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domingo, noviembre 02, 2014

DOS DE NOVIEMBRE

Se atrasó el reloj una hora apenas hace una semana, y hasta hoy no he tomado conciencia. He descorrido el visillo para que la luz no estuviera tamizada. También me he dado cuenta  que  es dos de noviembre. He leído que en Castilla tal día como hoy los muertos, según cuentan los del lugar, salen de sus tumbas para asustar a quienes vuelven tarde a casa por caminos apartados, no sé, en casa mi madre encendía velas para iluminar los espíritus aunque evitaba ir al cementerio a llevar flores a la línea fronteriza de la vida eterna, no sé, justamente en estas fechas los cementerios son lugares de encuentros entre el ayer y el hoy, entre la nostalgia, la ausencia y la tristeza, pero a su vez un bellísimo paisaje de colores, naturales, o plastificados. De limpiezas sutiles, y reuniones familiares de los de allá y los de acá. Un murmullo de voces en un hormigueo de letanías y palabras inconexas más…, en unos días volverá su espíritu silente tan característico de esos lugares donde los muertos descansan para siempre aunque ellos no estén allí.
Sí, al descorrer el visillo y ver la tarde vestida de gris polvo, una tarde brumosa y de nubes deshilachadas mientras la luz se despide sobre tejados que se van destiñendo de su color, me he acordado de Zorrilla y doña Inés, de los cementerios que nunca olvidan, del sol que se va antes en esta tarde en que la lluvia fina cae por las calles, entre los árboles sedientos, en los rostros que no superan la ausencia, en las tumbas blanquecinas adornadas de ángeles que velan la paz de aquellos que se fueron y que no volverán aunque nos empeñemos en sentirlos en una paloma, en la mirada de alguien que no conoces aunque creas que sí, en las hojas volanderas que se paran a tus pies.
Dicen que los que se van no se van si tú mantienes vivo su recuerdo, no sé porque cada día pienso en mi amiga Marian y hoy, una tarde de domingo mientras descorría el visillo he tenido que ver su foto para recordar aquella cara en la que yo me miraba.
Aquí estoy para vivir
mientras el alma me suene,
y aquí estoy para morir,
cuando la hora me llegue,
en los veneros del pueblo
desde ahora y desde siempre.
Varios tragos es la vida
y un solo trago es la muerte. Miguel Hernández

1 comentario:

bixen dijo...

¡Guapo, guapa!