lunes, abril 10, 2017

RAMOS DE LA INFANCIA

Cuando era niña, en mi reloj sin horas, había dos noches densas en que las manecillas debilitaban su peregrinaje y pasaban tan lentas que mis ojos emocionados no se cerraban: la noche de reyes  y el domingo de ramos…

Domingo de sol, niños y palmeras. Encantador en una ciudad chiquita como era y es la mía, aquella donde los poros se dilatan para seguir absorbiendo sus viejas costumbres de ayer, esa idiosincrasia tan suya, y beber lentamente la modernidad.

Hogaño, una mañana de domingo, de ropa nueva y griterío, donde la danza está en la calle y sus gentes se pasean.

Letanías de trompetas, palmas revoloteando bajo un cielo pintado de azul, y el arte puesto en el asfalto para disfrute de sus paisanos.

He despertado soñando, palpando de nuevo mi ciudad, ese Valladolid de campo y señorío, el de ayer y de hoy, en un domingo de ramos que, aún, me sigue regalando las mismas sensaciones de antaño.

¡Ahí va la borriquilla, ahí va por Platerias!

4 comentarios:

Pedro Luso de Carvalho dijo...

Olá Mª Ángeles.
Recordações desse tempo de da infância sempre é um acalanto, uma revivência de nossos tempos dourados. Bela crônica. Parabéns.
Abraços. Pedro

Mª Jesús Muñoz dijo...

También sigo disfrutando el Domingo de Ramos en mi tierra manchega, ayer lleno de sol y palmas...Y renovando sensaciones de infancia.
Mi abrazo y feliz semana,M.Angeles.

Macondo dijo...

Coincidimos, lógicamente, en el Día de Reyes como importante en la infancia. Yo el Domingo de Ramos no lo recuerdo tan especial. Resultaban más significativos el día de mi cumpleaños, el de mi santo (San José) y el de San Antonio (santo de mi abuelo, mi padre, mi hermano y ahora mi sobrino). Para la Semana Santa ni siquiera estaba en Zaragoza, mi ciudad. Quizá fuera por eso.

Celia dijo...

Qué bonito lo has descrito. "Las manecillas debilitaban su peregrinaje" , me encanta.
Besos.