sábado, mayo 12, 2018

LA TERNURA DE COSER UN BOTÓN


La ternura se escapa, se fuga por cualquier costura del alma. Te sorprende en un momento inesperado, cuando tú tenías, por ejemplo, previsto hacer algo tan corriente o vulgar como coser un botón…
Se acercó con sigilo, inusual en él que siempre despertaba vociferando un “Buenos días” para que todos en casa supieran que uno más había abierto los ojos al mundo.
Se paró detrás de ella sin hacer ruido, observando como hacía una besamel. Al rato, con un placer desmedido metió la cabeza en el cuello de Carmen para percibir el aroma de su piel y emborrachar así sus sentidos habidos de sexo. Después, depositó un diminuto beso. Ella se estremeció, pero no dejó de dar vueltas a la cazuela con la cuchara de madera.

- ¿Te levantas con ganas de guerra? -preguntó Carmen sonriendo, pero sin dejar de observar el pluf-pluf de la cazuela.
-Sí, no…-contestó él lacónicamente.
-Defínete, no empieces con evasivas-acotó ella.
-Tengo hoy una comida con mis compañeros de carrera y se me ha caído un botón del abrigo-contestó él con poco convencimiento.
- ¡Ah, un botón! Mientras te duchas te lo coso- dijo Carmen decepcionada por la propuesta.
Paco volvió a besar el cuello de Carmen con placer y se fue. “Sí que me hubiera encamado con Carmen ahora mismo. En fin, eres más corto que las mangas de un chaleco” Se dijo mientras el agua resbalaba las fauces de la noche. Algo parecido pensó Carmen mientras retiraba la cazuela del fuego “A Paco nunca se le ocurre, no sé por qué no tomas la iniciativa, ¡Ay cuánto pesa la educación que recibiste, Carmelilla”
Cogió con desidia la caja de hilos y el abrigo y se sentó al lado de la ventana a coser. Un par de rayos golosos iluminaron la mirada de Carmen sujeta a un botón cosido con fruición. Los rayos se fueron y ella quedó asida a la luz del día que comenzaba pintear agua gris como cristalina. Se veía vacía como mujer, hueca como hembra mientras se animaba diciéndose “El tiempo todo lo emborrona, no solo a ti” y en un gesto inesperado se llevó el abrigo a la nariz. Olía a Paco, humeaba despistes de su dueño y, también, sin saber cómo ni por qué se puso a besar aquella tela ajada de tantos inviernos, de tantos olvidos en cualquier bar y sintió ternura, un amor inusitado, tonto, fresco, pero a Carmen la sirvió, bueno, Carmen era muy apañada y enseguida encontraba escudos para su conformismo vital.

- ¿Qué haces besando el abrigo?
-Anda, toma y calla. Ya está cosido.
-Vale, gracias… Oye, aún tengo tiempo, ¿una duchita rápida juntos?
Y Carmen se duchó junto a su Paco y un orgasmo vino y otro también y cuando el agua secó sus cuerpos, a Carmen la quedó aquella ternura de coser un botón…, nada más

3 comentarios:

Macondo dijo...

Supongo que uno nunca se harta de que le digan lo bien que escribe, aunque lleva una temporada escuchándolo continuamente, incluso al otro lado del charco.
Qué bonito escribes, ESCRITORA.

Mª Jesús Muñoz dijo...

Cualquier acto de amor, por muy simple que sea,es recogido por el universo y tiene sus consecuencias...La ternura con que has "cosido" este escrito se nos pega a la piel del alma, amiga.
Mi abrazo y mi cariño.

Maripaz dijo...

Que preciosidad de relato. Que bien hilada esa historia del botón con la pasión y el amor que los actos sencillos encierran.
Me ha encantado.
Besos, guapa.