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miércoles, octubre 07, 2015

MELANCOLÍA

Me resisto a abandonarte buscando una blusa sin mangas, una camiseta del color del madroño maduro, pero tú te vas desligando de mis manos como si fueran escurridizos afeites de verano.
Te miro a los ojos buscando tu verdad azul y en ellos solo encuentro el plomizo semblante de la ausencia. Mi lengua se gasta en palabras huecas, esas que lanzamos los humanos para rellenar tiempos y que, al final, nada dicen sino el deplorable escarnio de un silencio hermoso.

Ayer, mientras te añoraba, me enviaste unos rayos de sol que besaron mi rostro por doquier, pero al instante vino él a tejer sus amores con unos pétalos de agua. Finos al principio aunque después calaron mis entrañas hasta sentir que, en verdad, ya te habías ido. Más tarde miré al cielo, tan grueso y mullido de gris que comprendí  el no despertar abrazada a tu canto de jilguero… Y despegada de tus luces, abrí de nuevo el armario para colgarme de sus perchas sepias, verdes reciclados y negros nocturnos. Descolgué con desgana una gabardina, un foulard de suave lana y corrí al parque con mi perrillo entusiasmado por nuestra nueva aventura. Cuando llegamos solté sus amarras y él extendió sus alas y se puso a bailar claqué sobre sobre las doradas, cobrizas y azafranadas hojas de un recién estrenado otoño melancólico, de luz tan dulce como el membrillo, de viento descarado y lluvia que acaricia mis sentimientos.

2 comentarios:

TORO SALVAJE dijo...

Tus universos emocionales son hermosísimos.
De verdad que si.
Hasta tu melancolía parece una bella princesa.

Besos.

SALETA dijo...


Has descrito este impasse con mucha hermosura. Suelta la mano del estío y déjalo ir río abajo. Bienvenida a la estación de los ojos mimosos.

Besos, amiga.