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martes, diciembre 01, 2015

SANDRA

Se llama Sandra, pero podía llamarse Ana, Carlos, Laura…
¿Existe o no la suerte? Pregunta que me zumba en la mollera con cierta asiduidad cuando despega cada mañana el nuevo día, o cuando el balance de las horas se instala en mí antes de irme con Morfeo.
Voy al diccionario y me explica que suerte es o significa “Conjunto de sucesos o circunstancias que se consideran predeterminados para la vida de alguien” ¿Predeterminados? Pues sí, pues no… Es verdad que el punto de arranque para conseguir “X” no es igual para todos los corredores para alcanzar “X”. No es lo mismo nacer en una familia con posible que en una familia sin ellos. Es diferente nacer en un hogar con cierta cultura global que nacer en un clan cuya biblia fiable es “Sálvame”. Distinto es crecer en una prole con cariño y principios que crecer en la ausencia total de amor y fundamentos.
El arranque desequilibrado para alcanzar “X” puede provocar el inicio de la suerte porque la suerte no viene porque sí, ni la vida mejor o peor de cada uno. La suerte aparece con el tesón, la voluntad y el trabajo. A unos les llega antes que a otros, cierto, pero creo en esa justicia intangible que va dentro de nosotros y en la que debemos confiar, poniendo a nuestro servicio una escala de valores. Claro, el que quiere ser millonario, jamás estará satisfecho pues siempre querrá más y más.
Debemos tener un cierto equilibrio en nuestra carrera para alcanzar “X” y valorar lo que nos vamos encontrando a lo largo de ese camino para llegar a la meta codiciada; valorar, disfrutar y aprender. Nos cansamos, nos caemos, nos desmotivamos, sí, pero es importante encajar el golpe y saber reanudar la carrera.
Desde hace tiempo pienso en una madre, atribulada por la mala suerte de su hija, una chica estupenda, sana y trabajadora, como muchísimos jóvenes que nadan en nuestra sociedad desquiciada y contaminada.
Se llama Sandra, pero se podría llamar, Carmen, Luis, Laura…  Sandra está tardando en llegar a su “X”, sí, sin embargo tiene todos los requisitos para alcanzarlo: voluntad, tesón y montañas de trabajo. Todo eso acompañado del apoyo familiar que también es fundamental.
Estoy convencida que llegará porque la suerte no nace por generación espontánea sino provocándola, bregando con ahínco en tus días. No hay más suerte que ser conscientes de ello.

Y cuando alcanzas “X”, has de ser consciente que esa suerte es efímera y que puede morir en la feria de las vanidades que es este mundo si no la sigues conquistando diariamente.

4 comentarios:

Antonio dijo...

Es cierto que en la vida no todos, de partida, están en la misma línea de salida. No siempre el que llega primero es el que más se lo merece, pues puede que todo se lo dieran. Mas luego están los otros, que todo se ganaron y, si llegaron, llegaron por sus manos...La suerte, que es aquello externo que te ayuda o entorpece, tiene que ver mucho con el esfuerzo de la gente, con su perseverancia, con su trabajo y con su deseo de alcanzar el objetivo... si eso es suerte, debe ser la suerte de nacer con ese espíritu valiente...
Me gusta tu reflexión, tu forma y estilo que deja claro lo que sientes.
Un abrazo

SALETA dijo...

Ufff... ¡Vaya puerta que te has dejado abierta, guapa!
Aquí, el que más y el que menos podríamos tejer "nisesabe" los renglones de tinta.
He aprendido a ser comedido con el paso de los años y las enseñanzas de la vida; a encogerme de hombros con cada golpe si me entra la tentación de buscar el porqué; y a sustituir este por un "para qué", buscando hallar la utilidad de aquello que toca a mi puerta con nudillos de magisterio.
Y hablando de otra cosa: seguimos narrando como los ángeles. De ahí el nombre, jaja.
Besos prenavideños.

TORO SALVAJE dijo...

X cada vez está peor.

Creo que ahora es muy difícil ilusionarse y motivarse para llegar a una X que se cae a trozos.

Besos.

Maripaz dijo...

Has descrito muy bien como a la hora de alcanzar la meta, no todos estamos posicionados con las mismas oportunidades.Hay situaciones de vital importancia a la hora de la lucha.Pero muchas veces se trata de aunar esfuerzos, de pelear sin cansancio una y otra vez hasta conseguirlo.
Aun así, la suerte se esconde y juega con nosotros hasta hacernos perder los nervios y la esperanza, y eso es muy grave...
Un beso, querida amiga.