Estas letras amontonadas y distraídas las encabeza
una foto. Para mí esa es la actitud que debemos tomar… “Las cosas más simples son a
menudo las más reales” Juan Salvador Gaviota
Me he despertado con un sonido que he creído
reconocer como el graznido de una gaviota, pero el rabo de mi perro abanicando
mi cara me ha sacado de la desorientación y mientras me hacía café ha venido
por la puerta de atrás de la memoria una imagen: yo estaba en un aeropuerto
rodeada de españoles con diversidad de acentos pero con una puesta en común: su
alegría, sus carcajadas, nuestras voces chillonas tan características; ese
recuerdo me ha hecho sonreír junto a la siguiente imagen de un muchacho que
cumplía 40 años y se le saltaban las lágrimas por estar rodeado de su gente,
por sentirse agradecido por el cariño recibido en un día que se aunaban 110
años, los suyos más los de su padre. He mirado el goteo de la cafetera y he
vuelto a sonreír.
Después me he encaminado a encender el ordenador a
llenarme de otras realidades, tan duras como espeluznantes. Me enteré de ellas
muy lejos de casa mientras saboreaba una piña colada y mis ojos se rodeaban de
mar. Una mujer italiana, sentada en la mesa de al lado la oí decir asustada “L`Europa
é malata”, otra mesa cercana con acento andaluz sentenciaba “Estamos locos”, y
poco a poco la piña colada fue dejando un sabor amargo en mi garganta. Todo mi
entorno ya hablaba de lo mismo. No estaba asustada, ni siquiera estremecida,
pero mi mente se preguntaba repetitivamente “¿Por qué?” Sí, tal vez una
pregunta tonta, absurda cuya respuesta me di yo sola al cabo de un rato cuando
me aleje de las voces y me fui a un rincón solitario donde solo el rumor del
viento me hacía compañía “Ausencia de valores y desigualdad social atroz”
aunque no me cabía en la cabeza que el mal pueda vencer cuando hay millones de
personas buenas. Muy infantil mi aseveración, sí, pero es lo que siento cada
vez que miro al mundo. No quiero negarme la parte oscura del hombre porque ahí
está sembrando el terror. Mis ojos han bebido con avidez los titulares de los
periódicos en esta mañana que no sabía aún muy bien dónde estaba. Ocho días
desconectada y he encontrado más de lo mismo y más. Mi mente se parte en dos:
la ceniza y la positiva, pero sin querer obviar lo que hay en este presente
cruel, mi cabeza me dice que la actitud del ciudadano de a pié, es decir, tú,
yo, nosotros, ellos… ha de ser seguir regando bondad, cariño, alegría,
agradecimiento. Conformar una cadena humana que lucha con su actitud y
aptitudes contra la incomprensible de la barbarie.
Me vuelve la fotografía del aeropuerto, esos
españoles disfrutones, buena gente, hablando con propios y extraños,
compartiendo momentos y leo las sandeces que dicen nuestros políticos y me digo
“No nos merecéis panda de mermados”
Tal vez tenga razón mi amiga Aurora cuando dice que
no sé describir gente mala y yo le contesto
“Me quedo con lo bueno del mundo que es mucho”
2 comentarios:
Describes la que conoces y además muy bien.
Yo también me quedo con lo bueno, sobre todo con lo bueno que conozco en mis viajes oficiales. ¿Sabías que viajar en coche oficial es muy cómodo?...
Besos de Reina
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