajenas, respirar sus horas, sus cuitas y, así, construir su particular castillo de naipes en el que vivir su propia historia, ya que la suya no les satisface. O, quizá, sean de los que no soportan la soledad porque es encontrase frente a frente consigo mismos, y no aguantan lo que ven, por lo que viven rodeados de gente sin poder abrir lo que ellos mismos no pueden abrir; es decir, su persona. Preguntan, preguntan y observan… Es una sensación profundamente desagradable, es como si te estuvieran absorbiendo tus propias energías para poder ellos respirar, mantenerse vivos.
Es más, si ves un cambio de actitud en ellas, como si su mundo se desmoronara y fueran incapaces de recoger su yo íntimo y personal, tú que lo ves, no puedes hacer nada por ellas porque a su alrededor han levantado un muro de contención insalvable. Y te sientes ridículo tratando de ayudarlas porque lo único que logras es dar palos a ciegas. Es más, a veces llegan a ti no por el camino más recto y transparente, no, qué va, se acercan arrastrándose para que no las sientas, y te saquen muchas veces información de la manera más rocambolesca o retorcida.
Soy consciente que no siempre se puede ir de frente porque piensas, tal vez equivocadamente, que decir una verdad puede herir la sensibilidad, y lo que haces es decir una verdad a medias… Y al final, nos equivocamos, y hacemos un daño que no deseábamos provocar; la convivencia es complicada, pero nosotros, a veces, la hacemos más.
Pero estas personas herméticas logran dejarme fuera de combate hasta tal punto que me provocan un malestar muy, muy desagradable y me siento una perfecta inútil. Claro que ellas lo pasarán mal al darse cuenta de cómo son, e incapaces de dar la vuelta a su propia situación. Pero los que estamos a su lado, ¡Tela marinera!... Con un amanecer tan hermoso, he derivado en el submundo del ser humano, ese que es tan oscuro como la noche y que te deja para el resto del día con el cuerpo del revés… Y ya dice mi madre “Hija, no pienses que los estropeas”

¡Buen día, chicos!

lunes, agosto 25, 2014

RETRATO DE VIEJO CABALLERO

Esta mañana lo primero que he leído ha sido tu mensaje: parco, desvaído, lacónico. Automáticamente esa sonrisa efervescente que me provoca tu persona salió a la palestra acompañada de la ternura para atusar tus versos tristes, ácidos, sin posible puerta abierta a un cielo misericordioso. Tus letras son esa parte de ti que no deja títere con cabeza que, aunque desplegando la más sublime armonía, reverberan la parte más oscura del ser humano y, sin embargo, adoro tus palabras, tan lejanas a mi optimismo y confianza en la redención del hombre. Las quiero porque he crecido en ellas, porque cualquiera que ose emular a un poeta, un plumilla..., antes debería leerte y, después, seguir por sus estrofas o, por sus renglones torcidos como es mi caso.
Tú escribes tan torcido y retorcido que, al leerte, tengo la sensación de caminar por el horizonte más recto de mi vida y, mientras lo hago, en mi tímpano gargajean tus consejos de perro viejo para que dé reposo a mis letras atropelladas. Pero sabes que no puedo porque temo que se me escapen, y sean pasto del olvido.
Sin embargo, soy experta en sacar lustre al recuerdo de tu figura de viejo caballero sin sombrero, tan dandi como ninguno, y de modales de hombre pasados de moda. Aún me siento en nuestra terraza y tú me retiras la silla para que yo me siente. Esperas pacientemente a que me acomode para tú hacer lo mismo. Mi cigarrillo no espera ni un segundo apagado pues tu encendedor aproxima la llama más viva. Luego, delante del Martini de esas épocas que ya no se reinventan, me sumerjo en tus ojos tan grises, de ese azul que ya no hay, y veo la mirada lacónica y descreída, pícara y encendida desvistiendo a la mujer de curvas ajustadas y, también, la ojeada más benevolente que se puede dar al ser humano. Tus ojos bien merecen un poema, unas letras bien casadas, que canten los misterios más profundos que guarda esa mirada de ayer.
Un año más te recuerdo ese pensamiento loco, loco, en el que repito que si yo hubiera nacido en otros lustros bien sabes que te hubieras quedado con esa chica de Valladolid que tanto odias por ser de provincias de caderas estrechas y pechos desflorados. Sin embargo tu escepticismo y manía persecutoria a ese tipo de mujer, yo te lo hubiera compensado con mi espíritu indómito de eterna inconsciente… Más, me conformo, eternamente agradecida, por haberte encontrado un día cualquiera de hace muchos años y que, desde entonces, camino al lado de tus pasos.

¡Feliz cumpleaños, maestro!, eterno enamorado de la mujer imposible.

domingo, agosto 24, 2014

DÍAS DE VERANO

El verano es como una paleta de colores a cual más vivo, vibrante y alegre, y pienso si a las personas esta estación nos hará mejores, y si nuestro carácter celebrará durante tres meses las jornadas de puertas abiertas, en las que tu espíritu, por esa luz que despierta pronto y se acuesta tarde, por los grados que suben y nos hacen despojarnos de la múltiples capas de cebolla en las que revestimos nuestro yo más intimo y personal, colaborarán a que estemos más receptivos a los demás.
Tu ánimo se llena de olores y sabores que prosperan hasta fundirse dentro de ti y obrar el milagro de  irradiar alegría. Por muy siesa que sea una persona, en esta estación el vinagre en el que a veces se baña el carácter se guarda en la alacena al menos hasta que llegue el otoño.
Cada estación tiene su encanto, su belleza, sin ir más lejos, personalmente me encuentro en mi salsa tanto en otoño como en invierno, pero he de reconocer que el verano me sienta bien, como si mis ojos tragaran la luz y esa luz, más tarde, encendiera el entramado de callejones escritos de memorias de verano que me harán recordar en las largas tardes de invierno las risas de los amigos, las fotos alocadas, las bromas, las copiosas comidas de sobremesas interminables, las confidencias sinceras de espinas que no logras sacar del corazón, y que sin embargo en un día de verano, aunque el dolor está ahí, eres capaz de compartirlo con tu gente, o decir una verdad que no encontrabas el tiempo ni el modo de decir.
Sí, el verano es de colores, rosa, verde, azul, naranja, amarillo… Cada uno encuentra la tonalidad que más se acomoda a su esencia de persona que es. Yo hoy lo he visto: éramos personas dispares, unas azules, otras blancas…, pero todas llenas de luz dispuestas a darse un poquito a los otros.

Tratar de ser feliz es barato, no gratis, porque la felicidad se trabaja, y hay que tener los ojos muy abiertos, el corazón predispuesto, y la mente abierta para recibir y valorar lo que se presenta cada día delante de ti. Y en verano es muy fácil ver pasar la felicidad, aunque sea chiquita, rozar tu persona.

martes, agosto 19, 2014

LOLA

Es una noche desagradable. El viento azuza las ventanas, y las surfinias, plantadas en el mirador, tiritan de tanto vaivén. Tal vez, gracias a ese aire enojado, me haya sentado a pensar en ella, a cómo la he visto hoy vestida de domingo a pesar de ser lunes. Ha ido a la peluquería y ha pintado, sus ojos tristes, de fiesta.
Esta tarde ha salido de paseo, ha cogido su bastón y su bolso y se ha sentado en una terraza; no estaba sola sino rodeada de sus cuatro hijos, sus nueras, y parte de sus nietos. Está más sorda que un tomillo (como se dice en mi tierra al que no oye nada), pero ella trataba de acercarse a ellos para escuchar y, cuando no oía, sus labios risueños sonreían tímidamente. Incluso en algún momento he temido que esas lágrimas que siempre lleva prendidas en el corazón, brotaran en cascada; quizá por felicidad de ver a los suyos tan próximos y, también, por añorar a quien estuvo tanto tiempo a su lado, con el que compartió más penas que alegrías, su fiel compañero hasta el final. Porque no hay día que no le añore, que tenga para él, un recuerdo, un rezo, un suspiro.
Lola en mayo cumplió ochenta años y la sentó fatal cumplirlos. Lola peina muchas canas en el alma, sus achaques la torturan, pero su esencia late como el primer día en que presentí su facha tierna y adorable. Mujer que respira honestidad, cobijo de tantos besos y abrazos. Me gusta mirarla en soledad, en el silencio de esta noche atropellada de puyazos de viento malogrados, recordando ese candor suyo de perpetua inocencia, esa mirada nostálgica esperando siempre algo que no termina de llegar. Me gusta pensarla de lejos, de cerca y de costado, porque la veo como esa virgen dolorosa que aúlla cuando la duele el alma de tanto dolor contenido ya que Lola sufre como ninguna, pero disfruta también recordando, recordando su ayer de chica, de joven, de mujer, de madre. Lola se deleita viviendo la felicidad de otros, y desprende chispas de alegría porque ella es así, igual gime, que llora, que ríe.
Cada vez hay menos mujeres que se llamen Lola, ¡con lo que a mí me gusta ese nombre! Gotea tronío, personalidad, carisma, tan nuestro, tan español. Si hasta Machado escribió un poema para ti, mi Lola, querida. Pero, hoy, esta noche de silencio ventoso, déjame que te diga esta coplilla de Federico García Lorca…
Bajo el naranjo lava
pañales de algodón.
Tiene verdes los ojos
y violeta la voz.
¡Ay, amor,
bajo el naranjo en flor!
El agua de la acequia
iba llena de sol,
en el olivarito
cantaba un gorrión.
¡Ay, amor,
bajo el naranjo en flor!
Luego, cuando la Lola
gaste todo el jabón,
vendrán los torerillos.
¡Ay, amor,
bajo el naranjo en flor!

Ay mi Lola, que creciste grande a mis ojos mientras la vida se te iba entre fogones, hoy te he visto como entonces, cuando de niña me paseabas, ibas vestida de domingo aunque fuera lunes, limpia y aseada, y yo qué orgullo he sentido de ser tu sobrina.

lunes, agosto 18, 2014

HOY

Tengo una tía que quiere que escriba su vida. Cuando me lo dice, la miro sin pestañear porque me gustaría hacerlo, sin embargo no puedo. Como no puedo hacerlo tampoco sobre comunidades en las que habito muchos meses al año y dan para escribir un culebrón si me lo propusiera, pero no puedo. Tal vez porque no sea escritora y esto de encadenar palabras no sea más que un hobby, eso sí, necesario para mi espíritu, pero un entretenimiento, no más. Mis ojos como los oídos son el pulsímetro de las letras, y mientras ellos no enciendan la mecha de la creatividad, mis dedos no pulsan el teclado.
El otro día un amigo osó preguntarme que había de verdad detrás de un relato que había escrito; me quedé callada un instante reflexionando la respuesta, porque es una persona inteligente y no le vale cualquier banalidad. Al rato le miré, sonreí y le contesté que detrás de la cascada de palabras siempre estoy yo, sin embargo, una cosa es el pensamiento, como puede ser lo que ahora escribo y otra muy distinta, una historia. Sin duda, todas las variantes nacen en la realidad porque sin la veracidad de algo, mis dedos no saben funcionar. Unas se quedan ahí, en la verdad de un momento, mientras que otras poco a poco van creciendo en la ficción para diluirse ambas y conformar un buen maridaje camino de verdad y mentira.
No obstante, hay veces que quisiera pintar el sentimiento que me provoca alguna situación en concreto, o si me apuras, una persona, pero no puedo, se me encasquillan las palabras y se me quedan revueltas en el corazón hasta que tiro la toalla y apagó desesperada el ordenador. Pasan días en que mis articulaciones se estancan en el desierto, incapaces de avanzar. Otras, por el contrario, estoy haciendo cualquier cosa y he de parar y anotar, perfilar rápidamente una sensación para que no se me extravíe en la memoria.
Me supongo que escribir algo medianamente decente, o malo, es igual que pintar un lienzo, hacer un guiso, planchar, diseñar…, crear un interior que complazca al que lo realiza, y que sea capaz de dar a su creación, buena o mala, un cuerpo y un alma para que puedan caminar por si sola, y provocar sentimientos en aquel que pose sus ojos, su paladar, su sensibilidad…
Hoya ha amanecido un día de sol encubierto y sin querer os he pintado una acuarela…
Hoy hace viento... Amaneció con el aire fresco cosido a la piel del día y esa nube que vaticina que el estío se aleja.
Hoy arribó una luz lánguida de ésas que despiertan tarde y duermen pronto.
Hoy un torbellino de púas desvergonzadas correteaba por las calles levantando las enaguas a las mozas, despeinando a los muchachos somnolientos.
Hoy sopla un biruji para chaqueta fina y pañuelo al cuello; muy de señoritas de provincia.
Hoy la brisa ha llamado a los árboles para que desnudaran sus ramas y las hojas fueran lluvia de alfombra.

Hoy..., hoy algo ha comenzado a cambiar.

viernes, agosto 15, 2014

INSOMNIO

… El sueño se esfumó de la almohada, y me fui a buscar otros sueños.
Me encontré las burbujas de unas letras desparramadas en una pantalla. Se cruzaron nuestros ojos. Nada nos dijimos, y seguimos cada una con su camino de vientos encajonados en un puerto sin salida, donde el cansancio baila sus aguas turbias, y la desazón busca el reposo del guerrero en una barca sin remos, ni velas que ondeen en el aire, sin embargo mis dedos ya dibujaban las burbujas de una historia…
Un barco está varado, un marinero fuma apoyado en la quilla de su existencia. El humo del cigarro se confunde con la noche, justo  en el punto cuando la nube golpea al cielo y éste no cesa de llorar… Entonces, yo paso por allí  con el despiste que cose mis arrugas más descosidas, y me quedo con él. Nada nos decimos, pero nuestros ojos nos leen que antes de que termine la canícula uno de los dos se habrá evaporado, por lo que el marinero me invita a volar… Sí, ahora le veo, aunque sé que luego será una mera estampa, y sus ojos serán recuerdo, y su aroma se difuminará con la caída de la hoja, y su piel será un espejismo en noches de invierno, por lo que le insto “Dame tu sonrisa para que la acaricie entre mis labios, y pliega tus manos en las mías, así sabré que fuiste real”, y aún más le digo, “La distancia apaga las llamas de la locura, y el estío se tragará lo que fuimos que, aunque sin buscarnos, reconocimos que éramos nosotros” Entonces, el marinero me contesta “Ven…, dentro de un rato, tal vez, serás ceniza de un verano”

Pero, mientras el vaho de un café baila en nuestros semblantes, mi almohada me viene a buscar. Primero con un bostezo, después, con el declive de mis dedos… Tal vez, mañana cuando despierte, crea que mi sueño estuvo cerca de una película con burbujas.

martes, agosto 12, 2014

VERANOS DE CASTILLA

Anoche hubo luna llena. Apareció sin hacer ruido, trepando entre los chopos, dejándose intuir entre las ramas, tan redonda, tan grande, tan amarilla como la yema de un huevo, antes de colgarse de un cielo oscuro cuajado de farolillos. Y, cuando retomó su color natural de blanca paloma, reina y solitaria, comenzaron a cantar los grillos de esas noches castellanas que rezuman aroma a campo recién cortado. La brisa, tímida y suave, roza tu alma sin un quejido para que balancees la esencia de esta tierra que, de sobria, transpira señorío en su propia humidad. Incluso, ese airecillo fresco de chaqueta fina, te acerca el sonido de la verbena  del pueblo de al lado. Orquestas que van y vienen de un pueblo a otro en estos veranos de castilla, trayéndote los éxitos del verano, los sonidos más pachangueros, tronados por la cantante de turno, de caderas sinuosas, embutidas en un vestido dos tallas menos.
Y, mientras el grillo sigue con su cántico tradicional, posado en ese campo lleno de pacas con trocitos de girasoles buscando el sol, encontrando la luna, las callejuelas de los pueblos castellanos se llenan de gentío, los que viven de siempre, de los que vienen a olisquear sus raíces, de forasteros y veraneantes, todos juntos tras las comparsas que agitan a la gente para que salte y cante entretanto llega a una peña a encontrarse con los suyos y beber limonada. Esa limonada de tinto, fruta y canela, tan típica de estas tierras. Harán tiempo para que las talanqueras se sellen, y suelten las vaquillas que recorrerán las calles ensortijadas de arriba abajo, de abajo arriba, una y mil veces, parándose de vez en cuando, y generando chillidos de miedo, valentía para unos pocos que osan ponerse delante de las astas torcidas de un torito mareado, deleite para todos los paisanos. Los viejos del lugar reposan tranquilamente en las puertas de sus casas, en sus sillas de enea, tan viejas como ellos mismos. Otros, sin embargo, disfrutan del momento en sus jardines de verano, delante de una cerveza fresca, o elevando su paladar con un buen tinto de la tierra mientras la charla pausada corre por su verano castellano.

Anoche hubo luna llena, tan hermosa, y azafranada, que llamé a un amigo para decirle que robara a esa luna dorada la esencia de un instante. Miguel hizo lo que pudo, y aquí os la traigo mientras os relato ese verano castellano, que de mar no tiene nada, pero cuyos matices son tan bellos como esas costas que rodean a nuestra España.

domingo, agosto 10, 2014

MI SUR




Me gusta descubrir cuando vuelvo a casa los rescoldos de la playa que se han quedado prendidos en algún rincón  de una bolsa, en el pliegue de un vestido. O cuando me sorprende la arena al abrir mi blog de notas; allí están atrapados los granos finísimos de una arena pálida entre mis hojas de ruta. Entonces la risueña memoria se pone a fundir las sensaciones, a desgranar los momentos vividos, los días de arena, sol y sal.
Notas cómo el sol no sólo te ha calentado los huesos, ha tostado tu piel sino, también, cómo ha abierto las compuertas de tu corazón. El mar ha liberado tu oleaje mental y ha logrado desintoxicar tu carácter.
El recuerdo de esos días llena la vasija del ánimo, el azul se apodera de mis ojos ampliando la perspectiva del horizonte y, así, volver y traer a casa un propósito, que no es otra cosa que mirar con esa luz tan intensa, entre verde, azul y blanca, a mi gente, y transmitirles la alegría que aflora en mis gestos ambles que a veces permanecen catapultados por la desidia, o el desgaste cotidiano.
Me traigo, una vez más, el sur en mi espíritu, ese sur que nivela el norte de mi vida, y que sin él sé que no podría caminar en las horas bajas, regalar una sonrisa, tender un puente cuando alguien te necesita, ofrecer una palabra llena de muchos sentimientos, y no hueca repleta de vacios. Escuchar el duelo de los otros y así aportarles el murmullo de la ola sosegada.
Mi sur es tan azul que a veces deseo ahogarme en él. Sur de mar cálido y espuma transparente, de estrellas caídas del cielo para convertir a la mar en una plata fulgurante…, de playas infinitas mientras la arena suave envuelve tu dicha.
Mi sur está hecho de sombrillas de colores, cometas blancas, desayunos tranquilos de cafelito y mollete, familias con nevera, tertulias a media voz, cerveza fresca, y un ocaso al terminar el día que te fundes en él hasta que el sol desaparece.

El sur me ayuda a construir mis lugares de silencio y reflexión mientras la mirada se pierde en el infinito, y la ola se estrella contra mi cuerpo… Y el sur me da al final de ese viaje que asemeja un suspiro hondo, la transparente claridad de una sonrisa, vital para mirar la vida.

sábado, julio 19, 2014

SI TÚ ME DICES VEN...

Cuando llega verano siempre me acuerdo de Ibiza, Formentera o Menorca;  no sólo por los recuerdos adorables de sus calas, del agua turquesa, de los mercadillos deliciosos, caballos menorquines de una estampa elegante como acorde al paisaje donde han nacido, las risas desenfrenadas con mi amiga Pilar… Pues, además de todo eso, hay algo en la esencia de estas tres islas que me caló tan hondo que cuando llega la época estival mis ojos reproducen con exactitud la luz de sus puestas de sol y sus chiringuitos chill ut en cualquier punta de una cala, en una playa, en una esquina. Velas, farolillos, techumbres de paja, jaimas de vuelos sinuosos sus cortinillas albinas,  sofás blancos, sillones cómodos, mesas bajas, todos los complementos mirando al infinito, a la masa de agua salada que se balancea al ritmo de un sonido de samba, a susurros de agua, una música que te traslada al mejor de los bienestares del ánimo como del espíritu.


Lo añoro, claro que me gustaría volver, pero como lo tengo tan grabado, su recuerdo vivo me traslada allí cada noche de verano que se presenta tranquila, de aire callado y temperatura agradable como la de ayer… Sin darme cuenta, mis manos se ponen a reproducir un chiringuito de luces tenues, asientos cómodos, velas tímidas, un vino fresco y el susurro de una música que invita a la conversación, a la calidez de las voces de los amigos que ponen su sello personal. A veces hablo, pero otras no puedo, la observación de sus rostros me lo impide. Sus caras me hablan de que están a gusto, que he conseguido un objetivo pequeño y sin importancia, pero que en mi espíritu se ve bañado de su placidez, y que el ambiente creado  por la remembranza isleña exhorta a desinhibirse, a sonrisas agradecidas y alegres, a reflexiones sobre temas de lo más variopinto. Y, si al final, cuentas con algún amigo que toque la guitarra, cierro los ojos mientras suena un bolero, una música de película o una canción italiana…, y siento que estoy en una playa de arena menuda mientras el mar balancea mi ánimo más exultante.

viernes, julio 18, 2014

AZUL DESPLOMADO

No me gusta conducir y siempre se me ha dado bastante mal. Pero hay fechas en el calendario en las que no me queda más remedio que coger el volante y echarme al asfalto.
Recuerdo uno de los regalos que más me han gustado en mi vida, tal vez por inesperado como por su utilidad: un dos de agosto, Nuestra Señora de los Ángeles, mi marido me dijo “Vete al aparcamiento”… Y allí estaba un flamante cochecillo azul; brillaba por los cuatro costados, tan pulcro y disimulando sus pequeñas huellas de coche de segunda mano... Sentir ternura por un coche es absurdo, lo sé, pero yo la sentí, quizá fuera por el detallazo de mi marido que sabía que siempre estaba a expensas de unos y otros para moverme del campo a la ciudad, y me quiso regalar independencia o, la simple visión de aquel coche diminuto dispuesto a llevarme  al cielo si hacía falta.
Desde entonces, mis hijos aprendieron a conducir con él y de mayo a octubre es el mejor chofer del mundo. Tan pequeño y útil, parece que, cuando voy a comprar, que se estira y se hace enorme. Además, me gusta porque es un coche sin pretensiones, ni bonito ni feo, simplemente práctico que se amolda  a mis necesidades. Según mi familia, mi coche no sirve para nada, es más, le critican porque si pones el aire acondicionado, el pobre pierde velocidad; me da igual lo que digan porque mi cochecillo, de un azul desplomado por el tiempo, me regala muchos placeres cotidianos. No sólo la independencia y la libertad, es que al caer la tarde igual me puede llevar al chiringuito del pueblo, junto a la rivera del Pisuerga, que me lleva a las casas de mis amigas. Entonces, bajo las ventanillas y el aroma a campo es maravilloso. Él se pone en el carril derecho para no estorbar y vamos juntos saboreando la paz castellana, el colorido de los campos que son amarillos, que son verdes, que son alfombras pastoreando entorno a la ciudad. Mis ojos se zambullen en la luz entrecortada de la última hora de la tarde en la que el cielo se te acerca un poquito más después de un día caluroso, el horizonte también se va estirando ofreciéndote un espectáculo de mullidas frambuesas y azules desteñidos; si me retraso un poco y miro por las ventanillas, las estrellas se cuelan en mi humilde coche hasta la puerta de casa. Le aparco y allí se queda esperando a su ama hasta la próxima aventura.
En fin, pienso al contaros la historia de un utilitario color azul desplomado que, a veces, según tratemos ciertas cosas materiales, éstas cobran vida, belleza, para hacer de nuestras horas  más placenteras y hermosas.

¡Buen fin de semana, amigos!

lunes, julio 07, 2014

VERANO


Es verano aunque no lo parezca. Buscamos el sol con el hambre de un invierno largo, con la luz que nos transforma en seres espontáneos, alegres  y vivarachos. Necesitamos de su calor para que tueste nuestros cuerpos, que relama el frío incrustado en los pliegues que no vemos pero sí sentimos. Descubrimos, pues,  los cuerpos para que el aire se abanique en ellos.
Y luego llega la mar, esa mar desbordante de energía para aplacar nuestros pulmones de la sal que se nos arrebató. Porque cuando la espuma de una ola encrespada te rodea, sientes una extraña magnitud de felicidad, y una arrebatadora libertad revoloteando cual gaviota a tu lado. No es una espuma clandestina, se la nota emerger con el poderío que sólo la mar tiene; entonces, un blanco rayando el albino sacude tu cuerpo, lo zarandea jugando con el niño que llevamos dentro. Miras la ola embelesado, absorbiendo la belleza que el agua encierra, respirando el salitre que sólo te da la mar. Te conviertes en velero surcando tus propias aguas, recorriendo tus múltiples personas, esa que la vida diaria te arrebata.
Espuma del Atlántico, fronteriza con el Dulce y sosegado Mediterráneo, de luz y textura inigualables. El agua se bate así misma, se espolea como nosotros hacemos cuando nadamos a nuestros interiores, generando una sinfonía de vaivenes, altos, y grabes, bravos y leves, en la que tú, sí, tú, te sumerges encontrándote, al fin,  con la persona que se esconde en los dobleces  de tu alma.
El verano es dulce, es vivo y vital y encierra esa magia que da el romper con la monotonía que agobia, con la luz que nos apaga, con la mar que nos da vida.

El mar. La mar.
El mar. ¡Sólo la mar!

¿Por qué me trajiste, padre,
a la ciudad?
¿Por qué me desenterraste
del mar?

En sueños la marejada
me tira del corazón;
se lo quisiera llevar.

Padre, ¿por qué me trajiste
acá?

Gimiendo por ver el mar,
un marinerito en tierra
iza al aire este lamento:
¡Ay mi blusa marinera;
siempre me la inflaba el viento
al divisar la escollera!   Rafael Alberti

viernes, julio 04, 2014

TORMENTA

“Observo el mundo desde mi ventana/ y veo como se nubla la vista al cielo/ tornándose gris y melancólico,/ abstraída con la transformación del paisaje/ dejo mi escrito a un lado y abro el balcón…” Valeria  Valoska
Comíamos plácidamente cuando nos sorprendió una lluvia fina, fresca y agradecida; nada nos hacía sospechar lo que había detrás de esa engañifa, pero no tardó en dar la peor de las caras. De la dulzura a la cólera porque aquella agua era rabiosa que, en medio suspiro, paró y después, un escuadrón de pelotas blancas cayó buscando un campo de golf, tal vez una pista de tenis; el césped se pintó de blanco, igual que la nieve en un diciembre rancio.
La calma volvió, también engañada, pues el cielo se desplomó sobre nosotros. Cortinas infinitas de agua que corrían calle abajo, asustadas de sí mismas, embravecidas de su propia furia.
Del silencio campestre, de brisa suave, chicharras al caer la tarde, se pasó a una enorme orquesta de truenos y trombones, relámpagos, bombos y platillos… Tal vez la naturaleza quisiera dar voz al que no la tiene, quién sabe.
Y, así pasaron cuarenta y ochos horas, tan oscuras, como llorosas, tan insondables como reales.
Pero…  Salió el sol, tímido, dubitativo, temeroso de las nubes glotonas que aún sobrevolaban bajo un cielo zumbón.
A veces una nube juguetona se lo comía pero él, pertinaz, volvía a escapar de sus redes para iluminar con su luz de verano a la tierra molida de agua y granizo.
El verde se ensanchó, el amarillo resplandeció y las ranas croaron entre tanto destello. El rojo del geranio, tan borracho de agua, se estiró. La blanca petunia, titubeante de tanto perdigonazo, fue alisando su frágil cuerpo y el calor pobló aquellos rincones anegados de tanto caudal.
Sí, porque la nube voraz no dejó respiro, ni arco iris reflejar; era ella y nada más que ella. La uva murió en sus manos insistentes, el río, en su huida a ninguna parte, se desbordó pero, al final, el sol salió y pudo con aquel ejército nublado de ira.
El agua volvió a ser el cristal con el que me miro cada vez que despierta un día de sol en un verano loco, loco de atar.

Los pájaros han vuelto a anidar en las copas de mis árboles, cantan mientras pienso, cantan cuando amanece un nuevo día. 

sábado, junio 28, 2014

PRINCIPES Y PRINCESAS DESTEÑIDOS

Hoy me voy de boda y me hace mucha ilusión, hace muchos años que no asisto a una, así que una de las cosas en que mi cabeza ha estado entretenida estos meses ha sido encontrar un atuendo adecuado; después de levantar dolor de cabeza a mis amigas, machacar mis pies por Madrid de tienda en tienda, encontré el modelo. Volví a casa pletórica, pero me duró un par de suspiros porque empecé a dudar, mi eterna duda como para todo, desojando siempre la margarita. Pienso que la imagen es la tarjeta de presentación de nosotros mismos ante los demás; tarjeta que se puede ir al garete, por supuesto, con tu primer gesto, palabra o acción. Pero esto no me da miedo porque me gusta la gente, me encanta escuchar y reír pero, ¿y el atuendo? “Menos es más” retumba en mi cabeza, “Deja que la riqueza esté en esos detalles invisibles y en sus matices, en el poder de lo pequeño y que crezca la magia que encierra dentro de su menudencia”, me sigo diciendo mientras pienso que mis amigas son unas santas que me mantienen siempre los pies en la tierra y me quieren con todas mis luces y sombras… Porque una persona sin un amigo es como si le faltara algo a su ser, ¿verdad? Yo cada vez tengo menos amigos, pero los pocos que tengo crecen y engordan más en mi vida, más rango e importancia tienen. Sin dejar de ser yo misma, sus conductas son un talismán y espejo para mí.
Y pensando en el tesoro que anida en mi vida por la amistad, me acuerdo de los que hoy se casan, dos jóvenes estupendos, guapos y simpáticos pero, ¿ellos sabrán que  los príncipes azules, las princesas de cuento se destiñen en algún momento de su convivencia? Porque es ahí donde entra la otra relación que no es azul ni rosa, sino un príncipe y una princesa descafeinados y el si serán capaces de mantenerse fieles… Los amores lentos, cocinados sin prisas son maravillosos, y certeros, pero hasta esos se deterioran porque la convivencia es dura, muy dura y si se olvida lo qué es perdonar, olvidar, comprender, respetar, aliñado con grandes dosis de buen humor, pues todo se va a tomar viento fresco. Porque hay un momento que la seducción, el sexo, pasan ambos a un segundo término, sin que dejen de tener su perpetua importancia, por supuesto, y crecen el compañerismo, la amistad, la eterna amistad…
¿Serán capaces la gente joven, los que hoy se casan, de mantener todo eso?
En fin, como os iba diciendo, no sé qué atuendo me podré hoy, lo que es seguro que intentaré pasármelo genial y brindaré por los novios para que la llama no se apague y encajen bien el desteñido de sus personas.

¡Buen fin de semana amigos!

viernes, junio 20, 2014

ARQUITECTURA AROMÁTICA

Un día que amanecía pronto con un sol tímido en sus comienzos, deslumbrante poco después, y un muchacho que caminaba tímido hacia su presente más próximo, hacia su futuro más incierto. Caminaba acompañado de don Quijote que le iba susurrando palabras poderosas, tan ricas como es el castellano “El valor de un hombre lo tiene por lo que hace, no por lo que es”…
¡Con qué poco se conforma el pueblo!, tan asfixiado de ausencias y sinsabores… Hasta yo estaba tan contenta y entretenida delante del televisor con la sensación de ser parte integrante de aquel festival colorido y escuchando algunos latigazos de los reporteros a la historia y al diccionario.
¡Qué bonita estaba la ciudad!, tan limpia, tan decorada, luminosa, florida y alegre y, mientras se iban desgranando las palabras del muchacho, palabras cuidadas al milímetro, medidas y pausadas, pensadas y sentidas, me acordé de la gente que no es nadie y, aunque rece por ellos todos los días para que el sol llegue a sus horas, en ese momento me alegré por ellos porque al no ser nadie estarían a salvo de las dentelladas más caninas que sufriría el muchacho que en ese momento estaba haciendo su declaración más íntima y personal de sus principios. Una declaración sonora, honesta y esperanzadora “Todo por y para el pueblo”… Menos mal que a sus cuarenta y ocho años y en el mundo en el que ha vivido hasta ahora (me imagino y espero de todo corazón) que estará curtido de enjambres de mariposas aduladoras, de manos que esconden cuchillos, de lenguas mordaces y asesinas.
Levanté los ojos hacia la pantalla y agudicé la vista para ver con más nitidez a aquel rostro recién estrenado, repleto de emoción contenida y buenas intenciones… Y sin poder controlar mi lengua más audaz que se soltó al vacío, dije “Que Dios te pille confesado, muchacho” Sí, porque aunque tuviera cuarenta y ocho años, parecía un crío mirando de vez en cuando a la tribuna donde posiblemente se encontraría los ojos amorosos de una madre orgullosa de su bien más preciado. Mujer curtida en los aromas más desagradables, en arquitecturas falsas y que, sin embargo, nunca había perdido las formas, ni su educación más exquisita, ni siquiera la sonrisa amable que se enfunda cada vez que sale a la calle… Sin darme cuenta, estaba dentro del corazón de esa madre comprendiendo cada latido.
El muchacho remató sus palabras, vocablos pegados a la realidad más real, y salió de aquel lugar donde las viejas glorias, las nuevas y las que no son ni lo serán jamás por mucho que se empeñen, habían escuchado al muchacho apuesto y mejor preparado de todos los tiempos. En silencio abrazó a su amigo don Quijote y juntos salieron a la calle a conquistar a un pueblo que necesita consenso, entendimiento, conciliación, equilibrio y paz.
Apagué la televisión, sí, estaba emocionada y como nadie me veía exceptuando mi perro, dije alto y bien claro:

¡Viva el Rey, Viva España!

domingo, junio 15, 2014

PRESENTES TORMENTOSOS

Hay días en que uno se despierta con el sabor amargo del fracaso y un naufragio de derrotas viene a configurar la playa de tu presente repleta de cascotes, vestigios ineludibles. Incluso la pereza por plasmar el aire que te rodea se instala en tu ánimo a pesar  de que los pájaros en este verano que no termina de llegar, no dejen de cantar desde el primer rayo de luz.
La envidia, la culpa, el remordimiento, la inseguridad…, compañeros de viaje del ser humano instan a huir de la realidad de cada uno… Y cuando esto pasa, hay paisajes internos anclados en el tiempo sin ánimo de reconversión que animan a introducirte en ellos como salvoconducto de la debacle de tu ánimo.
El mío es… Sus valles silenciosos hablan de recogimiento, de una paz que hoy en día es invendible. La serenidad del amanecer, el pausado viento azuzando el estío entre montañas donde el eco se transmite en kilómetros de verdes prados. Riachuelos de dulce soniquete nazarí. Abetos, árboles con aroma a tierra, nubes enganchadas en cumbres sin borrascas. Lluvia fina y templada que lava las hojas peregrinas como a tu alma ennegrecida no se sabe el porqué. Allí se respira honestidad, y se me llenan los pulmones de credibilidad. Pájaros anidando de árbol en árbol y tú como presente contemplativo… Cuando regreso de ese lugar, presiento ráfagas de lucidez en mi persona, mi fe quebradiza es menos endeble y el sentimiento de saberte pedir perdón, reconocer el daño a ti o a otros y serte capaz de hacer borrón y cuenta nueva y, así, levantarte de tu suelo pantanoso, comenzar a dar nuevos pasos antes de caer nuevamente porque así es la vida.

Es un lugar bonito y tranquilo de mi conciencia donde me refugio cada vez que el sol nace sin luz.