lunes, diciembre 17, 2007

MARÍA

María era un ángel al que el destino le robó sus alas demasiado temprano; tan sólo tenía veintitrés años.
Se la llevaron vestida de novia, así lo quiso Fernando. Faltaba un mes para dedicarse un sí quiero, pero no pudo ser. El futuro se cambió por la eternidad.
Han pasado tantos años, que ahora María pintaría grises en sus cabellos y su piel quizá estaría marchita, pero sé que seguiría siendo un ángel.
La vida le achicó aguas y temporales, pero la recuerdo con miles de sonrisas en su ojos de miel temprana, en su boca y en cada gesto. Ella nunca pedía nada para sí misma y sí todo para los demás… Qué lastima que el mundo se viera privado de un ser que no veía males y sí eternas primaveras. Pero fue el otoño quién quiso poseerla eternamente y así cada octubre, Fernando sigue llevándole flores a pesar de los inviernos caídos. Se apoya en un bastón y camina entre los cipreses hasta llegar a María que le espera. Le esperará siempre.
Él acaricia el mármol blanco que cubre los aromas del ayer. Fernando sin María no quiso construir otros sueños y su corazón guardó luto. Las lágrimas se acabaron, sin embargo la nostalgia sigue acompañando a las pisadas que según él han pasado sin pena ni gloria por este mundo.
María también se llamaba Esperanza, nombre ligado a un temperamento que nunca se apagó y al que hoy aún sigue sujetándose Fernando… Espera y espera a que, al fin, pueda compartir con María aquello que no pudo ser.
… Hay extraños amores que perduran a través de los tiempos. Nadie los entiende, pero existen como esas hojas solitarias sujetas al árbol desnudo en pleno invierno… hasta que llega un día la primavera y la hoja solitaria cae en un vuelo templado hasta convertirse en parte de la tierra.
Así era, es, el amor de Fernando hacia mi hermana María Esperanza.

3 comentarios:

carlota dijo...

MªAngeles, hija...se que me repito, pero es que cada día me sorprendes más con la belleza de tus relatos...cuando pienso "esto es insuperable"...zas! me demuestras que no, que te superas día a día...afortunada María, esté donde esté, de tener un amor así de vivo todavía: el de Fernando, y el tuyo. Un beso enorme.

Nómada planetario dijo...

No se que me pasa con los comentarios en tu blog, ayer tarde puse uno y sigue sin aparecer.

De todos modos es un relato entrañable.

Saludos.

Maria Coca dijo...

Increíblemente romántico. Una historia de amor sin barreras, de amor y esperanza, como bien describes.

Besos eternos para los eternos amantes.