
Ella o él se hubieran podido llamar Sofía, Raúl, Jorge, Paula… Pero no pudo ser. A las pocas semanas de vida en el seno materno entró la muerte en forma de puñal. Él o ella gatearon por las paredes para no ser atrapados, pero una mano experta les cogió en sus redes y fueron a parar a un cubo de basura.
Desde que se legalizó el aborto, han muerto siete millones de Paula, María, Carlos… En España, cada cinco minutos se extingue un feto que el día de mañana hubiera sido un adulto como tú o como yo, con sus proyectos, ilusiones, frustraciones. Sin embargo se decidió cortar de raíz el fruto de una noche de pasión, de amor o de locura.
“En este momento no me viene bien, no tengo ayuda, no sabía las consecuencias, mis padres me matan, ¿qué voy a hacer yo con una criatura?...”, así hasta el infinito de motivos o excusas para que Jorge, Paula, Raúl no vengan a este valle de lágrimas llamado mundo.
Mucho se ha hablado si ese Raúl, Sofía o Manuel, en su primera fase son personillas o simplemente un conjunto de células en pleno desarrollo e evolución… Lo que sé es que son seres vivos dentro de un cuerpo de mujer como cualquiera de los que estamos leyendo con ojos escandalizados estas palabras; sin embargo los hechos parece ser que no ofenden.
Se han hecho campañas sobre píldora abortiva RU-486, pero no sobre el significado y las consecuencias del aborto; las secuelas psicológicas que recaen sobre muchas mujeres que deciden junto a su pareja o, unilateralmente, zanjar la vida de terceros.
Quizá si esa mujer hubiera estado mejor informada; tal vez si hubiera tenido la ayuda y las prestaciones necesarias. Acaso la comprensión familiar o de una sociedad, Juan, Paula, Sofía, ahora estarían correteando por el parque de cualquier ciudad engrosando nuestra tasa de natalidad… Quién sabe.
Mientras, parejas anónimas trasiegan de aquí para allá con tan de poder adoptar; salvan meses, incluso años, de trabas e impedimentos, pero al final realizan su sueño: ser padres.
Dicen, quienes saben, que, incluso, si Paula, Sofía o Raúl hubieran nacido y sus madres los hubieran rechazado, a estas horas tendrían una familia, padre, madre… Este es el caso de Carmen: a sus dos hijos, los fue a recoger a la clínica; hoy son dos chicos fantásticos que estudian segundo de bachiller y otro un módulo de producción.
Una vez, vi un reportaje en la consulta de mi ginecólogo –mientras esperaba ser recibida-, que si lo hubieran puesto en todas las cadenas de televisión, en los cines, en vez de ponernos tantos anuncios vendiéndonos hasta el alma del diablo, estoy segura que muchos Juan, Sofía, Maria estarían hoy engrosando las filas de este mundo que tiene mucho de malo, pero también montañas de cosas buenas. Además, ¿quiénes somos nosotros para decidir sobre la vida o la muerte de otros?
¿De qué trataba el vídeo? Era un feto asustado que huía, gateaba, movía su pequeña vida para defenderse de manos que se embolsan millones al año porque Paula, María, Juan o Raúl no tengan derecho a vivir.