viernes, enero 20, 2017

YO, LA OSCURIDAD Y EL FRÍO

¡Vaya leche que me acabo de dar! Otro esquinazo del pasillo que me he comido. No entiendo el porqué de ponerse chismes a mi paso, ¿no se dan cuenta de lo peligrosa que resulto? El pasillo de la casa de mi madre está lleno de magulladuras mías; el otro día arranqué una jamba en mi estrepitosa caída. ¿Y a mí qué me pasó? Nada, un dedo de la mano negro, una rodilla morada y dolor en el tobillo.
Antes pensaba que la culpa podría ser mía pues mi manía de andar a oscuras siempre me pasaba factura. Hoy no. La culpa es de la minuta de la luz, estoy convencida sino, leed la cabecera de cualquier periódico “La luz en máximos históricos”, y mi cabeza que es premonitoria, comenzó a ahorrar en luz mucho tiempo atrás previendo esta subida.
Bueno, no sé, el caso es que hace un frío que apaga las pestañas. Estoy escribiendo con guantes y el moquillo colgando y llevo unos días con la imaginación apaisada o apagada como la luz para no gastar neuronas. Si es que hasta el humor lo tengo congelado, estoy convencida que si me río se me congelan los dientes o las muelas dependiendo el tamaño de la risa, así que estoy toda apretada en mi yo pero ni por esas entro en calor. Una  flemática interior, aséptica, distante y abúlica, invade mis ríos de tinta convirtiéndolos en carámbanos como el agua de ciertos ríos o fuentes; temo que mueran mis letras por inanición calenturienta y salir en la prensa como el caso del escritor muerto en un fresco y gélido amanecer. En la habitación en la que estoy a las seis de la mañana marcaba 16 grados Fahrenheit; toda la vida mi dormitorio fue llamado La Siberia, ¿lo entendéis, verdad?  No es cosa de ahora sino de la eternidad.

Pa no gastar luz llevo puesto una camiseta térmica, un pijama de franela, una chaqueta, una bata, dos pares de calcetines, dos mantas y los guantes; es que no me puedo mover, puñetas, más bien parezco el gordo de Michelin pero en colorines. Estoy por ponerme un café para calentarme aunque sea un ojo pero para templar tengo que poner microondas y entonces gasto luz… ¿Qué hago?
Al menos os desearé buen fin de semana, eso no gasta luz.

martes, enero 17, 2017

LLANTO

Cuántas veces hemos llorado sin hallar consuelo y, cuando las lágrimas de nuestros ojos se agotaron, siguió la lluvia del alma calando cada pasaje de nuestra tristeza ¡Cuántas veces!
Llorar no sana penas, pero reconforta. Es como dar rienda suelta al nudo ahogado de un sentimiento asfixiado de tanto dolor.
A veces los sollozos son empáticos, se comparte con tu compañero de camino  esa sensación de dar cauce a un sentimiento.
Llorar, llorar convulsionándonos de risa hasta que en nuestros ojos aflora un aguacero alegre de estrellas en forma de agua pura.
Cuántas veces, de pronto, nos encontramos llorando sin saber el porqué de esas lágrimas solitarias que corren silenciosas por nuestro rostro ¡Cuántas veces!
Algunos dicen que llorar es mostrar debilidad. Otros sostienen que es enseñar nuestra sensibilidad… No sé, a mi me sienta bien. Cualquier faceta del llanto me alivia, y despeja cualquier nube que me impida ver o sentir con claridad.

No nos deberíamos avergonzar de nuestro llanto. Es una de las manifestaciones más honestas, sencillas e inocentes del ser humano.

jueves, enero 12, 2017

TU AMIGO ALZHÉIMER

Son tus ojillos achinados de ratoncillo asustado los que me guían por tu sendero extraviado. Ahora son dos niños desmemoriados y desconocidos, Pilar y Antonio, que miran sin entender, que mezclan imágenes de ayer cuando la memoria se instala en la librería y saca el tomo de su infancia, o cuando la ira baña vuestra boca por la impotencia de no ser dueños de vosotros mismos. Cuando volvéis a la realidad miráis vuestras manos repletas de añadas y lágrimas furtivas alimentan la pena.
Aunque déjame decirte Antonio que a pesar de que te despistes muchas veces y dentro de la tristeza que produce esa sensación de que vas dejando de ser tú para ser otro, en tus descabalados caminos eres divertido, enciendes ternuras infinitas, y abres el corazón de cualquiera a la comprensión irracional… Cuando me relatan tus iniciativas, todas naturales, llenas de lógica para ti, tu fiel compañera tiembla al preguntarse dónde irán a parar, si ella será capaz de enderezar tu voluntad desconocida.
Pilar, tú que hablas con la muchacha del calendario, que compartes tu comida con ella,  repartes tertulia muda con una flor inexistente, y clamas por tu niñez, por tus padres y vete tú a saber cuántas cosas más, te has convertido en la tierra que tus hijos guardan para que no se pierdan tus semillas… Cuando tu hija me habla de ti, no puedo poner otra imagen que la de tus hermosos ojos, la belleza de antaño y el recuerdo de tu afán por la limpieza...

Antonio y Pilar, Pilar y Antonio, volvéis a la niñez de aquella remota época, a los laberintos de la ignorancia, para que los vuestros os guíen hasta el mañana porque el mal del olvido se ha instalado en vuestras horas, en ese reloj que no entendéis qué hace ahí, absorto, relegado a que alguien le ponga en funcionamiento.

martes, enero 10, 2017

EPIFANÍA PRIMAVERAL

Hoy ha amanecido despacio, bostezando los primeros rayos rojizos en muchos días en el que el cielo se obstinó en abrir los ojos ahumados de gris.
Al rato, bajé al jardín con mi perro y su trote eran saltos alegres de bienvenida al día, como queriéndole atrapar. Entre las ramas desnudas, aunque repletas de yemas delicadas, se colaba un sol tibio; mirarlo no hacía daño, era aún demasiado benjamín y fue cuando los descubrí… Una aglomeración de pajarillos, inusual en esta época de fríos tan pegados  a la tierra, se arremolinaba en esos ramales desabrigados, expuestos sus esqueletos a la intemperie del crudo invierno. Saltaban haciendo verdaderas acrobacias, extendiendo sus diminutas alas en un vals de silencios compases. No así sus voces que me regaron los tímpanos de una música celestial.
Cerré mis retinas para atrapar aquel momento y que éste corriera por mis sensaciones como una manantial de agua fresca rodando desde la montaña.
Me invadieron dos emociones que mi letra, aunque acostumbrada a trasladar al lector mis percepciones así como a entretenerle, se vio empobrecida por encontrarse limitada a portear aquella paz tan hermosa como la sencilla alegría del momento.

Volví a casa llena de primavera a sabiendas de que los fríos se han vestido de lobos que parecen incapaces de hacer daño a la vida que está por nacer.

sábado, enero 07, 2017

PROPÓSITOS

La áspera realidad lleva llamándome toda la semana y yo haciéndome la loca, negándome al orden y a la rutina, encaramándome en la letra y pensamiento trivial, acogiéndome al cansancio perpetuo que me impide descansar cuerpo y alma y centrarme de una puñetera vez. ¿Es que acaso lo que me espera no me gusta? No lo sé pero mi afán de lucha y riesgo se me declaran en huelga y yo les dejo hacer lo que les viene en gana. Una gripe mal curada ha tenido mucho que ver en mi desidia emocional. Llegó en días en que las personas no hacemos más que abrazarnos, beber y comer, días de buenos deseos y mejores acciones y a la tos, dolor de cabeza y cuerpo trochado, no les deje que incubaran y se fueran. Por el contrario les he arrastrado durante largos días entre grados bajo cero, risas y celebraciones. El resumen es unos ojos que no ven, una cabeza hueca y un cuerpo sin ganas de moverse.
No obstante, la conciencia que es muy persistente, me llama constantemente, tan machacona como esas madres que no dejan de advertir a sus cachorros de que esto es bueno y aquello es malo, así que hoy cuando me he despertado tan despistada como siempre, el pensamiento me estaba esperando junto a la taza de café con una sola frase “Hasta aquí hemos llegado” De verdad he presentido a mi madre como en sus mejores tiempos me daba un repaso que me dejaba del revés. He aguantado el chaparrón resoplando pero he de reconocer que cada reflexión que me ha hecho tenía razón. Debía dejar de marear la perdiz y enfrentarme al orden cotidiano para escribir mis nuevos retos. Aquí no he podido callar y como niña respondona he alzado la voz “Me quedan las rebajas, me chiflan los empujones y revolver entre montañas de jerséis. Además, quiero ser beduina y bailar Paquito el chocolatero en la cabalgata de Triana” Conciencia, sin mediar palabra, me ha lanzado una chuleta en toda la mente como para denunciarla por violencia a una cabeza apaisada.
Cuando he resucitado del chuletón me ha escupido que yo nunca he sido una cobarde y que mi espíritu de Quijote me ha salvado del abismo. Que mi sensibilidad servía para algo más que para bailar La Mayonesa. Que mi cuaderno de apuntes yacía debajo de una pila de ropa sin colocar mientras la novela que estaba escribiendo moría en el olvido. Que mi gente esperaba de mí algo más que una risa boba…
En fin, una bronca en toda regla. He dado un trago al café y me he puesto a deambular por los pasillos de la memoria. En una esquina he encontrado a mi madre retorciéndose las manos de soledad. He atusado su pena y he seguido caminando hasta la puerta del fondo del pasillo y las lágrimas han brotado con una pena descontrolada. No había zapatillas de correr, ni maletas a medio deshacer, un orden vacio chillaba por las cuatro paredes “Ahí te duele amiga”, he escuchado susurrar a mi conciencia mientras mi llanto amainaba.
Me he salido de mi pena para acariciar mis letras olvidadas. Las he mirado de frente. Un diálogo mudo ha surgido entre nosotras mientras un par de ronquidos increpaban mi atención también.
Entonces he levantado los ojos y después de casi un mes de no ver, he mirado con ojos de estar viendo a mi conciencia “Tú ganas”, la he dicho.
Me he dirigido a la cocina, puesto el lavavajillas, hecho dos montañas de ropa por lavar y allí he encontrado mi blog de notas que me ha lanzado una sonrisa de gratitud. Después he descolgado el teléfono “Buenos días mami, ¿qué haces llamándome a estas horas? Te echaba de menos… Estás como una cabra, hija” Después me he ido a la ducha y según iba, un nuevo ronquido ha resoplado en el amanecer. Me he agachado a darle un beso con la ternura disponible, he suspirado hondo y como que una paz ha ido entrado en mis pulmones que me ha sentado la mar de bien.
Si estos son los propósitos para el nuevo año, creo que yo ya he empezado. Ralentizada pero con diminutos pasos firmes… ¿Tú has empezado ya?

PD Me he subido al altillo de la memoria a guardar mi idea de beduina cantando villancicos trianeros hasta la navidad que viene, y he dejado un huequecito para ir de rebajas. Tanta formalidad no me sienta bien.

martes, enero 03, 2017

DESEMBARCO MADRILEÑO

Mi Pepe no lo supera; treinta y un años pa ná, ¡Pobre hombre! Sí, sufre lo indecible y pa ná, porque si el sufrimiento te llevara a buen puerto pues todo gasto es poco si la dicha es grande, pero no es el caso.
Todo empezó hace muchos, muuuchos años, llevábamos casados apenas hora y cuarto minuto cuando me vio bajar de casa de mis padres y me preguntó “¿Qué llevas ahí?” Yo le miré con ojos de enamorá sin estrenar y le contesté “Mis chismes” Primero se quedó catatónico, después se enfadó. Yo le miraba sin comprender mientras pensaba que me la habían dado con queso y mis neuronas jóvenes y frescas me decían “Aún hay tiempo, sin consumación, tú te vuelves por dónde has venido y aquí no ha pasado ná”… Todo aquel pollo por tres maletones sin bolsas ni bolsitas ni bolsos ni bolsitos, sólo vestida de novia y mis tres maletones. Grandes, eran inmensos, no voy a mentir, pero de ahí a sacar el tigre que llevaba dentro y al cual no había tenido el desgarro de conocer, va un abismo. La sangre no llegó al río y el tiempo hizo que fuéramos cogiendo confianza y ya sabe que a veces la confianza da asco.
Claro en aquellos tiempos, me parece la edad del cromañón ahora que lo pienso, uno se conocía a medias, había restricciones de todo tipo y no sabía que mi Pepe era tan austero y él no sabía de mí que era “tan tantarantán” que según pasaron los años el “tan tantarantán” se fue convirtiendo en otras versiones hasta desembocar en la actualidad en una chachichoni…, yo, él sigue tan enjuto y austero. Primero fueron los niños. Traslada sillas, sillitas, biberones, juguetes y juguetitos. Después, mascotas, mascotitas, bolsa y bolsitas, maletas y maletitas. Mi Pepe ya se compraba los coches en función del maletero; si era grande, compraba el coche.  Daba igual, yo llenaba el coche hasta debajo de los asientos; en este punto comenzaron a aparecer las bolsas y bolsitas que se acoplaban a espacios mínimos, y mi Pepe cada vez más y más inflado. Ya no llevaba dentro un tigre sino un tigretón. Yo me hacía la ofendida sorprendida porque no entendía ni entiendo que por veintisiete mil chismes se desquicie y se ponga malo malito penoso.
Pero es que lo de hoy ha sido muy fuerte, creí que me quedaba viuda. No atinaba ni a hablar, sólo decía “No hay lechugas en Madrid que hasta te tienes que llevar lechugas vallisoletanas” “Pues sí, Pepe, las lechugas de mi pueblo son frescas y baratas” ¡Qué viaje me ha dado con las lechugas! Cuánto más se metía con mis lechugas, más se alteraba Vicky, la coneja, que veía peligrar su plato favorito que son las hojas de lechuga. El perro parecía estar en un partido de pimpón mirando a uno y a otro temiendo que se bajara la ventanilla del coche y salieran zumbando él, las lechugas y las bolsas y bolsitas.
Para que no se alterase más, he descargado su coche, su coche de alta gama reconvertido a fragoneta por la chachichoni de su mujer, ¡Qué cara de dolor! Bueno de dolor tampoco, más bien de leche fermentada.
¡Tengo un dolor de riñones al jerez tela! Pero ya todo colocado, mis plantas, mis maletas, maletitas y maletones. Mis huevos, mis tomates, mis bolsas y bolsitas. Mis cuadros y cuadritos, mis reyes y reyecitos, ah, y mis lechugas.

De verdad, ahora que no me lee nadie, no seáis como yo. Estáis a tiempo, lo mío ya no tiene solución más que nada porque no siento arrepentimiento ninguno, y como me quiero mucho, me perdono.

sábado, diciembre 31, 2016

2017

Nada es gratis, 2016 me lo contó y me hizo trabajar en todos ángulos de mi vida, eso sí, acompañada de una buena estrella que me ha guiado los 366 días. Al nuevo año que está por nacer le pido tres sueños: Humildad para encarar el día a día. Humor para sobreponerse en los avatares cotidianos y así iluminar mi vida y la de todos los que me rodean. Justicia para todos aquellos que carecen de ella como esas personas que vagan buscando un terruño que les acoja, por esos niños sin dueño ni calor, sólo rodeados de terror e infortunio. Por esas colas del hambre que se dan en nuestra España…
Los deseos son sueños que si no se trabajan con tesón no se cumplen. Cierto que la buena estrella juegan un papel muy importante, pero nuestro empeño por encontrarla que no falte. Y, si al final, no ha podido ser, una sonrisa y el cariño de un buen amigo que no nos escasee nunca pues ahí hallaremos el calor y el consuelo que hemos perdido.

¡Muchísimas gracias a conocidos y desconocidos! Vamos a por el 2017, mi perro y yo estamos preparados. Un beso muy grande para cada uno de vosotros. Tranquilos, tengo mogollón de besos, nunca se me terminan.

martes, diciembre 27, 2016

DICEN QUE SOY

No entiendo cómo la gente me dice “Tienes una tos de perros” He mirado a mi perro y le he dicho “Tose, Frost”…Perro no ha tosido; ha ladeado la cabeza que es su pose inteligente y se ha largado. Y harta de toser y toser, de lamentarme que me duele todo y nada, me he levantado, he encendido el ordenador y, ¿diréis lo que me ha salido? Un artículo titulado “Cómo ser pesado y no se note”… A mis pulmones les ha debido fascinar pues se han olvidado de toser y se han puesto a leer. Claro, y yo con ellos, somos indivisibles.
¿Algo interesante, productivo? Pues no. El que es pesado, se le siente antes de llegar. Yo misma, hay veces que no me aguanto por mi pesadez pesada, y me meto en la cama a ver si me duermo y me olvido de mí misma. Me levanto más oxigenada, pero cuando cojo carrerilla, vuelta la burra al trigo. Menos mal que soy pesada sólo en días impares, en los nones me dedico a otras actividades un poco más provechosas.
De todas formas, ¿qué es peor, ser pesado, un cenizo, un egocéntrico monocorde, un lastimero a tiempo completo…? El orden de los factores no altera el producto. Es decir, cuando alguien es pesado posee un amplio catálogo para aburrir al personal. Tengo un conocido que solo habla de enfermedades y cuando huelo su persona me desintegro para que no me encuentre. También tuve un espécimen en mi vida “canelita en rama” y ahí no valía ni desintegración ni suicidio. Me lo comía viva o muerta… Era mi jefe, ¡Ayyyyy qué jefe! Diez años juntos, más de nueve horas diarias con sus minutos, segundos y fiestas de guardar. Hay días que sueño que soy un clon suyo y me despierto con los ojos de la niña del Exorcista. Sólo hablaba él y después él, y más tarde él y yo iba sintiendo cómo me iba poseyendo poco a poco y mi voluntad era suya y mis pocos sesos también suyos, toda yo era suya… Mi Pepe, un santo y mis dos peluches asimilaron que su mami era diferente como Spain is diferent.
Pero dejé de ser pesada y fui feliz. Sin embargo, el otro día estaba yo en mi etapa creativa haciendo gala de mis estudios de marketing directo hechos en un curso exprés por internet (con resultados tan nefastos como aquel que os conté de maquillaje, me temo), y llega Peluche y me dice “Mamá, no me lo tomes a mal”…Cuando alguien comienza así, malo, temeros lo peor, pero yo, madre coraje, dejé mis creaciones creadoras y le miré “Mami estás muy pesada con tu novela. Tienes Facebook achicharrado, Instangram…” Aquí calló Peluche, yo creo que para que su madre fuera digiriendo su mensaje. Dio un trago de cerveza, postura inteligente, cosa que yo no hice, porque unos vahos suaves de alcohol a veces suavizan la realidad “Además, mamá, esos eslogan que utilizas son muy malos, las fotos ni te cuento… Yo te lo digo, mami, por tu bien, porque yo te quiero bla, bla, bla…” Volvió a dar un trago a la cerveza y se fue y ahí me quedé yo, su madre, no sé muy bien cómo me quedé, no me dio tiempo pues apareció mi Pepe que, mirando a la pantalla del ordenador, dijo en tono muy alentador “Gordita, ¿de dónde sacas esas ideas tan absurdas?” Y se fue también y yo me quedé con mi creatividad creadora a solas, mirándonos la una a la otra en una intimidad casi conventual. La mente apaisada, ni el perro me hacía “la cobra cabra” como Bisbal a Chenoa, nada.

Me fui a la cama, me desperté, mi tono vital dormido con ojos abiertos, me puse mi cafetito, encendí el ordenador y, ¿diréis lo primero que me sale en la pantalla? Pues un anuncio que decía lo siguiente “Estrategias para vender más libros” Cómo no voy a ser pesada, puñetas, si Google, el Internet de los demonios me incitan… En fin ¡Feliz 2017! Os deseo que la risa se haga un hueco en vuestras vidas

viernes, diciembre 23, 2016

CALLE TAHONAS, NÚMERO 6

…Es una calle, justo al lado de la calle Harinas. En las ciudades, hace muchos años, había zonas en las que los nombres de calles iban asociadas a un gremio específico como los zapateros, carpinteros…, pero eso dejó de existir. Sin embargo se conservan vestigios de aquel entonces.
Tahonas es una calle pequeña, estrecha y fea. Los edificios de antaño de una planta fueron derribados y sustituidos por otros de tres pisos o cuatro. Fachadas sin personalidad, arquitectura de los sesenta que hoy la tacharíamos de minimalista.
Ver esta calle de día sientes que aún es más fea. La luz se cuela en ella y desnuda su perfil, sacando sus hoyuelos más pobres, sus carencias, pero la fealdad tiene dos caras al igual que la belleza, es cuestión de abrir tus cinco sentidos.
A Tahonas siempre llego de noche por calles ensortijadas, igual de estrechas que Tahonas en las que aún persiste la arquitectura popular de un tiempo que fue. Casa de un piso, otras de dos, de balcones pequeños y ventanas chiquitas y enrejadas algunas. Puertas humildes que en verano cuelgan un cortinaje descolorido por el sol castellano. La estrechez desemboca en una plaza igual de chiquita con un frondoso árbol que cobija en su sombra dos bancos. La luz se pinta de huevo y farolillos cosidos a las paredes que, cuando la niebla cae, este pequeño mundo de calles se convierte en letra de un cuento de Dickens.
Tahonas posee once arbolillos de tronco anoréxico y copa graciosa. De su estrecha cintura aún se saca hueco para aparcar coches sin pretensiones.; ni gama alta ni media, simplemente coches.
En el número 6 hay un barecillo, también sin ninguna pretensión de ser lo que no es; un bar de barrio con clientela fija. Eso sí, limpio, impoluta su compostura, con unos caldos fantásticos, una barra colorida de manjares que hacen las delicias de los visitantes. Sus dueños, un matrimonio amable, cariñoso, pero que sabe cuál es su sitio y de ahí no pasa. Me gusta pegar la hebra con Avecinda en su cocina minúscula mientras ella trajina entre cacerolas y yo me bebo un clarete cosechero.
Este barecillo tiene algo curioso: en su puerta hay un banco corrido en el que caben no más de tres personas. Es un banco mágico donde me siento a fumar descubriendo la calle Tahonas. Su silencio es glorioso, relaja la excitación de los sentidos catapultados por el ruido del día. Los cristales de los coches se convierten en espejos; se ve la televisión donde corre un balón sobre un césped verde chillón, y yo me veo en blanco y negro mientras se colorean en ellos unas letras “raB sairA”… Respiro la noche, hago mis balances mientras un cigarrillo se consume. En algún lugar han sonado las campanas; cuento hasta doce toques y me doy cuenta que sentada en ese banco de la calle Tahonas he pasado de día y ya estamos en el 23 de diciembre. Sonrío, cojo el móvil y marco un número. Una voz loca y juvenil me contesta y yo digo “Feliz cumpleaños, feliz navidad, hijo”
Va cayendo la niebla y atrás dejo la calle Tahonas, esa calle que de fea, es hermosa.

¡MUY FELIZ NAVIDAD!

domingo, diciembre 18, 2016

RECORDANDO...


Relato escrito para el taller de recuerdos de la residencia donde vive mi madre...

-¡Por Dios, que no son fechas!- La voz de Loli se escuchaba enérgica y hasta enfadada mientras María agarrotaba sus manos en la puerta de la calle diciendo “Me voy a mi casa” Menos mal que en ese momento pasaba José por allí y trató de disuadir a María de su intento de fuga.
-Mujer no me seas cabezota. Si te vas cuando venga nuestro hijo Jesús, ¿qué le voy a decir?- María mira a José, agacha la cabeza y se sujeta al bastón de José y ambos se van al salón.
-¿Dónde te quieres sentar María?
-Cerca del teléfono, José. Quiero hablar con Jesús.
-Si hoy va a venir, mujer. Luego le cuentas todo lo que quieras, pero ahora está trabajando. Anda, vamos a sentarnos con Goyita- y María se deja llevar por José, siempre lo ha hecho.
María mira hacia todos los lados pues hoy encuentra algo diferente que no sabe qué es.
-José, ¿qué día es hoy?-José la mira con ternura, se para, atusa su pelo blanco y dice…
-Esta noche celebramos que nuestro hijo viene, pero no se lo digas a nadie es sorpresa- María le mira sin entender y se sienta al lado de Goyita que parece triste- ¡Buenos días, Goyita!-dice José con voz cantarina-¿Qué, recordando Goyita?
-¡Hola José! Sí estaba recordando…-y la voz de Goyita se apaga.
-¿Qué es lo que recuerdas, Goyita?-pregunta María intrigada-entonces Goyita levanta la cara y cuenta sus recuerdos…
-Al mirar a ese árbol que ha engalanado Marta, me he acordado cuando yo era muy niña… Recuerdo que no tenía zapatos, eran unas alpargatas que mi madre cosía y cosía, no había dinero para más, pero yo no sentía frio… Recuerdo una navidad que mi madre me llevó a casa de los amos a felicitarles las fiestas. Mi madre antes de entrar me leyó la cartilla “Saluda, no hables si no te hablan. Estate junto a mí, no te muevas, y si te ofrecen algo de comer, coge una sola cosa y la más pequeña”… Recuerdo que entramos en una casa muy grande. Hacía calor, era muy bonita. Agarrada al delantal de mi madre fuimos a una habitación muy pero muy grande y llena de libros hasta el techo, por lo menos. Saludé como me dijo mi madre, pasaron una bandeja llena de dulces y tardé en elegir pues todos eran del mismo tamaño, no veía ninguno pequeño. Cuando lo tuve en mi mano, no lo comí, me lo guardé en el bolsillo del abrigo… Recuerdo que sonreí pero mientras lo hacía, vi algo que me llamó tanto la atención que me fui corriendo para verlo de cerca. Era muy grande, de pared a pared, nunca había visto nada igual… Muñecos muy pequeñitos, ovejas, pescadores, labradores, una inmensa estrella… Estaba tan concentrada que no sentí una mano que se posaba en mi hombro “¿Te gusta Goyita? Es un nacimiento” Entonces volví mis ojos y vi a una mujer muy guapa que me daba un paquete. Miré a mi madre y ésta me hizo señas para que lo cogiera. Me daba pena abrir el paquete pues estaba envuelto en un papel precioso y, además, estaba tan emocionada porque nunca había tenido un regalo… Recuerdo que lo abrí despacio, muy despacio. Descubrí una caja de cartón ¡Tan bonita! En la tapa ponía mi nombre escrito en la letra más preciosa que yo hubiera visto nunca… Recuerdo que abrí la caja ¿Diréis lo que había dentro? Unos zapatos brillantes, nuevos, preciosos y eran miiiiiios... Mi madre me los puso ¡Qué bien se andaba con ellos! Me puse a saltar y una niña se acercó a mí y me preguntó ¿Me puedo poner tus alpargatas rotas? Síii, la contesté y las dos seguimos saltando… Fue el día más bonito de mi vida… Recuerdo que al día siguiente  era navidad. Me levanté y al querer ponerme mis zapatos nuevos vi que lo único que estaba eran mis alpargatas muy bien cosidas como mi madre lo hacía…, entonces comprendí que mis zapatos, el nacimiento, el dulce, habían sido un sueño de una niña pobre como yo…
-¡Qué pena!-dice María
-Pena ninguna-salta Goyita muy orgullosa- En aquellos tiempos a los pobres no se nos permitía ni soñar y yo, María, soñé, tuve el sueño más bonito que un niño de aquellos tiempos podía tener.
…Y Goyita, María y José siguieron hablando, recordando y cuando la noche envolvió de niebla Valladolid, Loli terminó de poner las últimas figuras del Belén. María, José y el niño Dios ya estaban en su lugar y cuando Goyita bajó a cenar, encima de su plato halló un paquete. Lo miró mientras unas lágrimas furtivas se mezclaban con una sonrisa.
-¿No lo abres?-preguntó Rosa la cocinera.
-No, quiero seguir soñando.


sábado, diciembre 17, 2016

HAY DÍAS Y DÍAS

Hay días que me despierto con el miedo cosido a la piel. No sé lo qué temo, pero pensar que he de salir al mundo a lidiar mis horas, agarrota mis huesos y las sensaciones se esconden.
Hay días en que aunque me empeñe en pintar soles sobre mis paredes, no alcanzo a ver la luz.

Hay días en que el reloj de la vida araña a mi ánimo.

Hay días en que me levanto con ganas de no hacer nada, de mandar todo al carajo y quedarme contemplando a la nada.

Hay días en que no encuentro mi camino, me levanto ciega y si no fuera por mis lazarillos blancos, no hallaría mis horas.

Hay días en que la cabeza no responde a los impulsos externos; sólo quiero llorar. Estoy cansada y me siento devaluada como una moneda, pero llegan Chus, Montse, Virginia… mis palomas blancas y recupero mi memoria.

Hay días que me despierto y pienso que todo lo hago mal, que la edad me está facturando la energía consumida.

Hay días que me siento avestruz desplumada, cobarde y pusilánime… Y, sin embargo, la vida me llama a que salga a su encuentro.


Hay días en que necesito una sonrisa, una palabra de ánimo que me invite a bailar las horas con el coraje y el humor suficientes, pero no lo tengo. Entonces surgen como de una nube mis palomas blancas  para decirme con la luz de su mirada ¡Feliz navidad!

lunes, diciembre 12, 2016

INVIERNO

¿Qué ciudad o pueblo no está bonito estos días? Ninguno. El qué más o el que menos se ha engalanado, según sus posibilidades, para recibir las fiestas del año. Unos las aborrecen, otros las engrandecen sacando a su niño chico que llevan guardado en sus entretelas mezclándose los niños que crecen y los niños que fueron. El otro día me paseé por Valladolid recalando en la plaza Mayor y me llamó la atención la amalgama de personajes de distintas edades que admiraban su decoración sacando móviles y haciendo fotos con sonrisa; no encontré ninguna cara indiferente. Incluso en el portal de Belén seguramente muchos lo mirarían por su belleza, no por sus creencias, pero para mí era suficiente pues me transmitía que el ser humano en su diversidad a veces se unen aunque sea en una admiración.
Podría en vez de hablar de estas cosas banales, hablar de las tragedias que se suceden cada medio minuto en la tierra. Cierto, sin embargo estoy convencida que por encima del estiércol siempre nace una planta que nos oxigena y todos, el qué más y el qué menos, necesitamos luz para seguir caminando. El humor español a veces es demasiado cruel, cierto también, pero existe una gracia sana que no se puede remediar.; no han pasado ni treinta segundos y hay un “Meme” circulando por las redes que nos provocan una sonrisa. Yo hay días que me levanto con el pié cambiado deseando que alguien diga para yo morder, pero siempre, siempre, encuentro a alguien con una frase, con una mirada, con un algo que me hace poner, aunque me cueste, el pié en su sitio. El mundo es de todos y en él cabemos todos. Habrá quién nazca para fastidiar, para doler con arrugas anidadas en las comisuras de su alma y habrá quienes a pesar de su lucidez dolorida son capaces de sacar algo bueno. No quiero que con esto que escribo esté diciendo ignorar esas realidades sangrantes, no. Pero conociéndolas, por desgracia muchos viviéndolas, debemos tirar todos del carro como sea, cada uno con sus posibilidades, con su ingenio.
Esta mañana Madrid se levanto de gris, un gris claro envolviendo todo de una ceniza dulce. Me asomé al patio de luces de mi casa, es ancho, con muchas plantas en el entresuelo, con luces amarillentas desdibujando sombras tomando el primer café y me di cuenta que mi patio cotidiano, ese al que me asomo a tender la ropa, a respirar el silencio, a fumar en la ventana mientras mis hijos charlan delante de un vino cada noche, se había convertido en un traga niebla. Sí. La niebla desde el séptimo piso se había colado hasta llegar al suelo diluyendo todo su entorno; fue mágica la sensación.
Sí, pensaréis que soy una ilusionista; puede, pero en eso no quiero cambiar.

Buena semana, amigos!!!

viernes, diciembre 09, 2016

SIN REMEDIO APARENTE

Acabo de terminar un curso acelerado de maquillaje con prácticas incluidas; un desastre.
Lo comencé ilusionada pensando que lo mío tenía fácil arreglo, ¡Qué va! Fue empeorando según fueron avanzando las prácticas hasta la consumación terminal. La novia de Frankenstein a mi lado era mucho más hermosa ¡Y mira que puse empeño!
Todo empezó por mi obsesión por comprarme el Telva, revista que soy fiel desde mi primer curso de carrera universitaria. Me aburría estudiar tanto la Geografía que llegué a quinto con todo aprobado menos la Geografía, ¿qué pasó? Nada, no me quedó más remedio que ponerme a estudiar montes, ríos y aledaños y mientras me entraban en la mollera, me distraía con mi revista de cabecera y eso que no las tendría que ser fiel porque ¡anda que no las he escrito veces! para ver si las podía mandar mi novela y si las gustaba pues la recomendaran en su apartado de lecturas ¿Me habéis contestado vosotros? No, pues ellas tampoco, pero aún así, las sigo siendo fiel. Debo de ser de la última hornada como los últimos de Filipinas; fiel hasta el fin.
Pero a lo que iba…Vi un reportaje de mujeres maduras aunque interesantes y me fascinó ¡Qué ojos, qué bocas, qué pieles! Y por lo que contaban, fácil de conseguir. Yo que para torera no tengo precio, entré al trapo con el primer muletazo, busqué, busqué hasta hallar un curso sencillo y gratis. ¿Cuántas veces vi los videos? Muchas, muchísimas veces hasta que me lo aprendí. Luego me fui a Mercadona y me compré los potingues necesarios; no me cabían en el baño a riesgo de que mi Pepe se diera algo por despiste y se le quedara la cara tiesa. Pero, en fin, estaba decidida a solucionar mi cara más descolgada que un ascensor, así que mi empeño merecía un esfuerzo por dejar de estar descolgada.
El día de mis prácticas, lo recuerdo muy bien, había quedado para cenar con mi amiga Aurora. Solo pensar la cara que iba a poner cuando me viera entrar en el restaurante con treinta y cinco años menos, merecía cualquier esfuerzo.
¡Qué sudores, madre! Claro, al ser de letras y no de ciencias, no tengo muy claro eso del orden de los factores no altera el producto. Me hice un lio, un lio gordo, el caso que terminé casi cuando teníamos que volver de cenar y mi amiga Aurora, para rematar la estocada, me dijo esa noche que tenía mala cara ¡Pero si iba más pintada que Celia Gámez cuando era joven! ¿Cómo me podía decir eso mi amiga? Pues me lo dijo y con cara de preocupación. Me desmoroné pero al día siguiente había olvidado mi desmorone y volví a la carga. Esta vez me dejé la cara como si me hubiera dado cemento armado. Menos mal que esa tarde no tenía que salir de casa, solo me vio mi Pepe que, por cierto, me dijo que estaba muy seria, como triste ¡A ver, si tenía la cara aplastada de tanto potingue, no podía gesticular!
Resumiendo, un desastre. Pero no me amilano, yo sigo haciendo pruebas. La verdad es que voy simplificando y como encuentre un producto de un tres por uno me lo compro; ahí no me voy a equivocar seguro. Todo junto, todo revuelto y ¡Hala con faldas y a la calle!
Os dejo, estoy encantada de contaros mis cosillas, pero es que ha venido Peluche ¡Ya tiene que estar desesperado! A pedirme y aprovechando que sabe que la costura no es lo mío, quiere que le cosa unas zapatillas de deporte. Al principio he mirado el calendario no fuera a ser que ya estuviéramos en el 28 de diciembre, pero al ver que no, le he prestado atención mientras miraba los agujeros de las zapatillas. Le he dejado expresarse, yo muy en papel de madre receptora y cuando ha acabado he sentenciado “Hijo, tíralas” a lo que la criatura ha contestado lastimosa “Mami  es que cuestan 200 leuros”
“200 leuros unas zapatillas y, ¿van y se rompen? Trae hijo que te voy a hacer un apaño que cuando seas abuelo aún no has sacado el pié de la zapatilla”

Buen fin de semana, amigos!!!

domingo, diciembre 04, 2016

HISTORIAS DE MI AUTOBUS, Polvo y chocolate

La realidad supera la ficción. Si a esta verdad irrefutable añadimos que hay días en que me levanto con espíritu justiciero a lo Agustina de Aragón…, la historia está servida.
Ocho de la mañana y montada en mi autobús. Iba enfrascada en un artículo divertidísimo de Pérez Reverte cuando por el rabillo del ojo noté que alguien se sentaba a mi lado, de una cartera sacaba un periódico, y se disponía a perderse tranquilamente en un mar de letras… Pero no habían pasado ni cinco minutos cuando escucho una voz cuyo tono era un desafío “levántese de ahí”
Levanté la vista y encontré a una mujer de mediana edad (versus yo) increpando a mi vecino de asiento. Mi cabeza se preguntaba “¿Qué tiene que ver una mujer con cara de vinagre (pobrecilla, seguro que si no estuviera necesitada de un buen polvo, su cara sería un jardín) y un hombre negro que, por cierto, es guapísimo?”… Polvo empecinada en que Chocolate se levantara del asiento; cada vez más histérica, por momentos más irracional, y el hombre aferrándose a su maletín sin saber qué hacer, y yo deseando volver a los brazos de Reverte… Hasta que aquella situación histriónica me superó y alcé la voz –recordad que Agustina tomó cien cañones por banda.
-¿Por qué no se larga? El caballero llegó antes que usted
-No me da la gana; quiero sentarme. Tengo derechos.
-Pues espérese a que alguien se baje para satisfacer sus derechos.
-Quiero sentarme ahora y este tío se levanta ahora mismo como me llamo Carmen-Chocolate comenzó a levantarse y yo le tiré del brazo para que volviera a sentarse. Polvo le tira del otro brazo y el periódico se va a tomar café encima de la calva de un anciano. El conductor frena y pregunta qué pasa; el pollo estaba guisado.
… Lo que más me fastidia es que, ¿Diréis quien ha terminado subiendo la cuesta andando? Chocolate y yo. No porque nos echaran del bus sino por mi orgullo mal traducido. Muy digna dije a Chocolate:
-Los locos cuánto más lejos, mejor. Vamonos.

… Chocolate me ha dado las gracias y se ha cruzado de acera… ¿Se pensaría que la chiflada era yo?... Me ha dado por pensar en mi marido: feliz, ignorante a las locuras mías que tanto le alteran pero, ¿vosotros no hubierais hecho lo mismo?

viernes, diciembre 02, 2016

SE VA EL CAIMÁN, SE VA PARA BARRANQUILLA

Tengo mucha pena, una penita gorda. Uno de mis niños se independiza y me da una lástima, si es que es un niño, solo tiene una treintena de locuras a sus espaldas y una mente de quince. Mi Pepe me dijo “Ya es hora, hija, ya es hora” ¡Qué rancio es, leches! Cómo se nota que no se jugó el tipo por esa criatura de novecientos gramos sin kilos de por medio como yo. En su mente pragmática me añade “Tú te fuiste a los veintiséis” Yo me callo porque mis interiores dicen “Ojala no me hubiera ido, la gran ciudad nunca fue para mí, me pasó lo mismito que a Paco Martínez Soria”, pero me callo porque muy en el fondo tiene razón. Luego mi Peluche me reflexiona “Mami tengo que aprender a madurar” Y ahí ya no me callo “Hijo yo con la independencia matrimonial desmaduré y desmadré. Me fui con veintiséis y ahora tengo catorce, muy arrugados pero catorce” Luego me arrepiento de haberle hecho esta confesión tan intima porque con estas confesiones lo único que te traen es que nadie te tome enserio como es mi caso.
Pero como la cosa va de verdad verdadera que se larga con sus chismes y los cientos de zapatillas de correr que tiene, me he brindado a hacerle el ajuar. He visto unas sábanas en Almacenes España de amapolas y otras de margaritas ideales; se lo cuento emocionada y me contesta “Mami no se te olvide nunca tu mal gusto. Las quiero negras” Rápidamente llamo a mi madre para hallar consuelo y cuando la narro mi pena negra por unas sábanas negras, mi madre que está sorda ya de por vida y que no quiere ponerse trompetilla porque aún es joven me dice ¿No es un poco oscuro que pintes la casa de negro? Lo bueno del estado de mi madre es que después de media vida más un cuarto discutiendo con ella y ella conmigo, ahora no se entera de qué va la vida. No obstante insisto porque entre el búho en el techo y el negro de las sábanas estoy en un ay. Para que mi madre se centre, hay una palabra mágica. Nuestro perro su palabra fetiche es “Galletita”, pues bien la de mi madre es el nombre de mi Peluche. Ahí saca las parabólicas a relucir y me pregunta sobrexcitada ¿Una novia  de qué color, hija? Ahí la dejo, no me hago con mi madre.
He llorado profusamente por esa penita de perder pollo en edad de crecer, ¿qué va a ser de mí los viernes en los que limpiaba amorosamente su habitación y encontraba por el suelo hasta doce céntimos un día, que rápidamente los metía en la hucha de viajar?… Ahora sin hijo, sin polvo que limpiar ni céntimos para viajar, ni siquiera cotillear en sus chismes. ¡Ojo! Soy madre discretísima, jamás he tocado nada de mis peluches, ha sido el plumero que ya que pasaba el Pisuerga por Valladolid pues…
En fin ya estoy haciendo proyectos para la habitación de mi niño. Primero la subastaré a mi otro Peluche, como ese es muy suyo a la par que agarrado, no pujará por los metros cuadrados libres de dueño, así que no me quedará que pujar yo y quedarme con ella. Eso sí, su cama y sus trofeos se quedarán in memoriam de mi gran Peluche. El resto ya se lo puede llevar o se lo tiro por la ventana.

¡Buen fin de semana!

jueves, diciembre 01, 2016

PEQUEÑAS HORAS, GRANDES DÍAS

Ya he perdido el miedo o el respeto al metro. Hubo un tiempo en mi vida que pasear por el subsuelo arrastrada por gente, subir y bajar escaleras mecánicas, zambullirme en una lata sardinas que era el vagón, tenía que cerrar los ojos para que el aire siguiera entrando en los pulmones, para omitir aquella multitud de rostros sin cara que destripaban mi escasa energía, pero  aquel tiempo pasó como una nube de aguacero en la que resistí el chaparrón y salí con pequeñas muescas en el alma, eso sí, de por vida.
Pero ayer me subí, o me bajé del metro como un pasajero más que navega por la gran ciudad. Iba a una cita, un compromiso. Trato de eludir compromisos si no me gustan, pero este no supe decir que no. Una voz amable me llamó la noche anterior. Un matiz, una expresión, no sé qué fue. El encuentro sería en un emblemático edificio al que le tengo cierta aversión por ser el buque insignia de un grupo social que siempre me ha dado repulsión, antipatía. Un grupúsculo snob y prepotente cuya voz y postura ante la sociedad es de denuncia aunque luego sus hechos, sus obras, vayan por otros derroteros muy distintos a sus denuncias; por eso les rechazo. Siempre creí que la palabra y la obra debían caminar juntas y hacerse ver unidas, acordes. En fin, ha llegado un momento en mi vida que me revelo pacíficamente o sigo mi camino omitiendo posturas que no me gustan. Allá cada cual.
El caso que llegué al lugar y en hora. Me sentía una hormiga observando mi entorno tratando de hacer justicia con mis manías e ideas a veces tan absurdas. Disfruté con los ojos, mucho. La verdad, dejando de lado las ideas, el edificio emana un puntito canalla glamuroso delicioso. Gente conversando al aroma de un café o al frescor de una cerveza; deseé sentarme en una mesita y seguir observando, pero mi cita me esperaba.
Subí al segundo piso ¡Qué cantidad de gente! Se trataba de una puesta en escena para dar a conocer los vinos de la Mancha. La gente allí era muy distinta a la de la planta 0. Hombres de campos de piel quemada por tantas añadas al sol al frío y a la intemperie. Te hablaban de su uva, de sus procesos de elaboración, con tanto cariño, que el amor por las vides y la tierra destilaban por sus voces y maneras. Íbamos de puestecillo en puestecillo haciendo catas. El grupo lo formábamos seis personas. Tres mujeres y tres hombres. En los hombres leí tanta humildad que dije para mis interiores ¡Qué suerte tienes, muñeca! En las mujeres leí madurez y sosiego que me hicieron sentirme en casa, dos madres amparando al polluelo. La madre de mi amigo me hablaba en un lenguaje llano cuya cultura nada menos que era la experiencia. Mi otra madre me contaba los pálpitos que calla para no ser tomada por una chiflada de consecuencias imprecisas. Hacía tiempo que no escuchaba con tanto deleite mientras ingería pequeños sorbos de distintas aguas rubias y diferentes añadas. De vez en cuando un trozo de queso, una anchoa, pan, para empapar tanta agua hecha con esmero. Finalizó aquella cata tan especial con un cava toledano que tuve que admitir con todo el dolor de mi corazón que era mucho mejor que el que elaboramos en mi tierra. Repetí varias veces de la espuma alegre hasta sentir que mis pies volaban alegremente y repartía besos por doquier.
Llegué a casa con “un melocotón considerable”, y en apenas tres horas tenía la segunda cita del día; debía estar presentando la novela de una amiga en la cual yo era la prologuista. La lengua se me rizaba bajo la ducha y mi cabeza había borrado lo que iba a decir aquella tarde. Me desplomé en la cama y me desperté con el tiempo justo; seguía sin acordarme de mis palabras mientras en la cabeza me zumbaba mi frase mítica “Vaya tomate, vaya tomate”
Me volví a zambullir en el metro con la chuleta guardada en el bolso y como último recurso la foto de mi amigo Iñaki en la frente. Era una instantánea simple de dos libros: Sevilla…Gymnopédies y No me callo escrito por una política. A eso añadía la advertencia de mi editor en la que debía  imprimir alegría a mis palabras pues la protagonista la acababan de dar una mala noticia y estaba hundida… Pero de mis palabras, esas que había estado cultivando durante días, ni rastro. Se las llevaron los vinos manchegos ¡Maldita sea mi estampa!
Llegué, la sala muy concurrida. Saludos, sonrisas y al tomate. La primera que hablaba era yo. Delante de mí una botella de agua pidiéndome a gritos “Bébeme” y ojos esperando mis palabras, esas que había perdido.
Pero ocurrió el milagro, ¿cómo? Ni idea. Solo sentí que me desnudaba, Un ropaje de piel y tela cayó al suelo y comencé a decir con una serenidad pasmosa  “Escribir es la manera más hermosa de entender y leer la vida. Los escritores somos una raza extraña navegando en una nube de sueños disfrutando el privilegio de hacer felices, de acompañar a los lectores….Bla, bla, bla…”

A una hora imprecisa me estiré entre las sábanas de hilo que una vez bordó mi madre. Su frescura, su aroma, me ayudaron a recordar la intensidad del día en cada recoveco vivido en esas pequeñas horas dilatadas por un gran día como una mariposa de alas largas de colores vivos. Lo último que recuerdo es la voz de mi hijo mayor contándome que en su casa pondrá un búho en el techo. Menos mal que cuando me he despertado y he mirado al techo, yo no tenía un búho porque de tanto seguir a mis hijos soy capaz de comprarme yo otro y eso sería ¡Muy tomate!

jueves, noviembre 24, 2016

AZUL

Hoy ha amanecido azul, de azul tibio e invernal pero igualmente alegre.
 Hoy no hay tropezones de gris, se han ido a las montañas a pintarlas de blanco.
Me asomo por la ventana y veo caminar a la gente con otro brío por esos rayos desapasionados que caen sobre la ciudad mientras los parques, los jardines, invernean desnudos de hoja y flor.
Quiero ver en mi memoria los campos yermos, taciturnos de vida, cuya única música es el silbato del aire. Las espadañas  esperando turbadas que lleguen Maitines a las cuatro treinta de la madrugada, Laudes a las siete, Tercia a las nueve, Sexta a las doce, Vísperas a las seis treinta de la tarde, y Completas antes de dormir. Sí, los conventos de ciudad y de campo vuelan sus campanas en esos momentos del día.
Espadañas espigadas de sonido y cobijo de cigüeña, ¡Son tan hermosas! en medio de la llanura vacía. Semejan  jirafas oteando estaciones.

Pero a lo que iba que me pierdo entre montañas y aromas de leña…Después de días en que nubes glotonas comieron el azul más brioso, regando calles y almas, hoy amaneció de azul para pintar nuestro cuerpos de luz.

miércoles, noviembre 23, 2016

MADRE


Madre, déjame que te seque los ojos; por tu cara ruedan estrellas penitentes, apagadas como cirios, mustias cual flores marchitas.
Están temblando tus manos… Lo sé, es el requiebro de las sombras que las apenan.
Ahí sentada, con la vista perdida, das lástima hasta tu propia pena. Lo intuyo, no hay nadie que te escuche si no es el eco de la ausencia.
Estás esperando a que la nada te diluya. Y tarda tanto…

Desde esta mañana sientes miedo y aún es de día. ¿Qué pasará esta noche cuando el ruido del mundo calle y la oscuridad se ciña a tu cintura? Tu corazón aún tiritará más porque las tinieblas son como la muerte; apagan todo.

Madre, no me ves, no me sientes…, pero estoy a tu lado.

domingo, noviembre 20, 2016

LULÚ

Abrí los ojos. Una gasa blanquecina difuminaba la visión; los volví a cerrar. No era sueño lo que me impedía abrir de nuevo los ojos, era algo más que no acertaba a definir. Sin fuerzas, me dejé arrastrar por aquella extraña desidia y somnolienta pereza. Por algún lugar entraba una luz clara, suave, tenue, que se filtraba debajo de mis párpados sin molestarme, pero me seguía fallando la energía, como si los fusibles del ánimo se hubieran fundido en una debilidad y  un apocamiento dentro de mi cuerpo e impidieran cualquier movimiento.
Me dejé llevar, no sé cuánto tiempo más hasta que fui capaz de levantar los párpados. Comprobé que la gasa inicial en mis ojos se había evaporado. Sin mover la cabeza, desplomada en la almohada, el campo visual era muy reducido. Apenas una pared pintada de rosa; no pude mover más los ojos pues la cabeza me pesaba un quintal.
Sí, eso fue, el peso de la cabeza inundaba mis sienes de un martilleo sincronizado, constante. Empecé a comprender que todo mi mal derivaba de la cabeza. Nada de lo que intentara serviría. Era mejor seguir así, lastrado en un jergón donde se hundía mi cuerpo de goma. Cerré por enésima vez los ojos, comenzaban a pesarme también. Unos segundos más y los volví a abrir. Se estrellaron en el suelo y allí estaba ella, Lulú.
La encontré bocarriba, desfallecida, con los brazos en cruz y su piel tostada palidecida. Sus ojos estaban clavados en el techo, sin vida, desdibujados. Me dio por pensar en los límites de un pensamiento reducido a escombros que Lulú había desfallecido de un orgasmo sensorial. Sus pechos, lívidas montañas, permanecían pronunciadas en su abdomen. Sus caderas, taponadas de tela adivinándose su cintura de avispa. Esa falta de decoro en su impostura me hacía desdeñar su carácter libidinoso; yo no tenía cuerpo en ese momento. No obstante, con un brazo traté de amarrarla, pero un martillazo en mi cabeza me hizo perder el sentido. Menos mal que cuando desperté, al buscar con avidez a Lulú, seguía allí en su abandono tan cadencioso como erótico tirada en la alfombra. Volví a alargar mi brazo y mi mano se convirtió en tenaza agarrando su falda, pero al sujetarla, descubrí que su ropa cubría a Marilú; el descubrimiento me dejó de piedra.
Traté, traté infructuosamente de recordar, pero en mi cabeza seguía en estado de yunque y los golpes en mis sienes me restaban consistencia. Miré a Marilú, su piel era puro azabache, sus ojos, idílicos paisajes caribeños, tan frondosas sus pestañas como verdes sus pupilas. Me miraba desafiante, esperando algo de mí que yo no supe darla.
Me volví a dormir, esta vez la verdad no sé cuánto tiempo, pues cuando desperté, adiviné la misma luz que se tamizaba por mi flequillo, un haz grisáceo, dulce, penetrante… Giré la vista y encontré en el suelo a Marilú con la misma provocadora mirada. Sin advertirle, sin que adivinara ella nada de mí, agarré su cuerpo, el de Lulú también, y los guardé debajo de mi cuerpo. Nos olvidamos los tres que ahí fuera podía existir un mundo paralelo.

-¡Javier, Javier, despierta! Son más de las ocho. No llegas a trabajar.

He abierto los ojos, me he precipitado al vacio ¡Qué resaca, madre mía! Al levantarme, he notado un bulto bajo el cuerpo. He mirado y he encontrado a Lulú y Marilú ¡Ños, qué desastre soy! Se me había olvidado dar la muñeca que traje a mi madre de Cuba.

viernes, noviembre 18, 2016

PALABRAS PARA TI

Hoy no vi luz en tu sonrisa.
Tu rostro permanecía aprisionado en pesares.

Quise acercarme al barco de tus días solitarios, acariciar las penas que ensombrecían el carácter de lavanda que siempre te acompaña.
Bastó una mirada fugaz para comprender lo inalterable de tu melancolía mezclada en rojos, ocres y marrones y, de pronto, me ha venido a la boca el sabor de nuestras añadas compartidas…

He oído el canto del grillo y el silencio de nuestras pisadas desde aquel verano de sol, encinas y libros rotos.

Amiga, recapitulo en mi cuaderno de vida y leo que cuando el sol se acuesta y el viento del norte sopla sobre mis acantilados nocturnos, tú ahí estás como el faro guía en un mar de tormenta.
Tu estampa incandescente fortalece a mi corazón entorpecido por el caos diario.
Tu presencia es el remanso donde deposito las palabras que salen a borbotones.
Me recuerdas quién soy sin velos difuminados…

Amiga, juntas robamos tiempo al aire para respirar el polvo del camino y compartir hazañas castigadas, aunar fuerzas para seguir.
Eres el puerto donde anclan mis lágrimas de hiel y sonrisas de luna.
A menudo navego por otras aguas, pero cuando vuelvo ahí estás, serena tu persona y mano tendida para amarrar tempestades.
Entonces, el sol calienta nuestra tierra y el sudor cae como un ángelus sobre nuestras almas.

Hoy, ante la ausencia de tu sonrisa, te recuerdo que el mar zozobra tus horas, pero jamás hiere la esencia de tu salitre, fachada marítima y costa salpicada de playas de finísima arena… Así eres tú, amiga.

Hogaño eres gaviota herida, de alas cortadas; toma las mías y vuela a tus amaneceres perdidos.

martes, noviembre 15, 2016

¡MUEVE EL CULO!

Unas cosas llevan a otras. Un pensamiento recala en otro. Total, un buen día nos damos cuenta que somos el fruto de una cadena. Una cadena que vamos construyendo nosotros. Unas veces a velocidad de crucero. Otras, con ansia y una prisa que tragas sensaciones sin haberlas masticado. Muchas, pasan desapercibidas. Sin embargo soy de los que opina que la vida nos da alguna oportunidad más para enmendar nuestros despistes, errores, meteduras de pata, nuestra desidia y olvidos. Y ahí es cuando damos el Do de pecho. Quizá no arregles nada, incluso lo estropees más. A mí me nace una sensación muy romántica, tan apasionada y novelera que no me puedo desgajar de ella. Muy por el contrario, caigo seducida en sus redes.
Y caigo porque mi vehemencia me lleva a equivocarme tantas veces que me paso media vida perdonándome y tratando de reconstruir mis pasos y cada nueva luz que llega pienso que el nuevo día me brindará esa oportunidad que desperdicié.
¡Cuántas veces me he ido a la cama con los pensamientos rotos!, y cuando he despertado he recogido los pedazos poniéndome a reconstruirlos. Otras los he guardado en el cajón de la memoria para mejor ocasión; todo menos rendirse.
El otro día estuve con mi editor, no le encontré acelerado como es su costumbre por las montañas de asuntos pendientes. Me quejé suavemente de ser una don nadie en el panorama literario, lo mucho que me había espachurrado la sesera en darme a conocer y que ninguna puerta se me había abierto. Incluso había estado machaconamente en las librerías para que expusieran mi novela Sevilla…Gymnopédies en los escaparates…Habían preferido a Carmen Posadas; lo comprendo, es más, es lógico, las habichuelas se las va a dar Carmen Posada no Mª Ángeles Cantalapiedra. Seguí hablando sobre mis descontentos, demandas y lamentos de manera tranquila y pausada pero llegó un momento que me di asco de tanta ñoñería por mi parte “El que mucho se queja, termina siendo odiado y apartado”, me dije. Resoplé, me levanté y me fui a la calle y ahí quedó la cosa.
Llegué a casa y me puse a hacer un video publicitario casero. Mi prima Blanca me dijo que muy mono pero que las letras no se veían un carajo. Tenía toda la razón. Desanimada me fui a la cama.
Pero ayer alguien habló de la navidad, esa estación de quince días que cada vez la odia más gente por generar desencuentros, gastos inútiles ¡Y qué narices!, porque ya no se cree en ella.
Como siempre yo nadando a contracorriente ¡Me encanta la navidad!, veo en ella tantas posibilidades y positivas que me niego a renunciar a ella, ¡allá cada cual!, más desde que cayó delante de mis ojos el anuncio de la lotería de navidad de este año… Mi cabeza alocada una vez más registraba los Input/output de las posibilidades macroeconómicas de mi novela “Sevilla…Gymnopédies” mientras que mi yo “Rendirse jamás del peluquín” se espachurraba en hacerse notar para que  la gente tenga en cuenta mi novela, la conozca, la done a un amigo, a una tía abuela, a su vecina…,yo qué sé.
Y me puse manos a la obra con el mismo frenesí e ilusión que cuando saco a la niña que llevo dentro.
“El no ya lo tienes, pero no te rindas” Este es mi nuevo lema. Ahora tal vez no escriba mucho por estar inmersa en mi nuevo proyecto de sacar cada día un eslogan; he leído mucho estos días sobre el impacto emocional, probaré si he aprendido algo.
“Jamás te rindas” Seguro que hay una segunda oportunidad esperándote. 
¡Mueve el culo!

lunes, noviembre 14, 2016

ÚLTIMAS ROSAS DE MI JARDÍN

Las últimas rosas de mi jardín… Pronto creceréis solas y abandonadas por el olvido, pero hoy me deleito de vosotras en el sol de media tarde, ese que cae dorado, tierno y diciendo adiós a las horas. Sois rosas maltrechas, maltratadas por calores desmesurados, pero los grados templaron y lleváis semanas de esponjoso colorido. Rojas, amarillas y anaranjadas. De capullo pasáis a pétalos de terciopelo y, antes de iros, os arrugáis con la gracia de quien se sabe hermoso. ¡Ay mi jardín!, desde chiquita he crecido a tus pechos, detrás de algún roble más de una lágrima he escondido, y por tu césped han rodado las risas de hijos y amigos. Bajo la penumbra de la noche, nos ha deleitado con tus aromas y el canto del grillo. Y hoy te me pones guapo y acicalado para un adiós que no está lejos. Bajo ese sol que muta a membrillo, el verde de tus pies es musgo tierno, las flores son más rojas y el infinito más lineal. Siento abandonarte, pero tú ya sabes que la vida es una estación de tren donde unos suben y otros bajan. Tú me dices “Hasta luego” con un ramillete de tus mejores rosas mientras ya te vas meciendo en esos silencios largos en que dormirás los meses crudos del invierno hasta estallar en primavera con nuestro reencuentro.
En estos días ha vuelto a salir el sol, el viento para sus aspas y muta a conciliador, y los pajarillos han decidido también despedirme alargando sus trinos subidos a los pedestales de unos árboles aún vestidos de hojas de verde desmaquillado, ambar y rojizas.
En nada, volveré a escenarios agobiados de prisa y belleza prefabricada, y mi cuerpo se refocilará de premura y desgana, mugre y hollín de la gran ciudad porque el futuro, aún no escrito, me espera, y para poder avanzar y seguir tartamudeando mi propia historia, he de quedarme quieta, quizá mirando las últimas rosas de mi jardín.

domingo, noviembre 13, 2016

AUSENCIA

Me desperté en medio de la noche. Tenía la sensación que faltaba aire y la oscuridad comía mis ojos. Palpé la cama y no encontré en ella más que el hueco de la ausencia. A trompicones me levanté con la desorientación de quien  acaba de encender la cabeza y esta responde perezosa. Salí de la habitación y vislumbre una luz amarillenta al fondo del pasillo; era la luz de la farola callejera, la centinela que ilumina a los despiertos. Paseé por las sombras fantasmagóricas de los muebles, de suelo, de las paredes, pero no encontré a mi ausencia. Volví a la cama preguntándome dónde estaría y, como estaba intranquila, volví en su búsqueda. Cuando ya volvía sobre mis pasos, me di cuenta que mi ausencia podía estar en la habitación de Íñigo; no me equivoqué.
En el patio de luces tres ventanas estaban encendidas, las justas para que me permitieran ver a mi ausencia resguardada en la almohada de Íñigo con su olfato pegado al almohadón. No hice amago de cogerla en mis brazos y llevármela al hueco de mi cama vacio ocupado las últimas semanas por mi ausencia.
Volví a la cama e instantáneamente me quedé dormida. Al cabo del tiempo, debía ser amanecida calculando el tiempo transcurrido en los vahos del sueño, escuché la puerta de la calle que se abría sigilosa y unos pasos menudos ir al encuentro de Íñigo. Después, mi ausencia hacía dos intentonas de subirse a mi cama y ocupar su hueco ¡Curioso!, me dije mientras acariciaba su piel y nos acurrucábamos para completar la noche.
… Dos semanas atrás, nuestra mascota se resignó a la marcha de Íñigo, estaba acostumbrada a verlo partir muchos días con su bolsa negra colgada del hombro, sin embargo esta vez la bolsa negra era más grande y se arrastraba por el suelo. Se dejó acariciar, le miró con sus ojos lánguidos y no esperó a que la puerta se cerrara, marchó lentamente hasta la habitación de Íñigo y se metió debajo de la cama. De allí solo salió a comer y regresó a su guarida. Esa misma noche se subió a mi cama y escuché su respiración pegada a mi oreja.
A la mañana siguiente, volvió a su guarida y cuando escuchó que  salíamos de casa apareció y nos miró desafiante. Como no vio respuesta, se fue. Sin embargo al llegar al portal, me di cuenta que se me habían olvidado las gafas y subí a casa a por ellas. Ya en el ascensor escuché un sonido extraño y al llegar al quinto piso pude descifrar con toda nitidez que se trataba de un aullido apenado. Al abrir la puerta me encontré a la mascota subida a la mesa aullando a su propia tristeza.
Con los días, nuestra mascota fue recuperando su esencia sin dejar de lado pequeños latigazos de pena solo abandonados por el rugir del motor de una moto en la calle. Entonces salía disparada a esperar a la puerta. Como esta no se abría, volvía con sus pasos cansados a la rutina. Hubo un momento en que olvidó aquel ruido callejero, apenas un amago de elevar una oreja y mirarnos pero no se levantaba. Por las noches, cuando la luz se apagaba, nuestra mascota se quedaba en posición de espera y ya a media noche, cuando la espera desesperaba, se iba a mi cama a llenar su hueco de ausencia.
Hace dos noches, por fin, regresó Íñigo. Nuestra mascota recuperó su paso trotón de saltimbanqui payaso y esa misma noche ya no ocupó su hueco en mi cama. Cuando desperté me asomé a la habitación de Íñigo y encontré a nuestra mascota tumbada junto a la cabeza de Íñigo mientras lamía el pelo de su amo.
Pero lo de este amanecer me ha descolocado desde un principio. Eso que se pasara la noche esperando en posición perseverante de vigilia me cuadraba, pero su vuelta al hueco de mi ausencia, no.
Pero mi duda ha sido esclarecida. Cuando nos hemos levantado, nuestra mascota ha ido a la habitación de Íñigo, se ha subido a la cama, ha lamido el rostro de Íñigo y se ha ido a desayunar. Sí, entonces he comprendido que los perros como los humanos, proceden con los mismos recursos para no sufrir más de la cuenta. Tratan de restablecer una rutina acorde con las ausencias que puedan estar obligados a soportar para que cuando la ausencia venga a por ellos, el aullido de su tristeza no haga demasiado daño a su corazón.

Una mascota humaniza al ser humano. Habla con sus gestos, abre nuestra sensibilidad al amor incondicional. No hablan con palabras, solo con hechos.