miércoles, enero 09, 2019

MINUTO A MINUTO


Se es padre, madre, desde el minuto cero que certificas su existencia y en los momentos difíciles, la fe te sostiene…
Tú que eres madre, me entenderás. Por supuesto tú también, padre callado, roca silenciosa aguantando los azotes del temporal porque a veces, cuando hablamos, parece que solo sufren las madres y no es verdad. El padre siente su paternidad a su manera, de forma distinta pero de igual intensidad que la madre.
¿De qué color es el miedo? Esa angustia que un día te viene a visitar sorpresivamente y enciende todas tus alarmas y la angustia se cose entonces a tu corazón, a tu cerebro. Al principio no das crédito y la respuesta inmediata es “No, no, imposible…”, pero el tiempo te certifica que el miedo vino en dieciséis formas a quedarse junto a ti hasta que tomas conciencia que es real, tan real como que después de la noche llega el día.
Cuando a un hijo le pasa algo, el mundo de un padre y de una madre, se desmorona, te olvidas de todo, absolutamente de todo, y comienzas a vivir… minuto a minuto.
La primera lección positiva que se aprende es la humidad, la generosidad, el agradecimiento… Comienzas a valorar otras situaciones, otras sensaciones que hasta ahora no las habías dado importancia o habían pasado desapercibidas, porque el dolor por un hijo es tan intenso, tan distinto a otros calvarios, que no logras identificar palabras para manifestar ese tormento que te aprisiona.
Entonces, comienzas una nueva senda hasta ahora desconocida de padre, madre, sujetos al cordón umbilical de tu hijo. Cada minuto que pasa es una tortura, pero no hay que desfallecer aunque por dentro estés roto.
Cada minuto puede ser una derrota y, también, una victoria… Son días oscuros, pero un padre, una madre, no deben, no pueden dejarse arrastrar por el desánimo y valorar el…minuto a minuto.
…Vuelve la calma, regresa la quietud  a mis paisajes dormidos. Prendidos al ojal de mi piel están el recelo y el temor, el canguelo a que la alimaña se despierte y devore el trayecto recorrido en la serenidad de las horas.
“En un tiempo record he aprendido a vivir minuto a minuto, es lo que hay, es lo que tengo” Se dicen ese padre, esa madre, que bien podíamos ser tú o yo.
Atrás quedan las victorias y el hechizo, el júbilo y la algazara porque sí, sin preguntar más. Lo que llega ahora es la mesura de una conquista, la alegría contenida sin hacer ruido, con los ojos expectantes en el ahora pues el futuro no existe si no es el momento que tengo delante de mí.
Minuto a minuto… Es la única conquista, mi mejor galardón, nuestro premio, el de mi hijo y el mío.
La fe me sostiene, mi Esperanza es muy grande.
M Ángeles Cantalapiedra, escritora
©Al otro lado del tiempo ©Mujeres descosidas ©Sevilla...Gymnopédies

3 comentarios:

Marigem Saldelapuro dijo...

Hola.
YTotalmente de acuerdo, no hay nada peor que el dolor por un hijo, y seso se empieza a entender cuando somos padres.
Mi tía perdió a su hija y aunque sigue viviendo, porque nadie se muere así porque sí, ya no es la misma, algo se fue con ella el día que despidió a su hija.
Muy muy feliz miércoles y un texto precioso, de los que hacen pensar. Vivamos el minuto a minuto.

Macondo dijo...

Sé que hasta que no eres padre —y yo no lo soy— no lo puedes valorar en toda su magnitud, pero contándomelo tan bien me hago una idea.
Qué cara vendes tu presencia, escritora.
Un abrazo.

Mª Jesús Muñoz dijo...

Un relato que nos llega al alma, amiga...Cuando somos madres estamos siempre pendientes de nuestros hijos, estén cerca o en el fin del mundo...
Espero que el nuevo año te traiga salud, fortaleza y mucho ánimo para seguir adelante con tus proyectos.
Mi abrazo, amiga.