miércoles, octubre 29, 2014

NUESTROS VIEJOS OLIVOS

Entrar en el mundo de los ancianos no es solo doloroso sino, además, un eterno aprendizaje a olvidarse de uno mismo, es un aprender a ser una micro Teresa de Calcuta anónima  para ayudar a ese anciano/a a caminar por su mundo de olvidos, de achaques permanentes y crecientes. Es tratar de encender sus sonrisas perdidas, sus deseos de lucha y no de abandono… Es recordar que darse a los demás es un ejercicio de egoísmo polivalente donde al final ganan todos empezando por ti mismo porque, al dar,  te sientes más feliz y realizado. Sin embargo es duro, es hacer un ejercicio diario de voluntad, de amarrarte a la luz de una sonrisa, al destello del optimismo y dejar fuera la tristeza. Hay días que se consigue y cuando dejas a tu anciano/a te invade un u sutil y cálido sentimiento de felicidad por haber hecho algo por los demás; sin embargo no siempre se consigue…
Apenas he dormido; sólo cuando el aire del amanecer ha revoloteado en mi almohada he podido descansar.
Mientras, la noche se ha hecho espesa, lúgubre. Su manto mortecino me agitaba, doblegaba a mis miedos a que crecieran entre las sábanas y echaran raíces en mi cabeza.
Cerraba los ojos e, inmediatamente, los abría espantada. Sin embargo, la obsesión seguía espolvoreando la simiente, y me obligaba a enfrentarme a la oscuridad… A esos ojos que miran como gatos asustados…, y que ya apenas ven; casi no hay vida en ellos. Su vela se va consumiendo, su llama pobremente alumbra a las sombras.
Trato de imaginar qué es no ver, no ver nada, sólo sentir la ceguera después de haber visto toda una vida transcurrir por tus venas.
Cómo valerte sin ojos después de ochenta años yendo y viniendo con tus faroles encendidos… Lo siento como una caída lenta a un pozo donde la oscuridad es, será, eterna.
Su angustia traspasa mis muros. Me pongo en su piel y no sé que decir, qué hacer para iluminar su memoria que, de ahora en adelante, será la que ponga imagen a la mar, a la luna, a sus plantas…

“Ya no es mágico el mundo. Te han dejado.
Ya no compartirás la clara luna
ni los lentos jardines. Ya no hay una luna
que no sea espejo del pasado,
cristal de soledad, sol de agonías.
Adiós las mutuas manos y las sienes
que acercaba el amor. Hoy sólo tienes
la fiel memoria y los desiertos días.”Jorge Luis Borges


lunes, octubre 27, 2014

HABLEMOS DE MADRID...

Madrid no me gusta y, sin embargo, él es generoso conmigo regalándome señuelos en cada esquina para que pique y me quede un poco más con él o, al menos, que no sea tan crítica con un espacio que tiene alma a pesar del ruido y el asfalto.
Hubo un tiempo que huía de él, su piel me quemaba aniquilando mi templanza, los sentidos pero sobre todo los nervios, la soledad, la incomunicación, el aislamiento. Después, apenas tuve roce con él, decidí ignorarlo y atrincherarme en mis cuatro paredes para que no olfateara mi presencia. Tal vez fue ese castillo de cristal que confeccioné para defensa personal no sólo hizo que fuera recobrando la seguridad en mis pasos, la certeza en mi persona sino, también, que comenzara a mirar a mi hipotético enemigo de frente, bajo todas las perspectivas posibles y decirle, reconocer que aunque le tenía miedo porque me había triturado en su momento eso ya era pasado y que ahora estaba dispuesta a que se dejara explicar… Así, poco a poco, Madrid comenzó a hablarme con otros lenguajes por ser ciudad multirracial, abierta a todos y a todo.
¿Quién fue, él, yo, los dos? Fui yo que aprendí a vivir con mis propios fantasmas y miedos. El entorno nos condiciona sin duda, pero somos nosotros que con nuestra actitud cambiamos las cosas, la mirada, el pensamiento y, así, tratar de vivir con armonía en entornos,  a priori,  hostiles sin traicionarnos.
Hoy Madrid sigue siendo Madrid, ciudad trepidante, ruidosa, en constante ebullición, renovándose con rotunda constancia, que ofrece un perfil seductor para todo aquel que quiera disfrutar de una ciudad divertida, culta y juerguista pero que cuando se apagan las luces del escenario todos aquellos que han venido a ella se retiran a sus silencios, al reposo de sus ciudades de origen. Pero los que vivimos con ella y en ella,  hemos de aprender otro lenguaje para combatir el estrés de las distancias, de las prisas, el chirriar de un espacio en que no oyes a la naturaleza. Crear tu propia atmósfera para que tus cinco sentidos sigan latiendo, absorbiendo las chispas que  regala la vida aunque te las tengas que trabajar porque no nos engañemos, nada es gratis, al menos para la mayoría de la humanidad.
Madrid ofrece como el lenguaje, muchos lugares comunes,  pero he de ser yo si validarlos o no…, lo que a mí me sirve, puede ser que para ti no valga nada, como esa obra de teatro que vi el otro día “Enfrentados”,  deliciosamente llevada a cabo en la que para los eruditos hablar de religión de esa manera es plagarla de lugares comunes y que, sin embargo,  para mí fue una forma de reflexionar con la sonrisa prendida en el ojal.

Dicen que de Madrid al cielo, yo me conformo con saberlo mirar desde ese ángulo en el que nada parece lo que es, y que detrás de una fachada siempre hay algo que te sorprende y de lo que puedes aprender.
Allá donde se cruzan los caminos,
donde el mar no se puede concebir,
donde regresa siempre el fugitivo,
pongamos que hablo de Madrid.

Donde el deseo viaja en ascensores,
un agujero queda para mí,
que me dejo la vida en sus rincones,
pongamos que hablo de Madrid.

Las niñas ya no quieren ser princesas,
y a los niños les da por perseguir
el mar dentro de un vaso de ginebra,
pongamos que hablo de Madrid.

Los pájaros visitan al psiquiatra,
las estrellas se olvidan de salir,
la muerte viaja en ambulancias blancas,
pongamos que hablo de Madrid.

El sol es una estufa de butano,
la vida un metro a punto de partir,
hay una jeringuilla en el lavabo,
pongamos que hablo de Madrid.

Cuando la muerte venga a visitarme,
que me lleven al sur donde nací,
aquí no queda sitio para nadie,
pongamos que hablo de Madrid  Joaquín Sabina

martes, octubre 21, 2014

DESEOS A TERESA

Sí, Teresa ha vencido al ébola, ¡Felicidades, de todo corazón! Sin embargo llevo días rumiando que llegara este día, en cierto modo hasta temiéndolo.
A partir de ahora, Teresa, serás una estrella mediática, ojalá no te lo creas. Tu primera rueda de prensa, programas que te ofrecerán el oro y el moro, listillos que querrán sacar de ti todo y cuando digo todo es todo porque para ellos serás una muñeca, un títere. Vendrán los políticos, todos querrán ser tus amigos, tus benefactores. Los sindicatos te hincharán la cabeza de globos, unos bonitos y otros que mejor se rompan mientras les llenan de aire. También se aproximarán lenguas mordaces para indicarte quiénes son los buenos y quiénes los malos…
Sin embargo, hay algo que todavía me da más miedo y eres tú. Tú, una chica normal, con trabajo suplente y aspiraciones a un puesto en concordancia con tus estudios, una amante de los animales, con un marido, hermanos, amigos y familia. Tú, Teresa sí que me das miedo. Me das miedo que cuando salgas no veas el camino claro y borracha de popularidad, no atines con tus pasos y digas y desdigas y hagas lo que en tu anterior vida jamás hubieras hecho.

Ojalá, Teresa, que te vaya bonito, que sigas con tu profesión ayudando a los demás y ojalá, también, que el primer regalo que recibas según sales del hospital sea un beso sincero y no interesado y que el segundo regalo que te den sea un perro, un perro tan hermoso como Escálibur.

sábado, octubre 18, 2014

SOL MENUDO

La maldad humana es demasiado grande para ser justificada. Sin embargo, cuando me paseo con los ojos abiertos, siempre encuentro a locos con esperanzas en sus manos,  y palabras de aliento cosidas a sus bocas abandonadas. Me los quedo mirando como si fueran espejismos fruto de mi calenturienta imaginación que se desborda con cualquier hechizo…Y es que hay días en que me cuesta creer en el hombre, vivir con él, pero estos soles menudos que hallo en mi camino me hacen desistir, y dejo las ventanas abiertas. Abiertas al aire puro, impío de otros, para no perder la fe en ese hombre que le siento tan bajo y ruin. Trato de arrinconar los prejuicios sobre ese tipo de personas y así seguir andando por la vida, disfrutando de las otras lecturas, de soles menudos que, aunque me cueste creer, son un regimiento.
El que más y el que menos, todos tenemos prejuicios solapados en algún rincón de nuestro ser. Prejuicios que mezclamos, o confundimos con descarados odios hacia cierto tipo de gente. A veces personas, situaciones, a las cuales las miramos de refilón, nos dan verdaderas lecciones de vida, o más sencillo: nos dan respuesta a algo que nosotros no entendíamos. Parece que los eruditos están en posesión de respuestas certeras, cierto, pero también  esos que miramos con cierta precaución o directamente desechamos de nuestro campo visual. Últimamente me riño mucho a mí misma por cerrar los tímpanos a otras lecturas de vida, cuando la vida es un perpetuo aprendizaje desde que nacemos hasta que cerramos los ojos para siempre. Es una manera de enriquecernos como primera instancia y, después, una forma de comprender a los otros, de ponernos en su piel y dejar de lanzar veredictos al aire como si fuéramos máquinas de hacer churros. Nada es blanco o negro, persisten muchos matices en cada situación, detrás de cada persona.
No podemos perder un minuto en esta puñetera vida con tontunas que nada aportan, en prejuicios y temores. La vida es muy frágil y se puede desvanecer en décimas de segundo, en un instante.

… Así que aquí estoy, esperando a que amanezca y por el horizonte crezca un sol menudo que me ayude a caminar con la sombra de hombres que no me gustan, que roban, que engañan, que maltratan y que, sin embargo, ahí están decorando cualquier esquina de mi camino,  y que yo he de aprender a sortear el paso para no terminar siendo como ellos y, sí, como ese sol menudo que veo en la cuneta recuperando la esperanza y el aire para seguir haciendo el bien a otros.

domingo, octubre 05, 2014

MI BARRIO

Hasta que llegué a Madrid, la palabra barrio carecía de sentido para mí. Sí, en Valladolid hay barrios, Los Pajarillos, Girón, la Rondilla…, pero como vivía en el centro, ese término me era totalmente ajeno. A la primera persona que se lo oí pronunciar fue a mi amiga Aurora y me sonó fatal, como carente de clase, una palabra fea, y el caso es que si vas a buscar sinónimos de barrio los hay deliciosos como alfoz, morería, ensanche, judería…, pero en Madrid vivo en un barrio.
…Y mi barrio es feo, mucho. Carece de personalidad, de calles estrechas y no siempre limpias. Hasta las tiendas son grises y los súper desmonguillados que incitan a darte la vuelta. Su fisonomía no guarda orden ni estética, igual hay un edificio medio nuevo y al lado otro que no se lavó la cara desde hace más de cuarenta años; en una calle puedes encontrarte farolas de distintos pelajes, a cual más fea. Los portales, que suelen ser la antesala de un edificio, de un hogar, son siniestros, cuando en Madrid se distingue por tener portales que son una auténtica belleza; no hay más que acercarse a la zona de Chamberí o Retiro, allí puedes encontrarte con auténticas bellezas arquitectónicas en cuanto a portales se refiere.
La gente que lo habita es anodina, una clase social difícil de ubicar. Abunda gente mayor, la de toda la vida que ha vivido aquí, sin embargo de un tiempo a esta parte se va viendo más gente joven, tal vez porque los alquileres al ser casas viejas son más baratos, o porque han vuelto a vivir con sus padres. También comienzan a vivir por estos lares extranjeros, sobretodo sudamericano, por el mismo motivo que los anteriores: las casas viejas son alquileres  relativamente baratos.
Pero el otro día, cuando llegué después de cinco meses de ausencia,  me recibió con sus mejores galas, incluso me enterneció. Todo seguía más o menos igual, sí,  había comercios que habían cerrado, no me extraña y no por la crisis solo, sino además por su inutilidad, sin identidad ni estilo. Sin embargo mi barrió me regaló como presente de bienvenida ese silencio tan suyo y que tanto agradecen tus oídos en la gran ciudad. La gente caminaba con parsimonia, como si la prisa se hubiera quedado dos calles más atrás. Había grupos de personas charlando en alguna esquina, otros tomándose un coñac en una terraza a la sombra de un airecillo suave y amable. Los árboles estaban frondosos y de un verde acariciado por las últimas y torrenciales lluvias. Sus ramas dejaban pasar ese sol otoñal que a una hora más o menos imprecisa es un membrillo en flor. Los barecillos de tres pelos menos uno habían colocado unas terrazas improvisadas haciendo de sus calles una estética grata y cómplice.
Sí, sentí de este barrio feo un abrazo cálido,  y ofreciéndome dentro de su fealdad su humilde belleza, esa que has de escarbar para encontrarla,  pero como todo en esta vida hay que buscar para hallar.
Este barrio antiestético además de ofrecerte un remanso de paz, te  sugiere buenos paseos para los amantes de footing por la carestía de tráfico y por poseer uno de los parques más frondosos, cuidados y bonitos de Madrid. Incluso pasearte en algunas tardes de primavera y escuchar un murmullo de un olé de lo más sentido mientras una corrida de toros discurre en los aledaños de este barrio.

Las casas normalmente son bajas, no más allá de cuatro, cinco pisos, sin embargo, la mía por estar en una especie de promontorio, además de tener siete alturas, es como si estirara el cuello de su cuerpo ofreciéndote escenas espectaculares. Por ejemplo, y al que le guste las escenas de tejados, desde la terraza de casa además de perder la vista en la lejanía más lejana, ves tejados de colores, de los de antaño y los de hogaño y, antes de partir el sol, en ese momento en que el astro convive con la luna, los edificios se visten de oro y la fisonomía del barrio desde la terraza de mi casa se convierte en un mágico lugar de radiantes y tostados perfiles de un barrio que siendo feo da a sus habitantes lo mejor que posee… La quietud de las horas doradas a una luz que no he visto en otro lugar.

sábado, septiembre 27, 2014

NOSTALGIAS

Hoy me he despertado con la nostalgia prendida en el ojal. Ayer la intuí cuando miré al jardín reposando el otoño, un otoño aún verde y de sol amable. Me senté en un sillón despistado y en un jardín limpio de cachivaches;  poco a poco estos han ido desapareciendo, como desaparecerá en breve mi mano sobre esas flores que me han acompañado durante meses; las miré y una agüilla bordeó mis ojos porque todo lo que tiene vida merece conservarla hasta su hora eterna. Claro que a veces también damos vida a lo inerte por ese aprecio que ponemos a ciertas cosas materiales… Pero ayer me enrolé en las ramas de los árboles a escuchar a esos pájaros peregrinos, vivos de vida, que venían a cantarme con antelación mi cumpleaños feliz. Cerré los ojos para atrapar mejor las sensaciones, y sonreír al aire que acariciaba mi rostro como si deseara llevarme un tesoro para el largo invierno. Y hoy al despertarme con un año más en mi hoja de ruta me he arrugado un poquillo porque cada vez cuesta más comenzar a escribir las horas de un nuevo año en mi mochila, y me asusta pensar cómo será ese futuro de horas, días y meses… Sin darme cuenta, he recordado esa frase magistral de García Márquez“Todos tenemos tres vidas: la pública, la privada y la secreta”... Sí, es verdad. Los hombres nos triplicamos en uno solo. Todos parecen distintos, reflejados en cristales ahumados de distinta consistencia. Tamizados por los ojos ajenos que nos observan, nos evalúan y nos sentencian. Ésa es nuestra vida pública. Nuestras fronteras procuramos sellarlas para que no entren corrientes y así resguardar la privacidad a la que todo ser humano tiene derecho. Muchos renuncian a ella y la ponen precio. Otros, al final de la autopista que fue su vida recuenta en hojas sepia aquello que nunca se vio... Pero hay una parte de nosotros, ese yo que guardamos en el baúl íntimo al cual muchas veces ni nosotros nos atrevemos a mirar de frente por temor a descubrir la otra persona que somos. Vergüenzas, debilidades, amores subterráneos, secretos, pasadizos del color de las profundidades marinas cuyos peces de colores los protegemos sólo para nosotros... Sí, nos gusta mostrar el hombre de costra dura en cuyo interior se hacinan ternuras en oleajes dulces a veces, malditos, otros. Pero quien escribe se le escurre entre sus dedos ese yo secreto, y quien sepa leer del revés nos encontrará… Hoy, un veintisiete de septiembre más, me escurro entre mis dedos y me convierto en letras deshilachadas tratando de conformar esas tres vidas para mis doce meses siguientes.

miércoles, septiembre 17, 2014

PRELUDIO

Ayer, a la caída de la tarde, salí a pasear con Frost y me encontré que el atardecer ya no es de paja y heno, sino silencioso y solitario. El perro iba de verja en verja buscando a sus amigos y, mientras yo veía un candado en cada puerta, él gemía por la usencia de sus colegas; no obstante levantaba la pata dejando su huella por si volvían que supieran que había estado allí. Seguimos buceando en las calles y solo el ruido de nuestras pisadas, chascando las hojas muertas, nos acompañó. Un fino aire del norte se cruzó en nuestro camino revolviendo mi pelo pintado del color de los limones, una huella más del sol que vino para no quedarse, y que me hizo sentir aún más las ausencias. Mis ojos, dos cielos entristecidos, se volvieron a mirar las casas vacías convertidas en fantasmas de un verano. Frost movía las orejas, pendientes de mis gestos, esos que son tan importantes para una mascota, siempre ligada a las incertidumbres y alegrías de su amo, pero a pesar de la pena que me producía esa soledad  de abandono, el perro movía su rabo de cerdito valiente, contento de compartir aquella aventura de desamparo y desolación. Así seguimos gateando por toda la urbanización sintiendo a veces el calor de la vida a través de alguna ventana encendida, pero sin abandonarnos ese silencio tan sonoro que da la desaparición del hombre, las voces alborotadas de los niños.
Ya era de noche cuando volvimos a casa, helados y encogidos por esa lluvia que no se deja sentir si no es por la huella que deja en nuestros cuerpos. Después de secarnos, miré por la ventana y allí estaba en el jardín la pérgola para tardes perezosas tan solitaria y abandonada como yo misma me sentía. Me volví par comenzar el ritual de las tardes de invierno, tardes lisas sin esquinas ni dobleces: música, lectura, una copa de vino para acompañar a la penumbra, mágica para la concentración y las letras, no sin antes haber guardado en el cajón de los recuerdos la nostalgia del verano, esa morriña de la cual nos cuesta desprendernos por versátil, multicolor y alegre.

Me acomodé en el sofá con una manta suave de leve olor a limón, que acaricia pero no aísla y, a continuación, Frost se acomodó a mi lado. Sí, ya estábamos ambos preparados para recibir al otoño.

lunes, septiembre 15, 2014

PANORAMA

Un par de días con tormentas eléctricas al caer la tarde; el cielo se arruga, se viste a cachos de negro zaíno y se ilumina de rayas en zigzag. Si miras al horizonte bien puedes ver espesas cortinas de agua caer por algún lugar. Cuando termina este llanto esporádico, la tierra rezuma un olor especial entre fresco, limpio y a ese campo que se va convirtiendo en solitario.
Ya el sol no es el que era apenas hace una semana; juega a tostarte, pero en el fondo es tierno tomillo de estación quebradiza. Aprovechamos sus rayos como si estuviéramos paladeando un racimo de uvas. Un grupo de mujeres minoritario nos sentamos alrededor de él, nos da pena que se vaya, que se termine ese verano frugal que ha sido éste. Entre bromas, risas y chascarrillos, amenizamos estas últimas mañanas en una piscina azul, cristalina y turquesa. Nos embelesa su transparencia, nos enamora su soledad, soledad que aprovechamos para nosotras y disfrutarla con ganas. Sorteamos a ver quién es la primera valiente que se zambulle en sus aguas tan azules que dan frio sólo mirarlas. Después, vamos todas al agua como si fuéramos niñas en sus últimos días de vacaciones. Me gusta este aroma de mañanas sin más sonido que nuestras voces gritando amistad.
Ya nos han amenazado que hoy se dejará de tratar el agua de esta piscina que mis ojos llevan viendo hace más de cuarenta años y, ya, lo que dure el turquesa antes de convertirse en verde empecinado. Y me da pena desprenderme de estas briznas de alegría patrocinadas por un sol amable que aunque no tueste, calienta la camaradería de mujeres que charlan preguntándose “¿Os acordáis cuando España ganaba todo?” “Sí, estábamos en primera línea del futbol, tenis, motos, baloncesto…” “¡Qué grandes nos sentíamos!”… “Ahora caminamos arrugados, buscando alguna hazaña que nos vuelva a unir a todos”… “Ya, si hasta se nos van los agrandes, Don Isidoro, Botín”…”Sí, pues yo ya no compro Cola-Cao, si los catalanes no nos quieren, yo tampoco su Cola-Cao”… “Recuerdo cuando, no sé qué año, se fueron al garete los negocios y tuve que hablar con mis hijos para decirles que se había acabado eso de comprar marcas, y qué bien lo encajaron los chavales”… “Ay, caya, que me acabo de acordar cuando se me perdió el niño en el autobús y no aparecía”… “Ay, Dios mío, y qué hiciste…” “Pues encomendarme a San Antonio, no falla”… Charlas intrascendentes donde se mezclan, como los buenos cocteles, actualidad, recuerdos y maneras de pensar, con buenas formas y sentido del humor.
Pero pronto el otoño se va a llevar las voces de esas mujeres, esas reuniones solitarias a media mañana y el césped, ya húmedo por la época, se quedará tan sólo con la compañía de esa piscina quilométrica, hermosa y de aguas tan verdes, que no verás su fondo has un próximo junio. Las sombrillas desaparecerán, las tumbonas dormirán el invierno en un almacén esperando que un sol vuelva a tostar las charlas de verano.

Sí, me siento nostálgica mientras miro por la ventana si hoy volveré a disfrutar, tal vez el último día, de esa piscina que me vio crecer, que enseñó a mis hijos a nadar y donde catapulté años de mi juventud.

sábado, septiembre 13, 2014

HABLEMOS...

La vida está escrita en clave de gestos, hechos que son los que hablan por sí solos,  porque las palabras dicen, pero no demuestran a no ser que escriban sobre obras consumadas.
A la gente le gusta hablar, hablar sobre lo divino y lo humano. Hablar sin saber, sabiendo lo que se habla, el caso es hablar, formar una inesperada tertulia, charlar entre amigos sobre el acontecer cotidiano, comentar noticias… Y hablando y hablando, a veces  se grita, se critica, se cuchichea, se discute, se dialoga, se balbucea, se confiesa, se niega… Tantos sinónimos tiene el verbo hablar que me  lleva a recordar  a la gente que no habla. Una minoría silenciosa, que calla, que omite. Tal vez goce del arte de escuchar y medite sobre las palabras de los demás. Quizá se muestre insegura sobre sus propias ideas,  que prefiera estar callada antes de decir incongruencias. O haya personas que no las gusta hablar o no tienen nada que decir o aportar.
Ahora, por ejemplo, en los trabajos se hacen reuniones llamadas “Brainstorming” que, traducido al castellano, significa “Tormenta de ideas”. Es divertidísimo, todo gira en torno a un tema y, en grupo, cada uno aporta una idea, una ocurrencia o ingenio para mejorar  sobre el tema en cuestión; diseños o esbozos que aporta cada miembro del grupo y así aportar algo nuevo y positivo al tema central. Ya os digo desde aquí que se dicen verdaderas barbaridades que a veces resultan ocurrentes y graciosas… Resumiendo, esto es otra forma de hablar y no callar.
Quizá este afán frenético del ser humano a hablar es debido a que no soporta la soledad, ese silencio que le confronta con su yo íntimo y personal. O porque la esencia de su persona necesita compartir con los demás; en este caso compartir palabras, ideas, pensamientos… Como hoy yo,  que normalmente no sé estar callada. Es una necesidad de decir bajo  mi lema no escrito aunque sí sentido “Antes muerta que muda”, eso sí, necesito el silencio, la soledad para enfrentarme a mi lluvia de palabras. Claro, como os podréis imaginar, mi conducta irrita muchas veces y me mandan callar, y me dicen que antes de abrir la boca medite hasta trescientas veces lo que voy a soltar… Claro que, también, irrito cuando me quedo callada, escuchando profundamente a los otros, observando sus gestos, interiorizando sus ideas, porque dicen que estoy tomando notas mentalmente para luego escribir sobre ellas; vamos, estar callada para luego seguir hablando de la manera que sea.
El caso que aunque me amonesten, no siento el verbo arrepentirme y sigo por mi senda de palabras afortunadas, palabras huecas, palabras certeras o equivocadas, expresiones inoportunas, o lenguajes a veces demasiado cursilones. Escritos con corazón, escritos rabiosos… Yo qué sé, de todo como en botica.
Sin embargo sí me arrepiento que me quede muchas veces en la puerta de las palabras y no la traspase para convertirlas en hechos, en obras que son las que de verdad hablan de nosotros. Obras positivas, me refiero. Frutos y labores de esas palabras que muchas veces son sólo eso, palabras que se las lleva el viento.

¡Buen fin de semana, amigos!

viernes, septiembre 12, 2014

SIN SALIDA... ¿O SÍ?

No lo entiendo, pero es un hecho, y el que no lo quiera ver es negarse una evidencia... Y creo que mucha gente corriente, como yo, está igual, o piensa parecido, o igual de confundida...

Desde hace bastante tiempo me renegué, me enfadé, hice mi personal boicot porque lo consideraba un robo al pensamiento ajeno, un tergiversar las ideas de los otros en beneficio propio, un beneficio dudoso más allá de ensalzar un ego particular. Sin embargo he de reconocer que tal vez estuviera equivocada, no de pensar en quien indujo a enmarañar y deformar las convicciones ajenas, rotundamente no; hace tiempo que dejé de creer en la honestidad de ese tipo de gente.
Digo que tal vez estuviera equivocada en esa gente que como yo, personas corrientes, normales, hayan llegado a la conclusión de que quieren algo, algo que ven claro, que se han manifestado con rotundidad sin sacar los pies del tiesto; con tranquilidad, con naturalidad, con sencillez.
Y si te manifiestas de esa manera, de alguna forma se debe encontrar una respuesta, una solución legal, a esas personas que quieren ese algo que, el resto, que somos muchos, no entendemos y por lo tanto nos negamos; es más, a la altura de esta película que chirría en mi cabeza, sigo sin comprender, pero insisto que los hechos hablan y, por lo tanto, hay que darles un respuesta, una salida digna a ese numeroso grupo que desea algo.
Quizá este texto mío sea un tanto inteligible; sí, quizá lo sea porque aunque escribo para ordenar el puzle interno en el que se ha convertido este trajín de ideas que ni yo misma entiendo, y que durante mucho tiempo me han puesto dolor de cabeza por no entender lo que los otros querían, hoy, aunque lo sigo sin comprender, admito que mi pensamiento está girando a favor de ellos como ciudadanos que tienen derecho a elegir, y lo que salga de esa elección, acatarlo; es lo bello de la democracia. Sin embargo, hay un pajarillo dentro de mí que también pía poderse manifestar y que, por supuesto, le den derecho a que le consulten.
La evidencia es bastante rotunda me parece a mí, y si el ciudadano catalán quiere que se le consulte si quiere o no formar parte del pueblo español, creo que habrá una triquiñuela legal para que esto se haga. Dilatar esta situación rocambolesca es absurdo porque puede llegar a males mayores, y que algunas masas direccionadas pueden producir devastadoras situaciones. Antes de que se llegue a ese punto, se deben dar salidas rotundas y congruentes. Vamos a ver, si ellos quieren que se les consulte, por qué no se va a poder hacer.
Ahora bien, honestamente creo que al resto de los españoles tenemos el mismo derecho que ellos a que se nos pregunte si queremos o no que Cataluña sea parte de nuestra España plural, histórica,  rica, bilingüe…
Sin duda la ruptura está provocada, como un parto inducido, pero es que ayer el bebé nació y pidió que se le preguntara que papás quería para su vida terrenal… Los políticos, aunque sea por una vez, deben hacer un ejercicio responsable de su cargo, OLVIDARSE DE ELLOS MISMOS A FAVOR DEL PUEBLO QUE LOS ELIGIÓ y solucionar este entuerto que un político sin zapatos un día provocó.


Cada renglón escrito de esta incongruente entrada, no he dejado de pensar en una maravillosa persona que una vez tuve el privilegio de conocer. Se llama Rate, es catalana de los pies a la cabeza y que por dentro corre la señera en forma de V.

miércoles, septiembre 10, 2014

UN HOMBRE CON CARISMA

Hay días como el de hoy en los que me despierto tan dormida,  que se me cae el café que estoy bebiendo y,  aunque comience el ritual despacio, a media luz y encienda el ordenador para leer la prensa, es imposible hilar unas palabras con otras; no sé ni lo que leo y menos entender.
Hasta que una cerilla prende en mi intelecto y la mente se anima a comprender. Pues bien, hoy ni eso. Sin embargo,  ha habido un momento impreciso que sin entender,  mis ojos se han quedado clavados en unas letras, en una foto. Iban y venían de las palabras a la imagen hasta que he notado que una lágrima furtiva ha rodado por mi rostro… Hace poco se murió la madre de mi amiga Pilar, ya no tenía padre, él se fue hace mucho tiempo. Cuando  su marido me llamó para comunicármelo, me sentí dentro del corazón de mi amiga, cómo,  de repente,  se la caía la infancia de su corazón y sus ojos se nublaban de vejez; ya nada de sus raíces ancestrales la quedaba, simplemente ahora ella se convertía en el bastión de su familia, y jamás recuperaría la inocencia escrita,  ya, en letras borrosas.
Pues hoy,  ante esa foto nítida y una frase tajante como devastadora, no sólo me he despertado sino he sentido como mi infancia laboral desaparecía, se evaporaba para siempre…
Comencé a trabajar muy joven, trabajé en todo lo que se me ponía por delante, incluso estudiando la carrera. Todos los trabajos me gustaban, me hacía sentirme libre, independiente, autónoma. Unos eran más serios que otros. Unos más divertidos, algunos más aburridos, pero disfrutaba mucho; era una época dorada que con mirar el periódico, te salían trabajos como setas en otoño… Así transcurrieron los años hasta que un buen día, una mañana de otoño lluvioso en Madrid,  me presenté a una entrevista de trabajo atípica como larga y, a partir de ese día de mil novecientos noventa y dos, comencé mi carrera laboral de verdad.
Mis recuerdos de entonces brotan como lluvia fresca en mi cabeza, plagados de anécdotas, ilusiones, risas, seriedad, aprendizaje a tope, experiencias únicas como la primera vez que me llevó la empresa a Santander a la junta general de accionistas; de verdad que me sentía la reina del mambo. Abría como una niña ingenua e ilusionada los ojos asombrados sin querer perder nada de lo que sucedía a mí alrededor. Mi mente se convirtió en esponja que absorbía todo lo que hacían y decían mis mayores hasta que llegó él a aquel teatro bien engalanado, se subió al atril y comenzó a hablar,  como hablan aquellos que saben decir, que saben de lo que hablan, que intuyen lo que sienten quienes le están escuchando. Sus ojos eran de halcón depredador, su sonrisa de inteligencia sincera y para nada abarrotada de ego… A veces paraba para beber agua y retomaba la palabra con una fina ironía sin dejar de apropiarse de la sabia seriedad que requería el momento; al final de la exposición se cayó breves segundos que los dedicó a mirarnos a todos los presentes mirándonos de una manera especial, entre un padre que mira a sus cachorros y el capo que no admite ni un titubeo… En este momento lo estoy recordando con tal claridad que parece que está sucediendo en este histórico momento.
Al finalizar aquella reunión observé a mis compañeros, incluso a mí misma, y todos estábamos abducidos  por aquel hombre de suaves maneras, impenetrable rostro y de porte elegante hasta la saciedad; en serio, no exagero ni un ápice.
Después de aquella primera vez, llegaron otras y cuánto más le escuchaba, más sentía que él de alguna manera me estaba convirtiendo en una profesional;  insisto, como un padre cuando enseña a sus hijos.
Pasaron los años, yo me fui de allí y tuve la suerte de recalar en otra empresa, no tan poderosa pero sí más familiar, cuya dirección era opuesta a la otra pero en la que me sentí igual de bien que la primera.
Y hoy, cuando el sueño me impedía casar la compresión con el intelecto, de repente, me he  encontrado frente a frente con la foto de aquel hombre poderoso que tanto bien me hizo, y he vuelto a sentirme como el día en que murió la madre de mi amiga Pilar : se me caía a pedacitos la niñez laboral del corazón y mis ojos se nublaban de vejez.
¡Descanse en paz, don Emilio Botín!... El hombre que llevó con orgullo y dignidad "la marca España" a todos los rincones del mundo

PD. He de decir, también,  que gracias a mi amiga Pilar, desde que comencé a trabajar, daba igual el trabajo que fuera, ella siempre me animó… Me decía “Hazlo por las dos, vívelo por las dos”… Y así lo hice, Pilar.

lunes, septiembre 08, 2014

NOCHES TOSTADAS

Tal vez esa noche el grupo de amigos entre velas rojas regadas en Verdejo Valdecuevas, fotos risueñas, y charlas a contraluz mientras la voz de Madeleine Peyroux nos amenizaba con su canto intimista, estábamos cerrando paisajes veraniegos en un otoño ciruela que, sin querer, comienza a precipitarse.
Ya, muy entrada la madrugada, cuando sus voces alegres desaparecieron calle arriba, apagué las luces, y me senté en las escaleras a fumarme el último cigarrillo con el canto de la cigarra. No me molestaba, muy por el contrario, me ayudaba a recordar los momentos vividos, los rostros de unos y otros imbuidos en sonrisas y palabras y, cuando la chicharra enmudecía un aire fino venía a abanicarme despejando las telarañas de la noche. Se respiraba paz a esas horas a pesar del repicar de la carretera alborotada por el trajín de coches que iban y venían buscando las fiestas de la ciudad y sus pueblos. Aún así, la noche era perfecta para indagar en sensaciones, para gozar de las últimas briznas del verano, verano azul y lavanda, verde en sus bordes y turquesa en el fondo…, porque pronto, apenas una semana el aire se teñirá de rosa palo, tonos rojos, rosas viejos y deslucidos, los días aún se acortarán más y mi hogar se teñirá de vivencias terrosas y ocres.
Y allí seguía varada en esa escalera fumando otro cigarrillo mientras la oscuridad muda comenzaba a hablarme de la noche. Entonces miré hacia arriba y encontré un cielo luminoso y empedrado, de chispas como estrellas y de una luna serena como la hora en la que estaba. Nada hacía presagiar lluvia y, sin embargo, mientras me regodeaba en aquella belleza oscura y contemplativa, unas gotas minúsculas vinieron a acompañarme. Eran frescas pero no frías, húmedas pero templadas, mínimas pero las justas para estremecerme en un escalofrío de placer porque la tierra comenzó a rezumar su aroma de agradecimiento y mi olfato se expandió por aquel césped que plantó, hace más de cuarenta años, mi padre.
Di la última calada al cigarrillo, recorrí la oscuridad con ojos embelesados y, entonces, comprendí lo afortunada que soy por este mundo que me rodea dándome treguas para reponer sensibilidades y energía, para agradecer que soy consciente de lo que ocurre a mi alrededor, y soy capaz de leerlo del revés y del derecho y, así, devolver mi sonrisa a todo aquello que me regala ese bienestar que, a veces, es inalcanzable y que, sin embargo, en ese momento en que la noche languidecía, tuve la oportunidad de saborear los últimos estragos de un verano que se va.

Me levanté, y me fui a la cama con las caras de mis amigos cosidas al corazón… ¡Ojala!, el verano nos dé un sorbito más antes de irse otra vez.

viernes, septiembre 05, 2014

SEPTIEMBRE... 19

“Septiembre es frutero, alegre y festero” Refrán

Me gusta escribir septiembre con p intercalada ya que con ella nací y crecí.
Me gusta septiembre porque se abren puertas y ventanas para que un aire nuevo entre en nuestras vidas. Mes de objetivos, buenos principios y propósitos repletos de energía. Mes donde estrenas todo tu mundo porque el sol del verano ha cargado tu alma de fuerza, y tu corazón de sentimientos positivos. Por eso inauguras tus pasos rellenos de ilusión, reencuentras a tus amigos de ciudad a los que dejaste un día para convertirte en dama de mar o ruiseñor de montañas floridas. Les abrazas, te sumerges en sus cálidos abrazos y les miras a los ojos como si al hogar volvieras.
Septiembre está vestido de sandía, melocotón y uva, frutas colmadas de vitamina para el ánimo y confianzas nuevas.
Septiembre es festero por estos pagos de Dios; se celebra la cosecha, se prepara la vendimia, se agasaja a sus Vírgenes y se pueblan las plazas de verbenas. Los fuegos artificiales, sencillos o pomposos, da igual, hacen las delicias de chicos y mayores.
Septiembre, es como decir adiós al verano sacando sus mejores galas, hasta el sol zumbón de grueso melocotón al terminar el día, se despide lentamente hasta mudar en membrillo en las tardes de octubre.
Septiembre es comenzar el curso de nuestras vidas, aprovechar las ocasiones, las segundas oportunidades para relanzar tus horas… Septiembre se pinta de colores hermosos, poco a poco el ocre es salazón y la frambuesa, su condimento.
De ti depende que sea septiembre la puerta a tus campos, esos que has de mimar para que, en barbecho, vuelvan a germinar en primavera.

Para mí este septiembre es especial, es el mes de María, una mujer de una pieza que ha decidido mutar de piel, y no podía haber elegido mejor mes para cambiar los colores de su vida junto a un muchacho que, nada más mirarle, en tu cara se pinta una sonrisa. ¡Ojala!, les vaya bien porque están plagados de esas cosas que tiene la vida, tan buenas, tan satisfactorias, tan esenciales para proseguir el camino y, qué mejor que septiembre, para comenzar su andadura juntos… y seguro que llegarán otros septiembres en los que María y Sergio habrán solventado barrancos y precipicios, lugares sombríos y desiertos, porque el amor, bien condimentado, da segundas, terceras… oportunidades, entonces ellos podrán contemplar con la madurez de esa convivencia cimentada en dar y perdonar, los septiembres mágicos de una vida compartida.

martes, septiembre 02, 2014

CORAZÓN DE CHOCOLATE

Puedes pasarte la vida al lado de una persona y un día pararte a pensar en ella, y darte cuenta de que apenas la conoces. Sin embargo la vida, de vez en cuando, nos regala segundas oportunidades y a mí me la dio, tal vez, el día más triste de mi existencia; me robó a una amiga y me regaló un corazón de chocolate…
Recuerdo aquel día nueve de diciembre llorando sin consuelo posible, revelándome contra todo lo que se me pusiera delante, renegando de la justicia porque sentía que no existía, como no había comprensión posible para entender ciertos mazazos que  nos da la vida gratuitamente.
Huí de aquel tanatorio lúgubre y gris porque necesitaba aire para poder respirar y aceptar lo inevitable cuando, de pronto, alguien me llamó. Me volví pero mis lágrimas me impedían ver con claridad y sólo sentí un enorme abrazo. Unos brazos largos y delgados me envolvieron para darme el calor que me faltaba. Después me atusó el pelo, y comenzó a decirme palabras cargadas de ternura, de una sensibilidad exquisita; el llanto aminoró y pudo mirar a ese ángel que me había consolado. Llevaba años a mi lado, claro que la quería, pero hasta ese momento no me di cuenta de lo que significaba decirla “Te quiero”… Y se lo dije con la mayor gratitud del mundo porque en ese momento me salvó del abismo.
A partir de aquel día mis ojos la vieron de distinta manera, como si se sumergieran al fondo de esa persona y vieran la magnitud de los sentimientos de una chica preciosa por dentro y por fuera.
Su carácter es de chocolate amargo quizá por las inseguridades que la gente joven posee en sus primeros pasos por el mundo adulto, el olor del miedo a fracasar, a no gustar a los demás les impide ser amables con los suyos, revelarse y ser insaciables. Sin embargo si tienes paciencia, su corazón es de chocolate dulce, sensible y tierno. Sus ojos hablan por sí solos al contarte las cosas que la pueden apasionar, incluso ilusionar y sus abrazos no tienen precio.
No es una muchacha dócil, más bien indómita, pero una vez que quitas esa capa, te encuentras un ser maravilloso, bueno, generoso y noble.
Como todo en esta vida has de saber mirar, llevarte el tiempo necesario para valorar a una persona sin prejuicios innecesarios, aunque también me gustaría que ella se mirara con los ojos que la miramos los demás para que se viera tal como es: hermosa tanto en sus suburbios como en sus cumbres, y que fuera capaz de caminar segura de sí misma porque ella lo vale.
Se es joven sólo una vez y no hay que desperdiciar el tiempo en ñoñerías absurdas, en miedos inexistentes mirándose en el espejo de los otros… Mírate Paula a ti misma,mírate con cariño, con condescendencia, y te aseguro que te sentirás orgullosa de ti misma sin la necesidad de la aprobación de los otros. Caminarás por la vida con ese abrazo que una vez me diste que es lo más grande que puedes dar a la vida, a los demás. 

Tu sonrisa traspasa la cámara, en ella se ve tu corazón de chocolate.

domingo, agosto 31, 2014

IDA Y VUELTA

Primero me dijeron las fechas; me puse nerviosa, pero respiré hondo buscando energía y olvidando la emoción que me paralizaba, y luego me zambullí en la ilusión de los preparativos. Limpié cada rincón, me tiré en plancha a la caza de cualquier telaraña, así hasta destruir hasta la última araña que se me resistía como gato panza arriba. Desinfecté los baños, pulí los cristales, aromaticé cajones y armarios, compré tantas flores que más que un jardín, aquello parecía una floristería. En penúltimo lugar, llenamos la despensa, el congelador para dejar para lo último la cocina y cociné y cociné pensando que tendría comida al menos para dos meses. Cuando todo estaba dispuesto me fui al baño a acicalarme, quería que se sintieran orgullosos de mí, y me di cuenta que el perro me miraba despavorido ¡Claro!, no le había bañado. Nos metimos los dos bajo la ducha hasta sacarnos el brillo que ya de por sí ambos ya teníamos y… nos sentamos a esperar en la sombra del porche.
Llegaron escalonadamente, la casa se llenó de voces, risas, juventud… Días de no parar, caer molida de fregar, planchar y volver a cocinar porque la comida había encogido o bocas jóvenes se sumaban a la mesa y no había suficiente. Cansada caía cada noche en la cama, pero llena de satisfacción; merecía la pena.
Y los días fueron corriendo, saltando de nube en nube, volando como la paloma que viene a beber cada tarde a mi fuente: me deleita, me mira y se va. Así hasta antes de ayer que la lluvia juvenil comenzó a disminuir y hoy se acabó.
 De pronto, la casa se ha vuelto silenciosa, moderadamente ordenada. A partir de ahora el tiempo se espaciará, parecerá que las manillas del reloj cuentan dos veces antes de pasar al segundo siguiente. El perro va como un peregrino de habitación en habitación y vuelve con los ojos vacíos de tanto buscar y nada encontrar. Se sienta en la puerta a esperar, al rato gime y viene a mis pies aunque como no le abandona la esperanza y vuelve a la puerta. De vez en cuando oye un ruido, levanta las orejas, pero las vuelve a bajar y yo… se me ha caído la juventud del ánimo y mis ojos se han nublado.

Se acaban de ir mis hijos y ya los echo de menos.

viernes, agosto 29, 2014

¡GUAUU!

Ayer paseé por Valladolid, ciudad sin retorno. Deambulé por ella con los ojos del corazón; a tus raíces no las puedes observar de otra manera para, así, sentir cómo late, quién es.
Cada vez más ciudad, aunque lejana aún al cosmopolitismo de otras ciudades debido a su cepa provinciana. Lo que para unos es motivo de ofensa este término de provincianismo, para mí es un lujo a tener en cuenta. Para los detractores de esta circunscripción, sugiere mentalidad y costumbres poco avanzadas y, sinceramente, creo que no es así. En el mundo global en el que vivimos, donde grandes ciudades tienen recursos suficientes, alternativas fantásticas, las condiciones de vida son un perpetuo anonimato carente de relación humana que, muchas personas, es precisamente lo que buscan: pasar desapercibidos, como si no existieran. En cambio, en una capital de provincias aún puedes tocar, saborear, sus coordenadas identificativas de ciudad manejable, de gentes que caminan despacio sabiendo que llegarán a alguna parte o rincón donde algo les espera. Donde pasear es un rito, como ritual pararse a conversar con un conocido, porque en este tipo de orbes no existe la aséptica comunicación.
En estas ciudades no se puede vivir a espaldas de la sociedad porque eres parte integrante de ellas y, aunque muchas veces sientas en tu nuca los ojos clavados del chismoso de turno, tienen un encanto nada despreciable: tú tienes nombre y apellido, importantísimo para el ser humano, te guste o no.
Ayer paseé por Valladolid sintiendo en el alma muchas ausencias porque el tiempo no perdona y corre a galope, y por tus campiñas costumbristas, en los que enrolaste tu vida, van faltando figuras entrañables y queridas..., y te entra nostalgia de un ayer que no se recupera a no ser en tu memoria, donde los paisajes están anclados en el tiempo y sin ánimo de reconversión.
Ayer deambulé por mi ciudad bebiendo los vientos por ella, saboreando a sus gentes que reposaban tranquilas en su Plaza Mayor. Me perdí por sus callejuelas sintiendo cómo sus gentes imprimen carácter a sus reductos vitales… Se hizo la noche, y la penumbra resalto bellezas ocultas de edificios emblemáticos, de casas que antes no habías mirado y me asombré de su belleza sencilla , sin pretensiones, sólo para ser habitada, vivida con nombre propio, mientras el gorgoteo de voces se iba amainando hasta que el silencio, sólo roto por las campanadas del reloj del ayuntamiento, fue el protagonista indiscutible de una ciudad tranquila, reposada, mirando al futuro pero sin prisas, dejándose llevar por la parsimonia de cada día.

Ayer presentí a Valladolid más bonito que nunca, lo miré con esos ojos que no se paran en amores inútiles y lo que desean es compartir con otros ese hechizo... Porque la vida sin compartir, no es vida, y al final de tu jornada lo importante es que puedas decir al que te acompaña en esas marchas sin rumbo ¡Guau!, qué bien se vive en mi ciudad.

martes, agosto 26, 2014

MUROS DE CONTENCIÓN

Hacía muchos días que no veía amanecer, tantos, que me ha sorprendido a la hora que la luz despierta; a partir de la siete el campo comienza a recrearse en sus propias sombras, cómo si éstas surgieran de la nada. Es un espectáculo digno de ver por la simpleza de su belleza jugando con la magia de la luz… Y el pensamiento me ha llevado de su mano a comparar las figuras oscuras de los árboles a las personas que están pero no se dejan ver. Levantan una barrera infranqueable tan alta que más bien es un muro de contención para que los demás no entren; están, pero es la clandestinidad de su perfil, no más. Son incapaces de abrirse a los demás, y se mantienen en el mundo como meros espectadores. Tal vez  necesiten vivir de las vidas ajenas, respirar sus horas, sus cuitas y, así, construir su particular castillo de naipes en el que vivir su propia historia, ya que la suya no les satisface. O, quizá, sean de los que no soportan la soledad porque es encontrase frente a frente consigo mismos, y no aguantan lo que ven, por lo que viven rodeados de gente sin poder abrir lo que ellos mismos no pueden abrir; es decir, su persona. Preguntan, preguntan y observan… Es una sensación profundamente desagradable, es como si te estuvieran absorbiendo tus propias energías para poder ellos respirar, mantenerse vivos.
Es más, si ves un cambio de actitud en ellas, como si su mundo se desmoronara y fueran incapaces de recoger su yo íntimo y personal, tú que lo ves, no puedes hacer nada por ellas porque a su alrededor han levantado un muro de contención insalvable. Y te sientes ridículo tratando de ayudarlas porque lo único que logras es dar palos a ciegas. Es más, a veces llegan a ti no por el camino más recto y transparente, no, qué va, se acercan arrastrándose para que no las sientas, y te saquen muchas veces información de la manera más rocambolesca o retorcida.
Soy consciente que no siempre se puede ir de frente porque piensas, tal vez equivocadamente, que decir una verdad puede herir la sensibilidad, y lo que haces es decir una verdad a medias… Y al final, nos equivocamos, y hacemos un daño que no deseábamos provocar; la convivencia es complicada, pero nosotros, a veces, la hacemos más.
Pero estas personas herméticas logran dejarme fuera de combate hasta tal punto que me provocan un malestar muy, muy desagradable y me siento una perfecta inútil. Claro que ellas lo pasarán mal al darse cuenta de cómo son, e incapaces de dar la vuelta a su propia situación. Pero los que estamos a su lado, ¡Tela marinera!... Con un amanecer tan hermoso, he derivado en el submundo del ser humano, ese que es tan oscuro como la noche y que te deja para el resto del día con el cuerpo del revés… Y ya dice mi madre “Hija, no pienses que los estropeas”

¡Buen día, chicos!

lunes, agosto 25, 2014

RETRATO DE VIEJO CABALLERO

Esta mañana lo primero que he leído ha sido tu mensaje: parco, desvaído, lacónico. Automáticamente esa sonrisa efervescente que me provoca tu persona salió a la palestra acompañada de la ternura para atusar tus versos tristes, ácidos, sin posible puerta abierta a un cielo misericordioso. Tus letras son esa parte de ti que no deja títere con cabeza que, aunque desplegando la más sublime armonía, reverberan la parte más oscura del ser humano y, sin embargo, adoro tus palabras, tan lejanas a mi optimismo y confianza en la redención del hombre. Las quiero porque he crecido en ellas, porque cualquiera que ose emular a un poeta, un plumilla..., antes debería leerte y, después, seguir por sus estrofas o, por sus renglones torcidos como es mi caso.
Tú escribes tan torcido y retorcido que, al leerte, tengo la sensación de caminar por el horizonte más recto de mi vida y, mientras lo hago, en mi tímpano gargajean tus consejos de perro viejo para que dé reposo a mis letras atropelladas. Pero sabes que no puedo porque temo que se me escapen, y sean pasto del olvido.
Sin embargo, soy experta en sacar lustre al recuerdo de tu figura de viejo caballero sin sombrero, tan dandi como ninguno, y de modales de hombre pasados de moda. Aún me siento en nuestra terraza y tú me retiras la silla para que yo me siente. Esperas pacientemente a que me acomode para tú hacer lo mismo. Mi cigarrillo no espera ni un segundo apagado pues tu encendedor aproxima la llama más viva. Luego, delante del Martini de esas épocas que ya no se reinventan, me sumerjo en tus ojos tan grises, de ese azul que ya no hay, y veo la mirada lacónica y descreída, pícara y encendida desvistiendo a la mujer de curvas ajustadas y, también, la ojeada más benevolente que se puede dar al ser humano. Tus ojos bien merecen un poema, unas letras bien casadas, que canten los misterios más profundos que guarda esa mirada de ayer.
Un año más te recuerdo ese pensamiento loco, loco, en el que repito que si yo hubiera nacido en otros lustros bien sabes que te hubieras quedado con esa chica de Valladolid que tanto odias por ser de provincias de caderas estrechas y pechos desflorados. Sin embargo tu escepticismo y manía persecutoria a ese tipo de mujer, yo te lo hubiera compensado con mi espíritu indómito de eterna inconsciente… Más, me conformo, eternamente agradecida, por haberte encontrado un día cualquiera de hace muchos años y que, desde entonces, camino al lado de tus pasos.

¡Feliz cumpleaños, maestro!, eterno enamorado de la mujer imposible.

domingo, agosto 24, 2014

DÍAS DE VERANO

El verano es como una paleta de colores a cual más vivo, vibrante y alegre, y pienso si a las personas esta estación nos hará mejores, y si nuestro carácter celebrará durante tres meses las jornadas de puertas abiertas, en las que tu espíritu, por esa luz que despierta pronto y se acuesta tarde, por los grados que suben y nos hacen despojarnos de la múltiples capas de cebolla en las que revestimos nuestro yo más intimo y personal, colaborarán a que estemos más receptivos a los demás.
Tu ánimo se llena de olores y sabores que prosperan hasta fundirse dentro de ti y obrar el milagro de  irradiar alegría. Por muy siesa que sea una persona, en esta estación el vinagre en el que a veces se baña el carácter se guarda en la alacena al menos hasta que llegue el otoño.
Cada estación tiene su encanto, su belleza, sin ir más lejos, personalmente me encuentro en mi salsa tanto en otoño como en invierno, pero he de reconocer que el verano me sienta bien, como si mis ojos tragaran la luz y esa luz, más tarde, encendiera el entramado de callejones escritos de memorias de verano que me harán recordar en las largas tardes de invierno las risas de los amigos, las fotos alocadas, las bromas, las copiosas comidas de sobremesas interminables, las confidencias sinceras de espinas que no logras sacar del corazón, y que sin embargo en un día de verano, aunque el dolor está ahí, eres capaz de compartirlo con tu gente, o decir una verdad que no encontrabas el tiempo ni el modo de decir.
Sí, el verano es de colores, rosa, verde, azul, naranja, amarillo… Cada uno encuentra la tonalidad que más se acomoda a su esencia de persona que es. Yo hoy lo he visto: éramos personas dispares, unas azules, otras blancas…, pero todas llenas de luz dispuestas a darse un poquito a los otros.

Tratar de ser feliz es barato, no gratis, porque la felicidad se trabaja, y hay que tener los ojos muy abiertos, el corazón predispuesto, y la mente abierta para recibir y valorar lo que se presenta cada día delante de ti. Y en verano es muy fácil ver pasar la felicidad, aunque sea chiquita, rozar tu persona.

martes, agosto 19, 2014

LOLA

Es una noche desagradable. El viento azuza las ventanas, y las surfinias, plantadas en el mirador, tiritan de tanto vaivén. Tal vez, gracias a ese aire enojado, me haya sentado a pensar en ella, a cómo la he visto hoy vestida de domingo a pesar de ser lunes. Ha ido a la peluquería y ha pintado, sus ojos tristes, de fiesta.
Esta tarde ha salido de paseo, ha cogido su bastón y su bolso y se ha sentado en una terraza; no estaba sola sino rodeada de sus cuatro hijos, sus nueras, y parte de sus nietos. Está más sorda que un tomillo (como se dice en mi tierra al que no oye nada), pero ella trataba de acercarse a ellos para escuchar y, cuando no oía, sus labios risueños sonreían tímidamente. Incluso en algún momento he temido que esas lágrimas que siempre lleva prendidas en el corazón, brotaran en cascada; quizá por felicidad de ver a los suyos tan próximos y, también, por añorar a quien estuvo tanto tiempo a su lado, con el que compartió más penas que alegrías, su fiel compañero hasta el final. Porque no hay día que no le añore, que tenga para él, un recuerdo, un rezo, un suspiro.
Lola en mayo cumplió ochenta años y la sentó fatal cumplirlos. Lola peina muchas canas en el alma, sus achaques la torturan, pero su esencia late como el primer día en que presentí su facha tierna y adorable. Mujer que respira honestidad, cobijo de tantos besos y abrazos. Me gusta mirarla en soledad, en el silencio de esta noche atropellada de puyazos de viento malogrados, recordando ese candor suyo de perpetua inocencia, esa mirada nostálgica esperando siempre algo que no termina de llegar. Me gusta pensarla de lejos, de cerca y de costado, porque la veo como esa virgen dolorosa que aúlla cuando la duele el alma de tanto dolor contenido ya que Lola sufre como ninguna, pero disfruta también recordando, recordando su ayer de chica, de joven, de mujer, de madre. Lola se deleita viviendo la felicidad de otros, y desprende chispas de alegría porque ella es así, igual gime, que llora, que ríe.
Cada vez hay menos mujeres que se llamen Lola, ¡con lo que a mí me gusta ese nombre! Gotea tronío, personalidad, carisma, tan nuestro, tan español. Si hasta Machado escribió un poema para ti, mi Lola, querida. Pero, hoy, esta noche de silencio ventoso, déjame que te diga esta coplilla de Federico García Lorca…
Bajo el naranjo lava
pañales de algodón.
Tiene verdes los ojos
y violeta la voz.
¡Ay, amor,
bajo el naranjo en flor!
El agua de la acequia
iba llena de sol,
en el olivarito
cantaba un gorrión.
¡Ay, amor,
bajo el naranjo en flor!
Luego, cuando la Lola
gaste todo el jabón,
vendrán los torerillos.
¡Ay, amor,
bajo el naranjo en flor!

Ay mi Lola, que creciste grande a mis ojos mientras la vida se te iba entre fogones, hoy te he visto como entonces, cuando de niña me paseabas, ibas vestida de domingo aunque fuera lunes, limpia y aseada, y yo qué orgullo he sentido de ser tu sobrina.

lunes, agosto 18, 2014

HOY

Tengo una tía que quiere que escriba su vida. Cuando me lo dice, la miro sin pestañear porque me gustaría hacerlo, sin embargo no puedo. Como no puedo hacerlo tampoco sobre comunidades en las que habito muchos meses al año y dan para escribir un culebrón si me lo propusiera, pero no puedo. Tal vez porque no sea escritora y esto de encadenar palabras no sea más que un hobby, eso sí, necesario para mi espíritu, pero un entretenimiento, no más. Mis ojos como los oídos son el pulsímetro de las letras, y mientras ellos no enciendan la mecha de la creatividad, mis dedos no pulsan el teclado.
El otro día un amigo osó preguntarme que había de verdad detrás de un relato que había escrito; me quedé callada un instante reflexionando la respuesta, porque es una persona inteligente y no le vale cualquier banalidad. Al rato le miré, sonreí y le contesté que detrás de la cascada de palabras siempre estoy yo, sin embargo, una cosa es el pensamiento, como puede ser lo que ahora escribo y otra muy distinta, una historia. Sin duda, todas las variantes nacen en la realidad porque sin la veracidad de algo, mis dedos no saben funcionar. Unas se quedan ahí, en la verdad de un momento, mientras que otras poco a poco van creciendo en la ficción para diluirse ambas y conformar un buen maridaje camino de verdad y mentira.
No obstante, hay veces que quisiera pintar el sentimiento que me provoca alguna situación en concreto, o si me apuras, una persona, pero no puedo, se me encasquillan las palabras y se me quedan revueltas en el corazón hasta que tiro la toalla y apagó desesperada el ordenador. Pasan días en que mis articulaciones se estancan en el desierto, incapaces de avanzar. Otras, por el contrario, estoy haciendo cualquier cosa y he de parar y anotar, perfilar rápidamente una sensación para que no se me extravíe en la memoria.
Me supongo que escribir algo medianamente decente, o malo, es igual que pintar un lienzo, hacer un guiso, planchar, diseñar…, crear un interior que complazca al que lo realiza, y que sea capaz de dar a su creación, buena o mala, un cuerpo y un alma para que puedan caminar por si sola, y provocar sentimientos en aquel que pose sus ojos, su paladar, su sensibilidad…
Hoya ha amanecido un día de sol encubierto y sin querer os he pintado una acuarela…
Hoy hace viento... Amaneció con el aire fresco cosido a la piel del día y esa nube que vaticina que el estío se aleja.
Hoy arribó una luz lánguida de ésas que despiertan tarde y duermen pronto.
Hoy un torbellino de púas desvergonzadas correteaba por las calles levantando las enaguas a las mozas, despeinando a los muchachos somnolientos.
Hoy sopla un biruji para chaqueta fina y pañuelo al cuello; muy de señoritas de provincia.
Hoy la brisa ha llamado a los árboles para que desnudaran sus ramas y las hojas fueran lluvia de alfombra.

Hoy..., hoy algo ha comenzado a cambiar.

viernes, agosto 15, 2014

INSOMNIO

… El sueño se esfumó de la almohada, y me fui a buscar otros sueños.
Me encontré las burbujas de unas letras desparramadas en una pantalla. Se cruzaron nuestros ojos. Nada nos dijimos, y seguimos cada una con su camino de vientos encajonados en un puerto sin salida, donde el cansancio baila sus aguas turbias, y la desazón busca el reposo del guerrero en una barca sin remos, ni velas que ondeen en el aire, sin embargo mis dedos ya dibujaban las burbujas de una historia…
Un barco está varado, un marinero fuma apoyado en la quilla de su existencia. El humo del cigarro se confunde con la noche, justo  en el punto cuando la nube golpea al cielo y éste no cesa de llorar… Entonces, yo paso por allí  con el despiste que cose mis arrugas más descosidas, y me quedo con él. Nada nos decimos, pero nuestros ojos nos leen que antes de que termine la canícula uno de los dos se habrá evaporado, por lo que el marinero me invita a volar… Sí, ahora le veo, aunque sé que luego será una mera estampa, y sus ojos serán recuerdo, y su aroma se difuminará con la caída de la hoja, y su piel será un espejismo en noches de invierno, por lo que le insto “Dame tu sonrisa para que la acaricie entre mis labios, y pliega tus manos en las mías, así sabré que fuiste real”, y aún más le digo, “La distancia apaga las llamas de la locura, y el estío se tragará lo que fuimos que, aunque sin buscarnos, reconocimos que éramos nosotros” Entonces, el marinero me contesta “Ven…, dentro de un rato, tal vez, serás ceniza de un verano”

Pero, mientras el vaho de un café baila en nuestros semblantes, mi almohada me viene a buscar. Primero con un bostezo, después, con el declive de mis dedos… Tal vez, mañana cuando despierte, crea que mi sueño estuvo cerca de una película con burbujas.

martes, agosto 12, 2014

VERANOS DE CASTILLA

Anoche hubo luna llena. Apareció sin hacer ruido, trepando entre los chopos, dejándose intuir entre las ramas, tan redonda, tan grande, tan amarilla como la yema de un huevo, antes de colgarse de un cielo oscuro cuajado de farolillos. Y, cuando retomó su color natural de blanca paloma, reina y solitaria, comenzaron a cantar los grillos de esas noches castellanas que rezuman aroma a campo recién cortado. La brisa, tímida y suave, roza tu alma sin un quejido para que balancees la esencia de esta tierra que, de sobria, transpira señorío en su propia humidad. Incluso, ese airecillo fresco de chaqueta fina, te acerca el sonido de la verbena  del pueblo de al lado. Orquestas que van y vienen de un pueblo a otro en estos veranos de castilla, trayéndote los éxitos del verano, los sonidos más pachangueros, tronados por la cantante de turno, de caderas sinuosas, embutidas en un vestido dos tallas menos.
Y, mientras el grillo sigue con su cántico tradicional, posado en ese campo lleno de pacas con trocitos de girasoles buscando el sol, encontrando la luna, las callejuelas de los pueblos castellanos se llenan de gentío, los que viven de siempre, de los que vienen a olisquear sus raíces, de forasteros y veraneantes, todos juntos tras las comparsas que agitan a la gente para que salte y cante entretanto llega a una peña a encontrarse con los suyos y beber limonada. Esa limonada de tinto, fruta y canela, tan típica de estas tierras. Harán tiempo para que las talanqueras se sellen, y suelten las vaquillas que recorrerán las calles ensortijadas de arriba abajo, de abajo arriba, una y mil veces, parándose de vez en cuando, y generando chillidos de miedo, valentía para unos pocos que osan ponerse delante de las astas torcidas de un torito mareado, deleite para todos los paisanos. Los viejos del lugar reposan tranquilamente en las puertas de sus casas, en sus sillas de enea, tan viejas como ellos mismos. Otros, sin embargo, disfrutan del momento en sus jardines de verano, delante de una cerveza fresca, o elevando su paladar con un buen tinto de la tierra mientras la charla pausada corre por su verano castellano.

Anoche hubo luna llena, tan hermosa, y azafranada, que llamé a un amigo para decirle que robara a esa luna dorada la esencia de un instante. Miguel hizo lo que pudo, y aquí os la traigo mientras os relato ese verano castellano, que de mar no tiene nada, pero cuyos matices son tan bellos como esas costas que rodean a nuestra España.