jueves, julio 23, 2009

MIEDO

El miedo nunca se pierde, no te engañes. Está ahí agazapado esperando su momento, la oportunidad para encogerte el ánimo, roer tus entrañas y hacerse el amo de la situación.
Yo creía haberlo despistado porque el tiempo extravía muchos recuerdos, sin embargo esta mañana me estaba esperando tan embustero como entonces, tan dañino como hace años.

... Bajaba la cuesta camino del trabajo, la mañana era bonita y suave, solitaria porque es verano. No había coches, no había gente... De lejos le vi llegar, no había nadie más: él y yo. Venía tranquilo, de frente, me sonreía –en aquel entonces yo le sonreí también, nada me hacía sospechar lo contrario-, incluso silbaba según se acercaba.
Miré a un lado y a otro; nada, sólo el sonido de nuestras pisadas. Hasta los pájaros estaban mudos. Mientras, nos íbamos acercando el uno al otro, cada vez más cerca. Mi rostro se congeló aunque mis pasos seguían sin titubeo. De sobra sabía que la experiencia es un grado, para bien y para mal, y que aquella cara que cada vez la veía con más nitidez, no era lo que parecía. Seguro que cuando estuviera a mi altura se abalanzaría toda ella sobre mí como una sombra negra y volvería a suceder lo de antaño.
En décimas de segundo volvió a pasar ante mí la película que el olvido había tragado, las risas mordaces de aquellos dos hombres que creí inocentes trabajadores de regreso a casa, y que posaron sus manos sobre mis brazos, primero, y después mi vestido, el pelo...
He tragado saliva y mis piernas se han negado a continuar; me he quedado pegada al asfalto cual estatua de hielo derritiéndose ante el terror; he cerrado los ojos y he bajado la cabeza.
... Algo o alguien ha rozado mi hombro, no sé qué me ha dicho; he abierto los ojos. No he visto a nadie. Estaba sola, no pasaban ni coches ni gente. A mis pies una paloma comiendo una migajas.
Me he besado mentalmente, secado una lágrima furtiva, y animado a reanudar el camino; “Ya se fue”, me he dicho.
En casa se enfadan conmigo porque me asusto con enorme fragilidad; quien no ha experimentado esta clase de pánico, no sabe lo qué es...

He cruzado la calle y me he perdido entre el ruido del mundo que acababa de despertar.

20 comentarios:

Adolfo Payés dijo...

Entre el silbido en el silencio. me quedo para saborear tu relato..

Un gusto pasar por tu espacio.
Saludos fraternos
Un abrazo

TORO SALVAJE dijo...

Ojalá sea un relato.
Me has dejado preocupado.

Besos.

MarianGardi dijo...

Tragica experiencia!!
El miedo es la màquina que nos avisa del peligro, cuando hay una experiencia dramatica grabada, salta el automatico al menor gesto.
Sucede siempre, lo bueno tambièn tiene su lado negativo y màs cuando nuestro ordenador por causa de malas experiencias se raya.
Hoy te abrazo màs fuerte y dulce que nunca.
Pronto el abrazo sera real.
Gracias por tu presencia en el encuentro del Gijòn

almacatamarcana dijo...

Si te ha pasado realmente, lo lamento mucho, Rubia.
El miedo cuando se transforma en panico, paraliza!!!
Lo he sufrido en alguna oportunidad.
Un beso en tu frente amiga, para que se te pase el susto.

Luis y Mª Jesús dijo...

Es fácil decir: "no tengas miedo", pero si has pasado por una experiencia como la que cuentas es imposible no tenerlo.
De momento soy muy valiente, pero porque no he sido probada.
Me alegro de que fuera una imaginación tuya.
Mucho ánimo y muchiiiisimos besos

INÉS dijo...

Me has transmitido la sensación..¡eso es un buen relato!
Gracias

Ulysses dijo...

muy buen relato, me gustó mucho.

Saludos

Adrisol dijo...

has logrado que vaya entrando en esta historia como primera persona!!!!!
muy bueno..

besoss

Jesús Arroyo dijo...

Hola, Cantalapiedra:
Realidad relatada sin miedo o relato tan real que da miedo...
Besos, guapa mía.

Codorníu dijo...

Bueno, esta vez me has puesto el corazón en la boca según leía. Espero que sea todo ficción. No quiero ni imaginarme que te ha pasado realmente.

Un beso.
Ufff...

Codorníu

Terly dijo...

Tu relato, Mª Ángeles, me ha hecho vivir la angustia de tu miedo. Conociendo tu imaginación supongo que no es más que producto de ella o la metáfora de otra situación en la que supiste sacar músculo y mirar hacia adelante. Pensarás que soy otro Quijote, pero Lola me alegra la vida y este relato me ha producido cierta tristeza.
Un beso.

Rosa dijo...

Cada vez escribes mejor. Sabes cómo transmitir al lector, crearle empatía. Y en cualquier caso, se agradece, hace que se sienta vivo.
Un abrazo grande,

Víctor Manuel dijo...

Felicitaciones este relato es como beber el agua de tu alma. Cada palabra tiene un imán que me conduce a tu isla de misterio atacada por piratas. Si navegas en contracorriente no te arrastrará la corriente y allí puedes construir otros modos de vivir
Víctor Manuel

Nómada planetario dijo...

Un relato muy intenso, si existe esa experiencia previa desde luego debe ser muy difícil suprimir el miedo.
Una cosilla esta frase: "... Algo o alguien ha rozado mi hombre". Supongo que querrás decir mi hombro. Cosas de las prisas al teclear.
Un beso de terral de 'tate' quieto 'parao' bajo el aire 'condicionao'.

Juan Escribano Valero dijo...

Hola María de los Ángeles: Espero que solo sea un relato, fruto de tu gran imaginación y talento para contar historias, Historias que por otro lado son perfectamnete verosímiles.
Me gustan mucho tus relatos, un abrazo muy fuerte

Ricardo dijo...

Hola Mari Ángeles, gracias por tu visita. Yo también me paso a saludar, espero nos veamos en septiembre.

Un saludo.

Alatriste dijo...

Yo no dejo de sentirlo. Un miedo atroz, a quedarme solo. Lucha contra él. Un beso fuerte.

Shanty dijo...

El miedo, el terror, el pánico, es como un virus silente que nos ataca desprevenidos.

Horrible experiencia, espero sea pura ficción.

Abrazos desde mi interior.

PIZARR dijo...

Es muy curiosa la forma en la que las vidas de quienes compartimos estos espacios, se mezclan y se parecen a veces.

Llevo un buen rato poniéndome al día de cuanto has escrito en mi ausencia gallega.

Esos trenes recurrentes en tus escritos, siempre me llevan a los mios. Yo también fuí en tren a París a los 13... a los 15... a los...

Eran viajes eternos en los que descubrí los otros colores de la humanidad. Porque en ellos viajaban siempre muchos africanos de Hendaya a Paris. No estaba acostumbrada en aquellos tiempos a ver gente de color en mi entorno. Y ya desde entonces me cautivaron sus ojos. Son ojos que llevan tatuada toda su vida, siempre me pierdo en ellos.

En aquellos eternos viajes terminé compartiendo más de una de sus duras historias ( de esas que ahora tenemos tantas en España )

Y este escrito del miedo me ha llevado directamente a sentirlo de nuevo. El lugar que describes bien podría ser el que recorría a los 18 años desde la parada del autobús hasta mi trabajo. Para ahorrar tiempo atajaba por el parque de Doña Casilda... y a las 7 de la mañana de un día de invierno me atacó un hombre que salió de entre los árboles.

No he podido volver a pasar por ese lugar, salvo cuando es absolutamente de día y está lleno de gente. Aún ahora al volver de la universidad sería mi recorrido directo a casa, sin embargo doy una vuelta tremenda por no atravesarlo si es ya tarde.

Sin embargo es curioso, porque no soy en absoluto miedosa y acostumbro a atreverme con todo... menos con aquello...

Un abrazo y no necesito decirte cuantísimo me gusta leer esas crónicas tuyas

Alodia dijo...

Algo así me sucedió hace unos días. Pasé un miedo terrible, pero fueron décimas de segundos. Yo también te deseo un feliz verano y nos volvemos a leer en septiembre. Un abrazo grande.