viernes, abril 22, 2016

PRIMAVERA

Hoy bajaron las nubes. Bajaron tanto que la ciudad  se quedó descabezada. Los edificios sin corona, los árboles sin testera y los coches perdieron la soberbia de comer distancias en un santiamén. Avanzaban a tientas como el ser humano cuando camina sin ver ni siquiera sus presentes. De esos  coches surgieron minúsculos faros que parecían estrellas caídas de un cielo que no está.
Saboreaba la ciudad sin mollera desplomándose un techo tan gris como ceniza, tan sombrío como mulato. Conté los colores de aquellas nubes apretadas, nubes de primavera alocadas como melancólicas, y me dieron ganas de desplegar mis alas y perderme entre tanto estrato. Y así mis ojos volaron por nimbos pelados sobre una ciudad perdida y caótica. Al rato, mis pupilas descansaron sobre un mullido nimbostrato que hacía agitar las sensaciones más chifladas en un suave zarandeo, como ese que ejecutan las madres con sus cachorros hasta que se duermen en el más bruno de los sueños.
Desperté zarandeada, no por nubes que galopan, pues estaban decididas a quedarse pegadas al asfalto, cosidas a la tierra agradecida, sino por truenos y centellas malhumorados hasta que tiraron mis ojos al suelo duro de la vida. Plegué las alas de las retinas mientras la ciudad recibía los requiebros de la tormenta. A duras penas pude levantarme de tanta ira y menosprecio, pero cuando logré mi propósito, recibí el agua como vivo purgatorio llevándose, al fin, los miedos que no mueren, las amarguras más viejas, las noches más oscuras de un alma que no descansa.

Hoy llegó la lluvia y la tormenta avivando los colores de la vida, y yo, avancé por su sendero confundiéndome con una primavera.

martes, abril 19, 2016

HISTORIAS DE UN AUTOBÚS: Un viudo y una viuda

El estar prejubilado o jubilado del todo tiene sus ventajas: viajas en autobús como un marqués, sin apretujones y eligiendo el asiento. Yo, esta mañana sin ir más lejos, me subí como una marquesa y me senté al lado de una ventana para ver bien el discurrir diario de este Madrid caótico… ¡Lástima! Mi pequeño placer se vio interrumpido por dos nucas que iban sentadas delante de mí; no me pude reprimir mirarlas y observar que, aunque la vida envejece demasiado rápido, hay quien lleva con armonía  y belleza esa edad que esfuma la juventud dejando demasiados estragos no sólo en el espíritu sino, también, en el físico.
Una de las nucas pertenecía a un varón, Rubén, así se presentó a la otra nuca, María. Calva brillante y morena, una. Pelo blanco y perfectamente cortado, otra. La nuca de María era un bosque poblado de ceniza.
La nostalgia de la memoria pronto prendió en los dos ancianos. Ambos se confesaron viudos, y la suerte que tuvieron al haber compartido más de cincuenta años con sus respectivas parejas. Rubén vivió desde que se casó en el barrio de la Concepción donde iban a parar todas las parejas de su época. María, en Claudio Coello, casa heredada de sus padres y que ahora sus hijas se empecinaban en que se marchara de allí por ser muy grande “¿Sabe lo que opino de la actitud de mis hijas, Rubén? Se quieren quedar con la casa, en vez de vivir en Getafe, pero a mí no me echan hasta que me muera” Rubén asentía a las palabras de María “Yo vivo también en mi casa con una hija soltera, pero muchas veces pienso que la estorbo, no porque me lo diga ella, es demasiado buena, sino porque la corto las salidas, los viajes, por no dejarme solo y, ¡con lo a gusto que estoy cuando me quedo solo!” María le cuenta que está encantada de vivir sola porque hace y deshace lo que le da la gana aunque cuando llega la noche, las paredes se ponen a hablarla y le dan demasiado respeto “¿Usted cree, Rubén, que es normal que toda la casa se empecine en hablarme? Se me encoje el estómago y cada día tengo más miedo” “Doña María, con los años crecen los fantasmas. Yo vivo con mi hija y por la noche vienen a mi cama a darme la tabarra… Son muy pesados”
Pasamos por la Puerta de Alcalá y a sus pies crece colorida la primavera “Pues yo vengo de la casa del libro de comprar una novela, me gusta leer mucho. No vea el dineral que me dejo en libros. Luego los que menos me han gustado los llevo a la biblioteca del barrio porque los otros los releo…. Cómo la memoria es tan frágil…” “Yo hago ganchillo ¡Qué cosas más bonitas hago, Rubén! La pena que mis hijas, ya sabe cómo es la gente joven ahora, no lo valora. Pero lo que de verdad me gusta es la zarzuela, me pirria” “¿Qué la gusta la zarzuela? A mí me encanta. Ahora ponen Doña Francisquita… ¿Querría usted regalarme el honor de acompañarme?” “¿De verdad, Rubén, que me llevaría?” “Pues claro que sí, mujer… ¿Tiene usted, algo que hacer mañana” Porque podríamos quedar en la cafetería Miami y luego acercarnos a por las entradas a ver qué días hay?” “¿La cafetería Miami? Si ahí iba con mi marido…”
…Un despropósito, estaba llegando a mi parada y sentía pena tener que abandonar a aquella pareja adorable de ancianos. Me levanté hacia la puerta, y aún pude ver sus rostros carcomidos por el tiempo, pero lo que los años no pudieron borrar de ellos fue la luz de sus ojos y la expresión de adolescentes cuando están entusiasmados por algo.

Me pescaron mirándoles y, en vez de dirigirme una mirada desaprobatoria, me regalaron una sonrisa…

viernes, abril 15, 2016

LA LECTITUD DE LAS HORAS

Recuerdo cuando el tiempo no era tal y sus manecillas iban tan deprisa que los cinco sentidos se colaban por mis poros. Me convertía así en una trashumante atemporal donde el sentir de las sensaciones no había hueco para ellas. Tampoco la brújula me funcionaba, carecía de norte y sur. ¡Cuántas cosas me he perdido!, pero ahora el tiempo se ausenta de mi reloj de distintas maneras, como si las horas se deleitaran en su lentitud. He perdido la ceguera de antes, huelo el aroma de mi vida, el paladar se deleita hasta con un simple fruto. Repaso la piel de las horas, a veces rugosa, otrora terciopelo. Escucho el jazz en el que se han convertido los meses y avisto las cuatro estaciones.
Así en el sosiego de este tiempo nuevo percibo cómo el centro de la ciudad está repleto de ancianos con sus penas vagando por las calles. Los letreros se convierten en sus recuerdos deshilachados. Se sientan en los bancos para hacer un alto en ese camino de ausentes y, cuando te descubren a su lado, sus ojos se encienden como dos guindillas. Entonces sus voces, parpadeando de emociones incompletas, te hablan, anidan en ti su soledad. A unos, un sobrino les regaló un periquito que canta cuando presiente sus pasos tartamudos. A otros, es una tortuga que a sus nietos se les olvidó en su casa en la última navidad y ahora es su fiel compañero. Los que tienen mejor suerte, alguien les dejó al cuidado de un perrillo, ahora es su fiel compañero de batallas, el oído sordo que escucha y quita penas. Las manos aradas de su dueño es el mejor talismán para el chucho que controla el respirar del anciano que se desvive por él.
Y hay ancianos que no tienen nada de eso, y se hacinan en colas eternas viendo pasar su vida sin prisa aunque con ganas de que termine ya… Y así, cuando veo, huelo, palpo, oigo y cato tantos vacíos, mi paciencia y comprensión para mi madre mudan de piel. La ternura acaricia sus telarañas, escucho una y mil veces las mismas historias, las anécdotas arrítmicas del día, los dolores que no cesan, los miedos que ahogan…
Y, cuando soy consciente de todo esto, me obligo a sonreír, sonreír a todo aquel anciano que me mire por gratitud, por bondad, por tener aunque sea un pequeño gesto por los demás, por esos ancianos a los que la lentitud de la hora es demasiado pesada para ellos.

Ahora que el tiempo se ausenta de mi reloj, es buen momento para hacer algo por otros, gestos imperceptibles tan llenos de calor y color para el que nada tiene. 

miércoles, abril 13, 2016

DIARIO DE UNA NOVATA VALLISOLETANA, monólogo

La suerte está echada… No, aún no, tengo toda la mañana para repasar las palabras. Después reposarán y a una hora imprecisa saldrán a escena… Que salgan despacio aunque a buen ritmo y, sobretodo, que suenen sentidas porque así son, y si tienen que parar, coger aire y reanudar el paso, lo haces.
Dicen que esta tercera ya está chupada, las tablas me abalan. Pero no es cierto. Cada lugar posee su idiosincrasia y una emotividad especial… Cierto, pero no olvides ser tú, siendo tú tienes medio camino hecho… Vale.
¿Sabes? Lo más bonito que me han dicho en mi carrera profesional ha sido una palabra en francés, solo una, pero llena por completo mi expediente laboral… Ya sabes que menos es más… Sí, siempre está en mi cabeza, en mi corazón y cada vez que doy un paso, se pone delante de mí, me mira, sonríe, y luego se pone a un lado para dejarme pasar. Hoy, desde que he despertado, está junto a mí. De vez en cuando me mira de reojo, una sonrisa dulce Y tierna aparece en su gesto y calla. Luego, me acaricia la espalda con su mano invisible para que no pierda el norte ni el sur, para que el ritmo de la carrera de hoy sea uniforme y seguro. A veces paro en mis pensamientos y la aprieto las manos, necesito el calor de su confianza, esa que apareció un día para darme la luz… No olvides darla las gracias, antes y después…Sí, sí. Pero no puedo evitar sentir vértigo y que la frialdad y seriedad vallisoletana corten mi calor…Anda, no digas bobadas. Tú eres hija del Valladolid de siempre, ese que se abre en trayectos cortos y pierde su gesto osco y desconfiado para recibirte en sus brazos… Ya, pero… Olvídate de temores, respira hondo, posa tu mirada en el océano humano, sé tú, esto importantísimo… Vale.

Por cierto, ¿Qué palabra es? ¡CHAPEAU!

Gracias, mil gracias a todos, por haberme acompañado en esta aventura. Sin vuestro calor, ánimo y cariño, no hubiera llegado a la meta. Porque uno solo no puede, en equipo llega seguro.

martes, abril 12, 2016

TUS PECHOS SON MI SANGRE

Te vi llegar arrastrando tu paso y los restos de una lágrima colgada al corazón.
Tus ojos, bañados en dolor, imploraban el consuelo, el calor de una palabra.
Sentí tanta pena por tu estampa, que mi voz maulló al cielo destemplado.
Acaricié tu mano helada de vacíos, pero ella buscaba lo que el ayer le robó.
Miré tu pecho, yermo de consuelos, e intuí que un pesar hacinaba en tu coraje.
Mantuve la distancia hasta que tu voz se quebró en un llanto absoluto de quien es impotente ante la maldad de su prójimo.
Al fin, supe de tus duelos y una sonrisa de ternura se escapó en el viento que azotaba tu tempestad.

Mis manos, entonces, fueron a tus senos. Ellos no estaban, es verdad, un cáncer voló sus sienes y, sin embargo, me parecieron tan hermosos en su campo de batalla, que nunca te sentí tan mujer como en aquel instante en que besé su ausencia.


jueves, abril 07, 2016

DIARIO DE UNA NOVATA VALLISOLETANA I, APÉNDICE

Diario de una novata vallisoletana I, apéndice
Madrid, 7 de abril, 2016
“Escribir es la manera más profunda de leer la vida”… En mí, es recolocar las ideas, acariciarlas, perdonarme, descubrirme, reír y comprender. Ya no sé explicar sin letras. Es un viaje a los interiores de mi ser y ver el paisaje que allí se cuece. Después extraigo lo que palpita y lo fundo en letras minúsculas y, mientras la tinta fluye, la serenidad y el sosiego van creando un paisaje de tres elementos: hombre, paisaje y una pasión, Delibes dixit.
Pero una obra es cosa de dos, un matrimonio: del escritor y del lector. ¿De qué sirve vomitar, echar fuera aquello que te carcome si luego no tienes quién te lea? Estéril tu trabajo. Sí, en principio calma mientras vas colmando de bilis un papel con tinta azul. Disfrutas incluso con esa vista de suaves pinceladas y letras titubeantes mientras tus pasos van racheando cual costalero en el que te hubieras reencarnado. Pero después, cuando tu encaje conforma un mantón de hilos bien casados, tejidos con puntadas desde el corazón y tus yemas hierven sangre de tanto coser entre las costuras de tu alma, necesitas ofrecer, ansías compartir porque, ¿qué es la vida sin compartir? Un erial, un desierto donde no existe oasis posible.
Estoy más relajada, Sevilla…Gymnopédies esta gustando, gustando mucho si me apuras y eso calma mi sed. La novela está cumpliendo su objetivo: distraer, hacer compañía, a veces parar, coger aire, y pensar. Meditar lo qué significa un amigo, una familia, un amor. No un amor de ida y vuelta que no anida, sino ese amor sopesado como dibujaba Miguel Delibes en “Señora de rojo sobre fondo gris”. Y es que en Sevilla…Gymnopédies se habla de amor, incluso de ese amor romántico como cuando a Delibes se le colaba su ángel entre sus renglones.
Hablar de manera sencilla y cercana, metiéndote en la piel de gente corriente que chilla por los callejones de la vida para no ser invisible.
Llegar a Valladolid, es llegar a casa, donde los tuyos te esperan, donde una madre desea oir la voz de su hija entreverada de emoción. Es perder la vista entre tus amigos expectantes de tus palabras. Es tocar el cielo tímidamente y sentir que estás en una nube que te mece entre algodones.

Valladolid, tierra de campos, seria, fría en distancias largas, recogida en lo suyo, me espera y yo ansío llegar para abrazar a los míos, para ofrecerles mi decir con una hija hecha a fuego lento en tierras lejanas, envuelta de música, con sonrisas, intrigas, dolor y esperanza, pero al fin y al cabo una hija del Valladolid de siempre, ese que se abre en las distancias cortas y pierde su gesto osco y desconfiado. Mi hija, Sevilla…Gymnopédies, por fin, llega a casa.

miércoles, abril 06, 2016

DIARIO DE UNA NOVATA SEVILLANA II, APÉNDICE

Diario de una novata sevillana II, Apéndice
6 de abril, 2016
“En Sevilla la lluvia es una maravilla”…, y un excremento de vaca. A mí me fastidió mi peluquería casera, me rompió el paraguas y tuve que ir a un chino a hacerle gasto con la compra de otro paraguas, y me espantó a la clientela. Claro, los castellanos estamos acostumbrados a lo recio, a lo enjuto, pero Sevilla es sentimiento hasta para llover. Me mojó hasta la prenda que uso para tapar mi pomposo culito. Ahora, no pudo con mi ánimo. Me sentí “Cenicienta”, bajo un paraguas chino, pero Cenicienta.
El día nació zaíno y entreverado. Gotas rabiosas corrían sin rumbo cuando las luces  de la electricidad programada se iban a dormir. El AVE comenzó trotón a su rumbo sevillano pero el día no estaba por ponérselo fácil; la lluvia se estrellaba una y otra vez con furia contra los cristales y cuanto más agua, más verde se mostraba el campo, más cristalinos los charcos y más albero tierras de olivos. Llegamos puntuales y la ciudad lloraba sin consuelo mientras el viento azuzaba contra el suelo el último azahar prendido de su naranjo, aunque cuando el vendaval respiraba, el asfalto perfumaba de azahar para, a continuación, reanudar el aguacero rezongón. Corrí encima de mis playeras a la cita programada con el ABC. Llegué como una escritora metida en una sopa de agua lo que no impidió mi verborrea cargada de ilusión y piel de triunfo por llegar a donde mi imaginación nunca imaginó con mi hija de tinta y papel. La risa adornó el rato que estuvimos juntos, Juan el fotógrafo, Jesús el redactor y Antoñita la fantástica encarnada en mi persona. Y les vi desaparecer bajo esa nube de tromba de agua entre deseos, besos y más sonrisas al pie de mi Esperanza de Triana. Entré para pedirla mesura, confianza y humildad. Ella me miró, harta de mí, diciéndome “Vete ya, alma de cántaro, a tomarte una manzanilla y deja de pedir” Obedecí con creces cayendo posteriormente dormida profundamente hasta que sonó el despertador. Me metí en la ducha, me decoré sin mirarme a penas al espejo. Lo que necesitaba era el espejo del alma que estuviera bien nutrido, lo demás no me importaba, y me fui a tomar una copa para calentar los motores de la lengua vivaracha, no fuera a ser que se durmiera y tuviera que hablar con las manos y ojos, pero hablé con todo mi ser, como si estuviera programado para volcar todo lo que bullía en mis cavernas más íntimas. Sevilla, aunque llorona y plañidera, no se merecía menos, como todos los que allí estaban, algunos habiendo hecho muchos km para acompañar a Sevilla…Gymnopédies.
Besos, abrazos, risas, fotos y firmas, y después nos perdimos por las calles sevillanas, prietas sus paredes y vestidas de blanco rematando sus coronas de limoneros. Un grupo nutrido donde la edad abarcaba todo un abanico de años, donde la conversación corría como las cañas de cerveza y la manzanilla, y yo siendo cenicienta, el centro de atención, la más hermosa entre todas aunque mis pelos fueran un chasco, y el maquillaje historia de un momento.
Me desperté sintiendo que aún era la princesa, y seguí apoyada en los tejados de la ciudad de mis sentimientos más hondos mientras el cielo azul cimbreaba el alma en el palacio de Dueñas.
Cuando abrí la puerta de casa, sentí que la carroza de cenicienta me entregaba a mi otra realidad. Me quitaba los Stilettos, el vestido con cristales de Swarovski, me recogía el pelo en una coleta, me ponía el delantal y me depositaba en la piel de mi yo más real.
Me preparé a poner lavadoras, acaricié a mi perro que mostraba su enfado por mi ausencia, a encender el lavavajillas, y a esperar a mis hijos como cualquier madre. Después, abrí los cajones y fui metiendo mis sueños con cuidado de no arrugarse, las imágenes cosidas al corazón, las letras por construir, los recuerdos más simples pero los más valiosos y cerré los ojos esperando un mañana cargado de ilusión mientras mi olfato se zambullía en el azahar robado a un palacio.

PD…  Un momento que yo también quiero expresar “Tú, cállate” “Y un cuerno me voy a callar” “Que te calles, he dicho” “Que no, que no, en Sevilla cuando llueve no hace falta ducharse en la bañerita, te ducha ella hasta las entrañas. Ay lerele, lerele…”

domingo, abril 03, 2016

MADRID

No me gusta la gran ciudad y sin embargo la otra noche me descubrí admirándola, sintiéndola desde una esquina. Aparecía aplacada, más silente que otras veces, y exponiendo su hermosura sin darse el pote de su camaleónico poderío. La presentí más humana, brindándome ese otra cara que nunca veo, regalándome su anonimato como refugio de la individualidad y, lo más grande, nada vi en ella de soledad, esa que atrapa, machaca para finalmente destruirte en las fauces de un león.
Tan asombrada estaba de esa otra perspectiva, que no dejaba de pensar que habían tenido que pasar más de treinta años para descubrir un suave destello de esta ciudad que se me atragantó desde el primer día. Ahora, apoyada mi espalda sobre un muro cualquiera al lado de las puertas de un bar, fumaba tranquilamente mientras escuchaba respirar a Madrid. La Castellana a mis pies me presentaba su ego apabullante pero sin maltratar a los sentidos. La noche la hacía más estilizada, bella y misteriosa. Por su firmamento de hormigón jugueteaban estrellas colgadas de algunas ventanas, los coches rodaban sin prisa y aún te permitía escuchar los pasos de otros que iba a encontrase con la noche del viernes mientras las risas juveniles revoloteaban como palomas en su hábitat natural.
Pude regodearme, sin apuros ni asfixias, hasta de mis propios pensamientos con una calma cosida en mis ojos paseando por los edificios de Azca.
De pronto pensé si era la noche quien había obrado ese ensimismamiento momentáneo, la admiración repentina por alguien que nunca admiré y menos valorar como esfinge y musa de artistas.
Entonces me fui a deambular de la mano del otro Madrid por esas tinieblas artífices de sensaciones inusuales en mi persona, y miré a las sombras de frente, sin parpadear, profundizando en sus cavernas de malhechora y traicionera, de amante perpetua y de las soledades más humillantes. Porque una noche te puede tragar sin apenas haberte masticado, sacarte de tus entrañas los afectos más vergonzosos, la soledad más criminal. Y, sin embargo, esta noche de paseo por ese otro Madrid, encontré al crepúsculo nocturno como un felpudo acogedor, el mejor anfitrión para ver las luces que no veo, para barruntar los cinco sentidos que sufren inanición por falta de uso y rechazo por mi parte.

“Sí, Madrid”, me escuché hablándole, “Nunca he sido justa contigo e incapaz de valorar tus méritos. Soy tan de provincias, tan amante de la ciudad chiquita que todo lo abrazas en un suspiro, remanso de paz y de bellezas sencillas en su cotidianidad repetitiva que, a ti Madrid, no te soy capaz de ver, ni siquiera cuando mañana despierte y recuerde esta noche de amor de amantes inesperados, de un amor que va y viene pero que nunca anidará porque yo, sí, yo soy fiel a mi ciudad chiquita a pesar que el anonimato no exista y otros vivan de chismorreos de tu vida.

viernes, abril 01, 2016

DIARIO DE UNA NOVATA SEVILLANA, APÉNDICE

Diario de una novata sevillana, apéndice
1 de marzo, 2016
“Torre del Oro
Arenal de Sevilla
Ole morena y ole
Arenal de Sevilla, mi alma
Torre del Oro”… Ay que miedo tengooooo.
Desde ayer, vivo sin vivir en mí. Eran las cinco de la tarde cuando, de repente, sin venir a cuento, sentí que me faltaba el aire, como si mi caja torácica la hubiera metido a cien grados en la lavadora y hubiera salido encogía; no cabía aire y el corazón comenzó a hacer “tucutun-tucutun” muy deprisa igual que un caballo desbocado. Dio la casualidad que había estado viendo un programa en la tele de ejercicios de respiración asistida y me puse a ello con la mala suerte que debí mezclar mal las posturas y el resultado fue más achicamiento pulmonar que despertó a mi yo cenizo para estar el cuadro de flamenco más completo. Según presentí sus pasos acercarse a toda velocidad, me puse los zapatos y salí corriendo de casa. Iba espantá, atociná y deparé en un lugar muy sugestivo: Mercadona (era lo que más cerca me pillaba)
Allí me paseé entre colmenas de huevos, leche y yogures. Como aquellas visiones no me calmaban fui a la sección de papel higiénico y tampoco, total que terminé en la sección de perfumería echándome encima todas las colonias que pillé a mi paso. Una borrachera de aromas terminó de rematarme. Salí a la calle, los decibelios de coches, motos y autobuses se habían triplicado con lo que volví a casa con las orejas gachas.
Me senté en la silla de pensar de la cocina, esa que todos utilizamos en casa para adivinar aquello que te tribula; encima de mí se sentó mi yo cenizo a calentarme la oreja que lo sabe hacer divinamente “El lunes 4 de abril no va a ir nadie a escucharte porque, ¿quién te conoce en Sevilla? Tus amigos y son pocos. Sí, has mandado muchos correos publicitando “Sevilla…Gymnopédies” ¿Y qué? Nadie te ha contestado, seguro que tu invitación la han tirado a la basura. Sí, los del ABC de Sevilla, Sevilla directo, te han dicho buenas palabras, ¿y qué? Eso se lo hacen a todo el mundo porque han ido a un colegio de pago y están bien educados, no más… Además, has sido incapaz de memorizar esa caterva de palabras que quieres decir a tu Sevilla… Un desastre” Aquí me levanté con toda mi mala leche concentrada en leche pulverizada y di un soplamocos al yo cenizo que le mandé al patio de vecinos. Abajo en el suelo, espachurrado aún fue capaz de mirar hacia arriba y decirme “Ni aunque les bailes unos fandanguillos les vas a gustar”
Deprimida, hundida y desnaturalizada me dije “Muñeca, tú a lo tuyo” y me puse a casar calcetines como una posesa, a doblar calzoncillos como si me fuera la vida en ello, pero llegó un punto que mi cabeza me preguntó “Mi arma, ¿te has fijado qué multitud, qué ejercito de calzoncillos?” Paré, fijé la vista en las montañas rocosas de calzoncillos de cura, calzoncillos insípidos, otros insinuantes, y apocalípticos los últimos, que no me  cuadraba aquella visión. Entonces volví a sentarme en la silla de pensamiento profundo y me pregunté “¿Por qué no están compensadas las montañas calzoncilleras? ¿Acaso unos son más limpios y otros muy guarros? El pensamiento profundo sobre el mundo utilitario de los calzoncillos hizo olvidar mi capacidad pulmonar asfixiada por falta de espacio. Tanto que volví a respirar, aunque esta mañana, yo que había soñado un mundo pastoril de ovejas con calzoncillos, me despertó mi yo cenizo con unos calzoncillos de calaveras ¡La madre que le parió!

PD. Si alguno que me lee es de Sevilla, un poquito de por favor, vaya el lunes 4 al Círculo Mercantil e Industrial de la calle Sierpes, a las ocho, y si ven que me atasco cántenme:

“Torre del Oro
Arenal de Sevilla
Ole morena y ole
Arenal de Sevilla, mi alma
Torre del Oro”

jueves, marzo 31, 2016

LA DISTANCIA

La distancia no existe, me dije mientras miraba su rostro tostado de olas y sus ojos eran un mar abierto. El tiempo no existía mientras masticábamos palabras navegando por los callejones de nuestras memorias. Nuestras vidas se asomaban por aquella ventana para asemejar nuestras inquietudes, aciertos y devaneos. Comparábamos una existencia y otra y se parecían tanto que al cabo se confundieron en una sola.
El reloj se paró, era nuestro momento.
Música de mil palabras sonaba mientras nos mirábamos de un océano a otro entrando suavemente, armónicamente, para comprender los kilómetros andados en ausencia de nuestros cuerpos. Se mascaba una larga travesía de silencios ahora expuestos sobre una mesa adornada con dos copas cada vez más vacías y vueltas a rellenar; era mucho lo que contar aunque la tarde fuera larga, y el crepúsculo fuera cayendo sin hacer ruido para no distraer la comunión de una amistad que nació tan lejos como cerca está hoy meciéndose en complicidad y entendimiento.
Una grata atmósfera nos envolvía y los cirios titubeantes de los faros de unos coches iban iluminando nuestras sonrisas, las caras de desconcierto, el asombro, la pena y la compresión. Anécdotas, vivencias, fracasos, discusiones, sueños, todos arropados de vocablos tan expresivos como vividos. Cinco sentidos y tal vez alguno más sin nombre y apellido, salieron a aquel escenario tan íntimo creado por la lealtad, el cariño y hermandad. Allí no cabían estolideces, ni siquiera ciscar o vituperar una crónica; la nuestra.
Y cayó la noche como un manto nocturno en una ciudad que no duerme, que desconoce la afonía y el alboroto es un constante murmullo en las horas en que la urbe mece su cansancio.
Y así fuimos paseando hasta nuestros puertos para fundirnos en un abrazo que era algo más que estrechar un cuerpo a cuerpo, sino pasar el calor de la distancia que no es.

Allí la dejé en una parada de autobús cualquiera mientras mi mente musitaba que la distancia no existe.

miércoles, marzo 30, 2016

AMANECIENDO

Muy de mañana me he dado un paseo. En alguna esquina soplaba el viento y me he subido el cuello del pijama. Apenas había amanecido pero he presentido que la primavera afloraba por alguna costura pues los pájaros ya se han encrespado en el altozano a piar la luz que llega mientras los árboles manifiestan que la vida sigue.
He pasado por calles recoletas, ensortijadas de buenos augurios, sonrisas anchas y algún que otro chillando a la humanidad; me han dado ganas de pararme y decirle que cerrara la boca pues iba a despertar de mal temple al rosario de la aurora. Luego he desdeñado la idea pues tu actitud hace y dice más que mandarle a tomar vientos y he seguido por mi paseo.
En un local he oído cantar cumpleaños feliz y me he asomado. Un grupo de ancianas octogenarias y nonagenarias reían, aplaudían, como si la edad no fuera con ellas y la vitalidad aún siguiera cohabitando en su espíritu. Me he colgado de su ánimo intrépido y he seguido paseando por las nubes. En un parque cercano  he encontrado a perros y gatos haciendo malabares con sus dueños y demostrándonos una vez más que la fidelidad es posible aunque no se dé en toda la raza humana. Mientras contemplaba sentada en un banco esas escenas deliciosas he visto pasar a padres con carritos apresurados templando el llanto de sus hijos despiertos a unas horas que no son de niños pero el trabajo escaso no entiende de horas.
De vuelta me he cruzado con un par de barrenderos, les he dicho buenos días y me han mirado como si mi voz fuera la de un extraterrestre y cuando mis pasos se han alejado de ellos he sentido a mis espaldas que me colgaban palabras masticadas de agradecimiento.
Aún me ha dado tiempo de ver por la ventana de la vida a unos ancianos caminando desorientados huyendo de soledades en busca de la panadería que alimente un te quiero y un grupo de jóvenes camino de la escuela tragándose la vida a borbotones.
He subido la cuesta de mi jardín interior, ese hola personal que se llama Facebook. En mi muro cuelgan amigos, primos y conocidos sin rostro, todos ellos a su manera aman la vida, tienen inquietudes y las manifiestan pero en todos ellos emerge algo en común; buena voluntad.

Voy a comenzar el día, el aroma de las horas es un buen café para empezar la cosecha de palabras convertidas a hechos… He sentido como la primavera se escribe en las azoteas de nuestras vidas.

martes, marzo 29, 2016

LEJOS DE LOS BULEVARES DE CEMENTO


Hoy mis ojos se han enredado en lo más alto del paisaje otoñal.
Mientras el AVE corría sin aliento hacia su destino, por la ventanilla del tren he visto volar bandadas de pájaros, dedos de Dios erguirse hacia el cielo, tierras yermas soñando en su resurrección, árboles multicolores, espadañas silenciosas con sus nidos de amor y esperanza, cigüeñales hermosos, senderos de arbolillos a punto de ser trasplantados en su destino final, el abrigo blanco de la niebla trepando hasta las entrañas de esta Castilla.
Pueblines bellos, pueblillos al rescate, lienzos esculpidos por la mano del hombre porque, cuando éste aúna sus fuerzas con la madre naturaleza, de ello puede resultar de la belleza más simple, la plástica más sublime.

Hoy no quiero memorias traumáticas ni ojos apagados de tanto  desaliento;  hoy el AVE ha encendido la bombilla de mi sensibilidad. Bienvenido sea este consumo tan poco consumista.

viernes, marzo 25, 2016

AQUEL HOMBRE DE NEGRO

La noche no oscurece aunque el cielo se tiña de negro, para eso está la mano del hombre que no siempre destruye y crea luz propia donde no la hay.
Soportales y plaza castellana, sobriedad y textura, refugio de noches que borran soledad y silencio. Hace frio pero no impide. Grupos de gente, familias con carrito, regueros de voces, tertulias callejeras con ecos de sonrisa, encuentros inesperados. Todos varados aunque el frio no abrigue. De lejos, una corneta, un desgarro. De cerca, un tambor y miradas que giran buscando lo que esperan.
La estética vallisoletana va ganando enteros por ese casco anciano mantenido y destruido, depende el momento. Belleza de tradición va avanzando con los tiempos sin dejar esencias de clamor a duelo, y Gregorio Hernández, Juan de Juni y muchos más, son mecidos en noches de pasión al son de una marcha, a la sal justa y al sol nocturno.
El ruido enmudece, el frio se acalla y Valladolid observa extasiado de lo suyo.
Pasa un Cristo mecido por capirotes rojos y pies a un mismo ritmo: izquierda, derecha y sobriedad compuesta de mimo y ternura. Una humareda dulzona nos adormece mientras los ojos se derriten en luces de cirio, y el olfato aspira aromas de tiempo limitado. Y llega una música de tintes dramáticos que envuelve a ese hermoso crucificado.
Avanzan pies porteadores, se deslizan en un leve murmullo acompasado y mis ojos les siguen hasta el último par. Entonces esos ojos míos se quedan troncados en ese par solitario que cierra una procesión. Son dos pies que arrastran angustias. Tal vez quisieran caminar de otra manera pero algo se lo impide. Ayer fueron truhanees. Hoy penitentes. Dos zapatos que brillan en limpieza y que arropan a dos pies doloridos. Mis ojos hace rato que se convirtieron en cámara barriendo una imagen descompuesta por un pasado borrascoso. No hay más que mirar a ese hombre que desconozco para intuir dolor y penitencia.
Me cuentan, me dicen en susurros, que ese hombre que mis ojos notan terminado, en sus tiempos fue vicio y escarnio hacia otros. Sin embargo, le presiento redimiéndose detrás de un Cristo, un hombre desgastado de atuendo pulcro como oscuro, se arrastra con un rosario blanco y una mirada clavada en la cruz; pienso que es un ladrón, uno de aquellos dos que fueron al calvario. No sé si es fervor lo que transmite para otros, yo siento que evoca arrepentimiento, clavando al final de su camino una estaca que dirima tanta tropelía mundana.
Acaba el rosario de sombras silentes, cirios encendidos, música que desgarra, y con ellos ese hombre racheando sus pasos detrás del Cristo del perdón. En sus manos, colgado el alivio de sus rezos en plegaria para no caerse allí mismo de vergüenza y arrepentimiento.

Y la noche se apaga, las calles barridas. No hay fantasmas, sino luces tenues y el eco de un tambor en la lejanía. No siento frio, tampoco soledad. Siento pena por el ladrón que acompañaba a Cristo.

miércoles, marzo 23, 2016

AYER ME VI

Ayer me vi. Me vi rodeada de grandes de la literatura, al lado de un compendio de arte sacro vallisoletano. Me vi chiquitita, humilde y orgullosa, estirándome para que se viera mi figura de doscientas treinta y dos hojas en una maraña de escaparate donde brillaban con luz propia y merecida libros de ensayo, novela negra, arte y cuentos infantiles. Yo, a pesar de estar en primera fila, había que mirarme dos veces para encontrarme. Y me encontré, y en ese momento me reconvertí a madre mirando con dulzura, esa ternura infinita que emana cualquier madre cuando se mira al espejo de su hijo que de tanto mirarle, le desgasta su pose juvenil y sus futuros por crear. Quise abrazar a ese hijo de apenas quince días para darle calor y confianza, para protegerle de cualquier tempestad.
Fui madre más que nunca, esa madre generosa que da hasta lo que no tiene por amamantar a su retoño, enseñándole que vivir es una fortuna, es un viaje, es una lágrima, es un instante.
Fui madre primeriza, esa que experimenta sensaciones acorraladas de temores, pero orgullosa por su causa, por ese hijo de noches de insomnio, de hacer y deshacer, de sentirle hasta darle identidad propia, dándole alas para volar, inculcándole valores para sobrevivir en bosques ciegos y lobos esteparios, para dar luz y calor a aquel que su soledad es más grande que su persona. Para ofrecer compañía en días que se torcieron, para dar sin esperar recibir nada a cambio y, si recibe, que sean otros ojos que lean con aliento las letras que dibujé como esos libros que van de mano en mano en el asiento de un autobús que, cuando los leen, los vuelven a dejar en el mismo lugar donde los encontraron para que otras manos les incauten y una cabeza se embelese con su historia.
Fui madre al acariciarle con ojos emocionados, al decirle sin decir que siempre estaría a su lado, al aconsejarle que emergiera con humildad, con la dignidad de saberse quién es y a donde quiere ir, que no tema afrentas pues estas le harán más humano aunque sea hojas de papel del color de un otoño tierno.
Fui madre al despedirme de él dejándole solo a su libre albedrío bajo unos focos que iluminaban su alma literaria, acompañado de otros personaje que como él esperaban su momento, el instante que un lector le comprara y se fuera a un hogar donde le darían el amor de unos ojos con mente inquisitiva que diseccionara cada borde y entrelinea de su historia.

Me fui como una madre cuando deja a su hijo recorrer su vida solo, feliz y deseando encontrar su lugar. Anhelando como madre volver a aquel escaparate y encontrar su hueco vacio… Eso significaría que su hijo había alzado el vuelo.

martes, marzo 22, 2016

CAOS

Muerte. Una erección de violencia e intolerancia recorre las calles, silenciosa, que no se escuche, que no se note, para que te sorprenda en tu día a día. ¡Qué más da quien caiga!, el caso es matar, cercenar vidas anónimas, traspasar el umbral y erigirse como toda poderosa.
Fronteras, alambradas de multitudes que huyen de la vergüenza, de la muerte, y allí se quedan sus dedos ensangrentados de apretar ese alambre que les impide su diáspora mientras sus pies se hunden en barro.
Niños de aguas heladas, rasurados sus cabellos para que los piojos no aniden. Miradas que congelan instantáneas, niños de cartón que entre el barrizal juegan a jugar. Ya no hay nada que quemar y los cuerpos se entumecen, se achican de humedad. Las miradas felinas de los adultos desafían la realidad que otros ignoran mirando de soslayo mientras sus vientres están edulcorados de falsas palabras y abundancias que les sobran pero no comparten.
Entretanto la tinta escribe, relata, dibuja, conmueve, pero luego se olvida. Las imágenes recorren videos y televisiones. Te estremeces, te impactan cuerpos mutilados, niños naufragando, pero luego olvidas. Se convierten en meros recuerdos, hojas secas que terminan marchitándose hasta la siguiente imagen. Y tantas imágenes hay, que un día dejan de estremecerte, se han convertido en un paisaje habitual. Ya el corazón no late, se acostumbró al dolor ajeno, al suyo, nunca.
Y nos bañamos en nuestras abundancias, reconocemos como no nuestras el sacrificio de otros por los demás, pero seguimos llenando nuestras estanterías de tanto innecesario que una mañana despiertas y tiras todo para, a continuación, volverlas a llenar mientras otros ya no tienen ni bolsillos para guardar ni un suspiro.
Una tarde despistada te conmueves ante un relato de un amigo, un comentario repleto de incomprensión. Asientes, empatizas con aquellas palabras, pero el viento se las llevas y tú sigues caminando como si ahí fuera nada pasara.
No me gusta que mis letras se emborronen de sangrías y sí de esperanzas, pero hoy la penumbra ceniza de la muerte sin sentido, alambradas de incomprensión se han colado en mis costuras.

¿Dónde vas mundo, dónde voy yo?

lunes, marzo 21, 2016

La Lupe

Mi boca se abre con cierta frecuencia y mis ojos miran inquisitivos en ademán de interpretar y comprender. Esa postura tan mía es la de esa niña que una vez fue, sin arrugas, sin antifaces y la frescura de un mundo por descubrir.
Y pese a quien pese en cierta manera la conservo en las cavernas de mi ser y de vez en cuando emerge, se me escapa y campa a sus anchas poseyendo sus propios registros, asombrándose que aún haya un mundo que la fascina a pesar de las miserias que van disfrazadas de divos simplemente para hacerse un hueco en las vida que les ha tocado en suerte o no, digiriendo además ese otro yo no bien visto ni por unos ni siquiera por sí mismo, pero tiran hacia delante convirtiéndose en un buey que no mira hacia atrás, pero que tampoco piensa en lo que hay no vaya a ser que sus patas se hundan para siempre, y no puedan seguir tirando de su carro íntimo y personal.
…Mis ojos de niña revestidos de mujer mundana se introdujeron en una esfera muy distinta a la habitual. El olfato se imaginaba, absorbía aromas que había imaginado, pero luego recordó que de imaginar nada. Hace mucho tiempo olfateó un ambiente parecido cuando trabajaba en unos submundos que, aunque mal vistos, en ellos encontré tanta vida y humanidad que fueron tesoro de experiencia (hubo un tiempo en que trabajé para una revista, la dueña tenía una doble vida: por las noches se transformaba y se convertía en una madame de un club de alterne)
El local donde entró mi niña grande estaba decorado con buen gusto y una música incitaba a seguir el ritmo sin parar. Mi voz enmudeció, más de una vez me preguntaron si estaba cómoda, si tenía sueño, si estaba aburrida o no me gustaba el lugar. Yo respondía negando con la cabeza porque aún sin gente aquel lugar me pedía a mi alma de niña y corazón de mujer diseccionar sus aristas, penetrar en él por alguna rendija, y…comprender.
Al rato se fue llenando el bar, la música seguía excitando mis sentidos, yo salí a fumar ya no por la querencia al humo en mis pulmones sino más el afán de investigar las peculiaridades del local y sus inquilinos. Todos hombres y sin ninguna diferencia a los que te topas en cualquier momento por la calle. Terminé el cigarrillo mirando unas gotas tímidas que se hacían notar por el asfalto y volví a entrar. Un par de hombres se cogían las manos con ternura y sellaban un beso en una sonrisa plagada de incertidumbres. Una mujer bebía sola en la barra, pero al volverse, seguro que notó mi mirada en su nuca, comprobé que era un hombre con alma de mujer con melena de mechas tintadas de carmín y unos ojos tan bien maquillados que se convertían en faros alumbrando un mar humano de hombres que no se sienten hombres y entonces pensé ¡Ojala lo comprendieran y lo aceptaran como yo!, pues para mí no eran distintos sino personas que buscan lugares para sus intereses como cualquiera puede hacer.
Me senté y un micro escenario se iluminó apareciendo un ser extraño sin identidad, o identidad mal asimilada. El personaje escénico era malo, no sabía cantar y la gracia no era picante sino burda. Era joven, no más de treinta. Yo le miraba con la boca abierta, la niña de mis cavernas se convertía en la más crítica, la mujer que soy en la benévola que comprende pero que  deja paso al pensamiento que para ser distinto no solo hace falta disfrazar tu cuerpo y tu cara, sino sentir aquello que llevas dentro y no forzarlo en una soez caricatura de ti mismo.
Mi niña me preguntaba “¿no tiene para comer y por eso hace esas cosas?” Yo la miré con ternura, una ternura triste, desgajada de mentiras y la contesté “A veces somos crueles hasta con nosotros mismos”

La puerta de La Lupe se cerró y yo caminé por las calles silenciosas con la imagen colgada a mis pestañas de aquel muchacho que no sabía ofrecer autenticidad ni para él mismo.

sábado, marzo 19, 2016

DE FE Y OTROS SENTIMIENTOS, dedicado a Sevilla

La fe es un sentimiento de raíz íntima y personal. Intransferible y absurdo el hecho de tratar de explicar ese “leitmotiv” que te lleva a sentir algo que no se toca ni se ve, sólo recorre los caminos recónditos de tu ser.
Creer o no creer, ésa es la cuestión… Vivir un fervor, pensar en tu Dios, se llame cómo se llame, expresar un sentimiento de religiosidad a través de unas manifestaciones que algunos tachen de folclóricas es ser muy osado. Habrá quienes prefieran llevar sus aspectos más íntimos de fe de una manera callada y recogida. Y habrá quienes prefieran manifestar sus querencias o creencias a golpe de banda musical arrastrando sus cadenas por calles empedradas. Es más, llamando guapa a una imagen, cantándola una saeta en una esquina, soportando el peso de un arte hecho vida durante horas, incluso peleándose por ser costalero, alguno muriendo mientras portaba el peso de su credo.
La fe es irracional, cada uno la manifiesta de una forma, la vive de una manera, pero nunca tacharla de folclore; ha de haber un respeto.
Castilla es silente, sobria, enjuta. Andalucía es luz, alegría, lo da la tierra.
En Sevilla hay que perderse entre su bulla, mirarla en distancias cortas, beber su idiosincrasia para terminar emocionándote profundamente por esa fe hecha a su manera, por ese orgullo de mostrar lo suyo con respeto y alegría.
Luego lo podrás compartir o no, pero sí admirar… siempre; hay que estar allí in situ para oler su aroma.

Sevilla para mí es un amor irracional como todo amor que se precie; no puedes explicarlo. Sólo sentirlo y disfrutar de él.

jueves, marzo 17, 2016

TARDES CON TERESA

Parte de mi mundo gira en torno a ella, esa mujer recogida en un caparazón, en su particular caracol que apenas se deja ver, en la penumbra de su mirada y en pasos que no son. Su mirada perdida me hace recrearme en ella, en ese mundo que espera una estrella, un rayo de sol que ilumine una esperanza perdida, que la nostalgia evapore la oscuridad. Parece que no siente y para mí cada día siente más, se va convirtiendo en una lectura constante a través de sus modos y formas. Sus manos aradas de venas malvas, sus dedos cada vez más torcidos, se extienden, se estiran para implorar. Su cuerpo cada vez más curvo se encoge para aliviar el frio que recorre su alma desolada. Su cabeza agachada, cada vez menos poblada pero igual de peinada se balancea de un lado a otro pues quiere escuchar lo que se la escapa pegando la oreja hacia el viento que trae palabras de unos y otros y, así, apegarse a otras vidas para que su llama no se esfume.
Es mi madre, como cualquier otra madre, y a mí me resulta cada vez más bella, más mía, en nuestros silencios, en nuestras penumbras, en nuestras palabras buscando la vida que se pierde.

Tardes con Teresa que me hacen crecer aunque el corazón se me achique.

miércoles, marzo 16, 2016

TERNURA

Ternura, ésa es la palabra. Expresión de sentimiento que a veces sentimos sin buscarla. Se escapa espontánea por cualquier bolsillo del corazón...

Cada día al ver el rostro de ese hombre con cara de niño, mirada perdida y sonriendo al aire, siento un ramalazo de inmenso afecto por él.
Ese desconocido en cuyas sienes pintan plata hace tiempo, pero su rostro como su cerebro, se quedaron anclados en la infancia, emanando inocencia en su expresión, en su atuendo pulcro, en ese peinado de raya recta y flequillo aromatizado.
Puntual cruza el semáforo y con discreción se acerca a los muchachos que ofrecen periódicos gratuitos. Después, se va a una esquina y espera... Cada mañana me pregunto qué esperara ese ángel de alas plegadas.
Mientras, empapo la mirada cada mañana con ese niño grande que aguarda, tal vez, que el sol brille noche y día.

No puedo evitar observar el paisaje humano, presiento que es leer la vida mientras mi ternura se posa en muchos de ellos.


lunes, marzo 14, 2016

MEMORIA

No estoy aquí  para silbarte la memoria perdida, ni siquiera la que pretendes borrar. Allá tú si no quieres tener historia donde cimentar tu presente que se irá haciendo futuro si se te otorga el privilegio de seguir viviendo. Tampoco pretendo dirigirte a que te ancles en el pasado porque agua pasada ya sabes que no mueve molinos de agua. Sin embargo lo que hoy eres, es parte de lo que fuiste y si osas recordar, notarás que por tus actos corrieron triunfos y fracasos, partes fundamentales para que tengas presente ciertos hechos a procurar no repetir así como los aciertos los encauces en tus siguientes pasos. Tal vez quieras olvidar o recordar demasiado y eso alimente prejuicios, complejos sociales, rencores, odios que enturbian tu presente, de ahí tu actitud.
Yo no quiero olvidar mi pasado, es decir de dónde vengo porque en muchos casos he de dar las gracias. En otros recuerdos no deseo perderlos para evitar repetirlos, para ser consecuente y ver el lado positivo de una experiencia. En los tropezones siempre hay una lectura positiva que nos hace aprender.
La memoria histórica intima y personal de cada uno es fundamental, pero nunca para sembrar odio, separatismo, rencor o miedo y borrar de un plumazo un pasado que está ahí, que has vivido. Es riqueza para tu presente, es comprensión, es perdón o es una satisfacción en otros casos.
Que borren la historia de mi paisaje no me gusta. Sí comprendo que en ciertos momentos es  recordar un dolor, un sufrimiento, pero el tiempo se supone inteligente, no borra, pero las heridas las cierra y te anima a caminar por tus presentes, no a volver la cabeza para odiar más, para que enturbie tu carácter, no, ni siquiera para el hombre que está condenado a repetir sus errores.
Hay que mirar los paisajes con amor, el amor sopesado en bases sólidas y vivencias de esperanza, insisto nunca de rencores y menos esas gentes que gracias a haber vivido otros escenarios mucho más positivos y democráticos, ahora hablen de algo que ni siquiera han vivido y vapuleen la historia con dolor y enfrentamientos tratando de aniquilar nombres, calles, estatuas, lo que pillen por el camino, utilizando además a muertos que murieron injustamente, incomprendidos en el mundo que les tocó vivir.
Recuerda, sí, recuerda, balancéate en pasados familiares, en los tuyos, pero rodeado de luz, luz que guie tus hechos por sendas de respeto, tolerancia. No echemos culpas, porquerías sobre los hombros de otros, ¿qué aporta? Odio y enturbia tu felicidad, tu conciencia, tu paz.
Tiempos convulsos en los que todos necesitamos esperanzas, no envidias y mucho más comprensión los unos por los otros y viceversa.
Si los políticos son incapaces de hacerlo, hagámoslo la ciudadanía, al fin y al cabo somos dueños de nuestro destino, de nuestra nación, de nuestras vidas.

Demos más y pidamos menos.

viernes, marzo 11, 2016

EPÍLOGO DEL DIARIO DE UNA NOVATA

Epílogo del diario de  una novata
10 de marzo, 2016
Tengo el cuerpo como si en vez de haber estado en la presentación de Sevilla…Gymnopédies, hubiera ido a un combate de boxeo ¡Destrosao!
Hasta la hora H escuché música, fregué, planché, compré unos tomates, vamos, una maruja alioli cualquiera, no una estrella fulgurante a las puertas del triunfo. Luego pasé al momento de la meditación, eso que hacen los toreros antes de salir a la plaza “Encomendarse a todo lo que encuentra”. El perro me miraba con una cara rara,  pensando posiblemente que a su ama  se le había ido la pinza definitivamente. La última fase fue la decoración: debo recordarme no volver a pintarme. Nunca lo hago y cuando lo hago no conozco a la del espejo. Para colmo me di rímel que se corrió en su debido momento y unas sombras negras debajo de los ojos feas, muy feas. Así salí de casa con la desconocida que ocupaba mi cuerpo del brazo de su chico a tomarse una copa ¡Qué rica estaba!
Me sentó tan bien correr el alcohol por mi body que cuando llegue empecé a besar a todo aquel que aparecía delante de mí hasta el punto que fui un momento al baño y me crucé con un propio que salía del baño de caballeros, le sonreí y le coloqué un par de besos. El propio se dejó y luego me preguntó quién era yo. Un tipo desagradable, pero no me amedrentó y cuando salí del baño, continué disparando besos. A toro pasado pienso que lo que necesitaba era sentir el calor de la gente, está clarísimo, porque cuando me fui besé al portero.  Rosa, mi prologuista, me prohibió terminantemente llevar a mi espíritu de Lola, Socorrol Marmol Bris, mi mentora y madre literaria, me vigilaba con un spray en el bolso por si decía tacos, y yo mandé a galeras a mi yo cenizo, total que estaba tan limitada que decidí reconvertirme a repartidora de besos.
Y llego la hora D y el corazón empezó a hacer “Pumpun” muy fuerte y pensé ¿y si me muero ahora, en mi apoteosis, con lo que me ha costado llegar hasta aquí? Y resucité de mi desvarío mental y me relajé al escuchar a los ponentes rezando que no llegara el momento en que mi voz tuviera que regurgitar palabras, pero llegó claro, para eso estábamos allí.
Mientras hablaban los ponentes y les escuchaba, me entretuve en mirar a la gente. Sentí que estaba en una nube y veía a la gente con nitidez balanceándome en sus rostros, recreándome en recuerdos vividos con muchos de los allí presentes.
Llegó lo inevitable. Saqué mi chuleta, miré a la gente, sonreí, pensé en mi Esperanza Trianera que me había guiado hasta ese momento y comencé a hablar con timidez,  con la emoción e ignoracia en mis costuras hasta que me fui serenando, viendo sobre todo tres rostros cuyos ojos no pestañeaban y me decían “Estamos contigo”. Gracias José María Villada por tu mirada tierna y repleta de cariño… Y allí te vi sentada en primera fila con mirada inquisitiva traduciendo cada una de mis palabras, pero también con los ojos rebosando el cariño que siempre me has regalado. Porque si hay una seña de identidad de Soco Mármol Brís es su generosidad. Y cada mirada mía que reposaba en la tuya me hacía sentir a salvo de tribulaciones e inseguridades. Una vez más has estado a mi lado ¡MUCHÍSIMAS GRACIAS!
Me abrazaba a la gente mentalmente, sentía a mis amigos ausentes, a mi madre ausente, a mi familia vallisoletana ausente, a la familia literaria latinoamericana ausente, a mi otro mentor, Luis Alcocer, ausente,  los lectores de los blogs, Juan Escarpelo, Paula Aragón,a mi amiga Marian ausente, sin embargo todos cosidos en mi corazón sintiendo su fuerza conmigo.  Regalaba sonrisas titubeantes, la inseguridad me atenazaba y mis ojos, de pronto chocaron con un rostro conocido, como si hubiera formado parte de mi paisaje vital. Nos abrazamos en silencio y después palabras atropelladas. Un trocito de los Cantalapiedra estaba también allí para acompañarme, para dar ese calor familiar que nunca pudimos disfrutar. ¡Muchísimas gracias! uno de mis lemas preferido vuelve a salir a la palestra" No importa lo que tardes, lo importante es llegar" y ayer llegué a mi otra familia mientras mi novela Sevilla…Gymnopédies” se presentaba en sociedad en una sala llena. Mientras,  yo hablaba subida a aquel púlpito, de vez en cuando te miraba y tus ojos expresaban muchas cosas, Blanca… A esas alturas de la película tenía el corazón pletórico pues había finiquitado mi primera estación de penitencia.
Las palabras de Socorro remataron este día tan especial “Estuviste perfecta: sensata -lo cual es un logro en ti- sabiendo hablar pero, sobre todo, midiendo con talento tus silencios y llena de ternura expositiva. Estoy tan orgullosa de ti...”
Y ahora, este diario de novata también termina. Mis siguientes estaciones de penitencia serán luchar por Sevilla…Gymnopédies que ojala guste y se venda. Seguir escribiendo…
Pero de esta aventura me queda grabado a fuego dos cosas: humildad y generosidad. Dos puntales necesarios para vivir con los demás, a recordármelos cada día nada más despierte.

¡UN MILLÓN DE GRACIAS!

martes, marzo 08, 2016

¡UN MILLÓN DE GRACIAS!

DIARIO DE UNA NOVATA XXII

Diario de una novata XXII
8 de marzo, 2016
Ay…Ay…Ahora sí que sí, mañana ya está aquí y se me ha estrechado todo, hasta mis neuronas que de nacimiento ya fueron estrechas, por no caberme no cabe ni un pollo, soy del tamaño de una hormiga o mejor de un insecto de esos que ni ruido hacen, apenas se les ve las alas transparentes. No, mosquito sin ruido no, porque ruido he hecho hasta aburrir, mejor hormiga. Eso, una hormiga laboriosa y virgen… ¿Virgen tú, a tu edad? Mujer, virgen de sexo no, que bien me lo he pasado con el sexo llamado hombre, virgen de lo otro y es incomodísimo ir de virgen y pardilla, analfabeta en la novelesca, ignorante en esas lides, fantasiosa de triunfo, cuando hay mentes trituradoras de comerte y aniquilarte, críticas que miran tus letras para destruirte en la primera coma, para borrarte de un plumazo de ese territorio comanche en el que te has metido… ¡Leches, yo cenizo!, te has pasado veintiséis pueblos, acojonas con tu verborrea. Para que sepas yo cenizo de pecho estrecho, ya he vendido una novela. La primera, a mi amiga Fátima… Pero si solo tienes los ferros (maqueta de imprenta), fantasma, qué me estás contando… Cierto, pero ella está convencida que se va a agotar y me ha dado el dinero para que la guarde un ejemplar. Anda, vete a por otra, cenizo que eres un cenizo...Ya, ya, pero recuerda que las partes más intensas de la novela te las inspiré yo… ¿Túuuuuu? Si lo único que has hecho desde que nos pusimos a hacer la calle ha sido amedrentarme, torturarme con tus miedos y cobardías… ¿Qué tú y yo hemos hecho la calle, que somos dos pilinguis?... Cuidadito con tu lengua mordaz, que yo respeto mucho a esas mujeres, ya quisiera yo ver a muchos en su lugar. Sí, hemos hecho la calle y las cuatro esquinas y para mi desgracia llevándote acuestas, además, hay muchas formas de prostituirse y esas sí que son indignas. Sevilla…Gymnopédies es fruto de vivencias propias y ajenas, es deslizarse por los sentimientos humanos y acariciarlos, generando una empatía instantánea con cada uno de sus personajes y, ¿sabes por qué? Porque son reales, son esas voces que transitan por las callejuelas de la vida gritando para no ser invisibles. Es una novela que pica tu curiosidad desde el principio hasta el final, dándote pena que termine y no haya más. Están presentes el yin y el yang de mí personalidad, de cualquier persona que lea la novela, leñe. Vete a por otra, cenizo.
Mucha disertación entre un yo y otro, pero ambos nos sentimos hormigas con sentimientos encontrados.
Anda que mi madre y mi tía Lola que es como mi segunda madre, esas dos sí que andan a por uvas. Sordas hasta no oír e inventarse lo que las da la gana. Una, que me han dado un premio, según ella una medalla en una fiesta y que yo llevaba un vestido muy bonito; imposible hacerla entender que eso no había pasado. La otra, mi madre, más heavy todavía. Según ella, he estado en el extranjero promocionando mi novela la cual no va a comprar porque no firmo con seudónimo y eso de presentar la novela primero (aquí duda donde presento la novela, si en Londres o en Sevilla) en otro lugar que no sea Valladolid le parece un desaire muy grande para una capital como Valladolid. Yo la insisto que también la voy a presentar en Valladolid, el 13 de abril, y ella me responde que dentro de tres años ya estará muerta.

Ayer las dos me dejaron la cabeza como una jaula de grillos. Las tenía que haber dado la razón en vez de desgañitarme y enterarse los vecinos en vez de ellas. Eso sí que fue hacer publicidad radiada y vecinal.

domingo, marzo 06, 2016

DIARIO DE UNA NOVATA XXI

Diario de una novata XXI
6 de marzo, 2016
Vengo santa, y mi marido con los pies planos a punto de meterse cartujo para no verme más.
Mira que Sevilla tiene iglesias, me he encomendado en toda la que he pillado a mi paso. En la mayoría me he sentado a pensar, a no perder un gramo de las sensaciones que me rodean estos días, a tragar la vida como si fuera el último paso que diera. A mirar con ojos inquisitivos las pequeñas cosas que revolotean a mí alrededor, a escuchar ávidamente a la gente, a la música que se contoneaba al borde del Guadalquivir o en una capilla perdida, al sonido de las campanas resonar ya muy de mañana…, no fuera a ser que me quedara sorda. He escrito cada cosa que me decían, anotado nombres, he hecho listas para que nada se perdiera, y me he emocionado demasiadas veces, pero no he llorado. Era una íntima satisfacción no de lágrimas y mucho de sonrisas agradecidas, un agradecimiento hondo a cada persona que estos días roza mis horas; tal vez no vuelva a sentir tanta sensación de gratitud y no  quiero perder ni un milímetro de luz, de ese cielo azul limpio de nubes en el que me han envuelto.
El 4 de abril presento Sevilla…Gymnopédies en mi Sevilla. Mi yo cenizo está mudo, ¡qué placer!, así disfruto del momento sin que me atormente con sus miedos. Para ser escritor hay que tener imaginación sin duda, pero si no existiera esa realidad circundante,  una verdad vulnerable o no, no existiríamos los escribidores porque todas las historias nacen de la realidad para luego crecer en la ficción. Pues bien, dicho esto, nunca pensé ni soñé presentar mis letras ni aquí ni en ningún sitio. Lo confieso ahora a tres días de la presentación de la novela en Madrid. Nunca, nunca.
Sé que el miércoles veré pasar por unos instantes la radiografía de mi vida, idas y venidas de mis letras y recordaré con nitidez cada instante, cada sueño, cada desierto, a pesar de tener memoria de pez. Estoy convencida que hay un momento en la vida de cada ser humano que clarifica su vida en un santiamén tan impreciso como sorpresivo, pero un recuerdo satisfactorio aunque su vida se haya teñido más de sombras que de luces.

Mafalda, me siento tan evaporada, mística y angelical, que no sé si irme a un convento y no salir de el hasta el 9 de marzo a las siete de la tarde. ¿Tú qué opinas?

jueves, marzo 03, 2016

DIARIO DE UNA NOVATA XX

Diario de una novata XX
3 de marzo, 2016
Hoy he despertado con la cabeza pallá, el cuerpo relleno de pollos y la incertidumbre instalada como una reina en un cuento de  Washington Irving. Porque lo que no se puede hacer es irte a la cama y antes de bajar la pestaña leer estolideces. Leí un artículo de Gran Hermano Vip y he tenido la gran pesadilla; entraba en la casa para recaudar fondos y poder pagar publicidad para Sevilla…Gymnopédies y, ¿qué ha pasado? Pues que he durado menos de 24 horas dentro y, claro, no me han pagado ná. Un engaño el artículo, tanto que decían que pagaban fortunas por sobreexponerte un poco. Yo según entré me puso delante de una de las cámaras a hablar de mi novela, aprovechando el tirón mediático e ignorando a los grandes hermanos que allí llevan semanas encerrados. Al rato de estar soltando mi arenga enfebrecida de pasión sobre las virtudes de la novela, me empezaron a increpar mis hermanos de celda, y automáticamente me llamaron al confesionario. Total, el súper me mandó a la puta calle por tramposa y poco honesta. Me he despertado sudorosa con los pelos igual de electrizados que Mafalda. Entonces me ha dado por pensar que todos tenemos un precio, yo por lo visto el de GH Vip, ¡Qué cutre soy, por dios!
Y eso que ayer tuve un día relajado que, entre los quehaceres domésticos, releía mi presentación haciendo añadidos y quitando cosas. Por la tarde me la tomé libre y me fui con mi amiga Aurora  a tomarme una copa mientras la atormentaba con mis inquietudes, como si ella no tuviera bastante con las suyas, pero eso de traspasar la mochila de nuestras pesadumbres se nos da divino a los seres humanos. Por cierto, me tomé la copa casi de dos tragos, me estoy volviendo alcohólica, bueno, hacía que no me tomaba una copa ni me acuerdo. Lo mío son los Martinis por tradición familiar, y el verdejo de Rueda, siempre de Rueda, eh, muy ricos son Flor y Nata, Valdecuevas. Estos dos ruedas te incitan a la charla aunque al final a la lengua le cuesta expresarse en castellano actual y terminas hablando el castellano antiguo que tiene su intríngulis.
Tan contenta llegaba a casa después de haber traspasado generosamente mis miedos a mi amiga que al abrir la puerta me estaban esperando mis fieras, el único generoso el perro que me saludaba como si no me hubiera visto en 100 años y la soledad de mi ausencia le pesara; el resto, tres fieras. Uno me interrogaba sobre sus pantalones, si estaban lavados, cosidos y planchados. Otro, aprovechando lo del ejercicio del coser, si le podía coser un botón, pero claro como soy un desastre me pedía qué le dijera dónde ponía el botón si en el bolsillo izquierdo o en el derecho, muy sesudo para el alma de una escritora en ciernes. No contentos, aparece la tercera fiera con casco motero puesto y me dice que le colocó fatal las camisas y se arrugan. Creo, incluso, que hubo un momento que presentí a las tres fieras juntas a la altura de mis narices. Después, muy cariñosos, me preguntaron qué íbamos a cenar.
Se dice que los intelectuales caminan normalmente por las lindes de la intelectualidad. Está más claro que el agua que lo mío no es intelectualidad ni siquiera la de cultureta, lo mío es la puta realidad.

¡Mafalllllda ayúdame, un poquito de por favor!

miércoles, marzo 02, 2016

DIARIO DE UNA NOVATA XIX

Diario de una novata XIX
2 de marzo, 2016
La vida es una secuela de cadáveres que vamos dejando por el camino. Errores que ya no admiten remiendos por  ser pasado. Solo una vez que hayas clarificado dónde estuvo el traspié, podrás evitar una nueva caída al fango de los insumisos. Digo lo de insumisos porque suelo nadar a contracorriente. Primero actúo y luego pienso. Pero, además de generar nuevas corrientes positivas, te encuentras con nuevas  opciones llamadas vivencias y con ellas nuevos errores. Andando se hace el camino, sí, y costoso se hace el camino. Da igual la edad que tenga, se nace aprendiendo y se muere sin haber aprendido muchas cosas.
¿Por qué este rollo metafísico? Por el día de ayer que me dejó en el paladar ese regusto entre agrio y dulce, que  hace detenerte y analizar sensaciones, pasado y presente, todo al mismo tiempo. Sin ánimo de fustigar tu conciencia y mucho de recolocar tus ideas o como es mi caso, de ordenar el mundo de las percepciones y emociones que fluyen dentro de mí, y por las que guio mis pasos a veces tartamudos, otras más  seguros de lo que en realidad son. Me lanzo a las vivencias como un pez sediento de agua y cuando las encuentro, hay momentos que me quedo reflexionando sobre esas aguas si serán lo que aparentan o simplemente circunstancias de un momento.
Voces con peso me advierten que el mundo literario hay mucho de trampa y cartón, y que no me deje engañar por la meras apariencias pues pueden ser humo de un instante, fuego,  o quimera con grandes dosis de egos aderezados de puñaladas traperas. Intuyo de lo que me hablan, pero a mí eso me resbala. Yo lo que quiero es sentarme cada mañana o cada tarde y escribir, dibujar a un anciano, a un chaval en medio de la vorágine de la gran ciudad imbuido en su propia esfera, la abuela que tira de un nieto imposible, infinidad de destellos que me ofrece la vida en una bandeja maravillosa. Después, cuando he vomitado ese mundo interior que bulle, reencontrarme con mi gente, ofrecerles una sonrisa, una escucha, un rifirrafe de conversaciones, hacer una tortilla de patata…, cosas simples pero de gran calado para mi propio equilibrio existencial. Allí donde se encuentra la magia de mi vida, en las vivencias sencillas. No deseo egos altaneros, ni disputas encarnizadas, sólo deseo el disfrute de mis letras que recaigan en otras manos para su uso personal y de dama de compañía, nada más... El resto se lo dejo a los que no pueden pasar sin la gloria de ver el mundo a sus pies.
¿Dónde se encuentra la fórmula del éxito editorial, esa estrella fugaz? Dar con la clave es ardua tarea que no depende de ti solo, sino de los que te rodeen. ¿Qué pasó a Van Gogh? No vendió cuadros mientras sus ser pululaba por la tierra, pocos osaron a descifrar su valía.
Ayer estuve con un propio a entregarle mi manuscrito, Sevilla…Gymnopédies. Si dijera que no disfruté de esos momentos mentiría. Me divertí, fui yo misma, me reí frente a un extraño de sonrisa irónica que encerraba desencantamientos. Su mirada azul, a veces excesivamente esquiva, muchos miedos, más egos que humildades, había momentos que me miraba con sorpresa, otras rehuía mi mirada tan azul como expectante,  y mirándole, observándole, comprendí que emocionar, encandilar con tus letras, es un atributo de unos pocos. Aterricé de pronto en una tierra sin explorar en la que se reafirmaba  que puedo dar compañía y sosiego con mi hacer, sin embargo no dependía solo de mí misma sino de una promoción viral que puede ser fatua o no, pero que ayuda al despegue de tu trabajo. También comprendí que si Sevilla…Gymnopédies era relegada a un enjambre de estolideces, ciscada de críticas y vituperada, no por eso perdería el ángel que guarda mi novela. Rotundamente, no, aunque no triunfara en las librerías.
Mi trabajo es sosegado, de luces tenues y acogedoras, las suficientes para que un lector se  sumerja como si se tratara de su propia aventura.

El resto, el éxito  o el fracaso, no dependerá de mí.

martes, marzo 01, 2016

DIARIO DE UNA NOVATA XVIII

Diario de una novata XVIII
1 de marzo, 2016
¡Pffffffffffffff! Es lo primero que he pensado nada más abrir el ojo a este primer día de marzo. Para ser positiva me he dicho “Muñeca, ya llega la primavera”, y mi otro yo ha dicho “Pero antes hay que pasar por el 9 de marzo” ¡Qué ceniza es la otra parte de mí!, con un corral de pollos y gallinas en su estómago que sólo come espárragos porque no la entra nada, así que como el espárrago es diurético, todo el día en el baño. Allá ella, lo malo es que no me deja sola ni un momento, me la llevo a todas partes, una cruz como otra cualquiera.
Ayer terminé con cara de metro, para arriba, para abajo y vuelta a empezar, muchas escaleras subiéndolas y bajándolas para hacer ejercicio. La de la dieta del espárrago se quejaba. Claro, solo comiendo espárragos, pues las defensas las tiene indefendibles, menos mal que con el editor la que hablaba era yo, la esparraguera estaba silente y acojonada detrás de mí. Comprobé que ser editor es muy estresante. Me daba lástima de él, y lo que me preocupaba es que confundiera mis asuntos con otros que se presentaban de improviso y, al final, en vez de haber escrito Sevilla…Gymnopédies, pusiera que había hecho un estudio sobre Cervantes, aprovechando que es su año. No es que me importara pero de Cervantes sé lo que estudié en la carrera y para aprobar, vamos, lo justito, y del Quijote las setecientas veces que lo empecé hasta que terminé leyéndolo en una versión para niños de doce años.
Preparamos a galope las diferentes presentaciones, Madrid, Valladolid, y Sevilla, pero si hay que ir a Huesca o a Lugo, por decir algún lugar, yo voy a dar mi espich porque creo que ya me sé, no es seguro, eh, las nociones básicas para hablar en público. Sí, del dicho al hecho hay mucho trecho, pero eso lo veremos el día 9. Ahora lo único que deseo fervientemente es estar rodeada de gente ese día, sí, mucha, cuánta más mejor, así me sentiré querida, comprendida y apoyada… He leído que si por algún casual la emoción se me escapa por alguna rendija, hasta pareceré más humana, no una locomotora del AVE.
¡Pffffffffffffff!, estos días estoy fumando tanto que parezco una chimenea en pleno invierno echando humo, pero tiene sus ventajas desde que los fumadores nos han puesto a hacer la calle. Hablas con todo bicho viviente, yo hasta con los perros que aparcan a la puerta del bar sus amos mientras ellos se toman el cafelito de turno. El otro día estuve con personajes de lo más variado, desde el que me quería vender unos cangrejos a precio de costo, hasta uno que no creía en la vida y se iba a Vietnam a ver si encontraba su otro yo. Ya le dije que el mío aunque me vaya a la China va conmigo a darme el viaje hablándome de los peligros que supone estar en un país comunista. Mi yo cenizo no caya ni debajo del agua. Luego también hablé con una propia que por lo visto se sentía tan española que se desabrochó un poco la camisa para enseñarme que su ropa interior es de los colores de la bandera. Solo le pude contestar “Muy interesante”, hubiera querido decirla que la bandera mía la llevo en el corazón, pero la propia en cuestión se la notaba muy impetuosa y temí que malinterpretara mis palabras y llegara con un ojo con los colores de la bandera republicana al día nueve de marzo por el puñetazo que me diera. “Discreción y prudencia” me dijo mi yo cenizo, y le hice caso, “Estos días hay que evitar riesgos inútiles”, me volvió a recalcar.
¡Pffffffffffffff!, me voy a teñir el pelo; lo tengo de dos colores y he leído que para presentaciones lo mejor es el monocromo.

Mafallllllllda, ¿me tiñes el pelo?