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martes, enero 10, 2017

EPIFANÍA PRIMAVERAL

Hoy ha amanecido despacio, bostezando los primeros rayos rojizos en muchos días en el que el cielo se obstinó en abrir los ojos ahumados de gris.
Al rato, bajé al jardín con mi perro y su trote eran saltos alegres de bienvenida al día, como queriéndole atrapar. Entre las ramas desnudas, aunque repletas de yemas delicadas, se colaba un sol tibio; mirarlo no hacía daño, era aún demasiado benjamín y fue cuando los descubrí… Una aglomeración de pajarillos, inusual en esta época de fríos tan pegados  a la tierra, se arremolinaba en esos ramales desabrigados, expuestos sus esqueletos a la intemperie del crudo invierno. Saltaban haciendo verdaderas acrobacias, extendiendo sus diminutas alas en un vals de silencios compases. No así sus voces que me regaron los tímpanos de una música celestial.
Cerré mis retinas para atrapar aquel momento y que éste corriera por mis sensaciones como una manantial de agua fresca rodando desde la montaña.
Me invadieron dos emociones que mi letra, aunque acostumbrada a trasladar al lector mis percepciones así como a entretenerle, se vio empobrecida por encontrarse limitada a portear aquella paz tan hermosa como la sencilla alegría del momento.

Volví a casa llena de primavera a sabiendas de que los fríos se han vestido de lobos que parecen incapaces de hacer daño a la vida que está por nacer.

1 comentario:

Macondo dijo...

Ya tiene mérito llenarse de primavera con la que está cayendo.