domingo, enero 25, 2015

LAS PALABRAS DE DOÑA PURI AL SR IGLESIAS

No lo tenía previsto. Me senté en el sillón como tantas veces, cogí mi blog de notas para repasar los datos de la novela que estoy escribiendo cuando se me ocurrió encender la televisión. Muchas veces lo hago porque siempre encuentro alguna ráfaga de aire fresco que aligere mis ideas; esta vez no pudo ser. Doña Puri se instaló en mí…
Me quedé clavada delante de la pantalla mirando al hombre de moda, del que dicen de todo. Un tipo de mirada directa, como si estuviera dispuesto  a  que lo desarmaran, desnudaran, y los allí presentes encendieran el ventilador para airear todo lo que encontraran de aquel hombre; él, sin inmutarse, se le notaba por la postura en la que estaba sentado, por su actitud irónica y sabiéndose con la verdad en su cabeza bien limpia y peinada. No perdía los nervios, ni la actitud; las cámaras le conocen, le enfocan, y  él se deja querer por ellas. Responde, habla, comienza su monólogo. Sí, sentí que era un monólogo de alguien que, mientras responde, suelta su discurso academicista, al estilo de estar dando clase para un aula infinita.
Tiene encanto, una figura novedosa, rompedora, no al uso de un político clásico, no. Y él sí que enciende el ventilador para, sin alterarse un ápice, ventilar con sus aspas demoledoras la porquería acumulada durante tanto tiempo. Lo hace, lo sabe hacer, se lo sabe de memoria.
Mientras le escucho pienso en el poder, ese puesto al que la clase humana se rinde con pleitesía, encadenado a su yugo con placer y deleite,  y al que termina traicionando porque pierde por el camino la honradez, porque en él crece el despotismo. Siente que es dueño de todos y de todo.
Dejo mis pensamientos y los ojos se vuelven a centrar en ese hombre. Es joven, tiene gancho y dice verdades, el tandeen perfecto para multitud de desengañados entre los que me encuentro yo, sin embargo, hay algo en él que no me convence. Tal vez para un aula, una manifestación, una reunión…, sí, pero no para ser la oposición de un país y menos dirigirlo. Aún le falta, le falta mucho. A lo que aspira este muchacho en forma de hombre, de maneras abiertas que maneja supuestamente muy bien la empatía, que hace los gestos oportunos para que su interlocutor sienta que  es escuchado y, por supuesto, respetada su opinión a la par que se la tiene en cuenta…, pues a lo que aspira es a cambiar una España malherida, perdida, desestructurada, quemada, chamuscada, cabreada y no sé cuántas cosas más.
¡Loable, querido Pablo!, pero yo, una ciudadana corriente y moliente, que puedo ser desde la señora de la limpieza del edificio Winsord, la dependienta de unos grandes almacenes, la madre de familia que necesita curre porque no la llega para terminar el mes o, si me apuras la recién licenciada en ingeniería mecánica que quiere su primera oportunidad en el mercado laboral…, o, también, la mujer que tiene un pequeño negocio en el que ha invertido todos sus ahorros y no sabe cómo atraer a los compradores para que sus sueños no se vayan por el retrete, o  la mujer que no puede pagar la hipoteca… Todas nosotras, te decimos, aún sin entender mucho en estas cosas del gobierno y que aspiramos tan solo a vivir lo mejor posible, a tener salud, dinero y amor, estimado Iglesias, que aún no es tu momento. Necesitas más experiencia, más rodaje, más engranaje. Un país como el nuestro, tal y como es hoy, tu voz refrescante, ilusionada, henchida de honradez, se agradece mucho, pero mucho. Sin embargo, tal como te decía, España, los españoles,  ahora necesitamos, además de limpieza, de volver a creer,  necesitamos una armadura potente, brillante, fuerte, sólida que sepa sacarnos de este pozo de lágrimas amargas, rebotadas, cabreadas y pobres, aún muy pobres.
Señor Iglesias, la Puri de turno (es decir yo representando a muchos, muchísimos que necesitan de gente como usted) le recomiendo que siga insistiendo, aprendiendo y que dentro de un tiempo largo, volvamos a hablar.
Atentamente

Puri

martes, enero 06, 2015

ÚLTIMO CUENTO DE NAVIDAD... RISAGUAYABA

Lo encontré debajo de una estantería. Su gesto de “Happy” estaba a punto de extinguirse aunque una media sonrisa ladeada colgaba en el precipicio de la esperanza. Después de mirarle unos instantes, yo seguí a lo mío que era encontrar el regalo perfecto. Me recorrí los seis pisos de los grandes almacenes sin que nada me sorprendiera, sin que nada encendiera la bombilla de “¡Ahí está!”
Volví a descender los pisos subidos y, cuando iba a abandonar el establecimiento, me di cuenta que me faltaba comprar dos bolsas para empaquetar unos regalos. Una cola interminable en la caja casi me hizo desistir, pero algo me entretuvo y ese algo me hizo olvidar la cola. Había una cocinita que hubiera hecho las delicias de mi niñez, o el set de peluquería con tijeras de verdad cuando en mi época para cortar el pelo a mis muñecos tenía que robarlas del costurero de mi madre.
En eso estaba pensando cuando algo me agarró el tobillo izquierdo; miré pero sólo vi más pies enfundados en zapatos polvorientos, y seguí recordando pero, de nuevo, algo me volvió a tocar el tobillo; miré y no vi nada, pero esta vez me agaché a pesar de la patada que me propinaron dos pies más grandes que un camión. La escasa luz no me permitía ver gran cosa, aunque al fondo, fondo, de la estantería pude atisbar dos minúsculas lucecillas.
-¡Eh!, ¿quién eres? ¿Eres tú quién se ha agarrado a mi tobillo?
-Sí, he sido yo… ¿Me puedes ayudar?
-¡Vale! Pero, ¿quién eres tú?
-Me llamo Risaguayaba y tengo que llegar antes de las doce de la noche.
-¿A dónde has de llegar?
-Mi amo me espera… Él aún no lo sabe, pero es que he de acompañarle a Gales.
-¿A Gales, dices? Eso está un poco lejos… ¿Quién es tu amo?
-Mi amo se llama Risaperfecta y vamos a competir en el UltraMan 2015 en Gales… Tengo todos los amuletos preparados como los toreros, ¿quieres verlos?
-Risaguayaba si me has dicho que Risaperfecta no sabe de ti…
-¡Claro! Porque soy una sorpresa y me tenían que llevar los Reyes Magos, pero con tanto que tienen que hacer, se han olvidado de mí… Si te doy la dirección, ¿me podrías llevar?
-Es que tengo mucho que hacer, hoy es un día muy complicado. Me falta un regalo y no lo encuentro, no puedo perder el tiempo contigo.
-Y si yo te ayudo, ¿luego me llevarías?
-Mira, si alguien me ve hablando con un peluche va a pensar que estoy bastante cencerro. Mejor búscate a otro ¡Adiós!
-¡Eh, espera! Por favor, por favor… Hoy es un día mágico, nadie va a pensar nada de ti. Mira esa señora, también está hablando con un tren y fíjate el señor del fondo, habla con un zombi horroroso… ¿Qué, me llevas?
-Venga, métete en el bolso, pero antes acompáñame a encontrar el regalo que me falta.
-Y tú, por favor, ayúdame a vestirme. Mientras Risaperfecta dormía con  Frost, le he robado todo lo que me tengo que poner.
-Quién es Frost, Risaguayaba?
-Su perro.
… Una luz jugueteando sobre mis ojos me ha despertado. He mirado el reloj ¡Las ocho y media, qué tarde! Me he levantado dándome contra todo lo que pillaba. En nada se despertarán para abrir sus regalos y no tengo el desayuno preparado. Pero la sorpresa que me he llevado al llegar a la cocina ha sido morrocotuda ¡Estaba todo ya puesto en la mesa! De la emoción, he ido abriendo puertas y chillando “Venga todo el mundo a levantarse, ya han llegado los reyes!

… Ha sido agotador, pero por fin están todos entretenidos y callados, sobre todo Nacho que ha dejado de decir “Mamá, hazme esto… Mamá, dame…”Está encantado con su nueva mascota, la ha puesto de nombre Risaguayaba, dice que se la va a llevar al UltraMan de Gales…, no recuerdo haber comprado ese peluche, ¡Qué cabeza la mía!

domingo, enero 04, 2015

CUENTO DE AÑO NUEVO

Cuando aún tengo fresca la imagen de mi amiga Pilar en la madrugada de año nuevo que provocó la mejor carcajada para iniciar el año, se aventuran días de intensa emoción en mi casa; tradiciones que hemos tratado de perpetuar a lo largo de la vida de mis hijos.
Las situaciones son provocadas por nosotros mismos, de la voluntad que pongamos en algo para que la felicidad, por minúscula que sea, fluya por nuestras vidas. Nosotros elegimos un instante, un momento, que sea único para los demás y en su defecto revierta en ti. Estoy convencida que Pilar cuando se engalanó para la reunión de nochevieja perseguía que el humor se instalara en el resto de la gente; no hizo gran cosa, sólo lo justo para pintar su rostro de ilusión, colocarse un gorro ridículo por su tamaño a la par que divertido y esperar que yo abriera la puerta… Las cosas son más sencillas de lo que a veces creemos, pero hay que poner tesón para dejarse llevar por la buena voluntad de aquellos que nos rodean para hacernos más grata la existencia.
Mi madre insiste en que mi cabeza no ha evolucionado hacia la madurez y que sigo instalada, no sabe muy bien si en la juventud o en la infancia o en una mezcla de las dos; yo tampoco lo sé y es más, no me interesa saberlo. Sólo sé que llegadas unas fechas de año sufro una regresión a esa infancia grabada en el corazón. Aún con nitidez observo en la película de mi ayer íntimo y personal cómo mi expresión se perdía en los almacenes Moliner de Valladolid viendo tanto juguete, la muñeca de mis sueños…, esa sensación de inocencia enredada en altas dosis de ilusión que son difíciles de explicar porque la niñez es como una selva virgen por la que deambulas a placer descubriendo algo que te apasiona incluso más que lo anterior y donde el miedo está escrito en letras doradas como si de una aventura más se tratara.
A mi marido le ha costado tiempo digerir que su esposa es una mutante el cinco enero y que deja de ser esposa, madre, hija, hermana, amiga, cuñada, tía… para pasar a ser una niña fabricando un mundo irreal pero palpable en la realidad. Todo comienza en la búsqueda de un preciado oso… Sí, un oso de peluche que según lo miras sientes que te habla que cobra vida para hacerte feliz… Unos años lo encuentro y otros no. Después nos vamos a ver la cabalgata. Nos fascinan las carrozas, las ocas desfilando en perfecto orden por el Paseo de la Castellana, los titiriteros con zancas y a lo loco, eligiendo la carroza más fea, la más bonita hasta llegar a la eclosión de la llegada de los Reyes Magos chillando a pleno pulmón mientras que corremos a coger los caramelos del suelo, a reírnos de la madre de turno que es una petarda y parece que solo existen en este mundo sus niños… Cuando eso termina, hay otro momento fantástico: caminar por el medio de la Castellana sin coches ¡Qué lujazo!, rodeados de niños, familias enteras que se preparan para la noche más mágica de todo el año.
A nosotros nos espera el chocolate de la tía Aurora, ponernos morados a roscón y eligiendo cuál ha sido el mejor roscón de todos los que hemos probado a lo largo de estos años. Brindamos con cava, dependiendo cómo estemos de mosqueados con los catalanes, tomamos un cava u otro, pero da igual uno que otro, nos saben todos buenísimos. Todo el mundo ríe, hace una gracia y nos vamos a casa a limpiar nuestros zapatos; la noche va a ser larga. Elegimos que pondremos a los reyes para que recobren fuerzas. Yo siempre sugiero un poco de vino porque templa el ánimo y…, la gente desaparece, sólo me quedo yo transformada en duendecillo comenzando la labor más laboriosa y feliz del año. El comedor lo convierte en un mundo imaginario donde sólo cabe la persona niña, el niño que corretea por las venas del adulto en busca de una fantasía. Los globos de colores vagan a su antojo, los peluches se disfrazan, se esconde en una caja, el niño Dios se ilumina… Ya muy entrada la madrugada, habiéndome bebido en nombre de sus Majestades de Oriente tres vinos y lo que me hayan puesto de comer (¡Ojo! este año toca tres plátanos de Canarias), me retiro a dormir un par de horas escasas porque a la primera luz he de preparar el chocolate, el roscón y aparece todo el mundo a desayunar, primero, y luego a disfrutar y reírnos como niños que fuimos.

Cada año mis hijos esperan que, como delegada en la tierra de los Reyes Magos, la magia no defraude, y vuelvan a sentir su niñez corretear por unos instantes en su vida de hoy.

lunes, diciembre 29, 2014

2015

Anoche estuve viendo una película típica de estas fechas y que en televisión te las ponen igual que si se tratara de una máquina de hacer churros; una detrás de otra. Mucho Papá Noel, buenas intenciones, el familiar pestiño que no aguantas y que te lo comes con patatas sí o sí, propósitos para el nuevo año… Y ahí se me encendió la bombilla del intelecto, ¿cómo ha sido mi año que termina? ¿Se cumplieron mis expectativas?, ¿Tengo propósitos para el nuevo año? ¡Ay, la madre del cordero!, no tenía nada del pasado, ni del presente y, menos, del futuro.
Eran altas horas de la noche cuando me puse a recapitular; dos columnas, la buena y la mala… La noche tiene su lucidez especial donde entran los fantasmas, donde se acrecientan los malos rollos. Sin embargo la vena emocional es más proclive a descubrir esa sensibilidad solapada en algún rincón de nuestro ser que nos acompaña en borrascas y días de sol interminables. Aparece el niño que guardamos tatuado en el corazón por mucho que digamos que somos adultos… ¿Qué sería de nosotros si no sacáramos al niño que fuimos de vez en cuando a hacer trastadas, a ver con esa mirada angelical que aún nos quedan muchas cosas por descubrir, a que todavía hay gente estupenda, a que no todo el mundo es malo y no se debe desconfiar de todo y de todos…? Ya en la madrugada honda aparece ese sentido del humor que te hace recordar, a veces muerta de vergüenza, por una metedura de pata, por un despiste, por aquella risa incontrolada, provocada seguramente por una bobada… Y así me ha llegado el alba con todo escrito y lo que escribiré para los doce meses que en apenas cuarenta y ocho horas se estrenarán; una película cuyo director es la vida, pero no olvidemos que nosotros somos los actores principales y que de nosotros depende que sea una buena interpretación o no.
Mi abuela decía que de todo hay en la viña del Señor; pues sí, es verdad, pero que conste en acta que quiero para vosotros los que me leéis y para mí muchíiiiiisima simiente de salud, sin ésta no nos va a germinar nada de nada. Unos cuantos kilos de humor; pongamos muchos, de esto no hay que escatimar pues te da oxigeno para encarar los días abruptos. Amor, de esto bastante, pero que sea de calidad. Ya sabéis lo que decía Coco Chanel “Menos es más”… Y por último, un poquillo de dinerillo; primero a los que menos tienen, ¿vale? Y si sobra, que no sobrará, Para el resto.

Muchísimas gracias, amigos, por haberme leído en este año que termina, de corazón, muchas gracias.


¡Feliz año 2015!

sábado, diciembre 27, 2014

FAMILIA

Me he despertado pensando en mi amiga que mañana será su cumpleaños; un 28 de diciembre que es el día de las bromas por antonomasia en España. Pero ella no es una broma en el sentido estricto de la palabra sino un valor en alza que sonríe a la vida y que disfruta cuanto puede de ella.

… Lo de mirar por la ventana mientras amanece el crudo invierno cada mañana envuelto en niebla es un placer al que no me puedo negar porque, mientras observo ese hechizo blanquecino, disipo los pensamientos que se agolpan en mi cabeza llamándome al orden. Y hoy pegada a la ventana ahumada estaba mi amiga con un letrero que decía “Familia”
Todos sabemos que a la familia no se la elige; viene impuesta por una ley no escrita. Sin embargo nosotros individualmente en parte somos creadores responsables que ese nido funcione, crezca y se consolide. No es cuestión que un  día te levantes iluminado y te pongas a hacer limpieza, ordenar y cocinar a la familia que te ha tocado en la lotería de la vida para que brille por los cuatro costados; no. Es un trabajo a conciencia desde el primer ladrillo que se pone. Días, espesos, noches de insomnio, lágrimas por doquier, incomprensiones y malos entendidos. Veranos de calma “chicha”, primaveras floreadas, inviernos de abrigo… Estación tras estación viendo crecer tus semillas que se secan, se tuercen y tú vega, dale que te pego para salvarlas. Nada crece espontáneo, nada se desarrolla porque sí; detrás de cada familia hay un arduo trabajo, muchas sonrisas, y muchos llantos.
Sin embargo un día te paras mientras tomas un café, los tuyos aún duermen, tu cabeza va anotando los quehaceres del día que despierta y te das cuenta, de pronto, que alguien a tu lado ha forjado  una obra magnífica, que no es perfecta porque nada lo es, siempre hay un ay,, pero alguien con nombre y apellidos te abre la puerta de su hogar, te enseña su árbol de navidad, los cojines con un gran lazo a los pies de su árbol más íntimo y personal y ves como sus polluelos no cesan de crecer revoloteando alrededor de la columna vertebral que es mi amiga, persona que no deja de dar ejemplo a los suyos haciéndoles entender que nada es gratis, que todo se construye a base de mucho esfuerzo y que a la esperanza nunca hay que apagarla la luz porque te negarías la mejor de las sonrisas que te ofrece la vida. Mañana es 28 de diciembre es su cumpleaños, mientras en la terraza de mi amiga hay tres hortensias pegadas a la pared tratando de refugiarse del crudo invierno, de las ausencias, los vacios y las penas, ella esta mañana de cenizos colores me ha regalado  la mejor de las sensaciones, la clarividencia de un pensamiento.

¡Feliz cumpleaños, Pachus!

jueves, diciembre 25, 2014

OTRO CUENTO DE NAVIDAD

Estos días son más sensibles a nuestro estado de ánimo, nos guste o no. Cierta nostalgia nos invade, sobre todo a aquellos que han ido perdiendo por el camino seres queridos o situaciones que entonces eran beneficiosas y ahora han volado; llámese, por ejemplo trabajo, casa… Incluso somos proclives a recordar otros tiempos y una sonrisa nos ilumina el rostro; es la otra cara de la moneda. También es cierto que es cuando afloran viejas rencillas familiares o de amistades…
Erase Una vez una mujer que tenía todo en la vida o lo que supuestamente entendemos por un todo: salud, amor, dinero, cariño de los suyos…, vamos, la esencia para que un ser humano sea feliz y pueda y deba ser feliz, además de ser agradecido a la vida por haber sido tan generosa con ella. Sin embargo, un año en la víspera de Nochebuena se creyó en el deber de hacer una buena acción con su prójimo y ser dadivosa en sus palabras adornándolas de sinceridad, y por su boca salieron sapos, culebras, rencores y no sé cuántas cosas más. Quien recibió tan generoso regalo al principio no creía lo que estaba oyendo, incluso el corazón comenzó a galopar a tal celeridad que hubieron de administrarle una pastilla para que sus nervios volvieran a la tranquilidad de su ánimo vapuleado. Esta persona que recibió tan generosa entrega de regalos encadenados en forma de palabras no era ni buena ni mala; una persona más de las que te encuentras por la vida con defectos y virtudes, pero que no se distingue por nada en especial. Cuando recobró la compostura le dio ganas de responder con la misma moneda y, cuando lo iba a hacer, el reloj comenzó a tintinear las doce campanadas; ya era Nochebuena. Giró su cabeza a la ventana y vio como la noche cruda se adueñaba de la oscuridad, aunque aún podía disipar pequeñas lucecitas colgadas de aquella niebla tan espesa. Ante ese espectáculo visual notó como su rostro se iba también encendiendo hasta llegar a su corazón, de tal manera que se fue olvidando de las palabras amargas que le habían dedicado.
De nuevo se giró y mirando a la mujer, cuyo veneno había destilado gratuitamente, trató de perdonarla; tal vez en otra ocasión no lo hubiera hecho porque se puede ser sincero sin hacer daño, pero pensó que la navidad no se merecía eso; aportar un granito cada uno lograrían que reinara la concordia, la comprensión y el respeto.

¡Felices pascuas, amigos!

sábado, diciembre 20, 2014

CUENTO DE NAVIDAD

Me fui a incorporar y un dolor punzante me hizo desistir del intento; me arrebuje en las sabanas y volví a cerrar los ojos, ¡Qué bien se estaba dentro de la cama!, pero una luz insistente me pedía que la mirara. A duras penas me levanté. Acababa de amanecer. La niebla envolvía las calles, los edificios; la ciudad se había despertado colgada de un algodón. Sonreí, la verdad que era un espectáculo bonito, había merecido la pena levantarme aunque el cuerpo estuviera machacado pero, bueno, había conseguido limpiar la casa entera. Me hice un café mientras hacía un balance mental de todo lo que me faltaba, y me puse manos a la obra. Salí a la calle, hice colas para el pescado, la carne, las verduras…, para todo, pero volví contenta “Una cosa menos”, pensé mientras tiraba del carrito. Al llegar a la puerta de casa allí estaba la pobre de siempre con la mano abierta pidiendo su limosna; temblaba como una castañuela. Dos bajo cero marcaba el termómetro a la una de la tarde. Coloqué la compra y saqué el árbol. Con él estuve más de una hora, hasta probé las luces. Perfecto, había quedado precioso el árbol que compré hace veintinueve años cuando nació mi primer hijo… pero, ¡Qué cansada estaba!, y aún me faltaban las bebidas, así que me tiré de nuevo a la calle con el carrito. En la entrada del súper había otra pobre, ésta temblaba como dos castañuelas pues la ausencia de grasa en su cuerpo aún le hacía notar más el frío.
Cuando llegué, me puse a guisar comida y más comida, así llevaba más de una semana pero, por fin, terminé y la satisfacción del deber cumplido me impidió quejarme. Me fui al baño, la ducha hizo milagros. Abrí el armario y la ropa estallaba en aquel habitáculo tan pequeño. De repente, unos remordimientos sinuosos vinieron a visitarme; se acomodaron en mi ánimo y no hubo forma de que se marcharan. Pero como en todo, no hay que ponerse nervioso, hay que sentarse y pensar, pensar hasta hallar una salida o solución. Entonces me levanté, me puse aquel vestido tan bonito que tenía preparado, busqué dos abrigos que ya no me ponía. Luego fui a la cocina y, de mis dos mejores guisos, preparé dos recipientes. Cuando tuve todo preparado me volví a tirar a la calle. La niebla aún era más espesa, las luces de la calle eran preciosas, iluminaban el ánimo según las mirabas. Me fui a la entrada del súper, allí seguía la pobre; me miró con esa mirada lastimosa de perrillo perdido y una sonrisa, que surgió del alma, encendió aquel rostro desvalido; la ayudé a ponerse uno de los abrigos que yo llevaba, luego saqué de la bolsa un recipiente y se lo entregué “¡Feliz navidad, señorita!”, en mi interior me sentía tan bien que me volví y le dije”Gracias a ti”… Después fui a buscar a la otra pobre y repetí operación.

Subí a casa, encendí el árbol, las velas que acompañaban al Belén, puse los villancicos y sonó el timbre de la puerta. Era mi gente, mi familia, mis amigos… ¡Feliz navidad a todos, a los que la odiáis, a los que os gusta, a los que estas fechas os son indiferentes, a todos, ¡Felices fiestas!

martes, diciembre 09, 2014

TRES

Uno…Hace frío, es hielo todo lo que te rodea, te sientes tan perdido que cierras los ojos, tal vez sea un mal sueño, una pesadilla. Sin embargo cuando los vuelves a abrir sigue rodeándote la nada más absoluta, te asfixias, te ahogas pero ahí te quedas al borde de un precipicio pendiente de un hilo invisible; presientes, palpas. El vacío que siempre existirá.
Dos…Lágrimas furtivas persiguen su camino. A veces se traban, se pierden, se ciegan en su peregrinar; tristeza y soledad aúnan su pena. Te levantas, te enderezas y continúas el calvario. Incluso a veces se desdibuja su imagen, su sonrisa,  y temes que el tiempo borre su huella. Entonces plantas una semilla con su ayer mientras tus lágrimas riegan la semilla del recuerdo… Respiras hondo y sigues caminando.
Tres…Es una tarde colgada del invierno; son las cinco cuando algo me empuja a asomarme a la ventana. Un sol extraño, hermoso y dorado me envuelve, me acuna con su luz y… siento paz, mucha paz.. Miro al calendario, marca ocho de diciembre y una lágrima se me escapa del corazón. Mañana será nueve de diciembre. Entonces ese sol que me mira en silencio, con ternura, me abraza y se va.

A nuestro ángel  le crecieron hace tres años sus alas; hoy ya brilla como una estrella.

jueves, noviembre 20, 2014

ESCENAS COTIDIANAS

La tarde es sombría pero cálida. El jardín permanece dormido en sus silencios y abandonos. Incluso parece como que intuyera la estación que le corresponde y un pino, casi invisible en primavera o en verano, de repente resplandece su tamaño y brillo en una composición pre navideña muy bella.
En las fechas en las que estamos normalmente no está el cántico de los pajarillos primorosos, sin embargo, este año el clima no es inusual, y muchos de ellos aún no han emigrado a sus reductos invernales. Permanecen colgados en las ramas de los árboles y pían y pían amenizando esta tarde de finales de noviembre. Siempre me ha gustado el jardín de Concha como así le llamo en honor a mi suegra porque ella lucía muy bien en aquellos bancos recordando su pasado más esplendoroso.
Salgo a él huyendo del calor del salón, allí la temperatura es alta pues las personas mayores sienten frio porque el calor de sus cuerpos las va abandonando poco a poco. Me doy un paseo mientras el humo del cigarrillo me acompaña hasta que decido sentarme en un rincón que te permite intimidad mientras observas las escenas cotidianas dentro de la sala de visitas; y es cuando la descubro y me deleito de esa escena que se debe repetir en horario laboral día tras día…

No sé cómo se llama, es una mujer de perfil que, en primera instancia, no es grato: alta, huesuda, de pelo tan zaíno que endurece, si cabe, más sus facciones; ni siquiera sé cómo es su voz aunque sí su sonrisa, melancólica y distraída. Desde luego en su envoltorio, nada la acompaña, sin embargo hoy la cristalera del salón es un nítido espejo limpio y resplandeciente en el cual no se escapa ningún detalle a esa observación abandonada en la que a veces me introduzco para descansar las fuerzas y los sentimientos… Desde el fondo de la sala la veo llegar con paso lento y cansino; en cada mano lleva una flor de memoria ya perdida; entre ambas flores sí que sumaran cerca de los doscientos años. Los pasos de estas tres mujeres son trémulos, un avanzar para perder… Se acercan a mi campo visual y, como si intuyeran mi presencia, se paran en la cristalera. No sé lo que hablan pero las flores casi centenarias miran con ojos vacíos mientras algo enciende sus rostros. La mujer alta y huesuda entonces las suelta y sus manos va a acariciar primero a una flor y luego a otra. Su boca se acerca a cámara lenta a una de las cabezas, y después apoya uno de sus mofletes desengrasados como si quisiera acunar la desmemoria de sus dos flores. Sinceramente me conmueve ese cuadro de belleza plástica removiendo mis cimientos más ocultos… La ternura, complicidad, la sensibilidad…, han adornado y encendido una tarde tibia aunque ausente de sal en un principio… Desde luego nunca se sabe dónde vas a encontrar el calor y el color de un instante.

miércoles, noviembre 19, 2014

HASTA LA PEINETA

No creo que en el diccionario de la Real Academia Española exista la palabra “Tocapelotas”, si es así, deberían aquellos que velan por nuestra lengua y que tantos anglicismos están incorporando, pues que añadan esta palabra tan nuestra, tan descriptiva, tan actual… Creo que como no ponga remedio, terminaré siendo de ese club selecto y cada vez más numeroso…
Me gusta escuchar a ciertas personas porque además de expresarse con clara actitud conciliadora y una nitidez soberbia, van al grano de lo que quieren decir con lo que no pierden audiencia sino que la ganan. Luego tenemos a ese tipo de personas calificadas como “Encantadoras de serpientes” porque con su jerga te enganchan y te convencen, y hay otro tipo que, por mucho que se esfuercen, son incapaces de expresar con claridad lo que piensan, lo que desean transmitirte.
Digo todo esto porque llevo días pensando sin saber cómo expresar la marea de fondo que me carcome con el temor añadido a que vea la paja en el ojo ajeno y no note la viga en el mío, cosa muy común en los humanos. Sabéis que soy positiva tratando de quedarme con la lectura buena de las cosas y desdeñando lo que no me gusta; pues últimamente no puedo, se me antoja que el mundo se come crudas las ilusiones de la inmensa mayoría, en este caso de los españoles. No me extraña que el futbol gane audiencia (siempre la ha tenido, pero ahora más), forma sencilla de evadirse yendo tus ojos detrás de una pelota y veintidós pares de piernas.
¿Sabíais que uno de cada tres niños españoles se encuentra en el umbral de la pobreza? Mientras, nuestros políticos aunque son ya muñecos rotos sin credibilidad alguna, unos cuantos se han llevado crudo nuestro dinero sin ápice de remordimiento, además de tener la sensación que ese dinero no vuelve a las arcas públicas. Sentamos en el banquillo depende a quién, metemos en la cárcel a unos, a otros se dilata el tiempo lo más posible. Hoy amanecemos con los jueces a la gresca porque “Si tú has visto, y yo no veo indicios…” Sospechamos de supuestos sinvergüenzas que han dirigido nuestros destinos, supuestamente se han llevado dinero fuera de nuestras fronteras, y aún así somos capaces de, si nos los encontramos por la calle, pedirles un selfie…, muy fuerte.
Nada que deciros sobre la gente que encuentras a tu paso, gente corriente, parecen malhumorados y malencarados, incapaces de una mínima cortesía aderezada con un gesto amable y una sonrisa… Qué menos, ¿no? Pues no; creo que hasta yo estoy entrando en este club (se me acumulan los clubs), y me niego a ser una desengañada y rebotada.
Entre los pliegues del alma se encuentran muchos sinsabores que sólo nosotros seremos capaces de borrar aunque dejen huella porque son parte de nuestra historia íntima y personal, pero hay que intentarlo a temor de convertirnos en perpetuos amargados y que la gente buena huya de nuestro lado.
Y os voy a decir más porque no soy prudente ni discreta, aunque me pese y me dé rabia: estoy hasta las narices de los políticos, en especial de los catalanes y en concreto de los políticos ladrones; no me extraña el avance de Podemos y su cada vez más elevada intención de voto por el público de aquí y de allá, artos de tantos desmanes, de tanta ineficacia, tanta indiferencia, y tan mal tratada la palabra justicia. Sinceramente empiezo a maliciarme cómo habremos tratado a la democracia antes de que lleguen algunos y nos la quiten también… Tanto golfo suelto y hablando de golfos, os recomiendo el artículo de  Javier Marías en el dominical del País; se llama “El artículo inútil”, tiene toda la razón… Pero eso es otra  de mis batallas inútiles que ni yo sé encauzar.

Sí, reconozco que tengo un día brumoso y grumoso.

PD Pincha en "El artículo inútil" y podrás leer el artículo.

miércoles, noviembre 12, 2014

MAÑANAS MENUDAS

Hay mañana menudas, de inusual pereza en las que las horas se enganchan a las sábanas. No crees que el tiempo pueda correr si tus ojos no se enredan con la luz de noviembre, nostálgica y huidiza, y sigues ahí tapada con la noche para que el mundo te olvide. Te estiras, te encoges, y saboreas ese calor que te das tú mismo encima de un colchón. Pero mientras respiras y sueñas, la vida te está esperando. Está esperando tu aliento, la sonrisa que pones según tomas el primer café, la palabra mimosa que das al día para que sea benigno contigo. Sin embargo, tú sigues guarecido en la madriguera de unas sábanas de hilo que seguramente bordó tu madre pensando en ti, y que tú odias porque son difíciles de planchar. Aprietas los ojos para ver si no se descose tu último sueño, ése que te hablaba de un mundo mejor, ni tramperos, ni ladrones con corbata. Un mundo de niños con cara de angelotes que sonríen al viento y juegan con la lluvia. Un mundo de pan y cebolla para todos, que nadie se quede sin puchero. Pero un reloj que marca las horas se obstina en llamarte, que abras tus sentidos que la vida te espera.

… Y me levanto sin saber dónde estoy. Una niebla de tierno algodón me va besando según camino,  que juguetea enganchada en las ramas de los árboles semidesnudos. Un frío cristalino me acaricia la cara como suele hacer y ser ese frío castellano de inviernos crudos en la meseta y en el páramo. El aire es tan racial como un lirio perdido; me acuna, me balancea, y va despertando esos sentidos sin sentido que se niegan a ver la cruda realidad… Poco a poco me voy adentrando en ella mientras me va susurrando que valore lo bueno pues lo hay y lo malo, que es mucho, lo tome, lo estudie, que aprenda y siga caminando con una sonrisa  cuya simiente está en el alma y que yo he de hacer florecer en esas mañanas que se me antojan bordes y torcidas.

miércoles, noviembre 05, 2014

COMO UN PARTO

Hoy, 5 de noviembre de 2014, después de llevar alrededor de diez años escribiendo, he terminado mi primera novela, bueno o lo que pretender ser. Tengo los sesos espachurrados,  una sensación como si hubiera perdido la noción del tiempo en aras de la imaginación; estoy agotada y me duele todo. Tal vez sea una especie de parto, y lo primero que he pensado ha sido en los verdaderos escritores, porque lo mío es un juego, no me engaño. Si yo estoy como hueca, vacía por unas simples páginas, cómo se sentirán aquellos que tardan años en escribir una novela. También recuerdo las palabras de una amiga cuando la reprocho que no se descargue libros por internet y ella me responde “Lo que hay en internet es gratis, y es igual que si vas a una biblioteca y coges un libro para leértelo en tu casa”, y en cierto modo tiene razón, pero pienso que escribir es como pintar, arreglar un coche, o ser un ebanista, arquitecto, abogado…, un oficio al fin y al cabo que debe tener su justa recompensa económica. Es de suponer que el que escribe y vende sus libros es porque es su trabajo y quiere vivir de ello. Los libros son carísimos, la música otro tanto, no hay presupuesto en los tiempos que corren para permitirte ese lujo, lo sé, pero muchas veces pienso que debería haber un canon simbólico para poderte descargar esos libros o esa música, como en Spotify, en el cual nadie perdiera ni escritores, ni músicos, ni nosotros los consumidores.
¿Me gusta lo que he escrito? No lo sé, el tiempo lo dirá. Por una vez en la vida haré caso a mis amigos escritores y la dejaré reposando, no mucho porque me quema en las manos. Una cosa sí que debo a este montón de hojas que he escrito en estos seis meses: me he reído muchísimo porque tal como iba escribiendo convulsivamente, me imaginaba la escena que era un sainete, uno detrás de otro, y rompía a reír con todas mis ganas. Habla de un puñado de mujeres, de la amistad, de los complejos que a veces somos incapaces de reconocer, de la bondad humana y todo en clave de humor. Si alguno estáis pasando un mal momento, pedídmela, al menos os reiréis un rato.

En este momento me siento un tanto huérfana, como si mis compañeros de viaje se hubieran ido, pero temiendo que esto me fuera a pasar, hace unos días comencé a diseñar otra historia aunque como todo en la vida tarda en calar y madurar un sentimiento, una sensación, y ahora echo de menos a las locas de mis chicas que tanta compañía me hicieron y que ya eran parte de mí. No me queda otra que decirlas adiós.

domingo, noviembre 02, 2014

DOS DE NOVIEMBRE

Se atrasó el reloj una hora apenas hace una semana, y hasta hoy no he tomado conciencia. He descorrido el visillo para que la luz no estuviera tamizada. También me he dado cuenta  que  es dos de noviembre. He leído que en Castilla tal día como hoy los muertos, según cuentan los del lugar, salen de sus tumbas para asustar a quienes vuelven tarde a casa por caminos apartados, no sé, en casa mi madre encendía velas para iluminar los espíritus aunque evitaba ir al cementerio a llevar flores a la línea fronteriza de la vida eterna, no sé, justamente en estas fechas los cementerios son lugares de encuentros entre el ayer y el hoy, entre la nostalgia, la ausencia y la tristeza, pero a su vez un bellísimo paisaje de colores, naturales, o plastificados. De limpiezas sutiles, y reuniones familiares de los de allá y los de acá. Un murmullo de voces en un hormigueo de letanías y palabras inconexas más…, en unos días volverá su espíritu silente tan característico de esos lugares donde los muertos descansan para siempre aunque ellos no estén allí.
Sí, al descorrer el visillo y ver la tarde vestida de gris polvo, una tarde brumosa y de nubes deshilachadas mientras la luz se despide sobre tejados que se van destiñendo de su color, me he acordado de Zorrilla y doña Inés, de los cementerios que nunca olvidan, del sol que se va antes en esta tarde en que la lluvia fina cae por las calles, entre los árboles sedientos, en los rostros que no superan la ausencia, en las tumbas blanquecinas adornadas de ángeles que velan la paz de aquellos que se fueron y que no volverán aunque nos empeñemos en sentirlos en una paloma, en la mirada de alguien que no conoces aunque creas que sí, en las hojas volanderas que se paran a tus pies.
Dicen que los que se van no se van si tú mantienes vivo su recuerdo, no sé porque cada día pienso en mi amiga Marian y hoy, una tarde de domingo mientras descorría el visillo he tenido que ver su foto para recordar aquella cara en la que yo me miraba.
Aquí estoy para vivir
mientras el alma me suene,
y aquí estoy para morir,
cuando la hora me llegue,
en los veneros del pueblo
desde ahora y desde siempre.
Varios tragos es la vida
y un solo trago es la muerte. Miguel Hernández

miércoles, octubre 29, 2014

NUESTROS VIEJOS OLIVOS

Entrar en el mundo de los ancianos no es solo doloroso sino, además, un eterno aprendizaje a olvidarse de uno mismo, es un aprender a ser una micro Teresa de Calcuta anónima  para ayudar a ese anciano/a a caminar por su mundo de olvidos, de achaques permanentes y crecientes. Es tratar de encender sus sonrisas perdidas, sus deseos de lucha y no de abandono… Es recordar que darse a los demás es un ejercicio de egoísmo polivalente donde al final ganan todos empezando por ti mismo porque, al dar,  te sientes más feliz y realizado. Sin embargo es duro, es hacer un ejercicio diario de voluntad, de amarrarte a la luz de una sonrisa, al destello del optimismo y dejar fuera la tristeza. Hay días que se consigue y cuando dejas a tu anciano/a te invade un u sutil y cálido sentimiento de felicidad por haber hecho algo por los demás; sin embargo no siempre se consigue…
Apenas he dormido; sólo cuando el aire del amanecer ha revoloteado en mi almohada he podido descansar.
Mientras, la noche se ha hecho espesa, lúgubre. Su manto mortecino me agitaba, doblegaba a mis miedos a que crecieran entre las sábanas y echaran raíces en mi cabeza.
Cerraba los ojos e, inmediatamente, los abría espantada. Sin embargo, la obsesión seguía espolvoreando la simiente, y me obligaba a enfrentarme a la oscuridad… A esos ojos que miran como gatos asustados…, y que ya apenas ven; casi no hay vida en ellos. Su vela se va consumiendo, su llama pobremente alumbra a las sombras.
Trato de imaginar qué es no ver, no ver nada, sólo sentir la ceguera después de haber visto toda una vida transcurrir por tus venas.
Cómo valerte sin ojos después de ochenta años yendo y viniendo con tus faroles encendidos… Lo siento como una caída lenta a un pozo donde la oscuridad es, será, eterna.
Su angustia traspasa mis muros. Me pongo en su piel y no sé que decir, qué hacer para iluminar su memoria que, de ahora en adelante, será la que ponga imagen a la mar, a la luna, a sus plantas…

“Ya no es mágico el mundo. Te han dejado.
Ya no compartirás la clara luna
ni los lentos jardines. Ya no hay una luna
que no sea espejo del pasado,
cristal de soledad, sol de agonías.
Adiós las mutuas manos y las sienes
que acercaba el amor. Hoy sólo tienes
la fiel memoria y los desiertos días.”Jorge Luis Borges


lunes, octubre 27, 2014

HABLEMOS DE MADRID...

Madrid no me gusta y, sin embargo, él es generoso conmigo regalándome señuelos en cada esquina para que pique y me quede un poco más con él o, al menos, que no sea tan crítica con un espacio que tiene alma a pesar del ruido y el asfalto.
Hubo un tiempo que huía de él, su piel me quemaba aniquilando mi templanza, los sentidos pero sobre todo los nervios, la soledad, la incomunicación, el aislamiento. Después, apenas tuve roce con él, decidí ignorarlo y atrincherarme en mis cuatro paredes para que no olfateara mi presencia. Tal vez fue ese castillo de cristal que confeccioné para defensa personal no sólo hizo que fuera recobrando la seguridad en mis pasos, la certeza en mi persona sino, también, que comenzara a mirar a mi hipotético enemigo de frente, bajo todas las perspectivas posibles y decirle, reconocer que aunque le tenía miedo porque me había triturado en su momento eso ya era pasado y que ahora estaba dispuesta a que se dejara explicar… Así, poco a poco, Madrid comenzó a hablarme con otros lenguajes por ser ciudad multirracial, abierta a todos y a todo.
¿Quién fue, él, yo, los dos? Fui yo que aprendí a vivir con mis propios fantasmas y miedos. El entorno nos condiciona sin duda, pero somos nosotros que con nuestra actitud cambiamos las cosas, la mirada, el pensamiento y, así, tratar de vivir con armonía en entornos,  a priori,  hostiles sin traicionarnos.
Hoy Madrid sigue siendo Madrid, ciudad trepidante, ruidosa, en constante ebullición, renovándose con rotunda constancia, que ofrece un perfil seductor para todo aquel que quiera disfrutar de una ciudad divertida, culta y juerguista pero que cuando se apagan las luces del escenario todos aquellos que han venido a ella se retiran a sus silencios, al reposo de sus ciudades de origen. Pero los que vivimos con ella y en ella,  hemos de aprender otro lenguaje para combatir el estrés de las distancias, de las prisas, el chirriar de un espacio en que no oyes a la naturaleza. Crear tu propia atmósfera para que tus cinco sentidos sigan latiendo, absorbiendo las chispas que  regala la vida aunque te las tengas que trabajar porque no nos engañemos, nada es gratis, al menos para la mayoría de la humanidad.
Madrid ofrece como el lenguaje, muchos lugares comunes,  pero he de ser yo si validarlos o no…, lo que a mí me sirve, puede ser que para ti no valga nada, como esa obra de teatro que vi el otro día “Enfrentados”,  deliciosamente llevada a cabo en la que para los eruditos hablar de religión de esa manera es plagarla de lugares comunes y que, sin embargo,  para mí fue una forma de reflexionar con la sonrisa prendida en el ojal.

Dicen que de Madrid al cielo, yo me conformo con saberlo mirar desde ese ángulo en el que nada parece lo que es, y que detrás de una fachada siempre hay algo que te sorprende y de lo que puedes aprender.
Allá donde se cruzan los caminos,
donde el mar no se puede concebir,
donde regresa siempre el fugitivo,
pongamos que hablo de Madrid.

Donde el deseo viaja en ascensores,
un agujero queda para mí,
que me dejo la vida en sus rincones,
pongamos que hablo de Madrid.

Las niñas ya no quieren ser princesas,
y a los niños les da por perseguir
el mar dentro de un vaso de ginebra,
pongamos que hablo de Madrid.

Los pájaros visitan al psiquiatra,
las estrellas se olvidan de salir,
la muerte viaja en ambulancias blancas,
pongamos que hablo de Madrid.

El sol es una estufa de butano,
la vida un metro a punto de partir,
hay una jeringuilla en el lavabo,
pongamos que hablo de Madrid.

Cuando la muerte venga a visitarme,
que me lleven al sur donde nací,
aquí no queda sitio para nadie,
pongamos que hablo de Madrid  Joaquín Sabina

martes, octubre 21, 2014

DESEOS A TERESA

Sí, Teresa ha vencido al ébola, ¡Felicidades, de todo corazón! Sin embargo llevo días rumiando que llegara este día, en cierto modo hasta temiéndolo.
A partir de ahora, Teresa, serás una estrella mediática, ojalá no te lo creas. Tu primera rueda de prensa, programas que te ofrecerán el oro y el moro, listillos que querrán sacar de ti todo y cuando digo todo es todo porque para ellos serás una muñeca, un títere. Vendrán los políticos, todos querrán ser tus amigos, tus benefactores. Los sindicatos te hincharán la cabeza de globos, unos bonitos y otros que mejor se rompan mientras les llenan de aire. También se aproximarán lenguas mordaces para indicarte quiénes son los buenos y quiénes los malos…
Sin embargo, hay algo que todavía me da más miedo y eres tú. Tú, una chica normal, con trabajo suplente y aspiraciones a un puesto en concordancia con tus estudios, una amante de los animales, con un marido, hermanos, amigos y familia. Tú, Teresa sí que me das miedo. Me das miedo que cuando salgas no veas el camino claro y borracha de popularidad, no atines con tus pasos y digas y desdigas y hagas lo que en tu anterior vida jamás hubieras hecho.

Ojalá, Teresa, que te vaya bonito, que sigas con tu profesión ayudando a los demás y ojalá, también, que el primer regalo que recibas según sales del hospital sea un beso sincero y no interesado y que el segundo regalo que te den sea un perro, un perro tan hermoso como Escálibur.

sábado, octubre 18, 2014

SOL MENUDO

La maldad humana es demasiado grande para ser justificada. Sin embargo, cuando me paseo con los ojos abiertos, siempre encuentro a locos con esperanzas en sus manos,  y palabras de aliento cosidas a sus bocas abandonadas. Me los quedo mirando como si fueran espejismos fruto de mi calenturienta imaginación que se desborda con cualquier hechizo…Y es que hay días en que me cuesta creer en el hombre, vivir con él, pero estos soles menudos que hallo en mi camino me hacen desistir, y dejo las ventanas abiertas. Abiertas al aire puro, impío de otros, para no perder la fe en ese hombre que le siento tan bajo y ruin. Trato de arrinconar los prejuicios sobre ese tipo de personas y así seguir andando por la vida, disfrutando de las otras lecturas, de soles menudos que, aunque me cueste creer, son un regimiento.
El que más y el que menos, todos tenemos prejuicios solapados en algún rincón de nuestro ser. Prejuicios que mezclamos, o confundimos con descarados odios hacia cierto tipo de gente. A veces personas, situaciones, a las cuales las miramos de refilón, nos dan verdaderas lecciones de vida, o más sencillo: nos dan respuesta a algo que nosotros no entendíamos. Parece que los eruditos están en posesión de respuestas certeras, cierto, pero también  esos que miramos con cierta precaución o directamente desechamos de nuestro campo visual. Últimamente me riño mucho a mí misma por cerrar los tímpanos a otras lecturas de vida, cuando la vida es un perpetuo aprendizaje desde que nacemos hasta que cerramos los ojos para siempre. Es una manera de enriquecernos como primera instancia y, después, una forma de comprender a los otros, de ponernos en su piel y dejar de lanzar veredictos al aire como si fuéramos máquinas de hacer churros. Nada es blanco o negro, persisten muchos matices en cada situación, detrás de cada persona.
No podemos perder un minuto en esta puñetera vida con tontunas que nada aportan, en prejuicios y temores. La vida es muy frágil y se puede desvanecer en décimas de segundo, en un instante.

… Así que aquí estoy, esperando a que amanezca y por el horizonte crezca un sol menudo que me ayude a caminar con la sombra de hombres que no me gustan, que roban, que engañan, que maltratan y que, sin embargo, ahí están decorando cualquier esquina de mi camino,  y que yo he de aprender a sortear el paso para no terminar siendo como ellos y, sí, como ese sol menudo que veo en la cuneta recuperando la esperanza y el aire para seguir haciendo el bien a otros.

domingo, octubre 05, 2014

MI BARRIO

Hasta que llegué a Madrid, la palabra barrio carecía de sentido para mí. Sí, en Valladolid hay barrios, Los Pajarillos, Girón, la Rondilla…, pero como vivía en el centro, ese término me era totalmente ajeno. A la primera persona que se lo oí pronunciar fue a mi amiga Aurora y me sonó fatal, como carente de clase, una palabra fea, y el caso es que si vas a buscar sinónimos de barrio los hay deliciosos como alfoz, morería, ensanche, judería…, pero en Madrid vivo en un barrio.
…Y mi barrio es feo, mucho. Carece de personalidad, de calles estrechas y no siempre limpias. Hasta las tiendas son grises y los súper desmonguillados que incitan a darte la vuelta. Su fisonomía no guarda orden ni estética, igual hay un edificio medio nuevo y al lado otro que no se lavó la cara desde hace más de cuarenta años; en una calle puedes encontrarte farolas de distintos pelajes, a cual más fea. Los portales, que suelen ser la antesala de un edificio, de un hogar, son siniestros, cuando en Madrid se distingue por tener portales que son una auténtica belleza; no hay más que acercarse a la zona de Chamberí o Retiro, allí puedes encontrarte con auténticas bellezas arquitectónicas en cuanto a portales se refiere.
La gente que lo habita es anodina, una clase social difícil de ubicar. Abunda gente mayor, la de toda la vida que ha vivido aquí, sin embargo de un tiempo a esta parte se va viendo más gente joven, tal vez porque los alquileres al ser casas viejas son más baratos, o porque han vuelto a vivir con sus padres. También comienzan a vivir por estos lares extranjeros, sobretodo sudamericano, por el mismo motivo que los anteriores: las casas viejas son alquileres  relativamente baratos.
Pero el otro día, cuando llegué después de cinco meses de ausencia,  me recibió con sus mejores galas, incluso me enterneció. Todo seguía más o menos igual, sí,  había comercios que habían cerrado, no me extraña y no por la crisis solo, sino además por su inutilidad, sin identidad ni estilo. Sin embargo mi barrió me regaló como presente de bienvenida ese silencio tan suyo y que tanto agradecen tus oídos en la gran ciudad. La gente caminaba con parsimonia, como si la prisa se hubiera quedado dos calles más atrás. Había grupos de personas charlando en alguna esquina, otros tomándose un coñac en una terraza a la sombra de un airecillo suave y amable. Los árboles estaban frondosos y de un verde acariciado por las últimas y torrenciales lluvias. Sus ramas dejaban pasar ese sol otoñal que a una hora más o menos imprecisa es un membrillo en flor. Los barecillos de tres pelos menos uno habían colocado unas terrazas improvisadas haciendo de sus calles una estética grata y cómplice.
Sí, sentí de este barrio feo un abrazo cálido,  y ofreciéndome dentro de su fealdad su humilde belleza, esa que has de escarbar para encontrarla,  pero como todo en esta vida hay que buscar para hallar.
Este barrio antiestético además de ofrecerte un remanso de paz, te  sugiere buenos paseos para los amantes de footing por la carestía de tráfico y por poseer uno de los parques más frondosos, cuidados y bonitos de Madrid. Incluso pasearte en algunas tardes de primavera y escuchar un murmullo de un olé de lo más sentido mientras una corrida de toros discurre en los aledaños de este barrio.

Las casas normalmente son bajas, no más allá de cuatro, cinco pisos, sin embargo, la mía por estar en una especie de promontorio, además de tener siete alturas, es como si estirara el cuello de su cuerpo ofreciéndote escenas espectaculares. Por ejemplo, y al que le guste las escenas de tejados, desde la terraza de casa además de perder la vista en la lejanía más lejana, ves tejados de colores, de los de antaño y los de hogaño y, antes de partir el sol, en ese momento en que el astro convive con la luna, los edificios se visten de oro y la fisonomía del barrio desde la terraza de mi casa se convierte en un mágico lugar de radiantes y tostados perfiles de un barrio que siendo feo da a sus habitantes lo mejor que posee… La quietud de las horas doradas a una luz que no he visto en otro lugar.

sábado, septiembre 27, 2014

NOSTALGIAS

Hoy me he despertado con la nostalgia prendida en el ojal. Ayer la intuí cuando miré al jardín reposando el otoño, un otoño aún verde y de sol amable. Me senté en un sillón despistado y en un jardín limpio de cachivaches;  poco a poco estos han ido desapareciendo, como desaparecerá en breve mi mano sobre esas flores que me han acompañado durante meses; las miré y una agüilla bordeó mis ojos porque todo lo que tiene vida merece conservarla hasta su hora eterna. Claro que a veces también damos vida a lo inerte por ese aprecio que ponemos a ciertas cosas materiales… Pero ayer me enrolé en las ramas de los árboles a escuchar a esos pájaros peregrinos, vivos de vida, que venían a cantarme con antelación mi cumpleaños feliz. Cerré los ojos para atrapar mejor las sensaciones, y sonreír al aire que acariciaba mi rostro como si deseara llevarme un tesoro para el largo invierno. Y hoy al despertarme con un año más en mi hoja de ruta me he arrugado un poquillo porque cada vez cuesta más comenzar a escribir las horas de un nuevo año en mi mochila, y me asusta pensar cómo será ese futuro de horas, días y meses… Sin darme cuenta, he recordado esa frase magistral de García Márquez“Todos tenemos tres vidas: la pública, la privada y la secreta”... Sí, es verdad. Los hombres nos triplicamos en uno solo. Todos parecen distintos, reflejados en cristales ahumados de distinta consistencia. Tamizados por los ojos ajenos que nos observan, nos evalúan y nos sentencian. Ésa es nuestra vida pública. Nuestras fronteras procuramos sellarlas para que no entren corrientes y así resguardar la privacidad a la que todo ser humano tiene derecho. Muchos renuncian a ella y la ponen precio. Otros, al final de la autopista que fue su vida recuenta en hojas sepia aquello que nunca se vio... Pero hay una parte de nosotros, ese yo que guardamos en el baúl íntimo al cual muchas veces ni nosotros nos atrevemos a mirar de frente por temor a descubrir la otra persona que somos. Vergüenzas, debilidades, amores subterráneos, secretos, pasadizos del color de las profundidades marinas cuyos peces de colores los protegemos sólo para nosotros... Sí, nos gusta mostrar el hombre de costra dura en cuyo interior se hacinan ternuras en oleajes dulces a veces, malditos, otros. Pero quien escribe se le escurre entre sus dedos ese yo secreto, y quien sepa leer del revés nos encontrará… Hoy, un veintisiete de septiembre más, me escurro entre mis dedos y me convierto en letras deshilachadas tratando de conformar esas tres vidas para mis doce meses siguientes.

miércoles, septiembre 17, 2014

PRELUDIO

Ayer, a la caída de la tarde, salí a pasear con Frost y me encontré que el atardecer ya no es de paja y heno, sino silencioso y solitario. El perro iba de verja en verja buscando a sus amigos y, mientras yo veía un candado en cada puerta, él gemía por la usencia de sus colegas; no obstante levantaba la pata dejando su huella por si volvían que supieran que había estado allí. Seguimos buceando en las calles y solo el ruido de nuestras pisadas, chascando las hojas muertas, nos acompañó. Un fino aire del norte se cruzó en nuestro camino revolviendo mi pelo pintado del color de los limones, una huella más del sol que vino para no quedarse, y que me hizo sentir aún más las ausencias. Mis ojos, dos cielos entristecidos, se volvieron a mirar las casas vacías convertidas en fantasmas de un verano. Frost movía las orejas, pendientes de mis gestos, esos que son tan importantes para una mascota, siempre ligada a las incertidumbres y alegrías de su amo, pero a pesar de la pena que me producía esa soledad  de abandono, el perro movía su rabo de cerdito valiente, contento de compartir aquella aventura de desamparo y desolación. Así seguimos gateando por toda la urbanización sintiendo a veces el calor de la vida a través de alguna ventana encendida, pero sin abandonarnos ese silencio tan sonoro que da la desaparición del hombre, las voces alborotadas de los niños.
Ya era de noche cuando volvimos a casa, helados y encogidos por esa lluvia que no se deja sentir si no es por la huella que deja en nuestros cuerpos. Después de secarnos, miré por la ventana y allí estaba en el jardín la pérgola para tardes perezosas tan solitaria y abandonada como yo misma me sentía. Me volví par comenzar el ritual de las tardes de invierno, tardes lisas sin esquinas ni dobleces: música, lectura, una copa de vino para acompañar a la penumbra, mágica para la concentración y las letras, no sin antes haber guardado en el cajón de los recuerdos la nostalgia del verano, esa morriña de la cual nos cuesta desprendernos por versátil, multicolor y alegre.

Me acomodé en el sofá con una manta suave de leve olor a limón, que acaricia pero no aísla y, a continuación, Frost se acomodó a mi lado. Sí, ya estábamos ambos preparados para recibir al otoño.

lunes, septiembre 15, 2014

PANORAMA

Un par de días con tormentas eléctricas al caer la tarde; el cielo se arruga, se viste a cachos de negro zaíno y se ilumina de rayas en zigzag. Si miras al horizonte bien puedes ver espesas cortinas de agua caer por algún lugar. Cuando termina este llanto esporádico, la tierra rezuma un olor especial entre fresco, limpio y a ese campo que se va convirtiendo en solitario.
Ya el sol no es el que era apenas hace una semana; juega a tostarte, pero en el fondo es tierno tomillo de estación quebradiza. Aprovechamos sus rayos como si estuviéramos paladeando un racimo de uvas. Un grupo de mujeres minoritario nos sentamos alrededor de él, nos da pena que se vaya, que se termine ese verano frugal que ha sido éste. Entre bromas, risas y chascarrillos, amenizamos estas últimas mañanas en una piscina azul, cristalina y turquesa. Nos embelesa su transparencia, nos enamora su soledad, soledad que aprovechamos para nosotras y disfrutarla con ganas. Sorteamos a ver quién es la primera valiente que se zambulle en sus aguas tan azules que dan frio sólo mirarlas. Después, vamos todas al agua como si fuéramos niñas en sus últimos días de vacaciones. Me gusta este aroma de mañanas sin más sonido que nuestras voces gritando amistad.
Ya nos han amenazado que hoy se dejará de tratar el agua de esta piscina que mis ojos llevan viendo hace más de cuarenta años y, ya, lo que dure el turquesa antes de convertirse en verde empecinado. Y me da pena desprenderme de estas briznas de alegría patrocinadas por un sol amable que aunque no tueste, calienta la camaradería de mujeres que charlan preguntándose “¿Os acordáis cuando España ganaba todo?” “Sí, estábamos en primera línea del futbol, tenis, motos, baloncesto…” “¡Qué grandes nos sentíamos!”… “Ahora caminamos arrugados, buscando alguna hazaña que nos vuelva a unir a todos”… “Ya, si hasta se nos van los agrandes, Don Isidoro, Botín”…”Sí, pues yo ya no compro Cola-Cao, si los catalanes no nos quieren, yo tampoco su Cola-Cao”… “Recuerdo cuando, no sé qué año, se fueron al garete los negocios y tuve que hablar con mis hijos para decirles que se había acabado eso de comprar marcas, y qué bien lo encajaron los chavales”… “Ay, caya, que me acabo de acordar cuando se me perdió el niño en el autobús y no aparecía”… “Ay, Dios mío, y qué hiciste…” “Pues encomendarme a San Antonio, no falla”… Charlas intrascendentes donde se mezclan, como los buenos cocteles, actualidad, recuerdos y maneras de pensar, con buenas formas y sentido del humor.
Pero pronto el otoño se va a llevar las voces de esas mujeres, esas reuniones solitarias a media mañana y el césped, ya húmedo por la época, se quedará tan sólo con la compañía de esa piscina quilométrica, hermosa y de aguas tan verdes, que no verás su fondo has un próximo junio. Las sombrillas desaparecerán, las tumbonas dormirán el invierno en un almacén esperando que un sol vuelva a tostar las charlas de verano.

Sí, me siento nostálgica mientras miro por la ventana si hoy volveré a disfrutar, tal vez el último día, de esa piscina que me vio crecer, que enseñó a mis hijos a nadar y donde catapulté años de mi juventud.

sábado, septiembre 13, 2014

HABLEMOS...

La vida está escrita en clave de gestos, hechos que son los que hablan por sí solos,  porque las palabras dicen, pero no demuestran a no ser que escriban sobre obras consumadas.
A la gente le gusta hablar, hablar sobre lo divino y lo humano. Hablar sin saber, sabiendo lo que se habla, el caso es hablar, formar una inesperada tertulia, charlar entre amigos sobre el acontecer cotidiano, comentar noticias… Y hablando y hablando, a veces  se grita, se critica, se cuchichea, se discute, se dialoga, se balbucea, se confiesa, se niega… Tantos sinónimos tiene el verbo hablar que me  lleva a recordar  a la gente que no habla. Una minoría silenciosa, que calla, que omite. Tal vez goce del arte de escuchar y medite sobre las palabras de los demás. Quizá se muestre insegura sobre sus propias ideas,  que prefiera estar callada antes de decir incongruencias. O haya personas que no las gusta hablar o no tienen nada que decir o aportar.
Ahora, por ejemplo, en los trabajos se hacen reuniones llamadas “Brainstorming” que, traducido al castellano, significa “Tormenta de ideas”. Es divertidísimo, todo gira en torno a un tema y, en grupo, cada uno aporta una idea, una ocurrencia o ingenio para mejorar  sobre el tema en cuestión; diseños o esbozos que aporta cada miembro del grupo y así aportar algo nuevo y positivo al tema central. Ya os digo desde aquí que se dicen verdaderas barbaridades que a veces resultan ocurrentes y graciosas… Resumiendo, esto es otra forma de hablar y no callar.
Quizá este afán frenético del ser humano a hablar es debido a que no soporta la soledad, ese silencio que le confronta con su yo íntimo y personal. O porque la esencia de su persona necesita compartir con los demás; en este caso compartir palabras, ideas, pensamientos… Como hoy yo,  que normalmente no sé estar callada. Es una necesidad de decir bajo  mi lema no escrito aunque sí sentido “Antes muerta que muda”, eso sí, necesito el silencio, la soledad para enfrentarme a mi lluvia de palabras. Claro, como os podréis imaginar, mi conducta irrita muchas veces y me mandan callar, y me dicen que antes de abrir la boca medite hasta trescientas veces lo que voy a soltar… Claro que, también, irrito cuando me quedo callada, escuchando profundamente a los otros, observando sus gestos, interiorizando sus ideas, porque dicen que estoy tomando notas mentalmente para luego escribir sobre ellas; vamos, estar callada para luego seguir hablando de la manera que sea.
El caso que aunque me amonesten, no siento el verbo arrepentirme y sigo por mi senda de palabras afortunadas, palabras huecas, palabras certeras o equivocadas, expresiones inoportunas, o lenguajes a veces demasiado cursilones. Escritos con corazón, escritos rabiosos… Yo qué sé, de todo como en botica.
Sin embargo sí me arrepiento que me quede muchas veces en la puerta de las palabras y no la traspase para convertirlas en hechos, en obras que son las que de verdad hablan de nosotros. Obras positivas, me refiero. Frutos y labores de esas palabras que muchas veces son sólo eso, palabras que se las lleva el viento.

¡Buen fin de semana, amigos!

viernes, septiembre 12, 2014

SIN SALIDA... ¿O SÍ?

No lo entiendo, pero es un hecho, y el que no lo quiera ver es negarse una evidencia... Y creo que mucha gente corriente, como yo, está igual, o piensa parecido, o igual de confundida...

Desde hace bastante tiempo me renegué, me enfadé, hice mi personal boicot porque lo consideraba un robo al pensamiento ajeno, un tergiversar las ideas de los otros en beneficio propio, un beneficio dudoso más allá de ensalzar un ego particular. Sin embargo he de reconocer que tal vez estuviera equivocada, no de pensar en quien indujo a enmarañar y deformar las convicciones ajenas, rotundamente no; hace tiempo que dejé de creer en la honestidad de ese tipo de gente.
Digo que tal vez estuviera equivocada en esa gente que como yo, personas corrientes, normales, hayan llegado a la conclusión de que quieren algo, algo que ven claro, que se han manifestado con rotundidad sin sacar los pies del tiesto; con tranquilidad, con naturalidad, con sencillez.
Y si te manifiestas de esa manera, de alguna forma se debe encontrar una respuesta, una solución legal, a esas personas que quieren ese algo que, el resto, que somos muchos, no entendemos y por lo tanto nos negamos; es más, a la altura de esta película que chirría en mi cabeza, sigo sin comprender, pero insisto que los hechos hablan y, por lo tanto, hay que darles un respuesta, una salida digna a ese numeroso grupo que desea algo.
Quizá este texto mío sea un tanto inteligible; sí, quizá lo sea porque aunque escribo para ordenar el puzle interno en el que se ha convertido este trajín de ideas que ni yo misma entiendo, y que durante mucho tiempo me han puesto dolor de cabeza por no entender lo que los otros querían, hoy, aunque lo sigo sin comprender, admito que mi pensamiento está girando a favor de ellos como ciudadanos que tienen derecho a elegir, y lo que salga de esa elección, acatarlo; es lo bello de la democracia. Sin embargo, hay un pajarillo dentro de mí que también pía poderse manifestar y que, por supuesto, le den derecho a que le consulten.
La evidencia es bastante rotunda me parece a mí, y si el ciudadano catalán quiere que se le consulte si quiere o no formar parte del pueblo español, creo que habrá una triquiñuela legal para que esto se haga. Dilatar esta situación rocambolesca es absurdo porque puede llegar a males mayores, y que algunas masas direccionadas pueden producir devastadoras situaciones. Antes de que se llegue a ese punto, se deben dar salidas rotundas y congruentes. Vamos a ver, si ellos quieren que se les consulte, por qué no se va a poder hacer.
Ahora bien, honestamente creo que al resto de los españoles tenemos el mismo derecho que ellos a que se nos pregunte si queremos o no que Cataluña sea parte de nuestra España plural, histórica,  rica, bilingüe…
Sin duda la ruptura está provocada, como un parto inducido, pero es que ayer el bebé nació y pidió que se le preguntara que papás quería para su vida terrenal… Los políticos, aunque sea por una vez, deben hacer un ejercicio responsable de su cargo, OLVIDARSE DE ELLOS MISMOS A FAVOR DEL PUEBLO QUE LOS ELIGIÓ y solucionar este entuerto que un político sin zapatos un día provocó.


Cada renglón escrito de esta incongruente entrada, no he dejado de pensar en una maravillosa persona que una vez tuve el privilegio de conocer. Se llama Rate, es catalana de los pies a la cabeza y que por dentro corre la señera en forma de V.