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lunes, julio 07, 2014

VERANO


Es verano aunque no lo parezca. Buscamos el sol con el hambre de un invierno largo, con la luz que nos transforma en seres espontáneos, alegres  y vivarachos. Necesitamos de su calor para que tueste nuestros cuerpos, que relama el frío incrustado en los pliegues que no vemos pero sí sentimos. Descubrimos, pues,  los cuerpos para que el aire se abanique en ellos.
Y luego llega la mar, esa mar desbordante de energía para aplacar nuestros pulmones de la sal que se nos arrebató. Porque cuando la espuma de una ola encrespada te rodea, sientes una extraña magnitud de felicidad, y una arrebatadora libertad revoloteando cual gaviota a tu lado. No es una espuma clandestina, se la nota emerger con el poderío que sólo la mar tiene; entonces, un blanco rayando el albino sacude tu cuerpo, lo zarandea jugando con el niño que llevamos dentro. Miras la ola embelesado, absorbiendo la belleza que el agua encierra, respirando el salitre que sólo te da la mar. Te conviertes en velero surcando tus propias aguas, recorriendo tus múltiples personas, esa que la vida diaria te arrebata.
Espuma del Atlántico, fronteriza con el Dulce y sosegado Mediterráneo, de luz y textura inigualables. El agua se bate así misma, se espolea como nosotros hacemos cuando nadamos a nuestros interiores, generando una sinfonía de vaivenes, altos, y grabes, bravos y leves, en la que tú, sí, tú, te sumerges encontrándote, al fin,  con la persona que se esconde en los dobleces  de tu alma.
El verano es dulce, es vivo y vital y encierra esa magia que da el romper con la monotonía que agobia, con la luz que nos apaga, con la mar que nos da vida.

El mar. La mar.
El mar. ¡Sólo la mar!

¿Por qué me trajiste, padre,
a la ciudad?
¿Por qué me desenterraste
del mar?

En sueños la marejada
me tira del corazón;
se lo quisiera llevar.

Padre, ¿por qué me trajiste
acá?

Gimiendo por ver el mar,
un marinerito en tierra
iza al aire este lamento:
¡Ay mi blusa marinera;
siempre me la inflaba el viento
al divisar la escollera!   Rafael Alberti

2 comentarios:

TORO SALVAJE dijo...

No conocía este poema de Rafael Alberti.
Es precioso.
Si.
El verano y el mar parece que vayan de la mano.

Besos.

Anónimo dijo...

Espero que haya podido hacer días de playa, excursiones y terracitas. Buen finde. Un abrazo.