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lunes, octubre 26, 2015

EL FANTASMA DE UNA VACA

En tierras impregnadas de huellas de dinosaurios, mi obsesión fue buscar a una vaca…

Salí a husmear el día con la mirada aún tibia de sueños del color del otoño pegados a una almohada, y esa mente ralentizada que gasto al alba en la que me permite diseccionar la vida con la templanza del equilibrio. Porque cuando despierto, me siento virgen de hechos, aún no he mancillado mis horas y los remordimientos no tienen cosecha dentro de mí. Observo pues  a la vida como un manantial de aguas frescas que mutilan cualquier pensamiento negativo. Por lo tanto, todo aquello que me rodea es bello y mi olfato se dispone a sentir el entorno que surge a la luz de una nueva jornada.
Camino con mesura, tal vez buscando a una vaca de cencerro osco que acalle el silbido del silencio, aunque mientras me regodee en la afonía del reposo, ese que no se escucha en la gran ciudad, y que tanto añoro pues es la reserva del intelecto que me sirve para hacer balance de mis  pasos, unos tartamudos, otros certeros y muchos equivocados. El olfato está henchido de aromas conocidos: tierra envuelta de rocío, el aroma que despide una chimenea y el excremento de una vaca que se pasea noctámbula por la calle Mayor cuando, de pronto, mis ojos divisan el campanario de una iglesia sin campana y el ladrido chiquito de un perro sin amo.
Y me he sentado en una piedra sin estrella a admirar la vida en libertad reencarnada en tres perrillos que retozan mientras el día despierta. La sonrisa  me brota por la inocencia y desparpajo que la vida otorga a la naturaleza. Tres perrillos, uno canela, otro azabache y el último en café descafeinado, juegan sin temor  a la mano humana que derriba sin pensar que mata. Ladran de alegría, esa que buscamos incesantemente no recordando que se halla en las cosas más sencillas.
Después, me he vuelto a casa taconeando por el empedrado de la calle Canta Ranas, la calle Virgen, la calle Castaño, hasta ver un letrero que decía “Navalsaz”

…¡Lástima!, no he encontrado a la vaca que torturó al sueño de alguna pensando que el diablo venía a por ella, y ella era una simple vaca en busca de un jardín de musgo tierno.

2 comentarios:

TORO SALVAJE dijo...

Me parece verte.
Que entrañable descripción.
Me ha encantado.

Besos.

SALETA dijo...

Increíble. Una parte de mí se ha transportado al leer esta entrada. Donde sea que se encuentre ese rincón, yo también estuve hace apenas un minuto. Muchas gracias.