viernes, julio 05, 2019

LA FUENTECILLA DE MI MADRE


Ayer mi madre se dejaba hacer; la pillé de improviso y nos fuimos a las nubes a dejarnos querer, a colgarnos de una rama y ser mariposas en un jardín atrapado.
El vientecillo jugaba en nuestras ropas y mi madre se estremecía pues, su carne es tan fina, que sus huesos rebotan en su triste realidad. Puse el calor de una sonrisa en su piel encogida y juntas buscamos estrellas a la media tarde de un verano.
Nos sentamos prendidas a un rayo que hacía cosquillas en su boca, tan trémula y perdida, que no pude contener un te quiero silencioso.
Acuné en mis brazos vacíos a esa madre que va y que viene, pero ya no está y que, a veces, se deja atrapar en mi voz de azúcar, en mi llanto mudo.
Entonces, pinté una fuentecilla solo para ella, para sus ojos ciegos, para su corazón dormido… Son tres estanques pulverizados de un sol meloso, y el agua salta y salta de piso en piso. A tus pies crecen hechizos rojos, tu color favorito. No hay peces, solo agua juguetona que repica y repica dando volteretas, Y la agüilla ya no es tal sino estrellas cristalinas en una tarde perezosa.
...Y el sol partió, nosotras, también, no sin antes hechizarme del rostro de una madre al decir adiós a su fuentecilla hermosa.

lunes, julio 01, 2019

UN DOMINGO DE VERANO...

Ayer fue domingo, un domingo de un calor insoportable y mi madre tenía frio. Su piel estaba encogida, sus dientes castañeaban y se refugiaba debajo de una suave pasmina.
- Mamá vámonos al jardín, hoy es nuestro, no hay nadie.
- ¿Cómo vamos a salir, qué dirá la gente? - pero en sus ojillos cada vez más chiquitos vi la complacencia de saltarse las reglas.
Mientras nos encaminábamos al jardín, mi madre iba saludando- lo que nunca hace- a las señoras que bebían agua fresca para hidratarse y nos miraban reprobando nuestra actitud de salir con cuarenta grados. Tanto me molestó que cuando llegué a la puerta que da al jardín, harta de sentir puñales a mis espaldas, ensayé improvisadamente una sonrisa, me volví y con candor más falso que Judas dije “Mi madre tiene frio”
La bofetada de calor que sentí hizo sudar a todo mi cuerpo, pero la piel de mi madre se templaba gradualmente como tímidamente se iba despojando del chal. Nos fuimos a un rincón donde crecen las plantas aromáticas como lavanda, tomillo, romero, menta, albahaca, menta y hierbabuena… Sus ojillos sin ver sonreían de placer pidiéndome que acercara sus dedos para tocarlas, incluso intentó arrancar una hojita de hierbabuena; cuando lo logró se la llevó a la nariz cerrando el gesto con una sonrisa-mi madre jamás sonríe- mientras el aroma la envolvía.
Mi sudor corría alocadamente por mi vestido, pero no me importaba, de verdad, y la pregunté si nos sentábamos a la sombra junto a la fuentecilla. El agua sonaba a cascabel, a paz, aunque no engatusáramos a la palabra; hay momentos que no se necesita mientras el goce del silencio habla por sí solo. Las dos, madre e hija, volvíamos de alguna manera a sentir el viento en nuestros rostros, la ternura en la piel, la lágrima en la mirada de una madre casi ciega, los pies volando, y la sonrisa siempre en nuestra boca. Presentí que la vida volvía por unos instantes a esa madre que se apaga, permanece pese a que modifique su porte, su imagen, pero vuelve de muchas formas y maneras.

Y de pronto, se puso a recordar recuerdos gratos, los mismos de siempre que se resumen en dos ilusiones: sus nietos… Hablaba y hablaba con ganas y yo bebía su rostro iluminado mientras el sonido de la fuentecilla regaba nuestras vidas; ya no sentía el fuego del sol, y sí el calor en alma y el corazón trotar como un potrillo en una tarde de domingo, tan caluroso, que hacía perder la perspectiva de la cruda realidad.

Cuando volvíamos hacia el salón pausadamente, alargando los minutos de un disfrute inesperado, me dijo:
- ¡Qué suerte hemos tenido en la vida, nena! Y tú, haz el favor, de ser fiel a ti misma. La gente a veces somos unos mermados mentales.
Cuando me despedí de ella, acerqué mi nariz a su cuello; olía a lavanda y hierbabuena. Una lluvia de lágrimas refrescó mi piel sudorosa.

¡Feliz semana a todos!
M Ángeles Cantalapiedra
©Largas tardes de azul ©Al otro lado del tiempo ©Mujeres descosidas ©Sevilla...Gymnopédies

sábado, junio 29, 2019

MI QUERIDO LECTOR…


Me gusta escribirte en instantes imprecisos, no catapultar una sensación y guardarla en el cajón, pues un día la extraes y tus letras saben rancias.
Deseo, quiero…, escribirte con la vehemencia de mi carácter, cuando el corazón grita, gime, ríe.
Deseo escribirte cuando me provocas un sentimiento; tal vez sea imperceptible para ti, sin embargo, has logrado abrir el candado de mi corazón.
Anhelo posar mis letras en una hoja en blanco y tejer palabras para ti; en algún rincón de tu vida seré tuya.
Ansío vertebrar sentimientos cuando la vida me habla, me susurra una historia que, a simple vista, no es nada, de mí depende que tenga cuerpo, corazón y vida; una servilleta me vale para anotar una percepción, una imagen…, a ti.
Fantaseo con emociones que se convierten en realidad ante tus ojos. Si es así, habré logrado mi objetivo de atraparte en mis renglones torcidos.
Si una mañana, despierto y la vida no me habla, creo ser presa de la inanición humana por no poder darte ni una triste palabra.
A veces, como ahora, juego a desafiar el tiempo y el olvido, subiéndome a una nube que me ha llevado a 1934 a la República Dominicana, de allí desembarcaré en Sevilla, en los prolegómenos de la guerra civil, para terminar en el Valladolid de siempre, en el de hoy; mi triángulo mestizo. Un proyecto difícil, mucho, un sueño aún por alcanzar, un reto personal, pero en mi ánimo está en dar vida y verosimilitud a una historia y a unos personajes que aún no han nacido, ni siquiera los conozco, están en plena gestación. ¿Lo conseguiré? El tiempo lo dirá… La vida está llena de retos, sueños, y trabas para conseguirlos, pero que sin ellos, la vida no es, y mi espíritu es de intentar subir peldaños cada día con mi trabajo y esfuerzo, con vuestra ayuda, con vuestro ánimo y generosidad.
Mi querido lector, espérame, espérame en cada esquina, saldré a tu encuentro pues sin ti no vivo y…, si no vivo, mis palabras no existen.
Buen fin de semana!!!
M Ángeles Cantalapiedra
©Largas tardes de azul ©Al otro lado del tiempo ©Mujeres descosidas ©Sevilla...Gymnopédies

martes, junio 11, 2019

HISTORIAS DE UN AUTOBUS: TRES HOMBRES EN UNA PARADA


Hay veces que, aunque uno no quieras ver, ves, y otras que, a pesar de tener el corazón dormido, un tintinear de campanillas te despierta dulcemente…

Ocho menos cuarto de la mañana, el día se despereza de la bruma atascado entre coches y claxon desprovistos de sensibilidad. El autobús trepa calle arriba como puede. Su bamboleo arrulla tus últimas neblinas hasta que para en seco.

Un motorista monta en cólera y todo el mundo fuera del bus a ver el lío que se ha desencadenado, menos yo que sigo pegada a la ventana y mis ojos estrellados en tres hombres.
Uno de ellos parece estar en una nube, nada de lo que pasa parece ir con él. Atusa a un caniche. Este le lame la cara y el rostro del hombre rezuma gratitud hacia el animal; presiento que su soledad amaina con ese cariño incondicional. Lo deposita en el suelo y veo que el perrillo va bien abrigado con una especie de abriguito rosa con algo grabado en el lomo. Agudizo la vista y alcanzo a leer “Me llamo Lola”. No he podido reprimir la sonrisa.

Otro de los hombres es bajito, tiene cara de ardilla y nariz de payaso. Está enfundado en un plumas que abulta más que él y la cabeza la lleva tapada por un gorro de lana. Tiembla a pesar de encogerse para repeler el frío. Contemplarle es ir directamente a la ternura, palpar la indefensión.

El tercer hombre parece que perdió la brújula y no sabe si va o viene. Habla solo, enfadado chilla al cielo y se remueve en la parada del autobús como si un séquito de hormigas estuviera recorriendo su cuerpo. Da lástima contemplarlo e incertidumbre comprobar que cualquiera puede terminar como ese pobre hombre.

Los tres se ignoran a pesar de que estén pegados los unos a los otros, no  se necesitan… Tienen sus propios mundos, sus propias cosechas de soledad, carestía, dolor y tristeza. Sí, porque aún siendo tan opuestos, poseen ese denominador común de destierro y melancolía en sus rostros. Perdidos en un asfalto sin otro calor que esperar que pase la vida con el único abrigo de su piel.

… El autobús seguía parado y sin darme cuenta he visto como mi cuerpo se levantaba, salía del autobús y daba un beso a cada uno de esos tres hombres; me han mirado como una lunática.
Después, me he vuelto a subir al bus y he respirado hondo; me sentía francamente bien.

lunes, junio 03, 2019

EL DESVÁN


Siempre me fascinó el desván de mi madre. Una estancia pegada al tejado y rayando un cielo de cristal. Era una buhardilla de desechos, de enigmas sin resolver.

Allí subía con sigilo, nerviosa introducía una tosca llave pero costaba abrir la puerta, baja y de madera mala, dilatada por tantas humedades. Cuando lograba abrirla, lo primero que veía era un ventanuco colgado del techo, de él se colaba un haz de luz  gris y polvoriento, confiriendo a la estancia un halo mágico y misterioso; mi imaginación infantil, entonces, se desbocaba, desplegaba las alas y me convertía en una niña muy feliz.

En el momento que mis ojos se acoplaban a aquella luz clandestina, sentía que mi cuerpo flotaba igual que las virutas de polvo en suspensión y mis manos en aquel entonces, diminutas y regordetas, acariciaban un mueble que estaba a la derecha; me sonreía, lo sé. En el medio tenía una  enorme puerta que, al abrirla, descubrías a una niña de ojos asombrados por las cuatros paredes tapizadas de cristal.

Después, con movimientos confusos, me acercaba a las maletas que morían plácidamente apiladas en un rincón; eran cuatro, de cartón a rayas marrones y beis. Desempolvarlas era mi delirio pues yo imaginaba los secretos más inconfesables… Fotos, cartas, mis primeras cartillas, mis letras tartamudas…

Pero un día, mi madre deshizo el hechizo de maletas, polvo, lámparas oxidadas y mi bellísimo mueble bar. Subí a hurtadillas, como siempre, y el vacio fue el único que me recibió, recuerdo que unas lágrimas de azúcar besaron el suelo desierto… ¿Qué iba a soñar si mi madre había quemado mi fantasía infantil? Qué tristeza la mía sentir  mi imaginación despoblada.

Pero me equivoqué pues el tiempo me demostró que al lado de la pila de años que había acumulado sobre mi persona, una mañana de invierno al despertarme vi a mi memoria sonriéndome y regalándome mis sueños del pasado.
Los cogí amorosa, como si tuviera entre mis dedos la mayor fortuna y los fui a colocar en un lugar de honor: el mueble bar de de espejos infinitos y las maletas de cartón piedra con tesoros indefinidos, revolotean en mi novela “Mujeres descosidas”

Desde ese momento, siento  que la niña que dormía dentro de mí está despierta, camina a mi vera  y vuela libre como aquel entonces.

martes, mayo 28, 2019

TÚ, MUJER


Nunca te he escrito, es verdad…

Hoy me levanté con nombre de mujer prendido en mi garganta, maniatado en mi corazón.
Sí, tú, esa que mira descarada y desafiante, esa que se sonroja y baja la cabeza. Sí, tú, mujer de cuatro vértices y alma de aire.

Tú, mujer, de ojos de colores en tierra y vespertinos, mujer de puertas abiertas y palabra entrecortada, verbo veraz, lenguaje certero, y voz de compromiso. Sí, tú.

Tú, mujer, que callas y respondes con manos de hechos tajantes. Mujer de campos arados, de cosechas y otoños, primaveras, inviernos y veranos perdidos. De luces y sombras donde cobijar tantos preludios y desencantos.

Mujer directa, mujer invisible pero siempre mujer.

A ti, nunca te hablé pero nunca ignoré… ¿Para qué?

¿Para qué voy a decir si toda tú eres real? Eres mujer

No somos víctimas aunque así nos etiqueten. No, ni mártires. No, me niego a que así me vean y cataloguen.

Nos podrán clavar dagas, sesgar la vida, pisarnos y hasta escupirnos pero jamás anular dignidad y fortaleza, nuestra bandera.

Somos tierra, somos siembra, somos luz… Somos mujeres.

sábado, mayo 25, 2019

MADRES...




Hoy me he despertado pensando en mi madre, en las cosas buenas que me ha enseñado a lo largo de la vida, la mayoría conscientemente pero, también, inconscientemente, con ese lenguaje no verbal que a veces nuestro cuerpo y nuestros hechos hablan de nosotros sin que nos enteremos.

Toda la vida mi madre me llevó más derecha que una vela, para mí que, en la otra vida que vivió, fue militar de alta graduación, y cuando la tocó vivir esta presente, aún tenía reminiscencias de la anterior, así que me río yo de la fama que tienen los hijos únicos, pues en mi caso me hizo sudar la gota gorda y cada cosa que conseguí, la conseguí a conciencia. Ella sostiene que siempre he hecho lo que me ha dado la gana y que sus consejos caían en vacío; la mujer no está exenta de razón y motivos para decir la he dado unos cuantos, la verdad, pero no de caer en papel mojado sus consejos, eso nunca.

Ahora, cuando la veo como un pajarillo de vuelo tan menudo en que la cuesta abrir sus alas, incluso temeroso y titubeante, la amarro entre mis brazos para darla el calor que el nido perdió y cuando la digo “Mamí, eres más seca que la mojama pero te quiero mucho” alza sus ojos que agonizan desde hace tiempo en la oscuridad y busca mi rostro para terminar diciéndome “Pero, hija, ¿cómo eres tan boba con la edad que tienes?” Entonces, aún la abrazo más hasta juntar su sonrisa prohibida con la mía… Es un momento especial en que presiento que volamos, a medias, juntas.

La relación de madres e hijos es un mundo por el que nunca se terminará de escribir. Es tan hondo e inesperado, tan especial y sorpresivo. Incluso, a veces, hasta una relación amor y odio compaginado al unísono, que me encanta bucear en ese vínculo. Es una calle de doble dirección en la que en muchos momentos se llora, se sufre, te  angustias, te resignas, te conformas con lo que hay pues por encima de todo está ese amor incondicional, sobrellevas esos caracteres ásperos o tiernos, te amoldas a esa madre o a ese hijo a pesar de la concomitancia que haya habido, buena o mala; nunca se deja de ser madre como no se deja de ser hijo hasta que una de las partes desaparece.

Mi madre, siempre me riñó si de mi boca salían exabruptos por lo que solía reprimirlos delante de ella, pero el otro día, cuando me vio después de más de un mes en que he estado danzando por estos mundos de Dios, primero se la iluminó su mirada oscura de ceguera, me atusó con sus manos temblorosas y me dijo “Por fin estás ya en casa”, me sonó a música celestial y me quedé un rato con mi cabeza apoyada en su pecho, ¡estaba tan a gusto allí refugiada! Que, ella, sin dilación, me preguntó “Nena, ¿a quién quieres mandar a tomar por culo?” Me levanté como un resorte, no daba crédito escuchar de su boca una frase mal sonante, la miré y ambas echamos a reír con todas las ganas que nuestras mentes eran capaces…

Nunca habíamos reído juntas de esa manera tan espontánea y siendo tan distintas como somos pero comprobando que…, el instinto de una madre nunca falla.
Mamá, hoy mis letras son para ti, ¡te quiero!

M Ángeles Cantalapiedra
©Largas tardes de azul ©Al otro lado del tiempo ©Mujeres descosidas ©Sevilla...Gymnopédies

martes, mayo 21, 2019

LA ARQUITECTURA DE LAS PALABRAS


Los  crepúsculos son mi oasis de lectura, y si la tarde es de cenizas, de nubes turbias, de gotas sueltas que exprimen los colores y los aromas, mejor, porque el placer por la letra se agranda.

Son tardes de sonidos sigilosos, de tierra mojada y perfumes nutrientes. Me siento en mi rincón y, antes de perder la mirada en las letras, miro los verdes sombríos, los plomos monótonos, y presiento crecer el ansia por el recital en letra chica que me guarda un artículo, una revista, un libro, un poemario.

Perderse de esa manera en esos anocheceres es beberte la belleza de una arquitectura en torre de Babel, un antídoto contra el malestar anímico que a veces nos visita con o sin motivo.

Leer es encontrarse con uno mismo entre los renglones de un verso o de una historia. Leer es enfrentarte a los acordes del fondo y trasfondo de nuestros interiores, porque leer remueve el pensamiento que yace dormido en alguna parte de nuestro ser; solo necesita que le dediques una chispa de tu tiempo para que despierte el intelecto y tu persona.

Lee, lee cuánto puedas, busca tu momento y entrégate como un amante afectuoso para que tus alas crezcan y no encuentres límite para tu placer.

Lee, lee cuánto puedas, es la forma de no ser un títere sin cabeza, una marioneta en manos indebidas, un ser libre con su propia opinión.

miércoles, mayo 08, 2019

YA LLEGÓ LA PRIMAVERA A MI CASTILLA




Ya llegó la primavera a esta tierra inhóspita, ya se fueron las nieblas que escondían al mundo la leña y el fuego de miradas indiscretas.
 Ya se fueron las nieves de sus cúspides buscando el riachuelo donde alimentar querencias de agua cristalina.
Ya llegó la primavera a ese campo que ya no es yermo sino vida de tantos verdes que emana según lo miras.
Hasta el silencio recogido huyó del páramo pues a él llegaron esos pajarillos a colgarse de los árboles, a volar sobre el horizonte y piar sin descanso. Incluso la espadaña da cobijo a mi cigüeña y las campanas voltean su música para que sepas que la vida vuelve a este campo baldío de mi ancha Castilla.
El cielo se ha desnudado de gris y el celeste pinta un azul que no engaña ni miente; el suave vientecillo me susurra que es verdad, los fríos se esfumaron de esta meseta castellana.
Ya llegan las amapolas a cunetas y caminos, y de carmín se viste mi mirada cuando oteo mi tierra seca y enjuta que semeja ahora un mar de glaucos recién nacidos, tan lisa y llana que parece una mujer de pechos menudos, tan sensual y firme que dan ganas de tumbarse en ella mientras tus manos se deslizan por sus caderas y pubis hasta encontrar el éxtasis en tu corazón marchito de tanto frío acumulado en este invierno que se fundió en nuestras pieles blancas.
Ya llegó la primavera, no hay más que mirar al horizonte de verdura lasciva y lujuriosa para comprender que la vida volvió a germinar.
Feliz de estar en casa!!!

M Ángeles Cantalapiedra
©Largas tardes de azul ©Al otro lado del tiempo ©Mujeres descosidas ©Sevilla...Gymnopédies

viernes, abril 19, 2019

ALAS DE ÁNGEL


No era un día más, aunque lo fuera. Su vida era demasiado rutinaria, monótona y, sin embargo, él y ella trataban de colorear sus precarios instantes en dulces encuentros. Se agarraban las manos y los dos temblaban de placer. Apenas hablaban, pero se miraban y sus ojos decían lo que la realidad les negaba. Se sentaban en un banco apartado a la sombra de un árbol que abanicaba ese tímido amor que nació entre fuertes muros de hormigón, pero ellos supieron volar y alzar sus alas en aquel tiempo en que la vida nada les daba.

Un día de finales de julio vieron juntos por primera vez una puesta de sol. Fue por casualidad, iban paseando y, de repente, la muralla fue espejismo para ser una alambrada. Sus cuatro manos se sujetaron al alambre. Picaba, molestaba, hacía sangrar sus dedos, pero mucho más hermoso era aquel espectáculo en albérchigos y sangüesas que, cuando se hundieron en el horizonte, el cielo se plagó de farolillos. Se tumbaron en el suelo para verlo más y mejor hasta que el sueño se meció en dos estrellas.

A la mañana siguiente fueron encontrados dos cuerpos en la trasera del manicomio. A ambos les habían crecido las alas.

domingo, abril 14, 2019

RAMOS DE MI INFANCIA


Cuando era niña, en mi reloj sin horas, había dos noches densas en que las manecillas debilitaban su peregrinaje y pasaban a ser tan lentas que mis ojos emocionados no se cerraban: la noche de reyes y el domingo de ramos…
Domingo de sol, niños y palmeras.
Domingo de Ramos, quien no estrena no tiene manos” Me decía mi madre mientras mis ojos de niña vibraban de emoción, y ella me explicaba “Niña, si no sabes de qué te hablo pues no tiene manos quiere decir que no tiene trabajo y además no sabe coser por lo tanto es pobre para poder estrenar” y yo replicaba “Pero si voy al colegio, cómo voy a trabajar y coser”
Domingo de Ramos… Encantador en una ciudad chiquita como era y es la mía, Valladolid, aquella donde los poros se dilatan para seguir absorbiendo sus viejas costumbres de ayer, esa idiosincrasia tan suya, y beber lentamente la modernidad.
Hogaño, una mañana de domingo, de ropa nueva y griterío, donde la danza está en la calle y sus gentes se pasean.
Letanías de trompetas, palmas revoloteando bajo un cielo pintado de azul, y el arte puesto en el asfalto para disfrute de sus paisanos.
He despertado soñando, palpando de nuevo mi ciudad, ese Valladolid de campo y señorío, el de ayer y de hoy, en un domingo de ramos que, aún, me sigue regalando las mismas sensaciones de antaño.
¡Ahí va la borriquilla, ahí va por Platerías! 

MªÁngeles Cantalapiedra, escritora
©Largas tardes de azul ©Al otro lado del tiempo ©Mujeres descosidas ©Sevilla...Gymnopédies


sábado, abril 06, 2019

DÓNDE FUISTE A PARAR...


Salí a buscarte pero no te encontré y, entonces, el reloj del alma, comenzó a contar hacia atrás, a trompicones, a repetirse, a pararse…, a perderse.

Salí a buscarte y no te encontré y mi corazón, entonces, inició su propio calvario, su cuaresma más triste.

Callé, callé, hasta reventar y musitar tu nombre, ese que se había ido de mis labios peregrinos, ese que me daba vida, ese que justificaba mi amor por ti.

Y tu nombre fue mi bandera en días en que la vida mutó a desierto, la tierra se agrietó y el agua no llegó.

 Salí a buscarte sin saber que ya no estabas, sin conocer tu ausencia y, cuando la luz no se hizo, mi persona se precipitó a la pena más honda, a esa pena que no se nombra…, solo se siente.

Y mi boca enmudeció y mis ojos sellaron tu último eco, ese que te recuerda, ese que evoca que una vez…, estuviste en mi vida.

“Dónde fuiste a parar” Me repite mi cabeza enrocada en tu ausencia.
“Dónde fuiste” Estalla mi conciencia sin entender.
Dónde fuiste, por dios, que no te encuentro…
Dónde fuiste que no hallo consuelo para tu ausencia…

Mis manos, ahora, están vacías de vida y, alguien, al pasar por mi lado más nostálgico me susurra a Benedetti “Qué bien nos vendría un abrazo que nos acomode un poco.  Que nos haga ver que no estamos tan solos, ni tan locos, ni tan rotos”

Sin embargo, estoy tan solo y tan roto, tan loco y perdido que, cada día, cuando amanece, salgo a buscarte aunque no te encuentre.

jueves, abril 04, 2019

ENTRE DOS MUNDOS



Hoy Paco amaneció encogío, su vida es puro nubarrón, es pura desdicha. 
Se siente débil, no se siente y en sus ojos, aguaceros a punto de estallar. 
Se mira las venas largamente, tanto que agita sus muñecas para desechar deseos de cobardía.

Su alma no es de hombre, su feminidad corre pareja a la sangre que le hace vivir en un mundo de mofas e imperfecciones pero, a pesar de eso, se siente mujer atrapado en cuerpo que no es el suyo y él es persona aunque los suyos no lo comprendan.

Hoy Paco amaneció como no hubiera querido amanecer  en un camino demasiado pedregoso y su valentía, tan encogía, su soledad, ahogando su aire…, que quisiera ya desaparecer a esa nube inalcanzable donde las estrellas le miraran de igual a igual.

Hoy Paco quisiera ser Paca, la mujer de la mil caras que arde en deseos contenidos pero se mira al espejo y ve a Paco, un híbrido sin calculo, sin suma, solo resta.

Ayer, Paco tenía tres formas de decir te quiero y la noche se las llevó. Hoy, Paco no haya el abrazo, ni el beso, ni el cuerpo, nada; su cama está vacía.

Hoy Paco, es más Paco que nunca. No lo mires de lado, no susurres ni juzgues, porque Paco es más ser que tú, más humano que yo.


©Largas tardes de azul ©Al otro lado del tiempo ©Mujeres descosidas ©Sevilla... Gymnopédies
M Ángeles Cantalapiedra

domingo, marzo 31, 2019

EL SUR


Al sur siempre lo llevo prendido en los pliegues del alma. En mis ojos, su azul sin límite. En la boca el sabor de su salitre. En el olfato el aroma de su luz, y en el corazón la espuma blanca y alegre de esa Andalucía que tanto quiero…

Hubo un espacio de tiempo en el que el mar se puso a mis pies para que mis ojos golosearan en su espuma. El agua era un cúmulo de chispas de cristal, oleaje turquesa y arena desempolvada; tan sólo nosotros dos, la playa estaba desierta y, su inmensidad era aún más grande para mi espíritu, mientras los otros estaban celebrando un día de la madre atípico para mí.

Una gaviota se posó muy cerca de mí, picoteó gorgojos de agua entretanto confiaba que yo era una estatua de sal abandonada por la mar y, por lo tanto, no suponía ninguna amenaza para ella.

Algo me hizo girar la cabeza hacia la arena y la ternura de mi visión se desbordó: una cría de gaviota chapoteaba entre la mar y la arena. Dubitativos sus pasos paraban para hallar consuelo de un abandono despistado; movía la cabeza para sentir el aleteo de su madre que no descendía. Llegué a sentir miedo por el desamparo e indefensión de aquel minúsculo prodigio de la naturaleza que esperaba a una madre que no aterrizaba.

No había más sonido que un levante suave azuzando mi piel, agitando las briznas doradas de mi cabello, y un susurro de olas llegando a la orilla de mis tímpanos; y en el horizonte, esa línea tan recta, tan horizontal que casaba a la perfección con la mar tan azul, tan lisa, tan segura… Justamente en ese hechizo presentí a mis hijos esperando a su madre mientras ella, atrapada en el tiempo, en esa realidad terca que a veces escuece tanto, esperaba que la marea del atasco madrileño desapareciera para poder llegar a la orilla de sus hijos.

Un mayo cualquiera, hermoso y soleado de puentes y primavera,  a la merced del hombre para, así, cargar las pilas desgastadas después de tanta penumbra invernal. De flores silvestres creciendo entre las dunas y, yo, perdida en mi sur añorando el norte de dos chavales sin madre en un día tan señalado.

jueves, marzo 28, 2019

SOMOS


Te voy a contar un secreto… Detrás de cada renglón me escondo, tras un personaje estoy extendiendo las alas en unas mismas palabras; son como si fueran mi sello, el eco de mi alma.

Llevamos escondidas verdades en la solapa, mentiras en los bolsillos, deseos en el monedero y miedos en la ropa interior…
Vivimos cosidos a una fachada que a veces es real y, otras, ficticia.
En algún momento se rompe el armazón, y en alguna ocasión nos perdemos.
Hemos sentido el fuego y temido ser hielo, y espanto al extraviar el amor.
Nos hemos dejado arrastrar por el ego y nuestra sombra hundirse en el fango,
Revolcado en las vergüenzas y tocado el pico de una estrella,
Somos sangre, agua, carne y polvo, de ahí que llevemos nuestras verdades escondidas en el forro de nuestra piel y, a veces, las mentiras se nos escapen por la boca, y por los ojos salgan gritando nuestros miedos.
Somos de carne y hueso, de sentimientos, virtudes, y debilidades. Un arco iris de colores, a veces reales y, otras, espejismo de un deseo.

jueves, marzo 14, 2019

SOY MUJER


“Cuando estés contento con ser simplemente tú mismo y no te compares o compitas, todo el mundo te respetará” Lao Tse
¿Soy feminista? Yo qué sé. Me siento persona y soy mujer y me encanta serlo. Siento que somos seres con unas cualidades maravillosas, empáticos, sensibles, fuertes, valerosos, justicieros, profundos, luchadores…, y portadores de vida, una sensación que desborda mi corazón solo con pensarlo.
¿Qué es el hombre? MI COMPLEMENTO, un leitmotiv más en mi vida, una decisión, una elección hecha libremente sin coacción ninguna, un compañero en su amplia extensión…, otro ser humano.
Ser mujer es un sentimiento, una sensación que llevo muy dentro de mí y que me es difícil de explicar más allá; lo siento, me enorgullezco de serlo y ya está.
No tengo ni trampa ni cartón, me gustan las mujeres, me chiflan los hombres, y en mis escritos llevan por bandera a la mujer, y que cada uno, hombre y mujer, posee en su ADN una serie de cualidades intrínsecas que se complementan.
Soy defensora a muerte de la mujer, pero también del hombre, y clamo IGUALDAD de derechos y deberes para uno y para otro. Ahora bien, estoy convencida que somos distintos, de ahí su riqueza si la sociedad fuera justa, que no lo es. Yo conozco hombres maltratados, muchísimos menos que mujeres, cierto, pero los hay; yo lo he vivido y es espeluznante hasta dónde puede llegar una mujer, un ser retorcido.
Como mujer, esposa y madre de dos varones, veo, vivo el rol que ocupamos el padre y la madre, un complemento perfecto y no lo digo por mitificar. Como cualquier familia sufrimos altibajos, penurias, alegrías, transformaciones y evolución. Momentos buenos y malos, y cada uno pone su hacer, su sensibilidad, para el bien común de la familia.
Tengo amigos de todas las especies… Eteros, gays, lesbianas…, para mí son todos iguales: SERES HUMANOS, cada uno con sus peculiaridades, maneras de ver y sentir.
¿Soy feminista? A la manera de hoy no. No me siento víctima de nada, ni mezclo churras con merinas, ni voy en bolas para reclamar mis derechos.; allá tú si lo quieres hacer, eres libre, es tu decisión, pero luego no pongas el grito en el cielo con que una empresa, por ejemplo, escoja una azafata alta y guapa. Insisto que todos tenemos unas cualidades, que somos aptos para unas cosas y para otras no. Yo nunca podría aspirar a un empleo de ingeniero porque no lo soy y, ¿por eso voy a gritar? Pues no.
¿Tengo que salir a la calle a exigir igualdad de derechos y oportunidades para terminar con el desequilibrio? SÍ, pero no para memeces. La mujer es algo muy grande, muy serio, muy valioso, como para defender mamarrachadas y diluirse la esencia de nuestra consigna: Igualdad de oportunidades, los mismos derechos con criterio y perspectiva.
Si, en una igualdad de oportunidades, por ejemplo, me presento yo a un puesto y un chico también; él, por lo que sea vale más que yo, ¿me van a dar a mí el trabajo por eso de la paridad? Pues no.
Respetémonos a nostras mismas y nos respetarán; esta es mi forma de pensar que no tiene porque ser la tuya. Tú y yo somos mujeres y pensamos distinto, ¡genial!, de una y otra, seguro que algo aprenderemos y creceremos ambas.
Ah y me parece fatal que los políticos nos utilicen como arma electoral; soy una persona, soy mujer, no un muñeco arrojadizo a ver quién da más.
M Ángeles Cantalapiedra
©Largas tardes de azul ©Al otro lado del tiempo ©Mujeres descosidas ©Sevilla...Gymnopédies

domingo, enero 13, 2019

SOLDADITOS DE PLOMO


Un día más husmeando la prensa y el hartazgo me consumía. Más de lo mismo, los rostros de siempre, análogas noticias, periodismo sin pasión, artículos no muy bien redactados… Iba a tirar la toalla cuando en el móvil sonó la llegada de un WhatsApp. Cuando leo, olvido el teléfono, me distrae demasiado, pero esa tarde la daba por perdida, así que leí la comunicación; era de uno de mis hijos que me enviaba un enlace. Lo abrí y al primer renglón, supe que había una esperanza…

Me leí el artículo sin respirar, tragándome las letras sin masticar, pero mi pequeño intelecto me decía que en aquellos renglones había alma. El firmante del artículo no me sonaba de nada. Me fui a Google a husmear. La primera sorpresa es que era de un periodista de apenas cuarenta años con una trayectoria impecable que había pasado por varias redacciones por su comunidad autónoma. Para cerciorarme que mi lectura no había sido un espejismo, busqué más artículos; el mismo corte, esencia, sustancia y espíritu. Una voluntad férrea de involucrar al lector con sus palabras. Bien cocinadas, sencillo lenguaje, con un ritmo pausado pero directo al objetivo.

El artículo de marras que encandiló, primero, a mis ojos y, luego, a mis sensaciones hablaba de la muerte. Bueno, más bien de la hipocresía humana y sus comportamientos sociales; ese termo que todos nos ponemos cuando salimos al mundo a codearnos con nuestros semejantes, usando a nuestros homólogos dependiendo las necesidades que tengamos en un momento determinado y, cuando las hemos satisfecho, a esa persona la tiramos a la basura y nos olvidamos de ella.

Contaba la bella historia de un hombre hecho a sí mismo, Martín, se llamaba. Voluntarioso, trabajador infatigable que hizo mucho por su comunidad. Un buen día la buena estrella se terminó; la vida de un empresario puede durar hasta los confines de su vida o bien, un revés la volatiliza. A Martín, agasajado por su comunidad siempre, le pasó lo segundo.
Las cosas para este hombre fueron de mal en peor hasta que una enfermedad, de estas que vienen sin aviso, le pulverizó, pero él siguiendo con su máxima de discreción, combatió su mal sin hacer ruido, tal como había caminado su vida.

Murió con cincuenta y cuatro años “Es curioso cómo hay personajes de gran dimensión pública que se mueren en un silencio clamoroso”, reflexionaba el periodista después de que Martín hubiera sido mucho, muchísimo, en su ciudad, pero sus conciudadanos le habían dado hacía tiempo la espalda, y a Martín no se le consideró con derecho a una muerte tronante, ni siquiera de agosto que como no hay gente en la ciudad, el funeral se celebra en septiembre. Ni siquiera se despachó su muerte con un mensaje de pésame, ni un velatorio, ni esquelas que bramen una pérdida multitudinaria. No, murió en sigilo, y solo Dios y los suyos supieron de su muerte; quizá, en alguna barra de bar, alguien le nombró, no sé.
La sociedad había perdido la memoria, para ellos Martín no era nadie… No conocí a este hombre, pero las palabras del periodista achicaron aguas por la tristeza de nuestro comportamiento humano y abrieron las compuertas de mi sensibilidad.

¿Saben? Martín coleccionaba soldaditos de plomo; más de tres mil piezas conformaban su tesoro… Espero, deseo, que su familia no se haya deshecho de ellas porque todos, aunque la inmensa mayoría seamos invisibles a esta sociedad cainita, todos somos unos bellísimos soldaditos de plomo.

miércoles, enero 09, 2019

MINUTO A MINUTO


Se es padre, madre, desde el minuto cero que certificas su existencia y en los momentos difíciles, la fe te sostiene…
Tú que eres madre, me entenderás. Por supuesto tú también, padre callado, roca silenciosa aguantando los azotes del temporal porque a veces, cuando hablamos, parece que solo sufren las madres y no es verdad. El padre siente su paternidad a su manera, de forma distinta pero de igual intensidad que la madre.
¿De qué color es el miedo? Esa angustia que un día te viene a visitar sorpresivamente y enciende todas tus alarmas y la angustia se cose entonces a tu corazón, a tu cerebro. Al principio no das crédito y la respuesta inmediata es “No, no, imposible…”, pero el tiempo te certifica que el miedo vino en dieciséis formas a quedarse junto a ti hasta que tomas conciencia que es real, tan real como que después de la noche llega el día.
Cuando a un hijo le pasa algo, el mundo de un padre y de una madre, se desmorona, te olvidas de todo, absolutamente de todo, y comienzas a vivir… minuto a minuto.
La primera lección positiva que se aprende es la humidad, la generosidad, el agradecimiento… Comienzas a valorar otras situaciones, otras sensaciones que hasta ahora no las habías dado importancia o habían pasado desapercibidas, porque el dolor por un hijo es tan intenso, tan distinto a otros calvarios, que no logras identificar palabras para manifestar ese tormento que te aprisiona.
Entonces, comienzas una nueva senda hasta ahora desconocida de padre, madre, sujetos al cordón umbilical de tu hijo. Cada minuto que pasa es una tortura, pero no hay que desfallecer aunque por dentro estés roto.
Cada minuto puede ser una derrota y, también, una victoria… Son días oscuros, pero un padre, una madre, no deben, no pueden dejarse arrastrar por el desánimo y valorar el…minuto a minuto.
…Vuelve la calma, regresa la quietud  a mis paisajes dormidos. Prendidos al ojal de mi piel están el recelo y el temor, el canguelo a que la alimaña se despierte y devore el trayecto recorrido en la serenidad de las horas.
“En un tiempo record he aprendido a vivir minuto a minuto, es lo que hay, es lo que tengo” Se dicen ese padre, esa madre, que bien podíamos ser tú o yo.
Atrás quedan las victorias y el hechizo, el júbilo y la algazara porque sí, sin preguntar más. Lo que llega ahora es la mesura de una conquista, la alegría contenida sin hacer ruido, con los ojos expectantes en el ahora pues el futuro no existe si no es el momento que tengo delante de mí.
Minuto a minuto… Es la única conquista, mi mejor galardón, nuestro premio, el de mi hijo y el mío.
La fe me sostiene, mi Esperanza es muy grande.
M Ángeles Cantalapiedra, escritora
©Al otro lado del tiempo ©Mujeres descosidas ©Sevilla...Gymnopédies

viernes, diciembre 21, 2018

UN CRISTMA ESPECIAL


Existen símbolos que poseen más encanto que creencia, como la navidad.
No hay que rasgarse las vestiduras ante una verdad creciente y sí valorarla en su justa medida.
Caminamos perdiendo en cada curva del camino una capa de fe. Nacemos creyendo en todo de ahí ser esponjas de vida absorbiendo cada instante, sin embargo, mientras los años se deslizan en el corazón, vas olvidando, mutando a un ser más agnóstico de todo, aunque de nada en concreto.
Esta navidad, creo menos que de costumbre, no por falta de ganas, sino porque mi corazón tintinea en tristeza.
Siempre me gustó la navidad. Un derroche de fantasía alegre inundaba mi ánimo de niña, luego de adolescente y más tarde de mujer. Para mí eran fechas en el calendario que me obligaban a dar en compensación por todo lo que había recibido a lo largo de los doces meses. Igual pensaba de los demás, todos estábamos obligados a dar un poquito de amor, aunque fuera por cortos instantes, lo importante era dar.
Ayer abrí las cartas a Los Reyes Magos; llevaban varias semanas en el buzón real y yo era incapaz de abrir. Me era meloso dejarme arrastrar por la pena más que pensar en los otros.
Me puse a leer dejándome llevar por la inocencia que yace aún en el corazón de mis hijos. Vi en aquellas líneas el fruto de años imprimiendo carácter para que dos hombres que son hoy jamás abandonaran al niño que una vez fueron. Sentí tanta gratitud, tanto amor, que me descubrí diciéndome “Bendita navidad”
Querer es poder, aunque las lágrimas te impidan ver con nitidez que la vida te llama y tú has de salir a su encuentro.
¡Feliz navidad a los que creen, a los que no creen, a los que odian estos días, a los que aman estas fechas y demos un respiro a esas sonrisas que tanto bien nos hacen en cualquier día del año!!!

sábado, noviembre 24, 2018

PASEANDO EN TUS BOTAS




Me he colgado un instante en tu sonrisa.
Después, me he atrincherado un rato en los latidos de tu corazón.
Más tarde, he gateado hasta tu mirada y me he asomado a ver caer la tarde desde tus ojos.
Pero antes, mientras calzabas y anudabas tus botas, me he metido contigo para darme un paseo junto a tus pies, y no me ha quedado más remedio que coger unas briznas de aire de tus pulmones para proseguir mis andanzas.
De repente, te has parado y sentado en un banco que, a su alrededor, sonaba una sinfonía de hojas secas revoloteando alocadamente. Tú las has mirado con esos ojos de nostalgia y, por no sé qué, ha resbalado de tu rostro una lágrima a la tierra húmeda; ha sido cuando he dado cuenta que no había subido aún al desván de tu memoria, a la azotea de un pensamiento.
Corriendo, he cogido una escalera improvisada de helechos durmientes y he trepado hasta colocarme dentro de ti, a columpiarme en la nube de tus ausencias, a sentir que una lágrima puede ser de muchos amores, de nada en concreto, y de un todo.
Me he sentado a tu vera a ver la vida pasar desmenuzando porqués. He comprendido, he visto, he sentido, que tu vida, tu persona, era muy distinta de como yo me imaginaba.
…Y es que antes, nunca me había puesto tus zapatos.

M Ángeles Cantalapiedra
#Al otro lado del tiempo #Mujeres descosidas #Sevilla...Gymnopédies