sábado, octubre 27, 2007

SILENCIO

Sólo se escuchan mis huesos en movimiento. El resto duerme la placidez de un día que aún no amanece.
Me siento armónicamente bien en esta afasia que permite que sea lo que parezco mientras mi curiosidad lubrica la mente entre abecedarios desconocidos.
Parece que soy el único ser vivo en este sábado perezoso en que el cielo sigue adepto a la noche y la luna consuela a sus estrellas caídas.
Un café, un cigarrillo y una pantalla en blanco como únicos compañeros en este octubre que se despide lánguido, intacto de otoños que no llegan a la ciudad. Sólo, quizá rezumen en la dehesa extremeña de mi amigo Martín mientras la niebla levanta y el torito bravo pasta en el misterio del campo.
No soy de sueños largos que me quitan vida a esas horas que bebo afonías implícitas en las paredes que me rodean esperando que una campana selle el rigor de los maitines.
Prefiero los ojos abiertos confundiéndose en la oscuridad con el reposo de esta urbe que calla; ha pactado una pausa con el bullicio y se deja enredar por el mutismo.
Es, entonces, cuando restauro mis equilibrios y me encuentro con ese yo que ignoro entretanto el silencio adormece mis carencias.

8 comentarios:

JOSÉ ALVAREZ ARNAL dijo...

Los dioses te persiguen por haber robado el secreto de escribir como ellos.
Atho desde la Biblioteca de Alejandría.

ps dijo...

Aún estoy sacudiéndome los aires de melancolía traídos de la dehesa extremeña. Te aconsejo te pierdas algún día por aquella tierra.
Bello tu relato, Ángeles.

RODRIGO ELGUETA ACUÑA dijo...

Realmente un hermoso relato... al parecer octubre se vive de forma parecida a este lado del mundo te dejo mis saludos

CATI COBAS dijo...

Precioso relato, Ángeles...Cati

TEA CUP CLUB dijo...

Me gusta el silencio, es la mejor parte de mi ser, puedo oir mis sentimientos y viajar al interior de mi alma

Veronica

Isamar dijo...

Ni siquiera el silencio es capaz de adormecer a tus duendes. Me ha parecido genial, Ángeles.
Un beso.
Isamar.

carlota dijo...

Este momento tan bien descrito me ha recordado los momentos en que por la noche, con todos acostados, me salgo a fumar el último cigarrillo al porche...mi último momento feliz de cada día. Gracias por visitarme. Besos.

Anónimo dijo...

Un relato realmente bello, Angeles.
Abrazos del mar.
Lola