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lunes, abril 14, 2014

ENTRE LA ALAMEDA Y "EL SEÑOR"

Me he sentado a destripar las horas que a veces son losas y otras un suspiro. Pedaleando sobre la red tejida en la amistad que un día nace por “pura chiripa” y luego se convierte en hermandad. Tiendes puentes a los recuerdos tostados al sol entre susurros y confidencias, y hablando con la lengua de las emociones. No hay edades en esos momentos y sí entendimiento y respeto. Y es que “El Señor” hace grande a esta gente de humilde condición y enorme corazón.
Entonces te haces una pregunta a los sentidos, una respuesta al cariño, a esos amores que, por incompresibles nacen, y un día decides dejarte llevar por ellos bebiendo hasta la última gota de su vida.

Y el capítulo se cierra en una Alameda, al cobijo de la sombra y delante de un gin-tonic escuchando los primeros repiques de una banda con sentido y alma que avanza al lado de su “cruz de guía” de una semana grande que no es la mía y que, sin embargo, la siento como tal. Pero llega la hora del abandono que no del olvido y, sin mirar atrás, pisando adoquines de lustros y larga historia, vuelo a mis otros destinos sin girar ni una sola vez la cabeza  no fuera a ser que las lágrimas busconas encuentren su camino. Y según vuelo, alondras de azahar, los resquicios de un tiempo, me dicen ¡Hasta luego! Porque de sobra saben que llegarán otras primaveras y yo estaré para verlas nacer de nuevo.

2 comentarios:

José Javier Ruiz dijo...

Aunque te vayas muy lejos de Sevilla, sabes que ya eres de aquí y como buena sevillana la ciudad te reclamará una y otra vez hasta que con tu regreso se quede tranquila.

bixen dijo...

"Ojos que no ven, corazón que no siente."
No sé por qué me ha venido este refrán a la cabeza, pero ten por seguro que no entró aquí con calzador.