lunes, junio 29, 2015

LUNES AL SOL

Es de suponer que exceptuando aquellos que estén de vacaciones, el resto sepáis que es lunes y con mucho sol y muchos grados. Yo lo he comenzado dormida y leyendo la prensa. Como recomendación basada en hechos reales, os sugiero que no lo hagáis. Lo de levantarse dormido es inevitable, lo de leer la prensa, sí. Os hago yo un resumen y tan contentos a vuestros quehaceres, ¡Ojos que no ven, corazón y sesos que no sufren! Mi resumen es que todo está tan mal que vamos a caer en lo fatal. Si los griegos se hunden, los siguientes seremos nosotros, ahí es na. “Quítate tú pa ponerme yo” es más o menos el resumen de la política actual nuestra; parecidos desmanes, similares exigencias de unos y de otros, con lo que el ahorro, no lo veo claro, las ayudas a nuestros menesterosos, menos. Ya decía alguien que una cosa es hacer política desde el sillón de casa y otra sentarse en el congreso, senado, alcandía etc.; nada que ver…Vamos, todo muy angustioso que te dan ganas de volverte a la cama.
De todos es sabido la crisis existencial de los domingos por la tarde cuando te das cuenta que el ole ole se acaba y que mañana, por el lunes, te espera una mesa repleta de cosas pendientes por hacer, aguantar al jefe o al gilipollas de compañero pedante, o a l cliente insufrible. A las amas y amos de casa con lavadoras, aspirador, nevera vacía y entretener a los más pequeños que están de vacaciones ¡Ole y ole!
Un título tan bonito y sugerente como “Lunes al sol” se cae por sí solo; más negro que el tizón.
Negarse la realidad, es una bobada porque cuando abras la siguiente puerta te estará esperando igualmente. Ella es muy pesada e insistente. Así, ¿qué hacer? Pues encararlo como una corrida de toros; a los que no os gusten los toros, semejarlo a un partidito de futbol, a ver si metéis la pelota en la portería y al final del lunes os proclamáis campeones.
Yo lo recomenzaré con esta foto, me parece deliciosa.

¡Feliz semana!

sábado, junio 27, 2015

EL RELOJ DE LOS CUMPLEAÑOS

Os he contado más de una vez la pena gorda que tiene mi señora madre porque su única hija no haya evolucionado mentalmente y esté, siempre según ella, en la edad fronteriza de de las quince primaveras. Tanto lo ha repetido, que mis hijos en vez de madre, creen que tienen a Antoñita la fantástica instalada en sus vidas. No digamos mi marido mirándome con resignación. Ni me preocupa ni me escandaliza la opinión familiar. Eso sí, cuando por circunstancias amanecen esos días en que no miro al día con una sonrisa y pienso qué aventura me depararan las horas siguientes, me decepciono a mí misma, incluso me enfado y no me hablo.
Hoy justamente no sabía de qué animo se había levantado Mª Ángeles Belinda pero cuando ha entrado en ese mundo cotilla de ojo avizor que es Facebook, y he visto una bombilla que me avisaba del cumpleaños de dos personas, se me ha alegrado el ojillo. Sí, me he puesto contenta porque son dos amigas que, aunque muy distintas, tienen en común algo tan importante en la vida para sobrevivir a estos mundo de Dios por los que peregrinamos cada día que sería estupendo que todos poseyéramos esa cualidad dual: Alegría de vivir exprimiendo la naranja y el limón con vitalidad y sonrisa. Por eso hay que felicitar a las personas, un día estupendo puede ser su cumpleaños para recordarlas que no cambien y que trabajen diariamente esa actitud frente a la vida. Os advierto que siendo egoístas, los que estamos a su lado, salimos beneficiados porque, ¿quién no termina contagiándose de ese ánimo/espíritu?

Prefiero cumplir primaveras aunque las goteras del cuerpo me indiquen que no es propio de mi edad ir saltando obstáculos con cachaba. Seguro que mis alocadas primaveras me ayudan a llegar a la meta.
¡Buen fin de semana, amigos!

domingo, junio 21, 2015

TAL VEZ

Tal vez me esté haciendo mayor, tal vez esté sumergida en una crisis de valores, tal vez mis hijos, chicos bastante sensatos y coherentes, tengan razón, tal vez deba dejar pasar el tiempo para luego decir, tal vez mi flamante nueva alcaldesa tenga razón al afirmar que el ser humano tiene el piloto automático de la rutina encendido y cualquier cambio le apabulla, Tal vez…, pero hay dos hechos que me han marcado un antes y un después, y desde entonces tengo miedo.
Las personas no suelen significarse públicamente sobre tres temas muy relacionados con su yo íntimo y personal: el sueldo que cobra si es que tiene la fortuna de tener trabajo. Sus creencias religiosas, y sus convicciones políticas. Los dos últimos temas en los manuales de etiqueta y comportamiento social, sugieren que nunca se saquen como tema de conversación; es mejor hablar de las constelaciones y la variedad de flores que pueden darse en un jardín; vale.
Pero yo tengo miedo aunque la gente se ría de mí al hacer esta manifestación, me da igual, yo lo digo. Porque sé que muchos que permanecen callados con el pico cerrado sienten lo mismo que yo. Los cambios aunque nos asusten suelen ser buenos, un enriquecimiento de nuevos parámetros como la tolerancia y una nueva convivencia en la que han de aprender a convivir nuevos criterios, algunos equidistantes a los que puedas tener tú, yo, u aquel; vale. Pero por encima de esos nuevos criterios debe imperar el respeto hacia las personas, hacia valores ancestrales como la prudencia, la sensatez, la honradez, la bondad… Y fuera de todo ámbito de convivencia que ha de enterrarse para que desaparezca de nuestras vidas, es el revanchismo, los acomplejados sociales.
Porque tenemos un problema grave: los niños de hoy que serán los hombres del mañana, ¿qué les estamos enseñando? Tal vez a, ¿robar, machacar a otro porque no piensa lo mismo que tú o tiene una religión con la que tú no comulgas, o a pisotear las creencias de otros, o a no respetar una serie de normas y como no te convencen vas y sacas el silbato y te pones como un poseído a chiflar, todo porque estamos en una democracia? Precisamente no hay muchas palabras tan hermosas como democracia, pero hay que saber lo qué significa.
Tal vez porque en estos últimos días esté muy sensibilizada con la niñez y lo que pueda significar en un niño las primeras vivencias, el cariño que reciba, el inculcar unos valores sólidos, una educación para que el día de mañana sepa escoger un camino de respeto, tolerancia y honradez.
Sí, muchos de nosotros hemos tenido la fortuna de crecer rodeados de riquezas morales, pero hay otros muchos que no y sus caminos se han torcido irremediablemente.
Creo más que nunca que estamos en una encrucijada en nuestro camino en común. Hagamos un esfuerzo en enseñar a los niños de hoy a guardar el silbato en el bolsillo, a perder con honestidad, a ganar con humildad, a compartir con el que no tiene, a ganar sus metas con esfuerzo. No hace falta irse al Congo, tal vez en el portal de al lado tengamos a alguien al que ayudar a aprender.

Mientras tanto, tengo miedo, lo asumo.

lunes, junio 15, 2015

ENCUENTROS

La tarde era lluviosa como ceniza cuando llegué. Allí estaba ella esperándome desde hacía al menos ocho meses. Las huellas de las últimas tormentas se dejaban ver entre sus canas, sin embargo se mantenía erguida, con su aparente modernidad de una época que ya pasó, y entre su silencio que encerraba tantas risas, encuentros y recuerdos. La volví a mirar y no pude reprimir esa ternura que siempre me aflora al contemplar su perfil añoso y gastado. “Yo también pinto canas en el alma” La dije calladamente antes de abrir la puerta, y un vientecillo suave se arremolinara junto a mis pies para regalarme como bienvenida un ramillete de hojas secas. Entonces mi olfato se disparó. Un olor rancio y húmedo era lo único que quedaba con vida. Todo estaba tapado con sábanas de colores esperando que yo desempolvara sus secretos. Las persianas estaban bajadas, pero por sus rendijas se colaba la luz gris perla de esa tarde de junio. Me senté en uno de los sillones a esperar que mi mente se aclimatara a los nuevos cambios en mi vida y, sin darme cuenta, un pequeño rayo de luz opaca enfocó la mesita que estaba al lado del sillón. Entre la sábana que la cubría se podía adivinar un bulto. Lo palpé pero no supe qué era. Desde el jardín mi marido reclamaba mi presencia para que le ayudara con los bultos. Los vecinos también se habían hecho eco de mi llegada, sin embargo yo seguía allí dentro sentada pensando en las musarañas, en aquellos pedazos de telas descoloridos aguardando a su vida más próxima. “me siento cansada, ¿sabes? Todo me sobra, tan solo necesito un rincón para mis huesos, un par de silencios para pensar, una risa agradecida y un abrazo para calentar el corazón, no necesito más” La mascullé mientras ella me contemplaba y asentía a mis reflexiones. En el jardín seguía habiendo ruido, palabras inconexas, ladridos y, para colorear aquel momento, unos cuantos truenos cargaban al cielo de aplausos lluviosos, pero yo seguía aislada en ese mundo que no se toca, solo se siente. Entonces decidí levantar aquella sábana vieja que cubría la mesita; mis ojos, de pronto, se iluminaron. Acababan de reencontrarse con su último verano. Una agenda de hojas sepias, onduladas de humedad,  aromatizadas por crema para el sol. Estaba abierta con su bolígrafo preparado. En la última hoja se podía leer “El tiempo descansa sobre nosotros, los días, los meses, no pasan, los llevamos encima. Solo falta que tú los pongas letra y música”… Sonreí comprendiendo que un halo misterioso está siempre pendiente de nosotros ayudándonos a dar sentido a nuestras huellas.

Y me levanté de aquel sillón. Ya no sentía cansancio sino urgencia. Levanté persianas, abrí ventanas, encendí la nevera y me asomé por la puerta de esa casa que siempre me espera desde mi tierna juventud. Después,  con la luz que faltaba a esa tarde gris, mi rostro se encendió y dije al aire de mi jardín “¡Hola, ya he llegado!”

martes, junio 09, 2015

UNA AMIGA INCOMBUSTIBLE

A veces, muchas, el ser humano necesita de palabras de aliento, palabras amables, palabras que te hagan sentir el apoyo de otros; en definitiva, lenguaje verbal y no verbal. Una mirada, una sonrisa, cualquier gesto que, el que lo recibe, sienta que es apreciado y que puede compartir pesares y alegrías. Pero esto a veces llega o no llega o, tal vez, el que espera recibir no sepa ver o escuchar o sentir.
Sin embargo, hay una acción que siempre está a tu lado, sólo necesita ser ejecutada. Ella espera en calma que la sepas percibir, apreciar y oír, para que ella se ponga en marcha y en tu auxilio.
Hablo de la fuerza de voluntad. Nadie, nada más que nosotros la podemos poner en funcionamiento. A veces creerás que no está, que ni siquiera la tienes, y eso es un error. Siempre está ahí, lo que pasa es que, quizá, nunca la hayas utilizado o que esperes que, a la primera intentona, dé resultados. Es como el que quiere dejar de fumar, el obeso quiere estar delgado, o como el que quiere aprobar una asignatura… Ejemplos, miles, y muchos han llegado a su objetivo. Fin que a veces tarda en llegar, pero llega. Mientras, por el camino, te caes, tropiezas, desertas y… vuelves de nuevo a la carga. Si sabemos manejar esta ayuda impagable y gratuita, además del pánico al fracaso y la rebelión, cuando la comiences a sentir, te regalará muchas satisfacciones.

Tengo dos amigas que luchan contra sus propios fantasmas; una tiene que dejar de fumar si quiere que su vida de ahora en adelante tenga un mínimo de calidad. Otra amiga necesita vencer ese miedo sordo que la paraliza. Ambas se revuelven contra sí mismas, ni una quiere dejar de fumar, y la otra no comprende el porqué de ese miedo que viene de puntillas sin previo aviso, y la deja fuera de combate cuando no hay motivos para ello. Pero sé que son chicas listas, y que sabrán descubrir esa fuerza de voluntad necesaria que duerme dentro de ellas para vencer esos fantasmas, sabrán descubrir el camino para aprender a reírse con esos espíritus, a priori dañinos, y darse cuenta que con voluntad se convierten en duendes, duendes que no juegan con nosotros sino nosotros con ellos. 

domingo, junio 07, 2015

EL PASILLO DEL LLANTO: BEATRIZ

El placer de la lentitud lo descubrí después de tocar con mi cabeza el infierno… Es tan alentadora y reconfortante que te hace vivir dos veces: cuando pasa y, después, cuando rememoras aquellos instantes fugaces, pero tan plenos de vida. Es como si abrieras las compuertas de tus sentidos y percibieses lo que pasa a tu alrededor con tan sólo guiarte con el tictac de la lentitud… Era un largo pasillo, a un lado puertas con su número correspondiente y, al otro lado, ventanales desde donde ojos anónimos se quedan mirando como el tiempo se escurre de la vida.

Largo y silencioso donde hasta los pasos son afónicos y las voces susurros temerosos. Es un pasillo de paredes azules, color para el sosiego. Cada día pasean pies arrastrando una enfermedad, pasos desesperados mortificándose mientras esperan a esa mujer de bata blanca, nariz respingona, ojos agudos que miran de frente aunque sus facciones no pueda eludir cierta timidez.

Metros de pasillo donde Beatriz cada día desenreda la realidad de la verdad, verdad a veces dura, irremediable pero que ella encara con decisión, con profesionalidad. Un pasillo lleno de lágrimas furtivas, llantos descontrolados a los que Beatriz trata de explicar lo que hay, con la nitidez y lenguaje propios para ser entendida y a la vez no herir más de la cuenta.

Esta mañana me emocionó contemplar a Beatriz cómo se esforzaba en que un final inminente fuera lo menos doloroso posible; cuando se volvió hacia mí su empatía se había contagiado de la pena de dos mujeres y, como ellas, lloraba mientras me regalaba una sonrisa antes de referirme los resultados de mi madre.


No creo que tenga más de treinta o treinta y dos años y he sentido como esa mujer de bata blanca había nacido para ejercer la profesión de médico.

jueves, junio 04, 2015

GRIS

“Mi padre me decía a menudo ¿ves esas nubes, distingues sus formas cambiantes? Y me mostraba entonces, en el cielo mudable, la aparición de unos seres extraños, quiméricos, maravillosos” Odilon Redon
… Ha amanecido gris, el día no es azul. Tal normalidad me ha parecido anormal; después de tantos meses vestidos de azul, el gris se me antoja extraño. He cogido una taza de café entre mis manos y he salido al balcón y, cuánto más miraba al gris, más fascinante me parecía el tratamiento de la luz en un gris ¿Cuántos pintores estarían mirando hoy este plomizo, esa capota de hollín interminable sobre nuestras cabezas? A veces sombrío, otras plata, blanquecino… Tantas tonalidades en un mismo color.


Y este gris, tan sombrío y apagado, me hace recordar los desencantos con los cuales a veces nos vestimos.  Y es que la vida es una historia interminable que finiquita cuando menos te lo esperas, ¿lo habéis pensado mientras os aliviáis de plomo? Repleta de sinsabores, amarguras torcidas que nos hacen trasplantar nuestras agonías en el jardín de otros y, así, marchitar sus primaveras. Cosemos y recosemos las costuras, hasta que nos llenamos de remiendos convirtiéndonos en muñecos de trapo en manos de quienes parecen que nos quieren y, sin embargo, meten sus dedos afilados en las costuras que tanto nos costaron cerrar hasta que nos rompen. Vidas truncadas, caminos de cactus, años grises sin soles ni lunas, cuánto nos cuesta conocer las horas de esos que nos tragan a borbotones porque les hiere nuestra sonrisa…, es tan difícil ponerse en el lugar del que sufre hasta conectar su herida con tu aliento; casi nunca se consigue. Pero  me niego, nos debemos negar todos  a ser arrastrados por esas nubes negras que nos impiden ver la luz… Porque la vida, además de sombras, hay cantidad de rayos luminosos, o de esos grises de algodón blanquecino en los cuales nos podemos balancear mientras recuperamos el sosiego y la luz vuelve, vuelve a ser inmensamente gris, hermosa y etérea.

sábado, mayo 30, 2015

EL NIÑO DEL PATINETE

Cuántas veces buscas algo que no sabes qué es hasta que lo encuentras. Yo lo llamo la chispa de la vida y la reconoces rápidamente…
Había sido una mañana de verdes, agua y azules. Mis ojos buscones se perdían entre cañas, aneas, mansiegas y carrizos, mientras mi corazón volaba detrás de las garzas. La mirada se había quedado prendida entre aquel azul espumoso y el verde de sus orillas. Los oídos desajustados de tanto ruido, había caído en el embrujo de aquel silencio sereno que se balanceaba en las aguas de un lago sin fin. Entonces, ¿qué más podía esperar? Nada y sin embargo aún me esperaba un toque de sorpresa en una esquina valenciana.
Era la hora de comer. Brindis, risas y buen yantar cuando decidí salir a fumar. Me senté en el escalón de la puerta del restaurant. Al principio dudé si sentarme o no. El lugar era lo suficientemente elegante para no pegar una rubia de pelo alborotado con una copa y un cigarrillo, pero mi voluntad se doblegó a la sensación que me produjo la acera de enfrente.
Un mínimo parquecillo, frondoso y bien cuidado. De repente aparece un niño de unos seis años con la fuerza de un huracán montado en su patinete. De piel tostada y pelo liso, destacaba de esa luz mediterránea que recuerda siempre tanto a un cuadro de Sorolla: luz y más luz, después azul y más azul. Los ojos del niño, de mirada ausente de peligro, estaban clavados en un punto cuyo freno parece que fue el semáforo rojo. Un segundo movimiento relleno de esa frescura y parsimonia que posee el mundo infantil, bajó de su patinete y se agachó sacándose de sus tiernos pies las zapatillas que llevaba puestas. Después, se saltó una pequeña valla que separaba el jardín de la acera. Cuando sus plantas tocaron el frescor del césped, su cabeza se giró al cielo apretando los ojos y extendiendo los brazos en amago de sentirse paloma. Una vez que sus sensaciones se vieron saciadas, volvió a abrir los ojos y se encaramó al primer arbolillo que encontró. En mí ya habían surgido muchas sensaciones de placer mientras la sonrisa se escapaba de la boca.
Una voz le llamó “Vamos, Miquelot” Y con la elasticidad de un junco, Miquelot bajó, se puso sus zapatillas y se perdió en el asfalto.

Entré, mis compañeras de viaje seguían enfrascadas entre risas y copas y yo…, abstraída en un mar de emociones del color azul, verde y agua tratándolas de ordenar en una vieja libreta.
¡Buen fin de semana, amigos!

martes, mayo 26, 2015

PASO A PASO

En noviembre terminé mi primera novela, EL MISTERIO DE LOS GEMELOS CUBANOS, que el único mérito que tenía era haber pasado de escribir más de  10 páginas. Disfruté mucho escribiéndola, me reí a carcajadas porque no tenía ni pies ni cabeza. La pobre no fue entendida por mi público elegido y no gustó nada, recibiendo unas críticas tan malas, y destructivas algunas que me sumieron en una crisis (no es coña). Sin embargo, Dios me ha dado un carácter positivo que, según caigo o toco fondo, me levanto y vuelvo a la carga con la misma ilusión como si estuviera descubriendo el mundo al estilo Colón.
Entremedias de EL MISTERIO DE LOS GEMELOS CUBANOS, llevaba desde abril con una novela que se terminó allá por febrero. Estaba que me salía de mí, de emoción, de orgullo e ilusión. Busqué una persona que la leyera, después otra y por último una tercera. Cada una era de un perfil totalmente opuesto: una catedrática, una poeta sensible y una lectora compulsiva que se le todo pero siempre buscando evasión. Las tres fueron unánimes: las gustaba y me daban el golpecito necesario para seguir.
El siguiente paso fue encomendar a la catedrática y a la poeta sensible que me corrigiera la obra y que me señalaran ideas de mejora para mi criatura; cumplieron con creces.
Hoy  SEVILLA... GYMNOPÉDIES va al Registro de la Propiedad Intelectual, y lo quiero compartir con vosotros. ¿Por qué ese título? Lo explica en la primera página “Cada capítulo de una vida debería tener una música especial que sintonizara con los acontecimientos. Si tuviera que poner una melodía en mi vida, sin duda sería Gymnopédies de Erik Satie, mágica, misteriosa, suave, dulce, tan llena de paz que aún hoy me besa en el corazón… Pero eso fue mucho más tarde”
Quiero que me deseéis suerte, la necesito y mucha porque el mercado está saturado, lo sé, pero creo en mi novela, de verdad; tiene muchas posibilidades.
Desde aquí también quiero hacer público mi profundo agradecimiento a Mª José García-Vaquero y a Rosa Mª Arroyo por su dedicación para que la novela estuviera casi perfecta para poder brillar con luz propia.
Ahora me falta lo más importante: editor… A las seis de la mañana he comenzado a mirar editoriales que, al menos, se dispusieran a leer a mi criatura. Si alguno tenéis información de algo, no dudéis en dármela, por favor, el trabajo en equipo siempre funciona.

¡Chicos estoy muy feliz!

domingo, mayo 24, 2015

EL TREN DE MIS OJOS

Desde el tren veo marchar el día con noble desdén del que sabe que volverá.
El campo se hace sombra, y el horizonte lineal y rojizo.

El paisaje se duerme sin miedos; ayer, antes de ayer y el otro, lo azotó un temporal, pero ahora el clima ha vuelto a ser leve serenidad en un paisaje adormecido, ha vuelto a su ser, y la dulzura de la primavera se aposenta en la tierra que unas manos ásperas cuidan con afán.
Mi tren va veloz, ha de llegar puntual. Transporta demasiados rostros cansados con sed de hogar y paz. Traslada agotamiento, compañerismo, las últimas llamadas de trabajo, una fugaz mirada a las últimas noticia del Ipad…

Me he puesto a leer y cuando he vuelto a mirar hacia la ventana, una oscuridad azulada con piquitos de luz desplomados sobre el campo era el regalo de estas ventanas mágicas que sólo las puedes encontrar en los trenes.

Avisan, ya llegamos a casa. Descendemos despacio, los compañeros se despiden con un “Hasta mañana, ánimo, ya será viernes” y cierran el saludo con enormes carcajadas agitando sus manos como palomas mensajeras.


Arrastro la maleta notando como el Ave Fénix, a mis espaldas, se despide de mí hasta la próxima semana.

jueves, mayo 21, 2015

POESÍA EN EL MAR

¿Cómo huele el mar? Huele a yodo y a salitre, arbustos  que sólo crecen a orillas de la mar,  mezcla de arena mojada, sal y pescado. Me paro a soñar, me permito el lujo de lo irreal. Me pierdo entonces en calles ensortijadas de perspectivas y, en cada recodo, amores dulces y despertares tranquilos. Llego hasta la arena y una barca fondea frente a mí. Me monto y remo mar adentro. Escucho el gorgoteo de la gaviota, su aguda voz, el rugir de las olas, o el siseo del casco de la barca hendiendo las aguas marinas. Respiro a pleno pulmón su brisa, lleno los ojos de horizontes,  y la mente de oxígeno. Después, vuelvo, vuelvo a la realidad con el corazón en reposo.

Porque la mar huele a muchas cosas. Su profundo aliento entra por nuestros poros asfixiados hasta llegar a la mente y abrir las compuertas de la memoria  evocando recuerdos adormecidos,  que no olvidados ni muertos, sino en espera de esa sensibilidad que subyace dentro de ti. Se acercan entonces un pedacito de tu ayer, una persona, un pensar, ya que un olor podemos identificar un tramo de nuestra historia, alguien que reposó en tu corazón… Y la mar desprende tantos aromas que, cuando te sumerges en esos mundos submarinos, eres otro, proclive a romances, magias y ensueños.
Aunque no creas que todos los mares huelen igual; cada uno posee su propia especie de son, sal y sol. Incluso la mar de verano, aromatizada de cuerpos,  cremas y crepúsculos, de amores de labios carnosos, es muy distinta al mar de invierno o al dulce océano de primavera.


Recuerda: si tienes la fortuna de volar a la mar, siéntate frente a ella, cierra los ojos mientras absorbes su perfume. Luego abre los ojos, inúndate de su infinita gama de azules y abre tus brazos… Habrás entonces rozado un pedacito de plenitud.

miércoles, mayo 20, 2015

COSTA DA MORTE


De nuevo azul, de cálida brisa, de norte y cobalto. Ayer fundido en abierta bravura chocando sus labios con la costa da Morte. Otrora, de mar en calma, de rizados bucles al llegar a tu orilla. Playas desiertas de arena blanca y conchas de peregrino. Dos osados bañistas se funde en la arista esmeralda mientras rayos de sol, escapados de un cielo azul con nube deshilachada de algodón, imprimen a la mar un espejo de plata que ciega a mis ojos que se nutren de azul interminable.
El camino fondea un acantilado entre hortensias, aliagas y dunas y, según desciendes, primero tocas cielo antes de perder tus pies en esa arena que según la pisas hundes tus talones. Después, la brisa seduce a tu piel y aparece la gaviota sombría revoloteando en esa ribera de agua salada. Un suave cosquilleo se balancea entre mis dedos mientras mi ser se va mezclando entre el rumor de la ola y el silencio de mar abierto. Como siempre, cierro los ojos para atrapar mis memorias de agua, son y salitre, tal vez acaparan la sal de mi equilibrio, mientras la hora baja la mar para que me adentre mientras la espuma se aleja.
Abro los ojos y veo mi sombra extendida, alargada, sobre arena rubia de tanta agua en la que se empapan mis deseos. Despliego mis brazos y me siento gaviota, esa gaviota que vuela a ras de sentimientos y emociones mientras mis pies se llevan la ola que abraza mi libertad.
Unas risas de cabriola me aterrizan  en la espuma. No la vi llegar y me baño de turquesa y blanco mientras mis amigos huyen del donaire que produce un susto inesperado. El mar se ha vuelto niño y juega al zigzag con sus intrusos. Yo, me dejo seducir, ya vendrá el calor de la abrigada lumbre entre la roca y ese sol de tarde de mayo.
Pero antes de alejar mis pasos de aquel lugar de duendes y meigas aún veo ponerse el sol entre el horizonte y un mar más cobalto que nunca.

Ya no soy sino salitre al son de una alga con alas de gaviota.

lunes, mayo 11, 2015

PROMESAS

Es tiempo de promesas después de años, meses, de desencantos.
“Puedo prometer y prometo” Frase mítica de un tiempo que los españoles vivieron. Nadie como el hombre que la pronunció para tomarle como símbolo de que prometer es gratis, incluso loable. Sin embargo, a la hora de la verdad, son muchos escollos para llevar a cabo la promesa dada, algunos insalvables.
Otrora, el verbo prometer me suena a engañifa, a estafa. Unos, porque gracias al Altísimo, sus promesas serían inviables ya que si hacen lo que prometen, hundirían un país y pasaríamos a ser una nación como muchas que hay sin recursos, con la voces atadas y los derechos asesinados por mucho que loen a la libertad ¡Mentira! Otros, venden humo, y los más versados en estos menesteres trafican con mentiras.
Anoche vi un anuncio que, según transcurría su trama, más tocaba en mi fibra sensible. Decía verdades, narraba historias comunes de cualquiera de nosotros, ¡ases quienes lo diseñaron!, sin embargo, al final del anuncio, cuando se desentraña quien lo dice, cambié de canal por el coraje que me dio.
Sí, estamos desencantados, muy cabreados y muy quemados, todos. Unos con más razón que otros pero, en suma, somos todos. La realidad es que lo que tenemos ya no vale. Ha de pasar tiempo para que en ese tiempo nazcan y se formen nuevos personajes en los que creer y depositar nuestra confianza, encandilando a las masas con su verdad, honestidad, trabajo y hechos. Personas creíbles, modelos a seguir e imitar, si la ocasión lo requiere.
Los personajes recién nacidos, como quien dice hace tres días, a unos se les cae sus propuestas por sus hechos y a los otros les falta aún solidez. Y lo que hay, los dos bastiones más seguidos, es mejor apagar la luz para no verlos.
Mientras, hago mías parte de las palabras de Juan Goytisolo, último premio Miguel de Cervantes. Y no por su guiño a Podemos, ni mucho menos, sino por su compromiso con la realidad aprovechando sus letras para denunciar, haciendo referencia a la convulsa realidad que nos está tocando vivir, a las miles de injusticias sociales, a tanto ladrón suelto, a ese 20% de nuestros niños que vive bajo el umbral de la pobreza, a esa mirada corta y desviada que lanzamos cuando las cosas no nos gustan, pero que nos dejen vivir en paz mientras el tiempo lo permita. No nos merecemos que se mercadee con nuestra España y nos conformemos con “la mierda” que engulle esperanzas e ilusiones.
Seamos consecuentes, analicemos sin prisa, pensemos lo que nos conviene a cada uno que al final será en bien común. No votemos con rabia aunque estemos rabiosos y tengamos motivos más que suficientes para mandarles a “la mierda” Tampoco cojamos una pataleta y nos vayamos de excursión en vez de depositar nuestro voto, o nos quedemos en casa refunfuñando, no. Vayamos todos y depositemos nuestra verdad en las urnas.

¡Vaya mitin que os he dado!

domingo, mayo 10, 2015

SORPRESA PRIMAVERAL

Era una mañana primaveral deliciosamente orneada de sol y temperatura, así que decidí adentrarme en el Campo Grande, el pulmón vallisoletano. En un recodo de esos caminos que aparecen inesperadamente entre arbustos y pavos reales me sorprendió un aroma que hizo que echara el freno a mis pies, y cerrara los ojos. Un delicioso perfume a azahar hizo que me evaporara al parque maría Luisa hasta que un griterío infantil me despertó del hechizo. El sol se colaba entre las ramas dibujando luces de distinto calibre. Unas convertían en blanquecino el aire, otras inflaban el color convirtiendo al verde en un abanico de infinidad de verdinegros, esmeraldas y aceitunos, mientras un pato se cruzaba en mi camino con la parsimonia de su paso menudo. Según avanzaba se iba escuchando el chisporroteo del agua de alguna fuente y fue ahí donde me encontré a Manuel.
Una plazoleta de escasas dimensiones con una fuentecilla a la que se acercaban palomas a beber. Un par de bancos y árboles gigantescos dando cobijo a la sombra, no más. En uno de los bancos estaba sentado un hombre. Me asusté al chocar mis ojos con su perfil; era clavado al padre de una amiga. Me pregunté “¿Qué hace Antonio aquí?”, mientras me acercaba con sigilo. Sus ojos estaban fijos en alguna parte que no era ese parque. Ya vi que no era el padre de mi amiga, palpé que, aunque estuviera delante de él, no me veía. Un impulso hice que me sentara a su lado y soltara “un hola cantarín”. Mi voz despertó alguna parte de aquel hombre desconocido haciendo girar su mirada a la mía “Me he perdido”, me dijo con la angustia prendida en unos ojos a punto de estallar en lluvia; después, volvió a girar su cabeza hasta el punto inicial donde convive la nada con el miedo.
“¿Cómo te llamas?” Mi voz volvió a atacar a su silencio. Si mirarme, me contesto “Manuel” “Pues Manuel, seguro que en algún bolsillo guardas tu dirección ¿Me dejas que la busque?” No me dio tiempo pues comenzó a sonar una suave melodía de uno de los bolsillos de la chaqueta de Manuel; él ni se inmutó, yo creo que ni siquiera lo oía. Con la suavidad de un ladrón experto introduje una de mis manos en aquel bolsillo sonoro y extraje un móvil en cuya pantalla aparecía el nombre de Paquito. Apreté un botón y dije “¡Hola!” Una voz asustada y nerviosa balbuceó “¿Quién eres, está ahí mi padre?” “Sí, tranquilo. Estamos…” Le expliqué la orientación en donde nos podía encontrar y no habían pasado diez minutos cuando apareció un hombre de no más de 40 años corriendo como si no hubiera un mañana.
“Papá, eh, papá, venga regresa, menudo paseo te has dado. ¿No tienes hambre?” La voz del tal Paquito era un vaso colmado de ternura y cariño mientras sus ojos se clavaban en los míos en un mudo agradecimiento. Manuel seguía en “Babia”, ese mundo de luz donde a veces no encuentras la puerta de salida.

Paquito levantó a Manuel y caminando con el paso menudo de un pato les vi alejarse. Yo seguí allí parada con los pies clavados al suelo mientras mi corazón se diluía en un aprecio especial hacia un extraño, y mi cabeza se perdía en la nada de tanto Manuel como hay por el mundo.

viernes, mayo 08, 2015

TAL VEZ UNA SONRISA

Siento lástima por aquel que no sabe qué es una sonrisa. Me parecen personas grises aunque en el cielo no haya rastro de lluvia. Rostros huraños y malhumorados en guerra con todo su entorno. Olvidaron ver con ojos de niño el asombro que produce despertar, el saberse Robinson subidos a un arco iris.

Ya no hay sonrisas gratuitas, perdidas y despistadas que hacen tan grata la convivencia. Podías encontrarlas en cualquier esquina, al abrir un armario o en el tarro de mermelada.
Se puede comprar de todo, sólo hace falta dinero, pero no así aquello que no tiene precio ni caducidad como ese gesto, esa mueca que se dibuja a lo largo de un rostro desde la barbilla hasta llegar a los ojos, y cambiando su fisonomía por dos farolillos intermitentes que invitan a ver la cara más amable de esta perra vida.
Limones ácidos que, cuando tropiezas con ellos, lamentas haberlos encontrado. Aristas en sus bocas que recriminan no ver la vida con la oscuridad de sus noches que jamás ven la luz.

Se pierde la amabilidad, se esfuma su duende, se convierte en un mal que se adhiere a las paredes de tu alma como lapa persistente e invulnerable.
A veces sueño que la pierdo y me despierto angustiada dando luz a mis miserias. Cuando recobro la conciencia, me palpo la piel, el corazón, mi boca…, y allí la encuentro descansando, recuperando el resuello de su ardua tarea que es enseñarme a no olvidar el valor nutritivo de una sonrisa cada vez que alguien te mira a los ojos.

Pequeños gestos que son el vestíbulo de tu yo que entregas a los demás haciendo gratificante su largo caminar.
Siento lástima por aquel que no sabe la estima de una sonrisa sin más porqué que el placer de regalar un instante de felicidad.
¡Buen fin de semana, amigos!

miércoles, mayo 06, 2015

MI AMIGA ROSA Y PLATERO

Hay días en que no encuentras los sentimientos, seguro que los has extraviado por cualquier esquina polvorienta de tu vida. Ni siquiera te responde la sensibilidad. Abres los armarios, los cajones, incluso tu despensa emocional y no te tropiezas ni siquiera con unas migajas que despierten aunque sea un pequeño sentimiento, nada. Simplemente te hallas en estado vegetativo. Te hablan, te cuentan, lees y sigues estático sin que la lumbre encienda el calor que posee la vida. Apenas un fogueo interno de rabia o antipatía hacia alguien hace que brames, masculles palabras sin sentido que tal vez te arrepientas por haberlas dado demasiada voz si alguien te las escucha. También puedes presentir que una persona o situación es nociva para tu salud mental y tu instinto de supervivencia te susurra que salgas corriendo como si no hubiera un mañana. Ni siquiera oyes al silencio, ese buen compañero que te induce a pensar, a meditar sobre caminos tuyos o de otros, a amueblar las estanterías de tu intelecto y pensamientos, nada. La situación se agrava si en las horas de sueño, éste se va de farra y te deja con la almohada desplumada mientras escuchas pasar los minutos, las horas  de un reloj que no deja de marcar el tiempo, un tiempo que sientes que se diluye delante de tus narices y que ni siquiera lo hueles.
Entonces, te echas de menos, añoras ese otro yo que es parte de ti, como si fuerais una pareja de norte y sur y que,  por circunstancias que no alcanzas a comprender, se ha ido de tu vida, sin explicaciones, sin riñas, simplemente un día fue a por tabaco y hasta la fecha no ha vuelto. Pero después de echarle de menos, te acostumbras, quizá lo olvides alguna vez, quién sabe.
Pero aunque las crónicas te obliguen muchas veces a finales tristes, aciagos y devastadores, yo me niego, y mi voluntad persevera en buscar una final feliz o, al menos, positivo para esta situación circunstancial. Porque lo primero que uno ha de plantearse es que nada es perpetuo, y que todo lo que viene, en un momento dado se va, por lo que hay que estar preparando y aceptarlo. Lo único seguro que hay es que la vida enhebra pañal y mortaja, lo que hay entre medias es susceptible de cambio y tú, yo, el otro, está de nuestra mano cambiarlo. Porque nada te viene a buscar sino todo lo contrario. Has de salir a buscar la luz, a pescar sensaciones, y cazar emociones. Luego las cocinas con mimo, las reposas como buen guiso que se precie y, por último, las digieres.
…No ha amanecido aún y he escuchado el canto de un pajarillo; he sentido que me saludaba y venía a hacerme un rato de compañía. Al rato, me he levantado a por una taza de café y me he encontrado con un espectáculo muy bello pegado en la ventana: estaba amaneciendo y una lluvia fina resbalaba por el cristal, y ha hecho que una sensación de placer me diera los buenos días. Después, con un café humeante entre mis manos, he hallado unas palabras de mi amiga Rosa hablando de Platero. He corrido por internet a buscar al burro y regalaros yo también unos buenos días especiales.

“Platero es pequeño, peludo, suave; tan blando por fuera, que se
diría todo de algodón, que no lleva huesos. Sólo los espejos de aza-
bache de sus ojos son duros cual dos escarabajos de cristal negro.
Lo dejo suelto y se va al prado, y acaricia tibiamente con su
hocico, rozándolas apenas, las florecillas rosas, celestes y gualdas. . .
Lo llamo dulcemente: "Platero?", y viene a mí con un trotecillo
alegre que parece que se ríe en no sé qué cascabeleo ideal . . .
Come cuanto le doy. Le gustan naranjas, mandarinas, las uvas
moscateles, todas de ámbar, los higos morados, con su cristalina go-
tita de miel . . .
Es tierno y mimoso igual que un niño, que una niña . . .; pero
fuerte y seco como de piedra. Cuando paso sobre él, los domingos,
por las últimas callejas del pueblo, los hombres del campo, vestidos
de limpio y despaciosos, se quedan mirándolo:
-Tiene acero . . .
Tiene acero. Acero y plata de luna, al mismo tiempo”

lunes, abril 27, 2015

AZUL

Azul es un color. Zarco, índigo, cobalto y añil. Todos los días son distintos y suceden cosas como encontrarte cara a cara con Azul. Color que transforma los ríos internos adormecidos en aguas vivas con música de oleaje. De silueta afinada, cambiante como el aire que respira y que, con su sola presencia, te despierta al mundo de las sensaciones haciéndote olvidar la trashumancia peregrina, convirtiéndote en un estático voyeur de ese azul. Tozudez  ambarina en la que tus ojos se diluyen, dibujan y perpetúan el color azul. A veces místico, otras nostálgico, otrora vital, susurrándote que solo hay una vida y pasa rápido. Así le miro, agarrándole por sus alas blancas porque quizá, seguro, solo sea este instante en que te fundas en azul, esmeralda o azulete. Perenne, balanceándose en tus manos, convirtiendo tu cuerpo en turquesa, y tu entorno en blanco espumoso. Mientras, el salitre alerta a tus pulmones y los tímpanos se diluyen en oleaje. Sí, te he hablado de la mar. De la mar sureña, de la mar salada y alegre que crece cada día en el sur de mi vida.
El cielo es otra cosa, aunque en el sur el mar y el cielo a veces se confundan, se casen, o la línea eterna del horizonte les separe. El cielo de la tarde es distinto al de la mañana. Éste es un adolescente burlón y picajoso, mientras que el de la tarde se deja mirar, pasear entre sus nubes, caminar por sus infinitos hasta que se desploma el día en melocotones maduros. Entonces se vuelve dulce, como un soplo de aire al borde del mar. El cielo en tardes de verano languidece en mis pupilas llenando de un azul tenue cada letra que te escribo en la distancia de nuestras vidas.

Camino avanzando por mi playa interminable, mirando sus aguas, grabando en mis ojos esos inagotables azules de cielo y mar, mientras mi ánimo se va deshaciendo de aciagas telarañas. De pronto detengo mi paso, y nos miramos de frente. Retengo su cuerpo sobre mi mirada glotona, y mis pupilas se emborrachan de arena, sal y agua, mientras el son me murmura y el sol me acaricia. Reanudo el paso sobre espejos de arena y agua, dibujando sombras de lo que soy. Atrás quedan mis huellas que la mar borra, pues el ayer pasó y el mañana ha de llegar…, o tal vez no. ¡Qué más da!, si ya soy nube, agua, arena, azul y salitre, porque eso es lo que el sur hizo de mí.

sábado, abril 18, 2015

¿CON QUIÉN LE GUSTARÍA CENAR ESTA NOCHE?

Corría el año 1992, finales de octubre. Un otoño raro, de aguas quebradizas, locas, y estériles. De carácter áspero y voz bronca, de nubes negras, más zahínas que un toro bravo, me lo cuenta  mientras respira el aire fresco que, poco a poco, se congela en su memoria. Ni sol ni paraguas, ella caminaba feliz a su nuevo destino. Llevaba un año especializándose en entrevistas de trabajo. Había pasado por los despachos más variados, había sido entrevistada por un abanico de personajes de lo más heterogéneo y, con ello, aprendido aplomo, sonrisa y siempre mirando a los ojos, Todo había surgido de la necesidad, no del dinero, y sí de ver un mundo más allá de las fronteras entre un pañal y un guiso. Estaba en una edad en que la vitalidad rezumaba por sus poros, y donde el campo aún no tenía barreras. Su carácter extrovertido ayudaba a que mirara la vida con la virginidad de la ilusión y, aún en la inconsciencia de la juventud, en dos ocasiones fue a entrevistarse con sus dos hijos debajo del brazo; no tenía con quién dejar a los niños, estaba sola en la gran ciudad, esas ciudades que te comen por dentro si no las encaras desde el primer momento, y tampoco quería dejar pasar una oportunidad. Eran años gloriosos en donde el trabajo fluía como agua de manantial, y siempre tuvo suerte. Es cierto, me cuenta, que ella no picaba alto, consciente era que si quería iniciar una profesión debía empezar desde el sótano; para subir escaleras ya habría tiempo.
Aquella mañana de octubre, de agua fina, desapacible y sombría, a ella se la antojaba de membrillo y albahaca. Subió los tres pisos andando mientras el corazón era un saltimbanqui feliz por una nueva oportunidad. La pasaron a una salita; se sentó, estaba sola. Al rato apareció un chico, rozando la treintena, muy locuaz y vivaracho,  con el que ella enhebró conversación de lo más variada y divertida. En más de una ocasión, él protestó por el tiempo que les estaban haciendo perder, llevaban más de una hora esperando. Pero ella le calmaba argumentándole que más vale una buena entrevista, relajada y pausada, donde estudien verdaderamente las posibilidades del candidato, y probablemente el que había entrado delante de ellos debía merecer la pena por los minutos que le estaban dedicando. No pasó mucho rato desde este último razonamiento cuando la puerta se abrió y mandaron pasar al chico y no a ella, pero se encogió de hombros y le despidió con una sonrisa franca, de esas que salen de dentro para iluminar más de un ánimo compungido.
A los cinco minutos de haberse ido el muchacho, se volvió a abrir la puerta y la indicaron que pasara al despacho número tres. Ella buscó el número y llamó a la puerta. Alguien desde dentro la indicó que pasara y, cuando empujó la puerta, la sorpresa fue mayúscula. Detrás de la mesa estaba sentado un muchacho, alrededor de la treintena, que la recibía con la sonrisa más luminosa que ella recordara y los ojos más pilluelos que ella hubiera confrontado alguna vez. Sí, era el chico con el que había compartido más de una hora de espera en amena conversación. Después del primer impacto, los dos se echaron a reír.; una risa fresca, divertida y confidente.
-Bien, como ya te he preguntado todo lo que necesitaba, solo me queda una duda. Bueno más que duda es una curiosidad… Si hoy tuvieras una cita, ¿con quién te gustaría cenar?
Ella hizo una mueca de complacencia, cerró los ojos, echó levemente la cabeza hacia atrás y buscó una imagen, una voz, un comportamiento. Vio con nitidez al hombre con el que la gustaría compartir mesa, mantel y viandas, pero sobre todo hablar, preguntar, y curiosear en aquel hombre de ideas claras, moralidad intachable, avezado economista y trabajador nato, cuyas camisas siempre iban arrugadas, el nudo de la corbata mal hecho aunque sus zapatos estaban invariablemente inmaculados.
Ella abrió los ojos y utilizando su expresión risueña plagada de complacencia dijo:
-Con Rodrigo Rato.
Hoy, una tarde de primavera, de lluvia loca y aire levantisco, muchos años después, ella me mira con los ojos entristecidos, una sonrisa amable pero pegada al desencanto y su voz, desinflada de ilusión, me pregunta:

-¿Qué hizo la vida con nosotros dos? O más bien, ¿qué hicimos nosotros con ella?

miércoles, abril 15, 2015

PASEANDO CON MI MADRE

Cuando estás junto a un anciano, puedes mascar el sabor insípido de la nada, ese vacío existencial que se va apoderando de ellos. Además, tienen un reloj biológico que marca un tiempo, pero nunca un momento, una hora. La prisa para ellos ha perdido el estímulo de llegar a un puerto y la vida ha borrado el color de las sensaciones; el sentido de las cosas ya es desconocido para ellos. De ahí que el talante emocional que tú emplees sea tan importante para arrojar luz a esas vidas que se disipan no físicamente, pero sí mentalmente.
Una vez oí que la vida enhebra pañal y mortaja y que antes de volver al polvo, en muchos ancianos se recrean en el pañal sin darse cuenta que una vez fueron adultos vibrantes y que por sus poros corrieron las sensibilidades más hermosas.
Ayer, a una hora incierta de la tarde en que la luz se desvanece y que sin embargo nos regala los últimos destellos de color luminoso, salí a pasear con mi madre sin rumbo y con intención de quemar una etapa más. Pero mi sorpresa fue encontrarme con el afán de saber mirar por las dos. Mirar con cariño, un mirar condescendiente y comprensivo. Sentir el latido de la vida en la mirada presintiendo con la vista lo que a simple vista no se ve.
Me afané en despertar la curiosidad de mi madre a través de mi voz, tecleando cada palabra de entusiasmo, descripciones vivas de aquello que correteaba a nuestro alrededor. Nuestra primera parada fue delante de un árbol bellísimo en la calle Gamazo, frente al hotel Felipe IV; estaba plagado de flores, entre el rosa y el malva. Tanto me adentré en ellas para que mi madre pudiera percibirlas en su imaginación, que terminé viendo que no eran flores sin más, sino una cascada inusitada de claveles ensortijados en multitud de ramas, ella apenas me prestó atención, no obstante hice fotos.
Seguimos nuestro paseo perdiéndonos por uno de los rincones más bellos de Valladolid: el campo grande. No obstante vi peligrar mi empeño de perdernos por aquel paraje frondoso con multitud de matices verdosos. Ella me decía que saliéramos de allí pues aquel lugar la producía sensación de tristeza, de soledad, pero yo me hice la sorda y seguí caminando empujando la pesada silla de ruedas que ayer se me antojaba una pluma. Volví a mi narración salpimentada de recuerdos infantiles hasta que logré que mi madre volviera a despertar de su letargo. Y hubo un momento mágico: me quedé fascinada mirando la fuente de la pérgola que mi voz enmudeció y, cuando mi cabeza volvió a la realidad, no era yo quien hablaba, sino mi madre contándome mil y un recuerdos. Cerré los ojos para que mi memoria grabara aquellos instantes en que mi madre había resucitado. Pero como en los cuentos, era la hora de volver a la residencia aunque aún nos dio tiempo para que ella me pidiera las fotos que había hecho y se las enseñara a sus compañeras de viaje.

Cuando volví a casa, encendí la televisión, jugaba mi Atleti. Me puse una copa, encendí un cigarrillo, sintiéndome una persona muy afortunada.

sábado, abril 11, 2015

DESPERTANDO

Con el sueño descolgado en mis ojos y la somnolencia prendida en la cabeza, preparo café, enciendo el ordenador y me quedo quieta con la vista cosida a la pantalla. Segundos más tarde mis dedos pulsan la búsqueda del primer periódico. Previamente la cafeína va resbalando tímidamente por las paredes de la garganta y enciendo el cigarrillo, de los que mejor me sientan del día, el resto o la mayoría me los podría ahorrar. Gestos cotidianos de un animal de costumbres bien talladas para que la luz de la vida consciente comience a correr por mis venas. Sistemáticamente leo sin leer las cabeceras, luego vuelvo al principio y vuelvo a releer las letras grandes y en negrita; la mente comienza su engranaje. Normalmente el dedo corazón pincha en una noticia Banal porque el sueño se resiste a abandonar su feudo y con ese tipo de noticias no me suponen ningún esfuerzo, es más, me dan igual, pero no así el ejercicio lento y pausado con que someto al cerebro para que los vahos nocturnos se larguen de una vez. Me gustan esas primeras huellas de vida que entran en mí dejando la sonrisa cincelada en el ánimo. Es como si me predispusieran a ser benévola para el resto de las horas.
Añado más cafeína al organismo y voy elevando la raíz de la noticia hasta hallar esa que prende la bombilla del intelecto y un pensamiento lejano al terreno baladí me hace recapacitar. He pulsado varias cabeceras de los más diversos temas. Unas no aportan nada, es decir te han vendido humo en letras gordas, no más. Sin embargo según vas picando crónicas, primicias, sucesos, encuentro una esencia común en todas ellas: cadáveres escondidos.
Suena extraña y confusa mi afirmación, pero cuando lo explique comprenderéis que el título que más se acerca a mi descubrimiento.
A partir de cierta edad en la que abandonas la niñez para impregnarte de la adolescencia y más tarde sucumbir al mundo del adulto, no hablo de madurez porque hay gente que se muere sin saber el significado de esa palabra, vas acumulando experiencias. Unas son acertadas, otras verdaderas meteduras de pata. Experiencias al fin y al cabo que van modelando nuestro carácter, forma de pensar y actuar en la vida, incluso recalcan principios básicos de todo ser humano, o sencillamente  las reglas, razonamientos y gérmenes que abandonas en un recodo del camino por siempre jamás.
Bien, pues todos esos sucesos y experiencias van engrosando la mochila que llevas a tus espaldas o que guardas en un armario. Y un día X, tu vida da un giro y der ser una persona desconocida más allá de tus paredes personales, amigos, familiares y compañeros de escuela o trabajo, te pones en primera fila de fuego expuesta a ser conocida más allá de tus fronteras, insisto personales, y ser el blanco u objetivo de todo tipo de triquiñuelas.
Sabido es que somos un país difícil, de juicio rápido y desmesurado y que en cierto modo necesitamos vivir un poco de los demás, o vivir un poco sus vidas o en sus vidas, llámalo H. Entonces comienzan a abrirte tu armario, tu mochila, y a sacarte tus cadáveres, porque todos, absolutamente todos, guardamos cenizas contrahechas de un error en nuestra vida y quien diga que no, miente, miente como un bellaco.
En ese momento, el pensamiento me pregunta “¿Eso es lícito, es lógico que se haga?” Solo acierto a contestarle que deberíamos juzgar a la gente por sus hechos actuales, no por lo que guarde en el armario que ya es pasado, no presente, y no creo que sea lícito espolvorear las intimidades de una persona a no ser que la persona en cuestión las espolvoree ella misma a golpe de talón, lo cual es lo más habitual para ganar dinero fácil y rápido.
Pero antes de terminar de teclear estas zozobras mías, me doy cuenta que soy consumidora de cadáveres, profanadora de tumbas porque, y no me estoy justificando, es un ejercicio y hábito intrínseco al ser humano.
A veces pensar es deprimente.

¡Buen fin de semana, amigos!

jueves, abril 09, 2015

LA PREYSLER Y DOÑA PURI

¡Hola, chicos!.. ¿Qué tal vuestra Semana Santa? La mía muy recogida, mucho vino y hala comida y venga comida y después más vino y vuelta a empezar ¡Ah! Y todo a golpe de corneta y tambor, los castellanos todos somos muy sobrios pa to… También en mis ratos de más recogimiento espiritual, entre vinillo y vinillo, he meditado. ¿En qué? Os vais a alegrar cuando os lo cuente… ¡La Esteban ya es pasado! ¿Qué, cómo se os queda el cuerpo? Me dije “Puri, evolucionar o morir” Y ya sabéis que yo antes muerta que cualquier cosa que no sea ser, por lo tanto he transmutado de lo friki a lo hípster, eso sí sin barbas y muy limpia, pero con mi jersey roto aderezado con un pañuelo de Carolina Herrera, mis gafas de pasta y pareciendo que llevo dinero en el monedero aunque, cuando lo abres, esté la de siempre, ¿quién? La nada, que no necesita ningún aderezo para ser ella mismamente, pero si esto no lo cuento, todo el mundo pensará al verme…, mejor no saber lo que piensan de una, es un calvario pensar qué están pensando de ti, y más tarde confirmar que la gente lo que la gusta de verdad es ventilar la lengua sobre sus pensamientos más oscuros de otros, no de ellos, y tú caer como Santa Teresita en una noche oscura del alma, y de eso nada que la vida es muy corta y yo tengo la agenda a tope, a tope, tope. Más desde esta mañana que descubrí mi nueva musa y ya estoy tardando en emularla. Cierto es que tenemos muchas cosas en común, pero aún hay cierto distanciamiento entre ambos egos que he de solventar rápidamente.
Sí, voy a acortar distancias entre la Preysler y yo. Ella es morena y yo rubia…, nimiedades. Pronto la mando el número de tinte de Mercadona que yo uso... Ella se junta con sus amigas a comer perritos calientes y hamburguesas…, muy americano. Rápido la envío los choricillos a la sidrina que hace mi amiga Pichu que, aderezado con unos buenos culines de sidrina, muchos culines, para terminar cantando Asturias patria querida o el Asereje, al gusto, y así hacer patria que estamos muy necesitados. Claro, también puedo enviar a la Preysler al bar donde trabaja mi amiga la Mari ¡Qué mollejas, madre mía, qué bocadillos de chipirones con alioli!... Luego ella baila en el baño; eso se ha acabado, todo el mundo a bailar a la cocina que, mientras bailo, me salen los menús más rabiosamente rabiosos dado el sobresueldo que gasto en guindillas… Ella usa mucho pastillamen con colágeno, magnesio, calcio, y omega 3 y 6. ¡Qué no, mujer! Zanahoria, limón y naranja. La farmacia cuanto más lejos mejor.
En cuanto a su cuerpo y el mío pues…, ella dice que es genética, lo mío son de los huevos fritos con patatas, y a ella la luce comer con cabeza y lo mío es descabezado desde que me despierto hasta que me desintegro al final del día, pero a mí me acompaña Dios, porque ya lo dijo Santa Teresita “Dios está en los pucheros” y yo no salgo de la cocina con tanto puchero, calzoncillo y calcetines que tengo que casar. A ella se lo hacen todo, pero a mí, alma de cántaro, me lo guiso y me lo como todo solita, así que no puedo mandar con lo que me gusta a mí eso de ordeno y mando.
Y… Su sonrisa, tan perfecta, coordinada y de radiante blanco nuclear… La mía, de esa manera, deseando la pobre que su yerno político la enderece y eche un poco de lejía para yo qué sé, hacer el milagro de San Sergio que además de soldado y mártir en su época, en el SXXI obrará el milagro de la Puri.
Y cómo viste, y qué joyerío… Así no se puede competir, voy en desventaja porque ella seguro que no sabe ni qué es una tienda de chinos y yo no salgo de ellas. Ella trabaja para Ansorena y joyería de postín y yo para los mercadillos…
¿Veis lo que pasa cuando uno se compara con otro? Desgraciado, paupérrimo y no sé cuántos adjetivos más,  a cual más nefasto y negativo se encuentra uno así mismo,  y eso no se puede consentir. No quiero caer en ese culebrón mental. Mi Preysler es muy guapa, más lista que mi coneja Viky, amable y simpática. Pero yo, ay cómo soy yo de gordita, monfletuda, que mi Pepe cuando me quiere agarrar no abarca… Y soy mu grasiosa, me lo dice mi madre cuando está dormida.
Bueno, ¿qué hago? ¿Me hago fan de esta mujer o sigo con mi aserejé y culines de sidrina?


martes, abril 07, 2015

ESE MANIDO AMOR

Fue ayer mientras mis ojos se abrían al día y mi cabeza aun estaba deleitándose de los vahos del sueño cuando la noticia se impuso ante mí para que la leyera. No era nada del otro mundo, nada que desconozcamos, sin embargo el contenido empezó a zumbar en el pensamiento; hoy ha vuelto a recalar en ella y, al fin, he sucumbido a esa palabra tan manida y por el contrario tan fuera de contexto en el momento actual de una sociedad que corre y corre olvidando sentimientos, abandonando sus miserias, no por resueltas, sino por falta de interés en una resolución que engrandezca al espíritu.
Hablo del amor, ya veis qué cosas, tema recurrente y fuera de melosos misterios. Pero de lo que quiero hablar es de ese amor a través del tiempo, del transcurrir de miles y miles de días manteniendo la llama viva, ahí sí que existe la magia de la seducción, del eterno olvido de uno mismo en aras de tu compañero de viaje, del dar y perdonar y seguir camino mirando a tu pareja como si le acabaras de descubrir.
Y me llamó poderosamente la atención aquel titular de un viudo despidiendo a su eterna compañera, recordando cómo se conocieron, su trayectoria vital juntos, siempre juntos, haciendo suyas las palabras de Antoine Lavoisier “La energía ni se crea ni se destruye, solo se transforma”, como diciendo “Y seguiremos juntos aunque tu cuerpo ya no esté entre mis brazos”.
Sí, me ha conmovido porque el roce sistemático va afilando sus colmillos hasta que traga ese ayer que te unió a otra persona en los bueno y en lo malo, en la salud y en la enfermedad, en la riqueza y en la pobreza. Es cierto que muchísimas parejas subsisten gracias a las brasas que transforman el amor de un ayer en un cariño permanente, pero eso cada vez se ve menos. Incluso después de muchos años juntos, deciden un buen día rescindir aquel contrato que firmaron mientras se miraban en las profundidades de unos ojos que no veían límite a su océano amoroso.
Pero del viudo que os hablo, era una rara avis en ese amor manido, sobado y catapultado en las prisas, en los sin perdón, en el egocentrismo, y egoísmos actuales. Y mientras mis ojos recorrían las líneas de letras asombradas del periodista de turno, mi yo más íntimo buscaba en mis enseres un amor parecido al de ese viudo entristecido aunque unido para siempre a esa energía que ni se crea ni se destruye, y lo encontré. Lo hallé en una mujer que no gusta que se hable de ella, que siempre permanece en la sombra dando permanentemente energía a su pareja. Ella es el cerebro, la logística y la razón para que el norte y el sur estén en equilibrio. Él la mira con la timidez del que no gusta mostrar sus sentimientos y que, sin embargo, sabe, palpa y es consciente, que sin ella nada sería igual. Llevan juntos desde la adolescencia y aun sus ojos brillan cuando se miran. Son dos eslabones en perfecto engranaje. Él díscolo y currante, ella, conciliadora, abriendo siempre sus brazos a la comprensión y al amor de los suyos, haciendo  suyo el diálogo aunque a veces el enfado les desborde, pero eso son tormentas que amainan para volver a lucir el sol en el azul de su océano en común.
Hoy he sucumbido a la soledad de ese viudo que me ha mostrado esos amores que ya no se llevan y precisamente por eso ha brillado su tristeza en mi maltrecho descreimiento de un amor que a veces se me escapa entre los huecos del alma que muy bien no sabe cómo nivelar el norte y el sur para que navegue por mi océano personal.

¡Gracias, Sr Alierta y mi más sentido pésame!

martes, marzo 31, 2015

LUNES SANTO

Me metí en la cama con los remordimientos de mis aplausos, con las dudas  de dejarse una llevar por las emociones que pueden transgredir costumbres y tú, sin más, romperlas. Como muchas cosas me dije “Con  la luz lo verás más claro” Pero la luz llegó esta mañana tan temprano como la luna deja hueco al sol, y la primera bocanada de recuerdos fueron aquellos aplausos que solté  en una esquina mientras veinticinco pares de pies rezaban girando al Cristo de Medinaceli.
Castilla reza, siente y se recoge de una manera especial. El castellano en sí es austero en sus manifestaciones, contempla y siente hacia dentro. Prefiere el silencio en  la noche mientras acompaña al Cristo o la Virgen de turno. Incluso sus marchas procesionales a toque de trompeta y tambor desgarran el dolor de esa representación imaginera entre Berruguete y Hernández. Quizá el único que se aleje de esos llantos de tambor y corneta sea el grupo música de Arroyo de la Encomienda cuyas marchas procesionales son una algarabía de sonidos brillantes bien coordinados y de una melosa sucesión de acordes que bien nos pueden trasladar a otros rincones españoles.
Mientras el lunes santo se despedía de esta España siempre  partida y dudosa en sus requiebros,  todos nos echábamos a las calles porque alguien desde arriba había encendido las estufas para que el buen tiempo se apoderara de cualquier población. Una vitamina de luz, de fríos apartados de nuestros cuerpos,  ha hecho que vivamos estos días en las calles. Encuentro entre Madre e Hijo, el regreso de los amigos,  convivencia en familia, comercios animados por compras de última hora, esas cervezas al caer la tarde, terrazas concurridas de amenas charlas, y el acompañamiento del turista accidental que se deleita de las costumbres ajenas. Este paisaje que pinto  sucede a donde quiera que vayas, incluso la arena de la costa se puebla de baños tímidos y cuerpos blanquecinos.
Y mientras estos pensamientos enjambran en mi cabeza, mis ojos corren tras el cirio y la cera pegada al asfalto, el aroma a incienso rebañado por el empedrado de callejuelas estrechas. Flota por el ambiente, aspiras el olor de un arte para unos, la religiosidad para otros.
Valladolid se vistió de lunes santo, de rosario místico en San Pablo, de un Cristo crucificado saliendo de la bellísima Antigua, subiendo la cuesta hasta una Universidad recién planchada que mientras miraba su fachada aún escuchaba las risas de mis amigas en los años mozos de universitarias. Después, más silencio, más desgarro de trompeta y una salve para auxiliar a nuestras almas. Pero antes de terminar ese lunes santo vallisoletano, ya madrugá del martes, alguien desconocido, un muchacho joven recién llegado de Sevilla, me susurro amores de mi otra tierra, me narró su alegre bulla tan distinta a la nuestra y…, caminé sola regreso a casa con un corazón partío entre el silencio en el que crecí de esta Semana Santa hermosa y austera y  esa Sevilla  que por querer, la quiero mía.

Sí, ahora lo veo claro. Mis aplausos espontáneos debí guardarlos para mí. En esta tierra mía se reza con el silencio prendido en el ojal y los pies arrastrados por un tambor.

lunes, marzo 30, 2015

DOMINGO DE RAMOS

Mi madre siempre me decía “En domingo de ramos, quien no estrena, no tiene manos” Y como muchos niños, esperaba el domingo de ramos con enorme ilusión para ponerme ropa nueva  y salir de procesión con mis mejores galas. Desde entonces han pasado muchos años, pero aquel sabor alegre  y dulce de cada domingo de ramos lo llevo cosido a la memoria y cada año cuando llega esa fecha  mi corazón vuelve a experimentar aquel parloteo saltarín de la emoción.
Ayer fue domingo de ramos y el calcetín de la costumbre se había vuelto del revés:   no era yo quien esperaba impaciente mi ropa nueva sino mi madre… Llegué a la residencia con la parsimonia de cualquier domingo en el que se encierra la prisa y el ruido en el armario del descanso, pero ella me esperaba nerviosa a que la acicalara, quitara las etiquetas de su ropa nueva “Date prisa, vamos a llegar tarde a la procesión” Me decía con sus ojos distraídos por esa niebla a la que se ve abocada sin remedio. No pude evitar sonreír, mi madre esa mujer enjuta, de sentimientos catapultados, mostrándose como un libro abierto y dispuesta a que yo leyera sus letras más íntimas y personales.
Salimos a la calle vestidas de domingo de ramos a que la luz se posara en el rostro de mi madre mientras una temperatura amable calentaba sus huesos doloridos. Su vista, muy deteriorada, fue benigna con ella; la ONCE le ha enseñado cómo esquivar las sombras y ver por esos huecos minúsculos. Y ladeaba como una niña chica la cabeza para ver vestida su ciudad de palmas y ropa  nueva, porque en provincias todo se nota más. Riadas de gente en busca de la borriquilla, niños gritando de emoción y de fondo el sonido de  cornetas y tambores.
El ser humano es bueno a pesar que nos encrespe con muchas de sus reacciones y en el caso que me atañe, en el momento que te ven con una silla de ruedas, todo el mundo está predispuesto a ayudarte. Me dejaron un hueco en primera fila para que mi madre viera aquello que no puede ver, sintiera la ilusión del niño en un domingo de ramos, pudiendo bañar su ánimo de gentío colorista; incluso un hombre con bastón puso la toquilla de mi madre encima del bastón a modo de paraguas para que el sol no la molestara.
“Mamá mira a tu izquierda, ahí viene tu hermano junto al arzobispo” Y unas lágrimas peregrinas se escaparon de su mirada oscura. Acaricié sus hombros con la ternura de una madre hacia su hijo.

Cuando por la tarde, la devolví a la residencia, su voz era una cascada de emociones atribuladas al querer contar todo de una vez a sus compañeras de viaje. En la despedida, arropé con mis brazos aquel cuerpo cimbreado de emociones dándola las gracias por haber vuelto a sentir la niñez en un domingo de ramos más en mi vida.

viernes, marzo 27, 2015

La Esteban y doña Puri

Me siento fenomenal y quiero compartirlo con vosotros.
¡Ha ganado la Esteban! Llamadme hortera, friki, descerebrada, pero yo estoy encantada que el pueblo llano tenga a su princesa comestible. ¿La nobleza no tiene a su princesa de Asturias? Pues el resto tiene derecho a tener la suya aunque se le vayan las formas en su manera de expresarse. Pero eso ya se lo he dicho “Belén, tú ya eres grande, no necesitas de lo soez y lo vulgar para que te quieran” También he hablado con la Hormigos (otra concursante) para decirle finamente que no la soporto, más que nada porque es muy pesada y creo personalmente que ya ha sacado rentabilidad a sus desencuentros con mi princesa.
Una vez que os he contado mis intimidades más íntimas podéis dejar de leerme e iros de vacaciones, lleváis mis bendiciones. Solo os pido una cosita: reíros, reíros mucho, insisto que es el ejercicio más sano que hay.
Para los que os quedáis, yo sigo aquí, así que si después de pensar que soy una friki, me seguís leyendo, yo encantada. Tal vez no deis crédito a  mi amor por la Esteban que no al coletas, ojo al dato diferencial. Pero es muy sencillo de comprender. La Esteban y yo somos mujeres PES; me lo dijo la cuñada que tengo, la que más quiero y mimo, más que nada porque solo tengo esa y cuando lo poco o la nada abunda, hay que cuidarlo sí o sí.
Pues bien, como os contaba, estábamos mi cuñadísima y yo corrigiendo mi novelilla que, si algún día ve la luz, os va a encantar, es una monada… Pues bien, entre renglón y renglón, mi cuñadísima levanta la cara y me estrella con la mejor de sus sonrisas y tono amabilísimo en la voz  Puri a ti lo que te pasa es que eres una mujer PES” ¡Coño! Me dije sin que el palabro saliera de mi garganta profunda. Pero mi pensamiento que es tan ágil como un conejo pensó”Seguro que te ha dicho algo bueno, Puri. Lo que pasa que como eres poco leída pues no te enteras” Y me quedé tranquila y en paz. Sin embargo mi cuñadísima añadió ”Y eso es una virtud y un defecto, según lo utilices, Puri” Y aquí me mosqueé porque si encima de darla de comer, darla trabajo con lo escaso que está y ser su única y amantísima cuñada, va y me pone a escurrir finamente, pero a escurrir, pues no, por ahí no paso. Así que con la excusa más excusable de ir al baño, corrí a coger el primer diccionario que encontré y me encerré en el baño a buscar qué significaba PES… ¡Leches! Con las prisas no me fijé y cogí un diccionario de griego y los griegos con la que está cayendo en su tierra, el ministro de economía, Varoufakis, debió de pensar que añadir una palabra más al diccionario griego era caro e innecesario. Por lo que salí del baño con tremenda decepción, tanta que mi cuñadísima notó que mi rostro no estaba encajado sino bastante des o desequilibrado, yo qué sé… El caso que me preguntó y yo respondí, respondí como la Esteban, porque yo tampoco me escondo “Pepa, ¿cómo cuánto de PES?” Va y responde sin encomendarse ni a Rajoy “Muchísimo” Me hizo puré… Muy fuerte, desagradecida, encima que la hacía trabajar en festivo va y me dice que yo soy muchísimo PES. Esa noche que había gala de gran hermano y que la Esteban lloró a conciencia, yo lloré con ella, también con mucha conciencia, frenesí e hipo.
Pero la ignorancia, que es la madre de la indecencia, se volatilizó… Muy fuerte. Porque soy tan fuerte como la Esteban, y una vez que las dos habíamos llenado el Manzanares con nuestras lágrimas, en mi caso volvió el juicio, poco eh, a mi cabeza y llamé a mi cuñadísima y sin fisuras ni ambages fui humilde y la pregunte “Pepa, qué es PES” y ella me contestó “Persona especialmente sensible”…. Muy fuerte, lo sabía que mi alta cualificación a la sensibilidad extrema no me reportaría nada bueno. Así estoy yo como la Esteban, todo el día como los indios cabreados sufriendo por memeces, llenando los pantanos con mis lágrimas… ¿Hay alguien ahí? ¡Leches, Puri! Has aburrido hasta el apuntador y se ha largado todo el mundo. No se puede ser tan pesada, hija.

¡Felices vacaciones, amigos!

sábado, marzo 21, 2015

SEBASTIÁN Y GARCÍA-VAQUERO

Hoy hace una semana que  conocí a Sebastián y a su fiel escudero Carmen. Fue por casualidad, una de esas sorpresas que te tiene reservada la vida de vez en cuando en cualquier esquina que, por inesperadas, aún las valoras más.
Siempre he mantenido que el ser humano es una cebolla o si lo preferís los más jocosos, una conejita de playboy. Unos con el transcurrir del tiempo se les van cayendo las capas que revisten su yo más íntimo y personal. Otros, en cambio, permanecen inalterables sujetos a sus capas, quizá por miedo, a que se descubran incluso ante ellos mismos.
Sin embargo hay cebollas, conejitas de playboy, que después de mutar de una capa a otra, se muestran como son. Auténticos. Te gusten o no.
Mi contacto con Sebastián, primero fue por referencias. Después decidí dar un paso al frente y llamarle. La verdad, muy bien no supe con quién hablé, pero presentí un feeling nada más escuchar aquella voz. Salerosa, amigable y tierna. Vamos, me sedujo.
Llegó el sábado, habíamos quedado a las nueve y media en la calle Virgen de las Montañas 7. Sevilla estaba a rebosar, el tiempo acompañaba, la gente con ganas de seguir celebrando la cuaresma y muchos también con ganas de divertirse. Pero Virgen de las Montañas estaba apartada del centro, en uno de los barrios sevillanos con más esencia; Los Remedios. Allí reinaba la calma, el susurro de voces armoniosas y relajadas de quien sale a tomarse una cerveza por su barrio y ni rastro de turistas; una delicia.
Según llegué me identifiqué ante una morenaza amable que guardaba las distancias pertinentes. Me senté a esperar. La casa de Sebastián era un rinconcito más de esa Sevilla que rezuma presencia y orgullosa de ser quien es. Fotos por las paredes, paredes llenas de recuerdos de gente que alguna vez has visto por las revistas, otras no, pero daba igual, en todas ellas aparecían personas con sus sonrisas colgadas de un ánimo de ganas de disfrutar aquel instante etéreo, mirando de frente para tatuar un momento.
La morenaza me trajo una manzanilla para simplificar la espera, que fue corta, porque al poco rato escuché a mi espalda una voz que me preguntaba alegremente “¿Cómo estamos?” Me volví y encontré los ojos más vivarachos, la sonrisa juguetona de quien sabe su destino. Hacer grata la vida a sus semejantes. Era Sebastián.
Una vez hechas las presentaciones, nos cosimos uno al otro. Confiaba en aquella persona, sin más. Raro, pero cierto. Sí, siempre vamos con ese cortafuegos invisible por si las moscas, pero yo esa noche, creo que lo dejé en el hotel y me dejé llevar por la corriente amable de Sebastián y su fiel escudero Carmen.
Mis amigos y yo degustamos de una cena soberbia. Pescaítos fritos, rebozados con mil amores, un jamó que se te saltaban las lágrimas de gusto. Y los postres, ni qué decir. Todos hechos con rigor y paciencia por Sebastián.
Salimos a la calle a fumar Carmen, Sebastián y yo, a deleitarnos de aquella noche serena, a recortar distancias, a saborear la magia de un encuentro tan grato.
Al despedirnos, Sebastián sacó un barreño y me dijo  ”Mi arma coge un pestiño, la Carmen y yo los hemos hecho esta tarde”
Co la dulzura del pestiño en los labios y un fuerte abrazo nos despedimos.

Amigos, si alguna vez recaláis por Sevilla llamad a Sebastián. Os recibirá como recibe a todos sus clientes: autenticidad, amabilidad a borbotones y una calidad de primera.