sábado, marzo 21, 2020

NOVENO DÍA...


“Angelita, tú tie la letra ligera, di que esto no pue sé” … “¿Qué es lo que más te gusta de estar en casa, Carlitos? Papi no quiero ir nunca más al zoo. ¿Por qué dices eso? Nuestra casa es como un zoo, pero sin animales. No está bien tener a las personas enjauladas…, ni a los animales” …Empiezan a gritar realidades tremendas por ventanas, patios, balcones.
No siempre el cielo es azul, ni tampoco las calles son jardines donde respirar aire puro. Ni siquiera el fuego de una hoguera calienta ni enciende pasiones. Nada es lo que parece, aunque lo sea, ni la decepción es la causa visible del desengaño. La desilusión, el chasco, es nuestro pan de cada día, el cáliz del que bebemos asiduamente, como el limón es el símbolo del dolor y la amargura, y las uvas representan la lujuria, el melocotón, la virtud y el honor, así como la fresa es la armonía y el alma del hombre, y la naranja simboliza la fecundidad. Pero la realidad de nuestros días es la que es, no es simbolismo, sino un combate cara a cara, una lucha contra un fantasma, una cruzada para vencer a un enemigo de nombre ridículo. Un combate, una pelea, sin los medios suficientes y los soldados de a pie, capitanes y generales, desprotegidos de herramientas, exhaustos y afligidos donde las ordenes que les llegan juegan íntimamente con sus convicciones morales: hay que salvar al que más posibilidades tenga ¡Dios mío, que crudeza de realidad! Las voces desde sus trincheras se alzan pidiendo de múltiples maneras auxilio.
Mi amigo Jesús, cuya guasa y alegría es su DNI, casi lloraba al contarme que su mujer es enfermera a la que le obligan a no usar mascarillas ni protección adecuada hasta que se identifique si es covid 19 o no. Así que ella va y viene trayendo vete tú a saber qué a un padre anciano y tres chiquillos. Está psicológicamente hundida, con ansiedad, con miedo a llevar a los suyos el mal.
La vida es un doble cristal, la ves y no la ves, pero la sientes, aunque el sufrimiento haya hecho callo en tu epidermis y creas que el agua no te moja. Sentir es inevitable, aunque la ceguera te lo impida porque el alma, o aquello que llaman corazón, posee vida propia fuera de nuestro cuerpo. Es libre, vuela raso, vuela alto, pero siempre vuela. Igual pasa con el colorido de una flor pues las rojas son pasión y respeto, las blancas, pureza. Azul es la amistad y la armonía y, el amarillo, el odio, los celos, la envidia, pero también el placer y la risa.
La picaresca y el contrabando, crecen como setas en un otoño lluvioso. Ciertos líderes están a los suyo dando poco o nada de ejemplo a sus tropas, ¡Dan asco y náuseas! Pero no tengo tiempo que perder con esa gentuza. Prefiero parar a pensar y mi alma pide un aplauso hondo y sentido por esa población civil que es la que de verdad está dando la talla. Siempre hay excepciones, esos que huyen como ratas clandestinas, los que desoyen órdenes, pero son minoría. Se me agranda la mirada al visualizar a ese ejército de valientes. Niños, jóvenes, adultos y ancianos, en sus puestos de combate y mi voz en letra chilla ¡Aúpa mis valientes, orgullo de una nación!
 Dicen que los bodegones son naturalezas muertas, seres inanimados, pero para mí es la bodega de donde me abastezco de alimento para el alma, el corazón o el intelecto. Porque fuera de lo que asfixia y oprime, en nuestras ventanas interiores hay un mundo de alegría espontánea incluso de belleza voluptuosa e imprevisible, pero para sentirla y disfrutar de ella, hay que prestar atención para que nuestros sentidos la capten. ¿A qué huele la felicidad? Me pregunto mientras me asomo a mi ventana en busca de esas raíces que han crecido dentro de mí; sin darme cuenta ya estoy respirando esa paz, esa bulla clandestina, el aroma de mil matices que hacen ser lo que soy, aunque nada de eso se vea…, se siente simplemente.
Anoche entre guasa, chispa y carcajadas nos preguntamos, mis hijos y yo, “¿Qué planes tenéis para el fin de semana?” Entre el estupor y la tragedia, a la vereda del camino crecen flores silvestres y, a nosotros, nos tiene que crecer el buen humor y la esperanza.
¡Os quiero! Sé que estáis ahí, en las trincheras, como debe ser.
M Ángeles Cantalapiedra, escritora
©Un lugar al que llegar ©Largas tardes de azul ©Al otro lado del tiempo ©Mujeres descosidas ©Sevilla...Gymnopédies

lunes, marzo 16, 2020

ENTRE DOS MUNDOS

Hoy Paco amaneció disminuido, menguado, acurrucado en su propia inanición, su vida es puro nubarrón, una simple desdicha. La debilidad le carcome, y en sus ojos hay instalados aguaceros a punto de estallar. Se mira las venas largamente, tanto, que agita sus muñecas para desechar deseos de cobardía.
Su alma no es de hombre, su feminidad corre pareja a la sangre que le hace vivir en un mundo de mofas e imperfecciones pero, a pesar de eso, se siente mujer atrapado en cuerpo que no es el suyo, y él, es persona, aunque los suyos no lo comprendan.
Hoy Paco amaneció como no hubiera querido despertar, pues su mundo se ha roto o ha desaparecido, para el caso, es lo mismo. Ante él, en un camino demasiado pedregoso y su valentía,¡ tan mermada!, su soledad se halla en un abismo de desamparos, y todo ello ahogando su aire…, por lo que quisiera ya perderse en esa nube inalcanzable donde las estrellas le miraran de igual a igual.
Hoy Paco quisiera ser Paca, la mujer de la mil caras que arde en deseos contenidos, pero se mira al espejo y ve a Paco, un híbrido sin calculo ni suma, y que solo resta.
Ayer, Paca tenía tres formas de decir te quiero y la noche se las llevó; una panda de depravados finiquitó su mundo. Ahora, Paco no haya el abrazo, ni el beso, ni el cuerpo, nada; su cama está vacía.
Hoy Paco, es más Paca que nunca. No la mires de lado, no susurres ni juzgues, porque Paca es más ser que tú, más humana que yo.
¡Feliz jueves!
M Ángeles Cantalapiedra, escritora
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miércoles, febrero 12, 2020

UN LUGAR AL QUE LLEGAR



Bueno, aquí está la cubierta de mi quinta novela y su título, y lo que opina mi prologuista de cabecera Gabriel Neila, para que os vayáis aproximando a esta nueva aventura literaria.
No os puedo negar el vértigo que me produce cada vez que presento un nuevo trabajo, pero la ilusión me arrastra. Ahora que estoy corrigiendo las pruebas de imprenta y la estoy releyendo de nuevo, os puedo decir que no os va a defraudar.

"Un lugar al que llegar supone una novedosa vuelta de tuerca, en cuanto a tensión literaria se refiere, con respecto a su última entrega narrativa Largas tardes de azul. En ella nos sorprendió con una novela con aires de thriller y unos personajes muy bien confeccionados. En esta ocasión, los lectores seremos partícipes de algunas novedades muy interesantes. Cantalapiedra nos presenta en estas páginas, mediante un convincente comienzo in media res, la segunda oportunidad que la vida le da a Francisco García Belloso, un hombre que acaba de salir de la cárcel y cuya vida vamos a ir conociendo con todo lujo de detalles.
He querido titular esta invitación a la lectura con la frase Cuando la vida te da una segunda oportunidad, puesto que es, sin ningún género de dudas, el principal leitmotiv de la novela. Los personajes que pueblan estas páginas tienen comportamientos toscos y duros, quizás por ese caparazón que les protege de una vida hostil y llena de contrariedades. Por si esto fuera poco, todos están buscando su lugar en un mundo al que tienen que hacer frente. Ahí es donde la inteligente pluma de Cantalapiedra juega su papel y concede a sus personajes una nueva vida, a pesar de que el peso del pasado siempre se convierta en un contrapeso atenazador.
Después de haber leído toda su obra, creo destacable mencionar que Mª Ángeles Cantalapiedra está ganando en profundidad y hondura a cada novela que publica. Si ya en la fresca Sevilla… Gymnopédies, dio buena muestra de lo que apuntaba a ser una novelista de raza, Un lugar al que llegar no desmerece a todo el trabajo que ha venido realizando durante estos últimos años. Su literatura, pulcra y accesible, se dirige al corazón de los lectores de forma directa y sin ambages.
Un lugar al que llegar, el quinto trabajo narrativo de Mª Ángeles Cantalapiedra transita por un terreno que se mueve entre el thriller y la novela psicológica, y es ahí donde su literatura sigue dando lo mejor de sí misma. Nuestra autora no trabaja con tabús preconcebidos, puesto que no duda en narrar con rigor y respeto los aspectos más crudos de nuestra sociedad. Ahí es donde radica el éxito de sus novelas. Cuentan historias que nos hacen ser mejores personas, sintiendo empatía por el prójimo, aunque quizás esté pasando malos momentos, o no se comporte de la forma más aceptada socialmente..."
Gabriel Neila
Presentación en Madrid el próximo 5 de marzo y en Valladolid, el día 11 de marzo.

domingo, febrero 09, 2020

FALTAN 24 DÍAS...

Hoy todo se sabe o se termina sabiendo. Así que les confesaré que estas botas viejas no son mías, me vienen grandes, pero estoy cómodo con ellas… Por cierto, soy Fran o Cristo; respondo a los dos nombres.

A los hombres de mi vida…
No siempre las historias ingratas terminan mal. En algún lugar hay un rayo de luz, solo hace falta buscar, saberlo distinguir y aferrarte a él.
A mi madre…
Gracias a ti escribí esta novela.
M Ángeles Cantalapiedra

“… Acabo de terminar la lectura de la novela, la cierro, acaricio con mis manos la primera hoja y confieso que me he sentido embrujado durante su lectura. Detrás de cada frase, de cada página y de cada capítulo, he visto un concienzudo ánimo de representar la verdad del hombre y de una mujer. Durante su lectura -sería necio negarlo- he empatizado con el protagonista. Él, junto con el resto de los personajes, consigue a través de la trama novelesca, con sus conversaciones y sus acciones, envolvernos en la bruma de las pasiones humanas dentro de una compleja sucesión de escenas bien conducidas que terminan componiendo en tres movimientos musicales la estructura de la novela…”
José Pazos Moncada

5 de marzo en Madrid. 11 de marzo en Valladolid


M Ángeles Cantalapiedra, escritora
Largas tardes de azul ©Al otro lado del tiempo ©Mujeres descosidas ©Sevilla...Gymnopédies

martes, febrero 04, 2020

MI NIÑO CHICO


 “Para escribir hay que sentir…, la pluma es la lengua del alma” Miguel de Cervantes

Llegaste a mi vida en esa madrugada tostada de gélido frío, cuando Valladolid dormía y solo el susurro de un rezo estaba despierto; era tu padre tras una puerta temblando sus manos, y llamando a la suerte para que todo saliera como es debido.

Alguien gritó, ¡Qué niño más hermoso!, pero yo estaba para poca guasa, y en los vahos del sueño me perdí y, cuando desperté, en mi regazo reposaba una bolita de nieve verde que con solo mirarla, despertaba una sensación desconocida hasta ese momento. Me dije “Esto es lo que te han contado, niña. Ya no eres tú si no eres con él. Ya no eres tú si no él. Ya eres madre, ya eres todo”

Mi niño chico, ¡qué feo eras!, pero no cesaba de mirarte, de embrujarme de tu rostro menudo, y sentir todo de todo en un uno imperativo. ¡Al carajo el mundo! Porque mi cosmos estaba en ti, eras tú, únicamente tú…

De aquel entonces, han pasado treinta y una lunas, treinta y un soles, treinta y un años maravillosos, y sigo amándote como entonces, aunque ahora seas un Apolo de luz, equilibrio, bondad, integridad, mi música, mi poesía…, tanto orgullo no cabe más en este corazón trastornado de madre observando a su niño chico.

Fuiste buena gente desde el primer aire que despertó a tus pulmones, desde el instante que fuiste engendrado en el vientre de una madre. Jamás pedías, nunca quejabas, aunque por dentro todo dudaras mientras tus ojos observaban los bajos fondos de este perro mundo y, aún en tu mirada, puedo leer esas preguntas que haces sin palabras.

A tu lado siento de todo y todo bueno. Eres mi bitácora de vida, y mujer plena me veo  cuando acaricio tu larga figura, tu inmensa sombra de hombre maduro que vuela y vuela… con los pies zurcidos a esa tierra que te acuna mientras tú, mi niño chico, escribes la luz de mis días, el destello de tu vida.

M Ángeles Cantalapiedra, escritora
©Largas tardes de azul ©Al otro lado del tiempo ©Mujeres descosidas ©Sevilla...Gymnopédies

jueves, enero 16, 2020

BUENOS DÍAS TRISTEZA


Hay tristezas severas que, por tristes, tu corazón se para.
Hay tristezas que, de tanto doler, ya no sientes nada.
Hay tristezas que supuran y nunca se curan.
Hay tristezas que ni el llanto las consuela.
No mueren, te comen y sigues vivo.
Hay tristezas que no permiten consuelo si no es el silencio que las acompaña.
Tristezas mudas, calladas, que no compartes por vergüenza torera.
Amargura, pena, aflicción, desdicha… Pocos sinónimos para esta tristeza que guarda sorpresas en cada recodo del camino y a cuál peor según avanzas.
Tristezas sin consuelo, tristezas de mal presagio, tristeza, al fin y al cabo.
Tristezas donde la esperanza se evapora y la espera es interminable.
Tristezas que se quedan, están ahí y, cuando despiertas, solo puedes decir:
¡Buenos días tristeza!
M Ángeles Cantalapiedra, escritora
©Largas tardes de azul ©Al otro lado del tiempo ©Mujeres descosidas ©Sevilla...Gymnopédies

martes, diciembre 03, 2019

MAÑANAS MENUDAS… un trocito de Sevilla…Gymnopédies


Hay mañana menudas de inusual pereza en las que las horas se enganchan a las sábanas. No crees que el tiempo pueda correr si tus ojos no se enredan con la luz de noviembre, nostálgica y huidiza, y sigues ahí tapada con la noche para que el mundo te olvide.
Te estiras, te encoges, y saboreas ese calor que te das tú mismo encima de un colchón.
Pero mientras respiras y sueñas, la vida te está esperando. Está esperando tu aliento, la sonrisa que pones según tomas el primer café, la palabra mimosa que das al día para que sea benigno contigo.
Sin embargo, tú sigues guarecido en la madriguera de unas sábanas de hilo que seguramente bordó tu madre pensando en ti, y que tú odias porque son difíciles de planchar. Aprietas los ojos para ver si no se descose tu último sueño, ése que te hablaba de un mundo mejor, ni tramperos, ni ladrones con corbata. Un mundo de niños con cara de angelotes que sonríen al viento y juegan con la lluvia. Un mundo de pan y cebolla para todos, que nadie se quede sin puchero. Pero un reloj que marca las horas se obstina en llamarte, que abras tus sentidos que la vida te espera.
… Y me levanto sin saber dónde estoy. Una niebla de tierno algodón me va besando según camino, que juguetea enganchada en las ramas de los árboles semidesnudos. Un frío cristalino me acaricia la cara como suele hacer y ser ese frío castellano de inviernos crudos en la meseta y en el páramo.
El aire es tan racial como un lirio perdido; me acuna, me balancea, y va despertando esos sentidos sin sentido que se niegan a ver la cruda realidad… Poco a poco me voy adentrando en mi existencia mientras me susurra que valore lo bueno pues lo hay y lo malo, que es mucho, lo tome, lo estudie, aprenda y siga caminando con una sonrisa cuya simiente está en el alma, y yo he de hacer florecer en esas mañanas que se me antojan bordes y torcidas.

M Ángeles Cantalapiedra, escritora
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sábado, octubre 19, 2019

RAÍCES

Una primavera, hace años, me regalaron una bolsita con unas semillas dentro; ni leí lo que podía resultar de aquello, simplemente, emocionada, hice un agujero en el primer sitio que se me ocurrió, y allí metí las semillas. A los cuatro meses, cual fue mi sorpresa, que en aquel terruño feo, donde nunca nada crecía, comenzaba a emerger de la tierra unos brotes verdes. Sin pensar más, solo llevada por el ánimo de una nueva vida, regué, aboné, y el fruto creció. Su ritmo de desarrollo era espectacular, por lo que el jardinero me avisó que sería conveniente trasplantarlo de allí a otro lugar más saneado y amplio; me negué en rotundo, mi convencimiento de que era el lugar idóneo donde nunca había reinado la belleza, me pudo. Serias advertencias siguieron posteriormente de que había tiempo de replantarlo… Ayer, hubo que matar a mi frondoso árbol. Sus raíces eran tan hondas que hacían daño a todo su entorno, incluido mi hogar.

Lo que acabo de contar es una metáfora de una realidad. Ya no me escondo, ni enmudezco mis letras pensando en el daño colateral que pueden hacer a mis seres queridos, a mi propio trabajo, y a la imagen que pueda estar dando España. Mi tierra es fuerte, sólida, genio y figura a pesar de todos sus dirigentes. No hay un solo país que no tenga algún problema encriptado delante de su poderosa o humilde fachada. España en los últimos 90 años ha sobrellevado a sus espaldas tanto dolor y vergüenza, guerra fratricida, dictadura, ETA, nacionalismo… Y llegamos a La Democracia consensuada por todas las ideologías. Ya lo dijo Ortega y Gasset “El progreso no consiste en aniquilar hoy el ayer sino al revés, en conservar aquella esencia del ayer que tuvo la virtud de crear ese hoy mejor” El destino de todos nosotros vive dentro de nosotros mismos. Solo tenemos que ser valientes para verlo.

No es momento de golpes en el pecho y sí de hablar, dialogar, consensuar. Quitar a tanto lunático del en medio que a lo único que ha colaborado es la más cruel de los sabotajes de violencia.  Sí, vuelvo a hablar de esos miserables salidos de las cloacas más infectas.
"No se ampare en las leyes, no sirven de nada. No hay tribunal que pueda juzgar ni nuestros sentimientos ni nuestra voluntad" Esto es lo que dijo ayer un estudiante; es el caldo de cultivo que se ha estado enseñando durante años en las aulas. Unamuno, hoy tan de moda, dijo “El nacionalismo es la chifladura de exaltados echados a perder por indigestiones de mala historia” Pero esto no quita para tratar de comprender la idiosincrasia real del independentismo. Hay que hacerlo por muchos motivos porque todos los españoles somos UNO: Por esa marea humana que ayer desfiló en paz, por la vida de los catalanes que se sienten españoles y viven atenazados por el miedo a represalias, por España, por una convivencia en paz. Estamos todos metidos en un mismo barco; todos perdemos o ganamos.

Hoy me refugio en las palabras de otros que son verdaderamente sabias Lo que constituye una nación, no es ni el hablar una misma lengua, ni el pertenecer al mismo grupo etnográfico, sino el poseer en común grandes cosas en el pasado, y la voluntad de hacer otras en el futuro” Joseph Ernest Renan 

¡Buen fin de semana!
M Ángeles Cantalapiedra, escritora
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jueves, octubre 10, 2019

OTOÑO


Es otoño, pero te presiento verano. Me lo canta el grillo, me lo cuenta la luna acariciándome en la ventana.
Es otoño, pero, aunque la luz se marchite entre mis dedos, el calor rocía mi cuerpo y mis ojos se pierden en océanos.
Es otoño y mi jardín se viste de hoja seca, sin embargo, en mi alma aún existe el oleaje de una espuma loca.
Es otoño, sí, lo sé, pero mi ánimo es de agosto y, si me apuras, de junio.
Es otoño y mi rosal está en flor.
Es otoño y la chicharra me musita palabras de amor.
Sí, es otoño, pero déjame bañar mi alma al sol, aún no se ha dorado del todo.

M Ángeles Cantalapiedra, escritora
©Largas tardes de azul ©Al otro lado del tiempo ©Mujeres descosidas ©Sevilla...Gymnopédies


PD Pido disculpas a quienes se acercan a mis blogs porque los tengo un poco abandonados, pero es que no me dan de sí las horas. Un besazo y muchas gracias por pasaros por mis rincones.

sábado, septiembre 07, 2019

BUENOS DÍAS, SEPTIEMBRE


Apenas unas horas, mis ojos se embelesaban con la mar del color de una tinta. Apenas unas horas, cerraba los párpados para que el sol besara mi piel y el cuerpo se relajara. Apenas unas horas, leía sin el tictac de un puchero ni las manecillas de una lavadora, leía con fruición, con placer. Apenas unas horas, tomaba conciencia de que un viaje no es coleccionar países, sino aire para los poros del alma, aplacar tu ánimo rebelde, tu corazón vestirse de benevolencia y tu mirada, siempre vigilante, emborracharse de otros matices. Apenas unas horas, mi esqueleto flotaba en sal y mi paladar descubría sabores de vinos africanos y Martinis con chispa. Apenas unas horas, y mi ser contemplaba un sol agitarse en el horizonte maquillándose de vainillas, dorados y fresas al decir adiós. Apenas unas horas, mi intelecto engullía arte e historia. Apenas unas horas, fui tan egoísta, que me olvidé de todo para serenar un ego demasiado gastado.
Apenas unas horas y… el viento me ha despertado silbando, agitando telarañas en los setos y bailando con las copas de los árboles.
El cielo se ve arrastrado por ese aire que lleva consigo nubes tortuosas, hilachos de algodón y los requiebros del amanecer.
Parece que quisiera contarme que ya es septiembre y hoy es uno de esos días descolorido mientras las maletas son arrastradas por el jardín camino de su destino. El alborozo se torna pausado igual que las flores que trepan lentamente a su final.
Todo comienza a mutar y el verano que es azul y lavanda, verde en sus bordes y turquesa en el fondo, va desfilando silente en busca de su retiro.
La casa queda muda y sorda, solo las huellas de un perro buscando un tesoro escondido rompe la monotonía del vacío y yo, al otro lado del jardín, me disipo en los recuerdos de un estío viajero, tan intenso en sensaciones como colorido en su trastienda.
A partir de ahora serán los sepias quienes acolchen mis nuevas sensaciones, quienes amortigüen la nostalgia de la luz y del color, de las risas fundidas en bronce y de un eterno amor que, por callado, solo se abriga en mi corazón.
El verano va lentamente difuminándose para desteñirse en un dulce recuerdo.
Pero ahora, ahora sí puedo decir, ¡Buenos días, Septiembre!
Feliz de estar de nuevo con todos vosotros…
M Ángeles Cantalapiedra, escritora
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viernes, julio 05, 2019

LA FUENTECILLA DE MI MADRE


Ayer mi madre se dejaba hacer; la pillé de improviso y nos fuimos a las nubes a dejarnos querer, a colgarnos de una rama y ser mariposas en un jardín atrapado.
El vientecillo jugaba en nuestras ropas y mi madre se estremecía pues, su carne es tan fina, que sus huesos rebotan en su triste realidad. Puse el calor de una sonrisa en su piel encogida y juntas buscamos estrellas a la media tarde de un verano.
Nos sentamos prendidas a un rayo que hacía cosquillas en su boca, tan trémula y perdida, que no pude contener un te quiero silencioso.
Acuné en mis brazos vacíos a esa madre que va y que viene, pero ya no está y que, a veces, se deja atrapar en mi voz de azúcar, en mi llanto mudo.
Entonces, pinté una fuentecilla solo para ella, para sus ojos ciegos, para su corazón dormido… Son tres estanques pulverizados de un sol meloso, y el agua salta y salta de piso en piso. A tus pies crecen hechizos rojos, tu color favorito. No hay peces, solo agua juguetona que repica y repica dando volteretas, Y la agüilla ya no es tal sino estrellas cristalinas en una tarde perezosa.
...Y el sol partió, nosotras, también, no sin antes hechizarme del rostro de una madre al decir adiós a su fuentecilla hermosa.

lunes, julio 01, 2019

UN DOMINGO DE VERANO...

Ayer fue domingo, un domingo de un calor insoportable y mi madre tenía frio. Su piel estaba encogida, sus dientes castañeaban y se refugiaba debajo de una suave pasmina.
- Mamá vámonos al jardín, hoy es nuestro, no hay nadie.
- ¿Cómo vamos a salir, qué dirá la gente? - pero en sus ojillos cada vez más chiquitos vi la complacencia de saltarse las reglas.
Mientras nos encaminábamos al jardín, mi madre iba saludando- lo que nunca hace- a las señoras que bebían agua fresca para hidratarse y nos miraban reprobando nuestra actitud de salir con cuarenta grados. Tanto me molestó que cuando llegué a la puerta que da al jardín, harta de sentir puñales a mis espaldas, ensayé improvisadamente una sonrisa, me volví y con candor más falso que Judas dije “Mi madre tiene frio”
La bofetada de calor que sentí hizo sudar a todo mi cuerpo, pero la piel de mi madre se templaba gradualmente como tímidamente se iba despojando del chal. Nos fuimos a un rincón donde crecen las plantas aromáticas como lavanda, tomillo, romero, menta, albahaca, menta y hierbabuena… Sus ojillos sin ver sonreían de placer pidiéndome que acercara sus dedos para tocarlas, incluso intentó arrancar una hojita de hierbabuena; cuando lo logró se la llevó a la nariz cerrando el gesto con una sonrisa-mi madre jamás sonríe- mientras el aroma la envolvía.
Mi sudor corría alocadamente por mi vestido, pero no me importaba, de verdad, y la pregunté si nos sentábamos a la sombra junto a la fuentecilla. El agua sonaba a cascabel, a paz, aunque no engatusáramos a la palabra; hay momentos que no se necesita mientras el goce del silencio habla por sí solo. Las dos, madre e hija, volvíamos de alguna manera a sentir el viento en nuestros rostros, la ternura en la piel, la lágrima en la mirada de una madre casi ciega, los pies volando, y la sonrisa siempre en nuestra boca. Presentí que la vida volvía por unos instantes a esa madre que se apaga, permanece pese a que modifique su porte, su imagen, pero vuelve de muchas formas y maneras.

Y de pronto, se puso a recordar recuerdos gratos, los mismos de siempre que se resumen en dos ilusiones: sus nietos… Hablaba y hablaba con ganas y yo bebía su rostro iluminado mientras el sonido de la fuentecilla regaba nuestras vidas; ya no sentía el fuego del sol, y sí el calor en alma y el corazón trotar como un potrillo en una tarde de domingo, tan caluroso, que hacía perder la perspectiva de la cruda realidad.

Cuando volvíamos hacia el salón pausadamente, alargando los minutos de un disfrute inesperado, me dijo:
- ¡Qué suerte hemos tenido en la vida, nena! Y tú, haz el favor, de ser fiel a ti misma. La gente a veces somos unos mermados mentales.
Cuando me despedí de ella, acerqué mi nariz a su cuello; olía a lavanda y hierbabuena. Una lluvia de lágrimas refrescó mi piel sudorosa.

¡Feliz semana a todos!
M Ángeles Cantalapiedra
©Largas tardes de azul ©Al otro lado del tiempo ©Mujeres descosidas ©Sevilla...Gymnopédies

sábado, junio 29, 2019

MI QUERIDO LECTOR…


Me gusta escribirte en instantes imprecisos, no catapultar una sensación y guardarla en el cajón, pues un día la extraes y tus letras saben rancias.
Deseo, quiero…, escribirte con la vehemencia de mi carácter, cuando el corazón grita, gime, ríe.
Deseo escribirte cuando me provocas un sentimiento; tal vez sea imperceptible para ti, sin embargo, has logrado abrir el candado de mi corazón.
Anhelo posar mis letras en una hoja en blanco y tejer palabras para ti; en algún rincón de tu vida seré tuya.
Ansío vertebrar sentimientos cuando la vida me habla, me susurra una historia que, a simple vista, no es nada, de mí depende que tenga cuerpo, corazón y vida; una servilleta me vale para anotar una percepción, una imagen…, a ti.
Fantaseo con emociones que se convierten en realidad ante tus ojos. Si es así, habré logrado mi objetivo de atraparte en mis renglones torcidos.
Si una mañana, despierto y la vida no me habla, creo ser presa de la inanición humana por no poder darte ni una triste palabra.
A veces, como ahora, juego a desafiar el tiempo y el olvido, subiéndome a una nube que me ha llevado a 1934 a la República Dominicana, de allí desembarcaré en Sevilla, en los prolegómenos de la guerra civil, para terminar en el Valladolid de siempre, en el de hoy; mi triángulo mestizo. Un proyecto difícil, mucho, un sueño aún por alcanzar, un reto personal, pero en mi ánimo está en dar vida y verosimilitud a una historia y a unos personajes que aún no han nacido, ni siquiera los conozco, están en plena gestación. ¿Lo conseguiré? El tiempo lo dirá… La vida está llena de retos, sueños, y trabas para conseguirlos, pero que sin ellos, la vida no es, y mi espíritu es de intentar subir peldaños cada día con mi trabajo y esfuerzo, con vuestra ayuda, con vuestro ánimo y generosidad.
Mi querido lector, espérame, espérame en cada esquina, saldré a tu encuentro pues sin ti no vivo y…, si no vivo, mis palabras no existen.
Buen fin de semana!!!
M Ángeles Cantalapiedra
©Largas tardes de azul ©Al otro lado del tiempo ©Mujeres descosidas ©Sevilla...Gymnopédies

martes, junio 11, 2019

HISTORIAS DE UN AUTOBUS: TRES HOMBRES EN UNA PARADA


Hay veces que, aunque uno no quieras ver, ves, y otras que, a pesar de tener el corazón dormido, un tintinear de campanillas te despierta dulcemente…

Ocho menos cuarto de la mañana, el día se despereza de la bruma atascado entre coches y claxon desprovistos de sensibilidad. El autobús trepa calle arriba como puede. Su bamboleo arrulla tus últimas neblinas hasta que para en seco.

Un motorista monta en cólera y todo el mundo fuera del bus a ver el lío que se ha desencadenado, menos yo que sigo pegada a la ventana y mis ojos estrellados en tres hombres.
Uno de ellos parece estar en una nube, nada de lo que pasa parece ir con él. Atusa a un caniche. Este le lame la cara y el rostro del hombre rezuma gratitud hacia el animal; presiento que su soledad amaina con ese cariño incondicional. Lo deposita en el suelo y veo que el perrillo va bien abrigado con una especie de abriguito rosa con algo grabado en el lomo. Agudizo la vista y alcanzo a leer “Me llamo Lola”. No he podido reprimir la sonrisa.

Otro de los hombres es bajito, tiene cara de ardilla y nariz de payaso. Está enfundado en un plumas que abulta más que él y la cabeza la lleva tapada por un gorro de lana. Tiembla a pesar de encogerse para repeler el frío. Contemplarle es ir directamente a la ternura, palpar la indefensión.

El tercer hombre parece que perdió la brújula y no sabe si va o viene. Habla solo, enfadado chilla al cielo y se remueve en la parada del autobús como si un séquito de hormigas estuviera recorriendo su cuerpo. Da lástima contemplarlo e incertidumbre comprobar que cualquiera puede terminar como ese pobre hombre.

Los tres se ignoran a pesar de que estén pegados los unos a los otros, no  se necesitan… Tienen sus propios mundos, sus propias cosechas de soledad, carestía, dolor y tristeza. Sí, porque aún siendo tan opuestos, poseen ese denominador común de destierro y melancolía en sus rostros. Perdidos en un asfalto sin otro calor que esperar que pase la vida con el único abrigo de su piel.

… El autobús seguía parado y sin darme cuenta he visto como mi cuerpo se levantaba, salía del autobús y daba un beso a cada uno de esos tres hombres; me han mirado como una lunática.
Después, me he vuelto a subir al bus y he respirado hondo; me sentía francamente bien.

lunes, junio 03, 2019

EL DESVÁN


Siempre me fascinó el desván de mi madre. Una estancia pegada al tejado y rayando un cielo de cristal. Era una buhardilla de desechos, de enigmas sin resolver.

Allí subía con sigilo, nerviosa introducía una tosca llave pero costaba abrir la puerta, baja y de madera mala, dilatada por tantas humedades. Cuando lograba abrirla, lo primero que veía era un ventanuco colgado del techo, de él se colaba un haz de luz  gris y polvoriento, confiriendo a la estancia un halo mágico y misterioso; mi imaginación infantil, entonces, se desbocaba, desplegaba las alas y me convertía en una niña muy feliz.

En el momento que mis ojos se acoplaban a aquella luz clandestina, sentía que mi cuerpo flotaba igual que las virutas de polvo en suspensión y mis manos en aquel entonces, diminutas y regordetas, acariciaban un mueble que estaba a la derecha; me sonreía, lo sé. En el medio tenía una  enorme puerta que, al abrirla, descubrías a una niña de ojos asombrados por las cuatros paredes tapizadas de cristal.

Después, con movimientos confusos, me acercaba a las maletas que morían plácidamente apiladas en un rincón; eran cuatro, de cartón a rayas marrones y beis. Desempolvarlas era mi delirio pues yo imaginaba los secretos más inconfesables… Fotos, cartas, mis primeras cartillas, mis letras tartamudas…

Pero un día, mi madre deshizo el hechizo de maletas, polvo, lámparas oxidadas y mi bellísimo mueble bar. Subí a hurtadillas, como siempre, y el vacio fue el único que me recibió, recuerdo que unas lágrimas de azúcar besaron el suelo desierto… ¿Qué iba a soñar si mi madre había quemado mi fantasía infantil? Qué tristeza la mía sentir  mi imaginación despoblada.

Pero me equivoqué pues el tiempo me demostró que al lado de la pila de años que había acumulado sobre mi persona, una mañana de invierno al despertarme vi a mi memoria sonriéndome y regalándome mis sueños del pasado.
Los cogí amorosa, como si tuviera entre mis dedos la mayor fortuna y los fui a colocar en un lugar de honor: el mueble bar de de espejos infinitos y las maletas de cartón piedra con tesoros indefinidos, revolotean en mi novela “Mujeres descosidas”

Desde ese momento, siento  que la niña que dormía dentro de mí está despierta, camina a mi vera  y vuela libre como aquel entonces.

martes, mayo 28, 2019

TÚ, MUJER


Nunca te he escrito, es verdad…

Hoy me levanté con nombre de mujer prendido en mi garganta, maniatado en mi corazón.
Sí, tú, esa que mira descarada y desafiante, esa que se sonroja y baja la cabeza. Sí, tú, mujer de cuatro vértices y alma de aire.

Tú, mujer, de ojos de colores en tierra y vespertinos, mujer de puertas abiertas y palabra entrecortada, verbo veraz, lenguaje certero, y voz de compromiso. Sí, tú.

Tú, mujer, que callas y respondes con manos de hechos tajantes. Mujer de campos arados, de cosechas y otoños, primaveras, inviernos y veranos perdidos. De luces y sombras donde cobijar tantos preludios y desencantos.

Mujer directa, mujer invisible pero siempre mujer.

A ti, nunca te hablé pero nunca ignoré… ¿Para qué?

¿Para qué voy a decir si toda tú eres real? Eres mujer

No somos víctimas aunque así nos etiqueten. No, ni mártires. No, me niego a que así me vean y cataloguen.

Nos podrán clavar dagas, sesgar la vida, pisarnos y hasta escupirnos pero jamás anular dignidad y fortaleza, nuestra bandera.

Somos tierra, somos siembra, somos luz… Somos mujeres.

sábado, mayo 25, 2019

MADRES...




Hoy me he despertado pensando en mi madre, en las cosas buenas que me ha enseñado a lo largo de la vida, la mayoría conscientemente pero, también, inconscientemente, con ese lenguaje no verbal que a veces nuestro cuerpo y nuestros hechos hablan de nosotros sin que nos enteremos.

Toda la vida mi madre me llevó más derecha que una vela, para mí que, en la otra vida que vivió, fue militar de alta graduación, y cuando la tocó vivir esta presente, aún tenía reminiscencias de la anterior, así que me río yo de la fama que tienen los hijos únicos, pues en mi caso me hizo sudar la gota gorda y cada cosa que conseguí, la conseguí a conciencia. Ella sostiene que siempre he hecho lo que me ha dado la gana y que sus consejos caían en vacío; la mujer no está exenta de razón y motivos para decir la he dado unos cuantos, la verdad, pero no de caer en papel mojado sus consejos, eso nunca.

Ahora, cuando la veo como un pajarillo de vuelo tan menudo en que la cuesta abrir sus alas, incluso temeroso y titubeante, la amarro entre mis brazos para darla el calor que el nido perdió y cuando la digo “Mamí, eres más seca que la mojama pero te quiero mucho” alza sus ojos que agonizan desde hace tiempo en la oscuridad y busca mi rostro para terminar diciéndome “Pero, hija, ¿cómo eres tan boba con la edad que tienes?” Entonces, aún la abrazo más hasta juntar su sonrisa prohibida con la mía… Es un momento especial en que presiento que volamos, a medias, juntas.

La relación de madres e hijos es un mundo por el que nunca se terminará de escribir. Es tan hondo e inesperado, tan especial y sorpresivo. Incluso, a veces, hasta una relación amor y odio compaginado al unísono, que me encanta bucear en ese vínculo. Es una calle de doble dirección en la que en muchos momentos se llora, se sufre, te  angustias, te resignas, te conformas con lo que hay pues por encima de todo está ese amor incondicional, sobrellevas esos caracteres ásperos o tiernos, te amoldas a esa madre o a ese hijo a pesar de la concomitancia que haya habido, buena o mala; nunca se deja de ser madre como no se deja de ser hijo hasta que una de las partes desaparece.

Mi madre, siempre me riñó si de mi boca salían exabruptos por lo que solía reprimirlos delante de ella, pero el otro día, cuando me vio después de más de un mes en que he estado danzando por estos mundos de Dios, primero se la iluminó su mirada oscura de ceguera, me atusó con sus manos temblorosas y me dijo “Por fin estás ya en casa”, me sonó a música celestial y me quedé un rato con mi cabeza apoyada en su pecho, ¡estaba tan a gusto allí refugiada! Que, ella, sin dilación, me preguntó “Nena, ¿a quién quieres mandar a tomar por culo?” Me levanté como un resorte, no daba crédito escuchar de su boca una frase mal sonante, la miré y ambas echamos a reír con todas las ganas que nuestras mentes eran capaces…

Nunca habíamos reído juntas de esa manera tan espontánea y siendo tan distintas como somos pero comprobando que…, el instinto de una madre nunca falla.
Mamá, hoy mis letras son para ti, ¡te quiero!

M Ángeles Cantalapiedra
©Largas tardes de azul ©Al otro lado del tiempo ©Mujeres descosidas ©Sevilla...Gymnopédies

martes, mayo 21, 2019

LA ARQUITECTURA DE LAS PALABRAS


Los  crepúsculos son mi oasis de lectura, y si la tarde es de cenizas, de nubes turbias, de gotas sueltas que exprimen los colores y los aromas, mejor, porque el placer por la letra se agranda.

Son tardes de sonidos sigilosos, de tierra mojada y perfumes nutrientes. Me siento en mi rincón y, antes de perder la mirada en las letras, miro los verdes sombríos, los plomos monótonos, y presiento crecer el ansia por el recital en letra chica que me guarda un artículo, una revista, un libro, un poemario.

Perderse de esa manera en esos anocheceres es beberte la belleza de una arquitectura en torre de Babel, un antídoto contra el malestar anímico que a veces nos visita con o sin motivo.

Leer es encontrarse con uno mismo entre los renglones de un verso o de una historia. Leer es enfrentarte a los acordes del fondo y trasfondo de nuestros interiores, porque leer remueve el pensamiento que yace dormido en alguna parte de nuestro ser; solo necesita que le dediques una chispa de tu tiempo para que despierte el intelecto y tu persona.

Lee, lee cuánto puedas, busca tu momento y entrégate como un amante afectuoso para que tus alas crezcan y no encuentres límite para tu placer.

Lee, lee cuánto puedas, es la forma de no ser un títere sin cabeza, una marioneta en manos indebidas, un ser libre con su propia opinión.

miércoles, mayo 08, 2019

YA LLEGÓ LA PRIMAVERA A MI CASTILLA




Ya llegó la primavera a esta tierra inhóspita, ya se fueron las nieblas que escondían al mundo la leña y el fuego de miradas indiscretas.
 Ya se fueron las nieves de sus cúspides buscando el riachuelo donde alimentar querencias de agua cristalina.
Ya llegó la primavera a ese campo que ya no es yermo sino vida de tantos verdes que emana según lo miras.
Hasta el silencio recogido huyó del páramo pues a él llegaron esos pajarillos a colgarse de los árboles, a volar sobre el horizonte y piar sin descanso. Incluso la espadaña da cobijo a mi cigüeña y las campanas voltean su música para que sepas que la vida vuelve a este campo baldío de mi ancha Castilla.
El cielo se ha desnudado de gris y el celeste pinta un azul que no engaña ni miente; el suave vientecillo me susurra que es verdad, los fríos se esfumaron de esta meseta castellana.
Ya llegan las amapolas a cunetas y caminos, y de carmín se viste mi mirada cuando oteo mi tierra seca y enjuta que semeja ahora un mar de glaucos recién nacidos, tan lisa y llana que parece una mujer de pechos menudos, tan sensual y firme que dan ganas de tumbarse en ella mientras tus manos se deslizan por sus caderas y pubis hasta encontrar el éxtasis en tu corazón marchito de tanto frío acumulado en este invierno que se fundió en nuestras pieles blancas.
Ya llegó la primavera, no hay más que mirar al horizonte de verdura lasciva y lujuriosa para comprender que la vida volvió a germinar.
Feliz de estar en casa!!!

M Ángeles Cantalapiedra
©Largas tardes de azul ©Al otro lado del tiempo ©Mujeres descosidas ©Sevilla...Gymnopédies