martes, febrero 13, 2018

PEDRITO Y SAN ANTONIO

Esta historia no es mía, me la contaron entre vasos de ginebra, el humo de un cigarrillo, y unas cuantas confidencias más…
Pedrito era un niño que creció al calor de un poema y una familia abrigada de valores. Un chiquillo que jugaba y leía, y su universo era, tan grande, como sus ojos al mirar el horizonte tangible que se extendía ante él.
Cada día su madre le iba a recoger a la escuela y como misión prioritaria nada más terminar el colegio era pasar por la panadería. Esos momentos significaban para Pedrito ser paloma en un cielo libre de deberes colegiales. Saltaba, hablaba a borbotones, la felicidad corría por su ánimo como cualquier niño de su época que un nada representaba un todo con una pizca de imaginación que pusiera.
Cuando llegaron a casa, su madre le mandó hacer los deberes de ese día, pero no pudo ser…, no encontraba su mochila, la había perdido entre bote y bote tratando de alcanzar una estrella.
Su madre se lo quedó mirando, nada dijo hasta después de un rato.
-Pedrito, ¿cuánto dinero tienes en la hucha?
-Veinticinco pesetas.
-Pues se las vas a llevar ahora mismo a San Antonio.
-¿Y quién es ese señor?
-Un amigo mío que lo imposible lo hace posible.
Y allá fueron, a la iglesia del barrio y Pedrito soltó sus veinticinco pesetas y con ellas el sueño de comprarse un cuento.
A la mañana siguiente, San Antonio se portó y, cuando Pedrito y su madre fueron a la panadería como era su costumbre, allí estaba su mochila. El niño miró con gratitud aunque sus ojos cantaban tristezas; no podría comprarse el sueño que vio en el escaparate de una librería.
Tal vez fuera San Antonio, quién sabe de misterios, el caso que ese mismo día cuando se pararon en el semáforo, su madre le dijo:
-Pedro, mira al suelo, creo que es un billete-el niño raudo se agachó.
-Sí mamá, un billete de cincuenta pesetas.
-¿Ves? San Antonio cumple siempre y te devuelve tu sacrificio con creces.

Hoy Pedrito ha crecido tanto que le llueven canas por su barba acicalada y sus sienes argentadas de sueños esperando. De vez en cuando, cuando el ramalazo despistado de un pensamiento le visita, con su caminar pausado de experiencias, se va un rato a ver a San Antonio. El tiempo le hizo agnóstico de casi todo, sin embargo San Antonio es otra cosa. Es un poco amigo, un cacho confesor y mucho de recuerdo, y le gusta contarle sus cuitas, meditar en la afasia de una iglesia y luego, cuando siente el orden en su venas correr, se va a tomar unas cañas pensando que agua pasada no mueve molino, pero la memoria no muere si uno no quiere.

Y así, de tanto verso leído entre Lorca, Machado y muchos más, Pedro, nuestro Pedrito, escribe en verso todo aquello que siente revolotear en su vida.

2 comentarios:

Marigem Saldelapuro dijo...

Qué bonito, me ha encantado y me encantaría conocer a Pedrito, un niño que crece con Machado, Lorca y muchos más siempre es especial.
Besos.

Macondo dijo...

Yo tengo una hermana para la que San Antonio también es otra cosa. No sé si es muy creyente, pero a San Antonio que no se lo toquen. La relación con él funciona de manera distinta a la de Pedrito. Ella le ofrece por encontrar algo y si el santo cumple —dice que casi siempre— le lleva el dinero. San Antonio tampoco le devuelve lo recibido, eso también es hay que decirlo.