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viernes, marzo 11, 2016

EPÍLOGO DEL DIARIO DE UNA NOVATA

Epílogo del diario de  una novata
10 de marzo, 2016
Tengo el cuerpo como si en vez de haber estado en la presentación de Sevilla…Gymnopédies, hubiera ido a un combate de boxeo ¡Destrosao!
Hasta la hora H escuché música, fregué, planché, compré unos tomates, vamos, una maruja alioli cualquiera, no una estrella fulgurante a las puertas del triunfo. Luego pasé al momento de la meditación, eso que hacen los toreros antes de salir a la plaza “Encomendarse a todo lo que encuentra”. El perro me miraba con una cara rara,  pensando posiblemente que a su ama  se le había ido la pinza definitivamente. La última fase fue la decoración: debo recordarme no volver a pintarme. Nunca lo hago y cuando lo hago no conozco a la del espejo. Para colmo me di rímel que se corrió en su debido momento y unas sombras negras debajo de los ojos feas, muy feas. Así salí de casa con la desconocida que ocupaba mi cuerpo del brazo de su chico a tomarse una copa ¡Qué rica estaba!
Me sentó tan bien correr el alcohol por mi body que cuando llegue empecé a besar a todo aquel que aparecía delante de mí hasta el punto que fui un momento al baño y me crucé con un propio que salía del baño de caballeros, le sonreí y le coloqué un par de besos. El propio se dejó y luego me preguntó quién era yo. Un tipo desagradable, pero no me amedrentó y cuando salí del baño, continué disparando besos. A toro pasado pienso que lo que necesitaba era sentir el calor de la gente, está clarísimo, porque cuando me fui besé al portero.  Rosa, mi prologuista, me prohibió terminantemente llevar a mi espíritu de Lola, Socorrol Marmol Bris, mi mentora y madre literaria, me vigilaba con un spray en el bolso por si decía tacos, y yo mandé a galeras a mi yo cenizo, total que estaba tan limitada que decidí reconvertirme a repartidora de besos.
Y llego la hora D y el corazón empezó a hacer “Pumpun” muy fuerte y pensé ¿y si me muero ahora, en mi apoteosis, con lo que me ha costado llegar hasta aquí? Y resucité de mi desvarío mental y me relajé al escuchar a los ponentes rezando que no llegara el momento en que mi voz tuviera que regurgitar palabras, pero llegó claro, para eso estábamos allí.
Mientras hablaban los ponentes y les escuchaba, me entretuve en mirar a la gente. Sentí que estaba en una nube y veía a la gente con nitidez balanceándome en sus rostros, recreándome en recuerdos vividos con muchos de los allí presentes.
Llegó lo inevitable. Saqué mi chuleta, miré a la gente, sonreí, pensé en mi Esperanza Trianera que me había guiado hasta ese momento y comencé a hablar con timidez,  con la emoción e ignoracia en mis costuras hasta que me fui serenando, viendo sobre todo tres rostros cuyos ojos no pestañeaban y me decían “Estamos contigo”. Gracias José María Villada por tu mirada tierna y repleta de cariño… Y allí te vi sentada en primera fila con mirada inquisitiva traduciendo cada una de mis palabras, pero también con los ojos rebosando el cariño que siempre me has regalado. Porque si hay una seña de identidad de Soco Mármol Brís es su generosidad. Y cada mirada mía que reposaba en la tuya me hacía sentir a salvo de tribulaciones e inseguridades. Una vez más has estado a mi lado ¡MUCHÍSIMAS GRACIAS!
Me abrazaba a la gente mentalmente, sentía a mis amigos ausentes, a mi madre ausente, a mi familia vallisoletana ausente, a la familia literaria latinoamericana ausente, a mi otro mentor, Luis Alcocer, ausente,  los lectores de los blogs, Juan Escarpelo, Paula Aragón,a mi amiga Marian ausente, sin embargo todos cosidos en mi corazón sintiendo su fuerza conmigo.  Regalaba sonrisas titubeantes, la inseguridad me atenazaba y mis ojos, de pronto chocaron con un rostro conocido, como si hubiera formado parte de mi paisaje vital. Nos abrazamos en silencio y después palabras atropelladas. Un trocito de los Cantalapiedra estaba también allí para acompañarme, para dar ese calor familiar que nunca pudimos disfrutar. ¡Muchísimas gracias! uno de mis lemas preferido vuelve a salir a la palestra" No importa lo que tardes, lo importante es llegar" y ayer llegué a mi otra familia mientras mi novela Sevilla…Gymnopédies” se presentaba en sociedad en una sala llena. Mientras,  yo hablaba subida a aquel púlpito, de vez en cuando te miraba y tus ojos expresaban muchas cosas, Blanca… A esas alturas de la película tenía el corazón pletórico pues había finiquitado mi primera estación de penitencia.
Las palabras de Socorro remataron este día tan especial “Estuviste perfecta: sensata -lo cual es un logro en ti- sabiendo hablar pero, sobre todo, midiendo con talento tus silencios y llena de ternura expositiva. Estoy tan orgullosa de ti...”
Y ahora, este diario de novata también termina. Mis siguientes estaciones de penitencia serán luchar por Sevilla…Gymnopédies que ojala guste y se venda. Seguir escribiendo…
Pero de esta aventura me queda grabado a fuego dos cosas: humildad y generosidad. Dos puntales necesarios para vivir con los demás, a recordármelos cada día nada más despierte.

¡UN MILLÓN DE GRACIAS!

7 comentarios:

TORO SALVAJE dijo...

:)

Me alegro muchísimoooooooooo!!!

Felicidades!!!

Besos.

Antonio dijo...

El beso y el apoyo personificado no te lo pude dar, pero te mando un abrazo cargado de energía y de mis mejores deseos de éxito para tu novela. Seguro que viniendo de una maestra en el uso de la pluma será un éxito.
Besos y éxito

PEPE LASALA dijo...

Un besazo enorme que te mereces lo mejor.

El collar de Hampstead dijo...

Qué bien María Ángeles!
: )

Ahora a seguir!
Besos de ánimo.

CATI COBAS dijo...

¡Ësa es mi chica!!!

SALETA dijo...

Me he visto allí, en esa sala repleta; gozando con el calor que tan maravillosamente trasladas a las letras.
Me alegro mucho por ti, amiga.
Y brindo porque se venda muy bien ese trocito de tu alma que has entregado al mundo.
Un ramito de besos.

Maripaz dijo...

¡Enhorabuena!
¡Que bien has narrado tu experiencia!
Lo he vivido como si hubiera estado allí. Tus letras tienen alma, llegan muy adentro y hacen que se despierten sentimientos a raudales.
Me hubiera gustado acompañarte en esa ciudad y esa calle tan querida para mi.
Es apasionante tu aventura.
Ya te he contado que te tuve muy presente ese día...

Te deseo mucho éxito.
Un millón de besos.