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miércoles, agosto 26, 2015

CARTA A LUIS

La gaviota la encontró Rafa Rúiz
Mí querido Luis… Un año más has cumplido tu promesa de regalarnos unos versos desviados en tu cumpleaños y mis ojos se me empañan de ternura por el orgullo de contar en mi vida con un hombre como tú. Ése que quiso hacer de mí una mujer de prosa inteligente y reposada ¡Válgame dios, qué pretensiones!, a pesar de tu vasto conocimiento sobre mi persona,  ser indómito y chapucero, tú insistías en que guardara mis renglones torcidos un tiempo en barbecho y luego los volviera a sacar a la luz de mis ojos para su nueva corrección. Impulsiva que es una, ni puñetero caso te hacía. Las letras terminadas, Luis, me arden en las manos y si no lo comparto, pierden realidad. Tú mueves la cabeza en rítmica comprensión que de mí nada bueno literario puedes lograr, y me miras después con tus ojos azules, ese mar de fondo en calma,  salpicados de tantos ayeres que crees haber visto ya de todo. Yo te sonrío, me siento a tu lado tan niña, tan inexperta, tan alumna, que abro mis oídos, mi mente alocada para escuchar tus palabras, para reírme a carcajadas de tus aventuras y desventuras en el universo femenino, para atusar con dulzura tu desorden más ordenado, tus letras afiladas con críticas descarnadas de aquello que ves por el mundo y que tan poco te gusta. Las adornas de fina ironía y las sirves en bandeja de chatarra porque según tú no valen nada; peor crítico sobre ti no hay ninguno. Ya no pides más a la vida y si la parca llega, la pones condiciones “Llévame contigo pero antes enfúndame en la bandera del Real Madrid, dame tabaco, papel y pluma, no necesito más”
Eres un hombre grande, mi dandi, mi maestro. Los versos deshilachados de este año me producen tanta ternura como placer al leerlos. Sé que mientras mis ojos bailan en tus letras, estoy  abrazando a la mente más lúcida que he tenido el placer de conocer. Si al menos hubiera aprendido algo de humildad, esa que destilas mientas escribes…
EL TIEMPO HUÍDO
Queda el deseo casi en el olvido
perdido entre pasados sin futuro
en la penumbra de la luz de gas
en la belleza de tu piel de niña
blanca 
como el rocío sobre vidas a la espera de algo
y tus ojos
que no perdían la inocencia al mirar de frente.
Atrás las permanentes lluvias
el calor de madrugadas con el balcón abierto
el techo acumulando días sin retorno
los sueños en busca de otros sueños
que aporten esperanza al tiempo huido
y permitan que se acerque el día.
Casi no te recuerdo
puede que fueras una o el conjunto fallido
de amores que no fueron
da igual
el hombre siempre 
es la memoria mejorada
de lo que pudo ser.

(Gracias por leer, jóvenes) Luis Alcocer

1 comentario:

TORO SALVAJE dijo...

Un gran poema.
Y un hermoso homenaje.

Me gusta volver a saber de ti.

Besos.