La 2ª edición de mis novelas tú lo has hecho posible

La 2ª edición de mis novelas tú lo has hecho posible
La 2ª edición de mis novelas tú lo has hecho posible.Un millón de gracias!!!

sábado, enero 18, 2014

VEINTICUATRO DE DICIEMBRE

Hay regalos que permanecen sepultados en el silencio de los tiempos y, un buen día, aparecen entre los escombros de los años intactos e iluminados para que los redescubras nuevamente.
Así como, a veces, sientes la necesidad de poner en orden  tu vida material reflexionando al pasar “para qué guardé esto… He vivido años sin saber de su presencia, ahí arrinconada en una estantería, en un armario ocupando espacio vital para seguir amontonando materia trivial y sin sentido”… Y llega el día, de esos días lisos, sin esquinas ni dobleces y te pones con el remordimiento frente a ti, recriminándote esa actitud tan tuya de atesorar tanta materia mientras ahí fuera falta de todo y tan esencial… Vacías armarios, cajones y baldas. Miras, remiras, te pruebas, vas haciendo montones con lo que vas a dar y con lo que te quedas, con lo que tiras…; esa primera parte es fácil, rápida, no así cuando llegas a los cajones y te encuentras de todo y más, un batiburrillo que bien parece una feria de recuerdos desencontrados entre sí… Con alguno de ellos haces memoria viniéndote golondrinas al atardecer colgadas de una sonrisa… La caja de latón con fotos a cual más espantosa pero igual de divertidas… Periódicos amarillentos que guardaste como recuerdo al horror de un once de septiembre, un once de marzo… Y de pronto, como si estuviera esperando al fin su momento estelar aparece un sobre con mi nombre y sin remitente, hasta la solapa se ha vuelto a pegar; ha sido la losa del tiempo quien deseó sellar aquel sobre que miro con deleite sin saber por qué hasta que me decido abrirlo. Dentro, un tarjetón y una carta; ambos datan del veinticuatro de diciembre del dos mil seis.
La tarjeta lleva impresas unas letras deliciosas que hablan de beneficio de una sonrisa y que ésta es gratis; ahí me paré para recordar que siempre estoy diciendo que sonreír es gratis y, realmente, no son palabras de mi cosecha. Acababa de encontrar su dueño, ese tarjetón brillante y coloreado que se conserva intacto.
Después pasé a la carta, de esas cartas de las de antes, de las que se escribían de puño y letra de su autor… Es una letra titubeante, tímida, sincera y humilde, hasta tierna, diría yo… Alguno estará pensando cómo puede alguien decir esas cosas de una letra. Pues sí, era lo que provocaban aquella sucesión de letras formando una cascada de palabras tan sentidas… Lo mejor fue que, sin darme cuenta, mi ego se iba esponjando como las nubes cuando se esponjan como hogazas hasta que se convierten en etéreas; eso mismo me estaba pasando a mí hasta que mi otro yo, ese que nos suele poner en el sitio correspondiente sin halagos ni vanidades, me dio un toque de realismo y me susurró “Alma de cántaro baja a la tierra” y bajé para abrazar la firma de su autora. Una Rosa en el jardín de mi vida que creció espontánea al abrigo del amor a las letras y a la amistad.
Volví a meter el tarjetón y la carta en el sobre. Después, me lo acerqué al corazón para decir, con el retraso de casi ocho años, ¡Gracias!

Había caído la tarde, la penumbra se había hecho la dueña del tiempo, la lluvia goteaba sus incesantes racimos de agua y yo proseguí mi labor de exterminio material.

5 comentarios:

Nómada planetario dijo...

Rebuscar en los cajones provoca hallazgos de todo tipo. Es como abrir una ventana en el tiempo. Otras veces los encuentros hieren como vidrios rotos.
Besos con sabor a nueces y chocolate.

Micaela dijo...

¡Qué hermoso buscar en los recuerdos y encontrarnos con verdaderas sorpresas! A veces duelen pero casi siempre son gratas y nos recuerdan a un tiempo pasado inolvidable. Besos.

bixen dijo...

¡Cuánto tiempo!

Maria Coca dijo...

Me resulta familiar el encuentro de cartas y cosas que ni recuerdas acumuladas en los cajones. Como tú, guardo y atesoro muchas cosas que con el tiempo encuentro y me hacen recordar...
¡Cuántos recuerdos nos conforman!

Buena semana, amiga.

Rosa M. Arroyo dijo...

Y yo me perdí esta delicia que dice, de nuevo, tanto de ti, de tu mirada generosa y sincera en el tiempo, de tu sensibilidad ante los pequeños detalles.
Te quiero mucho.