miércoles, abril 23, 2014

LA MODA

Sin duda es esa luz que amanece sin hacer ruido y que sin embargo despierta cualquier sueño, la que guía mis manos hacia el teclado para que comience a hablar cada día, a acortar distancias en busca del contacto personal tan necesario como esa palabra amable que se escabulle cada vez más de nuestras bocas, o esa sonrisa de bienvenida que se vende tan cara. Y es que es muy distinto empezar el día escuchando truculencias, avivando el mal carácter que se nos pone cuando se incitan las malas vibraciones o, por el contrario, cuando escuchas “unos buenos días” que relucen más que un sol de verano. Todo esto conlleva a que encares tus próximas horas de una forma u otra, un ejercicio que debe ser disciplina según despiertas. Yo me despierto dormida, trampeando con las puertas u objetos que encuentre al pasar, mi garganta no digiere ni una palabra y sin embargo mis dedos se pronuncian a testificar una sonrisa (eso no quiere decir que lo consigan), pero al menos lo intentan.
Hoy, según habría el ordenador, me ha dado la risa al pensar lo tontos que somos al dejarnos arrastrar por las modas; da igual hombres que mujeres… Que nos dicen que con un vestido de fiesta lo más de lo más es llevar unas playeras, vamos y nos las ponemos… Que se llevan las rayas pues entonces mujeres gruesas y delgadas a la caza de la raya. Pero es que anoche observé el colmo de la bobada al mirar a hombres, bastante atractivos por cierto, con el nuevo look de la temporada: cabeza rapada exceptuando la parte superior del cráneo… De verdad, parecía un campo arado hasta que al tractor se le acabó la gasolina… ¡Pobres!, quién, demonios, les habrá engañado. Sí, ellos mismos, conscientes o no, han dado su beneplácito para cometer un crimen en sus cabezas.
Y es que la moda enriquece a muchos mientras las masas nos dejamos manipular, olvidando la belleza, arrinconando el juicio y exentos de mala fe “Si dicen que esto se lleva, sin duda es bueno” y ¡Hala! A convertirnos en borregos feos(la mayoría, claro, porque hay quien a pesar de ponerse una lechuga en forma de abanico encima de la cabeza están guapos…, pero os aseguro que el nuevo look varonil de cabezas con cresta grande o pequeña es feo de narices)
En fin, yo por si las moscas, vigilaré a mis instintos para que no se dejen arrastrar por la moda marinera y mi cuerpo no se convierta en un trasatlántico orgulloso paseándose por los mares castellanos.

¡Tened un buen día, chicos!

lunes, abril 21, 2014

RESUMIENDO UNA SEMANA

Aún no ha amanecido pero los pajarillos me han despertado con sus cánticos vivaces, como si ahí fuera hay una nueva oportunidad para la vida.
La mesa camilla está llena de papeles con anotaciones, palabras escritas que, casadas con buenas puntadas, me devolverán aquello que he vivido, lo que he perdido o he soñado. Letras resumiendo una semana de aquí para allá. Seguro que tu semana será distinta a la mía, pero tendrá en común que todos hemos salido de una forma u otra de la monotonía cotidiana y habremos tejido una pequeña aventura para nuestro libro de vida.
 El tiempo nos ha hecho estar más en la calle; el que ha podido seguramente se ha fugado a la playa, al extranjero, a la montaña… Otros, por nuestras circunstancias, hemos permanecido encadenados a nuestra ciudad y lo hemos disfrutado lo mejor posible; sin duda la temperatura, y los días festivos han ayudado.
Las primeras sensaciones que se agolpan en mi cabeza sobre estos días, son agradables, en cierto modo completas. Este veranillo regalado e improvisado, la primavera en flor y perfumada, los pájaros revoloteando y amenizando los oídos. Esos atardeceres donde la luz ya no es luz sino polvo divagando sobre su propio fin e iluminando con el último rayo a un Cristo crucificado es un regalo visual muy hermoso. Como bonito esos encuentros inesperados que, sin quedar con nadie, te has encontrado a muchos conocidos, amigos y hemos ido “matando judíos” como se dice cuando vas  al encuentro de una procesión y entre medias te tomas un buen vino de la tierra. Los rostros de la gente que me he encontrado me gusta garabatearlos para deciros que todos tenían dos cosas en común: luz y sonrisa.
Remolinos de gente por las calles, silencio ante un Yacente, alegría ante un himno, escucha activa ante una anécdota de un amigo… Las charlas con “mis viejecitas” que me esperaban como agua de mayo para que las trajera el mundo a sus vidas y que, con ojos de niñas perdidas, seguían mi voz con ganas de más. Hasta mi madre, que su tristeza es incapaz de reconciliarse con la alegría, ha sido capaz de encender la mecha de su tenue luz. Las he narrado cada esquina de su ciudad, la iglesia más hermosa, la Virgen más floreada, incluso la vestimenta de la gente, todo con tal de ver sus rostros iluminados… Y me volvía a la calle en busca de más aventuras para regalárselas a ellas. Me he abrazado y besado muchas veces como si el alma y el cuerpo necesitaran el calor y el cariño de tu gente.

Sí, estos días he peinado y despeinado muchas veces mis horas y ha merecido la pena, como deseo de corazón que estos días para ti también hayan sido especiales.

martes, abril 15, 2014

DESPERTANDO SEVILLA

Una luz tibia entró en la habitación, apenas un hilito para despegar las sábanas de mi cuerpo. Me levanté dormida, sólo mis manos acertaron a despejar los vahos de la noche con agua fría. Me vestí y salí a la calle. Ni un ruido, ni un alma en los primeros tramos; dos palomas se acercaron a mis pies sin temor a ser dañadas. Una suave  brisa iba abanicando mi rostro mientras las telarañas de los ojos y la mente desaparecían por completo.
La ciudad estaba dormida, mecida en el susurro de las aguas del Guadalquivir y el cielo tal azul como cabía esperar en un día de los grandes.
El mutismo era total, sólo mis pasos castañeando por los adoquines. Me encontré en Campana los operarios ultimando los preparativos y decorando con graciosas guirnaldas de pino algunas vallas. Seguí sola hasta la capilla de San José que estaba abierta y entré. Me recibieron un silencio sobrecogedor y el típico aroma del incienso; sólo dos personas permanecían en los primeros bancos orando y yo me senté mucho más atrás de ellas, como si no quisiera interferir en sus rezos; me senté mientras el incienso se colaba por todo mi cuerpo y mi pensamiento desgranaba hilos de plata de mis seres queridos, hilos azabache de mis actos a veces tan tartamudos que parezco aún una niña chica. La calma y la paz fueron penetrando en mis poros hasta sentir que estaba columpiándome en una nubecilla junto a mi Dios cuando, de repente, en medio de aquel silencio atronador, un coro de pajarillos se pusieron a cantar en las ventanas; al unísono, alegres y vivarachos. Fue un momento muy especial que, de seguro, cualquiera de vosotros, lo habréis sentido alguna vez.
Volví a salir a la calle a seguir gozando de aquella soledad, de esa ciudad que no duerme pero que siempre sueña en reinventarse así misma. Me crucé con un grupo de hombres bien trajeados y en sus solapas prendidas unas insignias; al pasar junto a mí dejaron el rastro del aroma a jabón, ése que a primera hora del día huele más y mejor.
La plaza de San francisco estaba terminada, solitaria y muda; se me asemejó a un faraón bien plantado esperando la bulla de los cirios.

Regresé por callejas que iban despertando a un rosario de voces alegres en busca de esos segundos que se convierten en siglos, instantes inolvidables que vivirían a lo largo de ese día en que la ciudad entra en otra dimensión que aunque la fe no te arrastre, te seduce el buen hacer  de aquellos que sellan sus tradiciones. Un repique de tacones dibujó una sonrisa en mi rostro  mientras me tomaba un chocolate con churros a la vera de mi puente de los recuerdos, del puente de Triana.

lunes, abril 14, 2014

ENTRE LA ALAMEDA Y "EL SEÑOR"

Me he sentado a destripar las horas que a veces son losas y otras un suspiro. Pedaleando sobre la red tejida en la amistad que un día nace por “pura chiripa” y luego se convierte en hermandad. Tiendes puentes a los recuerdos tostados al sol entre susurros y confidencias, y hablando con la lengua de las emociones. No hay edades en esos momentos y sí entendimiento y respeto. Y es que “El Señor” hace grande a esta gente de humilde condición y enorme corazón.
Entonces te haces una pregunta a los sentidos, una respuesta al cariño, a esos amores que, por incompresibles nacen, y un día decides dejarte llevar por ellos bebiendo hasta la última gota de su vida.

Y el capítulo se cierra en una Alameda, al cobijo de la sombra y delante de un gin-tonic escuchando los primeros repiques de una banda con sentido y alma que avanza al lado de su “cruz de guía” de una semana grande que no es la mía y que, sin embargo, la siento como tal. Pero llega la hora del abandono que no del olvido y, sin mirar atrás, pisando adoquines de lustros y larga historia, vuelo a mis otros destinos sin girar ni una sola vez la cabeza  no fuera a ser que las lágrimas busconas encuentren su camino. Y según vuelo, alondras de azahar, los resquicios de un tiempo, me dicen ¡Hasta luego! Porque de sobra saben que llegarán otras primaveras y yo estaré para verlas nacer de nuevo.

jueves, abril 10, 2014

JUEGO LIMPIO

Entiendo de futbol como de gallinas embarazadas; nada es…nada. Sin embargo, gracias a uno de mis hijos que lleva el futbol en la sangre: desde pequeño jugando en el equipo del colegio y, por ejemplo, el día de su primera comunión, quería ir con el traje de su equipo, el Atlético de Madrid…, pues me ha aficionado y los partidos importantes así como cuando juega el Sevilla o el Valladolid, suelo estar atenta aunque no sepa qué es un córner o el porqué de pitar algunas faltas.
Después de la noche memorable de ayer, en casa estábamos todos de los nervios y, pasada la borrachera del triunfo, me ha dado por rebobinar en esta afición atlética que, a pesar de los pedruscos que siempre se ha encontrado por el camino, han seguido al lado de su equipo confiando en él ¡Chapeau por ellos!

Pero lo que esta mañana me ha gustado de veras ha sido ver un video en el que, al final del partido, la afición catalana aplaudía de verdad al ganador… No sé, me ha dado un subidón de estima por el ser humano que, a veces, es capaz de ser personas íntegras… ¡Chapeau por esa afición azulgrana!

miércoles, abril 09, 2014

DE VALLADOLID A SEVILLA


A veces escribir es poner en orden tus esclavitudes, hablar para uno mismo aunque desees ser escuchado, pero las inquietudes de uno no siempre son las de otros, de ahí el abanico de posibilidades para conectar con el mundo exterior.
Dicen que ser buena gente no es cuestión de fechas sino un largo y arduo recorrido a lo largo del tiempo, es cierto, pero también las escusas son buenas para esforzarte, como por ejemplo en navidad, la gente es más sensible a estrechar lazos y ser más solidario, ¿por qué no? Pues así pienso con las raíces religiosas que has de mantenerlas, luchar contra esos gusanos de fuego que a veces te corroen y, sin embargo, mirar a tu Dios de frente a pesar de tus dudas y reniegos que sientas por Él muchas veces. Pero cuando el calendario católico llama a tu puerta es buena excusa, también, para que te acerques y ahondes en esas raíces que te han acompañado toda tu vida.
Ahora hablaré sólo para mí porque casi ninguno me seguiréis en estas idas y venidas mías; da igual, lo comparto con vosotros.
Para mí, no me preguntéis el porqué, la Semana Santa dura dos meses: el mes de cuaresma, la Semana Santa en sí y tres semanas después. No soy ni de las que van el miércoles de ceniza a la iglesia, ni que los viernes la carne se aleje de mi boca. Sin embargo, es una sensación interna muy especial: como si día a día me fuera acercando a ese mi Dios, suavemente, como si le mirara a sus ojos y me columpiara dentro de ellos mientras limpio mis desperfectos. Siento el aroma del incienso como va lavando mis miedos, las incredulidades del día a día mientras rezo en el silencio de cualquier iglesia que me invita a entrar.
El colofón es un camino intermedio entre el regocijo sevillano y la austeridad castellana. En ambos me paseo y lo disfruto plenamente. No concibo una Semana Santa si la bulla de mi Sevilla ni el silencio que adorna mis calles vallisoletanas; tan opuestos y tan míos.
Adoro llegar en estas fechas a Sevilla y perderme entre su gente, sus Vírgenes y sus Cristos; me llega al alma  esas tradiciones tan suyas y tan vividas. Cómo miran, con embeleso, al Señor de Sevilla, a su Esperanza más grande, que alegría más enorme ver la primera cruz de guía poner sus pasos en la calle… Pero también quiero esas noches de frío y silencio a toque de corneta y tambor ver salir a la Dolorosa y recorrer sus cuatro esquinas en busca de su Hijo yacente y ese rítmico bamboleo del paso aprendido de los costaleros andaluces…

Después, me quedan tres semanas que me pierdo en los vídeos de TeleSevilla con locutores que poseen el gracejo, la experiencia y el amor en sus palabras; me van desgranando el acontecer de sus tradiciones centenarias… Y luego llega mayo, junio, julio, todos los meses restantes del año, y yo llevo dentro, muy dentro, esa fe que no se puede explicar.

sábado, marzo 29, 2014

TRIGALES DE HORMIGÓN

Una forma de entrar en tierras castellanas es llegar a ellas en tren desde la capital del reino. Con ojos despiertos, avispados en diseccionar sensaciones, y mirad a través del ventanal cómo el paisaje se funde desde Ávila hasta Valladolid… Les aseguro que podrán ver la puesta de un sol macizo en sus enseres, tan espectacular  como las inmensas tierras y sus pueblecillos perdidos en la planicie.
También, podría empezar diciendo a los lectores que a mí me gusta mi tierra en cualquier versión… Y, lo tremendo, es que es la verdad, hasta cuando el calor achica las ideas y has de remojarlas en la ribera del Pisuerga,   un río, a veces,  demasiado sucio y contaminado por la mano oscura de la ambición y la desidia.
El otoño es dorado por estos pagos de Dios, las choperas se desnudan al sol que se enmudece y cubren el suelo de oro y grana. El pino mira impertérrito el tintinear de la hoja caduca; al pinar le da igual, bastante tiene él con no dejarse desforestar.
El invierno es crudo, la humedad del río se mete en el alma, pero crea una atmósfera encantada donde la niebla recrea  la imaginación de los lugareños.
La primavera en la viña es hermosa como los cerezos en flor decorando alguna parte de una inhóspita autovía… Y, aquí viene la cruda y triste realidad porque, quizá, por el amor a esta tierra recia, hosca en el gracejo y cuyo silencio es digno de escuchar por austero e inexorable, me duele su paisaje trepado por la fiebre urbanitas. No hacen pueblos de casas con tejados a doble vertiente y teja clara. Calles de ventanas floridas y campanario para un cigüeñal; no, son setas pareadas o rascacielos en la nada, en mi estepa castellana… A vista de pájaro torcaz, es un suicidio con nombre de ladrillo y aroma a dinero, ¡Si no hay gente para morar tanta seta pareada!… Lástima tener que decir que los alrededores de Valladolid ya no son campos extensos donde recrear los sentidos, sino masas ingentes de hormigón prensado, colmenas hacinadas donde, supuestamente, vivirán personas. Trigales suplantados por edificios donde se les olvidó plantar el frescor del verde,  y es el asfalto quien decora esas cárceles humanas; vamos, que no hace falta ir a la costa para ver crímenes urbanísticos.
Hay cosas que se me escapan al entendimiento: Acaso, ¿está reñida la belleza con la construcción?, ¿es necesario masacrar la tierra aledaña a la gran ciudad de esa forma tan ausente de estética  y respeto al medio natural?
Temo las modas por torpes, incultas y olvidadizas. Por asesinas del espacio sin pudor… Y, así se crean superficies anodinas, sin rastro de un sello de identidad que las distingan del norte o del sur.
Me piden que hable de mi tierra y he de cerrar los ojos para sumergirme en ella…, porque cada vez es menos ella y más la otra, donde no hay siembra ni llanuras para perder la vista en ellas. Ni siquiera el aroma a pueblo, a pueblo de verdad en aquellos eneros de matanza y huevo frito… Y me pregunto, ¿Ustedes creen que esto es el progreso? Señores míos, mientras el alma y la mente no estén al abrigo  de una naturaleza sana que alimente el quehacer diario, que alivie los sentidos en belleza, me temo que el hombre estará abocado, sin remedio, al ocaso.

 
El tiempo corre, galopa por la vega y no perdona al torso, talle, sustancia y materia de esta tierra llamada Castilla.
Pero, a pesar de eso, la amo por ser mi raíz de vida, por dejarme olvidar el ruido de la gran ciudad por las calles estrechas y tortuosas de Simancas. Edificios blasonados, diminutos balcones poblados de geranios  mirando a la vega de un río constante mientras pienso que “nuestras vidas son los ríos / que van a dar en la mar…”

jueves, marzo 27, 2014

GAVIOTA

¿Qué sería de nosotros si no tuviéramos  sueños?
Cada día, al despertar, perfilo mi álbum de anhelos fundidos en la almohada, y sonrío al comprobar que permanecen mullidos en mi corazón, y serán ellos los que me ayuden a encarar un hoy que, tal vez, sea lluvioso.

Son mis quimeras nocturnas las que tejen los gestos que he de depurar si aún quiero enroscarme en una estrella y dar luz a mis manos para entregarte, después, mi utopía cosida a las alas de una gaviota para que vueles… conmigo.

Tiemblo emocionada al comprobar que la vida en sí no es un fin, ni siquiera un destino, sino un viaje donde se vive cada instante, una estela dibujada con mis obras en el horizonte para que tú, con ojos de mil colores la vivas conmigo.

¿Qué sería de nosotros si no tuviéramos  sueños?
No sería yo, no sería nada y, por tanto, no podría compartir contigo la luz de mis fantasías.
… Porque soñar es dar vida al vuelo y al canto de esa  gaviota que duerme dentro de nosotros.

martes, marzo 25, 2014

UN DÍA DE MARZO

Tengo las imágenes tan enraizadas que aunque quiera poner música en mis ojos es imposible…
Era un sábado normal como tantos otros en la capital de España: gente paseando, personas de compras y multitud manifestándose en Colón. Un escenario pluralista para manifestar inquietudes,  reclamar  estado del bienestar para todos, desacuerdos, injusticias, malestares; todos allí tenían sus motivos. Lógicamente lo que más imperaban eran  los sufridores de las circunstancias actuales, los verdaderos paganos de la crisis. Muchas veces pienso desde el cómodo sillón de mi casa que mientras a  mí, no me falta de nada, a otros les están robando hasta la dignidad, pero eso sí, desde mi personal claustro materno al que no me llega a rozar ninguna injusticia, ni sobresalto ni carestía. Así es fácil hablar, ¿verdad? Tenéis razón, soy una mera espectadora que no sale a la calle a apoyar a nadie y aún me permito el lujo de hablar.
Sin embargo no puedo callarme, tengo que ordenar estas sensaciones malhumoradas y encaradas. Poner razón a los pensamientos después del estupor. A estas horas todos tendríamos que estar hablando de esa manifestación del sábado o los que salieron el domingo a gritar “un sí” a la vida. Pero, por el contario, hablamos únicamente  de lo que pasó después de las ocho de la tarde del sábado.
Mal, muy mal se ha tenido que hacer para que un grupo de radicales (estos siempre han existido) con una virulencia nunca vista emprendieran a pedradas el salvajismo de un animal.
Esa imagen de un policía en el suelo, que le reventaron la boca dejándole hasta sin dientes. El rencor corría en forma de piedras por el aire hasta estallar sobre los agentes del orden acorralados… ¿Tan poco les hemos dado a esos anti sistema para comportarse como locos poseídos del mal? No me cabe en la cabeza por más vueltas que dé a la noria de los hechos.
¿Qué sociedad estamos construyendo? ¿Qué diálogo hay? ¿Qué normas básicas de educación estamos transmitiendo, enseñando a los jóvenes?  ¿Qué valores tan pobres poseemos para que las piedras se conviertan en el centro de una victoria tal cruel?
De verdad, estoy asustada, abrumada y tú, yo, todos, somos responsables. O no hay simiente o lo que invertimos fue tan malo que tenemos ahora esta cosecha.

Un día de marzo en el que hay que pararse y cada uno entonar “su mea culpa” particular, buscar los motivos y atajarlo. Lo que sucedió esa tarde de un marzo cualquiera puede ser la punta del iceberg.

domingo, marzo 23, 2014

SONRISA, RISA Y CARCAJADA

Hay muchos motivos para reírse en la vida aunque nosotros no los veamos o ni siquiera los presintamos; seguro que están detrás de la cosa más absurda. Y es que practicar ese deporte no sólo es sano sino que, además, cuando lo ejercitas, sientes como el corazón sale volando como una paloma y que la mente obturada se esponja.
Algunos porque tienen el carácter ennegrecido, otros por las malas rachas que les regalan las vivencias, otros porque están temporalmente, sin venir a cuento, en un pozo sin fondo que no les permite ver la luz…, el caso es no reír y ni siquiera sonreír.
Yo siempre fui una persona muy risueña hasta que un día por motivos laborales dejé de hacerlo, pero un amanecer de esos que se ponen negros como el tizón vino a salvarme Lola, una mujer que estaba dentro de mí y que casi se ahoga por ser tan discreta hasta que ese amanecer me dijo alto y claro “Yo antes muerta que muda” y, de pronto, comencé a reírme de mí misma, de las cosas que me pasan. Claro, ella nació en la realidad y fue creciendo poco a poco en la ficción; cuando estoy triste o cuando tengo un motivo, abro Word y la dejo que corretee a sus anchas, que se ponga en ridículo, que diga las mayores sandeces ¡Qué más da!, ella es buena gente que lo único que hace es defenderse de los que tratan de aplastarla. A algunos esta mujer les hará gracia,  otros la ignorarán, pero para mí es el salvoconducto para subsistir muchas veces.
Hacer llorar es muy, pero muy fácil, pero hacer reír es muy difícil, no todo el mundo tiene el don de hacer gracia, de poseer la chispa de la vida que ilumine a los demás cuando les escuchan. Y todo esto viene a cuento porque ayer, para un día que me pinto la pestaña, voy al cine y desde el minuto uno comencé a llorar, llorar a carcajadas hasta el último segundo. Tuve un ángel de la guarda llamada Yolanda que me dijo “Vete y ríete con ganas”… Cuando salíamos del cine parecía como si todos nos conociéramos aunque jamás hubiéramos pegado la hebra; nos mirábamos y nos reíamos, ¿es o no es maravilloso?
El que tenga dinero que vaya a verla, el que esté justo de pelas que vaya el día del espectador, el que no tenga ni un triste euro que busque a un amigo y que le invite, el benefactor se lo agradecerá. “Ocho apellidos vascos” bien merece una carcajada.

Sonrisas, risas y carcajadas, ensanchan nuestro horizonte más próximo.
PD Además, como telón de fondo, sale mi Sevilla luciendo palmito como ninguna y un perfil de Triana que según la miras huele a naranjo...Y la costa vasca, ¡qué acantilados!

miércoles, marzo 19, 2014

GATO

La mañana amaneció suave, el viento dormido y de los colores que presagian que en dos días estaría la primavera en su equinoccio.
El camino era una serpentina zambulléndose árboles desgarbados, altos para tocar con sus yemas un cielo tan azul como tenue. Árboles deshilachados cuyas ramas crecían sin rumbo y que, sin duda, en un futuro próximo crearían un túnel verdoso sobre aquel camino que guardaba un bello secreto.
Todas estirábamos los cuerpos girando nuestras cabezas entre el estupor por el encanto de ese lugar, y las ganas de que aquel sol tierno calentara los huesos después de un invierno crudo y lluvioso. Cada una deambulaba entorno a aquel paraje tan singular gozando del prodigio que a veces el ser humano crea con sus manos, pero lo que yo no sabía es que un ser diminuto del color de la leche y del color de la noche cerrada iba a expandir mis ojos ante la educación de sus gestos, no enseñada por nadie, simplemente guiado por su instinto animal.

Cerca de donde estábamos charlando un grupo de mujeres, de alegres maneras y voces que más bien eran cascabeles, se acercó un gato sin prisa, sin miedo a nuestras sombras. No estaba gordo, era feo, de cuerpo alargado, de piel brillante en blanco y negro, cabeza diminuta y ojos verdes achinados; después de merodear un rato, sin pudor se puso a hacer sus necesidades en la misma postura que lo puede hacer cualquier perro. Al terminar, con una delicadeza gatuna y asombrosa, primero con una pata, después alternó con la otra, fue tapando sus desperdicios con tal armonía, con tanto cuidado, que el grupo de aquellas mujeres no pudo mirar a otro lado, sólo observar a aquel animalillo de modales tan cuidados. Al terminar su faena, se estiró con pereza, con la satisfacción del deber cumplido para después, sin prisa, poner en movimiento su cuerpo con graciosa majestad a pesar de la fealdad de su figura; al llegar a ese sol que calienta sin quemar se tumbó a tostar su piel. Cerró los ojos y un airecillo tan suave y mágico como ese paraje hizo que despertaran aquel grupo de mujeres en un día de ociosa alegría que cualquier cosa, gesto, por insignificante que sea, es un motivo para sonreír a la vida.
PD El lugar del que os hablo es El coto de San Bernardo... Si pincháis sobre el nombre os llevará al enlace.

viernes, marzo 14, 2014

ELLOS, ELLAS...

A veces creo que no puedo dejar de pensar en ellas, en ellos, incluso que es beneficioso que lo haga para olvidarme de mí. Es una sensación rara cuando entro en su jardín; es como si me estuvieran pidiendo volver a vivir en palabras ajenas para que no se les olviden que aún existen, que, a pesar de ser juguetes rotos, viven todavía, que necesitan más que nunca calor en sus corazones para que sigan latiendo. Ellas, ellos, nunca pidieron terminar sus días así y, sin embargo, ahí están.
Cada vez que voy y digo en voz alta y sonora para que todos me oigan bien ¡Hola chicos, chicas!, levantan sus cabezas perdidas y sus ojillos de ratones asustados se encienden; juro que se iluminan. No os cuento ya si atusas sus campos arados, una simple caricia basta para que cierren sus párpados y sientan que el amor, de alguna manera imprevisible, ha llegado a su olvido.
Donde están refugiados hay un jardín; no es grande ni pequeño, pero posee el misterioso encanto de un ángel: silencioso, un remanso de paz, sombreado por pequeños arbolillos que dejan pasar la luz que calienta sus huesos. Repleto de caminillos para andar sin rumbo, unos bancos para reposar el cansancio y, en medio, una fuentecilla rodeada de flores. El agua cae en cascada chapoteando con sus aguas en la vida de estos ancianos que me desgastan emocionalmente y que, sin embargo dan tanto sentido a mis visitas rutinarias.
Entre estas almas y estos cuerpos que regresan a una niñez sin retorno está mi madre y ella me hace recordar a todos los padres y madres de los que aún tenemos la fortuna de tenerlos entre nosotros; ahora, a nosotros nos toca dar un paso al frente por ellos como cuando nosotros éramos niños y ellos, ellas, cuidaban nuestras vidas infantiles, adolescentes y maduras porque ellos, ellas, nunca han dejado de preocuparse de sus hijos.

…En la madre de Pilar, tan dolorido su cuerpo pero que aún es capaz de sujetarse a sus tres niños. El padre de Pachus, cada vez más adentrado en un camino que no recuerda. La madre de Moncho con miedo al silencio y a los fantasmas que arrebatan sus esperanzas. A Felisa que no acaba de despegar a un cielo que la espera lleno del amor de su esposo e hija… Tantos, y tantos casos, todos distintos aunque todos iguales… Tanta tristeza me dan y, que apesar de ello, me regalan la incombustible sensación de que soy necesaria aunque sea sólo con una sonrisa y una palabra.

miércoles, marzo 12, 2014

UNO DE LOS NUESTROS

¿Cuántas veces habremos dicho “si Fulanito levantara la cabeza, volvería inmediatamente a morir al ver la realidad actual”? Y anoche fue uno de esos días que mientras mi amigo me desguazaba sus horas, yo no hacía más que repetirme esa frase tan manida. Las lágrimas se aunaron para deshacer el dolor que nos producía a ambos esa realidad que, a veces, es tan dura de digerir…
Los días de mi amigo se convierten a veces en un zafarrancho de combate hasta que el último disparo desploma su vitalidad pulverizada entre el humo del caos; tantas cosas ha de digerir al cavo del día que está perdido en sus horas más amargas.
Ha tenido que aprender tanto en estos últimos años que ya hay verdades que le resbalan aunque por mucho que lo pretenda duelen tanto que dejan muescas en su rictus eternamente risueño.
Nosotros, sus amigos, le cuidamos, le mimamos mucho, pero eso no es suficiente; él ha de aprender a caminar solo, a encajar los golpes que le traen sus futuros más inmediatos y, aunque anoche mientras le miraba tratando de disipar la cortina de agua que me cegaba, no podía alejar de mi pensamiento esa frase tan usada.
Con mi corazón acaricié su rostro de niño aunque las canas peinen sus entretelas más íntimas. Con manos de madre quise evitar sus duelos, pero en su rostro veía la incredulidad de esa realidad que a veces mata las esperanzas. Su mirada limpia y clara a pesar de los años que calza, ensalzaban mis zozobras, el temor a más sufrimientos en su triste figura de niño bien, atractivo y jovial.
Volví a casa con los ojos aupados al cielo, clamando justicia, y es que cuando a uno de los nuestros les pasa algo es como si nos pasara a nosotros; la fuerza del cariño hace que seamos uno solo.

¿Cuántas veces habremos dicho “si Fulanito levantara la cabeza, volvería inmediatamente a morir al ver la realidad actual”? La vida sigue y aunque muchas veces la esperanza se marchite, la fe mueve montañas deseando que uno de los nuestros no sucumba a la puta realidad, y que ese ángel que tenemos colgado de nuestras pestañas no permita más dolor.

martes, marzo 11, 2014

DIEZ AÑOS

Escribir es una forma de avanzar para los que intentamos dar sentido a las palabras. Te ayuda a conocerte, a dar sentido a muchas circunstancias que te rodean y no has logrado entenderlas hasta que las ves en una pantalla, en un papel. Te induce a reflexionar, a dar vida a los sentimientos que pululan dentro de ti para ubicarlos, al final, en el lugar que les corresponde.
Es curioso, aquel once de marzo del dos mil cuatro lo primero que recuerdo es que amaneció un día luminoso y que a partir de las ocho de la mañana mis sentimientos fueron a la deriva: incredulidad, curiosidad, miedo, frialdad… Me quedé paralizada sin poder sentir nada y pegada a la radio, a la televisión, mirando las imágenes sin pestañear teniendo la sensación de que yo estaba muy lejos de allí en realidad…, así hasta que me fui a la cama por la noche.
El segundo recuerdo es de orgullo humano, patrio si me apuráis, todo envuelto en lluvia y del color de la ceniza; sensación de cristales rotos, hechos añicos y pegados con amor, cariño, altruismo por cada español de bien. Y el tercer recuerdo, el más duro para mí, la sensación más descarnada y, que después de diez años, esa sensación amarga que invade todos mis sentidos…, esa la lucha titánica de los políticos por dividir a la población, manejar aquella tragedia en beneficio propio.

Aquel once de marzo afloró lo mucho que tiene de bueno el pueblo español, pero también ese enconamiento de algunos a manejar los hilos, las vidas de gente corriente, gente anónima que, en resumidas cuentas, es la esencia de una nación, la riqueza de una tierra llamada España.
Recuerdo el día que
te fuiste una mañana de invierno
subiste en ese tren
e hicieron de mi vida un infierno
y los besos que entregué
te los llevaste demasiado lejos
Y me despierto en un vagón
ya me he pasado de estación
no me preguntes qué hago aquí
en las entrañas de Madrid
puede que exista una razón
que me robara el corazón, el corazón
Mil noches y una más
tratando de escapar de un mal sueño
oyendo en soledad
el llanto de los ecos eternos
¿Cuánto tiempo ha de pasar
para sentir que ya no estás viviendo?
Y me despierto en un vagón
ya me he pasado de estación
no me preguntes qué hago aquí
en las entrañas de Madrid
en las entrañas de Madrid." Luz Casal"

viernes, marzo 07, 2014

SIEMPRE SEVILLA

Hoy se me antoja una tarde de finales de invierno. El cielo es celeste, como si a Dios se le hubiera derramado toda una lata de pintura azul; ha perdido el sombrío de las últimas semanas. El sol se posa meloso sobre las cumbres, acaricia los campos y la tierra encharcada; incluso algunos pedazos de terreno verberan espoleando a la simiente a que no se esconda más.
El aire retoza fresco, pero carece del frio de la nieve, el esqueleto de los árboles se menean perezosos anidando en su techumbre los primeros brotes.
Los naranjos están preparados para su azahar y, hoy, al tropezar uno de mis pies con su fruto, me he agachado a recogerlo y lo he llevado hasta mi nariz; he cerrado los ojos y su aroma ha cubierto mi espíritu de su olor inconfundible.
Por las calles ya se intuye el ánimo de la cuaresma, en las pastelerías exhiben apetitosas torrijas, y las puertas de las iglesias animan a los paseantes a que entres y recojas tu corazón unos instantes.
Mi Esperanza ya está aliñada de hebrea y en las esquinas llegas a envolverte de incienso.
José Javier me ha subido a una azotea desde donde podía divisar los tejadillos adormilados, la Giralda imperiosa y, en la lontananza, la serenidad gloriosa de Triana.

Nos hemos tomado unas cervezas mientras saboreábamos de una amistad limpia y cómplice. Edurne nos miraba con sus ojos tan dulces como preñados de tristeza por su pérdida irreparable; mentalmente he acariciado ese corazón tan puro que posee… Y, mientras las horas pasaban, he vuelto a respirar la Sevilla que me embelesa, esa Sevilla paciente, tranquila, tan suya, tan llena de bulla.

jueves, marzo 06, 2014

NUESTRA MEMORIA HISTÓRICA MÁS PERSONAL

Arrasar la memoria no es conveniente; es una locura de incautos o descerebrados.
Si olvidamos, ¿cómo vamos a saber de dónde venimos y quiénes somos? Sin embargo, hay que saber gestionar esas evocaciones nuestras, despoblar de hierbajos y observar el trigo con mirada clara y limpia, porque si dejamos que las malas hierbas permanezcan en nuestro particular libro de horas, nos impedirán discernir que, por ejemplo, los malos tiempos dejaron un poso de sabiduría e, incluso, nos hicieron más fuertes para encarar las adversidades, para saber actuar en un futuro, para valorar los logros del mañana, para saberse levantar en la caída perpetua en la que estamos condenados los seres humanos; quedarse con el poso amargo nos induce desesperadamente al rencor y a la amargura; no es conveniente recordar con la vista turbia y, sí, con la sonrisa para podernos reír de nosotros mismos, para darnos cuenta que no somos el centro de nada, ni siquiera el ombligo de la mala suerte porque siempre habrá quien nos supere.

La actitud ante la memoria, ese jardín que debemos cuidar día a día para que florezca la savia nueva, libre de clichés fatuos, ha de ser luminosa para, cuando nos refugiemos en ella, encontremos un motivo para dar las gracias, levantarnos y seguir caminando con la cabeza alta porque sabremos quienes somos, de dónde venimos y a dónde queremos llegar.

lunes, marzo 03, 2014

GENTE CORRIENTE

Tengo la costumbre de enredarme entre las hojas de las revistas; disfruto de la sensación en que voy a encontrar un tesoro. Siempre hallo unos ojos, una sonrisa, unas manos, siempre algo que enciende la chispa de la imaginación. Las abro, las extiendo por el suelo, echo mano de las tijeras, de papel y bolígrafo y comienzo a investigar…
Y lo más llamativo de todas las revistas, sean de la índole que sean, es que todas tienen algo en común: un pequeño espacio con alma humana. Sí, me refiero a plumas anónimas que expresan el latir de las calles, lo que de verdad pasa por el mundo, lo que les inquieta, lo que les asusta, aquello que les encoge el corazón. Ninguno de ellos son banqueros, ni políticos, ni artistas, ni cantantes…, son simplemente gente corriente con un corazón que late a ritmo del día a día, con una mente que desarrolla ideas, piensa y hacen, al fin de cuentas, que esas revistas o semanales tengan gratuitamente la verdadera esencia de la vida, la voz de la calle con una letra desconocida.

…Cuando termino mis tardes con multitud de recortes, los guardo en una caja y, en verano, al frescor del agua y mientras el sol me aplana la sesera, saco esos tesoros recolectados en tardes de invierno y encuentro verdaderas joyas literarias que, en menos de quinientas palabras te hacen la radiografía de un tiempo, un momento, un instante…, todas hechas por gente corriente pero muy valiosa.

miércoles, febrero 26, 2014

ENTRE DOS AGUAS

Hay ciertas cosas en la vida que tardan en olvidarse aunque el tiempo cicatrice heridas e imágenes dolorosas. Luego este mismo te hará sentirlas, mirarlas, desde otra perspectiva, y el consuelo te limara sensaciones, se inventará resortes para que las huellas no duelan tanto.
Pero hoy me refiero a imágenes, sensaciones que, en vez de dolerte, te hacen pensar, navegar por sentimientos que hasta ahora no te habías parado a descifrar; ni duelen, no te intimidan, pero tampoco te afloran una alegría. Es como si la frialdad, el escepticismo, te hieran mirarlas de frente…
Cada año que voy, encuentro a aquel lugar más recoleto, como si fuera poco a poco perteneciendo a él; tal vez porque ella esté allí me hace sentir de esa manera.
El otro día el viento crujía meneando a unos débiles árboles recién nacidos. Dos rosales permanecían en su esqueleto esperando la primavera como si en ese lugar de cenizas también existieran las cuatro estaciones. La lluvia permanecía solapada en alguna esquina aunque muchos de sus pétalos rozaran mi rostro ayudándome a refrescar aquellos pensamientos que pululaban sin cesar por mi cabeza mientras presentía el eco pálido de voces desgarradas; es cuando pensé que allí no me gustaría pernoctar, ni siquiera pasar las horas de luz. Mis cenizas deberían volar libres por ese sur que me despierta tanto quereres. Tal vez posarme en la hoja de un olivo, o derivar en el cauce del Guadalquivir que va a la mar que tanta luz me devuelve y mi ser se quedara encallado en una ola… Porque la muerte iguala a los hombres lo que en vida les separa; este pensamiento me consoló porque sé que ahí sí existe la justicia, porque desaparece la vanidad.

Cada año que voy a ver a mi amiga, salgo de allí con una lección aprendida, como si yo navegara entre dos aguas y me hiciera sopesar mis conductas pasadas, como si el valor de la existencia fuera tan grande que malgastar los días en quimeras sería como quemar el fuego que nos hace sentir que estamos aún vivos.

martes, febrero 25, 2014

CUANDO LA LUZ SE APAGA

… Y la oscuridad la invade. Cuando el pánico acecha y el miedo irrumpe en su cuerpo, entorna los ojos para esconder sus secretos bajo los párpados. Entonces, la mente rebusca sus mecanismos de defensa hasta encontrar el paraíso donde restaurar los daños colaterales de ese temor, de ese horror que la deja sin respuesta a la vida…
Entre cirios y volantes, salmorejo, gambas y jamón, bajo un cielo pintado de azul, el sol cubre su cuerpo dulcemente. No quema, sólo acaricia y, mientras este sol tuesta al ánimo, el murmullo del mar, el aroma a sal y algas, van templando las lágrimas que se han escapado del desasosiego y de la fobia.
Poco a poco, lentamente, va regresando a la vida. Está desfallecida, pero una tenue y liviana sonrisa se escapa de su boca; lo malo ya ha pasado y ha vuelto a vencer.

Se incorpora, se lava la cara y sale al mundo vestida del resplandor de la luz en la marisma invernal.

jueves, febrero 20, 2014

55

Hace tres años  que una madre llora su pena, llora sus ausencias, su vacío; es inconsolable.
Mientras mira una foto, las lágrimas penitentes ruedan hacia la nada. Sus ojos cada vez más chiquitos, más rojos de tanto dolor.
Nada puedes decir para que el consuelo llegue a su corazón roto, tan sólo escuchar sus torpes palabras que salen a borbotones por tantas causas perdidas que, mientras habla,, la ternura surgen en tus manos para acariciar ese cuerpo encogido.
Es cierto, todos la miman, la cuidan, pero a ella le falta algo que no encuentra por más que ruegue a Dios que se lo devuelva.
Es una madre que no supera que se le arrebatara de su regazo a esa hija, tan buena, tan paciente, tan comprensiva, tan llena de vida… Y es que para una madre, ¿cómo va a comprender, a entender que una hija se vaya antes que ella a la que la cuelgan tantos años de su árbol seco que nada hace ya en estos mundos? Pero su niña se fue, se fue sin hacer ruido, sin molestar, tal como ella era y, aunque su llama la mantengamos viva, presente cada día de nuestras vidas, la madre no la puede tocar, no la puede ver, ni siquiera llamar para hablar con ella…
Hoy veinte de febrero su hija cumpliría cincuenta y cinco inviernos, ese ángel de su jardín. La besaría como cada día, tal vez comerían juntas, quién sabe, pero lo que sí sabemos es que esa madre tendría a su hija.

Por el contrario, hoy  un veinte de febrero cualquiera sólo nos queda el consuelo de ir a ver a nuestro ángel a una tumba fría y gris, ponerla unas flores, cantarla el cumpleaños feliz, incluso contarla el pan nuestro de cada día de los trescientos sesenta y cinco días pasados sin ella,, decirla que la queremos, que la querremos siempre… Pero esa madre, a esa madre eso no la consolará nunca.

lunes, febrero 03, 2014

TRAZOS DE PLATA CON VIDA EN SU INTERIOR

Abrí el semanal por una hoja cualquiera y allí estaba la imagen esperándome para que, de alguna manera y forma, la diera vida. Me dejó impresionada la belleza del instante en que el fotógrafo disparó y capturó aquel momento tan íntimo  de dos desconocidos…
El encuadre es perfecto: a ambas esquinas dos árboles pelados; sus ramas claman al cielo tan vacías que hieren el alma. Sin embargo, hay un arbolillo famélico conservando, a pesar de la tempestad, unas hojas que se me antojan que guardan un eco del verde que fue… El suelo está barnizado de blanco, nieve, y decorado por unas pisadas, no más…El horizonte no existe en la imagen porque una espesa cortina gris tapa cualquier esperanza de visibilidad, sin embargo, por encima de la dudosa elegancia de la melancolía que transmite, emerge fulgurante el arco iris de la vida: justo en el centro se halla un humilde banco de plástico de un verde intenso y, sentaos, una pareja. Él rodea con su brazo los hombros de la mujer cuya cabeza también está regada de luces de colores; un gorro con un enorme pompón rojo.
Ellos miran hacia el horizonte catapultado por la niebla; debe hacer frío, mucho, incluso ser vidas áridas, descarnadas y crueles la de los dos personajes anónimos y, sin embargo, he presentido su calor, su determinación a seguir esperando que cambien aquel paisaje tan invernal como descorazonador.

Cerré la revista, no deseaba leer, mis ojos estaban llenos de la historia que me acababa de narrar un fotógrafo sin una sola letra. Apagué el flexo y me dormí; está noche he soñado que esa pareja ha sobrevivido al temporal.

PD. No he podido reproducir la foto porque no la he encontrado en Internet; la autora es Yalda Moaiery y sale en el semanal del País del 2/2/14

jueves, enero 30, 2014

PAISAJES CIEGOS

Hoy he despertado  con las lluvias que arrecian tras los cristales y no he podido reprimir el cerrar los ojos y verlo, y sentir su balanceo…
Hay paisajes que no hacen falta verlos, los sientes, escuchas su aliento en lo más íntimo sin que el sentido de la vista olfatee su horizonte.
Paisajes que con sólo oír su silbido sientes cómo se engrandece tu ánimo achicado por las tormentas cotidianas; sólo has de sentarte al borde de ti mismo. No necesitas abrir los ojos, él mismo te transporta a los confines más catapultados de tu persona. No te inquietes, hay sensaciones que no necesitan ser vistas, tan sólo palparlas con la sensibilidad de tu espíritu. Paisajes ciegos tan llenos de luz y color que no requieren imprimirlos en las retinas, sólo dejarte transportar por ellos.
Paisajes ciegos que siempre te esperan, no importa el tiempo que pase porque  cuando vuelvas a ellos, te estarán esperando, son los mismos que dejaste atrás en un tiempo que fue, niñez, adolescencia, juventud, hace dos meses, ayer…
Cada uno tenemos nuestros paisajes a donde evadirnos cuando la tempestad arrecia o simplemente el ánimo te lo pide.
Hoy he despertado con las lluvias que arrecian en un amanecer aún sin luz, y no he podido contener la salazón por cerrar los ojos y ver esa mar que no hace falta mirarla porque de tanto mirarla la llevo dentro, huelo su salitre, algas y pescado, siento su espuma  en las manos, el cosquilleo del agua en las piernas. Mar de pestañas oscuras y acicaladas curvas, bañada de soles  e increpada por un océano de gaviotas…

Sí, cada uno de nosotros tenemos nuestra campiña, horizonte donde escondernos para encontrar "el otro yo", que es nuestro, nadie nos lo puede quitar y, allí, en ese paisaje tan personal e íntimo, es donde encontramos el equilibrio y la paz para afrontar nuestros desafíos diarios.

martes, enero 28, 2014

MÍRALA POR MÍ

Los únicos ruidos que quedaban, en esa madrugada mía en la que deambulaba por las horas buscando el sueño que no aparecía, eran el sigilo del humificador y el tic-tac del reloj que siempre se queda a velar la noche conmigo cuando, de repente, un libro cayó al suelo y de él emergió una de esas fotos que se me antojan fantasmagóricas,  que quitan el aliento y encrespan al susto. ¿Quién había puesto esa foto allí? Pero según me hacía la pregunta encontraba la respuesta; en la primera página firmaba un tal Braulio con la fecha veintiuno de agosto de mil novecientos diecinueve. Entonces recordé que en mi juventud fue cuando empecé a aficionarme a los libros añejos, y fue precisamente el profesor de latín, el bueno de don Fulgencio, quien me lo regaló; una suave sonrisa de agradecimiento acarició el recuerdo de aquel curilla sacado muy bien de una obra de Mihura o Jardiel Poncela.
Volví a mirar la foto, y mira tú por donde, me di cuenta que hacía días que mirar yo miraba, pero que hasta ese instante no había visto nada de nada; tal vez las musarañas me lo habían impedido.

Al día siguiente fui a ver a mi madre y con el afán de entretenerla, saqué del bolso la foto y le dije “Mira”… Ella después de unos segundos me dijo “Hoy, hija, no veo mucho, mírala por mí”… Me quedé cortada, a veces se me olvida que cada vez la luz parpadea más en los ojos de mi madre, pero rápidamente reaccioné y dije “Tranquila, mami, yo veré por ti… Te cuento: es una foto hecha en una hora en que el horizonte ha cerrado sus compuertas y deja al sol fuera de su espacio. Entonces, éste, malhumorado, lanza fuego sobre el mar, que calmoso estaba pero que, al sentir las llamaradas, se lanzó sin aliento sobre la playa y el único árbol que había, por cierto una graciosa palmera, se retorció, la pobrecilla, de dolor… ¿Qué, qué te ha parecido, mamá?” Ella intentó mirarme de alguna manera y terminó contestándome “Pues, hija, qué me va a parecer…, una sucesión de bobadas, una detrás de la otra”… Lanzó un suspiro al vacío y concluyó “Cuánto más mayor eres, más tonterías dices”… Concluida su crítica, destructiva como siempre, no voy a pedir peras a un platanero, ambas nos echamos a reír.

domingo, enero 26, 2014

RECORDANDO

Hoy leyendo las letras que no veía, por eso de leer para no pensar porque mi cabeza, en vez de ser cabeza, era un botijo repleto de migrañas, recordé aquel muchacho de pelo del color de los trigales en tardes revoltosas de verano.  Ojos de mar con briznas acarameladas y mirada pícara. Era un buen chico y yo bebía los vientos por él. Era de esas personas que, al tratarlas, sabías que a su lado todo iría bien, que la maldad no estaba ligada a él y que la juventud podría ser eterna. No reía abiertamente; recuerdo que la sonrisa quedaba colgada a un lado de su boca, pero a pesar de ser como una media luna, era franca con leves tintes de timidez con lo que aún la hacía más irresistible.
Luego, los años giraron nuestros caminos y, cuando le volví a encontrar,  el trigal de su cabello eran cenizas rubias, su mirada opaca y esquiva y,  su sonrisa, una cínica media luna  tan oscura como la noche; aun así me quedé prendada, pero esta vez de la decepción. Ya no era aquel muchacho, la vida le había cosido al bies las aristas de su rostro y su porte estaba preñado de desencanto.

 De nada servía escarbar, el ayer se había llevado todo el hechizo; entonces he cerrado  la memoria del recuerdo y he seguido leyendo sin leer.

viernes, enero 24, 2014

GESTOS

Ahí están. Tú no los aprecias, ni te das cuenta que te están delatando, que hablan por ti.
El rostro, ese espejo del alma con sus ojos turbios o luceros del alba. Boca tensa, entreabierta o girando hacia el cielo. Manos perdidas o extendidas como el ala de una gaviota. Tu columna encorvada y contrahecha, o como los dedos de Dios, esbelta y alargada… Todo en nosotros habla sin necesidad de volcar una sola palabra. Nuestros silencios, losas sobre los otros. Miradas perdidas, ciegas de sentimientos. Miradas tiernas, dos soles de bienvenida. Chasquido de lenguas mudas ante el asco, abatimiento del cuerpo que anda sonámbulo ante tanto peso sin resolver.
Hablamos y hablamos y no dejamos de hablar aunque nuestras bocas no se hayan abierto y nuestra garganta no teclee ninguna cuerda.

Ayer me reprocharon tanto gesto enojoso y no pude contestar. La sonrisa helada en lo alto de una rama pelada. Los ojos tan perdidos en las tinieblas y las manos colgadas en el precipicio del cuerpo que se arrastraba… ¿Qué iba a contestar? Tan sólo el silencio de mis palabras fue serio candidato al oscar a la mayor tristeza.

jueves, enero 23, 2014

EL MUNDO


Aún no despunta la luz, los cristales permanecen empañados; no sé qué pasará por ahí fuera pues todavía no he leído las cabeceras de los periódicos, ni encendido la radio, pero me he pegado la primera carcajada del día con este “Micro” de un compañero de blog.
Después de reírme, me he acordado de mi madre, vestida siempre de gris plata y ceniza. Si la quiero animar, porque su ánimo se levantó gateando por el subsuelo de la vida, no la puedo narrar alegrías; aún la hundo más. Entonces mi memoria comienza a buscar en los archivos de desgracias las más fuertes y tremendas y, si no las tengo del tamaño necesario, soy capaz de inventármelas con tal de escuchar que su voz coge brío y su cabeza abandona las texturas más negras; no es que goce con las desgracias ajenas, pero se siente tan identificada que se la olvidan sus propias amarguras.
Anoche estuve hablando con ella hasta la madrugada y no tuve que rebuscar ninguna desgracia ajena; yo misma aportaba suficientes morteros para que cuando colgué el teléfono la penúltima vez, ella me volviera a llamar para darme ánimos con un tono de voz armónico y juvenil.

Cuando he despertado todavía mis desencuentros de ayer estaban dormidos con lo que no me acordaba de ellos, así que he empezado el nuevo día virgen, con una sonora carcajada que me ha regalado este compañero. Y es que sonreír, ya me lo decía ayer una amiga, es tan necesario como respirar y tú, yo, cualquiera, necesitamos kilos y kilos de buen humor para sobrevivir porque a veces salir al mundo es para escupirlo y volver a invernarte.

miércoles, enero 22, 2014

LA CASA

Ayer lloré; tal vez el alma lo estuviera pidiendo a gritos. No fue un llanto largo ni ruidoso, el justo para dar rienda a un sentimiento en soledad, un acto íntimo y personal que a veces hacemos para encontrarnos frente a frente con los sentimientos que negamos.
Llegaba casi flotando después de haber viajado por un paisaje gris vestido de blanco, un día de esos de invierno en los que antes de caer la tarde la luz hace prodigios mostrándonos el lado más bello de la naturaleza. Las sombras de los pinos se hacían alargadas mientras los charcos se convertían en espejos de la última luz, pero antes había sobrevolado Segovia y había sentido que formaba parte de un cuento de Dickens mientras la nieve gateaba por el aire, por el campo…
Abrí la puerta de casa feliz; ella estaba muda, en reposo e iluminada por luces amarillentas provenientes de la calle. Con la maleta a rastras y sin quitarme el abrigo me senté en el sillón orejero de mi madre, y me vino a la boca el sabor insípido de la nada, del vacío. Contuve la respiración para no sentir más de lo deseado, pero la realidad me golpeaba las sienes como diciendo ¡Despierta!... Y me puse a mirar el aire en suspensión, a escuchar el mutismo del silencio, el eco de las paredes.
Reflexioné con los ojos para decirme que hay que saber mirar, mirar con cariño, condescendencia y comprensión. Sentir el latido en la mirada, presentir con la vista lo que a simple vuelo de pájaro no se ve…, y sentí tanto bajo mi mirada por aquel espacio abandonado a la fuerza por su ama que se me escaparon apenas unas cuantas lágrimas para arrullar a aquella casa que siempre me espera tal como la dejé la última vez; ambas nos encontramos, una a la otra, lamimos esas heridas que no se ven, sentimos la ternura del tiempo sobre nuestras vidas contrahechas y, como si el momento se hubiera terminado, sentí bajo el abrigo un leve escalofrío que me abstrajo de aquellas emociones, insisto, de aquel instante íntimo, para devolverme al presente.

Encendí las luces, la música de Rod Stewart sonó por los altavoces y me puse una copa de vino de mi buen amigo Juanjo; era hora de dar vida a todo mi entorno y calidez a mis hechos.

sábado, enero 18, 2014

VEINTICUATRO DE DICIEMBRE

Hay regalos que permanecen sepultados en el silencio de los tiempos y, un buen día, aparecen entre los escombros de los años intactos e iluminados para que los redescubras nuevamente.
Así como, a veces, sientes la necesidad de poner en orden  tu vida material reflexionando al pasar “para qué guardé esto… He vivido años sin saber de su presencia, ahí arrinconada en una estantería, en un armario ocupando espacio vital para seguir amontonando materia trivial y sin sentido”… Y llega el día, de esos días lisos, sin esquinas ni dobleces y te pones con el remordimiento frente a ti, recriminándote esa actitud tan tuya de atesorar tanta materia mientras ahí fuera falta de todo y tan esencial… Vacías armarios, cajones y baldas. Miras, remiras, te pruebas, vas haciendo montones con lo que vas a dar y con lo que te quedas, con lo que tiras…; esa primera parte es fácil, rápida, no así cuando llegas a los cajones y te encuentras de todo y más, un batiburrillo que bien parece una feria de recuerdos desencontrados entre sí… Con alguno de ellos haces memoria viniéndote golondrinas al atardecer colgadas de una sonrisa… La caja de latón con fotos a cual más espantosa pero igual de divertidas… Periódicos amarillentos que guardaste como recuerdo al horror de un once de septiembre, un once de marzo… Y de pronto, como si estuviera esperando al fin su momento estelar aparece un sobre con mi nombre y sin remitente, hasta la solapa se ha vuelto a pegar; ha sido la losa del tiempo quien deseó sellar aquel sobre que miro con deleite sin saber por qué hasta que me decido abrirlo. Dentro, un tarjetón y una carta; ambos datan del veinticuatro de diciembre del dos mil seis.
La tarjeta lleva impresas unas letras deliciosas que hablan de beneficio de una sonrisa y que ésta es gratis; ahí me paré para recordar que siempre estoy diciendo que sonreír es gratis y, realmente, no son palabras de mi cosecha. Acababa de encontrar su dueño, ese tarjetón brillante y coloreado que se conserva intacto.
Después pasé a la carta, de esas cartas de las de antes, de las que se escribían de puño y letra de su autor… Es una letra titubeante, tímida, sincera y humilde, hasta tierna, diría yo… Alguno estará pensando cómo puede alguien decir esas cosas de una letra. Pues sí, era lo que provocaban aquella sucesión de letras formando una cascada de palabras tan sentidas… Lo mejor fue que, sin darme cuenta, mi ego se iba esponjando como las nubes cuando se esponjan como hogazas hasta que se convierten en etéreas; eso mismo me estaba pasando a mí hasta que mi otro yo, ese que nos suele poner en el sitio correspondiente sin halagos ni vanidades, me dio un toque de realismo y me susurró “Alma de cántaro baja a la tierra” y bajé para abrazar la firma de su autora. Una Rosa en el jardín de mi vida que creció espontánea al abrigo del amor a las letras y a la amistad.
Volví a meter el tarjetón y la carta en el sobre. Después, me lo acerqué al corazón para decir, con el retraso de casi ocho años, ¡Gracias!

Había caído la tarde, la penumbra se había hecho la dueña del tiempo, la lluvia goteaba sus incesantes racimos de agua y yo proseguí mi labor de exterminio material.

martes, enero 14, 2014

ENERO

Enero es un mes que no goza de prestigio entre los consumidores de meses; demasiadas curvas, crestas y montañas. El aire gélido de enero se vuelve enemigo de la navidad glotona, despilfarradora y tierna. Y, sin embargo, yo le pongo imágenes inolvidables desde la infancia a este mes que a muchos hiela el bolsillo y el alma.
En aquellos días grises de enero, tan lejanos en el tiempo, tan cercanos en mis retinas, los páramos escarchados me parecían infinitos, el aroma a leña, un recuerdo difícil de olvidar. Era la época de matanza y la familia se trasladaba a Nava del Rey; hasta yo cambiaba de colegio por esos pupitres de pueblo, encerados, rallados y depositarios de cuadernos de ortografía y escalas aritméticas.
Aún siento el frio desplomarse sobre nuestros rostros mientras corríamos al fuego del hogar a comer aquellos huevos fritos con morcilla mientras calentaban nuestras camas con una especie sartenes grandes y cerradas con un mango largo; dentro estaban las brasas… Aquel calor bajo mis palmas mientras mis ojos se fundían con las llamas de la chimenea…, aquellos niños, tan niños como yo, de caras tan distintas, antiguas y sanas a la vez… El tiempo creció, yo también, y nunca más volví. Luego sucedieron otros eneros de cañerías heladas y colegios cerrados, e igual de apasionantes y divertidos… Y cuando el mundo laboral me llamó siempre cogía unos días de enero para disfrutar del calor de mi casa, para viajar porque eran más barato, ¿quién iba a viajar en un mes de monederos pelados y frías ciudades? Yo… Así conocí el arte hecho hormigón como me gusta llamar a Nueva York, a doce bajo cero, la sonrisa prendida en el corazón, subirme a las torres gemelas el mismo año en que el hombre decidió matarlas… Las tardes de rebajas con Pilar revolviendo todo al pasar mientras se colgaban sobre nuestros espíritus enormes carcajadas…

Tantas y buenas imágenes guardan mis eneros que no me es un mes gravoso sino un mes conciliador con mis mejores recuerdos. Tal vez si vosotros hacéis balance es probable que, escarbando, encontréis eneros para mirarlos de frente y sonreír.

domingo, enero 12, 2014

CARLOS Y PRISCILA

Hoy que amanece Madrid envuelto entre algodones, he sentido como si al traspasar la niebla fuera a encontrar el cielo azul del sur, el mar en calma, la playa desierta llena de piedrecillas blancas, y a Carlos mirando en la lejanía mientras sus gafas de sol reflejaban la espuma del mar…
Carlos es un tipo inusual; no es, aunque no se distinga del resto, un hombre al uso. Tal vez sus ojos del halcón hacen que vea donde los otros no ven, o cuando sus manos manosean algo, como cualquier persona, la sensibilidad de Carlos aprecie algo que se nos escapa a los demás. Por eso sus gustos son tan variopintos, a veces exquisitos, otros excéntricos. Una de las cosas que me gustan de él es que, después de casi veintiocho años de amistad, siempre que estoy junto a él, descubro algo nuevo, como si su libro de la vida no se le acabara las hojas y siempre tuviera algo nuevo para escribir.
Está lleno de rarezas, no os penséis que os estoy mostrando un ángel con alas inmaculadas, no, porque Carlos es un ser humano como tú y como yo, pero sé que el tiempo, las tormentas, la lejanía…, no harán que cambie nuestra amistad; sé que él siempre estará esperando en puerto a que llegue mi barco.
Mientras muchos de nosotros tenemos mascotas, como pájaros, perros, cobayas…, Carlos tiene cinco patos que salvó de la guillotina de un vecino que pretendía zamparse a los cinco animalitos. Dos de ellos son blancos, hermosos. Otros dos son revoltosos, castigados cada dos por tres por sus tropelías. Y sin embargo me derrito cuando pienso en Priscila. No es guapa, está coja y desplumada; tal vez por esas características me enamoré de esa pata a primera vista. Quizá, un día, cuando se recupere de sus heridas de guerra, se convierta en un bello cisne, quién sabe… Mientras llega ese día, Priscila camina ladeándose, come sentada mientras a sus cuatro compañeros se les distrae para que no la quiten su alimento. A veces levanta su cuello tortuoso y mira allá donde mis ojos no alcanzan y, entonces, la veo tan delicada como hermosa; etérea en su propia esencia de ave maltrecha.

Hoy, un domingo que amanece en blanco, en un Madrid que cesa su vorágine de ciudad sin descanso, mi corazón traspasa la niebla para irse al sur y encontrarse con Carlos y Priscila.

viernes, enero 10, 2014

MOMENTOS

…Cada vez que lo escucho llegar no deja de asombrarme su maravilloso mutismo, y cómo sólo él es capaz de engrandecer el sonido de una sirena en medio de la noche, el tic-tac  de un reloj, el relajante tintinear de la lluvia al tropezar con tu ventana, o el vals de la ola al llegar a la orilla…
En la gran ciudad es muy difícil que pueda asomarse , sólo en la noche encuentra hueco para expandir la materia de que está hecho, sólo la noche en esta gran ciudad le abre las puertas y es sin duda su gran momento.
Él te permite la reflexión nítida y sosegada, da alas a la gramola de los recuerdos, pone el rostro de un amigo. La memoria entonces es limpia de telarañas, relajada para acercarte a ciertos momentos de tu vida…
Incluso él es también es el compañero de insomnios provocados por el estrés, por los problemas y por tristezas que no puedes evitar. Incluso aquel que se siente solo, abandonado por la suerte, él lo refugia en su regazo.

No nos damos cuenta de lo necesario que es en nuestras vidas y, si alguno de vosotros lo teméis porque lo sentís como losa helada que os aleja de pasados maravillosos y te acerca a presentes intolerables, ¡craso error!, no lo rehúyas, es nuestro amigo… Es el silencio.

Silencio, ¿dónde llevas
tu cristal empañado
de risas, de palabras
y sollozos del árbol?
¿Cómo limpias, silencio,
el rocío del canto
y las manchas sonoras
que los mares lejanos
dejan sobre la albura
serena de tu manto?
¿Quién cierra tus heridas
cuando sobre los campos
alguna vieja noria
clava su lento dardo
en tu cristal inmenso?
¿Dónde vas si al ocaso
te hieren las campanas
y quiebran tu remanso
las bandadas de coplas
y el gran rumor dorado
que cae sobre los montes
azules sollozando? "Elegía del silencio" Federico Garcia Lorca