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lunes, agosto 25, 2014

RETRATO DE VIEJO CABALLERO

Esta mañana lo primero que he leído ha sido tu mensaje: parco, desvaído, lacónico. Automáticamente esa sonrisa efervescente que me provoca tu persona salió a la palestra acompañada de la ternura para atusar tus versos tristes, ácidos, sin posible puerta abierta a un cielo misericordioso. Tus letras son esa parte de ti que no deja títere con cabeza que, aunque desplegando la más sublime armonía, reverberan la parte más oscura del ser humano y, sin embargo, adoro tus palabras, tan lejanas a mi optimismo y confianza en la redención del hombre. Las quiero porque he crecido en ellas, porque cualquiera que ose emular a un poeta, un plumilla..., antes debería leerte y, después, seguir por sus estrofas o, por sus renglones torcidos como es mi caso.
Tú escribes tan torcido y retorcido que, al leerte, tengo la sensación de caminar por el horizonte más recto de mi vida y, mientras lo hago, en mi tímpano gargajean tus consejos de perro viejo para que dé reposo a mis letras atropelladas. Pero sabes que no puedo porque temo que se me escapen, y sean pasto del olvido.
Sin embargo, soy experta en sacar lustre al recuerdo de tu figura de viejo caballero sin sombrero, tan dandi como ninguno, y de modales de hombre pasados de moda. Aún me siento en nuestra terraza y tú me retiras la silla para que yo me siente. Esperas pacientemente a que me acomode para tú hacer lo mismo. Mi cigarrillo no espera ni un segundo apagado pues tu encendedor aproxima la llama más viva. Luego, delante del Martini de esas épocas que ya no se reinventan, me sumerjo en tus ojos tan grises, de ese azul que ya no hay, y veo la mirada lacónica y descreída, pícara y encendida desvistiendo a la mujer de curvas ajustadas y, también, la ojeada más benevolente que se puede dar al ser humano. Tus ojos bien merecen un poema, unas letras bien casadas, que canten los misterios más profundos que guarda esa mirada de ayer.
Un año más te recuerdo ese pensamiento loco, loco, en el que repito que si yo hubiera nacido en otros lustros bien sabes que te hubieras quedado con esa chica de Valladolid que tanto odias por ser de provincias de caderas estrechas y pechos desflorados. Sin embargo tu escepticismo y manía persecutoria a ese tipo de mujer, yo te lo hubiera compensado con mi espíritu indómito de eterna inconsciente… Más, me conformo, eternamente agradecida, por haberte encontrado un día cualquiera de hace muchos años y que, desde entonces, camino al lado de tus pasos.

¡Feliz cumpleaños, maestro!, eterno enamorado de la mujer imposible.

2 comentarios:

CATI COBAS dijo...

Precioso homenaje, Ángeles...Y muy merecido, por cierto.

Rous dijo...

Me ha gustado mucho, de verdad!!