Hay días que me despierto con el miedo cosido a la piel. No sé lo
qué temo, pero pensar que he de salir al mundo a lidiar mis horas, agarrota mis
huesos y las sensaciones se esconden.
Hay días en que aunque me empeñe en pintar soles sobre mis paredes, no alcanzo a ver la luz.
Hay días en que aunque me empeñe en pintar soles sobre mis paredes, no alcanzo a ver la luz.
Hay días en que el reloj de la vida araña a mi ánimo.
Hay días en que me levanto con ganas de no hacer nada, de mandar todo al carajo y quedarme contemplando a la nada.
Hay días en que no encuentro mi camino, me levanto ciega y si no fuera por mis lazarillos blancos, no hallaría mis horas.
Hay días en que la cabeza no responde a los impulsos externos; sólo quiero llorar. Estoy cansada y me siento devaluada como una moneda, pero llegan Chus, Montse, Virginia… mis palomas blancas y recupero mi memoria.
Hay días que me despierto y pienso que todo lo hago mal, que la edad me está facturando la energía consumida.
Hay días que me siento avestruz desplumada, cobarde y pusilánime… Y, sin embargo, la vida me llama a que salga a su encuentro.
Hay días en que necesito una sonrisa, una palabra de ánimo que me invite a bailar las horas con el coraje y el humor suficientes, pero no lo tengo. Entonces surgen como de una nube mis palomas blancas para decirme con la luz de su mirada ¡Feliz navidad!
1 comentario:
No soy una paloma blanca pero yo también te deseo ! Feliz Navidad !.
Besos llenos de ánimo.
Publicar un comentario