viernes, julio 31, 2009

LAS HORAS EN QUE NO DUERMO

A más de uno, la empresa donde trabaja le debería de indemnizar por los berrinches laborales que se llevan a casa y que repercuten en tu vida privada.
Miedo, insomnio, vomitonas, dolores de estómago y cabeza, pesadillas…, están a la orden del día, y si no fuera por la comprensión de tu familia, la oreja de un amigo que escucha pacientemente los sinsabores que rondan en tu cerebro, o el compañero que se sienta junto a ti a desmenuzar los disgustos, sin duda no podríamos superar esos pequeños traumas que pasan, se asientan y te machacan.
… No sé desde que hora estoy levantada -el insomnio me puede- colocando experiencias, compañeros que comenzaron siendo eso y terminaron siendo amigos. Jefes de todas las estirpes y calañas; alguno hasta se me murió para volver a resucitar meses después con el consabido susto de pensar que estaba viendo fantasmas o directamente me había vuelto loca. Trabajos de ida y vuelta, compañeros odiados que no les borras de tu mente ni con estropajo. Situaciones histriónicas que si no las vives no te crees que pueden estar sucediendo.
He necesitado lejía para ciertos recuerdos, desinfectante para el corazón, colirio para los ojos y jabón para la boca. Mis padres se gastaron una fortuna en mi educación y la cara de espanto de mi madre la primera vez que me oyó la retahíla de tacos que dije en una llamada de trabajo, fue para que hubiera estado Almodóvar y grabar aquel rostro negando que yo fuera aquella niña dulce fina y educada que ella mimó en su momento.
Después de haber dicho todo esto, de colocar cada cosa en el lugar que le corresponde, el balance es óptimo o al menos quiero pensarlo, es más: debo hacerlo. De nada sirve lamerse heridas, quedarse en esta o aquella experiencia traumática. ¿Qué te va a aportar? Nada… Porque ahora que lo pienso: en un trabajo se ven tan claramente las miserias humanas que se me eriza la piel con solo mencionarlo así que insisto en obligarme a mí que lo estoy sintiendo y al unísono escribiendo, obligarte a ti que me estás leyendo, a que cerremos al menos ciertos capítulos que si los seguimos tecleando, se nos tatuará en el rostro ese rictus amargo de haber descubierto que alguna vez el trabajo fue un fin y no un medio como así debería ser siempre.
Recordadlo: medio, nunca fin.
... Y si habéis leído hasta el último renglón de mi culebrón de hoy, no sois lectores, sino unos santos... Jajajaja, buen fin de semana amigos.

15 comentarios:

TORO SALVAJE dijo...

Totalmente de acuerdo.
Mis peores momentos emocionales han sido como consecuencia del trabajo.
Llegó un momento en que tuve que decidir en olvidar mi vida privada y dedicar todas las horas, cuando digo todas es todas al trabajo o renunciar a ciertas comodidades y privilegios y que el trabajo sólo fuera lo que debería ser.
Renuncié, y me lo hicieron pagar.
Las miserias humanas dan miedo.

Besos.

Adolfo Payés dijo...

Que puedo decirte si todo esta muy bien escrito en tu texto.. el trabajo carcome y come la vida.. las entrañas de las miserias humanas se viven en esas horas de vida que se entregan a diario.. no digamos ni hablemos de patrones.. que bueno..
Como dicen se encuentra de todo.. en el trabajo.

Espero todo mejore. suerte

un abrazo solidario te dejo desde este lado del charco..

Un abrazo
Saludos fraternos
Que pases un buen fin de semana

Emilio dijo...

Qué te diría yo de eso de llevar el trabajo a casa... si trabajo en mi propia casa. Eso sí, sólo me tengo que aguantar a mí mismo, salvo cuando voy por las tardes a alguna empresa. Y sí, cada empresa es su propio circo, hay de todo, desde payasos hasta fieras.

Saludos.

Codorníu dijo...

De lo mejor.

Es un artículo sobrecogedor. Para que luego vayan por ahí haciendo pelis de miedo. Sabiendo manejar bien el piano y un poco la cámara, sale un guión para ir matando de pena y angustia al espectador más preparado. O más santo como dices al final.

Y es que no hace falta envenenarle a uno de golpe, con una dosis letal que termine en instantes. En este sistema laboral te pasan a diario una microcápsula imperceptible a la luz de los convenidos colectivos y ¡plaf! a casita, a que te ayude la familia, el herbolario, el Insalud, etc. Eso en el mejor de los casos. Que luego, con valeriana o sin ella, hay cosas que te las tienes que comer tú solo porque no te consuela ni dios.

Es indignante que todo eso no se ponga encima de la mesa cuando se sientan a hablar de horas de trabajo, competitividad, reforma laboral, etc., etc.

Creo que los sindicatos deberían coger esta bandera, porque La flecha ha atravesado la manzana de un disparo certero.

Enhorabuena, amiga.

Un besazo; que siempre te lo mereces, pero hoy más.

Cordón noir.

-Pato- dijo...

Pepe ha recomendado tu entrada en su blog y la verdad que tenía razón, está muy buena.

Leyéndote quien padece este tipo de presiones se siente menos solo.
Me quedo con la conclusión a la que has llegado, el trabajo es un medio, no un fin.
MEDIO, NUNCA FIN.
Lo marco con resaltador.

Un placer leerte, besos.

almacatamarcana dijo...

Hola Rubia.
Vamos mujer!!!ya tú sabes que la vida es así...
Por desgracia, no elegimos con quién o con quienes trabajar!!!
Y a veces nos toca cada tío( como dicen ustedes) que se las trae.
Pero, como dices tú, es solo trabajo.
Disfruta de tu fin de semana europeo, valora lo que la vida te dado, con tu esfuerzo y tú dedicación.
Con esa sonrisa que tienes, tan simple como eso, bien agradecida estarás.
El beso que me has dejado, es tan grande, que me alcanzará para unos cuantos días.
Un beso en tu frente , amiga.

MarianGardi dijo...

Siempre tuve un trabajo profesional independiente, me retirè voluntariamente hace años, nunce he lidiado con jefes, ni compañeros de trabajo ni se lo que son. Creo que trabajar en un mundo competitivo donde por quitarte de enmedio te dan la puñalada debe de ser horrible, no quiero ni pensarlo, en ese sentido estoy virgen todavia.
Vivir en ese mundo y salir ileso, debe de ser toda una proeza.
Me gusta mucho leer tu pensamiento y tu forma de entregarte.
Cariños

Luis y Mª Jesús dijo...

Jo, que compromiso, en eso soy una privilegiada. Desde hace años sufrí una prueba de fuego: un compañero que no se sé si me adoraba o me odiaba me hizo la vida imposible y para mi desgracia es muy inteligente, Lloré tanto que me planté y pensé: este imbécil no puede amargarme y amargar al niño que llevo dentro, así que desde entonces me propuse que me importaría un pito lo que pensaran los demás y, a veces, hasta lo consigo. Quizá este compañero es una de las personas a quien más tengo que agradecer en la vida, crecí gracias a él hasta envejecer.
Hay cuestiones, querida amiga, que no merecen una lágrima ni un minuto de sueño.
Todavía no me voy hasta el lunes, pero ya te he metido en mi equipaje.
Besos

Nómada planetario dijo...

Si encima el trabajo es cara al público apaga y vámonos, raro es la mañana que no aparece un tuerce-botas y te revienta el día.
Besos de finde, operación relax para el que suscribe.

Inés dijo...

Compañeros que te amargan la vida, amigos que dejan de serlo cuando trabajas con ellos...de eso tenemos todos.
Lo mejor es fijarse solo en aquellos que merece la pena y...trabajar lo mejor posible...supongo que es lo mejor...y sobretodo lo más saludable.
Bss

Lena dijo...

Un pajarito que roba alientos y lleva sombrero me contó del guión que inspiraste!

Vengo a felicitarte, a dejarte un abrazo, a desearte suerte!

Enhorabuena, María de los Anageles!

MarianGardi dijo...

Angeles, para eso estan, para compartirlas y disfrutarlas, son tuyas.
Ayer he visto las que pusiste tù con tu amiga Mari Pili y me encantaron.
Un fuerte abrazo

Jesús Arroyo dijo...

Hola Cantalapiedra:
¿Y yo? ¿qué te digo ahora?
Creía recordar el trabajo para encontrar un mundo tan diferente al que fue.
Bueno, el relato ¡magnífico!
Un besete.

Antonio dijo...

Pasé por aquí de forma accidental saltando entre los blogs de los amigos/as y descubrí tu relato atrapante. Llegué al final, tal vez porque, en cierto sentido, me vi reflejado en él. No obstante (por eso digo en cierto sentido), siempre viví el trabajo como una oportunidad para desarrollarme, porque me gustaba el mío, porque me daba la posibilidad de crecer y porque me intenté gestionar el clima laboral que me permitiera unas buenas relaciones interpersonales. Eso no quiere decir que no encuentres en el camino verdaderos hijo de P. que van jodiendo a la gente con sus conductas y actitudes; pero a esa gente siempre procuré apartarlas de mi vida, eran cáusticas y corrosivas… allá ellos, aunque no siempre lo conseguí.
Un saludo y gracias por compartir. Me anoto como seguidor tuyo para mantenerme informado de tus escritos.

Terly dijo...

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