martes, mayo 29, 2018

LAS CHICAS SÉNIOR


Apenas veinticuatro horas atrás, un sol meloso, a veces asfixiante,  rociaba sus pieles blancas con rayos, con luz intensa y ellas se tapaban sus cabezas cardadas con sombreritos de paja mientras caminaban por el valle de los templos en Agriento y su guía las jaleaba “Mis Chaparritas bonitas, ándale,  que vivarachas son todas”

 Ellas miraban con admiración aquel paisaje, cada centímetro de piedra y de historia porque las gusta vivir, absorber los últimos jugos que las regala la vida, pararse en el camino y bajo un olivo, símbolo de la paz, dorarme con su sonrisa y agarrarse a tu brazo para no tropezar. El día anterior pasearon en lancha entretanto la mar salpimentaba su entusiasmo y, el anterior, se sentaban en las gradas de un teatro griego y sus ojos se doraban en las colinas de Taormina, o el otro caminaban por la playa sintiendo el cosquilleo de la arena y se montaban en un escúter muertas de risa para subir una cuesta tan empinada que ni yo misma podía con ella. O paladeaban un riquísimo gelato por la bella Noto con tal cara de gula que yo también deseé de ese placer helado y dejar la mirada asombrada en los mosaicos de la villa romana de Casale.

Su capacidad de adaptación es alta y sus vidas, sus historias, trepan en mis sentimientos como chorros de agua fresca, un universo para soñar, porque ahora el tiempo es suyo después de habérselo entregado a los demás y su vitalidad es ilimitada aunque se apoyen en un bastón o hagan un alto para dejar reposar sus corazones.

Cae dulcemente la tarde, el sol es dorado y mis chiquitas amorosas revolotean entre dos vendedores de collares. Una llega a tener puestos encima hasta seis collares y, sus personas, se convierten en chispas de risas regateando el mejor precio. Todas nos volvemos chaladas, la policía, también, que amenaza al conductor que, o se lleva a aquel ramillete sénior o le casca una multa. Da igual, ellas se han vuelto unas locas felices, ni oyen ni entienden, pero regatean que da gusto aunque la policía se muestre mohína y al final extienda la multa de marras.

¿Son unas revolucionarias? Nooo. ¿Son mujeres corrientes? Tampooooco. Son mis chicas sénior.

2 comentarios:

Ambar dijo...

Es difícil no volverse loca en Sicilia.
Por cierto ! Felicidades ! todavía no lo había hecho y ya eres una autora consagrada.
Besos

Beatriz R R-S dijo...

No se puede describir mejor. Son señoras fuera de serie, los viajes con ellas son imborrables.