lunes, julio 30, 2018

COSAS, OBJETOS, TRASTOS, CHISMES…


A veces los objetos poseen vida propia, aunque sea inanimada. Puede ser materia y, sin embargo, hablarte.

Así es mi mesa de jardín. Creo que cuando fui capaz de distinguir, ella ya estaba delante de mí para hacerme gratos esos momentos menudos de la vida cotidiana.

Como cualquier anciano, cojea, se agrieta, pero resiste los envites con soberbia dignidad.
Hoy me ha contado que tal vez este sea su último verano, y que la podía designar a otros usos más pausados. Me he quedado mirándola hasta hallar una pregunta o varias

-Mesa, ¿cómo voy a escribir a media tarde sin ti, ¿quién me va a dar mejor cobijo para mis lecturas?, ¿y mis desayunos al sol tibio del alba?, y esas copas nocturnas mientras la música mece el verano?

He sentido que me ha mirado con la humildad de lo inanimado tan lleno de servidumbre, con la consistencia de saberse un simple instrumento y que su destino está en mí.
He acariciado sus patas deshechas, su rostro redondo de luna llena y he sentido la sonrisa de la materia posarse en mí.

Sí, tal vez pienses que estoy loca, pero las cosas que aprecias, te hablan.

miércoles, julio 18, 2018


En la librería El Sueño de Pepa te las puede enviar a casa si tú quieres... Teléfono 983 01 66 02

sábado, junio 16, 2018

DE COLOMBIA A PARÍS, PASANDO POR MADRID


Y el rebaño se deshoja, se diluye en un dulce recuerdo.

En la memoria quedan colgados instantes inolvidables, palabras que son mares, océanos que unen.

“Cada mochuelo a su olivo” Me repite el refranero mientras compruebo con tristeza que el tiempo pasó y cada oveja vuelve a sus pastos.

Se acabó la trashumancia, el silencio vuelve a mí para que dibuje un arco iris de corazones, de risas, conocimientos y enseñanzas.

“¡El mundo es tan grande...!” Me digo delante de mi cuaderno de vida donde encierro tierras descubiertas, amores imposibles, vivencias imborrables para que, un día, cuando la mente haya reposado su carga emotiva, pueda dilucidar un vuelpluma, un relato, o qué sé yo, tal vez permanezcan por siempre olvidadas en la bodega de mi sentir.

Ya vuelvo a mi vida con el cansancio satisfecho, la duda permanente, el beso clavado en mis labios, el abrazo eterno y el fraternal deseo de que el tiempo pase para hallar el momento de volvernos a encontrar.

La palabra es mestiza, mi corazón, también… La palabra rueda por el aire, tierra y mar, hasta encontrar su rincón, esa esquina en la que está esperando un lector.

domingo, junio 03, 2018

EL DESVÁN


Siempre me fascinó el desván de mi madre. Una estancia pegada al tejado y rayando un cielo de cristal. Era una buhardilla de desechos, de enigmas sin resolver.

Allí subía con sigilo, nerviosa introducía una tosca llave pero costaba abrir la puerta, baja y de madera mala, dilatada por tantas humedades. Cuando lograba abrirla, lo primero que veía era un ventanuco colgado del techo, de él se colaba un haz de luz  gris y polvoriento, confiriendo a la estancia un halo mágico y misterioso; mi imaginación infantil entonces se desbocaba, desplegaba las alas y me convertía en una niña muy feliz.

En el momento que mis ojos se acoplaban a aquella luz clandestina, sentía que mi cuerpo flotaba igual que las virutas de polvo en suspensión y mis manos en aquel entonces, diminutas y regordetas, acariciaban un mueble que estaba a la derecha; me sonreía, lo sé. En el medio tenía una  enorme puerta que, al abrirla, descubrías a una niña de ojos asombrados por las cuatros paredes tapizadas de cristal.

Después, con movimientos confusos, me acercaba a las maletas que morían plácidamente apiladas en un rincón; eran cuatro, de cartón a rayas marrones y beis. Desempolvarlas era mi delirio pues yo imaginaba los secretos más inconfesables… Fotos, cartas, mis primeras cartillas, mis letras tartamudas…

Pero un día mi madre deshizo el hechizo de maletas, polvo, lámparas oxidadas y mi bellísimo mueble bar. Subí a hurtadillas, como siempre, y el vacio fue el único que me recibió, recuerdo que unas lágrimas de azúcar besaron el suelo desierto… Me sentí huérfana¿Qué iba a soñar si mi madre había quemado mi fantasía infantil? Qué tristeza la mía sentir mi imaginación despoblada.

Pero me equivoqué pues el tiempo me demostró que al lado de la pila de años que había acumulado sobre mi persona, una mañana de invierno al despertarme vi a mi memoria sonriéndome y regalándome mis sueños del pasado.
Los cogí amorosa, como si tuviera entre mis dedos la mayor fortuna y los fui a colocar en un lugar de honor: el mueble bar de de espejos infinitos y las maletas de cartón piedra con tesoros indefinidos, revolotean en mi novela “Mujeres descosidas”

Desde ese momento, siento  que la niña que dormía dentro de mí está despierta, camina a mi vera  y vuela libre como aquel entonces.

martes, mayo 29, 2018

LAS CHICAS SÉNIOR


Apenas veinticuatro horas atrás, un sol meloso, a veces asfixiante,  rociaba sus pieles blancas con rayos, con luz intensa y ellas se tapaban sus cabezas cardadas con sombreritos de paja mientras caminaban por el valle de los templos en Agriento y su guía las jaleaba “Mis Chaparritas bonitas, ándale,  que vivarachas son todas”

 Ellas miraban con admiración aquel paisaje, cada centímetro de piedra y de historia porque las gusta vivir, absorber los últimos jugos que las regala la vida, pararse en el camino y bajo un olivo, símbolo de la paz, dorarme con su sonrisa y agarrarse a tu brazo para no tropezar. El día anterior pasearon en lancha entretanto la mar salpimentaba su entusiasmo y, el anterior, se sentaban en las gradas de un teatro griego y sus ojos se doraban en las colinas de Taormina, o el otro caminaban por la playa sintiendo el cosquilleo de la arena y se montaban en un escúter muertas de risa para subir una cuesta tan empinada que ni yo misma podía con ella. O paladeaban un riquísimo gelato por la bella Noto con tal cara de gula que yo también deseé de ese placer helado y dejar la mirada asombrada en los mosaicos de la villa romana de Casale.

Su capacidad de adaptación es alta y sus vidas, sus historias, trepan en mis sentimientos como chorros de agua fresca, un universo para soñar, porque ahora el tiempo es suyo después de habérselo entregado a los demás y su vitalidad es ilimitada aunque se apoyen en un bastón o hagan un alto para dejar reposar sus corazones.

Cae dulcemente la tarde, el sol es dorado y mis chiquitas amorosas revolotean entre dos vendedores de collares. Una llega a tener puestos encima hasta seis collares y, sus personas, se convierten en chispas de risas regateando el mejor precio. Todas nos volvemos chaladas, la policía, también, que amenaza al conductor que, o se lleva a aquel ramillete sénior o le casca una multa. Da igual, ellas se han vuelto unas locas felices, ni oyen ni entienden, pero regatean que da gusto aunque la policía se muestre mohína y al final extienda la multa de marras.

¿Son unas revolucionarias? Nooo. ¿Son mujeres corrientes? Tampooooco. Son mis chicas sénior.

domingo, mayo 20, 2018

MAÑANAS DE DOMINGO


El sosiego me embauca, los pajarillos primaverales son los únicos que osan reverberar la luz del sonido en una mañana aplacada, una delicia para los sentidos, la monotonía del himpas sin causa ni hora, simplemente por el placer de dejarse llevar…

He encendido un cigarrillo y con el café entre mis manos me he puesto a leer con el deleite despierto, amotinado en mis sentidos. Parezco un saltimbanqui con ganas de saber, rutina que a diario despliego pero no siempre palpa la esencia de lo que lee.

Hoy estaba más despierta y receptiva, el airecillo fresco entra a raudales por la ventana, gimotea en las cortinas para que yo levante el vuelo de aquí para allá y lo hago hasta que me digo un tanto decepcionada, tal vez un poco enfadada “Bájate del barco, Magallanes”, porque solo he llegado a una conclusión: tanto agitador social lo único que logra es confusión, despiste y desconcierto en los lectores. Incluso empuja a una presión social innecesaria en estos tiempos que corren cuando la mesura, el dialogo, y la información certera, es lo que necesita la gente. La sociedad debate en las redes, alguien invisible la vapulea y se hacen juicios antes de un juicio. Te llevan y te traen igual que si fuéramos marionetas logrando su objetivo que no es más que sacar la rabia a la calle, “el sin perdón” y al paredón.

Tengo la sensación de que esas manos negras y etéreas manipulan la opinión a favor de sus intereses, disfrazadas de artículos de opinión, periódicos, cadenas de televisión, todos  comprados a favor de un fin: el poder.

Comprendo a mucha gente ya que en esa masa me incluyo y termino leyendo los entresijos de una boda no muy real pero bastante más entretenida de quien se salta la ley, insulta porque sí, o se compra una casa de seiscientos mil, y en esos casos tratan que yo lo vea lo más normal del mundo, lo aplauda, lo respete… Pues no me da la gana.

Disfrutad del domingo, hoy es un día precioso, creo que esto es bastante más real y tangible.

viernes, mayo 18, 2018

HISTORIAS DE UN AUTOBÚS… ADELITA, LA DE LAS ENAGUAS FINAS


Las paradas de un autobús, el mismo bus cuando me siento, son balcones por donde miro al mundo…

Mi dulce Adelita, ¿qué fue de ti? Ya no adornas este paisaje sin corazón, ya no veo tu sonrisa distraída, ni el encaje de tus enaguas caer sobre tus piernas…

La prisa de la gran ciudad no te deja ver, sin embargo un atasco sirve para que un bus se retrase y tú entretengas los ojos más allá de una pantalla móvil y  pasees por las cumbres de un anciano y sus campos arados vertidos en un rostro.
Son niños con piel marchita, racimos de uva sabia, poesía en versos asimétricos. Necesitan oír sus voces, palpar que están vivos y son útiles aunque sea para indicarte cuál es la siguiente parada. Sus ojillos son los de un gato asustado en medio de un asfalto. También hay ojillos  huraños que hablan solos y sus gestos son egoístas y maleducados pero que, según los miras, un halo de ternura crece en los tuyos.

Adelita, mi dulce y tierna Adelita, ella era una mujer diminuta y piel muy blanca. Todos los días la veía sentada en la parada del autobús enseñando tímidamente sus delicadas enaguas de fino encaje. Miraba al público con una extraña sonrisa y sus ojos malvas hablaban y hablaban contándote toda una vida; nunca he palpado tanta soledad.
La última vez que la vi fue un domingo de invierno, el sol aún guardaba su resplandor de membrillo cayendo sobre Adelita e iluminando su alma mientras sus enaguas finas desplegaban su encanto más femenino…

Muchas veces paso y me molesta ver a otras gentes ocupando su espacio, hueco que me gustaría ver con flores de terciopelo malva.

miércoles, mayo 16, 2018

EL BANCO VACÍO


Es de madera, ubicado en la esquina de dos calles donde el horizonte es más ancho y la vista se te pierde. Un árbol le cobija en tardes de primavera y, en invierno, las ráfagas de aire disipan a su clientela.

De un tiempo acá se le notaba arrugadito achicando ausencias, añorando palabras. Él es de todos, pero todos sabemos que tenía un dueño que cada día le visitaba, descansaba en él los años que arrastraba a cuestas, y hasta allí se aproximaban otros pajarillos de alas recortadas con tanta edad que juntaban más de un siglo.
Pero un día, una primavera no muy lejana, el banco se quedó mudo, Miguel-su dueño- se cansó de luchar y voló por encima de las ramas de ese árbol que tanto cobijo daba a buscar a su Ángel perdido.

Desde aquel día, cada vez que paso por allí, mis dedos se escapan a rozar la piel del banco solitario; ese gesto fortuito me aproxima a Miguel porque aunque él no lo sepa, mis años crecieron junto a su sombra alargada, igual que la de un ciprés.

El otro día, de lejos, disipé una figura sentada en el banco solitario. El corazón se puso a galopar pues creí ver el regreso de un duende…, pero no. Era una anciana haciendo acopio de la energía perdida.
Me senté junto a ella en silencio y, al cabo de un rato, dije “Vamos, mamá. Comienza a llover”

Volví a rozar con las yemas de mis dedos a ese banco que ya no estaba vacío; detrás de nosotras presentí la sombra de un ciprés alargada acompañándonos hasta casa.


sábado, mayo 12, 2018

LA TERNURA DE COSER UN BOTÓN


La ternura se escapa, se fuga por cualquier costura del alma. Te sorprende en un momento inesperado, cuando tú tenías, por ejemplo, previsto hacer algo tan corriente o vulgar como coser un botón…
Se acercó con sigilo, inusual en él que siempre despertaba vociferando un “Buenos días” para que todos en casa supieran que uno más había abierto los ojos al mundo.
Se paró detrás de ella sin hacer ruido, observando como hacía una besamel. Al rato, con un placer desmedido metió la cabeza en el cuello de Carmen para percibir el aroma de su piel y emborrachar así sus sentidos habidos de sexo. Después, depositó un diminuto beso. Ella se estremeció, pero no dejó de dar vueltas a la cazuela con la cuchara de madera.

- ¿Te levantas con ganas de guerra? -preguntó Carmen sonriendo, pero sin dejar de observar el pluf-pluf de la cazuela.
-Sí, no…-contestó él lacónicamente.
-Defínete, no empieces con evasivas-acotó ella.
-Tengo hoy una comida con mis compañeros de carrera y se me ha caído un botón del abrigo-contestó él con poco convencimiento.
- ¡Ah, un botón! Mientras te duchas te lo coso- dijo Carmen decepcionada por la propuesta.
Paco volvió a besar el cuello de Carmen con placer y se fue. “Sí que me hubiera encamado con Carmen ahora mismo. En fin, eres más corto que las mangas de un chaleco” Se dijo mientras el agua resbalaba las fauces de la noche. Algo parecido pensó Carmen mientras retiraba la cazuela del fuego “A Paco nunca se le ocurre, no sé por qué no tomas la iniciativa, ¡Ay cuánto pesa la educación que recibiste, Carmelilla”
Cogió con desidia la caja de hilos y el abrigo y se sentó al lado de la ventana a coser. Un par de rayos golosos iluminaron la mirada de Carmen sujeta a un botón cosido con fruición. Los rayos se fueron y ella quedó asida a la luz del día que comenzaba pintear agua gris como cristalina. Se veía vacía como mujer, hueca como hembra mientras se animaba diciéndose “El tiempo todo lo emborrona, no solo a ti” y en un gesto inesperado se llevó el abrigo a la nariz. Olía a Paco, humeaba despistes de su dueño y, también, sin saber cómo ni por qué se puso a besar aquella tela ajada de tantos inviernos, de tantos olvidos en cualquier bar y sintió ternura, un amor inusitado, tonto, fresco, pero a Carmen la sirvió, bueno, Carmen era muy apañada y enseguida encontraba escudos para su conformismo vital.

- ¿Qué haces besando el abrigo?
-Anda, toma y calla. Ya está cosido.
-Vale, gracias… Oye, aún tengo tiempo, ¿una duchita rápida juntos?
Y Carmen se duchó junto a su Paco y un orgasmo vino y otro también y cuando el agua secó sus cuerpos, a Carmen la quedó aquella ternura de coser un botón…, nada más

martes, mayo 08, 2018

YA LLEGÓ LA PRIMAVERA


Ya llegó la primavera a esta tierra inhóspita, ya se fueron las nieblas que escondían al mundo la leña y el fuego de miradas indiscretas. Ya se fueron las nieves de sus cúspides buscando el riachuelo donde alimentar querencias de agua cristalina.
Ya llegó la primavera a ese campo que ya no es yermo sino vida de tantos verdes que emana según lo miras.
Hasta el silencio recogido huyó del páramo pues a él llegaron esos pajarillos a colgarse de los árboles, a volar sobre el horizonte y piar sin descanso.
Incluso la espadaña da cobijo a mi cigüeña y las campanas voltean su música para que sepas que la vida vuelve a este campo baldío de mi ancha Castilla.
El cielo se ha desnudado de gris y el celeste pinta un azul que no engaña ni miente; el suave vientecillo me susurra que es verdad, los fríos se esfumaron de esta meseta castellana.
Ya llegan las amapolas a cunetas y caminos y de carmín se viste mi mirada cuando oteo mi tierra seca y enjuta que semeja ahora un mar de glaucos recién nacidos, tan lisa y llana que parece una mujer de pechos menudos, tan sensual y firme que dan ganas de tumbarse en ella mientras tus manos se deslizan por sus caderas y pubis hasta encontrar el éxtasis en tu corazón marchito de tanto frío acumulado en este invierno que se fundió en nuestras pieles blancas.
Ya llegó la primavera, no hay más que mirar al horizonte de verdura lasciva y lujuriosa para comprender que la vida volvió a germinar.

Buenos días!!!

lunes, mayo 07, 2018

VOLVIENDO...


Ha sido un tiempo alejada de mis muros y rincones, allí donde colgaba sueños y pensamientos. 

Ha sido una etapa de desconexión para priorizar otros mundos por los que he deambulado mostrando a mis tres hijas de tinta y papel.

Han sido momentos felices en los que incluso crucé el gran charco del Atlántico hasta llegar a Colombia donde me publicaban mi última hija.

Ha sido una etapa de emociones, miedos, riesgo, en los que mis ojos se han ensanchado y mi corazón vuelve rico de sensaciones.

Ahora vendrán las ferias y seguiré palpando a los lectores, pero necesito mis esquinas, mis paredes para seguir acariciando sueños para ti, para el otro, para todos.

Buenos días, feliz de regresar!!!

miércoles, marzo 21, 2018

BODEGÓN

No siempre el cielo es azul, ni tampoco las calles son jardines donde respirar aire puro. Ni siquiera el fuego de una hoguera calienta ni enciende pasiones. Nada es lo que parece aunque lo sea, ni la decepción es la causa visible del desengaño.

La desilusión, el chasco, es nuestro pan de cada día, el cáliz del que bebemos asiduamente como el limón es el símbolo del dolor y la amargura, y las uvas representan la lujuria y el melocotón, la virtud y el honor, así como la fresa es la armonía y el alma del hombre, y la naranja simboliza la fecundidad.

La vida es un doble cristal, la ves y no la ves, pero la sientes aunque  el sufrimiento haya hecho callo en tu epidermis y creas que el agua no te moja. Sentir es inevitable aunque la ceguera te lo impida porque el alma, o aquello que llaman corazón, posee vida propia fuera de nuestro cuerpo. Es libre, vuela raso, vuela alto, pero siempre vuela.

Igual pasa con el colorido de una flor pues la rojas son pasión y respeto, las blancas, pureza. Azul es la amistad y la armonía y, el amarillo, el odio, los celos, la envidia pero también el placer y la risa.

¿Con cuál de todo nos quedamos para hacer nuestro bodegón personal? Dicen que los bodegones son naturalezas muertas, seres inanimados, pero para mí es la bodega de donde me abastezco de alimento para el alma, el corazón o el intelecto porque fuera de lo que asfixia y oprime, hay un mundo de alegría espontánea incluso de belleza voluptuosa e imprevisible, pero para sentirla y disfrutar de ella hay que prestar atención para que nuestros sentidos la capten.

¿A qué huele la felicidad? Me pregunto mientras bajo del tren en busca de esas raíces que han crecido dentro de mí; sin darme cuenta ya estoy respirando esa paz, esa bulla clandestina, el aroma de mil matices que hacen ser lo que soy aunque nada de eso se vea…, se siente simplemente.

PD Bodegón de la pintora flamenca Clara Peeters

martes, marzo 20, 2018

REGALO DE CUMPLEAÑOS


Carmen mira sus zapatos, ¡por fin!, no se lo cree aún, pero su hermano José lo hizo posible. Todos los días desde casi un año pasaba por aquel escaparate, se paraba, los manoseaba con la mirada hasta que un día entró con el rubor que le caracteriza y se los probó. Incluso se los enseñó a su madre, pero ella los tachó de caros, feos y que el dinero estaba para otras cosas. Y era verdad, su madre limpiando casas, su hermano de camarero cuyo sueldo casi se basaba en las propinas y estas habían descendido considerablemente, y Carmen, se pagaba sus estudios con un par de clases semanales a dos niños del barrio, casi tan pobres como ellos, más las becas que se iba ganando a pulso. Total, los zapatos seguían en la tienda y en los sueños de Carmen.

Pero esta mañana, desayunando los tres cuando el alba se cuela por la ventana de la cocina, un paquete con gran lazo la esperaba. Lloró, rió, se abrazó a su hermano, a su madre y no supo qué decir.

-Carmen, hoy cumples dieciocho años y tengo yo también un regala para ti-dijo su madre muy ceremoniosa- Vete al tercer cajón de mi cómoda y ábrelo- Carmen con sus soñados zapatos en la mano voló, su madre y hermano fueron detrás de ella.
Carmen se agachó y abrió nerviosa el cajón. No veía nada si no un papel de seda extendido. Se quedó parada, no entendía. Su madre al darse cuenta se agachó y le explicó
-Nuestra familia no fue siempre pobre, ¿sabes? Cuando se cumplían dieciocho años se regalaba una mantilla y su peina.
-¿Para qué?-Carmen no entendía nada.
-Pues para ponérsela en actos importantes religiosos como el jueves Santo. En la época medieval significaba la virginidad de la muchacha.
-Mamá, tú sabes que…-el pudor de Carmen le impidió terminar la frase.
-Tranquila, hija… En s. XVII comienzan a utilizarse las mantillas como las conocemos hoy, y  su mayor auge fue con Isabel II, era muy aficionada a los encajes que se hacían en Cataluña tanto negros como blancos. En la segunda mitad del s. XIX adquirió su máximo esplendor cuando durante la regencia de Amadeo de Saboya las damas de la corte y la aristocracia las utilizaron para desafiar a ese rey italiano cambiando los sombreros por la mantilla para ir de paseo. Aquella revolución femenina se llamó la conspiración de las mantillas.
-Ya, cuánto sabes de este aparato-Carme lo decía sin atisbo de emoción.
-Y esta es la peina para sujetarla. Es de carey y muy delicada su conservación. No me explicó cómo ha llegado intacta. Las dos cosas son de valor incalculable, Carmen.
-Pues vendámoslas-contestó Carmen impetuosa.
-No, hija, si lo podemos evitar. ¿Sabes? Perteneció a tu bisabuela, luego pasó a la abuela Carmen, después a mí y, a partir de hoy a ti.
-¿Y qué hago yo con esto, mamá?
-Es tuyo. Yo nunca me la puse, me parecía una ostentación en los tiempos que viví y vivo y me conformé con mirar este pequeño tesoro que heredé.
-¡Ah!-Carmen captó el sentimiento de su madre. Después miró sus zapatos…-Mamá, ¿esto se lleva con vestido negro, verdad?
-Sí, pero por debajo de la rodilla, cuanto más simple y discreto sea mejor. El único detalle que permite son unos pendientes largos porque son los que mejor quedan con la mantilla, Se les suele llamar pendientes de la Virgen porque son del estilo de las Vírgenes de Gloria-Carmen hablaba con devoción tal como lo hizo su madre con ella trasladándola una tradición para que no se perdiera.
-Mamá, José, ¿me haréis el honor de acompañarme el Jueves Santo a recorrer las siete iglesias como le gusta a mamá hacer todos los años? Me vestiré por mi bisabuela, por la abuela y por mamá…

Carmen era tan feliz con sus zapatos nuevos que fue incapaz de que su madre no lo fuera.

domingo, marzo 11, 2018

ÁLBUM INACABADO


     

La mente humana es retorcida, sádica y sedienta de sangre ajena. Sólo, cuando logras rozar su fibra más sensible, te das cuenta que debajo de esas capas de alcachofa, late un corazón, sobreviven los restos de un naufragio humano.

Por encima de la mesa navegan retazos de vidas que me eran ajenas, y sin embargo, después de años, ya son parte de mí.
El bombero, el estudiante, la señora de la limpieza, la ucraniana en paro, el programador, la esposa, el marido, un ATS… me miran expectantes. Están convencidos que jamás acabarán sus historias particulares, pero depositan en mí, como en otros muchos, la responsabilidad de recordarles, de hablar de lo que pudo ser y no fue. Su sangre no ha de correr en vano, sus móviles no cejarán en su empeño de sonar mientras su recuerdo esté entre los vivos.

Me pregunto por qué he de hablar de un dolor que muchos desean olvidar. Juan me susurra que sintió rabia e impotencia, pero que nunca se volverá a sentir tan cercano a otros como aquellos días en que se subía al metro y palpaba que la persona que estaba sentada a su lado, cuidaba y se preocupaba por él.

Jesús me mira de una manera rara, entre el dolor y la resignación. Me cuenta que una extraña se abrazó a él. Después, secó sus lágrimas depositadas en el rostro de él y dijo “Estás vivo”
Por lo visto le conocía; él jamás reparó en ella. Durante quince años había pasado por su lado sin fijarse en la mujer que fregaba el suelo cada la mañana. Cuando acabó de hablar con ella, Jesús comprendió que todos formamos parte de la vida de otras personas, y que, de alguna manera, somos necesarios para ellas.

Fernando busca algo en su cara que no encuentra. Desiste; está triste. Cualquier ruido le estremece. Aquel día oyó un estruendo; creyó que él mismo había estallado, pero aún tuvo tiempo para mirar hacia su derecha. Su hijo Julián dormía abrazado a su carpeta; por la nariz se escapaba un río rojo.

Podía seguir hurgando en la herida pero no quiero.
Me llamo Daniel, cuenta cuentos de viajes. Siempre iba con mi fiel compañera, Macarena.
A decir verdad, sólo existíamos en la imaginación de nuestra escritora. Ella decidió rendir tributo y desprenderse de mi adorada Macarena.
Desde entonces, mi idiosincrasia personal ha cambiado. Soy viudo, sigo viajando y contando lo que mis sentidos expresan a mi corazón. Pero, como muchos, aunque Daniel sea ficticio e imaginario, ya no ha vuelto a ser el mismo desde aquel día en que las entrañas de Madrid rugieron al espanto, al dolor sordo.
Ahora, pienso que no siempre se ha de escribir del derecho, también del revés se leen las cosas, y, a veces, con más claridad. Estoy seguro que en el dedo corazón tengo clavada una espina, que, al teclear, duele. Sin embargo, es una tortura dulce y cadenciosa.

Hogaño, mis viajes tienen un sabor especial entre el azahar y la lluvia, entre la nostalgia y la tristeza. Macarena ya no está aquí, aunque pienso que puede estar posada en la rama de un naranjo, o, quizá, mirando tranquilamente las aguas del Guadalquivir mientras cae el sol sobre la Torre del Oro. No he podido evitar el recordar aquel soneto de Neruda que decía “Desde hace mucho tiempo la tierra te conoce, eres compacta como el pan o la madera, eres cuerpo, racimo de segura sustancia, tienes peso de acacia, de legumbre dorada. Sé que existes no sólo porque tus ojos vuelan y dan luz a las cosas como ventana abierta, sino porque de barro te hicieron y cocieron en Chillán, en un horno de adobe estupefacto. Los seres se derraman como aire o agua o frío y vagos son, se borran al contacto del tiempo, como si antes de muertos fueran desmenuzados. Tú caerás conmigo como piedra en la tumba y así por nuestro amor que no fue consumido continuará viviendo con nosotros la tierra.”

Mi álbum, como el de ciento noventa y dos personas más, se encuentra inacabado. Cinco mil ciento diez instantáneas le faltan a cada uno desde aquel 11 de marzo del 2004.

PD Hace dos semanas que tengo los blogs abandonados y tampoco he ido a los vuestros, perdonadme. Están siendo días de locura con la presentación de mi nueva novela, pero prometo en volver pronto. Un besazo

viernes, febrero 16, 2018

DE MUJER A MUJER

Sí, de mujer a mujer, esa que ayer parió, y otro día tuvo que enterrar a un hijo y a un marido. De mujer a mujer, esa que ayer se divorció y no sabe qué camino tomar. De mujer a mujer, esa que oculta moratones y sigue dando la vida por él, ese hombre al que adora y la domina, o esa mujer que aguanta carros y carretas y ahí está, o esa mujer que vende su cuerpo porque no halló otra salida. De mujer a mujer, sí, esa que yace desconsolada porque no hubo varón en su vida o, prefirió la soledad de sus horas. Sí, a ti mujer...
Preferiría que este monólogo de mujer a mujer lo escribiera la loca Lola que duerme en mis entrañas, la que provoca un montón de chascarrillos en medio minuto y se larga con faldas y a lo loco como si no hubiera roto un plato. Sin embargo, soy yo quien viene a hablar de mujer a mujer, de esa mujer mágica, fuerte, débil, astuta, resolutiva, atolondrada y siempre una roca.
Como mis ojos son míos y como míos que son, ven lo que les da la gana porque la edad es un grado y cuando se llega a una edad, que solo la marca tu intima y personal percepción, dejas las composturas, el qué dirán para otros, y tú te desnudas y comienzas a ser tú misma, eligiendo, deseando, rechazando, aquello que tu alma te pide en cada momento.
Sí, sigues viviendo un poco para los demás, más si eres generosa y por tus venas fluye el caudal de dar y compartir. Sin embargo, comienzas a quererte, a atreverte a mirar a ese espejo que apunta a tus canas, que desdibuja tu juventud, que descose recuerdos para asegurar otros. Espejo que perfila con descaro a tus ojos debilitados de ilusiones, marchitos de deseos carnales.
Espejo que retrata tu cuerpo encorvado por tantas láminas de acero, parches apuntalados para no venirte abajo por tantos desfalcos y batallas que te entregó la vida y tú tuviste que hacer frente.
Tus velos, tus duelos, ahí están, pero de ti se ha marchado la prisa, ese temor a perder el tren, y estás sola contigo, mirándote de frente, fregando y maldiciendo tus pérfidos pensamientos y obsesiones, desvistiéndote y volviendo a dibujar un deseo, a coser una ilusión, a bruñir tus ojos de arco iris, a sofocar tus incendios con abrazos y otros menesteres, pues sabes que tu piel sigue sintiendo una caricia y que tirita si le falta.
“Es tu hora” Te dices mientras rastreas a esa niña que siempre durmió dentro de ti a pesar de que su hora pasó. La sacas, la sientas a tu lado, la cantas una nana y la cuentas… ¡Cuánto te pesa la soledad! Ambas os juráis lealtad, os agarráis del corazón y volvéis a salir al mundo, ese mundo a veces tan inhóspito y cruel pero otras, tal vital, tan dinámico y lleno de luz por conocer que, de mujer a mujer, no podemos resistir nuestras ansias de presentar batalla hasta que esa parca, siempre al acecho, venga a por nosotras.
Yo me miro en tu espejo y me zurzo, me coso, me hilvano, y me remiendo si hace falta a tu corazón repleto de cabeza porque para mí eres esa voz de mi conciencia que de vez en cuando me susurra palabras honestas, besando mis torpezas mientras te empecinas en enderezar mis locuras.

Hoy, un día cualquiera del calendario, la lluvia llueve melodías dulces mientras de mujer a mujer, con mis torpes letras sin más que decir que las mujeres, sí, tú, la otra, la de más allá, llenamos las vidas de otros, rodeamos las horas de risas y quejidos, de sueños y llantos, y juntas escribimos una esperanza, una luz que dinamite la oscuridad en la que este perro mundo, a veces, no siempre, trata de arrinconarnos.
Sí, me gustas mujer. Mujer de las mil caras, pero siempre mujer.

martes, febrero 13, 2018

PEDRITO Y SAN ANTONIO

Esta historia no es mía, me la contaron entre vasos de ginebra, el humo de un cigarrillo, y unas cuantas confidencias más…
Pedrito era un niño que creció al calor de un poema y una familia abrigada de valores. Un chiquillo que jugaba y leía, y su universo era, tan grande, como sus ojos al mirar el horizonte tangible que se extendía ante él.
Cada día su madre le iba a recoger a la escuela y como misión prioritaria nada más terminar el colegio era pasar por la panadería. Esos momentos significaban para Pedrito ser paloma en un cielo libre de deberes colegiales. Saltaba, hablaba a borbotones, la felicidad corría por su ánimo como cualquier niño de su época que un nada representaba un todo con una pizca de imaginación que pusiera.
Cuando llegaron a casa, su madre le mandó hacer los deberes de ese día, pero no pudo ser…, no encontraba su mochila, la había perdido entre bote y bote tratando de alcanzar una estrella.
Su madre se lo quedó mirando, nada dijo hasta después de un rato.
-Pedrito, ¿cuánto dinero tienes en la hucha?
-Veinticinco pesetas.
-Pues se las vas a llevar ahora mismo a San Antonio.
-¿Y quién es ese señor?
-Un amigo mío que lo imposible lo hace posible.
Y allá fueron, a la iglesia del barrio y Pedrito soltó sus veinticinco pesetas y con ellas el sueño de comprarse un cuento.
A la mañana siguiente, San Antonio se portó y, cuando Pedrito y su madre fueron a la panadería como era su costumbre, allí estaba su mochila. El niño miró con gratitud aunque sus ojos cantaban tristezas; no podría comprarse el sueño que vio en el escaparate de una librería.
Tal vez fuera San Antonio, quién sabe de misterios, el caso que ese mismo día cuando se pararon en el semáforo, su madre le dijo:
-Pedro, mira al suelo, creo que es un billete-el niño raudo se agachó.
-Sí mamá, un billete de cincuenta pesetas.
-¿Ves? San Antonio cumple siempre y te devuelve tu sacrificio con creces.

Hoy Pedrito ha crecido tanto que le llueven canas por su barba acicalada y sus sienes argentadas de sueños esperando. De vez en cuando, cuando el ramalazo despistado de un pensamiento le visita, con su caminar pausado de experiencias, se va un rato a ver a San Antonio. El tiempo le hizo agnóstico de casi todo, sin embargo San Antonio es otra cosa. Es un poco amigo, un cacho confesor y mucho de recuerdo, y le gusta contarle sus cuitas, meditar en la afasia de una iglesia y luego, cuando siente el orden en su venas correr, se va a tomar unas cañas pensando que agua pasada no mueve molino, pero la memoria no muere si uno no quiere.

Y así, de tanto verso leído entre Lorca, Machado y muchos más, Pedro, nuestro Pedrito, escribe en verso todo aquello que siente revolotear en su vida.

sábado, febrero 10, 2018

CONSUELO

Era uno de esos atardeceres en que no ves la luna tan empañada de aguaceros, aunque el viento se esforzara en borrar de la claraboya celeste tanto gris enfurecido.
Sin embargo, la lluvia dio una tregua, el vendaval se aplacó y salí a ver la noche; difícil con tanto rascacielos trepando a un firmamento falsificado de estrellas. Sequé una silla, me senté y encendí un cigarrillo prohibido. Respiré hondo tragándome el aire de unas algas perdidas y presentí unos instantes de placer que desde hacía días se me negaba.

- ¿Está libre esa silla? -levanté la cara desconcertado buscando una voz musical.
- Sí, sí, por supuesto- y me apresuré a limpiar la otra silla del agua indiscreta.
Y a mi lado se sentó una mujer cardada de años, enfundada en una gabardina; la observé, era la imagen de la feminidad, de esas mujeres que no quieren desprenderse de su segunda piel trabajada con ahínco tal vez casi desde que nacieron.

Abrió una pitillera, sacó un cigarrillo y yo rápidamente un mechero. Cerró los ojos mientras los primeros humos la embalsamaban. Manos cuidadas, dedos de pianista y peinado de antaño.

- A ti también te gusta fumar, eh. A mí el médico me lo ha prohibido. Bueno, me han prohibido casi todo, pero no me han quitado mi güisqui de buenas noches. Jamás entenderé a los médicos. Tampoco me esfuerzo lo más mínimo en hacerlo. Quiero vivir hasta el final con la intensidad del que siente que el tiempo que vivo ya es un regalo de la naturaleza.
Hace cinco años la muerte me robó a mi Antonio. Fíjate, de la noche a la mañana ¡Qué mal, qué mal estuve! Hasta me enfadé con él, pero no me quedó más remedio que perdonarle. Antonio se acababa de jubilar y quería vivir a tope con los ahorros de toda una vida. Estaba fenomenal, bueno, yo también. Le llevaba diez años, pero no se notaba nada. Ya procuré yo cuidarme, acicalarme y darle todo, dentro y fuera de la cama, para que esa frontera de años no existiera. Y, ya ves, va y se muere. Soñando toda la vida pasar los inviernos en Canarias y se va sin más… Así que, aquí estoy, disfrutándolo por los dos. Los hijos no duermen estos quince días que paso aquí. Lo único que presienten son desgracias y holocaustos para su madre ¡Andad, hijos, dejadme en paz! Son excelentes muchachos, me cuidan y me quieren, pero yo tengo mi vida y ellos la suya… En fin, se acabó el cigarrillo. Me voy para adentro pues va a comenzar la sesión de baile y me encanta ver bailar a las parejas… ¡Cuánto nos gustaba a mi Antonio y a mí bailar!
Por cierto, disculpa no me he presentado, me llamo Consuelo y soy de San Juan, al ladito de Alicante.

Con las mismas, se levantó rociándome de una sonrisa blanca en mi rostro, seguramente de agradecimiento por haber escuchado su íntimo monólogo o, quizá, porque ella sentía la sonrisa como algo más de su segunda piel.

sábado, febrero 03, 2018

MIS PASEOS EN AUTOBÚS… EDUARDO

Llevaba días acumulando olvidos como el que colecciona postales, pero la desidia me podía y renegaba de las obligaciones. De esa manera me subí en el autobús  en dirección de un destino sin recordar.
Aquel día estaba lloviendo y el autobús iba abarrotado, reconcentrándose aromas de lo más diverso envueltos en humedad.
A trompicones pude llegar hasta la penúltima fila de asientos y ubicarme en esos huecos de cuatro en los que todos nos miramos, a no ser que perdamos los ojos por el ventanal. Y ese día me daba pereza hasta mirar al vecino así que me concentré en recordar a dónde iban mis huesos y mi alma despistada cuando, de pronto, me vino un latigazo a perfume de pipa o algo parecido. Mis ojos clavados en mis rodillas comenzaron a husmear las rodillas que tenía frente a las mías, casi se rozaban, se cosquilleaban las cuatro. Estaban tapadas con unos vaqueros gris perla, de los modernos que venden ya rotos, una moda absurda que pagamos por llevar una prenda desarrapada, pero el ser humano ya se sabe como es de incongruente.
Mis ojos siguieron escalando en busca de aquel olor tan grato en el momento que se toparon con un libro, cosa frecuente en el metro o en el autobús aunque cada vez menos usual; ahora está de moda refugiarte en el móvil. Si mi gesto se me escapa, procuro atarlo para disuadirle pues si me enfrasco en el móvil, me pierdo lo mejor que es la vida, esa que va y que viene como los carruseles de emociones que giran y giran y en cada vuelta hay una sorpresa.
Pude leer el lomo del libro, estaba en inglés; no sé lo que ponía, pero tuve la fortuna de un frenazo inesperado del autobús y el libro se movió y pude otear el rostro del dueño del libro. La primera sensación que me vino fue que Quevedo había regresado a escribir algún opúsculo burlesco de la sociedad actual. Tanto el bigote como su minúscula barba puntiaguda, estaban cuidados con esmero. Y sin saber el porqué mis ojos subieron de tono y se chocaron con los de Quevedo… ¡Eran preciosos! Igual que un estanque de agua empecinada, nunca había visto unos ojos verdes tan oscuros en los que sumergirte en ellos era como el deseo de nadar hasta que la flaqueza se adueñara de ti.
No pude seguir con mis indagaciones sensoriales pues le sonó el móvil y lo primero que hizo nada más descolgar fue decir “Eduardo al aparato” y acompañar a su voz de una suave sonrisa eclipsada por una dentadura blanca que iluminaba ese día tan grisáceo.
Me enteré de todo o casi todo. Venía de recoger el finiquito en una empresa e iba a otra a una entrevista. Era traductor y trabajaba por libre y por horas. Se le veía cómodo o habituado a su papel de hombre intermitentemente en paro y, tal vez, tampoco necesitase mucho más, aparte de libros, una buena charla, unos amigos y cuatro paredes para guardar su intimidad… Esto es cosecha mía.
El caso es que Eduardo se levantó y yo hice lo mismo hasta que me di cuenta y me recordé a mí misma” ¿Dónde vas, alma de cántaro, si no sabes a dónde vas?” Y me quedé parada viendo como Quevedo se esfumaba de mi vista dando grandes zancadas firmes y dispuestas a llegar a su futuro inmediato.

El autobús arrancó y me acordé de mi prima Mayte, soltera por convicción, pero que si se le hubiera cruzado por el camino un Eduardo como ese, ya veríamos la firmeza de sus ideas.

miércoles, enero 31, 2018

DE ENERO Y FEBRERO

Ya muere enero entre lluvia, nieve y soles mestizos.
 Ya  se va un mes de cuestas, resacas y rebajas.
Parece que fue ayer cuando doce campanadas nos abrían las puertas a un enero inhóspito per se y, ya ves, hoy se va y mañana viene febrero cortito y carnavalero, amoroso y cuaresmal.

Febrero de colores, entre chirigotas y disfraces, y siempre al sur pues para conocer tu idiosincrasia que se vayan a las islas,  a Cái,  a Sevilla, nunca al Corte Inglés de amores ficticios cualquier catorce de febrero, que vende igual un mes blanco que una colonia empaquetada, pero jamás un beso, un beso que se siente entre dos bocas que se aman.

Yo me pierdo en este mes ensortijado de callejuelas en penumbra y pies racheando a un Cristo mientras en la calle de al lado un costalero ensaya bajo hormigón. Mes de música de capilla, polvo de incienso y cirios color tiniebla, dejando a su pasar aromas de preludio primaveral y un callado rezo de antaño.

Me gusta la luz de Cái riéndose con gracia de las penurias de doce meses, de políticos descerebrados y famosos sin fama. Me gusta Canarias de plumas de avestruz en su esencia de arcoíris y el ritmo en sus caderas. Y me gusta Sevilla desplegando el orgullo de una de sus máximas tradiciones, expresiones que galopan en su alma de naranjo en vísperas de azahar.

Me gusta febrero, me gusta mi tierra, esa tierra que a veces, de tantas piedras que se tira sobre sí misma, cae moribunda en su figura parcheada. Pero, aún con eso, no temo por ella. Es de raza, es vehemente, es crítica, es cínica, es leal, es alegre aunque a veces algo pusilánime, pero ella, ella siempre resurge de sus cenizas calcinadas por tanto pelagatos suelto. Así es mi España que, en febrero, se viste, se disfraza y siente.

Si pasas por ella, para un instante. Observa, huele, siente y después, sigue escribiendo tu febrero más íntimo y personal.

martes, enero 23, 2018

HISTORIAS DE UN AUTOBÚS: Un viudo y una viuda

El estar prejubilado o jubilado del todo tiene sus ventajas: viajas en autobús como un marqués, sin apretujones y eligiendo el asiento. Yo, esta mañana sin ir más lejos, me subí como una marquesa y me senté al lado de una ventana para ver bien el discurrir diario de este Madrid caótico… ¡Lástima! Mi pequeño placer se vio interrumpido por dos nucas que iban sentadas delante de mí; no me pude reprimir mirarlas y observar que, aunque la vida envejece demasiado rápido, hay quien lleva con armonía  y belleza esa edad que esfuma la juventud dejando demasiados estragos no sólo en el espíritu sino, también, en el físico.
Una de las nucas pertenecía a un varón, Rubén, así se presentó a la otra nuca, María. Calva brillante y morena, una. Pelo blanco y perfectamente cortado, otra. La nuca de María era un bosque poblado de ceniza.

La nostalgia de la memoria pronto prendió en los dos ancianos. Ambos se confesaron viudos, y la suerte que tuvieron al haber compartido más de cincuenta años con sus respectivas parejas. Rubén vivió desde que se casó en el barrio de la Concepción donde iban a parar todas las parejas de su época. María, en Claudio Coello, casa heredada de sus padres y que ahora sus hijas se empecinaban en que se marchara de allí por ser muy grande “¿Sabe lo que opino de la actitud de mis hijas, Rubén? Se quieren quedar con la casa, en vez de vivir en Getafe, pero a mí no me echan hasta que me muera” Rubén asentía a las palabras de María “Yo vivo también en mi casa con una hija soltera, pero muchas veces pienso que la estorbo, no porque me lo diga ella, es demasiado buena, sino porque la corto las salidas, los viajes, por no dejarme solo y, ¡con lo a gusto que estoy cuando me quedo solo!” María le cuenta que está encantada de vivir sola porque hace y deshace lo que le da la gana aunque cuando llega la noche, las paredes se ponen a hablarla y le dan demasiado respeto “¿Usted cree, Rubén, que es normal que toda la casa se empecine en hablarme? Se me encoje el estómago y cada día tengo más miedo” “Doña María, con los años crecen los fantasmas. Yo vivo con mi hija y por la noche vienen a mi cama a darme la tabarra… Son muy pesados”

Pasamos por la Puerta de Alcalá y a sus pies crece colorida la primavera “Pues yo vengo de la casa del libro de comprar una novela, me gusta leer mucho. No vea el dineral que me dejo en libros. Luego los que menos me han gustado los llevo a la biblioteca del barrio porque los otros los releo…. Cómo la memoria es tan frágil…” “Yo hago ganchillo ¡Qué cosas más bonitas hago, Rubén! La pena que mis hijas, ya sabe cómo es la gente joven ahora, no lo valora. Pero lo que de verdad me gusta es la zarzuela, me pirria” “¿Qué la gusta la zarzuela? A mí me encanta. Ahora ponen Doña Francisquita… ¿Querría usted regalarme el honor de acompañarme?” “¿De verdad, Rubén, que me llevaría?” “Pues claro que sí, mujer… ¿Tiene usted, algo que hacer mañana” Porque podríamos quedar en la cafetería Miami y luego acercarnos a por las entradas a ver qué días hay?” “¿La cafetería Miami? Si ahí iba con mi marido…”

…Un despropósito, estaba llegando a mi parada y sentía pena tener que abandonar a aquella pareja adorable de ancianos. Me levanté hacia la puerta, y aún pude ver sus rostros carcomidos por el tiempo, pero lo que los años no pudieron borrar de ellos fue la luz de sus ojos y la expresión de adolescentes cuando están entusiasmados por algo.

Me pescaron mirándoles y, en vez de dirigirme una mirada desaprobatoria, me regalaron una sonrisa…