viernes, enero 11, 2008

MIEDO


Las horas parecían muertas, tan muertas que no había aire en sus minutos.
El tiempo se estancó sobre aquella mancha de sangre... en el suelo.
Una zapatilla perdida, desamparada, yacía olvidada buscando a un dueño.
Una ensalada a medio hacer se secaba en el verde lacio de la espera, esperando... a la nada.
Y el tiempo se detuvo, ni siquiera mis yemas sobre el silencio de un teclado se movieron.
El color se esfumó y el blanco primero, azulado después, tiñó la noche de ausencias.

Nervios que florecen y, más tarde, hay un hueco en el alma como una brecha que no cierra. Está ahí, sin cicatriz, sin... nada.
Te quedas parado, sordo, mudo... sin sentir.
No crees porque, ¿cómo vas a creer si la realidad te ha tragado? Si en aquel instante la luz se apagó, la llama consumió su propia vida.

No hay máquina que retroceda, avanza imparable. Presente, pasado se entremezclan para no dar un futuro. Y entonces, el terror se mete en tu cuerpo para despertar a tus instintos, esos que se adormecieron cuando el tiempo paró. Miras al vacío, te achicas en la soledad, clamas al silencio pero, tan sólo, una lágrima viene en tu ayuda.

5 comentarios:

carlota dijo...

Nena: impresionante. Sin más. Besos.

PIER BIONNIVELLS dijo...

El miedo florece por medio de nuestras emociones, y con el la soledad que siempre le acompaña..

un texto profundo llenos de sentimientos..

abrazos..

Otra vez a viajar al olvido... dijo...

muy lindo!

ÉCLIDES dijo...

gracias por la visita, de igual forma he disfrutado de tu fantástica prosa


.... nos leemos q:)

ps dijo...

A mi modo de ver, ese final con unos puntos suspensivos tras el "pero", hubiera redondeado el de por si bello texto. Tal que así, con tu permiso:
"Miras al vacío, te achicas en la soledad, clamas al silencio pero... Tan sólo una lágrima viene en tu ayuda"