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viernes, mayo 08, 2015

TAL VEZ UNA SONRISA

Siento lástima por aquel que no sabe qué es una sonrisa. Me parecen personas grises aunque en el cielo no haya rastro de lluvia. Rostros huraños y malhumorados en guerra con todo su entorno. Olvidaron ver con ojos de niño el asombro que produce despertar, el saberse Robinson subidos a un arco iris.

Ya no hay sonrisas gratuitas, perdidas y despistadas que hacen tan grata la convivencia. Podías encontrarlas en cualquier esquina, al abrir un armario o en el tarro de mermelada.
Se puede comprar de todo, sólo hace falta dinero, pero no así aquello que no tiene precio ni caducidad como ese gesto, esa mueca que se dibuja a lo largo de un rostro desde la barbilla hasta llegar a los ojos, y cambiando su fisonomía por dos farolillos intermitentes que invitan a ver la cara más amable de esta perra vida.
Limones ácidos que, cuando tropiezas con ellos, lamentas haberlos encontrado. Aristas en sus bocas que recriminan no ver la vida con la oscuridad de sus noches que jamás ven la luz.

Se pierde la amabilidad, se esfuma su duende, se convierte en un mal que se adhiere a las paredes de tu alma como lapa persistente e invulnerable.
A veces sueño que la pierdo y me despierto angustiada dando luz a mis miserias. Cuando recobro la conciencia, me palpo la piel, el corazón, mi boca…, y allí la encuentro descansando, recuperando el resuello de su ardua tarea que es enseñarme a no olvidar el valor nutritivo de una sonrisa cada vez que alguien te mira a los ojos.

Pequeños gestos que son el vestíbulo de tu yo que entregas a los demás haciendo gratificante su largo caminar.
Siento lástima por aquel que no sabe la estima de una sonrisa sin más porqué que el placer de regalar un instante de felicidad.
¡Buen fin de semana, amigos!

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